Microsoft Word - S9 Soberanía agraria sin cambio civilizatorio JB fe 2012.docx

Hacia una redefinición de la soberanía agraria
¿Es posible la soberanía alimentaria sin cambio civilizatorio y


bioseguridad?1


Jaime Breilh2


El giro social de algunos gobiernos de América Latina y la resistencia del
movimiento campesino por la tierra han creado un contexto propicio a la
reaparición en el horizonte académico del debate sobre temas como la reforma
agraria y la soberanía agrícola; tópicos que a pesar de su prioridad fueron
prácticamente sepultados por la hegemonía del funcionalismo3 durante los años
de oro del modelo neoliberal.


Y es que ha sido el estructural funcionalismo la fuente nutricia de unas ciencias
sociales convertidas en herramienta de ocultamiento de las contradicciones
sociales y del remplazo de un movimiento agrario emancipador por el reformismo4,
que maneja las graves contradicciones de la agricultura apenas como desajustes
funcionales que se producen y corrigen en subsistemas locales.


En ese marco académico e institucional mediatizado, proliferaron en América
Latina y en el Ecuador investigadores de lo agrario que se sometieron desde los
80s a una línea de investigación extraña a la tradición crítica, y abandonaron
temas como la soberanía agrícola; la concentraciòn de la propiedad; la
acumulación del capital agrícola; la concentración monopólica u oligopólica del
mercado de alimentos; la exclusión social; y el deterioro acelerado de las
condiciones laborales y ambientales, en un mundo rural cada vez más destructivo
e injusto.
Esa especie de deserción académica fue un producto del clima intelectual acrítico
y de contrareforma conservadora que se forjó en medio de una visión agraria
pragmático funcional durante los años de neoliberalismo rampante, modelado en
consonancia con el ethos de mercado y las tendencias ideológico culturales de un
capitalismo que se asumió como boyante. Las nuevas generaciones de


1
Capítulo de libro del SIPAE en prensa.


2
Jaime Breilh, Md. MSc. PhD; ex Director Ejecutivo y ex Vicepresidente del SIPAE; investigador de
la realidad agraria en salud y ambiente; jbreilh@uasb.edu.ec


3
El funcionalismo es una doctrina social que se ha pensado como antípoda de las ciencias de la
transformación; uno de cuyos fundadores fue el norteamericano Talcot Parsons, quien argumenta
la estabilidad eterna de la sociedad como un gran sistema con tendencia al equilibrio y el cambio
como una pérdida momentánea de dicho equilibrio que se reajusta finalmente por la operación de
funciones que cada grupo social desempeña.


4
Bolívar Echeverría define el reformismo como una transición social reducida a las formas pero
que deja la substancia social –léase la estructura de reproducción social- intocada; cambio de
formas que no emplazan ni amenazan la substancia de una realidad.




2


investigadores o incluso por analistas agrarios otrora cuestionadores, asumieron el
paeadigma pragmático funcional como una auténtica superaciòn y terminaron
abandonando sus preocupaciones por la lucha social y la justicia agraria, para
enfocar su atención en fórmulas de modernización productiva y cosmética social,
que se suponían un paso adelante de los conflictos agrarios históricamente
reconocidos.


De tal manera resultó un escenario propicio para el predominio de un conjunto de
interpretaciones y teorías acríticas y la ampliación de un vacío intelectual que, si lo
pensamos desde una perspectiva gramsciana, devino también en un
empobrecimiento crítico del pensamiento de las bases campesinas e indígenas
organizadas; no por que sus líderes piensen a travéz de los académicos, sino por
que en toda sociedad en trance de cambio hay un sinergismo entre la fuerza
material de las bases movilizadas y la multiplicación de ideas de ruptura; lo que en
la jerga científica anglosajona se denomina lever knowledge.
En este punto del análisis conviene entonces pasar revista de algunos de esos
paradigmas interpretativos que cobraron presencia en remplazo o contraposición
al pensamiento agrario crítico; ejercicio necesario ante el desafío de comprender
la reflexión sobre el movimiento de soberanía alimentaria.


Una vertiente fue el pensamiento empresarial de “rostro humano” que pretendió
resolver la imposibilidad estructural de la democracia en el capitalismo rural,
mediante tesis como las del “Otro sendero”5 de Hernando de Soto, que desde su
Instituto Libertad y Democracia convocaba a fines de los 80 a los campesinos
pobres a asumir la entelequia de prosperar y conquistar la igualdad como
microempresarios.


Apareció también en América Latina en los 90 la teoría de la “nueva ruralidad”,
para explicar los cambios de la relación ciudad campo bajo la industrialización
agrícola y la acelerada urbanización rural. En lugar de enfocar la novedad de las
contradicciones económicas, ambientales y culturales del nuevo sistema de
acumulación agro empresarial transnacional, las teorías de la nueva ruralidad se
orientan más bien a describir los cambios sociológicos resultantes, borrando las
nuevas relaciones conflictivas y proponiendo paleativos para destrabar la parálisis
e inviabilidad de las pequeñas economías rurales arrinconadas y sometidas al
callejón sin salida del minifundio y la descapitalización campesina.6, 7




5
De Soto Hernando, Ghersi Enrique y Ghibellini Mario. El otro sendero, la respuesta económica al
terrorismo.


6
Giaracca Norma. Prólogo en ¿Nueva ruralidad?. Buenos Aires: CLACSO, 2001.


7
Reyes Teófilo. La nueva ruralidad. Visión crítica. México: Facultad de Estudios Superiores,
UNAM, 2007.




3


En nuestra región las tesis de la nueva ruralidad derivaron en algunos casos en
las propuestas de trabajo asociativo. Solución planteada por la intelectualidad
empresaria para solucionar la descapitalización y nula competitividad en el
mercado de los pequeños agricultores, contratando las empresas el trabajo
agrícola de muchos pequeños productores asociados. La empresa contratante,
pasa a decidir los productos y las cuotas a las que se hacen acreedores ciertos
campesinos, sea para abstecer el mercado nacional o de de exportación; siempre
bajo estándares técnicos y calidades prefijadas por la empresa, según la
demanda. Esta forma de proletarizacion indirecta de obreros agricultores en su
propia parcela, se esgrime como vía para resolver la pobreza rural y asegurar a
los campesinos una cuota productiva e ingresos para su sostenimiento.


Emparentadas con las ideas de la nueva ruralidad surgieron las tesis de la
“multifuncionalidad agrícola”, originada en Europa como producto de los debates
por la política agrícola común y el incremento de la productividad. Ha sido descrita
como una “revolución agrícola” que provocó recomposiciones en lo social (rápida
urbanización); en lo económico (transformación agroindustrial y servicios); en el
plano territorial (diferenciación de zonas de producción según su dotación en
factores naturales y sus trayectorias históricas); y en lo político (nuevas formas de
cabildeo de los grupos de presión agrícolas). 8
Y para cerrar este brevísimo repaso de las propuestas funcionales al sistema,
tenemos una de factura más reciente, alimentada por el ecologismo empresarial,
que es la teoría del capitalismo verde. Desde esta pespectiva se aboga, como lo
ha propuesto Gordon Brown, Primer Ministro del Reino Unido en su Ley de
Cambio Climático, por una economía rural ligada a la acumulación de capital
alrededor de productos y servicios ecológicos como instrumentos de mercado, de
entre los cuales se destacan nuevas industrias, tecnologias bajas en carbono, y
energías eólica, biomasa, marina, solar, etc. Aquí también destaca la propuesta de
Al Gore, de una economía agrícola enfocada en biocombustibles de nueva
generación, que aplica la hidrólisis enzimática, enzimas que reducen la celulosa, la
lignina a compuestos fermentables, logrando más litros por hectárea que el etanol
de primera generación. Y finalmente las tesis de las corporaciones alimentarias
que se abanderan de demandas ambientales, de garantía de calidad, de
protección a los animales, comercio justo y otras simulaciones.9




8
Bonnal P, Bosc P, Diaz J, Losch B. Multifuncionalidad de la agricultura y Nueva Ruralidad:
¿Reestructuración de las políticas públicas a la hora de la globalización?. Bogotá: Ponencia
presentada en el Seminario Internacional El Mundo Rural: Transformaciones y Perspectivas a la
luz de la Nueva Ruralidad. Universidad Javeriana, CLACSO, REDCAPA, Octubre 15-17 de 2003.


9
Harriet Friedmann. From colonialism to green capitalism: social movements and emergence of
food regimes, 2009




4


Como se podrá evidenciar, ninguna de esas miradas asume ni directa ni
tangencialmente el desafío de la soberanía agrícola y la discusión crítica de los
fundamentos de destructividad ambiental, de inequidad social, de ineficiencia
energética del modelo agroindustrial. Son todas caras distintas de una misma
postura pro sistema.


Los análisis rurales publicados en el marco del funcionalismo siempre recurren en
determinado momento a categorizaciones ambiguas que no permiten penetrar.
Cuando requieren describir, por ejemplo, los impactos sociales negativos recurren
a indicadores centrados en las carencias del consumo rural, en lugar de las
injusticias de la propiedad de los medios de producción; categorías como
“pobreza” y otras semejantes, que no explican y hacen visibles las raíces
estructurales de la problemática, y que por tanto son propicias para dichos
enfoques funcionalistas y el desvanecimiento de las relaciones sociales de
dominación en el campo. Igualmente cuando requieren expresar una valoración
del grado de vulnerabilidad de la agricultura, vuelven a la esfera del consumo de
alimentos y asumen nociones como la de “seguridad alimentaria”.


Se comprenderá entonces que a pesar de que las teorías que hemos revisado
muestran diferencias de énfasis, tienen en común la característica de no
cuestionar la base estructural, ni penetrar en las razones históricas de la pérdida
de soberanía.


Por eso es imposible aplicar esos marcos conceptuales para descifrar la pérdida
de sentido de la agricultura empresarial, la forma como ha substituido su papel de
productora de fertilidad y conservadora de la biodiversidad -encaminada a
sustentar la vida en la naturaleza y al ser humano como sujeto social-, para
convertirse más bien en un sistema de acumulación y concentración monopólica
de la renta de una élite, cuya plusvalía se acrecienta conforme más destructiva e
injusta es su producción de objetos o mercancías agrícolas. Una lógica del
capitalismo agrícola de gran escala que se divorcia del modelo de la vida para
servir la codicia agrícola como guía del modelo de la muerte. Una lógica de
alienación de derechos y autarquía que es la negación estructural de la soberanía.


Estrategias de aceleración de la codicia y pérdida de soberanía agrícola: el
modelo de la muerte


La “revoluciòn verde” que inauguró en 1945 el agrónomo norteamericano Norman
Borlaugh con auspicio de la Fundación Rockefeller en la granja experimental “El
Yaqui” de Sonora México, marcó la partida de nacimiento del modelo técnico
agroindustrial que ahora nos agobia, y el inicio también de un largo camino de
desventaja, subordinación y pérdida de autarquía agrícola.




5


Los engranajes de la aceleración
La búsqueda frenética de mejores rendimientos que acrecienten el negocio ha
sido el fuelle que avivó desde entonces la implementación de un conjunto de
estrategias y recursos. En el principio de la revolución verde, el eje mayor fue la
aplicación intensiva de paquetes químicos -que probaron luego ser devastadores-,
pero con el advenimiento en los años 80 del frenesí neoliberal y la desembozada
desregulación, se soltaron las amarras que sustentaban los últimos restos de
escrúpulo y decoro del agronegocio. Encubierto por el discurso de “se puede
alimentar a todos con nueva tecnología” como aureola ética, la moderna agro
empresa destapó su objetivo estratégico de acelerar y expandir sin restricciones la
explotación de la naturaleza y del trabajo humano para incrementar el plusvalor
agrícola y la acumulación de capital.


En la figura N° 1 se esboza el conjunto de estrategias que fueron integrándose
para acelerar la acumulación de capital y favorecer una creciente dependencia de
nuestra agricultura. Han sido implementadas en grados, amplitud y combinaciones
distintas en América Latina, y en flagrante oposición frente a las tesis
agroecológicas y de justicia social, aun que siempre vendiendo el discurso de que
la mayor productividad gotea beneficios a los más pequeños.


Ahora bien, la multiplicacion de problemas sociales y ecológicos en las zonas de
punta de ese tipo de modelo, y la notoria pérdida de soberanía, ha elevado el
horizonte de conciencia de los afectados. Más aún, ahora que la perversidad del
capital financiero se hizo ostensible, la reacción no es más una prerogativa de la
izquierda, puesto que aun los “think tanks” del mundo empresarial denuncian la
gravedad de la crisis. Nouriel Rubino, por ejemplo, mentor y organizador del Foro
Mundial Económico de Davos (febrero 2012) declaró sin ambajes que: “Marx tenía
razón; el capitalismo crea los obstáculos para su propio avance.”10 (sic)
Como lo registráramos en un comentario periodístico reciente, el afamado
periódico empresarial Financiar Times, dedica una reciente edición a examinar la
profunda crisis de la economía capitalista, denunciando las astronómicas
ganancias y sueldos de los ejecutivos que administran las corporaciones gigantes,
y plantea una receta que contradice radicalmente la retórica neoliberal a la que








10
Rubini Nouriel. Declaration at World Economic Forum in Gobal bussines eligte go marxist at
Davos –A. Robinson- The Nation, , february 20, 2012,
http://www.thenation.com/article/165988/global-business-elite-go-marxist-davos




6


Figura N° 1 Mecanismos para acelerar la acumulación agroindustrial y pérdida de
soberanía (apropiación y explotación de la vida)






































Elaborado por autor. Basado en: Breilh et al. El TLC en lo agrario, SIPAE 2004; Breilh J. Aceleración
agroindustrial. Peligros de la nueva ruralidad del capital, SIPAE, 2011


nos tenían acostumbrados los dirigentes de la derecha política del mundo y varios
corifeos nacionales de menor fuste, cuando dice: “necesitamos el Estado para
salvarnos”. Y hasta el propio Francis Fukuyama, quien hasta hace poco nos


Recomposición
productiva


Transformación de la base tecnológica de las industrias agrícolas


Despojo


Instantaneidad de transacciones y flujos (Comunicación digital e
hipermedios)


Convergencia de 4 campos científico tecnológicos para apropiarse y
mercantilizar la vida (moléculas, átomos, genes y vida artificial):


a) Biotecnología (genómica (genes) y proteómica (proteínas): semillas
transgénicas y patentes; apropiación de peces, animales y cultivos GM


b) Nanotecnología (nanopartículas para crecimiento y control de plagas; y
patentes de átomos y moléculas);


c) Informática agrícola (control digital de OGMs y seres híbridos –vida
artificial-);


d) Neurociencias: neurobiología de animales y plantas; inteligencia vegetal
(sensores, redes de proceamiento de información, memoria y respuestas no
reactivas (“off line”)






a) Acumulación por apropiación fraudulenta o violenta de recursos vitales o
bienes públicos ligados a la agricultura: land and resource grabbing.


b) Apropiación mediante normativa y acuerdos internacionales: los TLC or
ejemplo (transnacionalización; sobreprotección de monopolios y
desprotección de agricultores pequenós; sometimiento en desventaja y de la
producción nacional; inmunidad de inversiones e impunidad en derechso
sociales y de la naturaleza; privatización de funciones e instituciones
públicas; pérdida de soberanía jurídica; desregulación y limitación del
Estado; enjenacion de compras públicas; apropiación genoma y pérdida
derechos de propiedad; expansión de usos peligrosos de tecnología
modalidades productivas.


c) Descapitalización y despojo de tierras (+agua) de campesinos y
monopolización de medios; apropiación de trabajo asociativo


Shock
Los desastres naturales, conmociones sociales, conflictos armados y
estados de shock colectivo, como oportunidades de acumulación agrícola.




7


vendía la idea de un triunfo apoteósico del capitalismo y de que habíamos llegado
a la victoria final de la sociedad de mercado -y por tanto al fin de la historia-, ahora
acaba de declarar a la connotada publicación Foreign Affairs que somos testigos
del impacto devastador de un mercado no regulado y del crecimiento rampante de
la desigualdad.11


A confesión de parte relevo de prueba, pero lo que está muy claro es que se ha
hecho más evidente que nunca la acumulación de inequidad social y rural
especialmente. Y lo que es peor, donde este modelo productivo es más agresivo y
menos soberano, es justamente donde se producen los mayores destrozos
ecológicos y en la salud colectiva. El modelo agroindustrial del siglo XXI debe ser
conocido a fondo, y no basta con describir las características generales atribuidas
al “neoliberalismo salvaje”, hay que desentrañar la maraña de procesos que
enunciamos en la figura N° 1.


La aceleración irrumpe facilitada por la instauración de una agricultura no
soberana y desregulada, gracias a la extrema privatización, a la contención radical
del control público y al creciente desmantelamiento de la pequeña economía
campesina. En escenarios propicios se aplican los mecanismos del modelo: 1) una
profunda recomposición de la base tecnológica de la producción (i. e.
instantaneidad de la gestión de base digital más la convergencia de enormes
inversiones en 4 campos tecnológicos, que van desde la biotecnología, pasando
por la nanotecnología, el control informatico de la vida artificial, y hasta el manejo
lucrativo de las neurociencias y la inteligencia vegetal y animal 12 ); 2) la
implementación de mecanismos de despojo (sea por apropiación directa y
violenta, sea por la imposición de tratados internacionales desventajosos, que se
facilitan por la descapitalización y debilidad económica impuestas al campesindo);
y 3) el aprovechamiento oportunista de estados de shock, cuyo caso emblemático
y extremo es el de Haití, pero que se ha dado en formas solapadas en zonas de
desastre o de guerra operada por aparatos militares mercenarios de nuestros
países, que crean una ánimo de indefensión campesina en las zonas agrícolas.


Así devino el paradigma de la ruralidad neoliberal: “inmensos campos de
monocultivo, con grave pérdida de biomasa, destrucción de la biodiversidad,
incorporación de cultivos genéticamente modificados, aplicación intensiva de
agrotóxicos, uso peligroso de tecnologías, y la sobreexplotación de ejércitos de
asalariados -o mejor subasalariados-, que laboran directamente o por medio del


11
Breilh Jaime. La transformación social: una deuda pendiente en el país. Quito: comentario de
opinión Radio Tarqui, 27 de febrero, 2012 (audio puede escucharse en
www.uasb.edu.ec/saludyambiente)


12
Calvo Garzón Francisco. The Quest for Cognition in Plant Neurobiolog Plant Signal Behav. 2007
Jul-Aug; 2(4): 208–211.




8


trabajo asociativo para las grandes empresas.”13 Ahora diríamos en muchos casos
como los cañaverales de São Paulo o los campos agrícolas de la China aun
sujetos al trabajo esclavo.14
Es imposible la soberanía alimentaria sin cambio civilizatorio y bioseguridad


En escenarios agrícolas de esa naturaleza hablar de soberanía simplemente como
problema de apoyo técnico a los pequeños y su papel en las cadenas comerciales
es inconsitente. Las nuevas complejidades de la realidad agraria nos exigen
replantear los términos del análisis y los de la lucha.


El pillaje de los grandes ha maniatado a los pequeños a una productividad limitada
y desventajosa, y ha reproducido una espiral creciente de desigualdad, claro está,
pero lo que es más grave es que ha instituido reglas del juego que no solo
desnaturalizan el rol de la agricultura, sino que tornan prácticamente imposible la
sobrevivencia de los campesinos e inviable la soberanía.


Las universidades Andina Simón Bolívar del Ecuador y British Columbia de
Canadá impulsan un proyecto sobre “Conocimientos y Estrategias para una
producción de alimentos sustentable, soberana, solidaria y saludable” cuyo slogan
es “producir, comer y pensar los alimentos en soberanía, justicia y salud a nivel
mundial”. En su documento inicial el proyecto destaca que el enfoque integral del
sistema alimentario y de la soberanía viene de distintos sectores. “El movimiento
social liderado por los pequeños productores y la Vía Campesina ha propuesto la
tesis de "soberanía alimentaria": "el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y
culturalmente apropiados producidos a través de métodos ecológicos y
sostenibles, y su derecho a definir sus propios sistemas de alimentación y la
agricultura ... [ colocar] a aquellos que producen, distribuyen y consumen
alimentos en el corazón de los sistemas alimentarios y políticas en lugar de las
demandas de los mercados y las empresas.” Al mismo tiempo, el concepto de la
Comunidad de Seguridad Alimentaria (CFS) ha emergido en países de ingresos
altos para enfatizar estos derechos, como ... una situación en la que todos los
residentes de la comunidad obtengan una segura, culturalmente aceptable,
nutricionalmente adecuada dieta a través de un sistema alimentario sostenible que
maximice la autonomía y la justicia social".15




13
Jaime Breilh. Lo Agrario y las Tres “S” de la Vida en “Tierra y agua, interrelaciones de un acceso
inequitativo –Zapatta e Isch editores-. Quito: Ediciones SIPAE, marzo 2010; p. 19


14
De Moraes Silva, María. “¿Sabe lo que es quedar borrado en la plantación de caña?. Quito:
Foro Internacional sobre Agroindustria, ética e investigación sobre salud ambiente, Universidad
Andina Simón Bolívar, septiembre 20, 2010


15
University of British Columbia y Universidad Andina Simón Bolívar. Proyecto Conocimientos y
Estrategias para una producción de alimentos sustentable, soberana, solidaria y saludable:




9


Como lo dice el mismo documento: “la atención a la soberanía alimentaria surgió
como una crítica al hecho de que el concepto de seguridad alimentaria ha sido
cooptado por la agenda corporativa del agro-negocio que desliga el tema de los
problemas de despojo y de las relaciones de poder.”
Por eso insistimos en que el nexo entre el sistema agrícola y la salud, no se
reduce a la relación abastecimiento de alimentos-salud. Si bien persisten
contextos de mayor salvajismo empresarial y político como ciertas sociedades
africanas o Haití, donde pueblos famélicos apenas sobreviven en extrema
desnutrición -que nos recuerdan por cierto las pioneras denuncias de Josué De
Castro en su “Geografía del Hambre”16-, los problemas de salud más serios y
abultados que se relacionan con los problemas agrícolas son ahora los de
malnutrición con sobrepeso, diabetes, diversas formas de Cáncer, intoxicación
crónica y aguda, malformaciones congénitas, discapacidad. Los cuales están
determinados en poblaciones rurales expuestas a modos de vida y ecosistemas
malsanos, o en la esfera de los consumidores, a la exposición a alimentos
industriales, no solamente contaminados por agrotóxicos sino ahora también por el
empleo de hormonas y antibióticos en la crianza de animales cuyos afectos como
el incemento de resistencia bacteriana a los antibióticos, aun no establecidos en el
país, se han demostrado en otros países.17, 18


Es decir, desde una perspectiva emancipadora, la soberanía abarca
necesariamente al sometimiento de todo el proceso agrario a una nueva lógica de
la vida, de la defensa de la vida en los seres humanos y en la naturaleza, que es
la lógica que nace en la matriz cultural propia de las sociedades agrarias de
pequeña escala indígenas, afro americanas y mestizas.


Y entonces surge la pregunta : ¿cuál es el criterio de referencia contra el que se
mide y pondera el grado de soberanía alimentaria de un pueblo?


Y la respuesta no puede reducirse a los térmnos de seguridad en el acceso a
alimentos, como lo hemos explicado, pero tampoco puede restringirse al control
soberano sobre la producción de los mismos.




producir, comer y pensar los alimentos en soberanía, justicia y salud a nivel mundial. Vancouver /
Quito, febrero 2011.


16
De Castro Josué. Geografía del Hambre. Buen os Aires: Editorial Peuser, 1950.


17
PEW Commission. Putting meat in the table: industrial farm animal production in America.
Baltimore: Report of the Industrial Farm Animal Production Commission of the Bloomberg School
of Public Health, 2008


18
National Research Council. "Appendix A: Publc Health Consquences of Use of Antimicrobial
Agents in Agriculture." The Resistance Phenomenon in Microbes and Infectious Disease Vectors:
Implications for Human Health and Strategies for Containment -- Workshop Summary.
Washington, DC: The National Academies Press, 2003. 1. Print.




10


La agricultura no sólo produce fertilidad, no solo genera biomasa. La agricultura
reproduce relaciones de metablismo con la naturaleza, la agricultura contribuye a
determinar las relaciones ciudad campo; contribuye a producir y reproducir
características culturales, cosmovisiones, valores; la agricultura produce sistemas
organizativos soportes sociales; relaciones de poder; la agricultura es parte de la
materialidad de la cultura y de la formación del saber y conocimientos. Todo
aquello debe estar sujeto a la definición soberana, autógena, e informada de los
productores y de los consumidores de alimentos de una sociedad. Son todos esos
los espacios donde se debe ejercer soberanía.
No cabe duda que la soberanía alimentaria, planteada así debiera denominarse
más bien soberanía agraria. Conlleva relaciones necesarias con el desarrollo de
otras dimensiones de la reproducción social y de la vigencia del derecho
colectivo; abarca por tanto mucho más que el control de volúmenes, cuotas y
destinos de la producción y el abastecimiento autógeno del mercado interno.


Hacia una redefinición de los términos de la soberanía agraria


Si de lo que se trata es de revolucionar el modo civilizatorio y agrario impuesto, no
es concebible ni viable el buen vivir agrario sin desterrar los modos de
monopolización de la propiedad y generar las vías redistributivas de una reforma
agraria que favorezca además un proceso de reordenamiento territorial. Pero no
es menos cierto que no basta con cambiar la estructura de tenencia y usufructo de
los medios agrícolas.


Lo que se ha conocido convencionalmente como reforma agraria se enfoca
primordialmente en la construcción de equidad económica. A nuestro juicio, la
transformación de la economía política de la generación de alimentos es
fundamental, no cabe duda, pero debe estar íntimamente entrelazada con la
transformación de las formas de metabolismo sociedad-naturaleza que implica el
proceso agrícola, de las concepciones culturales e imaginarios que existen
alrededor de dicho proceso, solo así inscribiremos la agricultura en el modo
civilizatorio de la vida y desterraremos el modo civilizatorio del mundo de la
mercancias como economía de la muerte, sólo así desterraremos el ethos de la
modernidad capitalista.


La estructura agraria del siglo XXI y el esperado modelo de generación de
fertilidad para la vida y su diversidad que debe ser la agricultura, debe orientarse
por tanto a revertir la estructura de desigualdad frente a los medios, pero
complementariamente debe encaminarse a revertir las tendencias ideológico-
culturales que caracterizan y permiten la reproducción de la modernidad capitalista




11


que ha descrito Echeverría: el antropocentrismo; el progresismo consumista; el
urbanicismo; el economicismo; y el individualismo.19


Por eso en escritos anteriores hemos argumentado que la justicia agraria es
mucho más que reparto de parcelas, adjudicaciones de agua y crédito. Hay que
remplazar el modo civilizatorio vigente por un modo alternativo del buen vivir rural
que sólo puede darse en un mundo rural soberanamente sustentable, solidario y
saludable; las tres “S” que fundamentan el buen vivir.20


La sustentabilidad es un concepto multidimensional que implica un conjunto de
condiciones para que los socio-ecosistemas puedan fundamentar o sostener, no
cualquier forma de vida sino una vida plena, digna, feliz y saludable. Hemos
propuesto una nueva categoría para medir la sustentabilidad que “la denominamos
capacidad vital o sustentable, la cual abarca la productividad integral de dicha
sociedad, comprendiendo, a más de la generación de fertilidad y biomasa para
sustentar la nutrición de los pueblos, la capacidad de sustentar las otras
dimensiones de una reproducción social: trabajo y modos de vivir dignificantes;
formas de recreación cultural e identitaria; formas de organización solidaria y
soportes colectivos; y relaciones armoniosas con la madre naturaleza.”21,22


La segunda “s” del buen vivir es la organización solidaria de la vida en el campo.
No se trata solo de superar la inequidad en la propiedad de los medios. “Una
sociedad solidaria es aquella donde la estructura económica productiva se
organiza alrededor de la preeminencia la vida y del bien común; donde la
distribución ofrece a todos el acceso de una cuota que hace posible el buen vivir;
donde se constituye un consumo consciente y colectivamente concertado, basado
en una construcción consciente y equitativa de la necesidad, sin derroche, ni
desperdicio y sin desproporcionar los recursos presentes y futuros; donde todos
los pueblos pueden realizar a plenitud su identidad y las potencialidades de su
cultura; donde la conducción de la vida colectiva ofrece a todos la posibilidad de
incidir sobre el Estado y el movimiento social; donde todos disfrutan del bien
protector de la organización social; y donde todos trabajan juntos por construir




19
Echeverría B. Modernidad y capitalismo (15 tesis). Cuadernos Políticos [Internet] 1989 [citado 12
jul 2011];(58):41-62. Disponible en:
http://www.cuadernospoliticos.unam.mx/cuadernos/contenido/CP.58/CP58.41.BolivarEcheverria.pdf


20
Jaime Breilh. Lo Agrario y las Tres “S” de la Vida, Ibidem,


21
Breilh, Jaime. La agroindustria, las tres “S” de la vida y la ética de la investigación. Quito:
Conferencia al Foro Internacional “Agroinustria y la Ética de la Investigación, Paraninfo de la
Universidad Andina, septiembre 20, 2010.


22
Jaime Breilh. Las tres “S” de la determinación de la vida em “Capítulo 4 de Determinação social
da saúde e reforma sanitária –R.P. Nogueira org.-. Rio de Janeiro, CEBES, 2010. p. 96




12


razonable y equitativamente un sistema de derechos y responsabilidades frente a
la protección de la madre tierra.” 23,24


Y finalmente la tercera “S” corresponde a la sociedad saludable: “implica sobre la
base de las dos “S” o principios anteriores, contar con la posibilidad real de modos
de vida que consoliden y perfeccionen, en los diferentes espacios socio culturales,
la preeminencia de procesos protectores y soportes, colectivos, familiares e
individuales, que posibiliten el predominio de formas fisiológicas y psíquicas que
sustenten una buena calidad de vida biológica y psíquica, posibilitando una mayor
longevidad, capacidad de asimilación de noxas, potencialidad para la plena
actividad física en todas las edades, disfrute del placer y la espiritualidad.” 25,26


Y claro, en el caso de la agricultura, una mediación fundamental de esta tercera
dimensión del buen vivir es la bioseguridad, la cual incluye la protección de una
base genética segura de los alimentos; el control de monocultivos de gran escala
e impulso de políticas antimonopolio, que deterioran biodiversidad de ecosistemas
y estimulan mecanismos de calentamiento; la calidad sanitaria y nutricional de los
alimentos; la prohibición de patentes y mercantilización de la vida y el
conocimiento (cultura, el conocimiento y la tecnología); y el acceso democrático y
actualizado a información completa y participación de los ciudadanos.


Los argumentos vertidos en este escrito no pretenden redefinir el concepto de
soberanía alimentaria propuesto por la Vía Campesina y que citamos
anteriormente, lo que aquí buscamos es ofrecer una contribución para su
enriquecimiento y el debate que surge desde la óptica de la determinación social
de la salud y la epidemiología crítica.




23
Breilh, Jaime. La agroindustria, las tres “S” de la vida y la ética de la investigación. Quito:
Conferencia al Foro Internacional “Agroinustria y la Ética de la Investigación, Paraninfo de la
Universidad Andina, septiembre 20, 2010. Ibidem.


24
Jaime Breilh. Las tres “S” de la determinación de la vida em “Capítulo 4 de Determinação social
da saúde e reforma sanitária –R.P. Nogueira org.-. Rio de Janeiro, CEBES, 2010. p. 97


25
Breilh, Jaime. La agroindustria, las tres “S” de la vida y la ética de la investigación. Quito:
Conferencia al Foro Internacional “Agroinustria y la Ética de la Investigación, Paraninfo de la
Universidad Andina, septiembre 20, 2010.– Ibidem.


26
Jaime Breilh. Las tres “S” de la determinación de la vida em “Capítulo 4 de Determinação social
da saúde e reforma sanitária –R.P. Nogueira org.-. Rio de Janeiro, CEBES, 2010. p. 98




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