SINTITUL-1

C O R R E O D E L A S A P 9


Accidentes de tránsito: ubicación en asientos
y riesgos de muerte


E. R. BRAVER, R. WHITFIELD, S. A. FERGUSON


AMERICAN ACADEMIC OF PEDIATRICS GRAND ROUNDS H


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on el objetivo de determinar los efectos de
la posición al sentarse, el uso de los siste-


mas de seguridad y la presencia de bolsa de aire
(airbag) sobre el riesgo de muerte en niños meno-
res de 12 años en accidentes automovilísticos,
Braver y col. del Instituto de seguros para la segu-
ridad vial analizaron la muerte de 26.233 niños
involucrados en accidentes fatales desde 1985 a
1995. Los datos se obtuvieron del Sistema de Re-
gistro Policial de Accidentes Fatales de EE.UU.


Alrededor de 37.000 accidentes con muertos
se registran anualmente en los Estados Unidos. El
riesgo de muerte para cada categoría de sistema de
seguridad fue comparado con las posiciones de sen-
tado (en la parte delantera o trasera del vehículo)
de los niños evaluados que habían estado involu-
crados en choques con alguno de los ocupantes fa-
llecidos en el accidente, con o sin airbag.


Comparando con los niños sentados adelante,
el riesgo de muerte de aquellos sentados detrás fue
30% menor. Los niños entre 1 y 4 años fueron los
más beneficiados, con un riesgo de muerte de 41%
menor al sentarse detrás, mientras que en los niños
entre 5 y 12 años el riesgo al sentarse en la parte de
atrás, disminuyó un 30%.


El hecho de estar sentado en la parte trasera
los protegió en choques frontales y en vuelcos pero
no en colisiones con impacto posterior. Éstos cons-
tituyen sólo un 5% de los accidentes fatales.


El asiento del medio en la parte trasera del
vehículo fue el más seguro, disminuyendo el ries-
go de muerte de un 9 a 24% con respecto a los asien-
tos del lado de las ventanillas.


Sentarse detrás fue especialmente importante
en aquellos vehículos con airbag frontales; el ries-
go de sentarse detrás fue 46% menor, comparado
con la disminución en el riesgo de muerte de un
35% en los casos de niños sentados atrás en autos
sin airbag delantero.


Los autores concluyen que los niños deben
sentarse en la parte posterior de todos los vehícu-
los, con o sin airbag.


C COMENTARIOEste trabajo coincide con otros, los que tam-
bién se refieren a la ubicación trasera como la más
segura para el viaje de los niños.


Braver y colaboradores brindaron información
adicional y específica asociando la posición de sen-
tado con los sistemas de seguridad.


La prevención de las lesiones asociadas al
airbag no es la única razón para ubicar a los niños
en el asiento trasero. La posición central en este
asiento parece ser la más segura (con excepción de
las colisiones con impacto posterior).


Un nuevo e interesante hallazgo fue que los
niños entre 5 y 12 años sujetos sólo por un cintu-
rón de seguridad que rodea únicamente la cadera
presentaron un riesgo de muerte menor que aque-
llos sentados delante con un cinturón que toma el
tronco y la cadera. Este hallazgo es particularmen-
te interesante si consideramos que los cinturones
descriptos en primer término aumentan el riesgo
de lesiones asociadas.


El mensaje para llevar a los hogares es claro:
“Los niños menores de 12 años deben viajar en el
asiento trasero aun en los vehículos con airbag fron-
tal, y a pesar de un adecuado sistema de sujeción,
el asiento trasero sigue siendo más seguro.


Los autores notan que en Frankfurt, París y
Bruselas, menos del 15% de los niños viajan en el
asiento delantero mientras que en los Estados Uni-
dos lo hacen un 60% de los niños en edad escolar y
un 40% de los pre-escolares. Muchos estados es-
tán estudiando la redacción e implementación de
leyes que reglamenten la ubicación trasera para el
viaje de los niños.


Finalmente, este estudio nos da una buena ra-
zón para desalentar la pelea de los niños por el fa-
moso asiento del lado de la ventanilla.


M. DENISE DOWD
División de Emergentología. Children´s Mercy
Hospital. Kansas City, EE.UU.


Pediatrics AAP-Ground Rounds 1999; I (3):17-24




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Comentario
El estudio de Cook y col. sobre lesiones cefálicas


en ciclistas es un muy buen análisis epidemiológico
en Inglaterra, sobre los beneficios del uso de casco
en los ciclistas.


La población en estudio proviene del registro de
admisiones hospitalarias de Inglaterra desde 1991 a
1995, basado en la Clasificación Internacional de
Enfermedades.


Sobre un total de 12.6 millones de registros, la
importante muestra de 35.056 víctimas de traumatis-
mo por uso de bicicleta, representó el 2.8% de los
pacientes admitidos en instituciones. La incidencia de
pacientes menores de 16 años fue del 50%.


Las lesiones fueron variadas y se observó una
mortalidad del 3,35%.


Las lesiones encéfalocraneanos serias disminu-
yeron significativamente durante el periodo de eva-
luación, de 3.393 a 2.571, a raíz del incremento del
uso del casco, los autores recomiendan el uso del
casco y la difusión de esta medida de protección me-
diante campañas de publicidad local.


Es un artículo muy útil para fundamentar el uso
del casco por parte de los ciclistas, sean estos niños
o adultos.


Asimismo, en el artículo de opinión realizado en
Seattle, EE.UU., por Rivara y col. sobre las contro-
versias en el uso del casco para ciclistas, basada en
un análisis de casos-control y de estudios ecológicos.


Los autores analizan datos publicados y conclu-
yen que pese a las diferentes teorías, el uso de cas-
co por parte de los ciclistas previenen lesiones
craneoencefálicas de una manera indiscutible.


Es un buen artículo para fundamentar la preven-
ción de lesiones cerebrales por uso de bicicleta.


El trabajo de Bull y col. aporta de una manera
práctica y concisa información sobre la seguridad de
los niños en el automóvil. Resaltan cuán frecuente es
el uso incorrecto de las sillas de transporte y desta-
can cinco principios para un viaje seguro.


Las especificaciones sobre el uso de bolsas de
aire, la posición de los niños durante el viaje, sea en
la silla de transporte o dentro del automóvil son ex-
tremadamente útiles. Aportan opiniones sobre el uso
del cinturón de seguridad, cómo y cuándo usarlo.


Es un artículo muy recomendable de leer que
servirá al pediatra para los consejos a los padres de
sus pacientes al momento de usar el auto.


En el mismo sentido, es muy útil la contribución
de Braver y col, basada en el análisis de 26.233 ni-
ños que fallecieron a causa de accidentes de tránsito


durante 1985 a 1995. Los datos provienen del Siste-
ma de Registro Policial de Accidentes Fatales de
EE.UU.


Los autores analizan la posición de las víctimas
en el habitáculo del automóvil al momento de acci-
dente.


El riesgo de muerte es un 30% menor cuando
los niños viajan en el asiento trasero. Los más bene-
ficiados son aquellos con una edad menor a 4 años,
en los cuales se observó un riesgo de muerte menor
del 41%.


El lugar más seguro para estos autores es el
asiento posterior en el medio. Los asientos al lado de
las ventanillas son menos seguros.


La recomendación, fundamentada en estos da-
tos, ratifica que los niños menores de 12 años deben
viajar en el asiento trasero, no importa qué dispositi-
vos de sujeción tenga el vehículo o si dispone o no
bolsas de aire.


En este trabajo, el pediatra encontrará un sólido
aporte para la educación familiar en un tema tan im-
portante y cotidiano.


Finalmente, en el estudio de Mayr y col, los au-
tores hacen un muy buen aporte sobre la manera de
prevenir lesiones por el uso de camas marineras o
cuchetas, muy difundido en ciudades.


El muy bien estructurado análisis basado en ac-
cidentes y entrevistas familiares, permite tener una
clara visión del riesgo que tienen estos muebles.


Los autores resaltan la frecuencia y gravedad de
los traumatismos craneanos y la frecuencia de frac-
turas de huesos largos.


Las caídas fueron el mecanismo más común del
traumatismo.


La gran mayoría de las víctimas estaban solas
en el cuarto al momento del acontecimiento.


Desde el punto de vista de la prevención es claro
que el énfasis debe ser puesto en el cuidado y control
de los niños en aquellos hogares donde hay cuchetas
y no permitir que los niños estén solos en el cuarto
donde se han instalado las mismas. Las camas mari-
neras deben tener barandas de protección y el piso de
la habitación conviene que esté alfombrado.


Los autores en general desalientan el uso las
camas marineras y en caso de ser necesarias, reco-
miendan que el uso de la cucheta superior sea para
niños mayores de 6 años.


Dr. ALBERTO E. IÑÓN
Subcomisión de Prevención
de Accidentes. SAP




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