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Colección Prácticas Óptimas del ONUSIDA


ONUSIDA
Actualización técnica


Agosto de 2000


El género
y el VIH/SIDA




2


Colección Prácticas Óptimas
del ONUSIDA


El Programa Conjunto de las Naciones
Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA)
está preparando una serie de materiales
sobre temas de interés relacionados con
la infección por el VIH y con el SIDA, con
las causas y consecuencias de la epidemia
y con las prácticas óptimas en materia de
prevención y de asistencia y apoyo a los
afectados por el SIDA. Para cada uno de
los temas tratados en la Colección
Prácticas Óptimas del ONUSIDA se incluye
por lo general un texto breve dirigido a
los periodistas y los líderes de la comunidad
(Punto de vista); un resumen técnico de
las cuestiones, los retos y las soluciones
propuestos (Actualización técnica); estudios
de casos de todo el mundo (Estudios de
casos de Prácticas Óptimas); un conjunto
de material gráfico para exposiciones; y
una lista de material fundamental (informes,
artículos, libros, audiovisuales, etc.)
sobre el tema. Estos documentos se
actualizarán según sea necesario.


Las series Actualización técnica y Punto
de vista se publican en español, francés,
inglés y ruso. Pueden obtenerse gratuita-
mente ejemplares sueltos de las publica-
ciones de la Colección Prácticas Óptimas
pidiéndolos a los Centros de Información
del ONUSIDA. Para localizar el centro más
cercano, consultar ONUSIDA en Internet
(http://www.unaids.org), ponerse en
contacto con el ONUSIDA por correo
electrónico (unaids@unaids.org), telefonear
(+41 22 791 4651) o escribir al Centro
de Información del ONUSIDA
(20, Avenue Appia, 1211 Ginebra 27, Suiza)


El género y el VIH/SIDA: Actualización
técnica del ONUSIDA (Colección Prácticas
Óptimas del ONUSIDA: Actualización
técnica). Ginebra: ONUSIDA, Agosto
de 2000 (Versión original en inglés,
septiembre de 1998).
1. Síndrome de inmunodeficiencia


adquirida – transmisión
2. La mujer


WC 503.71


Panorama


Agosto de 2000 El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA


Mientras que el sexo es una característica biológica, el género está
definido socialmente. En algunas sociedades el género es lo que
significa ser varón o mujer en contraposición al grupo de cromosomas
con los que se nace. El género conforma las oportunidades que se le
ofrecen a una persona en la vida, los papeles que puede ejercer y los
tipos de relaciones que puede tener: las normas sociales que influyen
enormemente en la propagación del VIH.


Para la mujer, la adopción de riesgos y la vulnerabilidad a la infección
se ven incrementadas por normas que hacen que esté poco indicado
que tenga una buena información acerca de la sexualidad o que
proponga el empleo del preservativo; por la relación habitual que
existe entre el consumo de sustancias tóxicas y el intercambio de
relaciones sexuales por drogas o dinero; y por el recurso al trabajo
sexual por parte de las mujeres migrantes, las refugiadas y otras
que sufren la desintegración de la familia.


Para el hombre, el riesgo y la vulnerabilidad se ven aumentados por
las normas que le dificultan el reconocimiento de deficiencias en sus
conocimientos sobre la sexualidad; por la relación que existe entre
socializar y consumir alcohol; por la frecuencia en el uso de drogas,
incluidas las intravenosas; y por las ocupaciones eminentemente
masculinas (por ejemplo, la conducción de camiones, la marinería
y el ejército) que entrañan movilidad y desintegración de la familia.


Para los jóvenes, las normas que desincentivan el acceso a la informa-
ción y los servicios que fomentan unas relaciones sexuales más seguras;
que prescriben la virginidad femenina (lo cual puede favorecer prácticas
alternativas como las relaciones sexuales anales); y que empujan a los
varones jóvenes a tener “conquistas” sexuales más pronto y con más
frecuencia, también aumentan su riesgo y vulnerabilidad a la infección.


En las sociedades donde el VIH se considera un signo de promiscuidad
sexual, las normas por razón del sexo configuran la forma como se
perciben los hombres y mujeres infectados por el VIH, en las que la
mujer seropositiva se enfrenta con un mayor estigma y rechazo que
el hombre. Esas normas influyen también en el modo en que los
miembros de la familia viven y afrontan el VIH y las muertes por SIDA.
Por ejemplo, a menudo la carga de la atención pesa sobre las mujeres,
y es más probable que se saque de la escuela a las niñas huérfanas
que a sus hermanos.


Así pues, las respuestas a la epidemia deben fundamentarse en
el conocimiento de las expectativas y las necesidades relacionadas
con el género, y quizá necesiten enfrentarse a normas adversas.


Por ejemplo, hay que asistir a las personas en la identificación de
normas poco beneficiosas y en el intercambio de estrategias de
prevención personal. Los preservativos femeninos asequibles y la
obtención de microbicidas pueden reducir la vulnerabilidad de la
mujer. El tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual
(ETS), que si no se tratan aumentan la transmisión del VIH, debe
orientarse a las necesidades específicas de los hombres jóvenes
y adultos y de las mujeres. Los derechos reproductivos de la mujer
infectada por el VIH deben protegerse, y hay que estimular a los
hombres a atender a las personas con SIDA.


Para reducir la vulnerabilidad a través del cambio social, deben crearse
asociaciones con personas que trabajan en campos ajenos al SIDA
para mejorar la condición de la mujer, reducir las relaciones sexuales
por coacción o violentas, y apoyar la integridad familiar entre los
trabajadores migratorios y con movilidad.




3
El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA Agosto de 2000


Antecedentes


Los papeles de cada sexo y las relaciones que tienen entre sí influyen de forma significativa en
el curso y el impacto de la epidemia de VIH/SIDA en cada región del mundo. El conocimiento
de la influencia que tienen esos papeles y esas relaciones en la capacidad de las personas y las
comunidades para protegerse a sí mismas contra el VIH y para hacer frente al impacto del SIDA
con eficacia, es crucial para ampliar la respuesta a la epidemia.


El ONUSIDA utiliza una definición
amplia de género (véase el
recuadro). Mientras que el sexo es
biológico, el género está definido
socialmente. Nuestra comprensión
de lo que significa ser una mucha-
cha o un muchacho, una mujer o
un hombre, evoluciona durante el
curso de la vida; no hemos nacido
sabiendo lo que se espera de
nuestro sexo: lo hemos aprendido
en nuestra familia y en nuestra
comunidad. Por tanto, esos signi-
ficados variarán de acuerdo con
la cultura, la comunidad, la familia


y las relaciones, y con cada gene-
ración y en el curso del tiempo.


Las investigaciones ponen de
manifiesto que el hecho de ser
una muchacha o un muchacho
influye en el modo en que una
persona experimenta la epidemia
de VIH/SIDA y responde a ella.
Mediante un criterio basado en el
género para comprender el VIH/
SIDA, se examinan los modos en
que el género influye en:


• el riesgo y la vulnerabilidad
de los individuos al VIH;


© Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA, 2000. Reservados todos los derechos. Esta publicación puede reseñarse, citarse, reproducirse
o traducirse libremente, en parte o íntegramente, siempre y cuando se nombre su procedencia. No se permite su venta o su uso en conexión con fines
comerciales sin la aprobación previa por escrito del ONUSIDA (información: Centro de Información del ONUSIDA, Ginebra, véase pág. 2.). Las opiniones
expresadas en documentos de autor mencionado son de su responsabilidad exclusiva. Las denominaciones empleadas en esta publicación y la forma en que
aparecen presentados los datos que contiene no implican, por parte del ONUSIDA, juicio alguno sobre la condición jurídica de países, territorios, ciudades o
zonas, o de sus autoridades, ni respecto del trazado de sus fronteras o límites. La mención de determinadas sociedades mercantiles o de nombres comerciales
de ciertos productos no implica que el ONUSIDA los apruebe o recomiende con preferencia a otros análogos. Salvo error u omisión, las denominaciones de
productos patentados llevan letra inicial mayúscula.


• la experiencia de vivir con el
VIH/SIDA;


• el impacto de la enfermedad
o muerte relacionadas con el VIH
de una persona dentro de una
familia o comunidad; y


• las respuestas a la epidemia
a nivel individual, comunitario
y nacional.


Una respuesta eficaz a la epidemia
debe basarse en el conocimiento
de esas influencias.


El género,
en sentido amplio, es


“lo que significa ser varón o mujer, y cómo
define este hecho las oportunidades, los
papeles, las responsabilidades y las relaciones
de una persona”.




4
Agosto de 2000 El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA


Los problemas


Aspectos del riesgo y la
vulnerabilidad relacionados
con el género


Las diferencias fisiológicas en el
tracto genital contribuyen directa-
mente a que la mujer corra un
riesgo más elevado de contraer
la infección por el VIH y ETS que
el hombre. Además, la presencia
de una ETS sin tratar aumenta
mucho, tanto en el hombre como
en la mujer, el riesgo de transmitir
y contraer el VIH a través de las
relaciones sexuales sin protección
(véase la Actualización técnica
del ONUSIDA Enfoques de salud
pública para el control de las ETS).
En la mujer, muchas ETS son
asintomáticas, de modo que un
gran número de mujeres no son
conscientes de que necesitan seguir
un tratamiento.


Aparte de esos factores puramente
fisiológicos, la mujer que sospecha
haberse expuesto a una ETS o
haberla contraído se enfrenta con
muchos obstáculos relacionados
con el género para obtener un
tratamiento adecuado. Uno de
esos obstáculos es la distancia a
los servicios de salud, ya que en
muchos casos las mujeres están
limitadas por las responsabilidades
familiares y por su falta de movi-
lidad. Los costos de los servicios y
de los medicamentos que prescribe
el proveedor de asistencia también
pueden limitar el acceso de la
mujer a un tratamiento adecuado,
puesto que a menudo esa no
dispone de una economía inde-
pendiente para pagarlos. Además,
por lo general los servicios de
salud orientados a la mujer no
incluyen los servicios relacionados
con las ETS. Al mismo tiempo, los
servicios que solamente se ocupan
del tratamiento de las ETS acarrean
un mayor estigma que los servicios
integrados, lo que crea otro nuevo
obstáculo al acceso para la mujer
(así como para el hombre).


Normalmente, los dispensarios
especializados en ETS no están
preparados para atender las
necesidades de los usuarios,
se trate de hombres o mujeres.
A pesar de que los síntomas de
ETS son más fáciles de reconocer
en el hombre, con demasiada
frecuencia el enfermo retrasa o
recibe un tratamiento inapropiado.
Tanto el varón como la mujer sero-
positivos con una ETS sin tratar
son más infecciosos y hacen correr
a su pareja un mayor riesgo de
contraer el VIH a través de las
relaciones sexuales sin protección.


A menudo, las normas relativas
al género determinan lo que se
considera que el hombre y la
mujer deben saber acerca del
sexo y la sexualidad, y por tanto,
limitan su capacidad de establecer
con precisión su nivel de riesgo y de
obtener la información exacta y los
medios para protegerse contra el
VIH. En muchas sociedades, no se
considera correcto que las mujeres
tengan o se interesen por tener
amplios conocimientos sobre la
sexualidad o la salud reproductiva.
Al contrario, se espera del hombre
que esté bien informado acerca de
las cuestiones relacionadas con el
sexo, si bien muchos no lo están.
Las normas de la masculinidad
pueden hacerle especialmente
difícil al hombre admitir esa falta
de conocimientos. En ambos casos,
las normas pueden basarse en
información incorrecta o en mitos.
Por ejemplo, muchos conductores
de camión en la India creen que
su seguridad al volante depende
de tener relaciones sexuales
regulares para liberar el calor que
se acumula en su cuerpo durante
la conducción.


Los papeles en función del
género también contribuyen a
que se adopten comportamientos
que aumentan el riesgo del VIH
o inhiben la acción preventiva.


En muchas sociedades, el ideal
femenino se caracteriza por la
pasividad y la ignorancia de la
mujer, así como por el diferimiento
de sus expectativas en provecho
de las necesidades sexuales del
hombre, mientras que la mascu-
linidad se define por la conquista
sexual, las múltiples parejas y el
control de las interacciones sexuales.
Esos factores contribuyen al riesgo
de infección tanto en el hombre
como en la mujer.


En muchos lugares, el control y
dominio masculinos se expresan
por medio de la coacción y la
violencia sexuales. Muchas mujeres
de todo el mundo se manifiestan
incapaces de ejercer un control
de la situación en las relaciones
sexuales y según cuales sean las
circunstancias. En situaciones de
violencia o de amenaza de violencia,
la mujer ve gravemente limitada
su capacidad de adoptar medidas
para protegerse contra la infección
o de insistir para que su pareja
masculina tome precauciones.


El consumo de alcohol y drogas
aumenta la vulnerabilidad del
hombre y la mujer al VIH. Para los
hombres, a menudo el hecho de
socializar implica consumir alcohol.
Los niveles excesivos de consumo
pueden contribuir a un comporta-
miento sexual arriesgado y violento.
Otras sustancias controladas,
como las drogas intravenosas, que
también consumen predominan-
temente los hombres, aumentan
su riesgo de contraer el VIH
y contribuyen al de sus parejas
sexuales femeninas. Entre las
mujeres, el consumo de alcohol
y drogas se relaciona a menudo
con el intercambio de relaciones
sexuales por drogas o dinero,
lo que incrementa su riesgo de
contraer el VIH.


Algunas situaciones sociales
de carácter más amplio también




5
El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA Agosto de 2000


Los problemas


contribuyen a la vulnerabilidad a
la infección por el VIH relacionada
con el género. Así, las situaciones
macroeconómicas y políticas empu-
jan u obligan a muchos hombres
y mujeres a dejar su hogar y su
familia en busca de trabajo o segu-
ridad. Muchas mujeres migrantes
y refugiadas, y algunos hombres,
muchachos y muchachas, se inician
en el trabajo sexual para mante-
nerse a sí mismos y a su familia.


Otros pasan a ser vulnerables al
VIH por culpa de las perturbaciones
que produce la movilidad en sus
familias y en las redes de apoyo
social. El ejército y otras ocupaciones
con movilidad, como la conducción
de camiones y la marinería, desem-
peñadas predominantemente por
hombres, contribuyen también
a crear unas circunstancias que
aumentan su riesgo. (Véanse Los
refugiados y el SIDA, Actualización
técnica del ONUSIDA, y El SIDA y
el personal militar, Punto de vista
del ONUSIDA.)


El preservativo masculino es la
principal tecnología preventiva
disponible para protegerse contra
la transmisión del VIH durante las
relaciones sexuales. Si bien son
eficaces cuando se utilizan de forma
sistemática y correcta, hay muchos
obstáculos relacionados con el
género que limitan su empleo. En
las culturas donde los preservativos
se asocian con las relaciones
sexuales ilícitas y las ETS, la mujer
que prueba de introducirlos en una
relación se encuentra con el pro-
blema de que su pareja cree que no
le es fiel o la considera “demasiado
preparada”. La utilización del pre-
servativo puede entrar en conflicto
con el propio deseo de la mujer o
de su pareja de tener un hijo. Entre
los obstáculos para la utilización
del preservativo figuran también,
tanto en el hombre como en la
mujer, la percepción de que reduce


el placer y la intimidad, y el temor
de que proponer su empleo podría
herir a la pareja.


El género, los jóvenes
y la vulnerabilidad


En la mayoría de las sociedades,
los adultos actúan como filtro de
acceso de los jóvenes a la infor-
mación sobre el sexo y la salud.
Sin embargo, muchos adultos no
están informados acerca del VIH/
SIDA y muchos otros tienen la
idea equivocada de que ese acceso
favorece el inicio sexual precoz
(véase la Actualización técnica del
ONUSIDA Educación sobre el SIDA
en la escuela). La conservación de
la virginidad es un mensaje clave
en la socialización sexual de las
muchachas en muchas culturas.
En los lugares donde se concede
un gran valor a la virginidad de
las muchachas, éstas se inhiben
de solicitar información y servicios
sobre salud reproductiva y sexual.
En caso de hacerlo, se arriesgan
a que las consideren como sexual-
mente activas, cosa que tendría
graves consecuencias, como la
expulsión del hogar. A veces la
adopción de prácticas sexuales
peligrosas y alternativas, como
las relaciones sexuales anales sin
protección, son el resultado del
deseo de conservar la virginidad.
En muchos lugares, las mujeres
solteras no tienen acceso a los
servicios de planificación familiar
o de atención de las ETS.


Muchos jóvenes, especialmente
las muchachas, también son vulne-
rables al VIH como resultado del
deseo que despiertan en algunos
adultos que los perciben como
“limpios” y por tanto sin la enferme-
dad. Acompañan a esa percepción
algunas circunstancias que empujan
a los jóvenes, especialmente a las
muchachas, a intercambiar rela-
ciones sexuales por dinero o bienes.
En muchos países donde las condi-


ciones económicas hacen que las
tasas de matrícula escolares sean
menos asequibles para las mucha-
chas, éstas pueden recurrir a los
favores de un “protector” (un
hombre mayor que les ofrece una
compensación económica o en
especie a cambio de sus favores
sexuales), intercambiar ocasional-
mente relaciones sexuales por
dinero o bienes, o bien iniciarse
en el comercio sexual para pagarse
la escuela o mantener a su familia.


Si por un lado las investigaciones
ponen de manifiesto que a muchos
muchachos se los educa a exigir la
virginidad en una esposa potencial,
por el otro también indican que a
menudo los adultos y los compa-
ñeros los animan a demostrar su
masculinidad a través del inicio
sexual precoz y de múltiples
“conquistas” sexuales, incluido el
hecho de tener la primera relación
sexual con una profesional del sexo.
Los mensajes de prevención del VIH
que fomentan entre los muchachos
la abstinencia o el retraso en el
inicio sexual sin que al mismo
tiempo aborden unas expectativas
más amplias de la masculinidad,
lo más probable es que simple-
mente creen conflicto y confusión.


Influencia del género
en la experiencia de vivir
con el VIH/SIDA


En todas las sociedades, la expe-
riencia de vivir con el VIH/SIDA se
define con frecuencia como una
situación conducente a la discri-
minación, que suele acarrear la
pérdida de empleo o de vivienda,
o a la negación de tratamiento y
asistencia. El temor al ostracismo
impide que muchos hombres
y mujeres que viven con el VIH
se confíen en otros o soliciten la
atención o el apoyo que necesitan.
Muchos de ellos sufren un aisla-
miento innecesario.




6
Agosto de 2000 El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA


Los problemas


Una diferencia biológica importante
entre el hombre y la mujer que
entraña consecuencias sociales y
culturales adicionales con respecto
al VIH/SIDA es el hecho de que la
mujer infectada por el VIH puede
transmitir el virus a su hijo antes
o durante el alumbramiento o a
través de la lactancia natural. Ese
hecho pone sobre la mesa muchas
cuestiones complejas relacionadas
con el derecho de la mujer emba-
razada a decidir libremente si se
somete o no a las pruebas del VIH,
y con el derecho de la que sabe que
está infectada a tomar decisiones
independientes e informadas sobre
tener un hijo y sobre alimentarlo
al pecho (véase la Actualización
técnica del ONUSIDA La transmi-
sión del VIH de la madre al niño).
Asimismo, significa que a menudo
a la mujer con el VIH que tiene
hijos se le niega de facto el derecho
a mantener confidencial su estado
infeccioso.


En los lugares donde el VIH está
asociado con las relaciones sexuales
entre hombres o con el consumo
de drogas, la familia y los amigos
suelen negar la naturaleza de la
enfermedad, o simplemente aban-
donar a la persona infectada por
temor a que los relacionen con
el SIDA. Donde el VIH se percibe
como un signo de “promiscuidad
sexual”, el estigma es mucho más
opresivo para la mujer que para
el hombre. En todas partes se
comunican casos de mujeres que
viven con el VIH que han sido
expulsadas del hogar, a menudo
por esposos que muy probable-
mente les transmitieron la infección.


Para las personas que viven con el
VIH/SIDA, así como en el caso de
otras enfermedades crónicas, con
frecuencia el acceso a la asistencia
y apoyo también varía en función
del sexo. Los datos correspondientes
a África indican que el hombre
tiene más probabilidades de ser


admitido en un hospital que la
mujer, y que es más probable que
los recursos familiares se utilicen
–y potencialmente se agoten– para
el tratamiento y la atención de un
miembro masculino de la familia
que para uno femenino.


El impacto del VIH/SIDA
relacionado con el género


Habida cuenta de las muy distintas
funciones y responsabilidades
asumidas por el hombre y la mujer,
una enfermedad relacionada con
el VIH en la familia afecta de un
modo diferente al hombre y la
mujer, y su impacto también varía
según sea varón o mujer la persona
que cae enferma. En muchos casos,
cuando un hombre se pone enfermo
es muy probable que se produzca
un descenso en los ingresos fami-
liares disponibles. Sin embargo, en
muchas culturas donde la fuente
principal de obtención de alimentos
para la familia es la mujer, si es
ella quien cae enferma es más
probable que surja un problema
con respecto a la seguridad
alimentaria familiar.


Cuando un hombre se va debili-
tando o fallece por el SIDA, su
esposa o pareja perderá probable-
mente su principal fuente de apoyo
económico y social, lo mismo que
los demás miembros dependientes
de su familia extensa. En las socie-
dades donde a las mujeres no se
les permite tener propiedades, el
fallecimiento del esposo significa
a menudo que la mujer perderá
su casa y su tierra. Las costumbres
como el levirato (la sucesión de la
viuda) y el limitado acceso de la
mujer a los recursos productivos
y a las oportunidades laborales
pueden forzar las viudas a tener
relaciones sexuales a cambio de
dinero, alimentos o vivienda.


Por lo general, la carga de atender
al esposo enfermo pesa sobre la


esposa y los demás miembros
femeninos de la familia. En algunas
situaciones, como consecuencia
de ello se saca a las niñas de la
escuela. En los casos en que la
mujer cuidadora vive asimismo
con el VIH/SIDA, esas cargas
adicionales pueden empeorar su
propia salud deteriorada. Cuando
la esposa o la pareja de un hombre
se ponen enfermas, se ven afec-
tadas las funciones tradicionales
de crianza, asistencia y producción.
La mayor parte de los hombres
deben seguir trabajando fuera de
casa, y muchos no han aprendido
jamás a cocinar o a atender a los
hijos o los enfermos. Además de
por su carencia de aptitudes, esas
tareas frecuentemente se consideran
socialmente inaceptables para el
hombre. Si bien los miembros
femeninos de la familia extensa
o de la comunidad pueden ayudar
a corto plazo, muchos hombres
cuando se quedan viudos se sienten
forzados a volverse a casar para
mantener la familia reunida.
Como esos hombres están a su
vez probablemente infectados por
el VIH, este ciclo pone en situación
de riesgo a otra mujer.


A menudo los niños que pierden
a uno de los padres por el SIDA
sufren discriminación, aislamiento
y empobrecimiento. Cuando fallecen
ambos padres, los miembros de la
familia extensa o de la comunidad,
principalmente las mujeres, suelen
acoger a esos niños huérfanos. Los
estudios revelan que, incluso en
esos casos, existen más probabili-
dades de que se saque a los niños
y niñas huérfanos de la escuela,
y que ésos son más vulnerables a
la explotación sexual. Se requiere
un mejor conocimiento de las
diferencias que existen entre la
experiencia de las niñas y la de
sus homólogos masculinos.




7
El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA Agosto de 2000


Las respuestas


Fomentar la sensibilización
respecto al género en las
actividades de prevención


Los programas de prevención del
VIH destinados a los jóvenes y
adultos que se centran exclusiva-
mente en los modos de transmisión
y en las prácticas sexuales más
seguras no resultan suficientemente
eficaces. Para ello, deberían incluir
debates sobre los papeles, la sexua-
lidad y las relaciones respecto a
los géneros (véase el recuadro 1).
Además, deberían concentrarse
también en el desarrollo de apti-
tudes para identificar y cambiar las
normas relacionadas con el género
que actúan como obstáculos para la
prevención del VIH. Es fundamental
crear oportunidades basadas en la
escuela y la comunidad para las
mujeres y los hombres, así como
para las muchachas y los muchachos,
con objeto de discutir y compartir
experiencias y estrategias de
prevención personal. Si bien en
algunos contextos puede resultar
apropiado formar grupos mixtos,
los grupos separados contribuyen
más a que el hombre y la mujer
identifiquen las normas relacionadas
con el género que favorecen el
cambio de comportamiento y a que
se opongan a las que inhiben ese
cambio. (Véanse las Actualizaciones
técnicas del ONUSIDA Educación
sobre el SIDA en la escuela y La
movilización de la comunidad
y el SIDA.)


Fomentar tecnologías
de prevención del VIH


Mientras los preservativos mascu-
linos sigan siendo la principal
tecnología de prevención del VIH,
hay que proseguir los esfuerzos
para asegurar que sean fácilmente
accesibles a la mujer, el hombre
y, aún más importante, los jóvenes.
Para lograrlo, es probable que se
necesiten distintas estrategias de
comercialización y diferentes canales


de distribución. Pero como es el
hombre quien utiliza el preservativo,
la mayor parte de las actividades
de promoción de ese producto
deberán orientarse a los hombres
y los muchachos.


Hay que cerciorarse de que los
mensajes de comercialización
no refuercen las normas relativas
al género negativas (como una
sexualidad masculina agresiva o
abusiva), y en su lugar fomentar
actitudes responsables con respecto
a la sexualidad y la familia. La
promoción de los preservativos
debe ir acompañada de programas
específicos para los géneros que
impartan “aptitudes para negociar”
con la pareja y para utilizar los
preservativos.


La introducción y distribución de los
preservativos femeninos a precios
asequibles para las mujeres y los
hombres adultos y jóvenes deben
hacerse también con sensibilidad
respecto a las implicaciones de
género que tiene esa nueva tecno-
logía. Hay que asegurarse de que
a la mujer se le proporcionen las
aptitudes para negociar su utiliza-
ción y para emplearlos correcta-
mente, y de que el hombre esté
bien informado de sus ventajas,
para él y para su pareja (véase
el Punto de vista del ONUSIDA
El preservativo femenino y el SIDA).


Desarrollar nuevas
tecnologías


Con objeto de mejorar la capacidad
de la mujer para protegerse a sí
misma contra el VIH y las ETS, deben
ampliarse las investigaciones sobre
los microbicidas y difundirse de
forma sistemática y generalizada
los hallazgos actualizados sobre
su eficacia y seguridad. El fomento
y la diseminación de información
en ese campo se pueden facilitar
colaborando estrechamente con
organizaciones de planificación


Recuadro 1. Plataforma, un
módulo de capacitación para
abordar los papeles y las rela-
ciones respecto a los géneros


Plataforma (Stepping Stones) es un
módulo de formación para grupos
de discusión, con una amplia par-
ticipación comunitaria de hombres
y mujeres jóvenes y adultos, sobre
cuestiones relacionadas con el
VIH/SIDA, el género, la comunidad
y las aptitudes respecto a las
relaciones, creado principalmente
para utilizarse en el África sub-
sahariana pero adaptable en
cualquier otra parte.


Es particularmente interesante
destacar la gama de temas que
se tratan aún antes de iniciarse
las discusiones sobre el VIH/SIDA,
entre los que cabe mencionar la
salud sexual, el consumo y abuso
de alcohol, el papel del dinero en
la adopción de decisiones sobre
las relaciones sexuales, y las
esperanzas y temores de los
hombres y mujeres jóvenes. Las
sesiones finales se centran en la
capacitación para la afirmación
de uno mismo, en estimular a
cada grupo interpares a examinar
y aplicar sistemas para poder
cambiar su comportamiento
y prepararse para el futuro, e
incluso para afrontar la muerte.
Por tanto, el taller en su conjunto
contribuye a que las personas,
los grupos interpares y las comu-
nidades identifiquen sus propias
necesidades sociales, sexuales y
psicológicas, analicen los obstá-
culos de comunicación con que
se enfrentan y examinen distintas
formas para abordar sus relaciones.


Hasta la fecha, el programa se ha
aplicado en muchos centros en
Uganda, y se está tratando de
introducirlo en Ghana y Zambia. La
evaluación inicial del programa ha
identificado cambios cualitativos
tanto entre los hombres y mujeres
adultos como entre los jóvenes.




8
Agosto de 2000 El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA


Las respuestas


familiar, con redes de mujeres, con
las personas que se ocupan de las
profesionales del sexo y con los
medios de comunicación (véase la
Actualización técnica Microbicidas
para la prevención del VIH.)


En la actualidad, muchos países no
pueden pagar los costosos análisis
de laboratorio necesarios para
detectar la presencia de una ETS.
Por consiguiente, una de las prio-
ridades en la investigación de las
ETS es obtener un procedimiento
sencillo para detectar esas
enfermedades.


Por último, la obtención de una
vacuna será de suma importancia
para las poblaciones que no tienen
prácticamente control de su riesgo
y vulnerabilidad, lo que es espe-
cialmente cierto en el caso de los
adolescentes y de las mujeres
pobres. Entre las dificultades de
orden social con que se encontrará
cualquier vacuna potencial figuran
asegurar su accesibilidad a los
que más la necesitan, reducir los
obstáculos al acceso relacionados
con el género (por ejemplo, la
distancia, el costo y el estigma) que
impiden que la mujer, el hombre
y los jóvenes reciban servicios de
salud en los países en desarrollo,
y asegurar que sea asequible para
los que tienen pocos recursos
económicos.


Ampliar e integrar
los servicios relacionados
con el VIH y las ETS


Es imperativo que dentro de las
comunidades exista una mayor
sensibilización e información
acerca de los signos y síntomas
de las ETS y del VIH/SIDA. Como
muchas ETS son asintomáticas,
especialmente en la mujer, tanto
el hombre como la mujer deben
aprender a autoevaluar el riesgo,
y hay que hacer hincapié en la


importancia de la notificación y
remisión de la pareja. Los servicios
de asistencia de las ETS y del VIH/
SIDA deben hacerse más accesibles
y apropiados para satisfacer las
necesidades de las mujeres y los
hombres adultos, y lo que es aún
más importante, de las muchachas
y los muchachos adolescentes. La
integración de esos servicios en
instalaciones de atención primaria
de salud, en dispensarios de plani-
ficación familiar, en centros de
atención de salud maternoinfantil
y en clínicas privadas existentes los
hará accesibles a muchas más


personas que hasta el presente,
principalmente a las mujeres solte-
ras y las muchachas adolescentes
sexualmente activas (véase el
recuadro 2). Con objeto de dar
mayor satisfacción a las necesi-
dades de los jóvenes, se pueden
integrar los servicios de asistencia
de las ETS y del VIH en los servicios
de salud escolares y en los centros
sociales y culturales para la juventud.
En todos los casos, deberá capaci-
tarse al personal para que atienda
con sensibilidad a los pacientes
en lo que se refiere a los aspectos
culturales y relativos al género.


Recuadro 2. Integración de los servicios


Como respuesta a la rápida expansión de la epidemia de SIDA entre
las mujeres brasileñas durante los primeros años del decenio de 1990,
la Sociedade Civil Bem-estar Familiar do Brasil (BEMFAM) empezó a
integrar la prevención del VIH y de las ETS, y del diagnóstico de las
ETS, en sus servicios de planificación familiar capacitando a su personal
y prestando esa asistencia preventiva a sus clientes. Un aspecto
fundamental en la capacitación y en los servicios proporcionados es
que la integración puede mejorar la calidad general de –y la
sensibilidad a– la salud de la mujer y el hombre. Como dice un médico
de la BEMFAM: “Un médico puede ser un buen profesional, saber
cómo hay que colocar correctamente un dispositivo intrauterino
y cuál es la medicación indicada para la blenorragia, pero en su
planteamiento debe incorporar una visión del individuo como un todo,
atender a un cliente con una perspectiva holística de salud y bienestar
generales.”


En el Brasil, más de 3000 mujeres han participado en discusiones de
grupo organizadas por la BEMFAM que han hecho posible que
compartiesen entre ellas sus preocupaciones de índole sexual, como
el riesgo y los antecedentes de ETS, y la utilización del preservativo,
así como dialogar con su pareja.


El personal de la BEMFAM dice que esas sesiones han tenido resultados
positivos y que la integración de la prevención del VIH y de las ETS,
y del diagnóstico y tratamiento de las ETS, dentro de los servicios de
salud reproductiva y de planificación familiar puede mejorar la calidad
de los servicios y satisfacer una gama más amplia de necesidades de
los clientes en materia de salud sexual y reproductiva. En Honduras
se han celebrado sesiones de discusión similares, mientras que en
Jamaica un grupo dirigido de discusión compuesto por miembros de
la comunidad ha recomendado que se preste asistencia para reforzar
las aptitudes de comunicación entre ambos sexos.




9
El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA Agosto de 2000


Reducir la vulnerabilidad de
la mujer y el hombre al VIH


Para articular una respuesta ampliada
a la epidemia es fundamental
abordar los factores relacionados
con el género que aumentan la
vulnerabilidad del hombre y la mujer
al VIH. Se necesitarán esfuerzos a
corto y largo plazo, aunque en su
mayor parte serán similares en
cuanto a su finalidad de propugnar
un cierto grado de cambio social.
Todos esos esfuerzos requieren
la creación de asociaciones entre
organizaciones que actúan en el
ámbito local, nacional y, a veces,
internacional.


Los programas orientados a mejorar
el acceso de la mujer a la educa-
ción y a los recursos económicos,
como la capacitación, la reforma
jurídica y los planes de crédito, han
obtenido resultados positivos en la
reducción de la fecundidad y han
contribuido a reforzar la capacidad
general de la mujer para adoptar
decisiones en el hogar. Esos esfuer-
zos pueden propiciar una capacidad
decisoria más equilibrada entre el
hombre y la mujer en las relaciones
sexuales. Hay que apoyar y ampliar
la reforma normativa para atenuar
las consecuencias sanitarias nega-
tivas de la migración reduciendo
la vulnerabilidad masculina, feme-
nina y de las personas jóvenes al
VIH/SIDA.


Una respuesta ampliada al VIH/SIDA
también debe abordar el problema
de las relaciones sexuales por
coacción o violentas, que suelen
entrañar un elevado riesgo de
infección. En las situaciones donde
impera la violencia sexual, como en
las que viven algunos refugiados,
hay que acordar la más alta prio-
ridad a los programas para prevenir
esa violencia. Teniendo en cuenta
que estas circunstancias tienen por
lo general más a ver con el poder
y el control que con el placer sexual,
los programas de asesoramiento


–como los que procuran satisfacer
las necesidades de los hombres
que han sido en su propio caso
violados sexualmente– son cruciales
para detener el ciclo de la coacción,
la vulnerabilidad y el riesgo del
VIH. Será conveniente asimismo
estudiar las intervenciones de
emergencia que pueden reducir
el riesgo de infección por el VIH
para las mujeres víctimas de la
violencia sexual.


La derogación de las leyes y políticas
que obstaculizan el camino de una
prevención eficaz del VIH/SIDA
debería ser una prioridad en los
programas de acción. Además, los
programas del VIH/SIDA pueden y
deben colaborar con grupos locales
y nacionales de derechos humanos
para fomentar activamente los
derechos humanos como sistema
para reducir la vulnerabilidad.


Análogamente, el estigma y la
discriminación relacionados con
el VIH/SIDA intensifican todavía
más la discriminación basada en
el género, la edad y la posición
económica y social. Los programas
del VIH/SIDA deben perseverar
en su empeño concertado para
asegurar que las personas más
vulnerables a la discriminación
tengan acceso a la asistencia y
tratamiento, a la educación, a la
vivienda y al empleo, y que los
derechos de las mujeres que viven
con el VIH/SIDA en materia de
salud reproductiva y sexual no
sean violados en cuanto a tener
y/o criar hijos.


Reducir el impacto del género
en las personas que viven con
el VIH/SIDA


El mejor sistema para garantizar
que los programas de política,
prevención y asistencia destinados
a los hombres y mujeres que viven
con el VIH/SIDA sean sensibles con
respecto al género y apropiados


a sus necesidades es asegurar la
plena participación de esos hombres
y mujeres en su planificación y eje-
cución. Para reforzar su capacidad
de participar y para ayudar a reducir
el aislamiento que padecen muchos
de ellos, habría que estimular y
facilitar la creación de grupos de
apoyo. Si bien en algunos contextos
pueden ser apropiados los grupos
mixtos, los grupos separados
contribuyen a que los hombres
y mujeres identifiquen y aborden
las experiencias y preocupaciones
relacionadas con el género. Para
reducir el impacto de la discrimi-
nación relacionada con el género
y con el VIH, también será impor-
tante proporcionar servicios jurídicos
a los hombres y mujeres que viven
con el VIH/SIDA. Por último, es
necesario acrecentar los conoci-
mientos clínicos de la infección
por el VIH en la mujer para
asegurar que se le presta el nivel
de atención más alto disponible.


Se necesitan esfuerzos especiales
para garantizar la protección y el
fortalecimiento de los derechos
reproductivos y sexuales de las
mujeres que viven con el VIH/SIDA.
Para ello habrá que asegurarse
de que tanto a ellas como a sus
compañeros sexuales se les ofrece
información precisa sobre el VIH y
el embarazo, y sobre la interrupción
del embarazo, donde ésa sea legal.
Asimismo, las mujeres deberían
estar informadas acerca de los
riesgos y beneficios de la lactancia
materna para poder tomar deci-
siones informadas. También será
necesario hacer esfuerzos para
asegurar que las mujeres y las
muchachas que viven con el VIH/
SIDA tengan igual acceso a la
atención, tratamiento y apoyo
disponibles. Eso puede necesitar
esfuerzos para influir en las
decisiones sobre la asignación
de recursos a nivel nacional,
comunitario y familiar.


Las respuestas




10
Agosto de 2000 El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA


Asegurar la igualdad
en las responsabilidades
de prestación de atención


En respuesta al impacto de la
epidemia general, las familias
y comunidades se ven obligadas
a adoptar nuevas funciones y
responsabilidades. A medida que
esa respuesta evoluciona, hay que
prestar atención a asegurar que las
estrategias de atención hospitalaria
y domiciliaria que dependen de la
labor de los miembros de la familia
sean sensibles a los requisitos que
piden de las mujeres y muchachas
y estén concebidas para protegerlas
contra obligaciones excesivas. Debe


prestarse un interés particular en
asegurar que no se saque de la
escuela a los muchachos, y espe-
cialmente a las muchachas jóvenes
pertenecientes a hogares afectados.
Como parte de ello, hay que
emprender y apoyar esfuerzos
para fortalecer la participación de
los hombres jóvenes y adultos en
la prestación de asistencia y apoyo
a las personas que viven con el
VIH/SIDA. Es necesario identificar
y apoyar estrategias para favorecer
la ampliación de sus funciones y
responsabilidades en ese campo,
incluido el cambio de normas para
que esas funciones se consideren
apropiadas para el hombre.


Tanto la mujer como el hombre
participan en el desarrollo de
respuestas eficaces a la epidemia
a nivel comunitario. Si bien existen
pruebas de que a menudo su parti-
cipación difiere por razón del sexo,
no se ha estudiado cómo y por
qué se producen tales diferencias.
La identificación de las distintas
funciones y responsabilidades
adoptadas por la mujer y el hombre
en las iniciativas basadas en la
comunidad local ayudará a deter-
minar cómo podemos apoyarlos
mejor en su respuesta a los proble-
mas que plantea la epidemia de
VIH/SIDA.


Las respuestas




11
El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA Agosto de 2000


Notas




12
Agosto de 2000 El género y el VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA


Material fundamental seleccionado


Ankrah M, Schwartz M y Miller J.
Care and Support Systems. En:
Long L, Ankrah M, eds. Women’s
Experiences with HIV/AIDS: An
International Perspective. Columbia
University Press, 1996. Basándose
en la experiencia de las mujeres en
países desarrollados y en desarrollo,
este artículo ofrece recomenda-
ciones para un enfoque orientado
hacia la mujer respecto de los
sistemas de atención y apoyo
relacionados con el VIH/SIDA.


Carovano K. HIV and the Challenges
Facing Men, Nueva York, Programa
del VIH y el Desarrollo, Programa
de las Naciones Unidas para el
Desarrollo, 1995 (UNDP Issues
Paper, No.15). En esta publicación
se presentan discusiones basadas
en las contribuciones recibidas de
hombres de países desarrollados
y en desarrollo sobre el cambio de
comportamiento, la enfermedad
y la atención, y la muerte y la
pérdida relacionados con el VIH
en el hombre.


Effective Approaches for the Prevention
of HIV/AIDS in Women, Ginebra,
Programa Mundial sobre el SIDA,
Organización Mundial de la Salud,
1995. Se resumen 13 criterios
preventivos, destacándose las
enseñanzas aprendidas a partir de
los resultados generales y de cada
uno en particular. La conclusión
fundamental es que los programas
que se ocupan de las mujeres
vulnerables al VIH/SIDA deberían
apoyar medidas sociales, econó-
micas y jurídicas que mejoren la
situación de la mujer.


Facing the Challenges of HIV, AIDS,
STDs; A Gender-based Response,
Países Bajos, Instituto Tropical
Real, Servicio de África Austral
de Difusión de Información sobre
el SIDA, y Organización Mundial
de la Salud, 1995. Carpeta con
material de consulta destinado
a ayudar a los responsables de


adoptar políticas, los ejecutores
y los dispensadores de servicios
a desarrollar un enfoque basado
en el género en su labor sobre el
VIH/SIDA y las ETS.


Rao Gupta G y Weiss E. Women
and AIDS: developing a New Health
Strategy, Washington D.C., Inter-
national Center for Research on
Women, 1993. En esta publicación
se razonan las condiciones eco-
nómicas y sociales que favorecen
la transmisión heterosexual del
VIH y se sugieren las estrategias
a corto y largo plazo que pueden
ser más prometedoras para mejorar
esas condiciones.


Reid E. Some Thoughts on Women
and HIV, Nueva York, Programa
del VIH y el Desarrollo, Programa
de las Naciones Unidas para el
Desarrollo, sin fecha (UNDP HIV
and Development Programme
Working Papers, No.1). Compendio
de tres documentos publicados
previamente en donde se ofrece
una visión general clara y concisa
de la urgencia de la asociación
entre el hombre y la mujer para
transformar las normas sociales
que propagan la epidemia; la
vulnerabilidad de las muchachas
adolescentes a la infección por el
VIH; y la interconexión entre la falta
de atención prestada a las mujeres
como agentes y beneficiarias de
las políticas y los programas de
desarrollo y la epidemia de VIH.


Simmons J, Farmer P y Schoepf. A
Global Perspective. En: Farmer P,
Conners M y Simmons J, eds.
Women, Poverty and AIDS: Sex, Drugs
and Structural Violence, Common
Courage Press, 1996, pp. 39–90.
En este libro se examinan de nuevo
la pandemia mundial y la dinámica
de la propagación del VIH entre las
mujeres pobres de todo el mundo.
Suministra datos y ejemplos ilus-
trativos para cada región y cinco
conclusiones sucintas sobre la


situación de la epidemia con
respecto a la mujer.


Weiss E, Whelan D y Rao Gupta G.
Vulnerability and Opportunity:
Adolescents and HIV/AIDS in the
Developing World, Washington D.C,
International Center for Research on
Women, 1996. Se presentan los
resultados de 17 estudios en que
se destacan las creencias, actitudes
y comportamientos sexuales; los
tipos de comunicación en materia
sexual y del SIDA; la adopción de
decisiones de índole sexual y repro-
ductiva; y la coacción y la violencia
sexuales entre los adolescentes en
el mundo en desarrollo. El libro
ofrece asimismo recomendaciones
normativas y programáticas.


Welbourn, A. Stepping Stones.
Londres, ACTIONAID, 1995. Manual
de capacitación de 240 páginas y
vídeo de un taller de 70 minutos
de duración que tratan del VIH/
SIDA, de cuestiones relativas al
género, y de las aptitudes para
la comunicación y las relaciones.
Este material está concebido para
utilizarse en el África subsahariana.


Women and AIDS: Agenda for Action,
Ginebra, Programa Mundial sobre
el SIDA, Organización Mundial de
la Salud, 1994. En este documento
se examinan los factores que
contribuyen al riesgo de la mujer
de infectarse por el VIH y se
propone un programa de acción
para prevenirlo. La conclusión
es que la subordinación sexual y
económica de la mujer favorece
la epidemia de VIH/SIDA y que
debe mejorarse esa situación.




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