Etnografía, metodologías cualitativas e investigación en salud: un debate abierto

Antropologia Mèdica


Etnografía, metodologías cualitativas
e investigación en salud:


un debate abierto
Oriol Romaní (ed.)


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Colección Antropologia Mèdica


1. Migraciones y salud, varios autores
Josep M. Comelles, Xavier Allué, Mariola Bernal,
José Fernández-Rufete, Laura Mascarella (comps.)


2. Antropología y enfermería, varios autores
Maria Antonia Martorell, Josep M. Comelles,
Mariola Bernal (eds.)


3. Medicina, màgia i religió, W. H. R. Rivers
Àngel Martínez Hernáez (ed.), Chris Scott-Tennent (coord.)


4. Of Bodies and Symptoms, varios autores
Sylvie Fainzang et Claudie Haxaire (ed.)


5. Mejor dejarlo tranquilo, Rimke van der Geest
Lourdes Márquez Blázquez (trad.)


6. Tro ressonant, Paul Radin (ed.)
Àngel Martínez Hernáez (ed. cat.)


7. Alimentación, salud y cultura: encuentros interdisciplinares, varios autores
Mabel Gracia-Arnaiz (ed.)


8. Nasci na família errada, Cristina Larrea Killinger
9. Pobres joves grassos. Obesitat i itineràris juvenils a Catalunya


Mabel Gracia-Arnaiz (ed.)
10. Mujeres (in)visibles: género, alimentación y salud en comunidades rurales
de Oaxaca


Sara Pérez-Gil Romo y Mabel Gracia-Arnaiz (ed.)
11. Evidencias y narrativas en la atención sanitaria


Àngel Martínez-Hernáez, Lina Masa, Susan M. DiGiacomo (eds.)


Medical Anthropology in Tarragona


Medical anthropology at the Universitat Rovira i Virgili (until 1991, the University of Barcelona
at Tarragona) has a history going back more than 30 years.


In 1981, the first medical anthropology course in Spain was offered here as part of the under-
graduate degree program in anthropology; in 1984, a medical anthropology course was offe-
red here for the first time in a Spanish university as part of the degree program in nursing; and
in 1986, medical anthropology became part of a Ph.D. program here for the first time in a
Spanish university. A required course in medical anthropology has been part of the URV un-
dergraduate program in social anthropology since 1993, and will remain so until this program
is phased out in 2016.


In 1982, the first medical anthropology symposium in Spain (Primeres Jornades d’Antropolo-
gia de la Medicina) was held in Tarragona. It was an international event and marked the
formal founding of the specialty in this country.


Between 1988 and 1994, medical anthropologists in Tarragona organized an interdepartmen-
tal Ph.D. program in social sciences and health (Ciències Socials i Salut) jointly with the Uni-
versity of Barcelona’s Department of Sociology.


A master’s degree program in medical anthropology was offered at URV between 1994 and
2000, and a Ph.D. program in medical anthropology between 1998 and 2007.


In 2005, with the so-called Bologna reform of European universities and related changes in
the Spanish legislation governing universities, the current two-year master’s degree program
in medical anthropology and international health (Màster en Antropologia Mèdica i Salut Inter-
nacional) was initiated. A year later, this focus became a priority research line of the depart-
ment’s Ph.D. program in anthropology (2006-2013). In 2013, this Ph.D. was transformed into
a new doctoral program in anthropology and communication with two priority research lines:
medical anthropology and global health, and risk and communication.


The students enrolled in these programs come not only from Catalonia and elsewhere in
Spain, but also from other European Union countries and Latin America.


Between 1996 and 2013, 74 doctoral dissertations in medical anthropology were defended
at URV, 23 of them by foreign students.


The Department of Anthropology, Philosophy and Social Work, founded at the same time as
the Universitat Rovira i Virgili in 1991, has medical anthropology as one of its hallmarks both
in Spain and abroad. During the summer of 2013, URV will create an interdisciplinary Medical
Anthropology Research Center (Centre de Recerca en Antropologia Mèdica) with the partici-
pation of medical anthropologists and researchers from other departments: Nursing, Commu-
nication Studies, Sociology, History, and Medical Sciences.




Etnografía, técnicas cualitativas
e investigación en salud: un debate abierto


Tarragona, 2013


Coordinación de


Oriol Romaní




Edita:
Publicacions URV


1.ª edición: Diciembre de 2013
ISBN: 978-84-695-9175-8


Depósito legal: T-1551-2013


Publicacions de la Universitat Rovira i Virgili
Av. Catalunya, 35 - 43002 Tarragona


Tel. 977 558 474
www.publicacionsurv.cat


publicacions@urv.cat


El blog de la colección:
http://librosantropologiamedica.blogspot.com/


Consejo editorial:
Xavier Allué (URV)
Josep Canals (UB)


Josep M. Comelles (URV)
Susan DiGiacomo (URV)


Mabel Gracia (URV)
Àngel Martínez Hernaez (URV)


Enrique Perdiguero (UMH)
Oriol Romaní (URV)


Il·lustració de la coberta: Edwaert Collier,
Trompre l'oeil amb materials d'escriptura, 1702.


Esta obra está bajo una licencia Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported
de Creative Commons. Para ver una copia, visite http://creativecommons.org/licen-


ses/by-nc-sa/3.0/ o envíe una carta a Creative Commons, 171 Second Street, Suite 300,
San Francisco, California 94105, USA.


¶ Esta editorial es miembro de la Xarxa Vives y de la UNE, lo que garantiza la
difusión y comercialización de sus publicaciones a nivel nacional e internacional.




SUMARIO


Presentación .......................................................................................7
Oriol Romaní


I. Aspectos teórIco-metodológIcos y técnIcos 19


El planteamiento de una epidemiología sociocultural: principios
cardinales y modelos de aplicación ............................................21


Jesús Armando Haro
Usos y desusos del método etnográfico. Las limitaciones de las
narrativas en el campo de la salud ...............................................43


Susana Ramírez Hita
Técnicas cualitativas y epidemiología ..............................................65


Joan Guix Oliver


II. dIstIntAs experIencIAs de InvestIgAcIón 77


Evaluando el sistema de alcantarillado. La experiencia de líderes
y vecinos sobre una intervención de saneamiento ambiental .....79


Cristina Larrea Killinger
Trabajo de campo en comunidades virtuales pro self-harm ������������113


Lina Cristina Casadó i Marín
Presuntos implicados: el etnógrafo paciente ..................................143


Marta Allué
Historias padecidas. Narrativa y antropología médica ....................161


Sara García López, Hilda E� Argüello Avendaño


III. el hospItAl, todo un mundo 189


Antropólogas en bata blanca: praxis y problemas del trabajo
etnográfico en hospitales ...........................................................191


Beatriz Tosal Herrero, Serena Brigidi, Inma Hurtado
Un antropólogo en la consulta hospitalaria ....................................213


Rubén Muñoz Martínez
¿Doctores o gestores? La identidad profesional dual del mando
intermedio en dos hospitales catalanes .....................................239


Rosalía Cascón-Pereira






PRESENTACIóN


Oriol Romaní
Universitat Rovira i Virgili


El libro que aquí presentamos es en gran medida fruto del VII Colo-
quio de la Red de Antropología Médica (REDAM), que se celebró en
el Campus Catalunya de la URV, en Tarragona, los días 5 y 6 de junio
de 2007. Con todo, como suele suceder en estas ocasiones, «no están
todos los que son ni son todos los que están», ya que bastantes de las
ponencias que entonces se presentaron no figuran finalmente en este
libro, y por lo menos un par de capítulos son aportaciones que no
se hicieron en aquel coloquio. Además, desde el momento en que el
Consejo Editorial de la Colección de Antropología Médica de Publica-
cions URV me encargó la preparación de este libro, tuve claro que no
se trataba de la publicación de unas actas, sino de otra cosa; así, los cri-
terios de edición, de ordenamiento de los distintos capítulos, etc., son
específicos para esta publicación, que tiene la pretensión de conver-
tirse en una herramienta útil para avanzar en la temática propuesta.


Y es que el asunto lo merece. Necesitamos todavía darle bastantes
vueltas a algo que es una realidad que requeriría cierta sistematiza-
ción, como es el hecho de que en el campo sociosanitario nos encon-
tremos con un uso cada vez mayor de metodologías o técnicas cuali-
tativas de investigación, por parte de profesiones médicas, medicina
de familia, epidemiología y enfermería principalmente, para superar
las limitaciones de las técnicas cuantitativas. A ello habría que añadir
la existencia de cursos permanentes y especializaciones de técnicas
cualitativas dentro de enseñanzas de ciencias de la salud pensadas y
desarrolladas bajo el paradigma hegemónico de la biomedicina.


Estas aproximaciones, que en principio se podrían valorar como
algo positivo, desde las ciencias sociales que se han especializado en
el ámbito de la salud y la enfermedad, como la antropología médica o
la sociología de la salud, se ven en muchas ocasiones como ejercicios,
cuando menos, contradictorios y carentes del rigor metodológico,
teórico y epistemológico que las ciencias sociales han ido ganando




8 ORIOL ROMANÍ (ED.)


en estos últimos años. En estos casos, parece que los profesionales
mencionados se limiten a utilizar de manera descontextualizada un
conjunto de herramientas o, según su lenguaje, una serie de técnicas
como las entrevistas, los grupos de discusión o incluso la observación
—muchas veces confundida con la etnografía—, sin unas bases teóri-
cas suficientemente sólidas que les permitan ese ejercicio de distan-
ciamiento que es condición indispensable para alcanzar la capacidad
analítica de someter a crítica dicho uso y problematizar teóricamente
los resultados de sus investigaciones.


Si bien es cierto que algunos investigadores han intentado realizar
metaanálisis o introducir metodologías de evaluación, su dependen-
cia, casi nunca puesta en cuestión, de los métodos de validación de las
ciencias experimentales, ha conducido, en general, a resultados poco
satisfactorios. Parece como si bastara con la legitimación que puede
dar el ejercicio de una difusa psicología social empírica —en lo que
consistiría el mencionado uso de técnicas cualitativas—, cuando está
claro que una cosa puede ser dicha legitimidad, y otra muy distinta
conseguir que en nuestras investigaciones haya por lo menos cierta
coherencia con la complejidad de las realidades que abordamos, in-
cluyendo la de las relaciones del investigador con dicha realidad, para
tener la capacidad de comprenderla mejor.


Pero esto no es todo. En ocasiones, esta —podríamos decir— tri-
vialización de las llamadas técnicas cualitativas también se puede en-
contrar entre algunos practicantes de las ciencias sociales, lo cual es
sin duda más grave, por lo menos en lo que respecta a inconsecuencia
teórica y epistemológica. Seguramente esto va ligado al prestigio que
lo cualitativo ha ido adquiriendo en el campo sociosanitario, y a las
exigencias de resultados rápidos en sectores de investigación desarro-
llados en estos últimos años, donde las ciencias sociales han tenido
un importante papel, como los programas de salud comunitaria de
la cooperación internacional, el VIH-sida o las drogas. En efecto, las
aproximaciones cualitativas cuentan con un prestigio basado en su
capacidad para hacer emerger aspectos estratégicos de los procesos
de la realidad que se han mostrado muy útiles para una intervención
más efectiva en campos como los mencionados. Pero también es cier-
to que la coincidencia de intereses entre determinadas ONG y empre-
sas del tercer sector que trabajan en estos ámbitos, que van buscando
sus espacios de profesionalización —y, por desgracia, cada vez más




9ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


también las universidades sometidas al imperio de la «productivi-
dad»—, con distintas administraciones —desde el ámbito local hasta
el internacional— que quieren saber muchas cosas en poco tiempo y
por poco dinero, ha propiciado cierto «cualitativismo», que, de mane-
ra sinérgica con el procedente de las profesiones sociosanitarias cita-
do más arriba, acaba caracterizando un conjunto de investigaciones
«impresionistas» que, en todo caso, se quedan en el primer estadio de
lo que debería ser un posterior trabajo riguroso y sistemático.


No creo que esta situación constituya un problema cuando se
explicita que se trata de eso, de un survey o de una primera aproxi-
mación que nos orientará para posteriores desarrollos de investiga-
ción más específicos. Las condiciones políticas en que se tienen que
desarrollar las investigaciones de tipo sociocultural, por lo menos en
nuestro país, muchas veces no dan para más. Pero una cosa es eso —y
reconocerlo ya es un elemento significativo de nuestro trabajo cientí-
fico—, y otra muy distinta es intentar dar gato por liebre o contentar-
se con esta situación, sin problematizarla desde un punto de vista teó-
rico que, entre otros aspectos, debería incluir el de los condicionantes
políticos de las investigaciones que llevamos a cabo en un campo tan
crítico como el de la salud. De esta manera sabríamos cuándo estamos
haciendo una cosa —como son ciertas aproximaciones rápidas a un
objeto de estudio— que tiene un alcance limitado, u otra cosa distinta,
como lo que hasta hace pocos años se había entendido siempre que
se hablaba de investigaciones cualitativas: etnografía y trabajo de cam-
po antropológico en el sentido clásico del término.


Sea como fuere, la importancia y la necesidad cada vez más sen-
tida por distintos sectores implicados en el campo de la salud de
desarrollar este tipo de metodologías, hace que sea muy pertinente
plantearse una autocrítica de los respectivos campos de las ciencias
sociales y biomédicas de la salud. Que desde el campo de la antropo-
logía médica se reivindique una práctica antropológica tout court
no significa que no haya que superar ciertos corsés disciplinarios,
ideológicos o narrativos que a veces producen textos de las ciencias
sociales un tanto crípticos y difícilmente comprensibles para los pro-
fesionales sanitarios. A su vez, los profesionales sanitarios preocu-
pados por estas cuestiones, es decir, aquellos que han reflexionado
de alguna manera sobre su experiencia, deben comprender que este
barniz de experiencia no es suficiente para un uso productivo de las




10 ORIOL ROMANÍ (ED.)


metodologías cualitativas, para lo cual se requiere una significativa
formación en ciencias sociales.


Un repaso de las publicaciones sanitarias sobre metodologías cua-
litativas pone en evidencia —y en este caso, por desgracia, no solo
en nuestro país, a pesar de que aparecen indicios de cambio en la
situación— una constante confusión entre técnicas y metodologías,
además de un uso teóricamente incongruente de técnicas cualitativas
en marcos teóricos y metodológicos que corresponden a diseños de
investigación cuantitativa de matriz positivista. La abundante presen-
cia en estas investigaciones de términos como «etnografía», «cultura»,
«identidad» o «género», por ejemplo, no quiere decir, en muchos casos,
que se asuman las implicaciones teóricas que debería suponer el uso
de estos conceptos.


De hecho, hablar de técnicas cualitativas ya debería ponernos
sobre aviso de que algo no acaba de cuadrar; quiero decir que pare-
ce que nos estamos refiriendo a una misma categoría de construc-
ciones como el de técnicas cuantitativas, con sus diseños estandari-
zados para ser aplicados universalmente. Seguramente sería mucho
más adecuado, como ya se ha propuesto algunas veces, hablar de
prácticas de investigación cualitativa, que tienen una dimensión fe-
nomenológica inexcusable que las relaciona directamente con las
personas concernidas por las situaciones que se quieren estudiar.
Para referirnos a los aspectos antes mencionados, hay que subrayar
que un uso teóricamente coherente de la etnografía exige un replan-
teamiento epistemológico que obliga a superar algunas de las bases
de los paradigmas positivistas, como la separación sujeto-objeto, pues
esto implica la necesidad de realizar un seguimiento sistemático de
los complejos procesos en que viven los sujetos con que se trabaja,
recogiendo todo tipo de datos materiales y simbólicos. Aunque al
final deberemos procesarlos todos desde un punto de vista racional,
pues estamos hablando de un trabajo científico, no hay duda de que
algunos los captaremos a través de la sensibilidad, lo que implica la
capacidad de gestionar las relaciones entre las distintas subjetivida-
des —incluyendo aquí la del propio investigador, que es el principal
instrumento con el que contamos en la etnografía—, así como las del
conjunto de estas con los procesos más amplios de tipo estructural.
Es por ello que, de manera coherente con este planteamiento, se uti-




11ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


liza un tipo de análisis inductivo en el que se da una realimentación
continua entre el trabajo de campo y la producción teórica.


Si he realizado este pequeño apunte con respecto a la etnografía
es para ofrecer una ligera idea del hecho de que los requerimientos
teóricos de las prácticas cualitativas de investigación social son mucho
más complejos y sofisticados que los usos de diseños estandarizados
en las técnicas cuantitativas, que, por otro lado, cualquier antropólogo
—y no digamos ya otros científicos sociales— debería conocer para
poder moverse en el mundo de la investigación. Pero esto solo sería
totalmente insuficiente: lo que nos exige el análisis de un campo tan
complejo como el de los procesos de salud, enfermedad y atención es
la colaboración entre las distintas perspectivas teórico-metodológicas
y el establecimiento de consensos que nos permitan profundizar en
su conocimiento y transformación.


Como decía al inicio de esta presentación, la pretensión de este
libro es convertirse en una herramienta útil precisamente para este
debate tan necesario, y que seguramente permanecerá abierto duran-
te largo tiempo. Para ello, hemos ordenado las aportaciones de los
distintos autores en tres grandes bloques: en el primero, se entra de
lleno en esta discusión global acerca de los alcances y los límites de la
antropología médica y de su colaboración con las metodologías cuan-
titativas en el campo de la salud, en especial con la epidemiología; en
el segundo, se analizan distintas experiencias de investigación, con
especial énfasis en sus aspectos metodológicos; y en el tercero, como
no podía ser de otra manera tratándose de los sistemas de salud de
nuestras sociedades contemporáneas, se plantea la problemática que
aquí nos ocupa en el seno de una de sus instituciones principales: el
hospital.


El primer capítulo, de Jesús Armando Haro, titulado «El plantea-
miento de una epidemiología sociocultural: principios cardinales y
modelos de aplicación», desarrolla la crítica a la epidemiología conven-
cional a partir de su ineficacia para resolver la morbilidad relacionada
sobre todo con una serie de dolencias y enfermedades característi-
cas de las sociedades contemporáneas (enfermedades transmisibles y
crónico-degenerativas, adicciones, accidentes, violencias, etc.), a causa
de su reduccionismo biológico y conductual individual, en detrimen-
to del rol causal de lo político, lo socioambiental y lo sociocultural,
lo que relaciona también con su dependencia de la industria de la




12 ORIOL ROMANÍ (ED.)


salud. Propuestas principales para superar esta situación serían, desde
finales de la década de 1970, la elaboración de la Salud Colectiva de
Brasil y, desde inicios de los años noventa, los desarrollos de la an-
tropología médica, sobre todo «latina», que propugnan la elaboración
de una epidemiología sociocultural, contemplando ambas la colabo-
ración sistemática, cuando no algún tipo de integración de distintas
disciplinas para la resolución de problemas concretos y en las que
lo social debe ser entendido «[...] como algo mucho mayor que la
aglomeración de individuos, comprendiendo la relevancia del nivel
relacional, donde lo cultural y lo político poseen fuerte influencia en
la forja de lo psíquico impactando a su vez el ámbito de lo biológico»
(p. 31). También coinciden en la necesidad de aprender a articular los
hallazgos biomédicos, epidemiológicos y etnográficos, y saber pasar
de la interdisciplinariedad a la transdisciplinariedad según objetos de
estudio específicos, sin olvidar dos aspectos clave como son la inte-
gración del conocimiento local, así como de las experiencias partici-
pativas y de investigación-acción.


En el segundo capítulo, de Susana Ramírez, bajo el título de «Usos
y desusos del método etnográfico. Las limitaciones de las narrativas
en el campo de la salud», la autora nos plantea lo preocupante que es,
en relación con la fiabilidad de los datos y con sus usos posteriores, la
proliferación de las «etnografías rápidas», más condicionadas por las
necesidades institucionales que por la lógica del propio método etno-
gráfico, por más que sitúen la cultura como un elemento central de
los programas y evaluaciones en salud. Hay que problematizar teórica-
mente cómo se investiga; y en este sentido la relación con el otro que
implica una etnografía, en el sentido riguroso del término en cuanto
a tiempo y espacio se refiere, es la base para el compromiso del inves-
tigador con la población estudiada, lo que produce unos datos más
fiables que permiten plantear unos cambios acordes con los intereses
de estas poblaciones. El problema es que las mismas universidades
no solo tienen carencias en la formación para el trabajo de campo,
sino que están sometidas a los intereses de los organismos financia-
dores, que muchas veces no coinciden con los de las poblaciones es-
tudiadas. En definitiva, reivindica una práctica etnográfica digna de tal
nombre porque «aquel que vio, escuchó, escribió e interactuó sobre
la realidad que narra, por último intenta repercutir en el ámbito social,
académico y político» (p. 55).




13ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Para finalizar este primer apartado, el capítulo de Joan Guix so-
bre «Técnicas cualitativas y epidemiología» se centra de manera más
estricta en la complementariedad que debería existir entre las me-
todologías cuantitativas, propias de la epidemiología convencional
(que debería respondernos a quién tiene qué, cuándo, dónde y por
qué), con las de tipo cualitativo, idóneas para investigar los aspectos
socioculturales, pues «salud y enfermedad no tan solo corresponden
a concepciones biológicas y plenamente objetivas. Son fenómenos
sociales, con una base biológica ciertamente, pero con un importante
constructo de tipo social y cultural, sin el cual son imposibles de com-
prender ni de estudiar» (p. 67). Esto se ha vuelto inexcusable con la
transición epidemiológica, cuando las enfermedades predominantes
(de tipo crónico y degenerativo) exigen indagar en su multicausali-
dad, al mismo tiempo biológica, social, económica y cultural, por lo
que el camino a seguir sería el de etnoepidemiología (epidemiología
mestiza), combinando metodologías cualitativas y cuantitativas en las
distintas etapas de todo estudio epidemiológico.


El segundo bloque del libro se inicia con el capítulo de Cristina
Larrea «Evaluando el sistema de alcantarillado. La experiencia de lí-
deres y vecinos sobre una intervención de saneamiento ambiental»,
donde veremos reflejados varios de los aspectos discutidos en los
capítulos anteriores. Reflexiona a partir de las investigaciones que
pretendían conocer tanto los significados socioculturales que para
las poblaciones de dos barrios de Salvador de Bahía (Brasil) tenían
las operaciones de saneamiento ambiental, como el impacto local de
la nueva política global del Estado de Bahía en la que se enmarcaban
dichas operaciones, tendentes a la mejora de los índices de salud y
a la transformación de las infraestructuras urbanas para estimular la
inversión y el turismo. La evaluación cualitativa desarrollada a través
de la etnografía permite comparar los discursos de las instituciones
y de las poblaciones afectadas acerca de estos procesos, analizar los
conflictos entre los líderes vecinales y otros vecinos, las relaciones
existentes entre la falta de mantenimiento de unas obras a medio ha-
cer y los cambios de percepción de los vecinos en función de que
ello les afectara más o menos directamente, la falta de confianza en
las autoridades políticas, etc. En definitiva, la complejidad de los pro-
cesos que articulan las percepciones sobre la higiene y la salud en
un medio precario con las prácticas sociales de los distintos grupos




14 ORIOL ROMANÍ (ED.)


implicados solo pueden captarse a través de una evaluación basada
en una etnografía intensiva y colaborativa de larga duración, que sitúe
dichos procesos en el marco de las relaciones de poder en torno a la
reproducción social.


A continuación, el capítulo de Lina Casadó, «Trabajo de campo en
comunidades virtuales pro-self-harm», nos introduce en una nueva
dimensión de las metodologías cualitativas como es la del ciberes-
pacio. La etnografía realizada en este espacio permite, como las de
corte más clásico, y a partir de la voz de las propias protagonistas, una
visión comprensiva de las autolesiones corporales que poco tiene
que ver con la visión estigmatizada y patologizante que emana de los
trabajos cuantitativos de muchos expertos, en los que se establecen
peligrosas relaciones causales, sino que, en cambio, permite situarlas
en un continuo histórico de «trastornos femeninos» que serían formas
de adaptación o de resistencia más o menos distorsionadas al intento
de imposición de determinados modelos hegemónicos de cuerpo y
de mujer. Pero, sobre todo, este trabajo nos coloca delante de la nece-
sidad de replantear algunos aspectos básicos de la etnografía —me-
todológicos, técnicos, éticos— cuando ésta se realiza en el espacio
virtual. A pesar de que son muy distintos, tanto el anterior capítulo
como éste nos indican ya que estamos a una altura del libro en que
hemos adquirido la velocidad de crucero —algo que nos confirma-
rán también los trabajos siguientes— que nos permite enriquecer la
lectura de las distintas experiencias a la luz de los planteamientos
generales iniciales.


El trabajo de Marta Allué titulado «Presuntos implicados: el etnó-
grafo paciente» sitúa su experiencia personal como punto de partida
para una reflexión sobre una etnografía realmente implicada desde
el punto de vista del paciente, partiendo, como dice ella, de una ob-
servación ultraparticipante y que tiene como principal finalidad
claramente explicitada una antropología aplicada a la transformación
de las condiciones de los pacientes en los hospitales, recogiendo in-
formación «[...] de forma premeditada, para ahondar en cuestiones
relacionadas con los derechos de los enfermos, la relación médico-pa-
ciente, con el dolor y el sufrimiento, con los roles profesionales, la dis-
capacidad y también con la supervivencia» (p. 143); la distancia crítica
que consigue la autora mediante la prioridad analítica que se impone
le permite pasar de víctima de la gestión institucional a observadora




15ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


de la misma. El hecho de «estar allí», como parte del paisaje institucio-
nal, le permite practicar aquellas conversaciones más provechosas
que las entrevistas a las que se refiere el texto de Susana Ramírez, ya
que los distintos espacios de interacción invitan a los relatos íntimos,
en unos casos, pero también a los comentarios críticos con el sistema,
ambos aspectos de gran utilidad para el etnógrafo.


Cierra esta segunda parte el texto de Sara García y Hilda E. Ar-
güello, «Historias padecidas. Narrativa y antropología médica», en el
que se reivindica la utilidad de las narrativas para poner de relieve
las relaciones de poder en las que se inscriben las vivencias de quien
está hablando y, consecuentemente con ello, permiten plasmar la ex-
periencia del padecimiento que no queda explicitada en los registros
clínicos. Para ello, a partir de la perspectiva del modelo médico he-
gemónico, se revisan dos narrativas distintas: la de una joven mujer
indígena mexicana centrada sobre todo en la búsqueda de atención,
a través de la cual emergen las precarias condiciones de vida en las
que hay que situar la aparición de sus enfermedades; y la de una en-
fermera de un gran hospital español, que replantea de una manera
bastante inusual el tradicional análisis de la relación médico-paciente,
enfocando el malestar que produce en ella una conflictiva relación
paciente-enfermera.


Aunque, como era de esperar, los hospitales aparecen en el análi-
sis de las distintas experiencias, es el último bloque el que se dedica
expresamente a las investigaciones desde y sobre hospitales. Se inicia
con el capítulo de Beatriz Tosal, Serena Brigidi e Inma Hurtado, «An-
tropólogas en bata blanca: praxis y problemas del trabajo etnográfico
en hospitales», un texto dirigido a discutir problemas metodológicos,
técnicos y éticos relacionados con tres etnografías hospitalarias: una
que pretendía conocer las construcciones sociales que el personal
sociosanitario tenía de los inmigrantes que utilizaban sus servicios,
y qué consecuencias tenían en los procesos de salud / enfermedad /
atención, en un hospital de Alicante; otra centrada en cómo se re-
lacionaban y qué dificultades encontraban los migrantes latinoame-
ricanos «irregulares» que acudían a un hospital público de Génova;
y una tercera sobre la negociación del diagnóstico «fibromialgia» en
una consulta de reumatología de otro hospital de Alicante. Destaca,
aquí, sobremanera, la capacidad de adaptación del antropólogo a una
institución que no reconoce su existencia, y en la que tiene que lidiar




16 ORIOL ROMANÍ (ED.)


con unos tiempos y espacios muy específicos, cierta confusión de
roles y otros aspectos conflictivos que no solo no invalidan, sino que
constituyen un acicate para avanzar en la necesidad de monografías
hospitalarias basadas en etnografía.


El siguiente capítulo, de Rubén Muñoz, titulado «Un antropólo-
go en la consulta hospitalaria», parte de su experiencia como inves-
tigador/terapeuta en el campo de la etnopsiquiatría en un hospital
belga. Se trata, por tanto, de una autoetnografía aplicada que intenta
dilucidar las implicaciones metodológicas de su rol como investiga-
dor —«a) La articulación de la subjetividad del antropólogo con las
expectativas y funciones a desempeñar que le exige el campo social
objeto de estudio. b) Los métodos utilizados por el investigador y la
gestión de su entrada en escena... c) El manejo de la contratransferen-
cia cultural» (p. 212)— y como terapeuta, en relación a la metodología
específica desarrollada en este dispositivo etnopsiquiátrico. Después
de una breve historia de la introducción de la etnopsiquiatría en el
hospital, explica cómo un cierto manejo del silencio, de la presencia
y de la contratransferencia le permitieron ejercer las dos caras de su
desdoblamiento de antropólogo a terapeuta en este contexto, a través
de los temores, conflictos y ventajas que una posición así le planteaba
(incluida la de ser emigrante en una consulta para emigrantes). La
exposición de la metodología etnopsiquiátrica utilizada en el hospital
Brugmann le permite presentar finalmente un análisis de caso como
ilustración de los problemas tratados.


Para terminar, el capítulo de Rosalía Cascón, «¿Doctores o gesto-
res? La identidad profesional dual del mando intermedio en dos hos-
pitales catalanes», pretende llenar el vacío existente en el estudio de
las principales funciones que las reformas hospitalarias de los últimos
veinticinco años, derivadas del New Public Management thatcheria-
no, otorgan a médicos y gestores, en el sentido de que, si bien se han
estudiado los conflictos derivados de las relaciones entre la gestión
y la práctica clínica, no se ha hecho lo mismo, en cambio, con un ele-
mento que a la autora le parece relevante para el conjunto de la vida
de nuestros actuales hospitales como es la experiencia de estos seres
«híbridos» que son los médicos-gestores (MG). Por ello, el objetivo del
presente capítulo es, a partir del enfoque teórico de la identidad so-
cial, «comprender cómo los MG viven la incorporación de la gestión
a sus roles clínicos y cómo re-construyen su identidad profesional, a




17ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


partir de un estudio basado en las experiencias de 20 MG de dos hos-
pitales catalanes» (p. 240). El que el estudio se realice en Cataluña no
es baladí, ya que la reforma del sistema catalán de salud fue pionera a
la hora de transferir la lógica del sector privado a la gestión de los hos-
pitales públicos. De entre sus principales conclusiones cabe destacar
que los MG se consideran médicos (de la práctica clínica proviene
su fuente de autoridad) que hacen gestión, a diferencia de los altos
(o puros) gestores, lo que les permite una identidad que convive con
la extendida aversión de los clínicos hacia los valores de gestión, que
«no es algo que pueda cambiarse con formación en gestión, como la
mayoría de iniciativas en este ámbito parece promover, puesto que
no proviene de una falta de conocimiento de las teorías, objetivos
y políticas de gestión, sino más bien de algo mucho más profundo
como es la identidad y los significados sobre los que se construye»
(p. 254).


Nos podemos dar por satisfechos si, como creo, una lectura global
de las distintas aportaciones de este volumen alumbra nudos centrales
tanto para la investigación como para la transformación de las condi-
ciones en que discurren los procesos de salud-enfermedad-atención
en nuestras sociedades contemporáneas, como son el replanteamien-
to de las formas de definir y practicar la etnografía aquí y ahora, las
posibilidades de obtener un mejor provecho de las distintas posicio-
nes de los investigadores respecto a las instituciones encargadas de
la salud en nuestra sociedad, la sistematización de las colaboraciones
entre las distintas metodologías que estudian dichos procesos a partir
de consensos básicos y metodologías específicas, o la manera de in-
cidir de forma crítica en las relaciones de poder que los condicionan,
por citar algunos de los principales.


Oriol romAní
Mediona, marzo de 2013






I


ASPECTOS TEóRICO-METODOLóGICOS Y TÉCNICOS






EL PLANTEAMIENTO DE UNA EPIDEMIOLOGíA SOCIOCULTURAL:
PRINCIPIOS CARDINALES Y MODELOS DE APLICACIóN


Jesús Armando Haro
Médico especialista en medicina familiar, maestría en Ciencias Sociales


y doctorado en Antropología por la Universitat Rovira i Virgili�
Profesor-investigador del Centro de Estudios en Salud y Sociedad,


El Colegio de Sonora (Hermosillo, México)�
aharo@colson�edu�mx�


Resumen: Las contribuciones de la epidemiología al estudio de las
enfermedades y la distribución de sus factores de riesgo han sido
muy relevantes para la salud pública desde su configuración como
disciplina académica en el siglo xx� Sin embargo, en su devenir la
epidemiología convencional ha sido objeto de numerosas críticas
debido a las limitaciones propias del paradigma positivista que
sustenta y al reduccionismo patente en sus enfoques marcadamen-
te estadísticos y de tendencia biologicista� Interesa aquí plantear
una propuesta emergente para el estudio de la salud colectiva, la
epidemiología sociocultural —enfoque desarrollado principalmen-
te en países latinos—, para señalar la conveniencia de revitalizar
la disciplina epidemiológica mediante el desarrollo de un marco
teórico y metodológico inter y transdisciplinario que incorpore
aportes pertinentes procedentes de las ciencias sociales y de los
propios conjuntos sociales, frente a la complejidad que ofrecen los
cambios en el perfil epidemiológico poblacional�


Palabras clave: crisis de la epidemiología, epidemiología sociocultu-
ral, salud colectiva, interdisciplina, transdisciplina�


Abstract: Since the consolidation of epidemiology as an academic
discipline in the 20th century, it has made a significant
contribution to the study of diseases and the distribution of
their risk factors in populations� However, the development of
conventional epidemiology has been criticized by many experts
due to the limitations of its positivistic paradigm and the obvious
reductionism in its overtly statistical and biologizing approach�




22 ORIOL ROMANÍ (ED.)


This article is therefore interested in proposing sociocultural
epidemiology as a new manner of studying collective health�
This approach has been developed mainly in Latin countries
and aims to revitalize epidemiology by developing an inter- and
trans-disciplinary theoretical and methodological frame that
incorporates relevant contributions from the social sciences and
social groups in order to face the growing complexity found in the
epidemiological profile of current populations�


Keywords: crisis of epidemiology, sociocultural epidemiology,
collective health, inter- and trans-disciplinarity�


Introducción


La necesidad de plantear una epidemiología sociocultural surge de
advertir la insuficiencia de la epidemiología convencional para diag-
nosticar de manera íntegra los problemas de salud colectiva, espe-
cialmente en lo relativo a la detección de situaciones de riesgo y a
su aplicación en prevención y atención a la salud. En los albores del
nuevo milenio, la vigencia de debates en torno al quehacer y misión
de la epidemiología como ciencia académica y aplicada pronostican
un augurio de crisis para una disciplina que en muy pocas décadas
ha visto el auge y los límites de sus métodos, considerados desde me-
diados del siglo xx como los instrumentos de indagación científica
por excelencia de la salud pública; en la medida en que los diseños
epidemiológicos —cada vez más sofisticados— han sido convencio-
nalmente aceptados como los únicos instrumentos que permiten
fundamentar un ejercicio de la salud pública basado en la evidencia
científica, tal como se documentó con algunas de las aplicaciones exi-
tosas de la disciplina en el campo de la salud pública, cuyo ejemplo
clásico lo constituye la demostración de la relación entre tabaquismo
y cáncer pulmonar. Otras medidas de salud pública, como la erradi-
cación de enfermedades gracias a las inmunizaciones y al control de
ciertas epidemias que se volvieron endemias gracias a estrategias di-
versas, como la notificación y el saneamiento, fueron inscritas en el
imaginario científico y popular dentro de una noción de progreso,




23ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


salud, bienestar y desarrollo para todos, largamente prometidos por el
sistema económico de mercado y la «ciencia positiva»1.


En la actualidad, estos conceptos raramente son ya invocados por
las instancias responsables de la salud pública, y los encontramos más
bien frecuente y fuertemente cuestionados ante la puesta en eviden-
cia de los rezagos, polarizaciones y retrocesos en la materia; por la
crisis mundial de la salud pública, el agotamiento del modelo de aten-
ción basado en la curación de enfermedades, las iatrogenias y el incre-
mento de las desigualdades sociales. Frente a estos hechos, la crisis de
la epidemiología podemos situarla en el agotamiento de su método
privilegiado de análisis (la investigación de factores de riesgo median-
te procedimientos estadísticos), debido a que cada vez es más difícil
encontrar asociaciones de magnitud elevada; y por el efecto de sesgos
o confusores en las asociaciones más débiles, lo cual impide el avance
en el conocimiento etiológico de las enfermedades. En nuestra óptica
esto se relaciona con insuficiencias teóricas y epistemológicas conco-
mitantes al positivismo biomédico de la disciplina y a su reducción
a factores explicativos biológicos y conductuales, en detrimento del
papel de lo político, lo socioambiental y lo sociocultural, cuyo papel
causal en las enfermedades transmisibles, y también crónico-degene-
rativas, adicciones, accidentes y violencias, entre otras, ha sido progre-
sivamente evidenciado por diversos aportes de las ciencias sociales
aplicadas a la salud; del mismo modo, por la dudosa aplicación de los
hallazgos epidemiológicos a la salud pública, los cuales son derivados
generalmente al ámbito de las conductas individuales.


Por esto, no resulta extraño que en el transcurso de los últimos
años se hayan dedicado varias editoriales y hayan aparecido diversos
artículos en revistas académicas que proponen discutir cuál debería
ser la misión presente de la epidemiología, abundando en cuestiona-
mientos que critican la escasa reflexión teórica, ética y epistemológi-


1 Como señala Syme: «Hoy en día, casi ninguna investigación epidemiológica ex-
plica con éxito, ni siquiera de una manera satisfactoria, la aparición de enfermedades
que estudiamos. Los éxitos con que contamos responden, casi invariablemente, al mo-
delo de causalidad antiguo. Así, a menudo explicamos razonablemente bien las enfer-
medades causadas por agentes microbiológicos o fisicoquímicos de extrema virulencia
[…]. Pero junto a estos éxitos relativamente raros, la gran mayoría de las enfermedades
importantes hoy en día se explican mal mediante planteamientos epidemiológicos»
(1991: 40).




24 ORIOL ROMANÍ (ED.)


ca en la disciplina y que también ponen en tela de juicio su eficacia
como ciencia básica de la salud pública (Long, 1993; Taubes, 1995;
McMichael, 1995; Shy, 1997; Krieger, 1999, Almeida-Filho, 2000). En
este tenor, han ingresado en el debate cuestiones relativas a diferentes
ámbitos en los que se desarrolla la disciplina epidemiológica. ¿Debe
la epidemiología compartir el marco epistemológico positivista que
caracteriza a la biomedicina?, ¿debería integrarse con otras discipli-
nas para actualizar sus teorías y modelos sobre los determinantes de
salud-enfermedad?, ¿es válido que una disciplina de referencia colec-
tiva y contextual, como debería ser, asuma como marco de referencia
únicamente variables individuales?, ¿debe limitarse la epidemiología a
ser una ciencia predictiva de riesgos para la salud?, ¿sus hallazgos en
sentido aplicable deben poseer un referente individual o colectivo?,
¿es posible hablar aún de una historia natural de las enfermedades
ante las investigaciones socioculturales?, ¿deben combinarse los mé-
todos epidemiológicos, descriptivos y analíticos, con la investigación
cualitativa?, ¿qué sentido tiene proponer una etnoepidemiología? Es-
tas preguntas tienen mucho en común con los dos grandes polos en
que se sustenta actualmente el debate en torno a la disciplina epide-
miológica: por un lado, su estatus como ciencia autónoma y sus postu-
lados de validez; y, por el otro, su compromiso o misión como ciencia
aplicada de la salud pública, aduciendo que debería estar al servicio
del interés colectivo y no constituir un instrumento de la industria
de la salud. Desde nuestra postura ambos polos están estrechamente
relacionados, como intentaremos mostrar en los siguientes apartados.


La crisis del paradigma dominante
en epidemiología convencional


Abordar el estatus actual de la epidemiología como ciencia implica
efectuar un mínimo balance entre sus objetivos y logros, consideran-
do tanto los aportes al interior de la disciplina como también propues-
tas y críticas elaboradas desde atalayas distintas a la epidemiología
convencional. Podemos partir para ello de precisar la definición de
epidemiología, que etimológicamente significa en griego el estudiar
todo aquello que amenaza la salud y la vida de los colectivos humanos
(epi: ‘sobre, encima’; demo: ‘pueblo’; logía: ‘estudio’), con lo cual su
campo de acción debería ser por definición amplio y profundo, en




25ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


explícita concordancia con los valores socioculturales arraigados a
cada espacio y cada época. Bajo esta consideración, tendríamos que
aceptar que el demos, en su raíz etimológica, constituye, quizás, el
elemento fundamental de su definición, para discernir de entrada que
lo que sucede o amenaza a un colectivo humano no debería ser obje-
to de estudio puramente epidemiológico, sino también demográfico,
sociológico, filosófico, antropológico e incluso ético; es decir, mul-
tidisciplinar. Y que precisamente por ello reclama para su abordaje
una perspectiva teórica y metodológica que considere la naturaleza
histórica, social y cultural de su objeto de estudio. Es algo que no en-
contramos en el enfoque epidemiológico convencional, argumento
común argüido sobre la insuficiencia de la disciplina2.


Sus evidencias de crisis se localizan en un ámbito paradigmáti-
co, donde comparte signos y síntomas de agotamiento de su modelo
explicativo y estrategias de gestión con la biomedicina. No obstante,
es una crisis paradójica, en tanto en cuanto los avances tecnológicos,
culturales, de servicios básicos y de disposición de nutrientes han
traído como consecuencia el incremento de la esperanza de vida para
la mayoría de la población mundial, aun con el aumento de la pobreza
y las desigualdades y en un contexto de progresiva expansión de la
medicalización y de la individualización en la gestión de los proble-
mas sanitarios. De este modo, las evidencias de crisis del modelo de
atención del que la epidemiología forma parte tienden hoy a situarse
ya no tanto en la mortalidad como en la morbilidad y en su transfe-
rencia a los costos de atención, en un panorama donde lo público se
difumina cada vez más en lo privado. A nuestro parecer, las insuficien-
cias y contradicciones del modelo tenderán a manifestarse más en


2 La disciplina ha sido descrita como «tratado o estudio de las epidemias» (Salvat,
1974), «...ciencia de las enfermedades infecciosas entendidas como fenómeno de gru-
po, consagrada al estudio de su historia natural y de su propagación, con arreglo a una
determinada filosofía» (Frost, 1977), «el estudio de la salud del hombre en relación con
su medio» (Payne, 1962), «la frecuencia de eventos médicos en las poblaciones» (Morris,
1975), el «estudio de la ocurrencia de las enfermedades» (Rothman y Greenland, 1998),
o la que quizás sea la más consensuada actualmente: «el estudio de la distribución de
las enfermedades en la población y de los factores que influencian o determinan esta
distribución» (McMahon y Pugh, 1976; Susser, 1991) a la que se añade además como
elemento definitorio «…la aplicación de este estudio al control de problemas de salud»
(Last, 1988).




26 ORIOL ROMANÍ (ED.)


la medida en que avance la transición epidemiológica, debido a que
este ha sido forjado para la atención de enfermedades agudas y no
crónicas; también, debido al traspaso de la responsabilidad pública a
la individual en condiciones de creciente desigualdad social.


¿En qué se basan las propuestas de construir paradigmas alterna-
tivos a la epidemiología convencional? Para algunas visiones, la crisis
actual de la epidemiología moderna parte de la obsolescencia de sus
constructos teóricos básicos (la noción de entorno, agente, causali-
dad, historia natural de las enfermedades) y de su marco epistémico;
consideran que la disciplina no ha sido capaz de actualizar y sinteti-
zar los hallazgos sobre la salud poblacional desarrollados desde otras
áreas de conocimiento y acción en el tema, y que su concepto del
ser humano resulta todavía subsidiario de enfoques procedentes de
la biomedicina. Estos se caracterizan por un biologicismo de carácter
ahistórico, no relacional ni sociocultural, y por poner el énfasis en la
eficacia pragmática a costa de la simbólica, de pretensiones universa-
les a pesar de su individualismo clínico, de énfasis curativo y de inten-
cionalidad instrumental frente a la naturaleza (Menéndez, 2003). Estas
características, aplicables al modelo de atención predominante en las
sociedades modernas, las encontramos así mismo en la teoría y prác-
tica epidemiológicas convencionales: porque se privilegian enfoques
reduccionistas y no contextuales de la salud-enfermedad, tal y como
sucede con la noción aun vigente de causalidad, referida a la etiología
de las enfermedades. Donde aún están patentes la unicidad y unidirec-
cionalidad en la relación entre causas y efectos, y aunque la multicau-
salidad y multidireccionalidad han sido postuladas como elementos
teóricos subyacentes en diversos enfoques epidemiológicos, todavía
no termina de desentrañarse su aplicación práctica (Ayres, 2005).


La base teórica implícita del modelo biomédico, compartida en
buena medida por la epidemiología convencional y el sanitarismo en
lo general, corresponde a un naturalismo (en el sentido biologicista
y materialista), fundamentado en el individuo, que opone lo sano a lo
patológico como estados antípodas, donde solo tiene validez lo evi-
denciable objetivamente y la enfermedad se concibe como desviación
de una norma estadística o por criterios exclusivamente biológicos
de distinto nivel, que se fundamentan cada vez menos en la evidencia
clínica y cada vez más en métodos tecnológicos de diagnóstico, todo
esto bajo una visión ontológica o esencialista de las enfermedades




27ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


como entidades télicas o autorreferenciales, en detrimento del con-
texto (una visión que olvida del legado hipocrático el que «no existen
enfermedades sino enfermos»). Su tesis básica es considerar la salud y
la enfermedad como estados naturales, libres de condicionantes nor-
mativos o simbólicos, de acuerdo con la cual alguien es saludable si, y
solo si, su funcionamiento se encuentra en el mismo o por encima del
nivel determinado estadísticamente para el grupo de organismos de
la misma clase de referencia (Hesslow, 1993; Boorse, 1997).


Varios autores han planteado la necesidad de teorizar en epide-
miología desde un punto de vista público o colectivo para explicar
aspectos que son eminentemente sociales y culturales (Krieger y Zier-
ler, 1996; Savitz, 1997), que tienen que ver con las condiciones de vida,
el gradiente social, el género, la discriminación y el lugar de residen-
cia, entre otros factores que han venido conformando un campo de
evidencias en las últimas décadas, conocido como «determinantes de
la salud y la enfermedad», entre los cuales destacan los producidos
por la epidemiología social a partir de la publicación del Black Report
(Evans, Barer y Marmor, 1994). A pesar de su enfoque supuestamente
poblacional, la epidemiología convencional se fundamenta en el indi-
vidualismo, por su nítida tendencia a responsabilizar a los individuos
de la ocurrencia de las enfermedades y la atribución de responsabili-
dades frente a los llamados factores de riesgo, a través de la noción de
estilos de vida (Menéndez, 1998). Los factores económicos, sociales y
culturales son minimizados o reducidos a variables complementarias
y las relaciones entre política y salud tienden también a ser menospre-
ciadas. Esto en buena parte evidencia una crisis de la epidemiología
en su relación con la salud pública, en la medida en que testimonia la
inadecuación de gran parte del conocimiento producido por la epide-
miología y su relativamente pobre aplicación a escala colectiva para
la prevención, incluso en el marco de las enfermedades infecciosas
(Farmer, 2001).


Puede argumentarse que quizás una de las dificultades asociadas
al reduccionismo epidemiológico y biomédico es consecuente al he-
cho de privilegiar el monismo metodológico de las ciencias naturales,
soslayando la doble adscripción que mantiene el objeto salud respec-
to a los aspectos biológicos y socioculturales. En su práctica profe-
sional la epidemiología conlleva una serie de etapas, la primera de
las cuales constituye una observación de hechos y su sistematización




28 ORIOL ROMANÍ (ED.)


en datos (epidemiología descriptiva), que suele considerar solamente
factores aceptados por el paradigma biomédico, con omisión de mo-
delos explicativos que surgen desde otros enfoques. En un segundo
momento (epidemiología analítica), elabora hipótesis de explicación
de estos hechos sobre la base de los paradigmas imperantes (como
la «plausibilidad biológica»); y en un siguiente paso intenta validar las
hipótesis sometiéndolas a verificación estadística. La disciplina inclu-
ye un amplio rango de procedimientos que van de las observaciones
de campo a la sistematización descriptiva de casos, y en ocasiones al
diseño de experimentos3. Sin embargo, tanto la estimación de daños
como la medición del impacto de intervenciones pocas veces se rea-
liza desde perspectivas holísticas o integradoras, y sus mediciones se
reducen a ámbitos discretos que no evalúan la calidad de vida de la
población, sino solamente los cambios en la incidencia o prevalencia
de determinadas condiciones patológicas.


El reduccionismo epidemiológico se evidencia así mismo en el
desarrollo privilegiado y casi exclusivo de procedimientos estadísti-
cos (regresión logística, análisis multivariado, aplicación de modelos
estocásticos y teoría de juegos). Aun cuando se registren variables so-
ciales o culturales, ya sea mediante su incorporación en las encuestas
o mediante el complemento de técnicas cualitativas, es factible obser-
var el uso instrumental y reduccionista de los conceptos. Así sucede
con la reducción de la cultura a variables como el nivel de escolaridad
o la religión, o cuando la etnicidad se equipara al color de su piel o el
habla de una lengua distinta. Por este motivo, la epidemiología consti-
tuye para algunos autores (Fox, Hall y Elveback, 1970; Lilienfeld, 1978;
Luque, 2006) más bien un método antes que una disciplina científica,
que demuestra sus limitaciones al intentar dar respuesta o soluciones
a problemas complejos de índole social y poblacional.


No obstante, para otros la crisis de la epidemiología estaría más
bien fundamentada en sus bases epistemológicas de raíz positivista,


3 Para algunos autores (Miettinen, 1989), el paradigma metodológico de la epide-
miología convencional lo constituye el ensayo clínico aleatorio, desarrollado inicial-
mente en epidemiología y actualmente característico de las ciencias biomédicas. Los
estudios epidemiológicos abarcan además estudios transversales, de casos y controles
y de cohorte (prospectivos y retrospectivos); así como los llamados estudios ecológi-
cos, cuya validez ha sido a menudo puesta en tela de juicio, aunque hoy se tiende a
revalorizarlos ante la crisis explicativa de la epidemiología moderna (Díez Roux, 1998).




29ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


que surge como una forma de legitimar el estudio científico del ser
humano, tanto individual como colectivamente. Tiene como carac-
terísticas, además del monismo metodológico de las ciencias físico-
naturales ya comentado, el supuesto de la neutralidad axiológica del
conocimiento científico, la pretensión de explicar causalmente los fe-
nómenos por medio de leyes generales y universales, y el atomismo y
el fisicalismo como base filosófica. Un hecho centinela es la ausencia
de reflexión epistemológica, no solo en los estudios epidemiológicos
usuales, sino en la estructura curricular de la mayoría de programas
de posgrado, los cuales siguen siendo fieles transmisores de un dogma
positivista. En ellos, individuos y residencias son concebidos como
entidades separadas (y a veces homogéneas) en el interior de espa-
cios absolutos, cuya única vinculación entre sí es por una relación
causal que se percibe como perteneciente al individuo, sin tomar en
cuenta otros factores de orden interno que son de orden condicional
o relacional en el proceso salud-enfermedad, cuya factura resulta ser
social en diversos niveles. La ciencia y su producto, el conocimiento,
se ven fragmentados por la imposición del criterio instrumental que
los dirige, donde las técnicas substituyen al método, es decir «la efica-
cia sustituye a la verdad» (Samaja, 2003).


Salud colectiva, epidemiología sociocultural y convencional:
saberes en competencia


Frente a la posición hegemónica de la biomedicina y de la epide-
miología moderna o convencional han surgido diversas propuestas
críticas (medicina social, higienismo, medicina preventiva, medicina
comunitaria, atención primaria a la salud, etcétera) que debaten los
términos en los que debe abordarse la salud pública. Y aunque estas
propuestas se han considerado alternativas al modelo hegemónico
de la biomedicina, puede señalarse que comparten la perspectiva ob-
jetivista y biologicista en su visión teórica y epistemológica. Por otra
parte, encontramos en las últimas décadas el desarrollo de propuestas
emergentes que intentan ir más allá del marco positivista. Desde fi-
nes de la década de 1970, en Brasil surgió una propuesta que adoptó
el nombre de salud colectiva para referirse a «un campo de conoci-
miento de naturaleza interdisciplinar cuyas disciplinas básicas son la
epidemiología, la planeación/administración de salud y las ciencias




30 ORIOL ROMANÍ (ED.)


sociales en salud» (Paim y Almeida-Filho, 1998); es decir, un conjunto
complejo de saberes y prácticas relacionadas con el campo de la sa-
lud, que abarcan desde organizaciones de atención a la salud pobla-
cional hasta instituciones de enseñanza, investigación y organización
de la sociedad civil, concebida como un campo de conocimiento que
utiliza conceptos y categorías de diversas disciplinas: epidemiología,
biología, administración, sociología, antropología, filosofía y econo-
mía, entre otras (Barreto, 1998). Por otra parte, desde la década de
1980 diversos autores, principalmente desde el ámbito «latino» (Ar-
gentina, Brasil, España, Francia, Italia, México, Quebec), han venido
utilizando el término de «epidemiología sociocultural» para referirse a
la necesidad de integrar en los estudios de salud poblacional enfoques
epidemiológicos de tipo cuantitativo con acercamientos etnográficos
o cualitativos, incidiendo en la pertinencia de abordar tanto los aspec-
tos biológicos y ambientales como también los aspectos sociales, cul-
turales y políticos (Menéndez, 1990a, 2008; González y Hersch, 1993;
Bibeau y Corin, 1995; Haro et alii, 1998; Romaní, 1999; Osorio, 2001).


Tanto desde un plano teórico, como también a partir de investi-
gaciones específicas, ha sido planteada la necesidad de integrar estos
niveles en el análisis de los problemas de salud, aunque resulta —no
obstante— aún emergente la propuesta de construir una epidemiolo-
gía que se nutra tanto de los saberes científicos procedentes de la bio-
medicina y la epidemiología, como también desde las diversas ciencias
sociales, especialmente de la antropología, por su énfasis holístico y
su enfoque etnográfico y cualitativo. Al mismo tiempo, tanto la salud
colectiva como la epidemiología sociocultural inciden en recuperar la
mirada de los sujetos (sanos, pacientes y sufrientes) para incidir en la
definición y gestión de los problemas sanitarios, mencionando la nece-
sidad de tomar en cuenta lo que serían los aportes de una etnoepide-
miología o epidemiología popular (Pereira, 2003; Zolla, 2003)4.


4 En este sentido, ambas propuestas incorporan desarrollos surgidos en el campo
de la sociología y la antropología médicas relativos a la explicitación de la medicina
como un sistema de control social y no solamente como un instrumento de cuidado de
la salud y curación o prevención de la enfermedad. Al respecto destacan numerosos
aportes que señalan, por ejemplo, el trato diferencial y discriminatorio a las minorías
étnicas por parte de las instituciones médicas, el uso de la autoridad médica como
expresión de relaciones patriarcales de poder, las bases normativas del diagnóstico mé-
dico y sus decisiones, el papel de los factores culturales, las representaciones sociales




31ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Ambas propuestas coinciden en dos aspectos que interesa aquí
destacar: 1) la crítica a la insuficiencia de la epidemiología convencio-
nal para lograr elevar el nivel de salud de la población, y 2) la necesi-
dad de construir una nueva práctica epidemiológica desde bases teó-
ricas, epistemológicas, metodológicas y de relación con los saberes
populares y de otros actores sociales. Corresponden a planteamientos
que se encuentran en proceso de discusión, debate y definición, pero
que son, sin duda, sintomáticos de un cambio de paradigma que se
avecina para la disciplina epidemiológica, consecuente con el avance
del conocimiento en el campo de la salud que se ha registrado desde
abordajes ciertamente distintos y muy dispares: los de la investigación
biomédica y sus múltiples caminos, así como el conocimiento produ-
cido en diversas ramas de las ciencias sociales, las de la conducta y la
investigación-acción.


Tanto la epidemiología sociocultural como la salud colectiva pro-
pugnan una ampliación del marco epistémico y teórico de la discipli-
na epidemiológica, patente en la necesidad de superar por un lado la
dicotomía mente/cuerpo para replantear el campo de la salud desde
una perspectiva no biologicista ni reduccionista de la salud pobla-
cional. Esto implica considerar que lo social debe entenderse como
algo mucho mayor que la aglomeración de individuos, comprendien-
do la relevancia del ámbito relacional, donde lo cultural y lo político
poseen fuerte influencia en la forja de lo psíquico, impactando a su
vez el ámbito de lo biológico, tal y como plantean ciertas corrientes
emergentes desde el campo médico, como la neuroinmunoendocri-
nología y la endobiogenia, o la epidemiología social en la interfase de
las ciencias de la salud con las ciencias sociales, entre las cuales se
encuentran numerosas propuestas sobre la importancia para la salud
pública de los factores del ambiente físico y social. Desde el punto
de vista epistemológico existe además el interés por reflexionar so-
bre los factores extracientíficos que inciden en el proceso de conoci-
miento, despojando a la disciplina de posiciones objetivistas y natura-


y los modelos explicativos en la gestión de los problemas de salud. La relevancia de las
redes sociales, el papel del estrés y los procesos laborales, los efectos del racismo y la
discriminación son otros elementos ampliamente trabajados desde las ciencias sociales
y la psicología de la salud.




32 ORIOL ROMANÍ (ED.)


listas sobre el objeto salud, lo que constituye una diferencia relevante
con respecto a propuestas alternativas desarrolladas con anterioridad.


En el caso de la fundamentación de una nueva teoría y práctica
epidemiológicas, resulta importante ampliar y profundizar el ámbito
de la salud sin distanciarse necesariamente de los hallazgos de in-
vestigaciones biomédicas, sino con la capacidad de integrarlos con
resultados obtenidos desde las ciencias sociales. No obstante, hay que
señalar que esto implica el reto de conciliar visiones disímiles e inclu-
so antagónicas sobre la salud y la enfermedad, estando aún pendiente
una discusión sobre cuáles son los aspectos que cabría incluir dentro
de una nueva mirada epidemiológica y cómo cabría conceptualizar
la relación entre distintos niveles de expresión que se manifiestan en
el objeto salud. Al respecto, bien pudiera señalarse que en el plano
metodológico esta «nueva» epidemiología no solamente implica cam-
bios relevantes en la formación de nuevos recursos humanos, sino
también la integración de habilidades y campos de conocimiento que
hasta ahora se han desarrollado de forma separada.


La necesidad de una perspectiva etnológica en salud, interpretati-
va de los aspectos culturales, ha sido mencionada desde la propuesta
de salud colectiva y también desde diversas corrientes en antropo-
logía médica, en el sentido no solamente de incluir en la visión epi-
demiológica los llamados «síndromes de filiación cultural» en forma
complementaria, sino en alimentar las teorías de causalidad y la clasi-
ficación de entidades prevenibles y factores de riesgo con la visión de
los actores locales, dentro de una teoría general de la salud mucho más
sofisticada que la actual, capaz de integrar conceptos sistemáticos y
causas interdependientes que reconozcan la historicidad del proceso
salud-enfermedad y de sus determinantes (Almeida-Filho, 1992; 2001).


De forma análoga, la propuesta de una epidemiología sociocultu-
ral representa el interés de profundizar en el estudio de los factores de
riesgo con un enfoque preventivo «estructural» (social), considerando
a la biología y al ambiente físico en íntima relación con la cultura y las
relaciones sociales y políticas. Su eje teórico radica en asumir que su
objeto de estudio está constituido por un proceso dinámico que nun-
ca se expresa en la forma de una «historia natural de la enfermedad»,
dado que esta es siempre social, y por lo tanto cultural; por lo que su
estudio debe incluir la respuesta a este proceso y ser conceptualizado
como salud/enfermedad/atención (p/s/e/a) (Menéndez, 2000). Otra




33ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


consideración de importancia es que este proceso está siempre me-
diado simbólicamente, y que mantiene connotaciones culturales y po-
líticas que pueden resultar tan importantes como los factores biológi-
cos, en tanto expresan relaciones, conflictos, intereses y valores cuya
raigambre es política y cultural. La tercera de las premisas señala la
necesidad de adoptar una perspectiva holística e integral en el marco
de observación, mediante el estudio del contexto y de los diferentes
factores que intervienen en el p/s/e/a, lo que reclama necesariamente
el concurso de la interdisciplinariedad y la conjunción de métodos
cuantitativos y cualitativos, siendo su integración —en los problemas
específicos a investigar— una parte medular de la propuesta5.


Desde esta perspectiva, puede plantearse que el enfoque epide-
miológico sociocultural ha sido apenas incipientemente desarrollado
sobre todo en América Latina, donde abundan aportes empíricos y
teóricos que son aplicables a la propuesta, pero con escasos ejemplos
concretos de aplicación. Se aprecia, por una parte, un teoricismo que
escasamente ha sido respaldado con trabajos empíricos, y por otra, va-
liosas aportaciones que inciden en relacionar lo sociopolítico (gene-
ralmente llamado «estructural») con lo epidemiológico, o esta última
dimensión con lo ideológico, sin documentarse apenas desarrollos
que combinen las tres dimensiones desde una perspectiva crítica, y
que den cuenta de que la tarea científica está lejos de ser una empresa
políticamente neutral. Una excepción a esto son ciertos trabajos desa-
rrollados en México, donde, gracias a la labor de Eduardo L. Menéndez,
desde la antropología médica se han impulsado investigaciones que
articulan las dimensiones epidemiológica y sociocultural mediante la
triangulación metodológica, la inclusión de las visiones de los actores


5 En palabras de Eduardo L. Menéndez (2008: 6-7): «considero que la epidemio-
logía sociocultural se caracteriza por varios rasgos, pero en particular por tres. En pri-
mer lugar, por plantear la necesidad de incluir […] no solo los aspectos sociales, sino
también los culturales y los económico-políticos, junto, por supuesto, a los biológi-
cos y ecológicos. Subrayo que estos aspectos deben ser tratados no como variables
epidemiológicas, sino sobre todo como procesos socioculturales y bioecológicos. En
segundo lugar, por proponer un tipo de trabajo que realmente utilice y articule las
aproximaciones estadística y cualitativa. Y tercero, por la aplicación de un enfoque
relacional que incluya no solo los diferentes factores que operan respecto a un proble-
ma determinado, sino que incorpore el conjunto de actores sociales significativos que
viven, sufren y actúan respecto de dicho problema».




34 ORIOL ROMANÍ (ED.)


relevantes, con el señalamiento del papel activo que debe jugar el
investigador en la problematización de su objeto de estudio6. Otros
desarrollos notables para la propuesta son contribuciones teóricas,
metodológicas e investigaciones aplicadas realizadas especialmente
en Brasil, Canadá, Ecuador, Italia, Argentina, Estados Unidos, Francia y
España7.


Retos para la integración interdisciplinaria
en epidemiología sociocultural y salud colectiva


Tanto en salud colectiva como en epidemiología sociocultural, bien
podemos considerar que el principal reto estriba actualmente en ana-
lizar y atender los problemas de salud poblacional desde una perspec-
tiva integradora, entendiendo por ello por una visión que sea capaz de
contender con los factores determinantes del estado poblacional que
resultan ser relevantes desde una perspectiva comprensiva, relacional
y contextual, con interés tanto cognoscitivo como también de gestión
de los problemas sanitarios con un enfoque eminentemente preven-


6 En México es posible situar algunos trabajos de epidemiología sociocultural en
los que se aborda la configuración de lo biológico con lo político y lo sociocultural,
con la consideración que juegan las representaciones sociales y su articulación
con la estructura socioeconómica y política, en conjugación con la descripción del
perfil epidemiológico. Un ejemplo de esto lo encontramos en los estudios sobre
alcoholismo de Menéndez (1990b) y Menéndez y Di Pardo (1996), en los estudios
sobre salud indígena en Yucatán de Menéndez (1981) y de Ramírez (1980); los
estudios de la mortalidad materna emprendidos por Freyermuth (2003) y por Sesia
(2007), la investigación sobre cuidados maternos y padecimientos infantiles de Osorio
(2001), los trabajos sobre salud reproductiva de Mendoza (2004) y de Ortega (1999),
las investigaciones de Bronfman sobre mortalidad infantil y redes sociales (2000) y
de Castro en representaciones sociales del enfermar (2000). Finalmente, una serie
de investigaciones desarrolladas en el Centro de Estudios en Salud y Sociedad de El
Colegio de Sonora: Denman y Haro (1991), Haro (1998), Aranda y Castro (2008) y
Denman (2008). Desde luego, existen otras investigaciones notables que abarcan estos
criterios, en campos como la sociodemografía, la historia, la sociología médica y los
estudios de género; que aquí no he incluido por razones de espacio y por centrarme
especialmente en lo producido desde la antropología médica.


7 Sin ánimo exhaustivo, destacan aportaciones de Seppilli (1959), Bibeau (1981),
Comelles y Martínez-Hernáez (1993), Alves y Minayo (1994), Massé (1995), Bibeau
y Corin (1995), Romaní (1999), Farmer (1999, 2003), Fassin (2005), Trostle (2005),
Nichter (2008) y Ramírez Hita (2009).




35ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


tivo. En este tenor, y como hemos antes señalado, equivale a construir
un nuevo modelo conceptual sobre el objeto salud, que no abandone
radicalmente las posiciones biologicistas, clínicas y biomédicas, sino
que más bien sea capaz de elaborar una nueva visión sobre lo que son
la salud, la enfermedad y su atención desde una perspectiva integra-
dora, pero con interés social y colectivo, que comprenda el amplio
conocimiento desarrollado en las ciencias biomédicas, sociales, con-
ductuales y ambientales sobre distintas problemáticas sanitarias8. En
ambos casos el objetivo alude al desarrollo de un diálogo interdiscipli-
nario, que por la complejidad que representa apunta más bien hacia la
conformación de equipos de trabajo en torno al estudio y gestión de
problemas colectivos de salud concretos, área esta de colaboración
en la que se ha comenzado a transitar a partir de varias experiencias
pioneras, donde incluso un campo tan tradicionalmente acotado a
la visión biomédica, como el de las enfermedades infecciosas, tien-
de hoy a ser actualizado y repensado considerando la emergencia de
entidades antes controladas, como también debido a la aparición de
nuevas enfermedades y epidemias (Farmer, 2003). La construcción de
esta visión interdisciplinar requiere de un conocimiento desde cada
área de conocimiento, no solamente sobre los resultados de las inves-
tigaciones producidas por otras disciplinas, sino también de las teorías
producidas y sus debates, sus enfoque epistémicos y metodológicos,
lo cual debería conducir a su vez hacia la construcción conjunta de
nuevas teorías, conceptos y categorías de confección común, la cual
es una tarea pendiente dentro de la tradición académica que anima
cada disciplina que hoy se reconoce en el concurso del objeto salud.


En este sentido, nos atrevemos a señalar que, a diferencia de lo
que sucede actualmente en salud pública y en ciertas corrientes epi-
demiológicas sanitaristas, sociales y «de campo», la nueva visión epi-
demiológica (que aquí llamamos sociocultural y que se perfila como
la epidemiología que reclama el campo de la salud colectiva) requiere
de la construcción de un nuevo campo de saberes y prácticas para la
gestión de la salud poblacional que vaya mucho más allá de una in-
corporación mecánica de los métodos cualitativos como formas com-


8 Como señala Silva Ayçaguer, «bajo ningún concepto se está desdeñando el poder
esclarecedor de la estadística; lo que se rechaza es la extendida ilusión de que ella pue-
de aportar explicaciones por sí sola» (2005, 41: 319).




36 ORIOL ROMANÍ (ED.)


plementarias a la estadística. En nuestro parecer, lo que se requiere es
aprender a relacionar los hallazgos biomédicos, epidemiológicos y et-
nográficos, entre otros, en relación a problemas de salud específicos,
elaborando esquemas explicativos que den cuenta de los determinan-
tes que cada problema sanitario muestra y la correspondiente estruc-
tura social que los sustenta en poblaciones específicas. Un aspecto
clave en este acotamiento, y en el que coinciden ambas propuestas,
lo constituye el hecho de recurrir al conocimiento local y la partici-
pación social como ejes a los que es necesario acceder para entender
y atender mejor las diferentes causas de enfermedad, considerando
que las «miradas profanas» son imprescindibles en su concurso frente
a la complejidad que denotan los distintos problemas del ámbito de
la salud. Todo esto representa una tarea difícil de implementar en la
práctica, debido a la tradición elitista en la que se han desarrollado
históricamente las disciplinas académicas; sin embargo, bien puede
decirse que las experiencias participativas y de investigación-acción
constituyen una veta muy relevante que merece ser recuperada crí-
ticamente.


Los esfuerzos de integración transdisciplinaria pueden plantearse
de forma escalonada, distinguiendo diversos grados en su forja9. En
un primer plano ubicamos el diálogo entre disciplinas, susceptible
de ser abordado con la realización de encuentros propiciatorios y la
edición conjunta de materiales reflexivos. Un segundo paso sería la
elaboración de estados del arte del conocimiento de problemas de
salud que tomen en cuenta las realizaciones y desarrollos no solamen-
te empíricos, sino también teórico-metodológicos, de las disciplinas
que actualmente inciden en el ámbito de la salud. El tercer momento
lo ubicaríamos en la conformación interdisciplinaria de grupos de
investigación, y un cuarto en el diseño de programas integrales de


9 Para Almeida-Filho-Filho (2005), la multidisciplina implica compartir un objeto
de estudio, desde las bases de cada disciplina; en cambio la pluridisciplina supone una
yuxtaposición de disciplinas que crean relaciones entre sí. Por otra parte, la interdisci-
plina alude a una axiomática general compartida con una plataforma conjunta de traba-
jo, en la cual hay transferencia de métodos de una disciplina a otra. Y que en su forma
radical se transforma en transdisciplina, la cual se basa en un sistema de varios niveles,
con objetivos diversificados y una finalidad común, con tendencia a la horizontaliza-
ción de las relaciones de poder. Implica la creación de un campo nuevo que desarrolle
autonomía teórica y metodológica.




37ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


capacitación, en los cuales se incluya el manejo combinado de he-
rramientas tanto epidemiológicas como antropológicas y de ciencias
sociales, bajo un objetivo de desarrollo transdisciplinar.


En el caso de la necesaria inclusión de la mirada de los actores
identificamos así mismo diversas fases en su consideración: desde
el uso de estrategias etnográficas para recuperar la opinión de los
sujetos hasta distintos mecanismos de participación y deliberación
colectiva. Implica en todo caso la revaloración en epidemiología de
la experiencia de campo desde una perspectiva fundamentalmen-
te dialógica y contextual. Esto equivale ciertamente a sustentar una
perspectiva contrahegemónica, donde a la biologización e individua-
lización del objeto de la salud que caracterizan actualmente como
tendencia tanto la biomedicina como la actual epidemiología (incluso
subindividualización, como sucede en epidemiología genética y medi-
cina molecular), debe oponerse una visión humanística y social, como
la que propugnan tanto la salud colectiva como la epidemiología so-
ciocultural. Al respecto consideramos que es en Latinoamérica don-
de las bases de esta nueva visión epidemiológica transdisciplinaria se
han venido sustentando en las últimas décadas.


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USOS Y DESUSOS DEL MÉTODO ETNOGRÁFICO. LAS
LIMITACIONES DE LAS NARRATIVAS EN EL CAMPO DE LA SALUD1


Susana Ramírez Hita
Departamento de Antropología� Universidad de Tarapacá, Chile


Profesora del máster de Antropología Médica y Salud Internacional
(MAMSI), URV


susanaramirez@hotmail�com


Resumen: Actualmente, gran parte de las investigaciones socioan-
tropológicas se llevan a cabo en el marco de la cooperación in-
ternacional y los programas de desarrollo� En este artículo se
analizan algunas de las limitaciones que presentan estas investi-
gaciones, que, basadas casi exclusivamente en las narraciones de
los pacientes y clínicos, se destinan a futuras intervenciones con
la expectativa de concretarse en programas y políticas de salud�
Mi reflexión surge a partir de la observación de las incoherencias
metodológicas que se presentan en los diversos usos y desusos del
método etnográfico no solo por parte de los clínicos, sino de los
propios antropólogos que trabajan tanto en el ámbito de la coope-
ración como en el académico�


Palabras clave: antropología, método etnográfico, salud�


Abstract: Most current socio-anthropological research is carried
out within the framework of international cooperation and
development programmes� In this paper, we analyse the limitations
of this research, which is almost exclusively based on patient and
doctor narratives and which is aimed at future interventions in
the hope that these become formal health policies and programmes�
My reflections are based on the observation of methodological


1 Trabajo presentado en el X Coloquio de la Red de Antropología Médica. De la
evidencia a la narrativa en la atención sanitaria: biopoder y relatos de aflicción�
Tarragona, España, 2010.




44 ORIOL ROMANÍ (ED.)


incoherencies in the various uses and misuses of the ethnographic
method, not only by doctors but also by anthropologists working in


the ambits of cooperation and academia�


Keywords: anthropology, ethnographic method, health�


Las limitaciones de las narrativas en el campo de la salud


Actualmente, gran parte de las investigaciones socioantropológicas
se llevan a cabo en el marco de la cooperación y los programas de
desarrollo —a través de consultorías—, y muchas de ellas se basan
en las narrativas registradas a través de las técnicas de entrevista y
grupo focal. La reapropiación de las técnicas cualitativas desde la dé-
cada de 1960 por parte de los clínicos ya ha sido desarrollada por
diversos autores (Menéndez, 2001; Allue et alii, 2006; Ramírez Hita,
2009, 2011; Romaní, 2010; entre otros). Fueron científicos sociales
que trabajaban en los proyectos de desarrollo los que incentivaron
la utilización de técnicas cualitativas que se concretaron en los RAP
(rapid assessment procedures) —procedimientos de asesoría rápi-
da— como estrategia metodológica acorde a los tiempos y necesida-
des institucionales, fundamentalmente de las agencias de desarrollo y
del sector salud. A mediados de la década de 1980, bajo este tipo de
estrategias de abordaje de la realidad se comenzaron a concretar estu-
dios de entre 8 y 10 semanas de duración, incluidas la iniciación y la
intervención del programa o proyecto (Scrimsshaw y Hurtado, 1987;
Bentley et alii, 1988; entre otros). Una de las áreas de la antropología
que más RAP desarrolló fue la de la antropología médica2, que creó


2 Algunos de los manuales más conocidos y utilizados para recoger y analizar
datos en periodos cortos son los siguientes:


Scrimshaw, Susana y Hurtado, Elena (1987). Rapid assessment procedures for
nutrition and primary health care: anthropological approaches to improving pro-
gramme effectiveness. Los Angeles: UCLA. Latin American Center Publications, Univer-
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45ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


la necesidad de incorporar la investigación antropológica previa a los
diagnósticos y a las evaluaciones de programas y proyectos para la fu-
tura intervención, y colocó el aspecto cultural como cuestión central
en los programas de intervención sanitaria que no funcionaban. En
la última década el número creciente de estudios que se denominan
«etnografía rápida» comienza a ser preocupante3.


Estos estudios son realizados, en ocasiones, por antropólogos que
con su participación reafirman ante las ciencias de la salud que pue-
den ejecutarse investigaciones en periodos cortos, previos a la inter-
vención de programas o proyectos. Justifican, de esta manera, que son
expertos en antropología médica, con lo cual se les considera porta-
dores de un saber que los habilita para realizar los RAP. Dichas inves-
tigaciones manejan los datos como decisivos y no como información
que debe ser contrastada y profundizada. En esa medida, la calidad de
información que sustenta las propuestas y estrategias de intervención
en el campo de la salud de muchos proyectos es cuestionable4. Es
frecuente que en estos estudios el antropólogo sea el coordinador de
la recolección y el análisis de la información, mientras otras personas,


John Waterlow, Schürch (1992). Rapid Assessment Procedures (RAP) –Ethno-
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for Developing Countries (INFDC). Boston, MA., USA.


Existen varios manuales sobre VIH/SIDA, entre ellos se encuentran las encuestas
de vigilancia del comportamiento. Véase: Family Health International (2000). Encues-
tas de Vigilancia del Comportamiento. Directrices para encuestas del comportamiento
repetidas en poblaciones de riesgo al VIH. USAID, DFID, FHI. Disponible en: <http://
www.fhi.org/en/HIVAIDS/pub/guide/res_bssspanish.htm>.


3 Uno de los campos que más ha desarrollado este tipo de aproximaciones ha
sido el del VIH/SIDA. Véase, por ejemplo, Family Health Internacional (2001). Rapid
Ethnography of Male to Male sexuality and sexual Health, sobre la situación en Ne-
pal. Hay que tener en cuenta que cada vez se ofertan mayor número de cursos virtuales
sobre investigación etnográfica impartidos en periodos cortos. Por ejemplo, «Curso
virtual de herramientas teórico-metodológicas para la investigación etnográfica». Se
impartió en 2010 desde la plataforma del Centro Boliviano de Estudios Multidisciplina-
rios. Su duración fue de 7 semanas, que incluían una semana introductoria para el ma-
nejo del campo virtual. El curso lo impartió un sociólogo. De esta manera se posibilita
la expansión de la etnografía rápida necesaria para las consultorías actuales.


4 Entre los años 2005 y 2010 revisé más de cien informes de consultoría realizados
en el ámbito de la salud (en Bolivia) por distintas organizaciones e instituciones nacio-
nales e internacionales, donde constaté las deficiencias metodológicas de la mayoría de
los estudios (véase Ramírez Hita, 2011).




46 ORIOL ROMANÍ (ED.)


en ocasiones clínicos, estudiantes, sujetos «capacitados» que forman
parte activa del problema que se investiga —como puede ser el caso
de «acompañantes par» en la problemática del VIH/SIDA—, recopilan
la información de campo. A menudo el antropólogo queda al margen
de la recolección del dato y este es un elemento que contradice los
presupuestos epistemológicos del método etnográfico, en donde el
investigador se considera a sí mismo como el elemento de observa-
ción por excelencia (Malinowski, 1922; Mead, 1959; Taylor y Bogdan,
1975; Pelto y Pelto, 1978; Hammersley y Atkinson, 1983; Reeves, 2000;
entre otros).


El método etnográfico implica una manera específica de acerca-
miento a la realidad para obtener información en profundidad sobre
la temática que se desea abordar. Ello conlleva, por un lado, un tiempo
prolongado de convivencia con el grupo social que se decide investi-
gar y, por otro, una relación con los sujetos de estudio que trasciende
la de observador/observado, para pasar a una relación entre obser-
vación y transformación (Denman y Haro, 2000). Partiendo de esta
interacción entre observador/observado, entenderemos el hecho de
que los valores del investigador influyan en la investigación (Guba y
Lincoln, 2000), y si consideramos esta premisa nos preguntaremos:
¿cómo se trasladan los valores de un investigador a otro si quien obtie-
ne el dato es un investigador y quien analiza y escribe la investigación
es otro?


En la convivencia prolongada con un grupo determinado, el dato
no es impersonal como cuando se utiliza la técnica de encuesta, en
donde no interesa el sujeto en sí, sino el dato que aporta. Los sujetos,
en la información obtenida a través del método etnográfico, pasan a
constituir el elemento central, no el dato abstraído de la realidad; de
esta manera, los datos construidos a partir de la vida cotidiana en la
que está inserto el etnógrafo son más ricos y complejos que aquellos
que se han descontextualizado de sus marcos de origen. Los sujetos
están inmersos en contextos complejos de relaciones múltiples que
no pueden ser abordados exclusivamente con la técnica de entrevista
en inmersiones espaciadas y sin permanencia constante en campo.
La manera de cuestionar lo observado, de ver y construir más allá de
lo evidente, es garantizando una buena recolección de información
que involucre no solo el discurso sino también las prácticas (Ramírez
Hita, 2009a).




47ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Según Zemelman (2005:87) deberíamos partir de la duda previa
al discurso, formulándonos la pregunta: «¿Cómo podemos colocarnos
ante aquello que queremos conocer?»; y ese «colocarnos» en el plano
de la etnografía nos llevará a la construcción de pensamiento que nos
ayude a problematizar el tiempo, la permanencia prolongada y con-
tinua, para obtener un compromiso con la realidad y con los sujetos
sociales con los que trabajamos, e incorporar en la construcción de
conocimiento a actores reales.


No todas las investigaciones efectuadas con metodología cualita-
tiva están realizadas a través de la etnografía, a pesar de que algunos
antropólogos utilizan estos términos como equivalentes, lo que se ha
naturalizado hasta casi alcanzar un consenso en algunos ámbitos aca-
démicos. Debido a numerosos factores —el más importante, sin duda,
la oferta laboral—, la etnografía se está convirtiendo cada vez más en
una suma de técnicas cualitativas utilizadas en períodos de tiempo tan
cortos que no deberían denominarse como tal.


Convivir con los grupos en estudio permite obtener no solo una
mejor calidad en la recolección del dato (calidad entendida como
fiabilidad del dato registrado), sino que también permite al antropólo-
go entender con mayor profundidad por qué suceden los hechos de
una cierta manera. En definitiva, el método etnográfico posibilita dar
cuenta de las articulaciones que se dan entre las representaciones y
las prácticas, ya que una cosa es lo que los sujetos sociales dicen ha-
cer y otra es lo que hacen. La observación de las prácticas pasa a ser
la mejor manera de obtener el dato; y sin duda la técnica a través de la
cual el registro de los datos es más fiable es la de la observación par-
ticipante, con la que el antropólogo participa del día a día del grupo
que desea estudiar (Ramírez Hita, 2009a).


Habitualmente la etnografía implica una relación con el Otro que
va más allá del tiempo específico de la investigación. Los investigado-
res suelen quedar unidos a los grupos de estudio, en ocasiones a tra-
vés del compadrazgo, padrinazgo u otro vínculo familiar o de amistad;
este elemento incide en una relación que sobrepasa el ámbito cientí-
fico para pasar al ámbito cotidiano, familiar, que comúnmente no ter-
mina cuando finaliza la investigación. En este contexto, la calidad en
la recolección del dato no solo es más fiable, sino que el compromiso
que se establece entre el investigador y la población que se investi-
ga otorga un lugar especial al trabajo de campo, ya que involucra la




48 ORIOL ROMANÍ (ED.)


conciencia de cómo puede repercutir la información extraída en el
grupo estudiado. Los que utilizamos este tipo de método conocemos
cuáles son aquellos hechos que no pueden ser nombrados, narrados o
descritos, puesto que perjudicarían a las poblaciones con las que nos
hemos comprometido. Este es un aspecto central en la investigación
que no suele ser percibido por los investigadores que analizan infor-
mación recogida por «otros».


Mi preocupación no es solo la apropiación por parte de los clíni-
cos del método etnográfico, que necesita de formación académica y,
sin duda, de tiempo suficiente para una correcta aplicación; sino que
la preocupación central de este artículo gira en torno a las investiga-
ciones basadas exclusivamente en lo que los sujetos sociales «dicen»,
registrado en espacios fuera del contexto etnográfico. Y ello creo que
debe ser reflexionado desde la perspectiva de la intervención.


Como plantea Miguel Bartolomé (2004: 87), «para que la obser-
vación etnográfica sea posible y legítima es necesario convivir con la
gente y no solo relacionarse con unos cuantos ‘informantes’».


Entiendo, entonces, la etnografía como una estrategia metodoló-
gica de acercamiento a la realidad que implica una convivencia pro-
longada con el grupo o los sujetos de estudio, por un periodo de
trabajo de campo no menor a un año, donde el investigador pasa a for-
mar parte del día a día del Otro, en todos sus quehaceres cotidianos.
Este método implica un rompimiento del objeto/sujeto para pasar al
sujeto/sujeto, en ocasiones a partir de la creación de lazos familiares
que vinculan al investigador de por vida con los sujetos de estudio.
La etnografía no se restringe exclusivamente al campo, sino a la cons-
trucción y problematización constante de categorías en el plano em-
pírico y teórico, indisociables en todo el proceso de la investigación.


Las narrativas sobre enfermedad, aflicción, sufrimiento, condicio-
nes laborales, etc., pueden ser construidas a través de lo que los suje-
tos dicen, expresan, narran; sin embargo, es importante la observación
de la práctica. En el año 2004 realicé una investigación de dos años
a través del método etnográfico en la ciudad de Potosí, Bolivia, para
conocer cuáles eran las problemáticas de salud más importantes. En el
discurso, los habitantes (en su mayoría indígenas quechuas) y el per-
sonal sanitario expresaban solo una parte de los problemas de salud.
Uno de los elementos que encontré cuando conviví con las familias
mineras fue la importancia de los varones en la salud familiar —algo




49ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


que no aparecía en los discursos—, así como la violencia doméstica,
los suicidios y las violaciones intrafamiliares, datos que eran excluidos
de las narraciones de los profesionales sanitarios y de la población5.


El hecho de basarse solo en narrativas influye en la calidad de la
investigación y en las intervenciones que se llevan a cabo en el cam-
po de la salud. Existen limitaciones en este tipo de abordaje. Según
Menéndez: «Las propuestas de los interpretativistas consideran que el
actor siempre dice la (su) verdad o que su perspectiva es la correcta
respecto de ‘su’ realidad, pero frecuentemente sin observar ni descri-
bir que su punto de vista puede ocultar, negar o desconocer algunos
de los procesos que generan consecuencias más negativas para su
propia realidad» (Menéndez, 2001: 34).


Otro ejemplo reside en las investigaciones at home y los proble-
mas que aparecen en los estudios sobre migración que se realizan
sin el conocimiento de los contextos de origen. Para tener una visión
holística, conocer la cultura de origen debería constituir el punto de
partida, aunque se investigue puntualmente una patología o cualquier
problemática relacionada con algo muy concreto, sobre todo con in-
migrantes de primera generación. Si se trabaja el proceso de salud y
migración exclusivamente a través de narraciones «en» los países de
destino y se ignora la cultura de origen, el análisis será sesgado al no
poder aproximarse a la dimensión real de lo sociocultural. El discurso
en la migración puede modificarse en función de los códigos de la
nueva cultura a la que está expuesto el sujeto. Y la modificación del
discurso solo se puede interpretar contrastando la nueva información
con los significados de la cultura original.


Otro de los ejemplos que puede ilustrar esta cuestión es una in-
vestigación de metodología cualitativa que realicé en 2007 y 2008, so-
bre calidad de atención en los servicios de salud pública del altiplano
boliviano. La obtención de la información fue diseñada para realizarse
a través de las técnicas de entrevistas y observación en los servicios
de salud pública con enfoque intercultural. Después de concretar 50
entrevistas, a mitad del trabajo de campo quedé ingresada en el hos-
pital de Potosí y tuvieron que realizarme una intervención quirúrgica.
El hecho de realizar observación participante en el interior de un


5 Véase Ramírez Hita (2009a).




50 ORIOL ROMANÍ (ED.)


hospital público implicó conocer información que no había sido ver-
balizada en las narrativas de los pacientes ni del personal sanitario.
Esto fue de suma importancia para conocer el motivo por el cual
había un número elevado de muertes hospitalarias en ese centro, re-
conocido reiteradamente por las consultorías como ejemplo de uno
de los programas exitosos de salud intercultural. Observé que uno de
los mayores problemas en el hospital era la higiene, tanto del personal
sanitario como de los materiales que se usaban, los baños destinados
a los pacientes, la comida, etc. La internación no solo me permitió ob-
servar, sino también padecer, las carencias de las prácticas higiénicas
y sanitarias. A los tres días de mi internación solicité asistencia para ir
al baño. Mi estado físico me impedía caminar y una estudiante de en-
fermería me trasladó en silla de ruedas al único baño disponible para
las 20 mujeres ingresadas en la sección en la que me encontraba. Eran
las tres de la madrugada. Esa noche el sanitario se encontraba regado
de sangre. Pedí a la estudiante que por favor llamara a la señora de la
limpieza. Así lo hizo. Ante mi sorpresa, la señora tomó la fregona del
suelo, toda sucia, y la pasó por el sanitario intentando sacar la sangre.
Inmediatamente después la estudiante de enfermería me levantó de la
silla de ruedas, como si las condiciones del mismo fueran las óptimas
para ser utilizado. Este fue solo un episodio de los muchos que regis-
tré a lo largo de mis 12 días de internación. A partir de ahí comencé
a indagar sobre el motivo por el cual no aparecía ese dato en las na-
rraciones, y llegué a la conclusión de que la falta de higiene era una
práctica normalizada hasta el punto de no considerarla un problema.
Estos ejemplos muestran las limitaciones del uso exclusivo de narra-
tivas para interpretar o explicar situaciones relacionadas al ámbito de
la salud, la enfermedad y la atención.


Las etnografías disfrazadas de realidad


Una de las características más importantes de la antropología, no ya
médica, sino de cualquiera de las ramas de esta disciplina, es la ma-
nera como se investiga. La antropología se diferencia del resto de las
ciencias sociales básicamente por la utilización del método etnográfi-
co y, por tanto, por el desarrollo de un tipo de metodología que puede
dar cuenta de excelentes estudios microsociales, ciertamente insu-
perable por otras disciplinas afines. Este método implica un tiempo




51ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


prolongado de convivencia con el grupo que se estudia6. Sin embargo,
el problema aparece cuando la etnografía deja de ser utilizada por los
propios antropólogos como manera de aproximarse y conceptualizar
la realidad del Otro. Existe un gran número de informes, artículos y
libros —correspondientes en su mayoría a trabajos de consultorías—
que se refieren al uso o al deseo de utilizar la etnografía como método
de abordaje de la realidad, que se expresan en los siguientes términos:
Se ha realizado «acercamiento etnográfico», «enfoque etnográfico»,
«orientación etnográfica», etc. Estos términos suelen ser utilizados por
antropólogos que no han convivido con el grupo de estudio, sino
que, en la mayoría de los casos, simplemente han utilizado una meto-
dología cualitativa a través de la técnica de entrevista, grupo focal y, a
veces, la observación. No obstante, dejan entrever que han realizado
etnografía. Estas prácticas se encuentran plasmadas en estudios para
proyectos de organizaciones no gubernamentales (ONG), agencias
de desarrollo y en el propio ámbito académico. También es común
encontrar estudios en los que se menciona la utilización de la obser-
vación participante, aunque en realidad sea una indagación corta en
el interior de alguna institución sanitaria o la utilización de la técnica
de entrevista «dentro» de una unidad doméstica o en un servicio de
salud. Existe una confusión que, si bien es entendible en las ciencias
de la salud, no se justifica dentro de las ciencias sociales.


Uno de los mayores problemas lo encontramos en la formación
académica de nuestra disciplina. En algunos países no es requisito un
trabajo de investigación final que exija una etnografía como estrategia
de aprendizaje. En algunas universidades la asignatura de metodología
es impartida por profesores que no utilizan el método etnográfico en
sus investigaciones. Si bien existe un énfasis en la importancia de la et-
nografía en nuestra disciplina, lo que se transmite como enseñanza es
cómo utilizar fundamentalmente la técnica de entrevista. De tal modo


6 Sean las investigaciones efectuadas en zonas rurales o urbanas. Hago esta aclara-
ción ya que es frecuente encontrar estudios antropológicos realizados en zonas urba-
nas que se mencionan como etnografías sin serlo. A veces se confunde que el antropó-
logo viva en la misma ciudad en la que realiza la investigación con la convivencia con el
grupo de estudio. Por ejemplo, se puede vivir en una ciudad y realizar una investigación
en un barrio gitano, donde el investigador va y viene cada día, pero es distinto vivir en
el barrio gitano «con los gitanos», en donde el etnógrafo permanecerá mañana, tarde y
noche, y donde su convivencia con el grupo será realmente en el contexto etnográfico.




52 ORIOL ROMANÍ (ED.)


que la etnografía queda dentro del campo académico en el discurso,
sin reflejarse en la práctica de cierta antropología contemporánea. Y
pareciera que por el hecho de hacer antropología at home el antro-
pólogo estuviera eximido de convivir con el grupo de estudio con el
que trabaja.


Según Menéndez (2001: 9), «la aplicación de las técnicas cuali-
tativas […] [no solo] han modificado negativamente algunos de sus
usos, sino que han conducido a una creciente incongruencia entre
los marcos teóricos y metodológicos […] tanto en términos de inves-
tigación como de intervención». Respecto a los sesgos que presentan
en nuestra disciplina las corrientes tanto teoricista como empiricista:
«La primera se expresa a través de autores que solo reflexionan teó-
ricamente sobre la metodología y especialmente sobre los aspectos
teóricos de la misma, y que frecuentemente es realizada por autores
que no han hecho investigación. Desde hace años, autores que han
tenidos notoria influencia entre nosotros, como Giddens o Habermas,
ejemplifican esta orientación. La segunda tendencia se caracteriza por
no darle importancia a la reflexión teórica, y reducirla a la producción
y análisis de la información, al trabajo de campo […] que conduce a
muchos a ver a la teoría como una limitante de la investigación» (Me-
néndez, 2001:15-16), y lamentablemente estos dos extremos son los
más comunes de encontrar en la antropología contemporánea.


Existen varios motivos por los cuales las narrativas son registradas
en periodos cortos. Sin duda, el más importante es la escasa oferta la-
boral para investigaciones realmente comprometidas con la realidad.
Este tipo de estudios no solo los encontramos en ONG, agencias de
desarrollo o cooperación, sino también en los ámbitos universitarios,
que cada vez exigen acortar más los plazos de las investigaciones,
debido a los recortes en los presupuestos. Y ello lleva a incentivar a
las universidades a ser económicamente productivas, por lo que se
deben realizar numerosas investigaciones en poco tiempo, incluso si-
multáneamente. Los organismos financiadores terminan marcando las
líneas de investigación que, en ocasiones, no representan las necesida-
des más importantes de salud de las diversas poblaciones, como suce-
de con los estudios financiados por la Comisión Europea —en Europa
o Latinoamérica—, o en el caso de América Latina, trabajos financia-
dos por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de
Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), agencias de desarrollo y




53ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


diferentes cooperaciones. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, los
trabajos realizados sobre salud intercultural en América Latina o sobre
VIH/SIDA en el caso de los gitanos en Europa7.


Esta reflexión debería formar parte de los ámbitos académicos
junto con los recortes en la utilización de técnicas que implican ex-
clusivamente recolección de datos y en donde el dato en sí pareciera
ser el objetivo final de la investigación, ya que se está tendiendo a
proponer estrategias de cambio y acción sin suficiente construcción
teórica.


A propósito de las universidades, Zemelman (2005: 64) reflexiona
sobre los problemas de la formación: «Al no tomar en cuenta esta di-
ficultad en la formación de los científicos sociales, corremos el riesgo
de que ellos estén pensando ficticiamente, es decir, que —aun cuando
existan excepciones— estén pensando sobre realidades inventadas».


En investigaciones cortas y basadas exclusivamente en entrevistas
aparece la necesidad del consentimiento informado como manera de
justificar las intervenciones rápidas y limpiar la conciencia del inves-
tigador (alegando que ha sido consentida la información del Otro)
sobre el uso que se hará del dato. En el contexto de la etnografía,
el consentimiento informado carece de sentido ya que la confianza
establecida con el Otro otorga una confidencialidad explícita mutua
(sujeto/sujeto), que no requiere ser concretada en la firma de un do-
cumento, ya que la confidencialidad hace que el investigador —basa-
do en principios deontológicos— sepa lo que puede o no desvelar y
qué deberá guardar como secreto de familia�


La recolección del dato y su escritura


Las cuestiones epistemológicas que condicionan tanto la investiga-
ción empírica como la construcción del texto antropológico llevan
a problemas que comúnmente pasan desapercibidos. Según Cardo-
so de Oliveira (1996), estos conceptos suelen quedar exentos de la
problematización dentro de nuestro quehacer antropológico, ya que
pareciera algo simple y familiar y, por lo tanto, no se cuestiona cómo
se mira, cómo se escucha y cómo se escribe.


7 Véase sobre gitanos Ramírez Hita (2007), y para el caso de salud intercultural,
Ramírez Hita (2011a).




54 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Cuando pienso en la acción de escuchar no me refiero exclusi-
vamente a la técnica de entrevista o a los grupos de discusión, sino a
aquella información que aparece en la vida cotidiana de los grupos y
sujetos sociales. La única manera de acceder a esa información más
íntima o más genuina que no aparece normalmente en la entrevista
es a través de la etnografía, mediante la utilización de la técnica de ob-
servación participante y en la convivencia prolongada con el grupo o
con los sujetos sociales objeto de estudio.


La técnica de la entrevista posee algunas limitaciones cuando se
utiliza en una metodología cualitativa, fuera de la etnografía. Quiero
enfatizar la diferencia entre metodología cualitativa y método et-
nográfico; éste se encuentra incluido dentro de lo que se denomina
metodología cualitativa, pero la primera no es exclusiva del método
etnográfico ni son equivalentes. Algunos investigadores, por el solo
hecho de utilizar técnicas cualitativas como entrevistas y observación
fundamentalmente, ya consideran que están haciendo etnografía. Esta
es una de las grandes confusiones de los profesionales que dicen ha-
cer etnografía sin convivir con los sujetos sociales.


Cuando el investigador va puntualmente a realizar entrevistas,
pasa unas horas y vuelve a casa. ¿Dónde quedó la información de todo
el tiempo que no estuvo presente?


Esto limita el registro del dato, lo que se verbaliza en la escena
que se crea en el contexto de la entrevista; así, el entrevistado y el
entrevistador se colocan en una posición escénica que difiere de lo
cotidiano —aunque la entrevista sea realizada en el interior del hogar
o en la iglesia, o dentro de una institución sanitaria—, de tal modo
que la relación no es realmente dialógica, en las mismas condiciones
de diálogo. La sensación de alguien que interroga y otro que contesta
está implícita en la técnica de entrevista. Existe una extensa literatu-
ra sobre la relación entre entrevistador y entrevistado (Whyte, 1953;
Junker, 1960; Garfinkel, 1967; Glaser y Strauss, 1967; Dean et alii, 1967;
Dexter, 1970; Geertz, 1973; Taylor y Bogdan, 1975; Bourdieu et alii,
1975; Zimmerman y Wieder, 1977; Rabinow, 1977; Hammersley y At-
kinson, 1983; Bourdieu y Wacquant, 1992; entre otros). Aquí no me
dedicaré a desarrollar el tema, aunque sí apuntaré a la desigualdad del
acto de preguntar y escuchar.


Lluís Mallart (2008, 2009), en uno de sus artículos, nos habla del
trabajo de campo que realizó durante más de seis años continuados




55ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


entre los evuzok, un grupo beti del África. En su desarrollo sobre
qué significa la etnografía utiliza la expresión saber perder el tiempo
como algo fundamental de la práctica antropológica. Puntualiza que,
paradójicamente, la pérdida de tiempo —interactuando con el gru-
po de estudio— implica una ganancia de información. Conseguir un
espacio y lugar dentro de la comunidad o el grupo que se investiga
es imprescindible y ello solo puede darse con un tiempo prolongado
en campo. El antropólogo catalán señala, además, que deberían ser
eliminados los trabajos de campo que no sobrepasan los tres meses,
que son, sin duda, los tiempos más comunes de encontrar en la antro-
pología contemporánea.


La mejor información aparece cuando no existe la grabadora y
cuando en lugar de hablar de entrevistas —que parece ser la técnica
por excelencia de la metodología cualitativa— propiciamos conversa-
ciones. Es en la conversación, no en la entrevista, donde obtenemos
una relación de diálogo más simétrica, más comprometida con los
sujetos. No deberíamos entrevistar —en el sentido de interrogar—,
sino conversar. Bourdieu plantea que se ha de privilegiar la entrevista,
y yo considero que se ha de priorizar la conversación. En la conversa-
ción no solo se pregunta, sino que se cuenta sobre uno mismo, sobre
los miedos, sufrimientos y alegrías del propio investigador. Esta es la
única manera de conseguir una información simétrica basada en la
confianza que se genera no solo cuando se acepta al investigador sino
a la persona; es ahí donde el dato comienza a fluir auténticamente.
Bourdieu, en La Misère du Monde (1993), decía que un buen sociólo-
go no es necesariamente un buen encuestador; yo considero que un
buen antropólogo sí debe ser un buen trabajador de campo, ya que
parto de que quien obtiene el dato es fundamental para escribirlo,
analizarlo, interpretarlo o explicarlo. Aquel que vio, escuchó, escribió
e interactuó sobre la realidad que narra, por último intenta repercutir
en el ámbito social, académico y político.


El trabajo de escritura, de construcción de los textos antropológi-
cos, no es solo narrativo, sino político y epistemológico, y su base es
la obtención del dato. Aquí reside la importancia indiscutible de ob-
tener la información en las mejores condiciones, sobre todo cuando
ello repercute en la intervención de programas o políticas.


Los datos los construye el investigador desde el momento de la
descripción (Cardoso, 1996). El problema aparece cuando la informa-




56 ORIOL ROMANÍ (ED.)


ción del diario de campo, de las entrevistas, de todo aquello que ha
sido escrito, se traslada fuera del ámbito de origen y es analizado por
otros antropólogos, diferentes de los que recolectaron la información.
Cada vez es más común encontrar a investigadores que envían a es-
tudiantes o profesionales a recoger datos para ser analizados después
por ellos. Esto conlleva problemas epistemológicos y repercute no
solo en el texto final sino en los propios actores con los que se trabajó
e investigó. Estos problemas no se suelen explicar en los trabajos y
no se problematizan en la investigación, lo que constituye un punto
central en la calidad y los desajustes metodológicos que encontramos
en ciertos trabajos antropológicos.


Cuando el antropólogo hace etnografía conoce cuáles son los ele-
mentos que puede escribir y los que deben ser guardados en el diario
de campo y no deben ser desvelados. Cuando un diario de campo
llega a manos de otro investigador que no estuvo en el campo, que
no realizó la etnografía, que no pasó el frío o el calor, el aburrimiento,
la pobreza, la enfermedad o el sufrimiento de aquellos que investigan
en su propia piel, no percibe qué puede ser escrito y qué no. La sen-
sibilidad que aporta la convivencia y el permanecer el día a día con
el grupo que se investiga —me refiero a permanencias mínimas de
un año continuado— otorgan una calidad y percepción del dato que
va mucho más allá de la que se obtiene con la simple entrevista o la
observación parcializada de algunas situaciones de la vida cotidiana
en periodos cortos, aunque estos periodos sumados representen uno,
dos o más años.


En consecuencia, se observa que se concede más importancia al
texto construido que al proceso de cómo se construyó, quién sacó los
datos, cómo los obtuvo y quién escribió el documento, a pesar de que
estos elementos son centrales para hablar transparentemente sobre
narrativas antropológicas y entender muchos fracasos de programas
sanitarios incentivados por antropólogos médicos8.


8 Por ejemplo, los programas de salud intercultural impulsados en América Latina.
Véase Ramírez Hita (2011a).




57ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Los usos y desusos del método etnográfico


Como vengo apuntando, los diversos usos del método etnográfico
han tomado en la actualidad lineamientos contrarios a cómo se con-
cibieron y pensaron, hasta llegar al extremo de las etnografías deno-
minadas rápidas, las que poseen una mayor financiación por lo fre-
cuentes que se han vuelto en la cooperación internacional. Se utiliza
el nombre de «etnografía» para estudios hechos en periodos cortos y,
además, para hacer comparaciones entre diversos países sobre pro-
blemáticas de salud. Son trabajos orientados al diagnóstico previo a la
intervención o a la evaluación posterior a la ejecución de programas
sanitarios.


La etnografía ha aportado diversos matices para distintas corrien-
tes teóricas, desde las interpretativas a las críticas, llegando a los ac-
tuales debates sobre performance ethnography.9 Para los interpreta-
tivistas, el análisis de la enfermedad se realiza como símbolo o texto,
y la etnografía se dedica a interpretar los significados. Mi reflexión
se acerca, entonces, a este punto. ¿Cómo se pueden interpretar los
significados y otorgarles importancia sin cuestionar cómo han sido
extraídos? ¿De dónde proviene el dato? ¿Quién obtuvo el dato y cómo
lo obtuvo? Es frecuente encontrar excelentes análisis de narraciones
en trabajos que suelen obviar escribir sobre cómo se obtuvo el relato
o hallar interpretaciones de entrevistas concretadas en periodos espa-
ciados de tiempo; durante los fines de semana, una vez al mes, en las
vacaciones académicas y un sinfín de combinaciones que entrevén
la desvinculación entre lo dicho y lo que ocurrió en el transcurso
del tiempo que el antropólogo no estuvo en campo. Y aquí hay que
considerar que la discontinuidad temporal afecta la relación con los
sujetos de estudio; por tanto, a la calidad del dato que se obtiene y a
la disposición de los sujetos de estudio para compartir o dar informa-
ción al investigador.


Creo que esas narraciones realizadas en contextos rápidos o pro-
longados, pero sin continuidad y sin convivencia con los sujetos so-
ciales de la unidad de análisis que se investiga, no deberían llamarse
etnografías. El análisis sobre lo que un sujeto verbaliza en periodos


9 Sobre performance ethnography, véase Denzin (1996, 2003) y Jones (2002),
entre otros.




58 ORIOL ROMANÍ (ED.)


cortos o largos, cuando el investigador no forma parte del proceso
de estudio en un contexto etnográfico, lleva a un dato que debe ser
sometido a cuestionamiento y problematizado por el rigor metodo-
lógico.


Dar cuenta del punto de vista del actor implicaría no solo las na-
rrativas de los actores sino la utilización de la etnografía en el sentido
que vengo apuntando, en donde el sufrimiento y la aflicción son parte
no solo de los sujetos de estudio sino también del investigador, y ello
influye en el texto final. La experiencia, no solo del sujeto con el que
se dialoga sino del propio antropólogo en relación con su informante,
no debería limitarse al lenguaje. Si partimos de que la enfermedad es,
entre otros elementos, el resultado de las condiciones sociales, éstas
no deben restringirse al discurso. El discurso por sí solo, extraído mu-
chas veces de lugares diferentes de los espacios en donde se desarro-
lla la vida cotidiana, puede encubrir realidades tras su descontextua-
lización. Debemos apuntar al lenguaje que surge en el proceso de la
etnografía, diferente al del contexto de la entrevista aislada y a veces
hasta opuesto.


De todo lo expresado hasta el momento se desprende la impor-
tancia del tiempo continuo en campo y la necesidad de separar la acti-
vidad de docencia y la de investigación. La etnografía requiere de una
longue durée que no puede ser compartida con otras actividades.


Mi propuesta apunta a reflexionar sobre la necesidad de realizar
etnografías, sean fuera o dentro de la ciudad o comunidad en la que
vive el antropólogo. Ello implica cambiar de vivienda si se realiza tra-
bajo de campo en la misma ciudad de residencia del investigador, para
pasar un tiempo largo inmerso en el grupo. En definitiva, el método
etnográfico implica «tiempo» y un desprendimiento de las obligacio-
nes de docencia y familiares durante el periodo de trabajo de campo.


Los antropólogos solemos realizar un permanente cuestionamien-
to de lo cuantitativo sin reflexionar lo suficiente sobre la manera en
que se realizan las investigaciones cualitativas en la actualidad, cuan-
do la información termina siendo tan cuestionable como la del dato
extraído de su contexto de origen y trasladado a números.


Es importante reflexionar sobre el papel y la responsabilidad del
profesor universitario en esta degradación de las investigaciones an-
tropológicas, donde cada vez se da menor importancia a cómo se




59ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


recogió el dato, razón por la que hay menos etnografías realmente
serias y sólidas.


Existe un problema tanto en ámbitos académicos como en las
consultorías —que en ocasiones realizan los propios profesores uni-
versitarios— que tiene que ver con la rapidez en la recolección del
dato y la simplificación del proceso de investigación, que no deja lu-
gar al pensamiento. Sin la intención de generalizar, algunos académi-
cos se conforman con la realización de consultorías o investigaciones
dentro de los parámetros que marcan los financiadores, muchas veces
alejados de las necesidades de los distintos grupos de población. Que-
dan, de esta manera, apaciguados con trabajo, pero sin el tiempo nece-
sario para aportar con una producción crítica que provoque cambios
en las realidades que se investigan.


Ahora bien, los investigadores (académicos y no académicos)
tenemos una responsabilidad de la cual no podemos excluirnos ni
excusarnos. Nuestras investigaciones deberían responder a las nece-
sidades de los grupos de estudio más que a las institucionales o a las
empresas financiadoras. Así pues, debería corresponder a los investi-
gadores —no a las instituciones— determinar el tiempo y el méto-
do de investigación necesarios para concluir buenas investigaciones.
Existe, por tanto, una necesidad de reflexionar y consensuar la prác-
tica antropológica.


La pregunta que creo debemos hacernos es: ¿cuántas investiga-
ciones académicas han repercutido realmente en cambios para los
grupos estudiados? Y si no sirven nuestras investigaciones para me-
jorar las sociedades, ¿estamos realmente comprometidos con las rea-
lidades que estudiamos? El conformismo académico es preocupante,
así como las cada vez menos voces disidentes sobre la calidad de las
investigaciones actuales, donde el antropólogo queda reducido a ser
un simple técnico. De seguir en esta línea nos dirigimos a la pérdida
de la etnografía como práctica antropológica, y con ella, a la desapari-
ción de la esencia de nuestra disciplina.


Considero que no es precisa la creación de otro método adap-
tado a las nuevas necesidades laborales, sino demostrar a través de
investigaciones sólidas lo necesarias que son para las instituciones
que se declaran trabajadoras de lo social, de las diferencias y de las
desigualdades en salud.




60 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Agradecimientos


Quiero agradecer las conversaciones con María Julia Castellón-Arrieta,
que ayudaron a profundizar y enriquecer este documento, así como
los comentarios que me hicieron llegar Lluís Mallart y Oriol Romaní, y
a los evaluadores de este artículo por sus valiosas aportaciones.



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TÉCNICAS CUALITATIVAS Y EPIDEMIOLOGíA


Joan Guix Oliver
Profesor del máster de Antropología Médica y Salud Internacional (MAMSI)


Universitat Rovira i Virgili
Tarragona


joan�guix@gencat�cat


Resumen: La epidemiología, una ciencia y un método planteados
para el conocimiento de la etiología de los fenómenos de salud, su
descripción y la búsqueda de alternativas de intervención, ha utili-
zado habitualmente herramientas cuantitativas� Las metodologías
cuantitativas constituyen una buena herramienta para abordar
fenómenos objetivos y conocidos� Cuando nos enfrentamos a fenó-
menos como la multifactorialidad causal (social, cultural, política
y conductual), las metodologías cualitativas son la solución� Ac-
tualmente no podemos pensar en un buen enfoque epidemiológico
de los problemas de salud si no consideramos un abordaje metodo-
lógico complementario entre ambos métodos�


Palabras clave: epidemiología, metodologías cuantitativas, metodo-
logías cualitativas�


Abstract: Epidemiology is a science and a method that emerged
from the need to determine and describe the aetiology of health
problems and to find alternative forms of intervention� It has
traditionally used quantitative methodologies that have proven to
be an effective tool for analysing objective and known phenomena�
When dealing with phenomena such as multifactorial causation
(e�g� social, cultural, political and behavioural causation),
qualitative methods are the most effect tool available� Nowadays it
is impossible to imagine a good epidemiological approach to health
problems that does not involve a complementary methodological
approach between both methods�


Keywords: epidemiology, quantitative methodologies, qualitative
methodologies�




66 ORIOL ROMANÍ (ED.)


I� Salud y enfermedad


Jesús Ibáñez dejo escrito que «A nivel infrapersonal y bioquímico no
hay diferencias. A nivel personal, hay diferencias. A nivel colectivo,
hay sobrediferencias» (Ibáñez, 1979). El ser humano es muy complejo
en cuanto a su biología, pero en los ámbitos colectivo y social, que
son su forma real de existencia, la complejidad es infinitamente supe-
rior. El ser humano no es comprensible si lo aislamos de su contexto.
Las conductas del ser humano no son comprensibles si las aislamos
de su entorno social, cultural y económico.


Lo que en los seres humanos denominamos salud es un concep-
to muy complejo, compuesto de elementos objetivos, relacionados
con el funcionamiento de los órganos, es decir, con la biología, pero
también con otros elementos cognitivos (la propia percepción de la
salud) y adaptativos (la capacidad personal de integrarse en el medio).
Un enfoque exclusivamente objetivo, biológico, de la salud, siempre
será incompleto y sesgado.


Freidson afirmó, con toda razón, que «cuando un veterinario diag-
nostica una enfermedad a una vaca, esta no modifica su conducta.
Cuando un médico lo hace a una persona, esta sí que modifica su
conducta» (Freidson, 1978). El concepto enfermedad, entendido am-
pliamente como la no salud, se corresponde, en la realidad, con un
concepto estadístico. La enfermedad se interpreta más bien como una
desviación de los valores estándar de la sociedad, como una desvia-
ción de la norma, que a su vez corresponde a los valores objetivos y
subjetivos de la mayoría de la sociedad. Estar dentro de la norma es
la normalidad, la salud. Estar fuera de la norma es la no normalidad,
la anormalidad, la enfermedad. En esta línea, para Parsons estar en-
fermo es un trastorno en la condición normal del ser humano, tanto
desde un punto de vista biológico como sociológico, e interpreta la
enfermedad desde este último punto de vista como una forma de
desviación, de anormalidad, entendiendo como desviación cualquier
acto o conducta que perturbe las normas de un sistema social de-
terminado, las cuales reflejan expectativas sociales de una conducta
determinada (Parsons, 1982; Guix, 2009).


En todo caso, salud y enfermedad no tan solo corresponden a
concepciones biológicas y plenamente objetivas. Son fenómenos so-
ciales, con una base biológica, ciertamente, pero con un importante




67ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


constructo de tipo social y cultural, sin el cual son imposibles de com-
prender ni de estudiar.


El idioma inglés, en este sentido, es más explicativo que las len-
guas de raíz latina. Nuestra enfermedad en realidad comprende los
conceptos anglosajones de disease (la enfermedad biológica, objeti-
va), illness (el cómo percibo yo, enfermo, mi propia enfermedad; la
dimensión cognitiva) y sickness (el cómo ve e interpreta la sociedad
mi enfermedad; la dimensión adaptativa, social). Si no consideramos
en conjunto las tres dimensiones no podemos comprender el por qué
la vaca no se altera y sí lo hace el ser humano ante un diagnóstico de
enfermedad. Y si no comprendemos esto, no comprendemos qué es
ni qué significa el fenómeno enfermedad, ni podemos estudiarlo.


II� Conocer la salud y la enfermedad


«La investigación comprende el trabajo creativo llevado a cabo de
forma sistemática para incrementar el volumen de conocimientos, in-
cluido el conocimiento del hombre, la cultura y la sociedad» (Frascati,
2000). Para investigar nos formulamos preguntas, basadas en el méto-
do científico, para poder responderlas de forma sistemática.


Al investigar en el terreno de la salud, y muy especialmente en
el de la salud pública, utilizamos como metodología fundamental la
epidemiología, que se ha definido de manera clásica como «un razona-
miento y un método propios de trabajo objetivo en medicina y otras
ciencias de la salud, aplicados a la descripción de los fenómenos de
salud, a la explicación de su etiología y a la búsqueda de métodos de
intervención más eficaces» (Jeniceck y Cléroux, 1987). No obstante, la
definición de Kawakita es más explicita desde nuestro punto de inte-
rés: «La epidemiología es la rama de la salud pública cuyo propósito es
describir y explicar la dinámica de la salud poblacional, identificar los
elementos que la componen y comprender las fuerzas que la gobier-
nan, a fin de intervenir en el curso de su desarrollo natural» (Kawakita
et alii, 1993).


En todo caso, la epidemiología pretende dar respuestas a pregun-
tas del tipo de quién tiene qué, cuándo, dónde y por qué, y sus utili-
dades básicas se podrían resumir en (Hernández-Ávila, 2000):


• Identificación de la historia natural de las enfermedades.




68 ORIOL ROMANÍ (ED.)


• Descripción de la distribución, frecuencia y tendencias de la
enfermedad en las poblaciones.


• Identificación de la etiología y los factores de riesgo para la
aparición y desarrollo de las enfermedades.


• Identificación y explicación de los mecanismos de transmi-
sión y diseminación de las enfermedades.


• Identificación de la magnitud y tendencias de las necesidades
de salud.


• Identificación de la magnitud, vulnerabilidad y formas de
control de los problemas de salud.


• Evaluación de la eficacia y efectividad de las intervenciones
terapéuticas.


• Evaluación de la eficacia y efectividad de la tecnología mé-
dica.


• Evaluación del diseño y ejecución de los programas y servi-
cios de salud.


El cambio del paradigma de morbimortalidad ocurrido en los
países desarrollados en los años posteriores a la II Guerra Mundial,
que sustituyó un modelo predominante de enfermedades agudas y,
generalmente, infecciosas por un nuevo contexto de enfermedades
crónicas y degenerativas, comportó que modelos de relación
causa-efecto relativamente lineales y simples —como el de Koch-
Henle, el de Bardford-Hill o el de Evans (Gálvez Vargas y Rodríguez-
Contreras, 1991), que podrían resumirse en que un efecto es
causado específicamente por un solo factor y que esta relación se
puede reproducir experimentalmente—, válidos a grandes rasgos
para enfermedades infecciosas, ya no fuesen tan explicativos para
las enfermedades crónicas y degenerativas. Surgió así un nuevo
modelo explicativo de relación causal, el de Rothman, que comporta
la posibilidad de la existencia de diversos elementos componentes
en la causalidad del efecto y que introduce los conceptos de causa
necesaria, causa suficiente y causa componente, junto con la
existencia de factores predisponentes, factores facilitadores, factores
desencadenantes, factores de riesgo y factores modificadores del
resultado (antagonistas y sinérgicos). Este modelo de Rothman nos
explica que:




69ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


1) Ninguna de las causas componentes es superflua;
2) No existe especificidad: un mismo efecto puede ser producido


por distintas causas suficientes;
3) Una causa componente puede formar parte de más de una cau-


sa suficiente para el mismo efecto. Si una misma causa componente
forma parte de todas las causas suficientes, la denominamos causa
necesaria;


4) Una misma causa componente puede formar parte de distintas
causas suficientes de distintos efectos; y


5) Dos causas componentes de una causa suficiente se considera
que tienen una interacción biológica, es decir, que ninguna actúa por
su cuenta. El grado de interacción puede depender de otras causas
componentes (Gálvez Vargas y Rodríguez-Contreras, 1991).


Pero la multicausalidad no es solo de carácter biológico (De Al-
meida, 2007; Conde y Pérez Andrés, 1995). Desde los planteamientos
de Dahlgreen y Whitehead (1991) y de Marmot (2008), y anterior-
mente de Lalonde, M. (1981), conocemos el impacto de los denomina-
dos determinantes sociales y económicos de la salud. El fenómeno
salud-enfermedad está condicionado por una amplia y compleja serie
de factores, de índole no tan solo biológica, sino social, cultural y eco-
nómica, no siempre fácilmente cuantificables. En este paradigma, la
metodología basada en la identificación de variables, de factores de
riesgo, ya no es suficiente para comprender el binomio salud-enfer-
medad, tal como lo concebimos hoy en día.


La cuestión es si la epidemiología clásica, con su metodología cen-
trada en los métodos cuantitativos, y especialmente en la estadística,
es capaz de abordar adecuadamente estos nuevos parajes.


Las metodologías cuantitativas están concebidas para medir fe-
nómenos. Pueden responder a preguntas del tipo ¿Cuánto? o ¿Con
qué fuerza? o ¿Con qué frecuencia?. No obstante, hemos admitido
que los fenómenos salud y enfermedad no son comprensibles plena-
mente si no se interpretan en su contexto social y cultural. Sucede
que la estadística, para trabajar, debe aislar al individuo del conjunto.
Obtiene muestras, y para ello desagrega. Considera al individuo en
solitario, de forma aislada de sus influencias exógenas. Por si fuese
poco, en muchas ocasiones estandariza, establece mínimos comunes
denominadores para objetivar más el análisis (Menéndez, 1988). Eli-
mina la influencia del grupo. Seguramente puedo analizar el disease,




70 ORIOL ROMANÍ (ED.)


pero ¿cómo analizo el sickness, la interpretación de la sociedad sobre
el enfermo y la enfermedad, por ejemplo? (Menéndez, 1998; Segura
del Pozo, 2007, 2008).


Por otra parte, la epidemiología clásica suele centrarse más en el
método que en la elaboración de la hipótesis, el discurso y la informa-
ción (Segura, 2006). Se centra más en la enfermedad que en la salud
y, para poderlos manejar estadísticamente, incluso cuando pretende
abordar temas sociales, intenta reducir los inputs, la información, a
datos, a factores desagregados, a elementos cuantificables, a factores
de riesgo. Con ello no hace más que profundizar en el proceso de
individualización y asocialización del análisis del binomio salud-en-
fermedad.


Sin embargo, si desconozco un fenómeno, no puedo medirlo. Para
poder medir debo conocer aquello que deseo medir. Para conocer un
fenómeno ignorado debo plantear preguntas del tipo ¿qué? o ¿por
qué?. Para responder a estas preguntas la metodología adecuada es la
cualitativa (Conde y Pérez Andrés, 1995). Por otra parte, al basarnos
en la estadística, significa que deberemos reducir la información a
cuestionarios, bases de datos, tablas y gráficos, con lo cual el exceso
de información existente en los agentes del fenómeno, en las perso-
nas, se perderá. Se excluye todo lo no mensurable. En un cuestionario
solo se responde a lo que se pregunta, y se responde teniendo en
cuenta las respuestas planteadas por el investigador. Como decíamos,
si el investigador desconoce, no puede preguntar.


Si nos movemos en un entorno multicasusal, en el que la causa-
lidad no descansa exclusivamente en lo biológico, sino en los deter-
minantes sociales y en las interrelaciones, existe una contradicción
evidente entre el objetivo teórico y las metodologías empleadas.


III� Las metodologías cualitativas en la epidemiología


Etimológicamente, la palabra epidemiología deriva del griego epì
(‘acerca, sobre’) y demos (‘pueblo, sociedad’). Es decir, se trata del es-
tudio de lo que le pasa a la sociedad. Se trata de algo mucho más am-
plio que la pura singularidad aislada del individuo que forma parte de
la muestra. Hablamos de influencias, de interferencias, de relaciones.


Algunos autores afirman, con razón, que los hábitos y las con-
ductas no son responsabilidad del individuo, sino del entorno social,




71ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


económico y cultural en el que se desenvuelve el individuo (Dahlgren
y Whitehead, 1991). Un nuevo enfoque epidemiológico ha intentado
abordar el problema: la epidemiología social. No obstante, al conti-
nuar basándose en la estadística, reduce las variables, como hemos
mencionado anteriormente, a factores de riesgo, con lo cual nueva-
mente el foco recae sobre el individuo, obviando la utilización de se-
ries históricas largas con la finalidad de garantizar e incrementar la
fiabilidad de los datos. La llamada epidemiología crítica intenta dar
un paso más allá: «La epidemiología crítica, uno de los ejes de la salud
colectiva, se refiere tanto al análisis riguroso de la argumentación y
del método, como al análisis de las relaciones entre las condiciones de
regulación social, desigualdad y poder» (Breilh, 2002).


Si el nuevo paradigma explicativo de los fenómenos de salud y
enfermedad reside en el terreno de lo social, lo político, cultural o
económico (Muntaner y Gómez, 2003), la cuestión no puede ser me-
todología cuantitativa o metodología cualitativa. Las dos son nece-
sarias. Nos hallamos ante una nueva epidemiología que debe utilizar
todas las herramientas disponibles, tanto cuantitativas como cualitati-
vas. Es el imperio de la ya llamada por algunos epidemiología mestiza
(Segura del Pozo, 2007).


El papel de las metodologías cualitativas en el terreno del aná-
lisis epidemiológico se restringió clásicamente a una función com-
plementaria. Se acepta la metodología cualitativa en epidemiología
cuando existe un déficit en el conocimiento de los antecedentes
(background) de las conductas individuales o colectivas, para ad-
quirir conocimientos sobre temas inabordables cuantitativamente, y
como herramientas para la generación de hipótesis (Muntaner y Gó-
mez, 2003).


Popay (2003) habla de un modelo de mejora y un modelo epis-
temológico de las metodologías cualitativas en los estudios de salud
pública. En el modelo de mejora, el papel fundamental de la meto-
dología cualitativa es complementario, como generador de hipótesis,
como ayuda para la identificación y como constructor de medidas
más sofisticadas acerca de los fenómenos sociales, o como explica-
ción de los resultados inesperados de los estudios cuantitativos en
epidemiología. En el paradigma del modelo epistemológico, la meto-
dología cualitativa desempeña su papel en la investigación de hechos
que el resto de metodologías no pueden interpretar, para profundizar




72 ORIOL ROMANÍ (ED.)


en la comprensión de realidades y acercar al investigador a la realidad
de la enfermedad o el problema investigado.


El epidemiólogo, al afrontar una investigación, tanto en el terreno
de la investigación epidemiológica de campo como en la social, pro-
cede con una secuencia determinada, utilizando determinadas téc-
nicas para cada uno de sus diversos escalones. Podríamos resumir el
esquema de las diversas fases de un estudio epidemiológico en:


• Etapa descriptiva
– Identificación de un problema.
– Confirmación de la homogeneidad de los hechos.
– Recolección de datos de todos los hechos.
– Identificación de las características de los hechos.
– Estudio de las formas de aparición y de las tendencias.


• Etapa analítica
– Formulación de una hipótesis.
– Análisis del material en función de la hipótesis.


• Etapa experimental
– Verificación de la hipótesis por observación o ensayo.


• Interpretación
– Producción de resultados.
– Redacción del informe.


En la etapa descriptiva, tanto en la identificación del problema
como en la identificación de las características de los hechos y en
el estudio de las formas de aparición, técnicas cualitativas como la
observación etnográfica, la entrevista (abierta, semiestructurada o es-
tructurada) o, incluso, el grupo focal, desempeñan un papel esencial.
En muchas ocasiones, al investigar problemas de base social o históri-
ca, el análisis del discurso tiene una utilidad insustituible.


Así mismo, al formular hipótesis en la etapa analítica, o al inter-
pretar hallazgos en la fase de interpretación, las técnicas de consenso
(Delphi, brainstorming, grupos nominales, etc.) pueden proporcio-
nar una ayuda inestimable en la generación o la comprensión de he-
chos o hallazgos, que limitándonos a las metodologías cuantitativas
sería imposible.


Afortunadamente, esta visión de la ya mencionada epidemiología
mestiza o etnoepidemiología se está extendiendo entre los epide-
miólogos. Las potencialidades son tantas que es absurdo ignorarlas.




73ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Por otra parte, justo es reconocer que incluso los mismos epidemiólo-
gos de campo, aquellos cuya labor es más concreta y más cuantitativa,
quizás de forma no siempre consciente han utilizado la metodología
cualitativa en sus estudios. ¿O es que es factible estudiar un brote de
intoxicación alimentaria, por ejemplo, sin observar o sin preguntar?
Incluso a los mayores detractores de las herramientas cualitativas en
epidemiología cabría recordarles el gran descubrimiento del burgués
gentilhombre de Molière. Resulta que siempre hemos hablado en pro-
sa, sin saberlo. Siempre hemos utilizado metodología cualitativa sin
saberlo. Otra epidemiología no es posible.


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II


DISTINTAS EXPERIENCIAS DE INVESTIGACIóN






EVALUANDO EL SISTEMA DE ALCANTARILLADO. LA EXPERIENCIA
DE LíDERES Y VECINOS SOBRE UNA INTERVENCIóN


DE SANEAMIENTO AMBIENTAL1


Cristina Larrea Killinger
Profesora titular de Antropología de la Universidad de Barcelona (UB)
Profesora visitante del Instituto de Saúde Coletiva de la Universidade


Federal da Bahia (ISC-UFBA)
larrea@ub�edu


Resumen: En este artículo se presenta una reflexión antropológica
sobre la experiencia de líderes y vecinos de un barrio marginal
de Salvador de Bahía, denominado Nova Constituinte, ante la im-
plantación de una red de alcantarillado� El objetivo principal es
analizar cómo vivieron los actores sociales el proceso de construc-
ción, instalación, conservación y mantenimiento de un sistema
de alcantarillado, para comprender cómo valoraron sus efectos y
percibieron los cambios en salud que se dieron durante y después
de esta intervención� Las evaluaciones cualitativas que tienen en
cuenta la experiencia de los sujetos permiten profundizar sobre
conocimientos y acciones desarrolladas difícilmente mensurables�
La etnografía facilitó la observación de la dinámica de esta inter-
vención y los efectos que percibieron los actores sociales� Desde un
punto de vista metodológico, se tuvo en cuenta el análisis de los
discursos procedentes de entrevistas en profundidad, así como las
notas de observación etnográfica dentro de un contexto de inves-
tigación intensiva en el barrio que se inició en el año 1997 y fina-
lizó en 2008� A pesar de contar con datos de observación durante
todos los años comprendidos en este período, destacan los datos et-


1 Este artículo es una versión traducida de un capítulo escrito en portugués, com-
pilado por Barreto, Rego y Larrea en el libro Avaliando o impacto na saúde de um
programa de saneamento ambiental� Fundamentos teórico-metodológicos e resulta-
dos de uma pesquisa interdisciplinar (en prensa).




80 ORIOL ROMANÍ (ED.)


nográficos recogidos en períodos más intensivos: el primero, antes
y durante la construcción de la red de alcantarillado, entre 1997
y 1998; el segundo, dos años después de la previsión inicial de en-
trada en funcionamiento del sistema (2002); el tercero, después de
que comenzaran las conexiones intradomiciliares y se pusiera en
marcha definitivamente el sistema; y por último, en 2007, cuando
se filmó un documental, a petición de la comunidad, como parte
del proceso de devolución de los resultados de la investigación� Por
último, se comparan los resultados procedentes de una parte del
barrio donde hubo intervención y de otra donde no se construyó
la red de alcantarillado�


Palabras clave: saneamiento ambiental, clientelismo político, per-
cepciones y prácticas sobre la salud, evaluación cualitativa, etno-
grafía de larga duración�


Abstract: This article is an anthropological reflection on the
experiences of community leaders and inhabitants regarding
the installation of a sewer system in the marginalized Nova
Constituinte neighbourhood in Salvador de Bahía� The main
objective is to analyze how these people lived through the process
of building, installing and maintaining a sewer system and to
understand how they rated its effects and perceived the changes in
their health during and after the construction process� Qualitative
evaluations of the subjects provide in-depth detail of knowledge
and actions that are difficult to measure� The dynamics of the
construction work and its effects on inhabitants were observed
using ethnographic techniques� The methodology involved the
analysis of in-depth interviews and ethnographic notes taken
during intensive research conducted in the neighbourhood from
1997 to 2008� Although ethnographic data were obtained for each
year of the period under study, the most interesting data come from
the most intense periods� The first of these was from 1997 to 1998,
that is, before and during the construction process; the second was
2002, that is two years after the sewer system began to function;
the third was after the system had come fully on line and homes
had started to be connected to it; and the fourth was 2007 when
a documentary was filmed, at the request of the community, as




81ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


part of the process of informing them of the results of the research�
Finally, the results from one part of the neighbourhood where the
sewer system was installed are compared with those from another
part where the system was not built�


Keywords: environmental sanitation, political clientelism, health
perceptions and practices, qualitative evaluation, long-term
ethnography�


Introducción


Esta reflexión parte de los resultados de una investigación cualitativa
en el marco de un proyecto interdisciplinar centrado en la evalua-
ción epidemiológica de un programa de saneamiento ambiental2 en
la ciudad de Salvador de Bahía y el entorno de la Bahía de Todos los
Santos (Barreto et alii, 2007). Desde una perspectiva antropológica3
se analizan las experiencias locales relacionadas con estas nuevas in-
tervenciones de saneamiento y la producción de significados socio-
culturales que vincularon estas acciones de desarrollo a la salud, antes
y después de su aplicación en dos barrios de la ciudad de Salvador
de Bahía (Larrea-Killinger y Barreto, 2001). A partir de una etnografía
extensa y en colaboración, la descripción densa (Geertz, 1989) de los
significados y de las acciones locales en torno al desarrollo de este
programa se centran en lo que respecta al sistema de alcantarillado.


2 A pesar de que el saneamiento se define como un conjunto de acciones que
incluyen el alcantarillado, el suministro de agua potable, la recogida de basuras y el
drenaje pluvial, en este programa ambiental, conocido como Bahía Azul, se excluyó la
construcción de drenaje pluvial por ser competencia de los ayuntamientos. El Estado
Federal de Bahía era el organismo responsable de la gestión del resto de infraestruc-
turas. Por esta razón, este proyecto interdisciplinar contempló el estudio de las inter-
venciones de alcantarillado, mejoras en el suministro de agua potable y ampliación del
servicio de recogida de basuras.


3 Los proyectos fueron los siguientes: «Acompanhamento das mudanças das per-
cepções da população resultantes das ações do programa de saneamento Bahia Azul»
y «Práticas de auto-atenção em saúde infantil: estudo antropológico das doenças diar-
réicas», integrados en los siguientes proyectos interdisciplinares coordinados por el
profesor Maurício Barreto: «Projeto de avaliação epidemiológica do Programa de Sane-
amento Ambiental Bahia Azul», financiado por el Departamento de Recursos Hídricos e
Habitação do Estado de Bahia, y «Diarréia Infantil: Epidemiologia ambiental e molecular
e repercussões no desenvolvimento físico e mental», financiado por el programa PRO-
NEX del CNPq (num: 661086/1998-4), y coordinado por el profesor Maurício L. Barreto,
del Instituto de Saúde Coletiva da Universidade Federal da Bahia.




82 ORIOL ROMANÍ (ED.)


En este artículo se pretende explorar mejor cuáles fueron las re-
presentaciones sociales de los beneficios en salud obtenidos y las rela-
ciones políticas entre el mundo local y global (Gledhill, 2000). Como
el sistema de alcantarillado representó una gran inversión económica
(fondos públicos, privados e internacionales) en la ciudad, siguiendo
las prioridades indicadas por Naciones Unidas en la década de 1990
para el desarrollo de obras en saneamiento con el objetivo de mejorar
las condiciones de salud, lo que se busca en este texto es proponer
algunas reflexiones antropológicas sobre el impacto local (Okongbu
y Mencher, 2000) de esta nueva política global en el Estado de Bahía4.


La evaluación cualitativa5 es un método de investigación poco
utilizado para el estudio de intervenciones en salud (Minayo et alii,
2008). Mientras que la evaluación se ha concebido usualmente como
un instrumento de medida de proyectos de intervención, la cualifica-
ción de los conocimientos y acciones relacionadas con las transfor-
maciones que acarrean estos proyectos ha sido poco explorada. Por
eso, resulta necesario realizar estudios de evaluación cualitativa que
tengan en consideración el análisis de los discursos y de las prácticas
de los sujetos relacionados con estas intervenciones para compren-
der cómo se percibe una innovación desde el punto de vista de los
que se benefician.


La evaluación cualitativa de un programa de saneamiento y, en
este caso, de instalación de una red de alcantarillado, contempló el
uso de la etnografía como método para investigar su efectividad. Tuvo
en cuenta la percepción social de los procesos de intervención y
comparó las expectativas de cambio que las personas del barrio de


4 Souza (2003) alerta sobre la falta de estudios de investigación en políticas públi-
cas en Brasil. La falta de diálogo entre investigadores y la ausencia de cierta unidad me-
todológica conduce a este campo a una trayectoria bastante difusa. El principal desafío
es adquirir suficiente autonomía científica, pues existen investigadores que colaboran
con los órganos gubernamentales que financian este tipo de investigaciones, así como
saber controlar la agenda de investigación sin depender de los temas de interés de la
administración y de los recursos.


5 Antes de la evaluación cualitativa se encuentra la investigación cualitativa. Lo
que diferencia a una de la otra es que la primera se centra más en la comprensión de los
procesos de transformación a través de la triangulación de métodos que en la solución
de problemas y toma de decisiones.




83ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Nova Constituinte6 tuvieron desde el inicio de la obra hasta la puesta
en marcha del sistema. Al comparar la situación anterior y posterior a
la instalación de la red, la investigación cualitativa consiguió analizar y
diferenciar las percepciones y acciones sociales vinculadas al proceso
de modernización de la higiene pública. Este cambio sociohistórico
fue percibido en el barrio de modo discontinuo y más o menos in-
tenso según los eventos que con ella se relacionaron. Dado que los
procesos de transformación no fueron constantes y progresivos, al
existir variaciones temporales de éxito y fracaso de la intervención,
los actores sociales percibían de manera discontinua la implantación
del sistema de alcantarillado. Al seguir procesos de aceleración, es-
tancamiento o regresión, los actores sociales tendían a aceptar, resistir
o rechazar distintas fases de intervención.


Wolf (1987) mostró que no existe un desarrollo homogéneo de
una sociedad en línea ascendente como si se tratara de una historia
moral de éxito. Este autor se interesó por demostrar que los cambios
son procesos sociales múltiples e interconectados, complejos y hete-
rogéneos, que vinculan aspectos de la vida social como la economía,
la política y la cultura, y cuya comprensión solo es posible a través
del estudio de estas dinámicas de la vida en su conjunto. A pesar de
que existe una asentada idea de que la infraestructura que simboliza
un modelo universalista de ciudad higiénica es la existencia de un efi-
ciente sistema de alcantarillado, resulta fundamental interpretar la di-
versidad de significados socioculturales que se producen a partir del
estudio de las adaptaciones, contradicciones, conflictos y resistencias
locales en este tipo de programas de desarrollo. La contribución de la
antropología responde al análisis de la crítica del fenómeno sociocul-
tural que representan los programas y políticas de desarrollo desde
una perspectiva dialéctica, comparando la producción de discursos
de las instituciones y las agencias con los desarrollados por los ac-
tores sociales que participan de estas intervenciones (Bretón, 2010).


Este estudio permitió conocer este proceso de transformación de
las condiciones higiénicas en la ciudad a partir de una intervención
en saneamiento dentro de un programa de modernización urbana


6 Nova Constituinte fue uno de los barrios que formó parte de la investigación
antropológica. Una caracterización más reciente del barrio la encontramos en Larrea-
Killinger y Barreto (2006).




84 ORIOL ROMANÍ (ED.)


con miras a mejorar la situación de salud e incentivar el desarrollo
de nuevas infraestructuras para estimular la inversión económica y el
turismo. Como el sistema de alcantarillado combinaba una tecnología
doble, de ramal convencional con ramal condominial (Lobo, 2003),
siendo este último una innovación brasileña para reducir los costes
económicos, extender la cobertura de red e incorporar la participa-
ción social en el proceso de mantenimiento, resulta significativo ob-
servar cómo se implantó y desarrolló este modelo tecnológico para
comprender mejor cómo se articularon las relaciones sociopolíticas
entre las instituciones, las asociaciones y los habitantes del barrio.


En este texto se analizan siete acontecimientos relacionados con
las experiencias sociales más intensas del cambio que supuso esta in-
tervención7. Estos períodos de mayor intensidad se analizan teniendo
en cuenta las dimensiones urbana y sanitaria, así como su relación.


El primer aspecto tratado es el proceso de construcción de la red
de alcantarillado, que solamente benefició a una parte del barrio8; el
segundo es la formación de síndicos y subsíndicos, escogidos por Em-
basa (compañía de aguas y saneamiento) para actuar como mediado-
res voluntarios en el barrio y difundir los conocimientos necesarios
para un buen uso del sistema; el tercero tiene que ver con el proceso
de conservación del sistema, las acciones concretas de los síndicos y
el panorama que hubo antes de la instalación de las conexiones intra-
domiciliares a la red condominial; el cuarto empieza con la instalación
de las conexiones intradomiciliares a partir del año 2003; el quinto
trata del mantenimiento del sistema; el sexto de la experiencia de
los vecinos sin sistema de alcantarillado; y el último, de las relaciones
entre saneamiento y salud.


7 Para profundizar en la percepción social de las intervenciones en saneamiento
se recomienda consultar el artículo de Avvannar (2008), donde se desarrolla un modelo
conceptual de aproximación al saneamiento que incluye la percepción, las sensaciones
y las prácticas individuales relacionadas con la disposición de las heces y la orina. Com-
para diversas sociedades y civilizaciones históricas para desentrañar la aproximación
individual del saneamiento según las influencias psicosocioeconómicas, y consideran-
do cuatro factores: los tipos de asentamiento humano (urbano o rural), el ambiente
natural, la religión y la cultura (doctrinas religiosas, orden social, miedo y superstición)
y la sociedad (salud, riqueza, tecnología, género y seguridad personal).


8 El barrio contemplaba dos áreas diferenciadas, una donde se instaló el sistema
y otra donde no se construyó la red de alcantarillado (Larrea-Killinger y Barreto, 2006).
Dentro del área saneada había una parte que hasta el año 2010 funcionaba precaria-
mente y otra parte que funcionaba bien.




85ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Metodología


El proceso de construcción, conservación, instalación y mantenimien-
to del sistema de alcantarillado se evalúa de manera cualitativa según
el punto de vista de los actores sociales. Se parte de un análisis crítico
de los discursos y observaciones etnográficas sobre conocimientos
y prácticas de líderes, síndicos, subsíndicos y vecinos del barrio de
Nova Constituinte. La antropología facilita la aplicación de una pers-
pectiva holística y comparada situando la producción del lenguaje en
el contexto de la experiencia del mundo, es decir, de la manera en que
este proceso fue vivido (Das, 1998).


Los datos analizados fueron recogidos en cuatro momentos muy
específicos dentro de una etnografía que abarcó una década (1997-
2008), con diversas etapas de investigación. Una primera etapa antes
y durante la construcción de red de alcantarillado entre 1997 y 1998,
que incluye entrevistas y observaciones de 15 unidades domésticas y
entrevistas a 11 líderes. Una segunda etapa intensiva de campo entre
los meses de octubre y diciembre del año 2002, que incluye entrevis-
tas semiestructuradas a 6 síndicos (3 hombres y 3 mujeres), 4 subsín-
dicos (3 hombres y 1 mujer) y observaciones etnográficas centradas
en las acciones y conocimientos sobre el saneamiento. En la tercera
etapa se llevó a cabo un taller participativo con síndicos, subsíndicos
y líderes para la devolución de los resultados, cuya experiencia fue
registrada en noviembre del año 2005 (Larrea, 2007). Esta experiencia
fue muy importante, ya que constituía la primera oficina participativa
que agrupó a 3 síndicos, 1 subsíndico, 1 subsíndica y 4 mujeres líde-
res, que hicieron una evaluación colectiva sobre la eficiencia del siste-
ma de alcantarillado en presencia de 1 epidemiólogo, 2 antropólogas
y 1 antropólogo. Una cuarta etapa fue realizada el mes de octubre del
año 2007, como resultado de una filmación para la elaboración de un
documental social requerido por la propia comunidad, que incluye
entrevistas a 27 moradores del barrio (15 mujeres y 12 hombres), 6
síndicos (5 hombres y 1 mujer), 1 mujer agente de salud y 1 enfermera
del centro de salud del propio barrio. Entre estos moradores había 8
que vivían en el área del barrio que no recibió ninguna intervención.




86 ORIOL ROMANÍ (ED.)


La construcción de la red de alcantarillado


Profundizar en el discurso sobre el proceso de construcción de una
infraestructura urbana permite reflexionar sobre las relaciones de po-
der internas y su vinculación con las fuerzas políticas e institucionales
en el desarrollo de la política local. Como las prácticas de clientelismo
político estructuran todo el juego democrático en el barrio de Nova
Constituinte, el valor de intercambio entre los votos y las infraestruc-
turas adquiere un valor simbólico central con el alcantarillado, por ser
una obra de gran impacto. El hecho de que los proyectos de mejoría
urbana (infraestructuras y servicios) se inicien normalmente en los
barrios periféricos en período electoral constituye un ejemplo de que
el rendimiento político es percibido por parte de la población como
previo al beneficio social finalmente alcanzado (Larrea-Killinger,
2003). Una obra de gran envergadura, como fue la construcción del
sistema de alcantarillado, movilizó votos al inicio de la obra e inten-
sificó las relaciones entre líderes, vecinos y candidatos a concejales,
mucho antes de que los pretendidos beneficios en salud e infraestruc-
tura llegaran. Esta movilización fue perdiendo intensidad después de
finalizada la obra y se desactivó cuando la puesta en funcionamiento
del sistema se retrasó.


¿La red de alcantarillado, una infraestructura poco visible al per-
manecer subterránea, podía llegar a tener suficiente rendimiento po-
lítico? ¿Qué percepción había entre los vecinos sobre los beneficios a
corto, medio y largo plazo del sistema de alcantarillado? ¿Cómo actua-
ron los vecinos durante el largo proceso de intervención del sistema
de alcantarillado?


El caso de la intervención del programa de saneamiento ambien-
tal Bahia Azul agrupó un conjunto de acciones para la mejoría de
abastecimiento de agua, alcantarillado, recogida de basuras y educa-
ción ambiental. De todas estas acciones la construcción de la red de
alcantarillado capitalizó los mayores recursos económicos y concen-
tró las opiniones más diversas. Como el beneficio iba a ser enorme, en
términos sanitarios y urbanísticos, al pasar de una cobertura del 26%
de la población al 80%, la obra fue motivo de grandes expectativas,
pero al mismo tiempo de grandes críticas. Se organizó una plataforma
popular de fiscalización social llamado Fórum de Controle Social que
denunciaba el desvío de recursos, el trabajo esclavo, la mala calidad




87ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


de los materiales, la falta de conclusión de algunos trechos de obra,
etc., de la constructora OAS y de otras empresas también relacionadas
(Borja y Moraes, 2011).


Al principio de la construcción, que comenzó en 1998, las opinio-
nes y acciones de la plataforma contrastaron con la euforia política
y económica que los principales medios de comunicación difundían
sobre esta gran inversión para beneficiar el desarrollo de las infraes-
tructuras, las mejorías de las condiciones en salud y ambientales, y la
atracción del turismo.


Los síndicos y subsíndicos del barrio que fueron entrevistados en
el año 2002, cuatro años después de la construcción de la red, eva-
luaron la eficacia de la misma teniendo en cuenta los trastornos que
estaban sufriendo en ese momento porque las previsiones iniciales
del año 2000 para que el sistema entrase en funcionamiento habían
sido aplazadas. En ese momento la red presentaba problemas de con-
servación. Eso incitaba a los vecinos desconfiar de las instituciones
públicas y a sospechar de la mala calidad de los materiales, por ser
pobres y vivir en una ocupación informal.


Gramsci (Crehan, 2004: 121-122), que consideraba que la cultura
subalterna estaba «históricamente a la defensiva», analizó cómo el sen-
tido de subordinación condicionaba a las clases subalternas el modo
particular de observar su mundo. El hecho de que los vecinos de este
barrio fueran grupos sociales marginales favorecía que las adminis-
traciones públicas y los políticos ejercieran sobre ellos su fuerza he-
gemónica no solamente por coerción y explotación económica, sino
también por el «consentimiento voluntario de los dominados». En las
relaciones de poder se observaba una interdependencia entre la fuer-
za de coerción directa y otra de consentimiento voluntario, pues los
intereses personales de los líderes y los intercambios de favores entre
ellos y la élite política local condicionaban las fortalezas y fragilidades
del consentimiento.


En opinión de este líder, el «consentimiento voluntario» de los
habitantes de Nova Constituinte en creer en el discurso ideológico
de las élites políticas locales sobre las mejorías del barrio fue coloca-
do en suspenso, tal como vemos en la siguiente narrativa. Aparece la
autoridad directa del Gobierno Federal como institución encargada
de la gestión de la obra.




88 ORIOL ROMANÍ (ED.)


O povo está cansado da demagogia de político. Chega aqui promete que
vai fazer e não faz. Agora perto da eleição cai todo o mundo encima. Cada
qual diz que mandou fazer. Ninguém mandou fazer nada... Quem fez foi o
próprio governo com dinheiro do Governo Federal (Pedro9, 2007).


A pesar de que los representantes políticos son quienes ejercen
la hegemonía social a partir del «consentimiento histórico» de las cla-
ses subalternas, la idea del Estado aparece en momentos de crisis de
autoridad. Que este líder observe el discurso de las élites políticas
locales como un instrumento de apropiación indebida de las reformas
urbanas significa que cuestiona la hegemonía de las élites políticas
locales y devuelve al Gobierno Federal su autoridad como ejecutor
directo de las reformas.


Los principales problemas detectados fueron la falta de cualifica-
ción de los trabajadores, la secuencia de la obra, los trastornos oca-
sionados durante el proceso de construcción, el lugar de colocación
de las alcantarillas y los pozos de visita (PV), los accidentes de los
vecinos por falta de señalización, el desperdicio de los tubos cuando
tenían que rehacer alguna parte de la red, así como el diámetro del
tubo; su menor dimensión, comparada con el utilizado para el abaste-
cimiento de agua, se consideraba que facilitaba la obstrucción. La falta
de drenaje pluvial y la recogida irregular de basuras proporcionaron
la infiltración de basura en la red, sobre todo durante la época de llu-
vias; se reventaron tubos y se desbordaron las alcantarillas. Todas estas
situaciones comprometieron y amenazaron la conservación de la red.


El resultado de estos trastornos y sufrimiento por la mala con-
servación de la obra era percibido, sobre todo, como consecuencia
del aplazamiento que Embasa había llevado a cabo sin previo aviso.
Las grandes expectativas iniciales fueron desapareciendo para algu-
nos vecinos, que ya habían perdido la esperanza y la paciencia. Esto
incidió en falta de colaboración y, en algunos casos, en destrucción
de la obra.


Olha, sinceramente, no começo foi muito bom, foi gratificante, a gente
participava das reuniões, estava tudo bem encaminhado, mas de repente
aquela coisa foi enfraquecendo, a gente via que já não tinha mais aquele


9 Todos los nombres originales fueron cambiados para mantener la privacidad de
los informantes.




89ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


interesse, começou a colocar as caixas, a botar os tubos. Vieram e de-
pois pararam por aí (refere-se a Embasa), não voltaram mais, deram o
caso como encerrado. Inclusive os próprios moradores não colaboram,
roubam os tubos. Aqui por baixo mesmo não tem mais nenhum, rouba-
ram todos. Então a gente foi criando aquela esperança.» Quando é que
vai ter de novo?» Não procuram as pessoas nem nada, nem telefone pra
contato. Aí a gente acabou, vamos dizer assim, desiludido, decepciona-
do com aquilo tudo que parecia tão bonito, uma coisa criativa, a gente
participava. De repente aquela coisa foi morrendo, morrendo e ficou no
que tá. Não vi mais nada, não se comenta mais nada, placas de Bahia Azul
destruídas. Agora eu vejo lá embaixo o pessoal dando um bom adianta-
mento na obra lá de Praia Grande, a Bacia de Periperi. Só vejo aquilo ali
com relação à periferia assim, lugares mais bem pobrezinhos, a coisa é
meia braba. Não estou vendo nada indo pra frente, tudo aí parado. Pelo
contrário, eu estou vendo é sumindo. As coisas das caixas o pessoal que-
bra, enfim (Marta, 2002).


La decepción de los vecinos al contemplar cómo una obra in-
conclusa y defectuosa causaba inundaciones y malos olores aumentó
con la falta de drenaje pluvial y la ausencia de pavimentación. La falta
de coordinación de las instituciones públicas a la hora de programar
acciones secuenciales de la infraestructura llevó a que en grandes
partes del barrio la red, las alcantarillas y los pozos de visita acabasen
aflorando expuestos a la rotura y obstrucciones.


La desconfianza y sospecha contra Embasa aumentaron cuando el
sistema fue aplazado sin que los síndicos llegaran a ser nunca informa-
dos. El proceso de construcción, demorado, ineficiente y de mala ca-
lidad, causó diversos accidentes. La obra acabó considerándose como
un mero fin lucrativo para las constructoras.


Eu sei, o que eu tenho a dizer, é que foi um desperdício de dinheiro.
Quem lucrou com isso foi as empresa que fez o serviço. A empresa que
fez o serviço, a empreiteira foi que fanou esse dinheiro aí, e deixou o aba-
caxi aí, pra amanha ou depois se existir uma nova verificação, ser novo
dinheiro gasto, pra fazer nova revisão. Eles faz uma obra mal feita hoje,
para reviver depois e ganhar outro dinheiro [...]. E como é que aqui, é
em diversos locais que foi passado esse Bahia Azul, muita gente se quei-
xa, muitos locais se queixam, muitos interiores que ela foi realizada, não
fizeram nada que preste (Moisés, 2002).




90 ORIOL ROMANÍ (ED.)


La percepción de que las obras mal hechas rinden más econó-
micamente era paralela a la idea de que la situación de pobreza en la
que se encontraban generaba un discurso utilizado como instrumen-
to de rendimiento político. El poder económico y político explotaban
estos barrios para continuar manteniendo la reproducción de su he-
gemonía. Como se observó anteriormente, la subalternidad ejercida
por la dominación de las élites políticas locales y el Gobierno Federal
colocaba a los vecinos de Nova Constituinte en un estado de subor-
dinación que llevaba, por un lado, a consentir las reformas percibidas
como positivas, y al mismo tiempo sospechar que el objetivo final de
esta intervención fuera la eficacia de reproducción de la hegemonía.


La formación del síndico para la conservación del sistema


En el año 1999 las trabajadoras sociales de Embasa llevaron una carta
de invitación para que los residentes asistieran a una reunión en la
que iban a escogerse, entre ellos mismos, los síndicos y subsíndicos.
El síndico era un morador voluntario, con preferencia líder del ba-
rrio, que tenía funciones de supervisión para la conservación de la
red. El subsíndico, también voluntario, contemplaba las funciones de
secretario y de sustitución en las reuniones en caso de ausencia del
síndico. Fueron invitados a participar durante 6 meses a un curso de
educación ambiental una vez al mes. El objetivo principal consistió
en explicar el programa de saneamiento ambiental Bahia Azul y en
facilitar estrategias formativas, educativas y comunicativas para que
los participantes actuasen como multiplicadores entre sus vecinos
con el fin de conservar el sistema de la red condominial y de que
aconsejasen a los moradores no tirar basura a la calle.


La resistencia inicial de los síndicos y subsíndicos en responsabi-
lizarse por el control de las conexiones y el mantenimiento de la red
a través del trabajo comunitario fue superada por los educadores me-
diante el uso del método pedagógico participativo. Este método esti-
muló tanto a los participantes que permitió abrir nuevas perspectivas
personales y experiencias de sociabilidad centradas en las amistades,
en el ocio y en la voluntad de volver a estudiar. Fue un curso bien
aceptado y gratificante.




91ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Agora de um objetivo eu gostei: fiquei dez anos sem estudar, a gente fazia
muita coisa de criatividade que ela ajudava a gente [...] E aí eu dizia assim
pra ela: «Ah, eu vou voltar», e ela dizia: «Meu marido não vai deixar eu
voltar pra sala de aula», mas a gente ficou empolgada, a gente ficou em-
polgada nesse negócio de Bahia Azul. Quando tinha Bahia Azul era um dia
tranqüilo. Todo mundo queria ir pra aprender mais um pouquinho, todo
mundo perguntava, ela botava as perguntas, dava uns folhetos, a gente
lia. «Hoje a gente vai fazer uma criatividade, hoje tem uma brincadeira»,
sempre uma coisa assim, mas dentro do assunto Bahia Azul. Ela explicou
onde é que a água ia chegar, que ia chegar até alto mar, e que ia ter aquela
filtração, ia passar pela bacia pra filtrar, separar toda a sujeira, o lixo e a
água ia correr normal. Aí só faltava a compreensão dos moradores pra
colaborarem. Aí depois teve uma reunião lá pra fazer o encerramento na
Escola Monteiro Lobato, a gente foi, foi uma maravilha! Teve até festival
de acarajé! Agora a gente fica com saudade dessas pessoas que foram
ótimas pessoas. A gente não vê mais. «[...] Ah voltei. Estive dez anos sem
estudar, retornei a estudar por causa do Bahia Azul. Que ela deu conselho
que a gente não parasse, se alguém tivesse algum objetivo, que corresse
atrás desse objetivo, e que não esquecesse (Marta, 2002).


Hubo problemas de información y canalización de las quejas, por
obstrucción de los PV y conexiones clandestinas; por la ausencia de
coordinación entre las instituciones relacionadas con el programa
Bahia Azul, así como por la falta de aplicación de los conocimientos
adquiridos en el curso de educación ambiental.


A Embasa diz que é com a Bahia Azul, a Bahia Azul não se acha mais. Eu
perguntei o pessoal daqui de uma obra e: «Ah, tá lá na Boca do Rio, foram
embora pra lá». A OAS saiu, entrou outra companhia, disse que ia melho-
rar, ia refazer o trabalho, mas ficaram poucos meses, foi embora pra Boca
do Rio e ficou tudo como está, tudo à toa, abandonado. Tem setor que já
está ligado aos esgotos por aí afora, em Periperi, mas aqui não, aqui nós
estamos abandonados em relação à Bahia Azul. De modo que eu peço
que volte a reparar o serviço, o que precisa ser feito, pra poder a rede de
esgoto funcionar. O que aconteceu foi que nosso curso ficou inválido!
Como é que pode trabalhar? Não tem como atuar. Eu andei em muitas
casas no setor que me pertence, como os panfletos orientados como ia
fazer, a parte deles, os cuidados após ligar, mas não adiantou nada. Está
o serviço parado. Aí eu quero que volte a melhorar, é isso que eu desejo
(Manuel, 2002).




92 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Después del curso de educación no hubo continuidad formativa
ni atención a los síndicos y subsíndicos sobre el programa de sanea-
miento Bahia Azul. Embasa nunca llamó para informar del aplaza-
miento ni para notificar sobre el inicio de las conexiones intradomi-
ciliares. El programa de formación de síndicos no tuvo continuidad.
Fueron totalmente olvidados por la compañía y rechazados por los
vecinos.


La resistencia a actuar como fiscalizadores tenía que ver con los
valores morales de respeto y privacidad que los síndicos mantenían
con sus vecinos. La costumbre de evitar entrar en el patio sin permi-
so, por tratarse de un espacio privado, inhibió a muchos síndicos a la
hora de inspeccionar la alcantarilla cuando estaba obstruida.


Muitos não aceitavam. Era difícil dialogar com eles e entrar em acordos e
dizer a eles o que favorecia. Muitos logo após começar a fazer a rede, co-
meçaram a interligar as suas casas nas redes (gerais). Coisas que não po-
dia fazer porque ainda não estava concluída. Entao se estorava esgoto em
qualquer lugar. Muitos também depois de estar funcionando o sistema
mesmo precariamente, tapavam, obstruíam, cimentavam. Não deixavam
que a aquela rede passasse pelo fundo dos seus quintais ou que passasse
por debaixo de suas casas. Muitas das redes passaram por debaixo de ca-
sas porque eles aceitaram que as redes passassem pelo fundo de suas ca-
sas, mas depois eles resolviam construir alguma coisa naquele lugar que
antes era vazio. O que acontece? A rede ficava restrita ali embaixo. Ficava
embutida. Nos não podíamos fazer inspeção. Eles não deixavam entrar
mais nos fundos dos quintais para inspecionar a rede. Não aceitavam a
forma em que estavam conduzidos aqueles trabalhos. Muitos têm suas
privações. «Tem suas coisas dentro de casa e não querem deixar pessoas
estranhas estar passando por dentro» (Luis, 2006).


La resistencia y falta de colaboración de los vecinos terminó ais-
lando completamente a los síndicos. Tuvieron en numerosas ocasio-
nes que optar por desobstruir las alcantarillas sin ayuda de los vecinos
y, por eso, la mayoría decidió abandonar esta función.




93ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


La conservación de la red antes de la entrada
de funcionamiento del sistema


La construcción del alcantarillado comenzó en el año 1998. Muchos
vecinos empezaron a conectarse en el año 2000, cuando la obra to-
davía no había sido liberada. Una gran mayoría no tuvo en cuenta las
recomendaciones que los síndicos hicieron para esperar a conectarse
cuando fueran avisados por Embasa. La conexión ilegal provocó quie-
bra de tubos y, en consecuencia, el derramamiento de aguas residuales
a través de las alcantarillas. Esto afectó, sobre todo, a las casas situadas
en las partes más bajas. En la red de alcantarillado se acumulaba basu-
ra (papel higiénico, absorbentes, restos de plásticos, etc.) por falta de
drenaje pluvial o porque la población la arrojaba directamente. Por
esa razón las alcantarillas, los tubos y los PV se rompían con frecuen-
cia, además de la persistencia de derramamiento constante de aguas
residuales. Esto provocó muchos conflictos entre los vecinos: hubo
peleas, cierre y destrucción de alcantarillas, desvíos de la red e incluso
cambios de casa debido a los problemas de inundaciones. En las áreas
más bajas del barrio había algunas calles donde el sistema continuaba
inconcluso y otras donde las inundaciones de alcantarillado aumenta-
ron por ser un sistema que actuaba por declive.


Concretamente se observaron cuatro tipos de soluciones reali-
zadas por los vecinos para afrontar esta situación: 1) colocación de
tubos alternativos a la red de alcantarillado, con ayuda de los políticos,
por robo, rotura o sustitución de tubos de mayor diámetro; 2) man-
tenimiento del desbroce en las cloacas a cielo abierto por parte de
los síndicos con el trabajo colectivo de algunos vecinos (mutirão);
3) acciones particulares de conservación de la red o a través de la
mutirão; 4) sellado de las alcantarillas con cemento para evitar la
acumulación de basura.


La situación se agravó por el robo de algunos tubos de alcanta-
rillado, que algunos vecinos trataron de evitar cimentando algunas
partes de calle para, de ese modo, dificultar su extracción. Todas esas
soluciones aumentaron el conflicto entre vecinos y elevaron los gas-
tos familiares para resolver estos problemas.




94 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Quer dizer, nós não estamos usando por causa que nós estamos apertado
pra colocar o vaso, pra poder utilizar e poder sair desse negócio aí, por-
que toda hora é um dinheiro e eu não tenho condição de dar dinheiro
todo dia não. Toda hora é dez, é vinte, é tubo, é isso é aquilo [...] E o rapaz
que pede as pessoas que está nessa linha aí, pra poder ajudar, pra poder
fazer outras coisa, melhorar, fazer o tampão, tampar direito pra não ficar
os menino destampando, pra não jogar lata, não jogar isso (Rosa, 2002).


Algunas personas se conectaron clandestinamente a la red de al-
cantarillado para beneficiarse particularmente del sistema. Esta prác-
tica también ocasionó muchos trastornos y peleas entre los vecinos.
Uno de los síndicos, que había sido perjudicado por la inundación
de aguas residuales delante de su casa, decidió colocar un tubo y ci-
mentar parte de la calle para evitar el robo de tubos; según una de las
subsíndicas, el síndico vivía el problema de esa manera. Esa experien-
cia era presentada como ejemplo de las dificultades que los síndicos
y subsíndicos tenían para relacionarse con la comunidad.


Só tem um vizinho que desce, aí quando ele abre a boca que fala, porque
a pessoa não vai ficar suportando fezes na porta dele. Ele está errado?
Ele diz mesmo, «eu não estou suportando mais: água, fezes, tudo aqui na
minha porta». Ele tá certo, a pessoa só sente quando passa pelo proble-
ma, quando nego não passa, por aquele problema acha que não é nada
demais não. Como ele diz: «pessoal tem muita falta de compreensão». Por
isso ele tá em reunião agora, para botar uma nova tubulação, porque ele
não quer mais na porta dele. Porque quando entope, só tem aqui o mari-
do de M., e o daqui ou se não, o menino que tá em casa, daquela casa ali,
que pega e desentope. Então são coisas que criam problemas. E não gosta
que ele fale, mas ele tem que falar mesmo. São coisas que... é por isso que
eu sempre disse, principalmente aqui você não pode falar. Eu dizia que ia
participar e ia. Eu gostei, mas eu imaginaria abrir a boca para dizer assim:
«O fulano cuide de sua caixa, pra não criar problema, transtorno pra ou-
tros vizinhos, que se a caixa estiver entupida vai prejudicar os vizinhos»,
mas aí é capaz de nego querer até bater, sabia? [...] Eu não fico de mal
com ninguém, eu não gosto disso. E nem gosto de ficar batendo boca
com vizinho, eu também não gosto disso porque cria confusão [...] Ela
deu até o telefone para contato. Eu dizia mesmo, que se dependesse de
mim, eu ia pra Embasa, mas eu falar? Eu tenho medo. [...] Eu vejo que mui-
ta besteira aqui cria problema, e eu não estou a fim de problema, porque
eu já tenho muito problema na minha vida. Ainda mais aqui que qualquer
coisa nego quer até matar! Eu não tenho minha vida pra tá perdida por aí




95ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


não, por causa de besteira que pode se resolver [...] Então eu acharia isso,
que devia ter pessoas competentes na Embasa para vir fazer a verificação,
porque eles sendo os próprios verificadores dentro da Embasa, ninguém
vai dizer nada, ninguém vai ofender ninguém, e fica tudo resolvido, por-
que sabe que é um cargo mais elevado, uma autoridade maior dentro da
Embasa, então fica tudo quites [...] (Maria, 2002).


El problema de inundación por aguas residuales se resolvió con
la ayuda de algunos vecinos, pues compraron parte de los tubos y el
resto lo consiguieron con ayuda de un político.


Las dificultades con la comunidad se resolvían de dos maneras
distintas: a través de la fiscalización de Embasa o a través de la unión
de los vecinos. Los que defendieron la primera opción opinaron lo
siguiente:


[...] O que deveria ser feito é uma verificação, ter uma fiscalização geral,
verificando onde é que tá os defeitos pra reconstruir alguns lugar que
esteja danificado. E isso que deveria ser feito, pelo contrário não tem mais
solução não. Eu acho. Deveria ser uma verificação pra tentar reconstruir
o que estiver danificado. E a única solução que deveria ser feita, que do
contrário não tem nada que dê certo (Paulo, 2002).


Los que defendían la segunda opción deseaban la unión de los
moradores para aliviar la constricción y el desespero por las obstruc-
ciones:


E essas pessoas que usam também roda e vira, entope lá embaixo, porque
jogam lixo à toa, não tem onde descer e aí chega lá embaixo e entope.
Aí começa aquele desespero, é gente brigando, discutindo, porque não
pode tá errado, mas uma decisão ninguém toma, ninguém toma a frente.
Porque até os próprios moradores poderiam se unir e comprar as tubu-
lações e fazer alguma coisa pelo menos pra aliviar. Mas ninguém faz isso.
Ficam esperando que caia do céu. Essas coisas não acontecem. Se a gente
não correr atrás, se não fizer pela gente mesmo, ninguém faz (Rosa, 2002).


Los síndicos adolecían de falta de autoridad frente a los vecinos
que se conectaban clandestinamente y se sentían impotentes y aban-
donados por la compañía a la hora de controlar la situación.




96 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Outro dia, o rapaz estava fazendo a ligação da casa dele, eu disse: O rapaz
—subindo aqui— como é que você estava fazendo a ligação da casa dele,
eu disse: «O rapaz- subindo aqui. Como é que o vê tá fazendo isso aí, rapaz,
não tem ordem de ligação», «Ah, me deixa em paz! Eu vou ligar minha
fossa aqui e não quero nem saber!» Aí subiu os dois rapaz que estavam fa-
zendo e falou para ele: «Rapaz, não pode ligar não», «Não pode por que?»,
«Por que não pode?», «Pode sim, já tá pronto o serviço e vou fazer», ligou e
foi se embora. Eles não voltaram mais pra ver nada, não reclamaram nada,
pronto, até hoje. Quando eu digo que foi um serviço que fizeram só para
constar, como eu vejo de vez em quando na televisão, falando sobre esse
dinheirão que foi gasto (Paulo, 2002).


En numerosas ocasiones, los síndicos se dedicaron a desembozar
las alcantarillas, con apenas ayuda de otro vecino.


[...] essa semana roçando o quintal aqui, eu mais o rapaz aí, abrimos, esta-
va entupido! Deu um trabalho danado para desentupir, Cheio de pacote,
de saco plástico com sujeira. Arranquei tudo, limpei tudo. Destampei a
outra, a outra estava seca, lá embaixo, que não passava nada! Quando eu
destampei a de cá e a de cá, foi que começou a correr a água para cair pra
lá. Estava entupido. A maioria entope aí pra cima, por onde passou a rede
entope aí, jogam a sujeira dentro e aí, pronto, entope [...] (Paulo, 2002).


En 2002, Embasa no había comenzado todavía las conexiones in-
tradomiciliares. El teléfono que dejaron para reclamaciones después
del curso estaba por lo general desconectado. Cuando por fin consi-
guieron avisar del problema de las conexiones ilegales esperaron a
que Embasa fuera a fiscalizar esa situación, pero nunca acudieron al
barrio. La falta de fiscalización de la compañía aumentó los proble-
mas entre síndicos y vecinos. A veces los síndicos fueron concebidos
como fiscalizadores y acusados de percibir dinero de Embasa.


A raíz del aumento de las conexiones clandestinas y de robos la
conservación del sistema se vio comprometida. Además, como una
parte del barrio carecía de red los problemas se multiplicaron.


Fizeram a tubulação, fizeram caixa. Aqui mesmo eu destampei três caixas
essa que estavam entupidas. Eu tenho três caixas aqui na minha área do
quintal e tá tudo entupida. Como tá os PV e outras coisas aí, tudo entupi-
da. Os PV, chega chorar de tão entupido que está, que não tem ainda as...
ainda não despede pra usina —que eles diz que é a usina acolhedora—,




97ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


ainda não está funcionando essas usinas que eles fizeram aqui. Em Peri-
peri tem uma, não sei aonde mais tem outras aí, e isso não tá funcionando
ainda. Só faz o dinheiro gasto da Nação. Só foi mais o prejuízo. O povo
usa, mas não conserva. Não há uma conservação, não tem conservação.
Se houvesse conservação, tinha que ter uma... verificar as caixas que tão
entupida, fazer uma limpeza, botar o carro tanque pra fazer o evacuamen-
to das coisas. A maioria tá tudo entupido por aí.


E você acha por que entope? (investigadora).
Falta de cuidado [...] É, falta de cuidado do povo, dos mandantes, dos


chefes, dos encarregados que hoje são responsável por essa... por esse
tanto dinheiro gasto e não tá sendo beneficiado, não há um benefício.
Não há uma verificação se estão funcionando. Se não ligaram nada ain-
da? Nunca foram ligadas as coisas, as obrigatoriamente permitidas, pra
chegar no setor permitido pra ir pra lugar determinado. A ligação de-
terminada não tão funcionando. Tem uma caixa lá embaixo que nunca
termina o serviço. Nunca foi chegado determinado dia de dizer: «Bahia
Azul vai fazer a verificação se tá todo mundo, se tá funcionando, se tá
servindo aos moradores». Tudo entupido aí, tudo... a maioria das caixa
já quebraram tudo, já jogaram as tampa fora, tudo dinheiro perdido que
fizeram, uma tapeação pro povo. Isso é uma tapeação que fizeram pro
povo (Paulo, 2002).


La falta de responsabilidad de la compañía y de los vecinos a la
hora de conservar el sistema incidió en la economía familiar e inten-
sificó nuevos conflictos sociales. El síndico se sentía impotente para
superar esa situación y los vecinos buscaban soluciones alternativas a
los problemas de falta de conservación.


Las conexiones intradomiciliares


Antes de la entrada en funcionamiento del sistema había cloacas lle-
nas de basuras, aguas residuales y pluviales que corrían por todo el
barrio. La situación era muy diversa y compleja. Los vecinos arrojaban
las aguas residuales en cualquier lugar, aunque eran más cuidadosos
con las heces, que enrollaban en sacos de plástico (fazer balão) y
colocaban en vertederos clandestinos. Quienes poseían sanitario op-
taban por abrir una fosa, pero en caso de inundación, o del propio
mantenimiento de la fosa, preferían colocar un tubo que condujese
las aguas a las cloacas. También había quienes preferían arrojar las
aguas fecales directamente a las cloacas.




98 ORIOL ROMANÍ (ED.)


En el año 2003 comenzaron las conexiones intradomiciliares. En
ese mismo año se construyó el centro de salud, se implantó el Pro-
grama de Saúde da Família (PSF) y se instalaron los contenedores
de basura. Embasa facilitó la instalación de tubos desde el sanitario
hasta la red condominial a través del trabajo de un técnico, cuyo co-
bro se realizaba a posteriori a través de una tasa parcelada en los
recibos de agua. Los vecinos también podían realizar particularmente
la instalación, teniendo solamente que avisar a Embasa para incluir el
domicilio como beneficiado del sistema y, de ese modo, la compañía
podía aumentar la tasa de alcantarillado en el recibo de agua (45% red
condominial y 80% red convencional). Algunos vecinos que no tenían
sanitario optaron por comprarlo y hacer la instalación. Otros, simple-
mente, rechazaron hacerla por no disponer de los recursos necesarios
para la compra de la taza, o, simplemente, porque la red estaba embo-
zada delante de su casa. Otros se sintieron amenazados por la compa-
ñía cuando Embasa comenzó a enviar cartas avisando a los vecinos de
la necesidad de conectarse, ya que en caso contrario se aplicaría la ley
de conexión obligatoria y, por lo tanto, una vez canalizada la denuncia
al CRA (Centro de Recursos Ambientales) podría empezar a cobrarse
la tarifa de alcantarillado. Ese vecino recibió una carta en la que era
alertado de que si no se conectaba en el plazo establecido tendría que
pagar una multa o sufrir el corte de suministro de agua.


Me deram um comunicado para que eu ligasse o esgoto dentro do prazo
que estava estabelecido senão eu iria ser penalizado com uma multa ou
até a suspensão da água, mas de ahi para. Ca eu fiz minha ligação e não
apareceram mais. Muitos reclaman dos valores que pagam, entendeu? A
água ela é cobrada como esgoto. Toda água de banho, de pia, de roupa.
Toda água consumida ela é computada como esgoto, entendeu? Esse va-
lor é cobrado do 40% ao 80% de acordo ao bairro, de acordo a classe das
pessoas. Classe média alta, entendeu? Como aqui é um bairro que é con-
siderado de baixa renda a cobrança é menor (Miguel, 2007).


Todas estas diversas opciones provocaron efectos urbanísticos va-
riados. Los vecinos que optaron por la propia instalación utilizaron un
diámetro mayor de tubo que el utilizado por Embasa. Hubo algunos
que optaron por dejar la instalación superficial en el tramo que va
del patio hasta la alcantarilla. Embasa se encontró con que muchas
alcantarillas estaban anuladas porque la gente había ampliado sus ca-




99ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


sas en el lugar en que fue colocada previamente la alcantarilla, por lo
que la inspección y colocación de la red intradomiciliar resultaban
imposibles.


Aquellos vecinos con mejores condiciones, que tenían un lavabo
con cerámica en el suelo, optaron por conectar el tubo ellos mismos
para evitar que lo hiciera la compañía. Embasa rompía el azulejo y
colocaba uno distinto. Esta situación provocó muchas quejas de los
vecinos contra la compañía.


Embasa fue también responsable de la mala calidad de los mate-
riales, de obras inconclusas y de la falta de fiscalización para la con-
servación de la red antes de iniciar el sistema. Casos graves de dete-
rioro llevaron a que las aguas residuales hicieran reflujo en el lavabo
e inundaran la casa de heces. Como en el caso de Vilma, tal como fue
relatado por ella misma:


O banheiro foi o seguinte: choveu e as águas da outra rua desceram e
entupiram a caixa de esgoto. Entao a água retornou por dentro do vaso
e do vaso saiu adentro de casa. Alagou a casa toda. Quando eu cheguei
da rua a casa estava toda alagada com fezes da caixa porque não voltou
e estava dentro todo de casa. A Bahia Azul fez assim essa caixa aí, mas eu
achei que foi uma caixa mal feita (Vilma, 2007).


El paisaje urbano ofrecía una variada trama de situaciones: tubos
aéreos, alcantarillas rotas y embutidas, PV desbordados. La falta de pa-
vimentación y la recogida irregular de basura facilitaban ese desolador
escenario. La queja por el mal olor, a causa de la falta de aislamiento de
las alcantarillas, era constante, lo que llevó a que algunos moradores,
para sofocar el mal olor, colocaran dos tapas de cemento juntas. En
caso de hedor constante e insoportable optaban por cimentar la tapa
de la alcantarilla. Múltiples insectos, como mosquitos y cucarachas, así
como ratas, aumentaron con la mezcla de basura y aguas residuales.


A partir del año 2003 el servicio de limpieza urbana mejoró, ya
que se colocaron contenedores y el servicio de recogida pasó a te-
ner frecuencia diaria. Los vecinos depositaban las bolsas de basura en
las esquinas de las calles colindantes con la vía principal a la espera
del camión. Esa mejora parcial quedaba comprometida por el tiempo
transcurrido entre que se dejaba la bolsa en la calle y el camión de la
basura pasaba. A menudo, durante las horas transcurridas los perros




100 ORIOL ROMANÍ (ED.)


hurgaban y rompían las bolsas, desparramando basuras por todas par-
tes. En el año 2010 fue asfaltada la calle principal, como programa in-
cluido dentro del Programa de Aceleração do Crescimento (PAC). La
pavimentación fue acompañada de la reforma de la red central para
que el barrio mejorase en su conjunto.


Durante el período de las conexiones intradomiciliares hubo al-
gunos líderes que recibieron tubos de los políticos para cambiar los
existentes y ayudar a hacer la conexión. La mayoría usó la opción de
Embasa para realizar esta conexión. Al poco tiempo de iniciarse la
campaña de conexión intradomiciliar hubo un programa de distribu-
ción de inodoros (tazas sanitarias, picas, conexión, etc.) que benefició
aproximadamente a 150 domicilios. Esta campaña institucional fue
gestionada por el centro de salud de Nova Constituinte y fue garanti-
zada por los agentes de salud comunitaria.


Al haber dos áreas beneficiadas, diferenciadas por el tipo de es-
tado de conservación del sistema, los vecinos situados en las calles
más elevadas tenían menos problemas de mantenimiento que los que
vivían en áreas más bajas, pues sufrían inundaciones constantes de
aguas residuales. El servicio funcionaba bien para quienes se encon-
traban cerca de la vía principal, ya que entonces el camión de Embasa
podía acceder para desobstruir las redes. Sin embargo, los que vivían
en las áreas más afectadas se quejaban de que la compañía tardaba en-
tre una y dos semanas en realizar el servicio. El mal olor y la presencia
de mezcla de heces y basura en las alcantarillas eran en esa área más
intensos.


Llegó a formarse un barranco de más de 5 metros de profundidad
en una de las calles que recibía un fuerte caudal de agua, tanto pluvial
como residual. Debido al aumento de erosión las casas estaban en
riesgo de derrumbe. Un improvisado puente de madera conectaba los
dos lados de la calle, aunque no evitaba accidentes a los habitantes.
En opinión de uno de los afectados, el origen del barranco fue con-
secuencia de la obra del Bahia Azul, al aumentar el caudal de agua
pluvial y residual:


Antes do Bahia Azul tinha um pequeno esgoto não muito fundo. Agora
porém quando chove a água tomou um rumo só e então se transformou
nessa cratera. Nos termos que abandonar nossas casas. Inclusive tem vá-
rias casas aí que, 4 ou 5 casas aí que já foram abandonadas pelos morado-
res por causa do risco de cair no buraco (Damião, 2007).




101ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Aparte del origen de este barranco hubo otro problema mayor,
que fue el aumento del caudal del riachuelo que desembocaba en el
río Paraguarí, situado en la frontera del barrio de Nova Constituinte
y Barreiro. En esa confluencia la fuerza de las aguas era más fuerte
porque se unían las pluviales con las residuales mezcladas de basura.


El mantenimiento de la red de alcantarillado


Antes de la construcción de la red de alcantarillado y del inicio del
sistema, la mayoría de los habitantes del barrio usaba el balão para
depositar las heces. La falta de fosas y sanitarios facilitaba que las per-
sonas envolvieran las heces en bolsas de plásticos y que las deposita-
ran en vertederos clandestinos o terrenos yermos, e incluso que las
enterrasen.


Cuando el sistema empezó a entrar en funcionamiento los pro-
blemas aumentaron. Inundaciones de aguas residuales invadieron las
casas más bajas, diversos PV se desbordaron por exceso de agua y
basura, y muchas alcantarillas reventaron por la mezcla de aguas resi-
duales, pluviales y basura. Los vecinos asumieron diversas soluciones,
como anular las alcantarillas para no tener que recibir alcantarillado
de los vecinos y conectar la propia red a la red convencional situa-
da en la calle principal. Evitaron la red condominial, sustituyeron los
tubos de Embasa por otros de mayor diámetro y realizaron mutirão
para arreglar el servicio que la compañía no hacía.


En diversas calles confluía el sistema de red condominial con la
presencia de cloacas. Había casas que utilizaban la red y otras que no
en un mismo trecho de calle, lo que provocaba mayores conflictos en-
tre los vecinos. El mal olor continuaba persistiendo, y llegaba incluso
a que algunas familias tomaran la decisión de desestimar la conexión.
El afloramiento de alcantarillas, PV y tubos era chocante en la mayo-
ría de calles con mayor erosión. La falta de pavimento y red pluvial
facilitaron un deterioro más acelerado del sistema. Los vecinos tenían
que estar arreglando constantemente el sistema. Esta situación fue
empeorando durante el transcurso del tiempo.


En el año 2007 la mala conservación del sistema había empeora-
do. Los vecinos tuvieron que recurrir a la mutirão varias veces para
arreglar problemas de la red, después de haber avisado a Embasa sin
recibir respuesta. Estos trabajos colectivos solían hacerse un día de




102 ORIOL ROMANÍ (ED.)


domingo o festivo. La actividad era liderada por un responsable de
recoger dinero entre los vecinos para la compra de comida y bebi-
da, distribuidos entre todos los voluntarios. Con el mismo dinero se
compraba parte de los materiales y el resto se trataba de conseguir a
través de la solicitud de dinero a concejales y candidatos locales.


En el año 2010 el sistema había mejorado a causa de la pavimen-
tación de la calle principal y las reformas de la red de alcantarillado y
drenaje pluvial parcial del río Paraguarí. Todavía faltaba arreglar el sis-
tema en su totalidad y, sobre todo, finalizar el drenaje del río en el área
más baja que colindaba con el barrio de Barreiro. Conflictos entre el
Ayuntamiento y el Estado de Bahía en el proceso de indemnización
de casas eran los que estaban comprometiendo la continuidad de la
obra. Estas mejorías contrastaban con el olvido que las instituciones
hicieron con parte del barrio donde entró el saneamiento básico. Eso
provocó que los vecinos de esa área percibieran que estaban en peo-
res condiciones que sus vecinos.


La zona del barrio sin saneamiento


En el área sin saneamiento los vecinos percibían que estaban siendo
más perjudicados por no haber recibido la intervención de la obra.
Aparte de que no existían diferencias significativas entre el área bene-
ficiada con problemas y el área sin saneamiento, los últimos sentían el
olvido de las instituciones y percibían que no llegarían a contemplar
otros beneficios urbanísticos. La percepción de que la falta de infraes-
tructura los excluía del barrio más de lo que ellos estaban en realidad
no solo era sentida, sino también manifestada por los vecinos del área
no saneada. Esta desigualdad interna se intensificó con una interven-
ción externa, como fue la obra de alcantarillado.


En el año 2007 existían vecinos que consideraban que habían
empeorado sus condiciones cuando se comparaban con el otro lado
del barrio, y otros que opinaban que continuaba del mismo modo.


Aqui a situação é muito crítica porque não tem saneamento básico. Não
tem rede de esgoto. Todo é pelo meio da rua. Eu quero melhoramento.
Os vizinhos ficam num sufoco danado. Ai tem uma boca de lobo e a água
sobe muito. Não tem como passar de jeito nenhum. O pessoal fica se sa-
crificando e fica passando por dentro da água. O nível de água que desce
é muito e fica muito alto (Ana, 2007).




103ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Cada dia que passa está ficando cada vez mais (pior). Antes era uma pa-
lafita, era um aterro, mas depois disso era normal. Depois de 10 anos co-
meçou inundação de água crescendo cada vez mais e as casas agravando
cada vez mais chegando a essa situação de entrar até as 80 centímetros
de água em cada casa de aqui, tanto nessa minha como nas dos vizinhos
próximos (Luiza, 2007).


Mientras los vecinos situados en las zonas más bajas culpaban a
la falta de saneamiento como causa principal de los riesgos de inun-
dación, los habitantes que vivían en casas emplazadas en lugares más
altos y de menor riesgo de inundaciones se quejaban del aumento
de contaminación. En ambos casos, la percepción de que la falta de
infraestructura urbana estaba relacionada con el abandono institucio-
nal intensificaba la imagen de una exclusión social en crecimiento.
Cuando los vecinos sin saneamiento se comparaban con otras áreas y
barrios próximos beneficiados por el sistema observaron que seguían
empeorando.


A Embasa faz todos os esgotamentos sanitários que vem de la dos conjun-
tos de Vista Alegra que agora está jogando no rio, mas esse rio era tinha
peixe, tinha várias coisas. O pessoal pescava, as crianças andavam por
dentro dele e hoje em dia se encontra assim cheio de lixo. Aqui muitas
pessoas se adoecem com essa tal da dengue. Muita muriçoca. De noite
a pessoa não agüenta dormir nem nada por causa do rio (Miguel, 2007).


Quando cheguei aqui não tinha água encanada, não tinha reservatório,
não tinha nada disso. Ai a gente tinha que buscar água na fonte. Tinha
uma fonte de água limpa ai. Tinha que lavar todo no balde e jogava nes-
se rio ai. Fezes, a gente fazia no saco tipo um balão e jogava embaixo
também, mas agora fez o banheiro e mais continua jogando embaixo
também porque não tem rede de esgoto. Ainda não chegou saneamento
básico na nossa rua e continua fazendo todo e jogando no rio a água do
banheiro, água da pia, água de banho. Qualquer água de escoamento cai
no rio (Denise, 2007).


De ese modo, una intervención que mejoró las condiciones so-
ciales y de salud en el área opuesta del barrio, a pesar de ser parcial
e insuficiente, era percibida por los no beneficiados de un mismo
espacio social como un mecanismo de exclusión interna. El límite
espacial que separaba a unos y a otros (calles, acceso, proximidad al




104 ORIOL ROMANÍ (ED.)


río) se sumaba a una nueva frontera social: los beneficiados y no bene-
ficiados del alcantarillado. Diversos cambios que acompañaban a esa
intervención (aumento del precio del inmueble, nuevas infraestruc-
turas, desarrollo de pequeños comercios, etc.) eran percibidos como
una antesala a nuevas formas de exclusión social.


Saneamiento y salud


Las deplorables condiciones higiénicas de las calles contrastaban con
el cuidado en la higiene personal. A pesar de la irregularidad del su-
ministro de agua potable, las personas se organizaron para la recogida
y almacenamiento de agua en toneles y vasijas para garantizar la or-
ganización de las actividades domésticas, la alimentación y la higiene.
Las personas del barrio eran conscientes de las miserables condicio-
nes sanitarias en las que vivían y conocían los mecanismos infeccio-
sos que vinculaban la falta de saneamiento a la presencia de enferme-
dades infecciosas. Las enfermedades directamente ocasionadas por
la contaminación, como las diarreas y las enfermedades respiratorias,
eran frecuentes entre los niños.


Durante la etnografía se pudo constatar que los discursos sobre
los conocimientos no se correspondían con las acciones desarrolla-
das en la vida cotidiana. Por ejemplo, reconocer que pisar basura era
una actividad peligrosa para el niño no significaba que el niño dejase
de jugar descalzo por la calle. Diversos factores podrían explicar por
qué el niño continuaba jugando descalzo. Al observar mejor cómo y
cuándo jugaba, vimos que dependía del modo en que la madre cla-
sificaba los distintos niveles de riesgo de esa práctica a la hora de
contraer una enfermedad. Las basuras en terrenos yermos y distantes
de la casa eran consideradas más peligrosas que las depositadas en la
calle delante de casa. Así, las diferencias entre la construcción social
del espacio privado y público se tuvieron en cuenta en el proceso de
interpretación de los significados de la basura10 (Rego et alii, 2002).


10 La percepción social del espacio privado era mucho más compleja y no podía
restringirse solamente al domicilio. La calle de delante de casa u otros espacios del
barrio eran lugares permitidos para que los niños jugasen, ya que había una dimensión
simbólica privada mucho más extensa que la pública. Las diferencias convencionales




105ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Los comportamientos de los niños eran factores que las madres
atribuían como causa de la diarrea infantil, sobre todo el andar descal-
zo. Las mujeres se referían muchas veces a la relación de andar descal-
zo y pegar vermes (gusanos), pero el reconocimiento de esto no se
corresponde con la práctica. Andar descalzo era más una costumbre
extendida entre todas las clases sociales en Salvador que un hábito hi-
giénico, a pesar de reconocerse los peligros de ese comportamiento.
Ir calzado era un hábito social practicado cuando el niño tenía que ir
al médico o a visitar a algún pariente fuera del barrio. La parasitosis
(verminosis) era la principal enfermedad atribuida a ese comporta-
miento y la diarrea el principal síntoma. Además del comportamiento
de los niños existe otro comportamiento, que se refería al cuidado
que los niños reciben de los adultos.


La suciedad y el mal olor constituían mecanismos de transmisión
de las enfermedades infecciosas y la base de su sistema clasificatorio.
Una enfermedad como el dengue, originada por los huevos de los
mosquitos aedes aegypti depositados en aguas limpias —cuestión
bien conocida por las mujeres—, era percibida como una enfermedad
más grave cuando los huevos se colocaban en agua sucia o cuando
el mosquito portador había pasado cerca de una cloaca. Cuanta más
suciedad y basura se acumulara en el barrio mayor era la percepción
de que las enfermedades podían llegar a ser más virulentas. La presen-
cia de ratas, cucarachas, mosquitos y serpientes contribuía a que los
vecinos percibiesen la contaminación como uno de los principales
elementos causales de las enfermedades infecciosas.


Durante la primera fase de investigación (1997-1998) las enfer-
medades diarreicas entre los niños eran más frecuentes. La mayoría
sufrió alguna vez episodios de diarrea. Muchas madres habían tenido
la experiencia de la muerte de algún hijo propio en el pasado o el
recuerdo de algún niño vecino fallecido por diarrea (Nations y Re-
bhun, 1988). A la diarrea se la consideraba un síndrome, y el cuerpo
el principio simbólico generador de significados. Diversos síntomas
que acompañan a la diarrea pudieron asociarse a otras enfermedades,
como catarro, fiebre, gripe o asma. Las madres priorizaban unos sín-
tomas sobre otros sobre la base de criterios jerárquicos, según mayor


entre espacio privado y público no fueron útiles al inicio de la investigación epide-
miológica, lo que llevó a desarrollar el concepto de peridomicilio (Rego et alii, 2002).




106 ORIOL ROMANÍ (ED.)


o menor gravedad, que se identificaban a partir de los cambios que
presentaba el cuerpo del niño. Las enfermedades relacionadas con
la diarrea eran las parasitosis, las infecciones intestinales y el vento
caído (vientre caído), esta última una enfermedad cuyo tratamiento
por una terapeuta popular (rezadeira) era particularmente habitual
en el ámbito infantil.


Las mujeres diferenciaban la diarrea de la infección intestinal. La
diarrea es un síndrome relacionado con el crecimiento normal del
niño (nacimiento de los dientes), los problemas de alimentación
(modo de preparación, suministro y conservación), las condiciones
climáticas severas (exceso de calor), la falta de condiciones de in-
fraestructura urbana (basura desparramada al aire libre y falta de al-
cantarillado) y el comportamiento de los niños vinculado a las malas
condiciones urbanas (andar descalzo y jugar en la basura, etc.). La
transmisión de esta enfermedad se percibe como infecciosa. Para los
informantes, la infección procede principalmente de los alimentos, de
la presencia de mal olor de basura y aguas residuales, y de vectores
como los parásitos (gusanos). La diarrea es una enfermedad social, ya
que tiene que ver principalmente con las condiciones económicas y
los problemas de infraestructura urbana.


La diarrea no es contagiosa, pues no puede pasar de un niño a
otro si no está en contacto con el principio que la provoca, sea la su-
ciedad o la infección. La diarrea «não se pega», sino que se «transmite».
La dimensión infecciosa se puede constatar en la mayoría de narra-
tivas a través de la noción de suciedad y contaminación. Las causas
más atribuidas por las mujeres son los cambios que el cuerpo sufre a
través de la ingestión de alimentos estropeados o debido a la exposi-
ción a un ambiente contaminado por las aguas residuales y la basura.
La percepción olfativa desempeña un papel fundamental cuando se
identifica la presencia de suciedad y de contaminación.


El ambiente constituye un factor importante, entre otros, para ex-
plicar el origen de la mayoría de diarreas infantiles. Las narrativas que
se refieren a ese factor se pueden organizar en tres grupos: uno rela-
tivo al clima caluroso que provoca la deshidratación del cuerpo, otro
sobre los efectos de beber agua contaminada, y por último, otro sobre
la presencia de aguas residuales y basura. Las enfermedades provoca-
das por la contaminación del medio ambiente tienen la particularidad
de detectarse por el mal olor y por la mayor presencia de mosquitos
y ratas.




107ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


— Existem doenças provocadas assim por o lixo? (investigadora)
— Existe sim! A diarréia, não é? Tem um tipo de diarréia que é pro-


vocado porque em tudo que acumula joga lixo a toa se dá muita mosca,
mosquito. Ai a lama faz infiltração na própria rede de esgoto. Quanto
tubo não tem aqui descolado! Aqui tem vários tubos descolados da Em-
basa. Então em tudo que se ajunta lixo e joga em lugar não adequado e
que se empoça a lama, claro que vai trazer complicação, sem dúvidas.


— Como é a diarréia provocada pelo lixo?
— [...] da bactéria é com febre, é tipo uma infecção, e tem muita... é


febre. A criança fica muito inquieta sentido cólicas.
— E diferente das outras diarréias? (investigadora)
— Eu não sei como ela é em si, a cor, a maneira como fica as fezes da


criança porque graças a Deus a minha casa nunca houve, mas eu conhe-
ço pessoas... «A semana passada morreu um menino no Caribé (hospital
do subúrbio), com esse tipo de diarréia e é da Fazenda Coutos» (Joana,
1998).


Entre los años 2003 y 2004 las mujeres entrevistadas considera-
ron la diarrea infantil como una enfermedad leve relacionada prin-
cipalmente con el nacimiento de los dientes, el clima caluroso y los
problemas de alimentación. La mayor presencia de enfermedades
respiratorias, como neumonía, gripe y cansaço, antecedieron en im-
portancia las enfermedades de piel (catapora y micosis). Contrastó
la presencia de este tipo de enfermedades con la diarrea vinculada al
nacimiento de los dientes. A pesar de que no se observaron diferen-
cias entre el conocimiento (sistema de clasificación, síntomas) y los
tratamientos de diarrea antes y después de la intervención, menor fue
la experiencia sobre la morbilidad y mortalidad en diarrea. Un aumen-
to de la causalidad atribuida a las malas condiciones de conservación
de los alimentos, al comparar con el período anterior, representaba
una mejoría relativa de las condiciones socioeconómicas. En la zona
sin saneamiento las malas condiciones higiénicas continuaban siendo
la principal causa de las enfermedades.


Antes da dengue houve a diarréia. Eles (meus filhos) tinham muito pro-
blema de diarréia antes de fazer o banheiro porque as vezes eles defeca-
vam por trás da casa. A gente limpava, mas não ficava tão limpo quanto
no banheiro e aí eles iam pisando tendo contato com coisas e botando
na boca. Ai provocava a doença, a sujeira (Denise, 2007).




108 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Años después de la intervención, la enfermera del centro de salud
de Nova Constituinte explicó, en una entrevista concedida para la
realización del video, que una disminución de la diarrea estaba vincu-
lada a la introducción del saneamiento básico, a la capacitación de las
agentes comunitarias en educación para la salud, y a la desaparición
de los vertederos clandestinos en el interior del barrio. Se acordaba de
que antes muchos niños morían por diarrea y desnutrición, opinión
compartida por una agente comunitaria que también fue entrevistada.
Esa percepción coincidía en parte con los resultados epidemiológicos
(Barreto et alii, 2007), que mostraron que en general la prevalencia
de diarrea infantil cayó un 33% y el de los parásitos intestinales un
50%. Las mujeres entrevistadas percibieron que las diarreas infantiles
habían disminuido, mientras que las enfermedades de la piel habían
aumentado. La causalidad ambiental que vinculaba la falta de sanea-
miento a las diarreas era bien conocida pero no exclusiva del univer-
so clasificatorio.


A modo de conclusión


En un principio, las personas percibieron la construcción del sistema
de alcantarillado como una obra de propaganda política basada en
programas de mejoría urbana. El malestar por las obras a causa de
accidentes, exceso de barro en las calles y colocación de tubos, alcan-
tarillas y PV sin información previa a los vecinos, condujo a percibir la
obra como una intervención problemática y poco efectiva. Años des-
pués de la instalación, cuando los problemas de conservación aumen-
taron debido a la demora de la entrada en funcionamiento del sistema,
conexiones ilegales y robos, los tubos comenzaron a romperse y las
alcantarillas y los PV a estropearse. Diversas quejas y conflictos entre
vecinos convirtieron la obra en un problema que enfrentó a síndicos
y habitantes, e incluso algunos vecinos tuvieron que cambiarse de
casa a causa de inundaciones excesivas por obstrucción de la red de
alcantarillado.


Las conexiones intradomiciliares dieron inicio a una nueva etapa.
Hubo, por primera vez, la oportunidad de beneficiarse de una inter-
vención que llevaba años acabada y que solamente había acarreado
problemas de conservación. Diversas resistencias contra las conexio-
nes se produjeron al inicio por recelo a causa del aumento de los




109ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


recibos de agua, el incremento de la tasa de conexión y la falta de
interés por la ausencia de sanitario. Sin embargo, las conexiones vin-
culaban el mundo de la casa con el espacio de la calle, así como las
casas entre sí, por la interconexión de las redes condominiales, lo que
simbolizaba una tela subterránea de vinculaciones sociales sujetas a
la eliminación de suciedad.


La percepción de la obra era positiva cuando la evacuación de
suciedad era eficaz, pero cuando afloraban tubos y las alcantarillas
y PV derramaban aguas residuales el alcantarillado, la obra pasaba a
estar mal valorada. El hedor era insoportable y las aguas invadían las
casas más bajas en época de lluvias. Aunque la intolerancia era mayor
dentro de la casa, donde el orden moral residía en la higiene de los
cuerpos, existía un vínculo entre la calle y la casa a través del hedor
y la invasión de aguas residuales. Cuando la calle entraba dentro de
casa, las quejas y acciones de resistencia eran más contundentes.


Por otro lado, la interconexión entre redes vecinales causaba re-
sistencias cuando las relaciones entre vecinos no eran muy fluidas. La
falta de limpieza y la obstrucción de alcantarillas reventaban las redes
y producía trastornos entre los vecinos. El programa Bahia Azul, que
incluía la participación social a través de la limpieza de las alcanta-
rillas, generó conflictos graves por parte de los vecinos. Muchos de
ellos no se sentían responsables de limpiar las alcantarillas que reci-
bían basura y heces de sus vecinos, lo que empujó a cimentar alcan-
tarillas y desviar tubos a la red convencional que pasaba por la calle
principal.


En las calles sin problemas de conservación y afloramiento de la
red de alcantarillado hubo una mejoría notable de su estado general.
Desaparecieron las cloacas y el hedor. Los vecinos conservaron mejor
el sistema y cuidaron el estado de la calle. La introducción del sanita-
rio fue poco a poco extendiéndose entre las familias del barrio. Por
ejemplo, en el área saneada sin problemas la mayoría de los vecinos
introdujo lavabos en sus casas y contribuyó a la conservación de la
calle.


La producción de discursos que asociaban la experiencia de las
enfermedades infecciosas infantiles con la falta de saneamiento fue
resaltada con mayor profusión cuando la ineficacia del sistema era
más sentida, vivida, experimentada. El aumento de una percepción de
desorden de las condiciones «normales» del estado de las calles, como




110 ORIOL ROMANÍ (ED.)


el exceso de alcantarillado desbordado de las alcantarillas y PV, junto
al aumento de basura en época de lluvias y de hedor por los proble-
mas de conservación, intensificó la sensación de peligro del riesgo de
contaminación.


La vinculación entre la salud y el saneamiento no puede estudiar-
se de forma aislada y separada de otros aspectos de la vida social que
ayudan a tener una mayor comprensión del modo en que los actores
sociales relacionan la vida económica, política y social con el universo
de clasificación, transmisión y tratamiento de las enfermedades. Para
evaluar cualitativamente una intervención en salud es importante lle-
var a cabo etnografías intensivas y en colaboración que analicen todo
el proceso de desarrollo del sistema y sus efectos en las acciones y
conocimientos relacionados con las transformaciones que representa.
Por eso, proponemos continuar con estudios de evaluación cualitati-
va de larga duración que se centren en el análisis de discursos y prác-
ticas sociales para contribuir a una mejor comprensión de los efectos
de intervenciones en salud pública y ambiental.


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TRABAJO DE CAMPO
EN COMUNIDADES VIRTUALES PRO SELF-HARM


Lina Cristina Casadó i Marín
Departamento de Enfermería, Universitat Rovira i Virgili


linacristina�casado@urv�cat


Resumen: El presente artículo surge de la necesidad de reflexionar
sobre cuestiones de tipo metodológico y epistemológico con las que
he tenido que lidiar durante el trabajo de campo en comunida-
des virtuales pro self-harm� El interés por este tipo de comunidades
aparece durante el trabajo de campo de mi tesis doctoral sobre
acciones autolesivas corporales sin ideación suicida entre gente
joven� Aunque en un primer momento el objetivo de mi investiga-
ción era caracterizar las razones individuales que se esconden tras
las acciones y contextualizar los datos que señalan el incremento
de gente joven —sobre todo mujeres— que canaliza a través del
cuerpo su aflicción, pronto percibí que para ser capaz de anali-
zar este nuevo —o no tan nuevo, como trato de defender en mi
tesis— fenómeno en toda su complejidad, era necesario efectuar
una incursión en el ciberespacio, y este es exactamente el punto de
partida de mi reflexión� De hecho, es en este escenario donde em-
piezan a surgirme dudas acerca de cuál debe ser mi posición en el
campo, acerca de cómo proceder, sobre la validez de las entrevistas
que obtenía en este medio, acerca del tratamiento de las historias
recolectadas en foros y blogs, sobre la posibilidad de traspasar la
barrera virtual para acceder a encuentros cara a cara, lo que, de
algún modo, me obligó a posicionarme e ir asentando las bases
para esta y futuras investigaciones en este ámbito�


Palabras clave: etnografía, ciberespacio, jóvenes, metodología, accio-
nes autolesivas corporales�




114 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Abstract: This paper arises from the need to consider certain
methodological and epistemological questions that I faced while
working with pro-self-harm virtual communities� My interest in
these communities arose while working on my doctoral thesis
about bodily self-harm without suicide ideation in young people�
Although at first the objective of my research was to characterize
the individual reasons hidden behind bodily self-harm and to
contextualise the published quantitative data which highlights the
increase in young people (especially women) who express their
afflictions through their bodies, I soon realized that to be able
to analyse this new (or not so new, as will be discussed in my
dissertation) phenomenon in all its complexity it was necessary to
make an incursion in cyberspace, and this is exactly the starting
point of this reflection� Once I started working in this setting I began
to have doubts about various issues and methodological questions
regarding my position in the field, such as what procedure I should
follow, how valid the virtual interviews were, how I should handle
the stories collected through forums and blogs, and whether I could
cross the virtual barrier and set up face-to-face meetings with those
involved� These questions forced me to adopt a position and to
prepare the ground for this and future research in this field�


Keywords: Ethnography, Cyberspace, Young people, Methods, Bodily
self-harm actions�


Introducción


La difusión de Internet y la normalización en su uso han supuesto una
transformación en la forma como configuramos nuestras relaciones
y construimos nuestra cotidianidad, posibilitando nuevos marcos de
referencia y nuevos espacios para el establecimiento de relaciones
sociales inimaginables si nos remontásemos diez años atrás.


A pesar de la rapidez en su propagación y la naturalidad con la
que hemos sido capaces de habituarnos a su uso, es importante tener
en cuenta que la red representa no solo un nuevo espacio para la
etnografía, sino una oportunidad para reflexionar acerca de las posibi-
lidades del método etnográfico en este nuevo escenario (Hine, 2004).




115ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Como aprendiz de antropóloga, cuando hace unos años empecé
mis estudios estaba convencida de que toda buena etnografía empie-
za siempre con un viaje iniciático —a modo de rito de paso— a un
lugar lejano y exótico. Me acuerdo sobre todo de las sobremesas y las
tardes que pasé deleitándome en mi comedor con los clásicos: Mali-
nowski en Los argonautas del Pacífico occidental (1975) y La vida
sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia (1971); también,
cuando supe de la publicación con carácter póstumo de su diario
íntimo: A diary in the strict sense of the term (1967), no pude evitar
la tentación de leerlo. O a Margaret Mead entre los samoanos: Coming
in age in Samoa (1928) y Sexo y temperamento en tres sociedades
primitivas (1981), a Clifford Geertz en Indonesia: Peddlers and Prin-
cess (1963) y Marruecos: Islam Observed (1971), entre tantos otros.


Poco a poco, y a medida que fui progresando en mis estudios en
antropología, empecé a darme cuenta del viraje en cuanto a sujetos
de estudio que nuestra disciplina tuvo que hacer —creo que más por
necesidad (el progresivo proceso de colonización empezó a disipar
lo que habían sido nuestros tradicionales sujetos de estudio) que por
decisión propia— y así, de este modo, nuestra mirada se traslada de
los otros-exóticos a los otros-excluidos en nuestro propio contexto,
tratando, a partir de ese momento, de localizar al otro diferente o mar-
ginal entre las esquinas (White, 1943). Así, de esta forma, pasamos de
andamanes, hopis y winnebagos a jack rollers, hoboes, homeless, in-
migrantes, drogadictos, sectarios y prostitutas, entre otros colectivos.
Los otros en nuestro propio contexto, por los que los antropólogos
hemos profesado siempre cierta empatía. Este cambio de rumbo en
cuanto a sujetos de estudio provocó un interesante cuestionamiento
por parte de la disciplina de algunas dualidades que parecían bien
asentadas desde los tiempos de la Escuela de Chicago; nos referimos
aquí a las dualidades campo-ciudad, rural-urbano. Unidades hoy por
hoy muy cuestionables sin un marco analítico e interpretativo que las
encuadre globalmente.


En este contexto, cuando cinco años atrás finalicé los estudios en
antropología se me ofreció la posibilidad de colaborar en un proyecto
sobre trastornos de la conducta alimentaria1 en el marco del Depar-


1 «Género, dieting y salud: un estudio transcultural de la incidencia de los trastor-
nos del comportamiento alimentario entre las mujeres», financiado por el Instituto de




116 ORIOL ROMANÍ (ED.)


tamento de Antropología de mi universidad. A pesar de que en un
primer momento empecé a hacer trabajo de campo en instituciones
que albergaban a chicos y chicas diagnosticados de algún trastorno
alimentario en unidades de psiquiatría infantil y juvenil especializa-
da, a medida que progresábamos en nuestra investigación nos dimos
cuenta de que el ciberespacio era un lugar de encuentro de muchas
de nuestras informantes. Un lugar donde se intercambiaban tips, crea-
ban foros a favor del autoayuno —carreras para perder peso—, se
compartían fotos e imágenes de thinspiration, se ofrecían trucos para
luchar contra el hambre y poder vomitar sin ser descubiertas, etc. De
alguna manera se nos abrió todo un nuevo campo de análisis con el
que a priori no contábamos. En las webs y foros a favor del autoayuno
y del vómito inducido, encontramos que las alusiones a Ana y Mía
como personalización de la categoría anorexia y bulimia eran —y son
todavía— un referente. Se hablaba del autoayuno como el mecanismo
que les permitía «llegar a ser princesas» e «ir camino a la perfección».


A finales del año 2005, y coincidiendo con la etapa en que finali-
zábamos la investigación, saltó la alarma del fenómeno «Ana y Mía» en
los medios de comunicación españoles. Se empezó a infiltrar en los
foros, blogs y chats lurkers, gente con identidades falsas que decía ser
«anoréxica» o «bulímica» para establecer redes dentro de las comuni-
dades y así poder seguir el hilo de estos grupos y atacar y censurar el
problema de las páginas pro-ana y pro-mía de base.


A partir de ese momento muchas de aquellas páginas empezaron
a ser perseguidas, en lo que fue una auténtica cacería de brujas; mu-
chas fueron censuradas y otras clausuradas. Paralelamente a todo esto
se crearon páginas web alternativas desde la asociación Protégeles y
del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid2 que utilizaban
simbología propia de las webs pro-ana y pro-mía (mariposas, ángeles,
princesas, etc.) y que con el lema «porque tú eres más que una ima-
gen» ofrecían apoyo online.


La persecución y clausura de páginas pro-ana y pro-mía todavía
continua siendo hoy en día una realidad al amparo de la aplicación de


la Mujer y coordinado por la Dra. Mabel Gracia Arnaiz (I+D+I Exp. N.87/03) Código del
proyecto: 008287 Orden 031.


2 <www.anaymia.com> (todavía hoy sigue activa. Fecha última consulta:
04/06/2012).




117ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


la Ley de Protección del Menor en España, si bien esa persecución es
mucho menor que entre los años 2005-2006.


Desde un punto de vista metodológico, cuando me propuse ha-
cer el seguimiento de algunas de las comunidades pro-ana y pro-mía
online, el primer problema con el que me encontré era la cuestión
del acceso al campo. Estuve durante cierto tiempo (algo más de tres
meses) haciendo observación flotante —entre bastidores— en tres
foros. En estos tres meses no me atreví a entrar ni a participar, ni
tampoco sabía cómo hacerlo. Sabía a ciencia cierta que los «investiga-
dores fisgones» no eran muy bien considerados por las comunidades,
y que si detectaban a alguno era expulsado del foro de inmediato.
En el seguimiento pude ser testigo vivencial de la clausura de uno
de estos foros y pude llevar a cabo el seguimiento de todo lo que
supone una nueva puesta en marcha en otro dominio. Al respecto de
mi preocupación por el acceso, frases del estilo: «Este es un espacio
solo pArA AnAs y mIAs. Y si vienes a juzgar ya puedes salir» o «Este será
nuestro nuevo punto de encuentro: tuve que hacer una nueva página
para todos aquellos necios que molestaban» corroboraban mi idea de
que, o entraba con cierto ingenio, o caía en gracia, o inmediatamente
me expulsaban.


El seguimiento de esos tres foros durante el tiempo que duró la
investigación se quedó en eso: seguimiento y vaciado de la informa-
ción de los foros. Nunca llegué a participar y nunca supieron aquellas
chicas que el material que habían publicado en internet había sido
utilizado en la investigación. Esto, desde un punto de vista ético, me
situaba en una posición algo complicada y que de alguna manera me
obligó a repensar mi papel. En un futuro no podía permitirme el lujo
de seguir observando desde las trincheras, debía mojarme aunque
aquello supusiese contaminar el campo haciéndome visible a sus
ojos o arriesgándome a ser baneada3.


Este es un elemento sumamente importante en esta investigación,
y de hecho es uno de los elementos que con más o menos fortuna he
tratado de resolver a lo largo del proceso de elaboración de mi tesis.
De hecho, considero imprescindible hacer referencia a las estrategias,
reflexiones teóricas y técnicas utilizadas que me han sido de gran


3 Condición en la que se encuentra un usuario u ordenador cuando el gestor o
moderador de un grupo prohíbe su entrada.




118 ORIOL ROMANÍ (ED.)


utilidad para el desarrollo de este trabajo. Lo que voy a presentar aquí
es, a grandes rasgos, la síntesis de unos cuantos años de trabajo y las
reflexiones que emergen de mi diario de campo fruto de la inmersión
en algunas comunidades pro self-injury y pro self-harm virtuales.


Autolesiones corporales� El poder de la etnografía


La acción de autolesionarse —descrita aquí como la forma en que
determinadas personas se cortan, queman o arañan su cuerpo sin que
exista un deseo explícito de muerte4— ha tenido en los últimos años
un impacto social importante. A pesar de que el hecho de lesionarse
a uno mismo sin que exista una voluntad de muerte no es un fenó-
meno nuevo, la incomprensión del acto y el hecho de ser considera-
da una epidemia silenciosa que afecta sobre todo a mujeres jóvenes
(Truth Hurts, 2006) ha contribuido a la creación de una mayor alarma
social y ha dado lugar al surgimiento de trabajos (principalmente de
corte cuantitativo5) centrados en concretar en cifras la magnitud del
fenómeno e identificar comorbilidades y elementos facilitadores de
la autolesión.


4 La revisión de la literatura nos muestra que existen multitud de términos para
referirnos a la misma acción, tales como: conducta autolesiva, automutilación, auto-
agresión, violencia autoinfligida, autodestrucción o parasuicidio. En inglés sucede lo
mismo: se habla de self-injury behaviour, self-harm, self-damage, self-aggression, self-
destruction, self-mutilation o self-inflicted violence. No existe consenso ni un criterio
sólido a la hora de definir la autolesión corporal con la que trabajamos, es por esto
que en la investigación en curso me inclino por el uso del término acción autolesiva
corporal, por dos razones: en primer lugar porque considero que el uso del término
«acto» o «acción» en lugar de «conducta» me ayuda a posicionarme fuera de los trabajos
de corte psicopatológico existentes, y en segundo lugar porque creo que es necesario
reivindicar no solo en el nivel más superficial de la precisión del término, sino también
a nivel analítico, el papel del cuerpo en la acción, puesto que no debemos olvidar que
el acto se realiza en el cuerpo, desde el cuerpo y para el cuerpo.


5 Para objetivar el boom de trabajos a este nivel, basta con efectuar una búsqueda
en Medline con el descriptor self-harm y ver el número de entradas/año. De acuerdo
con esta base de datos, entre 2000 y 2001 se publicaron 127 trabajos sobre autolesión
corporal, entre 2003 y 2004, 172. Entre 2006 y 2007, 301, y entre 2008 y 2009, aparecen
387 entradas. El porcentaje trabajos cualitativos vs cuantitativos estaría establecido,
para el último año (2008-2009), en una relación de 373 trabajos cuantitativos por 14
cualitativos.




119ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Por dar algún dato, no relativo a España porque hay muy pocos
trabajos y los que encontramos tratan sobre todo de población peni-
tenciaria, en el año 2008, en la revista Journal of Child Psychology
and Psychiatry, se publicó un estudio transnacional coordinado por
el psiquiatra de la Universidad de Oxford Keith Hawton, en el que, en
una muestra de 30.000 adolescentes de entre 14 y 17 años de 7 países
—Australia, Bélgica, Inglaterra, Hungría, Irlanda, Países Bajos y Norue-
ga—, se comparaba las tasas de prevalencia de autolesión corporal
(deliberate self-harm). Los resultados de su trabajo mostraron que, en
general, la relación mujeres/hombres era de 3/1 (13’5 % mujeres vs.
4’3 % hombres). La tasa más elevada fue establecida entre las chicas
australianas (17 %), seguidas de las inglesas (16’7 %) y las noruegas
(16’ 4%).


Por citar otro trabajo cuantitativo que nos va a permitir enlazar
con nuestro trabajo en comunidades virtuales, en el número de la
revista Injury Prevention (15: 403-408) de diciembre de 2009 un gru-
po de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de
Notre-Dame, en Sydney (Australia), publicaron un estudio basado en
el trabajo llevado a cabo sobre una muestra de 1.618 adolescentes de
13 a 18 años de Guangdong, en el sudeste de China, sobre autolesio-
nes y adicción a internet. Para valorar el grado de adicción a internet
se les pasó el test de adicción a internet —Internet Addiction Test— y
se concluyó, aportando datos estadísticos al respecto, que los adoles-
centes adictos a internet eran más propensos que los no adictos a
autolesionarse. A mis ojos, sus conclusiones eran pura dinamita, y no
porque dude de que la muestra no fuese correctamente seleccionada,
ni porque fuese un trabajo hecho en China y no en España, ni porque
el grupo de edad no fuese el acertado, sino porque su planteamien-
to inicial era erróneo, y creo que se podrían haber ahorrado mucho
tiempo y esfuerzo —supongo que también dinero— haciendo un
poco de trabajo cualitativo previo. Y es que a la luz de sus alarmantes
conclusiones, se proyecta la idea de que la red es peligrosa y que si te
enganchas, es muy probable que termines por autolesionarte.


Un poco por curiosidad, un poco a propósito, al terminar de leer
este artículo decidí buscar el test de adicción a internet validado al
español —lo encontré bastante fácilmente por la red. Era un cuestio-
nario tipo likert, con 20 preguntas y 6 respuestas posibles. Lo rellené,
y con un resultado de 83 —adicción severa—, de un máximo de 100,




120 ORIOL ROMANÍ (ED.)


se me recomendó que consultara lo antes posible con un psiquiatra.
Por supuesto, el test no tenía en cuenta cuál era mi trabajo. La lec-
tura crítica a todo esto, sin extenderme y aun siendo consciente de
que planteo cuestiones que deberían ser más ampliamente discutidas,
la podemos situar en un doble eje: en primer lugar cuestionando el
gran abanico de tests y cuestionarios de orden «psi» que forman parte
de nuestra vida diaria, integrándolos como enseres de nuestra coti-
dianidad, que nos obligan a estar pensándonos constantemente en
clave de «normalidad-anormalidad»; y en segundo lugar, creemos que
una aproximación cualitativa previa les hubiese ayudado a reorientar
todo el trabajo posterior, puesto que hubiesen entendido que no es
internet el origen del problema, sino que es el marco que les da cobi-
jo, proporcionándoles un espacio, un campo construido por y entre
iguales en donde no son juzgados ni etiquetados por su conducta.
Metafóricamente, podríamos decir que internet adquiere una función
de bosque de Sherwood virtual para nuestros jóvenes proscritos.


Que los límites entre lo normal y lo patológico, la locura y la cor-
dura acostumbran a ser imprecisos y oscilantes es bien cierto y per-
ceptible incluso en nuestro entorno más inmediato. De hecho, ya el
historiador y filósofo Georges Canguilhem planteó en el año 1971
que «si lo que es normal aquí puede ser patológico allá, es tentador
concluir que no hay frontera entre lo normal y lo patológico» (Can-
guilhem, 1971: 195). Sobre esto, si por un momento realizamos un
ejercicio de abstracción y alcanzamos a pensar la autolesión corpo-
ral en clave fenoménica; es decir, reflexionamos sobre la acción tal y
como se nos muestra a los sentidos y de forma descontextualizada,
veremos que, efectivamente, más importante que la acción en sí es
el significado que el contexto, y por supuesto el grupo, otorga a las
acciones, y es que más allá de lo que Canguilheim plantea, más allá
del «aquí» y del «allá», los sentidos y lecturas sobre una misma acción
pueden llegar a ser de lo más dispares incluso pensando en situacio-
nes que tienen que ver con uno mismo.


Por dar varios ejemplos, me sirvo en primer lugar del autocastigo
ritualizado en la Semana Santa, considerado el momento por excelen-
cia de los penitentes cristianos y que ofrece, a través de la exhibición
pública de la mortificación carnal, la posibilidad de expiar pecados.
Especialmente las procesiones de Jueves y Viernes Santo, en cualquier
localidad de nuestra geografía, son un ejemplo bien visible de lo que




121ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


estoy apuntando aquí (ver Casadó, 2007, trabajo inédito para la ob-
tención del DEA: los empalaos de Valverde de la Vera y los picaos de
San Vicente de la Sonsierra serían un ejemplo de autolesión pública
ritualizada). Otro ejemplo podríamos encontrarlo en calles y plazas,
cuando vemos faquires que ponen sus cuerpos al límite clavándose
cuchillos y agujas en sus cuerpos, rociando sus bocas con gasolina y
escupiendo fuego. También, y sobre todo perceptible en trabajadores
de la construcción en nuestro país, la autolesión —torceduras de to-
billo, golpes y rotura de dedos, sobreinfección de heridas— ha sido
la estrategia por excelencia cuando la situación en el ámbito laboral
rozaba lo ilegal en cuanto a condiciones laborales. Igualmente como
ya apuntábamos, en nuestras cárceles la autolesión deviene, o así es
percibida, como el único mecanismo-instrumento de contestación y
protesta posible.


Este ejercicio resulta útil para relativizar en clave cultural y social
el síntoma, y nos sirve también como ejemplo para cuestionar el mo-
delo que legitima la naturaleza patológica de la acción, emergiendo de
esta forma a partir de nuestras reflexiones un paradigma alternativo
que nos obliga a resituar la acción en términos de relatividad cultural.


La mayoría de mis informantes —casi todas mujeres jóvenes que
se autolesionan o se han autolesionado—, tanto off como online es-
tán diagnosticadas de algún trastorno. Muchas se consideran límites
—diagnosticadas de trastorno límite de la personalidad—; otras se
definen como Ana o Mía (anoréxica o bulímica), algunas sienten ver-
güenza y esconden sus lesiones, otras las exhiben como heridas de
guerra. Tienen en común que casi todas son mujeres y que, excepto
una, no tienen más de 25 años. Todas ellas acostumbran a autolesio-
narse en secreto, en su habitación o en el baño (Ester, 17 años), pero
siempre en solitario. Los cortes que se producen pueden ser sema-
nales o diarios, con periodos «en donde es más frecuente y otros en
donde lo es menos» (Sandra, 19 años). Pueden recurrir también a que-
marse en lo más superficial de su piel, golpearse, pero lo que hay de
común en todas ellas es que no hay ideación suicida.


El sesgo en cuanto a sexo y edad que presentan todos los trabajos
de corte cuantitativo son el marco que nos lleva a posicionar la
etnografía como el instrumento metodológico que nos permite
aproximarnos a la comprensión del síntoma desde adentro, como
signo y expresión de un padecimiento corporalizado —idiom




122 ORIOL ROMANÍ (ED.)


of distress— que se ensaña particularmente en nuestras mujeres
jóvenes. Este punto resulta especialmente interesante, puesto que nos
permite recuperar, no con la profundidad con la que me gustaría pero
sí al menos enunciar, la necesidad de trabajos de corte histórico que
estudien en profundidad y cuestionen la naturaleza de determinados
trastornos femeninos —y que, por qué no, podríamos situar dentro de
un continuo—, como la histeria, la melancolía, los ataques de nervios
o las neurosis —y creemos que en la misma estarían las autolesiones
corporales— en todas sus acepciones, incorporando aquí también las
conductas alimentarias autorrestrictivas severas y las autopurgativas
que todos conocemos, como formas de locura adaptativa o resistente
a patrones/modelos hegemónicos de mujer y de cuerpo. Para esto, el
hecho de aproximarnos a su interpretación desde adentro, utilizando
las categorías analíticas experience-near que ellas mismas manejan y
su propio discurso corporal, nos abre las puertas a la obtención de un
material que creemos interesantísimo y que también puede resultar
muy útil porque emerge de los mismos discursos de sus protagonistas
y no de manuales ni de discursos expertos.


Al hilo de lo que planteo, Burin et alii (1990) tienen publicado
un trabajo sobre salud mental desde planteamientos feministas en el
que defienden la tesis de que en el campo de la salud mental se tien-
de a patologizar los padecimientos y enfermedades cuya etiología se
adjudica a los problemas emocionales. Para Burin et alii (1990), esta
situación invisibiliza las causas más específicas de la queja de las mu-
jeres debido a que orienta la búsqueda y los tratamientos hacia el
campo de la psiquiatría y de la enfermedad mental en lugar de buscar
el origen del padecimiento en la construcción misma de la identi-
dad femenina. De acuerdo también con Mari Luz Esteban (2006), es
preciso cuestionar la etiología de las enfermedades, especialmente
aquellas que hacen referencia a la naturalización de las mujeres por
el hecho de ser mujeres6, e implementar modelos multicausales que
expliquen el origen y desarrollo de distintos malestares. Siguiendo
con estos planteamientos, vemos que habría que buscar el origen de


6 Entendiendo por naturalización (Esteban, 2006: 11) la «percepción absoluta-
mente esencialista y biologicista del cuerpo humano, sobre todo de ciertos cuerpos
humanos, que afecta a distintos colectivos […] y que lleva implícita su marginación
social por razones biológicas y que anula toda posibilidad de cambio».




123ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


estos malestares en el ámbito sociocultural más que en la explicación
dentro del paradigma médico. Una vez que seamos conscientes de
que este tipo de prácticas no pueden reducirse al individuo, creo que
nos será más fácil cuestionarnos no solo las relaciones de poder y
subalternidad que se expresan en el cuerpo, sino también las lógicas
de determinados procesos de reforma corporal que generan concien-
cia crítica y son interpretados de forma disonante. El hecho de que
muchas de mis interlocutoras fueran mujeres y jóvenes creo que es
bastante significativo. Lo cierto es que considero que el aumento en
el número de acciones violentas autodirigidas no puede analizarse
sin considerar hasta qué punto las construcciones de género y sus
expectativas han entrado en crisis, ya que, en este sentido, las accio-
nes violentas dirigidas hacia el propio cuerpo parecen expresar una
oposición a un tipo de feminidad que restringe la expresión de sus
emociones, y es a través del cuerpo, en oposición a un modelo de mu-
jer concreto, que este tipo de prácticas pueden ser estudiadas como
formas de resistencia.


Creemos que es precisamente esta lectura comprensiva que tra-
tamos de captar con el uso de la etnografía la que nos permite tam-
bién leer en clave crítica determinados trabajos, sobre todo de corte
cuantitativo, muy centrados en el dato y que bajo nuestro punto de
vista, no diré todos pero sí la mayoría, andan buscando titulares fáciles
supuestamente legitimados por muestras representativas, tablas de in-
cidencia y prevalencia significativas, llegando a establecer relaciones
causales peligrosísimas.


De acuerdo con este planteamiento, el espacio virtual permite
deslocalizar a estos otros, ubicándolos en un espacio en donde no son
etiquetados por su conducta, y esto se traduce en la generación de
movimientos sociales online —como las comunidades pro self-injury
y pro self-harm— impensables por otro lado a escala real.




Comunidades virtuales� Viejos conceptos, nuevos escenarios�


As bricolers, online researchers are continually inventing or piecing
together new research tools, fitting old methods to new problems (Mann
y Steward, 2000: 5).




124 ORIOL ROMANÍ (ED.)


El concepto comunidad tiene, en ciencias sociales, dos orígenes: del
alemán gemeinschaft, en el sentido otorgado por Tönnies a finales
del siglo xIx, definido como «comunidad espontánea de intereses y
sentimientos resultado de una experiencia vital compartida» (1957:
33), y community, del inglés, entendido como el marco donde se lle-
van a cabo las relaciones sociales que son imprescindibles para el ser
humano. En cuanto a la precisión del término, se han dado muchas de-
finiciones por parte de antropólogos, como por ejemplo la de George
Murdock (1950), que define una comunidad como «el máximo gru-
po de personas que residen juntas en una asociación cara a cara», o
la de Walter Arensberg (1965) que considera que «personas, espacio
e interacción son los elementos básicos de la comunidad»; también
Stanley Brandes (1975) habla de que «la identidad y cohesión de la
comunidad son el producto de la relativa homogeneidad económica,
social y cultural». En 1955 Hillery analizó 94 definiciones del término
comunidad. De su análisis se desprende (Canals, 1994) que la comu-
nidad debe entenderse como un grupo de personas que interactúan,
que crean lazos que los unen y que comparten un espacio común al
menos durante un tiempo determinado.


Como concepto, el término comunidad virtual fue creado por
Howard Rheingold en 1993. Para ello utilizó el concepto «comuni-
dad» e introdujo elementos que hacían referencia a la transgresión de
fronteras y a su agrupación de acuerdo a intereses, de manera que el
término evolucionaba hasta llegar a unas nuevas dinámicas sociales
ya no restringidas a espacios geográficos concretos. Rheingold definió
la comunidad virtual como: «agregaciones sociales que emergen de la
red cuando un número suficiente de personas entablan discusiones
públicas durante un tiempo lo suficientemente largo, con suficiente
sentimiento humano, como para formar telarañas de relaciones perso-
nales en el ciberespacio…» (Rheingold, 1996: 20)


Para Rheingold la comunidad virtual se define como un ecosis-
tema de subculturas y grupos espontáneos que se pueden comparar
con cultivos de microorganismos que crecen en un laboratorio, y en
donde cada uno es como un experimento social que nadie planificó
pero que sin embargo se produce. En la metáfora de Rheingold el
ciberespacio vendría a ser una especie de placa de petri social, la red
el medio agar y las comunidades virtuales serian las colonias de mi-
croorganismos que crecen en estas placas de petri.




125ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Aunque existe bastante consenso a la hora de reconocer a
Rheingold su papel como pater familia del término, su definición ha
sido bastante cuestionada. Silvia Wilbur (1997), por ejemplo, considera
imprecisa su definición, puesto que categorías como «suficientes
personas», «suficiente tiempo», «suficiente sentimiento humano», son
difíciles de determinar. José Silvio hablaba, en el año 1999, de los tres
elementos básicos que son imprescindibles para la existencia de una
comunidad virtual: 1) interacción, 2) componente afectivo, 3) tiempo
de interactividad. Quizá la definición que me parece más acertada es
la que propone Barri Wellman (2001), quien define las comunidades
virtuales como «redes de lazos interpersonales que proporcionan
sociabilidad, apoyo, información, sentimiento de pertinencia y una
identidad social». De definiciones hay, hoy por hoy, muchísimas, cada
una con su matiz particular; sin embargo, vamos comprobando que
el elemento aglutinador de todas ellas y que nos puede servir aquí
sería la sustitución del espacio físico por redes deslocalizadas que
funcionan como lugares de sociabilidad en donde proyectamos
y construimos redes online sobre la base de nuestros intereses
directamente vinculados con la escala real.


Comunidades virtuales pro self-harm7


La particularidad de las comunidades virtuales con las que trabajamos
tiene que ver con su naturaleza exclusivamente online. Fuera del es-
pacio virtual no existen grupos pro self-harm, existen individuos que
se autolesionan en la intimidad.


Utilizando como metáfora el símil de Alicia en el país de las ma-
ravillas, es como si los espacios a los que me estoy refiriendo exis-
tiesen solamente al otro lado del espejo, al otro lado de la pantalla,
en un mundo paralelo tejido de redes descentralizadas que resulta
complicadísimo imaginar cuando uno se sienta frente a su ordenador,


7 Una vez ya definido el concepto comunidad virtual, cabe apuntar que en esta
investigación nos referiremos al término de forma genérica: como un movimiento que
incorpora distintos sitios. Nuestro trabajo surge de la etnografía realizada sobre algunos
de los sitios que integran algunas de estas comunidades virtuales. Nos referimos de for-
ma genérica a comunidades virtuales pro self-harm porque es el término más utilizado,
incluso en los sitios web de habla hispana, para referirnos al mismo fenómeno.




126 ORIOL ROMANÍ (ED.)


pero que están en una dimensión que trasciende lo físico, que supera
la dimensión espacio/tiempo para situarse en un punto concreto del
entramado de redes que nunca es el mismo, sino que constantemente
se está resituando, acomodando, que se retroalimenta comunicativa-
mente a través de aportaciones (hilos, posts, comentarios y entradas)
de sus seguidores y usuarios registrados. Pura poesía para cualquier
investigador social.


Lo que voy a presentar en este punto posee una importancia nu-
clear, puesto que tiene que ver con los quehaceres de trastienda, con
los ingredientes y esencias que combino y que son los que facilitan
—y también sesgan, por qué no decirlo— los resultados obtenidos.
No voy a dar resultados, sino que voy a plantear algunas de las estrate-
gias que me resultaron útiles.


La observación y trabajo de campo con estas y otras unidades de
observación virtuales (blogs, foros y vídeos en Youtube), empieza de
forma rigurosa en el año 2008 —aunque antes ya había hecho alguna
que otra incursión etnográfica en el ciberespacio, no es hasta este
año que empiezo a focalizar y a recopilar de forma sistemática mate-
riales— y lo termino (no por voluntad propia sino por una cuestión
de timing) en el año 2010. Desde que empecé la cruzada del trabajo
de campo con comunidades pro self-injury hasta ahora, mi identidad
online y offline se ha ido transformando; podríamos decir que he
crecido y he ido madurando a lo largo del proceso.


Uno de los puntos sobre los que me gustaría tratar aquí tiene que
ver con la tensión que se me plantea cuando algunos de mis colegas
me hacen reflexionar acerca de la posibilidad de contrastar o no el
material que obtengo en internet. Trabajaremos en este punto sobre
las dificultades con las que me he encontrado para poder estable-
cer contacto físico con mis informantes, y también hablaremos de las
potencialidades que nos ofrece la red para reinterpretar conceptos
clásicos como «campo», desterritorializando de algún modo su acep-
ción y aproximándonos a su estudio a partir del concepto de campo
de Bourdieu8: «comunidad», «observación», «participación» y «observa-


8 Para Pierre Bourdieu un campo es un espacio de acción y de influencia en el
que confluyen relaciones sociales determinadas. Estas relaciones quedan definidas por
la posesión o producción de una forma específica de capital. Aquí el interés común
residiría en poder compartir, ser escuchado sin el temor de ser estigmatizado.




127ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


ción participante», «trabajo de campo», «identidad del investigador» y
«tratamiento de la información». En segundo lugar hablaremos acerca
de otra de las cuestiones que se me han planteado y que tienen que
ver con cuál debe ser mi actitud (crítica, pasiva o de denuncia) una
vez finalizado el trabajo de campo.


Sobre la cuestión de las técnicas etnográficas y del trabajo online,
mi visión siempre ha sido muy pragmática. Lo he vivido como un
proceso natural, entendiendo por proceso natural que nunca he
buscado forzar la situación ni he tratado de someter las técnicas a mis
informantes ni mis informantes a las técnicas. Ha constituido todo un
proceso que está en la esencia de la misma observación, registro y del
rapport progresivo que establezco con mis informantes.


La apropiación del concepto campo de la antropología clásica
para referirnos a nuestras unidades de observación nos ha servido a
la hora de acotar los distintos sites —o lugares virtuales— que hemos
etnografiado. Sin embargo, la particularidad que la etnografía online
presenta es que la idea de campo no podemos pensarla vinculada a
un espacio físico o geográfico concreto, sino que, como hemos plan-
teado, lo concebimos como un espacio de acción e interacción que
agrupa a personas con intereses compartidos. Tampoco la interacción
cara a cara, de importancia esencial en antropología, está garantizada.


Sobre este punto, la principal dificultad con la que nos encontra-
mos tiene que ver con la posibilidad o no de validar la información
que obtenemos, puesto que —aunque en más de una ocasión lo he
propuesto— nunca he podido establecer encuentros offline con mis
informantes. Esta cuestión puede ser hasta cierto punto una limita-
ción a nuestro trabajo de campo; no obstante, si reflexionamos acerca
del porqué estos encuentros no han fructificado, así como tampoco
las kedadas —encuentros reales— entre miembros de las comunida-
des con las que trabajamos, veremos que aquí la cuestión del secreto y
del estigma que la autolesión proyecta, y que de alguna forma con los
encuentros offline se quebrantaría, juega un papel muy importante.
Una reflexión interesante a hacer en este momento tiene que ver con
cómo internet se considera —suponemos por el anonimato que per-
mite— un espacio que no transgrede el espacio privado aun estando
proyectándose imágenes, pensamientos y sensaciones que pertenece-
rían a este ámbito.




128 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Carlos Castilla del Pino, en uno de sus artículos sobre la teoría
de la intimidad y el escenario de la representación, plantea una cues-
tión interesante para nuestro análisis. Según Castilla del Pino, la inti-
midad es un espacio reservado que actúa al margen de toda coacción
(1996:24). De esta manera, «el Dios Omnivoyeur [y nosotros añadiría-
mos: con ayuda del santificado DSM IV] cuya mirada escudriña en los
más recónditos rincones de nuestra alma para sorprender la «verdade-
ra intención» de nuestros actos, persigue el control de los diferentes
yos íntimos […] tratando de inducir al sujeto hacia la supresión del
espacio íntimo […] y así los códigos que rigen la vida privada […]
pueden ser fuerte y eficazmente controladas…» (Castilla del Pino,
1996:25). Sin embargo, sobre esto hemos de tener en cuenta que más
que acciones íntimas, privadas y públicas, lo que realmente existen
son los espacios que, a modo de escenarios, utilizamos en función de
lo que consideramos pertinente para cada situación. Este pacto de es-
cenificación, unas veces explícito y otras implícito, es codificado por
la propia estructura social (Castilla del Pino, 1996:21), que es quien
determina el tipo de actuaciones pertinentes para cada escenario. Así
pues, y al amparo de la sombra inquisitorial del bien y el mal que los
mandamientos canónicos rigen, no es de extrañar que, en cuanto al
loco o el cuerdo que el DSM establece, acciones como las autolesio-
nes corporales con finalidad expresiva o emotiva permanezcan y se
realicen en un escenario privado, pero transgrediendo y exhibiendo
lo-que-no-debe-ser-visto a escala real en el ciberespacio.


oBservAcIón pArtIcIpAnte


Para poder trabajar con estas comunidades virtuales parto de la con-
cepción teórica de que una comunidad virtual debe ser entendida
como un campo en su acepción bourdiana. Es decir, la comunidad
no deja de ser un espacio de interacción, un espacio en donde resul-
ta absolutamente imprescindible el conocimiento de sus reglas del
juego.


Como investigadora me sumergí en estas comunidades del mismo
modo que lo hicieron mis informantes. No obstante, fueron necesa-
rios tres meses de observación flotante —como lurker9— antes de


9 Lurker es el nombre dado a los usuarios registrados y anónimos que tienen una
actividad receptiva y pasiva en la red. Hay que dejar claro que un lurker no es lo mismo




129ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


la primera de mis intervenciones. Estos tres meses me sirvieron para
familiarizarme con la dinámica de los grupos y con el conjunto de
reglas implícitas y explícitas que regulan el comportamiento —la co-
nocida como netiquette10 y que es variable en función del grupo—.


Siguiendo la tipología de Junker (1960), podríamos decir que du-
rante el tiempo que he estado realizando trabajo de campo en el se-
guimiento de estas comunidades he pasado por casi todas las etapas
o roles sociales por los que un investigador puede pasar excepto por
el grado de participación total. Sobre esto último, no voy a negar (aun-
que esté mal admitirlo) que en alguna de mis noches de insomnio y
después de haber leído algunos trabajos sobre la construcción de la
identidad red en el ciberespacio (Contreras, P., 2004) no me pasara
por la cabeza crear una identidad en la red que me permitiera inmis-
cuirme en los grupos como una más, pero debo reconocer que nun-
ca tuve el valor de hacerlo. Como digo, la observación fue un proceso
lento en donde la observación con poca o escasa participación tiene
un peso importantísimo —crucial en la primera etapa—.


Si bien cualquier investigación científica busca establecer un
conjunto de procedimientos técnicos que garanticen que los datos
recopilados y su interpretación se aproximen a la realidad social que
estudia (Hammersley y Atkinson, 1994: 40), en mi caso la posibilidad
de contrastar la información que obtenía en este medio fue la espada
de Damocles con la que siempre me he visto confrontada. ¿Cómo


que un leecher. Un leecher (del inglés leech, sanguijuela) está peor visto y es la deno-
minación que se utiliza para definir a aquellos usuarios que tratan de aprovecharse
de los recursos de los demás (por ejemplo foros de tipo temático o especializado) sin
colaborar ni aportar nada.


10 Netiquette es una palabra que viene del francés etiquette (buena educación)
y net (red), y se utiliza para hacer referencia al conjunto de reglas que regulan la con-
ducta de un usuario. Algunas normas básicas serían: no escribir todo en mayúsculas
—pues produce la sensación de estar gritando—, antes de registrarse leer las FAQ —
preguntas más frecuentes—, hacer caso omiso a los trolls (volviendo a los términos,
de forma genérica en internet se denomina troll a la persona que escribe mensajes
groseros u ofensivos para interrumpir una discusión y hacer enfadar a sus participantes.
En algunos foros y blogs encontramos la frase y el icono de don’t feed the troll. Por dar
un ejemplo, en el blog de Carol encontramos el siguiente comentario: «Idiotas…brujas
que no entienden k la vida vale…pffff ojalá se mueran desangradas…y ahí si entende-
rán lo que valían…dejen te intentar llamar la atención… X eso es k no las quieren por
tontas huecas…»).




130 ORIOL ROMANÍ (ED.)


comprobar que mis informantes eran quienes decían ser y que la in-
formación que publicaban era cierta? Una vez más, en este punto los
clásicos me dieron la clave. Releyendo a Malinowski en Los Argonau-
tas me di cuenta de que aquí la observación era la clave. Era necesario
que la observación fuese muy minuciosa, al detalle, y que fuese muy
rigurosa en el registro del diario de campo. Sin despreciar el peso del
relato, debía ser consciente de que más importante que aquello que
se escribe es saber leer entre líneas. Ser capaz de sumergirme en los
significados, muchas veces implícitos, de las acciones que se llevaban
a cabo así como saber detectar los elementos de contradicción que
aparecían en el seguimiento.


Trabajamos con blogs, foros de discusión y también con autopro-
ducciones audiovisuales (sobre todo con vídeos de Youtube), y he de
decir que la cantidad de material es desbordante. En un primer mo-
mento, y para tener acceso actualizado a los nuevos blogs y foros, creé
una cuenta de correo de Gmail y me di de alta en «alertas Google»
con dos términos de búsqueda: self-harm y autolesión. Todavía hoy
recibo a diario un mínimo de dos mensajes con sus actualizaciones,
además de las novedades, claro está, de los blogs y foros en los que
estoy registrada.


Como apunte preliminar para concretar los medios en los que he-
mos trabajado, cabe decir que definimos un foro de discusión como
un espacio virtual al cual acceden un determinado número de usua-
rios en la red con el fin de conocer, producir e intercambiar conoci-
miento, colaborar y aportar puntos de vista individuales sobre una
temática concreta. En cuanto a su estructura organizativa, los foros
están supervisados por un moderador/gestor que se encarga de di-
namizar y supervisar el foro. El acceso a un foro normalmente tiene
un proceso: 1) registro, aunque existen foros de discusión libres; 2)
autorización por parte del moderador; 3) acceso libre a los threads o
hilos que más interesen. En cuanto al uso del foro como instrumento
para la recogida de información, hemos trabajado con foros secunda-
rios, es decir, con foros que ya existían; no hemos abierto ningún foro
a propósito para esta investigación.


Un blog es un sitio web donde se escribe periódicamente sobre
aquello que resulta de interés para quien lo ha creado. En sus inicios,
en español, utilizábamos el término bitácora por analogía con los
cuadernos de a bordo que se escribían a modo de dietario durante




131ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


el desarrollo de un viaje en barco. Sobre las bitácoras, y aunque
reconozco que el uso del término tenía su punto romántico, cabe
decir que como concepto ya casi ha caído en desuso, sustituido por
el hoy más popular término de weblog o blog11. Si bien en un primer
momento los blogs fueron vistos como espacios de escritura epistolar
con tintes de exhibición narcisista y se pensó que serían una moda
efímera y transitoria, el tiempo nos ha demostrado lo contrario, y es
que desde entonces hasta ahora el nivel de crecimiento de los blogs
ha sido exponencial: han ido depurándose, se han creado entornos y
plataformas de creación de blogs de uso muy sencillo, las posibilidades
técnicas se han multiplicado y también el publico seguidor de blogs
se ha ido ampliando. Por poner un dato, según cifras publicadas
por Technorati (motor de búsqueda de blogs) cada siete segundos
se crea un blog en el mundo, aunque también señalan que solo la
mitad de ellos permanecen activos al cabo de cinco meses. Definir lo
que es un blog, considerarlo un escenario más en donde es posible
hacer etnografía, y sobre todo tomar como categoría analítica su
intención y contenido resulta complejo, aunque no poco interesante;
fundamentalmente porque a día de hoy cada blogger lo utiliza y le
confiere su especificidad en función del uso, necesidad y objetivos
que pretenda con su proyección. Lo que vamos a tratar de defender
aquí es la posibilidad de repensar la cuestión de los blogs partiendo
del análisis de su discurso y redes que genera. De hecho, la idea de
incorporar los blogs al estudio de las comunidades virtuales pro-self-
harm radica precisamente en tratar de objetivar el tipo de redes que
se establecen alrededor de un blog y reflexionar sobre cuáles son
las necesidades que fomentan el llamado «fenómeno blog», que junto
al «boom youtube» responden a una de las mayores necesidades y
manifestaciones comunicativas proyectadas por anónimos hasta
ahora nunca vistos. La importancia de los blogs en el estudio de
las comunidades pro-self-harm radica también en el proceso de ir


11 El término weblog fue utilizado por primera vez por el escritor estadounidense
Jorn Barger en el año 1997, describiéndolo como anotar sobre la red, logging the web.
La forma corta blog fue acuñada por Peter Merholz, quien dividió la palabra weblog en
la frase we blog en la barra lateral de su blog (mayo de 1999). Rápidamente su uso fue
adoptado tanto como verbo como nombre, mientras el término bloguear se usa en el
sentido de «editar en blogs».




132 ORIOL ROMANÍ (ED.)


descubriendo las redes implícitas que sirven de nexo entre los blogs
aparentemente inconexos que hemos seleccionado y ver cuáles son
los elementos de cohesión que sirven para reforzar el sentimiento
de pertenencia al grupo. Revisando seguidores y comentarios de los
cinco blogs que forman parte de esta investigación, hemos de decir
que, aunque el proceso de selección se produjo al azar, encontramos
para nuestra satisfacción ciertos nexos de unión que nos permitieron
repensar la idea de los blogs no como entidades estancas sino como
microhistorias inmersas dentro de un entramado de historias afines
que se retroalimentan entre sí y que contribuyen a reforzar nuestra
hipótesis de partida planteada sobre blogs en red.


Àmbar Violeta sería el ejemplo de lo que podemos llamar una
bloguera fugaz� No he tenido en cuenta su blog para el análisis, pero
me parecía interesante rescatarlo para enmarcar los criterios básicos
de inclusión de blogs que he considerado en este estudio� Su blog es
el ejemplo de un esbozo de escritura digital abandonado que navega-
ba por la red a la deriva cuando lo encontré. Localizarlo me supuso
la alegría de haber encontrado un pequeño tesoro. Un borrador de
blog abandonado, descuidado pero que aún palpitaba… Mi emoción
mientras lo leía fue parecida al hecho de haber encontrado una bi-
tácora oxidada en el fondo del mar o, en su defecto, también sería
comparable a la emoción que experimentaba de pequeña cuando lo-
graba localizar el diario íntimo de mi hermana mayor. La tentación era
demasiado grande.


Desconozco por qué Àmbar Violeta abandonó su blog pero, a no
ser que después de tres años haga una reaparición triunfal, nunca lo
sabremos. No dejó nada: ni un correo, ni una dirección de contacto,
nada. Lo cierto de su historia, y así ella misma lo reconoce, es que te-
nía secretos y que encontró en el refugio del espacio virtual un lugar
donde poder explicarlos. Lo paradigmático de su blog es que, aunque
fue creado en 2007 y actualizado durante no más de una semana, hoy
día sigue recibiendo mensajes de los seguidores de su blog, como si el
tiempo —y los años— no hubiesen pasado.


En la selección de nuestras unidades de observación estableci-
mos una serie de criterios básicos y concretamos en cinco el número
de blogs con el que trabajaríamos y en tres el número de foros, aun-
que debo decir que los blogs y foros que he ido siguiendo son más de
los que aquí expongo.




133ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Para poder trabajar con blogs tuve en cuenta en el proceso de
selección: 1) el idioma, que debía ser escrito en español; 2) la fecha
de creación (consideré mínimo un tiempo de dos años como fecha
de creación aunque también he incorporado a una bloguera novel en
el estudio); 3) el hecho de ser actualizados regularmente —al menos
un par de veces al mes—, y 4) debían contar su historia. Todos los
blogs con los que he trabajado tenían en común que el eje temático
era la autolesión corporal. La búsqueda de blogs la realicé de dos ma-
neras: una que podríamos llamar pasiva, a través de la suscripción a
alertas google, con lo cual a diario me llegaba por correo electrónico
información sobre nuevas webs, blogs e información, y otra activa, a
través de Technorati, que me permitió la búsqueda activa a través de
palabras clave no solo en blogs sino también en posts.


Llevar a cabo este proceso de selección no fue tarea fácil, puesto
que hay muchísimos blogs con historias de autolesión y todos ellos
interesantísimos. Las unidades de observación seleccionadas fueron,
como bien he planteado, al azar, teniendo en cuenta los ítems que
previamente había elaborado; la selección buscaba ser representativa
—en cuanto a sexo y edades—, aunque debo decir que todos ellos se
encuentran entre los 17 y 25 años. Buscaba también encontrar signifi-
cados diversos y motivaciones distintas hacia la autolesión —a veces
percibida como reacción emocional a un dolor intenso, otras como
un estilo de vida y en la mayoría asociado a una categoría diagnóstica.


trAtAmIento de lA InvestIgAcIón


Una de las principales dificultades con las que me he encontrado a
nivel metodológico tiene que ver con mi inseguridad para cerrar el
campo. Siempre he tenido la sensación de que sería pertinente hacer
alguna entrevista más, añadir algún otro perfil, realizar más observa-
ción, incorporar algún otro blog o alargar el seguimiento de los foros.
Parecía que nunca llegaba al punto de saturación teórica que Glaser
y Strauss (1967) sugieren, siempre quedaba algún cabo suelto, siem-
pre necesitaba más tiempo, más observación, más campo… Era una
sensación de inconformismo-inseguridad absoluta, en donde parecía
que por mucho registro y análisis siempre necesitaba más. Sin em-
bargo, llegó un momento en el que me planteé el punto y final. Era
consciente de que si no me retiraba aquella sensación podía alargarse




134 ORIOL ROMANÍ (ED.)


ad aeternum y que la tesis nunca terminaría. Escoger este momento
no fue fácil, básicamente porque establecí una muy buena relación y
me sentí emocional y personalmente muy implicada con la mayoría
de mis informantes. De hecho, creo que las relaciones que establecí
llegaron a absorberme tanto que pasaba muchísimas horas conecta-
da, siguiendo foros, blogs, viendo vídeos de Youtube, escuchando su
música —me impactó especialmente—, grupos como Evanescence,
Tiritas de alhambre, Superchick, My chemical romance, May, tam-
bién interpretando su letra, siguiendo hilos, posts, intervenciones, etc.
La inmersión fue total. Aunque traté de mantener el punto de extra-
ñamiento que se requería para poder escribir algo reflexivo al hilo de
mis observaciones, llegué a sentirme muy adentro, y en ocasiones me
costaba muchísimo alejarme. Sobre esto debo decir que, aunque yo
así me sintiera, para ellos nunca fui una más; en todo momento tenían
claro cuál era mi rol.


Sobre la cuestión del registro de mis notas y diario de campo,
en un primer momento pensé en crear un blog. De esta forma utili-
zaría un recurso virtual que me permitía editar mis observaciones y
reflexiones siguiendo un orden temporal, así como ir incorporando
los registros. Sobre este punto, debo decir que, aunque en un primer
momento me pareció muy buena idea, pues de esta forma mis infor-
mantes tenían acceso a la información que publicaba, me daba mie-
do que el uso público de este medio para mis anotaciones privadas
sesgara parte del material que publicaba precisamente por el hecho
de que sabía que sería leído por terceros. Así pues, decidí seguir con
el formato del diario de campo-libreta tradicional aunque posterior-
mente creé de todas formas un blog —<http://cuerpoypadecimiento.
blogspot.com>—, en donde presentaba reflexiones e ideas, y colgué
también algunos artículos, reseñas de libros, videoclips, etc. En cierto
sentido, la idea del blog fue publicar cosas que no sabía muy bien
donde encuadrar pensando que después, en la distancia, me sería más
fácil retomarlas. A la hora de registrar mis notas en el diario de campo,
debo apuntar que, aunque intenté ser rigurosa obligándome a escribir
al menos una vez a la semana sobre cada sitio, digamos que el registro
se cumplió en el tiempo pero no en la forma, pues el diario de campo
está repleto de ideas, unas sueltas, otras desarrolladas, mapas, esque-
mas, fragmentos de transcripciones, etc., y hemos de tener en cuenta




135ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


que en todos estos registros juega un papel muy importante mi parti-
cular visión sobre el hecho y las relaciones observadas.


En relación a la cuestión del tratamiento de la información reco-
pilada tanto en blogs como en foros, está claro que trabajamos con
documentos textuales. Para su registro, me he ceñido en utilizar crite-
rios de tipo cronológico, tanto para los blogs como para los foros. Sin
embargo, he de decir que, aunque en un primer momento utilizaba
documentos Word para cada blog y foro, en donde iba cortando y pe-
gando los registros e iba actualizando comentarios, debo reconocer
que descubrir Google Docs en el transcurso de la investigación me
facilitó mucho mi trabajo, puesto que suponía tener el documento en
línea siempre disponible para poder editarlo e incorporar actualiza-
ciones, y esto podía hacerlo desde cualquier lugar con conexión a la
red. El hecho de poder también añadir comentarios sobre el texto me
facilitó el empezar a construir categorías analíticas y poder trabajarlas
desde el texto mismo. Para la construcción de estas categorías utilicé
conceptos tanto de «experiencia próxima o experience near»: ner-
vios, cortes, miedo, dolor, enojo, tristeza, angustia, enfado, locura, way
of life, como de «experiencia distante o experience distant» (Geertz,
1994: 74): autolesión, self-harm, síntoma, trastorno y adicción.


En relación con el análisis de los datos, he de decir que, a medida
que iba haciendo observación, recolectando datos y vaciando artícu-
los, empecé a enfocar el eje de esta investigación y a seguir los filones
que creía que podían enriquecer el trabajo de campo. Es en este sen-
tido que me gustaría apelar a la necesidad de entender el análisis más
como proceso que como resultado, puesto que el mismo diseño, la
formulación del problema, las decisiones, puntos de focalización, etc.,
que tomé durante el trabajo de campo no fueron azarosas y de alguna
forma condicionaron la propia observación, y por ende, los resultados
que de ella se derivan.


Más allá de la cuestión de la identidad red o del individualismo en
red, de las «comunidades personalizadas» de Wellman o de las «redes
centradas en el yo» de Castells (1997:29), me ha resultado especial-
mente útil para el análisis de estas redes recuperar el concepto de «mo-
vimiento social», teniendo en cuenta la esencia exclusivamente online
de este tipo de movimientos y entendidos estos como nuevas formas
de acción colectiva que únicamente operan en la virtualidad, amplian-
do los escenarios que proponen autores clásicos como Dahrendorf
(1979), Pérez Ledesma (1987), Herbig (1983) y Wolf (1979).




136 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Lo interesante y ciertamente curioso de estos nuevos movimien-
tos sociales es su naturaleza, puesto que es a partir de conductas es-
tigmatizadas offline que se generan formas de movilización colectiva
online que buscan recrear un mundo paralelo alternativo con toda
una simbología —princesas tristes, hadas, mariposas, muñecas rotas,
ositos de peluche (a veces mutilados), bailarinas—, todo esto con mú-
sicas melódicas de carruseles o joyeros infantiles, en representación
de mundos oníricos paralelos que se quebrantan ante las imágenes
de cortes y fotografías de autolaceraciones con palabras como: «odio»
«fuck you», «pain», «alone» o «zombie».


dIlemAs étIcos


Paralelamente al inicio de la investigación empezaron a surgirme du-
das acerca de cómo podía estar segura de no estar causando ningún
perjuicio a mis informantes.


En el trabajo de campo offline en unidades de salud mental in-
fantil y juvenil, y en unidades especializadas de crisis del adolescen-
te (UCA) en Barcelona (2005), Tarragona y Reus (2007-2008), se me
había dejado claro que no debía preguntar explícitamente sobre au-
tolesiones; de hecho, ni en el consentimiento informado ni cuando
explicaba a mis informantes mi trabajo, ni cuando se lo explicaba a
sus padres, nunca hablé de ello por indicaciones del personal sanita-
rio. Me arriesgaba a que durante las entrevistas no surgiera el tema,
pero por lo común sí emergía. Por regla general no tuve demasiados
problemas para conectar con los chicos y sus padres tampoco pre-
guntaban demasiado; supongo que porque creían que formaba parte
del staff de profesionales que trabajaba en la unidad. Solamente en un
caso, con un chico de unos 17 años ingresado en la UCA y diagnos-
ticado de esquizofrenia paranoide, tuve un punto de desencuentro
interesante. Ethel, que así se llamaba, ansiaba ser entrevistado. Desde
que había visto el cartel en el que animaba a los jóvenes a participar,
tenía ganas de hablar conmigo. De hecho, las tardes en el centro eran
una auténtica persecución. A veces le decía que hoy no, igual maña-
na… Siempre traté que Ethel —y el personal— no se dieran cuenta,
pero lo cierto es que me daba miedo estar a solas con él. Un día ya
no pude escaquearme más. Me asaltó por el pasillo y me preguntó si
podíamos hablar. No podía decir que no, sabía que ya había terminado
y me disponía a ir al control de enfermería para recoger mis cosas




137ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


e irme. Aquella tarde Ethel había estado observándome y esperando
el momento. Quería hablarme de muchas cosas y también sobre el
cartel. Me dijo que no podía esperar más. No accedió a que nuestra
conversación fuese registrada y charlamos sentados en unos asientos
en el pasillo. No me atreví a estar con él a solas en el despacho donde
normalmente realizaba las entrevistas.


Ethel era un chico de 17 años. Moreno, tenía el pelo cortito, era
delgado, menudo y su rostro tenía un punto blanco-amarillo. Recuer-
do su mirada; me miraba siempre directamente a los ojos y eso me
incomodaba. Parpadeaba poco y hablaba muy despacio, supongo que
por efecto de la medicación. A veces no lo entendía. Me dijo que
lamentaba haber arrancado el cartel hacía unos días, que lo sentía
mucho, pero que no entendía cómo había decidido ir ahí a trabajar
sobre «emociones» cuando lo que precisamente se evitaba era que
pudiesen «sentir». Me dejó perpleja. El Ethel que tenía ante mí no te-
nía nada que ver con el Ethel que hacía unas semanas había ingresado
en el centro. Por aquel entonces yo estaba en la unidad y pude ver a
través de uno de los monitores a Ethel en plena crisis: sus gritos, su
rabia, sus golpes... Estaba totalmente fuera de sí. Fueron necesarios
tres celadores para contenerlo. Quizá por eso siempre procuré evitar-
lo. Me daba miedo, sí, miedo, aunque en ese momento sentí tristeza y
también rabia, rabia porque sin quererlo había resultado ser víctima
de mi propio veneno, y no me había dado cuenta de los daños que eso
podía ocasionar. Me preguntó si conocía algo acerca del «cristal» y el
MDA, «la pastilla del amor», y que quizá por ahí podía encontrar algo.
Le dije que no y él me confesó que deseaba volver a sentir. Estuvimos
charlando cerca de media hora. Algunas veces se iba (metafóricamen-
te hablando), otras volvía. Se levantaba, luego se sentaba. A veces se
quedaba quieto y me miraba fijamente. Nuestra conversación terminó
cuando, por suerte para mí, nos avisaron de que era la hora de ir a
realizar actividades en la sala de juegos. Suspiré. La charla terminó ahí
y ya no volvimos a hablar más.


El encuentro con Ethel me sirvió para reflexionar sobre aspectos
de tipo ético en mi investigación. Efectivamente, había pasado por
varios comités de bioética, me sentía respaldada por consentimientos
informados pero, ¿cómo podía garantizar que no les estaba ocasio-
nando un daño, ni que fuese involuntario? ¿Cómo podía garantizar el
principio de no maleficencia hacia mis informantes?




138 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Había leído sobre los principios que establece el Comité Ético
del Consejo de Investigación en Ciencias Humanas y Sociales.
Procuré cumplir todos los requisitos: 1) sujeto informado, 2) que dé
su consentimiento explícito, 3) confidencialidad de los datos y 4)
uso de la información recopilada de forma restringida. Sin embargo,
algo en mí no encajaba. Tenía las espaldas cubiertas, eso sí, también
según el Ethics Working Committe and AoIR (Association of
Internet Researchers)12, había hecho los deberes. Antes también de
acceder al campo por segunda vez había realizado un cuestionario:
What is special about ethical issues in online research?13 que me
avalaba «científicamente». Hice también una primera estimación
sobre algunos de los riesgos que podía comportar esta investigación:
metodología, posibilidad de garantizar la confidencialidad de mis
informantes, contraste de la información y garantías sobre que
el conocimiento que iba a obtener justificase la investigación en
sí misma. Sin embargo echaba de menos algo: ¿dónde estaban mis
informantes en todo este proceso? ¿El consentimiento informado
era suficiente como para garantizar el principio de no-maleficencia?
¿Cómo saber, cómo percibir si les estaba ocasionando algún agravio?
Otro aspecto es que, por la franja de edad con la que trabajaba (de 14
años en adelante), quizá para el grupo de los menores hubiese sido
pertinente la obtención del consentimiento de sus padres, y no lo
solicité. Tampoco a las chicas.


Sin lugar a dudas es un tema complejo, que nos plantea gran can-
tidad de dilemas y sobre el que creo debemos reflexionar mucho tra-
tando siempre de tener en cuenta que cada investigación debe ser es-
tudiada en sus propios términos, y sobre la que muchas veces resulta
difícil establecer de forma genérica criterios unificadores.


Conclusiones


En este artículo he querido presentar algunas de las estrategias y re-
flexiones con las que he trabajado durante mi experiencia de campo
en el espacio virtual. Tal y como hemos visto, las posibilidades de la


12 <http://aoir.org/reports/ethics.pdf>


13 <http://www.nyu.edu/projects/nissenbaum/ethics_cap_full.html>




139ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


etnografía en el trabajo en línea son muchísimas, aunque también es
cierto que es necesaria una readaptación de algunos conceptos clá-
sicos, mientras emergen por otro lado otros nuevos, intrínsecos a la
virtualidad, que deben ser incorporados.


Como hemos visto, este es un trabajo más metodológico que ana-
lítico, por lo que formaría parte de la fracción oculta —o no formal-
mente visible— de nuestras observaciones, de aquello que se intuye
cuando uno lee una etnografía pero que no se ve, de aquello que se
palpa pero no se plasma, tratando así de hacer visible, de objetivar, los
elementos y condicionantes que intervienen en el diseño y posterior
desarrollo del trabajo de campo.


Esta investigación se enmarcaría dentro de una investigación más
amplia cuyo hilo conductor central se orienta hacia la comprensión
de los sentidos y significados de las acciones corporales autolesivas
entre los jóvenes.


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PRESUNTOS IMPLICADOS: EL ETNóGRAFO PACIENTE


Marta Allué
Investigadora del Departamento de Antropología, Filosofía y Trabajo


Social (DAFITS), Universitat Rovira i Virgili (URV)
mallue@tinet�org


Resumen: El texto describe someramente las características del tra-
bajo de un etnógrafo que, en un momento determinado, se con-
vierte en observador implicado como consecuencia de un acci-
dente� Ese punto de partida le permite formar parte del elenco de
actores que interactúan en el ámbito de un hospital� Se analizan
las ventajas e inconvenientes de esa posición, así como la validez y
aplicación de los resultados�


Palabras clave: observación participante, implicación, enfermedad,
discapacidad, interacción�


Abstract: This text briefly describes the characteristics of the work
of an ethnographer who, at any given moment, may become an
participant observer as a result of an accident� This starting point
allows him to join a cast of actors who interact in a hospital
context� The text analyzes the advantages and disadvantages of this
position and the validity and application of any results�


Keywords: participant observation, involvement, illness, disability,
interaction�




144 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Susan DiGiacomo, Robert F. Murphy o Arthur Frank, entre otros, fue-
ron víctimas de diferentes trastornos físicos graves, y optaron, en un
momento concreto de sus carreras, por explorar el entorno de aque-
llas circunstancias personales. Sus experiencias con la enfermedad y
su gestión quedaron reflejadas en sus respectivos libros y artículos.
Salvando las distancias, me honra pertenecer a una generación de an-
tropólogos que ha optado por indagar en su propio terreno, diver-
giendo de la corriente mayoritaria que busca en el «otro» la diferencia.


Desde 1979 hasta 1991 dediqué mi tiempo a la observación, al es-
tudio de los procesos del morir en el hospital y de la muerte del otro,
olvidando que tal vez algún día sería yo la víctima y no el observador.
Con paciencia todo llega, así que un buen día conseguí, sin proponér-
melo, aquello que ambicioné para mejorar mi ubicación en la torreta
de observación de campo: una estancia, cobrando pero sin beca, en
un hospital de tercer nivel. No hubo limitaciones ni acuerdos con el
jefe de servicio, ni tampoco cartas de recomendación de tutores, por-
que entré por la puerta grande de urgencias1. Eso sí, sin bata blanca2.


Es obvio que en aquel momento no pude prever, ni mucho menos
preparar, entrevistas o unidades de observación. Tenía inquietudes, no
un proyecto definido. Si bien el noventa por ciento de mi cuerpo es-
taba fuera de servicio, mi oído seguía funcionando a la perfección. Y la
memoria, en aquél entonces, era amplia y los bytes usados suficientes
para organizar datos. Así que cuando lograba desprenderme del ruido
de mi cuerpo iba aprendiendo a procesar la información que fluía sin
más interferencias que una u otra intervención quirúrgica. La adrena-
lina y las endorfinas me mantuvieron alerta y, como drogas exógenas
no hubo —la ignorancia en aquel momento sobre la analgesia era
grande—, son escasos los que todavía se atreven a decir que aquellas
observaciones nunca fueron objetivas porque estuve sometida a un
enorme estrés paliado con la ayuda de la sedación3. Aquella experien-


1 En 1991 sufrí un accidente que me ocasionó quemaduras y secuelas muy graves.


2 Serena Brigidi (2009) defendió en su tesis de doctorado el rol del «antropólogo
de bata blanca».


3 Hacia 1996 un médico intensivista a quien acababa de conocer me desacreditó
en público durante el transcurso de un congreso de su disciplina: «Lo que usted dice
no es válido porque en aquel momento, ingresada en una UCI, usted tenía disminuida
su capacidad cognitiva» (sic).




145ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


cia, más adelante, se convirtió en un relato autobiográfico, «Perder la
piel», que apareció publicado en 1996. Las observaciones etnográficas
que incluí en el libro nunca fueron sistemáticas, no seguí pautas ni
trabajé con absoluto rigor científico, porque registraba de forma auto-
mática y sin criterio lo que se me antojaba útil: mi objetivo era, simple-
mente, narrar la aventura. No obstante, ese primer período en el hos-
pital constituyó un muy importante punto de partida en lo que más
adelante ya serían proyectos, porque iba a permitirme trabajar desde
dentro de la institución y en directo: observación ultraparticipante.


Desde ese accidente, y aquel primer libro, he ingresado por lo
menos una vez al año en un hospital para recibir tratamiento quirúr-
gico, situación que me ha facilitado el contacto con el medio de forma
continuada. En cada una de esas ocasiones he recogido información,
ahora de forma premeditada, para ahondar en cuestiones relacionadas
con los derechos de los enfermos, la relación médico-paciente, con
el dolor y el sufrimiento, con los roles profesionales, la discapacidad
y también con la supervivencia. Algunas de esas cuestiones fueron
suscitadas por los temas de congresos, cursos o posgrados a los que
fui invitada; otras, por intereses relacionados con proyectos ajenos4, y
también propios5.


No busco en esta modalidad etnográfica respuesta a dudas per-
sonales. No hago terapia. Miro y observo; escucho cualquier cosa que
tenga que ver con la gestión de la enfermedad y de la discapacidad.
Algunos dicen que ese grado de implicación es arriesgado porque in-
defectiblemente se tiñe de subjetividad e impide establecer la distan-
cia con el objeto de estudio. Yo creo que es útil y hasta necesario si la
meta buscada es que las descripciones cualitativas resultantes sirvan
para corregir y mejorar los modelos asistenciales actuales.


4 Guia de recursos per a la inserció laboral de persones amb discapacitat.
Fundació Universitat Rovira i Virgili. Tarragona, 2003-2004; Catalina Jordi y Marta Allué,
codirectoras. Accions de difusió i formació per a la millora de la inserció laboral
de persones amb discapacitat. Fundació Universitat Rovira i Virgili. Tarragona, 2005-
2006; Catalina Jordi y Marta Allué, codirectoras. Mujeres con discapacidad y protección
social: accesibilidad y suficiencia. Fundació Universitat Rovira i Virgili. Tarragona. Fo-
mento de la Investigación social. FIPROS. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2007;
Catalina Jordi y Marta Allué, codirectoras.


5 Entre otros, un par de libros (Allué, 1996, 2004) y unos cuantos artículos.




146 ORIOL ROMANÍ (ED.)


¿Por qué hago aplicada? Porque la indignación es motivo suficien-
te para la investigación en antropología, como Laura Nader (1974:
284) afirmó en su día. Hay quién me busca o me contrata para que
explique en público lo que le hicieron a su padre, a su madre o a un
vecino en el hospital X o en la empresa Y, en el caso de personas con
discapacidad. Y lo hago. ¿Es antropología? No lo sé. Lo que me importa
es su eficacia.


¿Qué me interesa etnografiar/fotografiar de esas cuestiones sobre
las que he trabajado? Sobre todo aquello que se deriva de la interac-
ción: actores comunes —los pacientes— y actores profesionales en
las diversas escenas de la gestión de la enfermedad, de la deficiencia y
del riesgo. Cómo se gestionan los recursos para la enfermedad, la dis-
capacidad y la supervivencia. Cómo funciona la cooperación de gru-
po y la ayuda mutua; y en qué consiste la relación con los agentes que
hacen del sujeto una persona enferma, discapacitada o superviviente.
Cómo el Otro construye la diferencia del que juega en el campo con
un hándicap.


Implicación y distancia crítica


Durante los primeros meses de mi proceso asistencial me resultó im-
posible establecer la distancia necesaria entre lo que me estaban ha-
ciendo y diciendo los médicos o las enfermeras y lo que yo necesitaba
saber de sus actuaciones. Pero cuando convertí aquella experiencia
en materia de reflexión intelectual conseguí de forma paulatina des-
prenderme, además, de la limitación de la identidad que es común en
la mayoría de los enfermos. Logré distanciarme de mi cuerpo/objeto
de atención y cuidado, intentando pasar a una posición étic� Las cir-
cunstancias estresantes de una cura dolorosa o de la espera frente al
quirófano es evidente que me afectan como a todo el mundo, pero
múltiples intervenciones quirúrgicas y curas dolorosas sin anestesia
me han permitido lograr cierta objetividad en tales circunstancias.
Dicho de otro modo: la prioridad analítica que me impongo me fa-
cilita dejar de ser la víctima para convertirme en un mero observa-
dor, como si de una extracorporeación se tratara. Además, las curas y
las intervenciones quirúrgicas de los últimos años casi siempre han
sido predecibles, lo que facilita la preparación, el ensayo del abordaje
verbal y de la ubicación del punto de observación. Al fin y al cabo,




147ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


es únicamente en el medio hospitalario donde consigo que sea otro
quien se ocupe de mi ruidoso organismo para poder dedicarme a
otros menesteres, y hay que aprovecharlo.


Con el tiempo, también decidí —y costó mucho— presentarme
sin compañía a las consultas médicas, a las sesiones de curas o al an-
tequirófano. La decisión me reportó enormes ventajas tanto a nivel
personal como profesional. Personalmente recuperé autonomía: era
únicamente yo quien opinaba. El paciente acompañado de familiares
se convierte ante el médico en un ser indefenso, disminuido y débil al
que cuesta prestarle atención cuando se está decidiendo sobre el tra-
tamiento de su afección. En cuanto a la faceta profesional, la interac-
ción biunívoca (médico-paciente y/o patología) reduce la presencia
de ruidos en el mensaje, y el médico, sin audiencia múltiple, desgrana
a su antojo su discurso mostrándose mucho más distendido con el
lenguaje: al fin y al cabo está solo ante la patología. Todo ello facilita al
investigador el control sistemático de la información.


Por tanto, la implicación personal es legítima, y hasta necesaria,
en la práctica de la observación participante en temas asociados a la
enfermedad, la discapacidad o el sufrimiento. Lo he dicho en otros
foros y lo seguiré manteniendo. Indagar sobre las profesiones vincu-
ladas a la salud, el funcionamiento de los hospitales, las terapias y los
resultados de las mismas, o bien teorizar sobre los sistemas de salud,
es posible desde fuera. No hay problema. Ahora bien, para captar de-
terminados extremos en torno al sufrimiento humano hay que estar
dentro, muy dentro. No hace falta inocularse virus alguno ni esperar
a romperse la crisma. Se puede trabajar desde otra óptica, sobre la
narrativa del enfermo por ejemplo, pero en posición vertical se per-
ciben muchos menos detalles que desde la horizontalidad del lecho,
porque ahí se experimenta con lo propio y con lo ajeno.


Yo misma he llevado a cabo la experiencia visitando o siendo
‘el familiar responsable’ de algunos enfermos hospitalizados. Mi pre-
disposición era la misma. Es más, contaba con el cien por cien de
mis capacidades físicas; sin embargo, la verticalidad y la temporalidad
creaban zonas ocultas a la observación, inaccesibles, y también una
lectura mediatizada por el discurso del enfermo. Obtuve resultados
relacionados con la actitud de los profesionales para con el acompa-
ñante del enfermo, pero limitados en relación a la gestión de los pa-
cientes. Un ejemplo. En dos ocasiones distintas acompañé a diferentes




148 ORIOL ROMANÍ (ED.)


hospitales a dos personas con patologías muy complejas: cirugía del
raquis y cirugía cardíaca. Yo no era el único familiar/amigo presen-
te, aunque sí era oficiosamente la acompañante. En ambas ocasiones,
cuando los familiares recibieron la información de los cirujanos a su
salida del quirófano, éstos, sin vacilar, se dirigieron a mí personalmen-
te para darme las explicaciones pertinentes. La mujer de los bastones
debió parecerles a los médicos la de mayor confianza y responsabili-
dad. No hace falta bata blanca: la veteranía en la guerra hospitalaria es
un grado que nos permite mimetizarnos con el paisaje6.


Es cierto que un profesional de la salud con formación etnográfi-
ca podría mejorar los encuadres pero aún está más implicado que el
enfermo: son parte del sistema. Un sistema del que es muy complejo
distanciarse, igual que ocurre en la docencia. Simultanear dos roles
profesionales me parece inviable para el trabajo de campo. Enfermos
lo podemos ser todos, de modo que no es una categoría que pueda
descalificarnos, tampoco la elegimos y mucho menos la deseamos.


Víctor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco, superviviente del
Holocausto, se preguntaba en El hombre en busca de sentido, si «¿el
hombre que hace sus observaciones mientras está prisionero puede
tener ese distanciamiento necesario? Sólo los que son ajenos al caso
pueden garantizarlo, pero es mucha su lejanía para que lo que puedan
decir sea realmente válido» (2003: 22-23). La argumentación de Frankl
me conduce a un camino paralelo, el de la disciplina aplicada. Segura-
mente, debido al grado de mi implicación, siempre he concebido los
resultados de mi trabajo de tal manera que fueran aplicables.


Otras ventajas del presunto implicado


A pesar del manido tema de la distancia y de la implicación, en el ám-
bito en el que trabajo siempre hay más ventajas que inconvenientes.
La primera y más importante ventaja es que la mayor parte de los
espacios de observación no requieren permiso alguno para su acceso.
No se ‘entra’ en el campo: se está. El investigador/observador se mi-
metiza con el paisaje y los peligros de la sobreactuación de los acto-
res se eliminan. Se puede además suscitar la conversación, orientarla,


6 Desde hace años, en mi hospital de referencia, el personal sanitario me sigue
preguntando, aun con bastones y sin vestir bata alguna, si «soy de la casa».




149ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


recuperarla con otros actores y afinarla en segundas oportunidades
previstas e imprevistas.


Si la observación/interacción con los informantes espontáneos o
programados se hace durante un ingreso hospitalario, la disponibili-
dad del investigador para la obtención de datos es casi absoluta. En el
lecho no hay otra actividad, solo capacidad receptora de información,
24 sur 24. Además, si el ingreso se prolonga más de seis noches7, la
rotación de enfermos vecinos8 está casi garantizada y la variabilidad
de situaciones e interlocutores también. Es evidente que ese extremo
introduce una variable azarosa por cuanto el compañero o compañe-
ra de habitación pudiera no interesarnos por su perfil; no obstante,
esa eventualidad también puede producirse en otras circunstancias
de análisis menos aleatorias que un accidente o una enfermedad.


Las estancias medias y prolongadas en el hospital permiten que
nos beneficiemos del acceso a una amplia gama de profesionales/in-
formantes gracias a la rotación de equipos diarios, semanales e incluso
mensuales. Un ingreso de quince días en un hospital público posibi-
lita la interacción con una media de veinte informantes, de los cuales
solo una quinta parte podrían considerarse como formales, teniendo
en cuenta que no trabajan todos los días ni tampoco están disponibles
más allá de veinte minutos seguidos para un entrevistador ocasional.
Si lo que suscita nuestro interés son las prácticas, y mucho menos el
discurso en torno a la atención hospitalaria, verles actuar proporcio-
na mucha mayor información que lo que pudieran desglosar en una
entrevista abierta pero pautada, tarea que también he llevado a cabo
pero con resultados mucho más pobres. Entre el discurso estereotipa-
do y la acción hay una enorme distancia cuando se trata de médicos
y enfermeras. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la docencia: entre
el relato del maestro y la práctica docente suele mediar un abismo.
Los actores, en su propio escenario, improvisan sin guión alguno de
modo que hacen y dicen sin inhibiciones lo que más les conviene, y
el investigador puede preguntar, sugerir o suscitar algunas respuestas.


7 La estancia media de los ingresos hospitalarios en España fue, en 2008, según el
INE, de 6,96 días [consulta en abril de 2010 <http://www.ine.es/jaxi/tabla.do>].


8 Los hospitales públicos de España en los que he realizado la mayor parte de mis
observaciones no disponen de habitaciones individuales, salvo los boxes de las unida-
des de cuidados intensivos y otras unidades de aislamiento.




150 ORIOL ROMANÍ (ED.)


La horizontalidad del lecho como único punto de observación
es una limitación del campo. Es cierto, no suelo conocer lo que hay
en la backstreet, pero con el tiempo se logra seleccionar personajes
clave que pueden ampliar la información que fluye más allá del pasi-
llo. Ante un paciente conversador, el personal sanitario suele explicar
cosas, de manera que resulta bastante sencillo hacerse con la infor-
mación.


De todo ello me enteré gracias a la información que fluye entre la gente
que, en cárceles, hospitales o campos de internamiento, comparte por
necesidad un destino común, lo que les permite saber de unos y de otros
y también sobre las personas que disponen de sus vidas. La información
se filtraba a través de las paredes, sin necesidad de golpecitos o de men-
sajes en clave; lo sabíamos todo de todos, nosotros, pacientes y reclusos
al mismo tiempo; y nuestros dulces carceleros, las enfermeras, también lo
sabían (Márai, 2007: 164).


Si de lo que se trata es de obtener testimonios directos de los
enfermos, así como de su interacción con los profesionales que les
atienden, el lecho proporciona otras 24 horas non stop de actividad
cuando se comparte habitación y las condiciones físicas del etnógrafo
lo permiten. De nuevo el informante es aleatorio y su estancia puede
ser breve o demasiado prolongada, pero acaso sea esa triste o feliz
circunstancia azarosa la que nos permita mayor fiabilidad en relación
a los resultados: en esos casos no puedo elegir a mi informante. Hay
compañeros de habitación gloriosos, otros impresentables, y escasos
son los odiosos, que si bien son una carga para el etnógrafo-paciente,
se convierten en fuente caudalosa de referencias para el paciente et-
nógrafo, que sorbe con fruición los datos sin caer, eso sí, en la trampa
de la complicidad. Es difícil hacerlo y desgasta, pero la experiencia lo
facilita. Así, el tedio se puede combatir con provecho tomando notas
e incluso realizando registros sonoros de lo que acontece en la cama
de al lado, porque esos datos están en el aire, forman parte del paisaje
sonoro del hospital9.


9 Entendido paisaje sonoro desde el punto de vista de la ecología acústica, térmi-
no acuñado por R. Murray Schafer (1977) en la década de 50. Dicho concepto pretende
aunar bajo un mismo campo el estudio y análisis de entornos sonoros de distintas
índoles, para así poder analizar el sonido en términos etnológicos, sociales o culturales.




151ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Con el registro directo no hay vulneración alguna de derechos
puesto que no se trata de informantes clave ni tampoco utilizo el soni-
do directo en público. Es simplemente un soporte fácil para quien se
halla en posición horizontal. Solicitar permiso me resultaría fuera de
lugar. Anularía la virginidad de la información e incluso podría llegar
a perturbar la relación no profesional con el vecino de cama. Y si en
alguna ocasión decidiera utilizar una parte importante de un discurso,
no dudaría en pedir su autorización. La oscuridad y el silencio de la
noche hacen que las camas se conviertan en divanes de psicoanalista
y que los enfermos desglosen sus vidas sin ambages. El entorno y la
circunstancia de la enfermedad invitan al relato íntimo pero también
al análisis y a la crítica del sistema, aspecto este último de enorme
interés para mi trabajo.


Si todos esos elementos aleatorios impiden una buena cosecha de
referencias, en mi patología —hoy cronificada— la sucesión de ingre-
sos permite, por un lado, acabar lo que hubiera quedado pendiente,
revisar y tal vez preparar otros enfoques posibles. Aunque fuera de
todo rigor, lo más fascinante es precisamente el azar: nunca sé de an-
temano qué situación voy a vivir ni con quién.


Fuera del hospital, mi pertenencia al grupo favorece el acerca-
miento. A lo largo de mi camino he compartido mis días con otros
pacientes. Todos y cada uno de ellos, a veces de forma sistemática,
otras de forma aleatoria, han sido mis informantes. Con el tiempo he
formalizado algunas de esas relaciones a fin de obtener datos concre-
tos durante las entrevistas, sin olvidar la amistad que me une a mu-
chos de ellos. Muchos fueron compañeros de sala; otros vivieron cir-
cunstancias similares a las mías. Unos y otros conocemos muy bien el
contexto y la posibilidad de que ellos puedan ayudar con el relato de
su experiencia, o yo ayudarles escuchando. Esto facilita el intercam-
bio, hace que se presten fácilmente a la entrevista y que no exageren
ni inventen. Y lo más importante es que conmigo pueden narrar, sin
temor a herir, cualquier detalle por truculento que pudiera ser, no así
con los suyos. Los enfermos hablamos sin reservas cuando nos senti-
mos frente a un igual porque los lugares comunes son constantes y la
posibilidad de contrarrestar pareceres y experiencia se presenta libre
de pudores, rencores y miedos.




152 ORIOL ROMANÍ (ED.)


La disposición permanente


Entre los inconvenientes de trabajar siendo actor y no solo obser-
vador, tal vez el más notable es el hecho de que los períodos de tra-
bajo de campo fluctúan dependiendo de la patología personal. Las
ocasiones pueden presentarse repentinamente, para lo cual hay que
disponer a toda velocidad materiales y objetivos. Puede ocurrir tam-
bién que una complicación o, al contrario, una rápida resolución del
problema médico frustre la meta trazada.


La vinculación que se produce entre la experiencia personal y la
profesional en el antropólogo que padece un trastorno crónico y ade-
más se interesa por la reflexión sobre la salud y la enfermedad condu-
ce a lo que en otras ocasiones he denominado «la disposición perma-
nente del investigador». Esa predisposición debe haber sido trabajada
de antemano. Así, cuando la ocasión se presenta el investigador debe
saber disociar las conductas emocionales de las profesionales. La diso-
ciación se alcanza con la experiencia. No hay más secreto.


Mi entrenamiento en el campo del morir y de la muerte me fa-
cilitó retomar la práctica de la disposición permanente en el mundo
hospitalario. En aquella época, no podía «organizar» una muerte o un
funeral a mi antojo, así que cuando ocurría debía apresurarme a lan-
zarme al campo. Ahora, cada vez que de forma imprevista reanudo el
contacto con otros pacientes, los médicos o el hospital, activo el siste-
ma disponiéndome a superar el episodio con beneficios intelectuales.
Sobre este punto ya reflexionó en su día Colette Petonnet en un texto
en el que la autora consideraba la necesidad de estar siempre alerta
frente a la producción espontánea de información.


En diversas ocasiones, por ejemplo, he requerido una interven-
ción quirúrgica de urgencia, así que en esos momentos he tenido que
conjugar dos problemas: prepararme para la intervención y diseñar
urgentemente mi estrategia de acción profesional. En una ocasión fue
una razón técnico-profesional y no una personal la que determinó
la aceptación de la fecha que me propusieron los cirujanos para in-
tervenirme en el quirófano. Si aceptaba la cita propuesta, hecho que
trastornaba bastante mis planes familiares y de agenda, conseguía una
estancia inédita en una unidad de quemados distinta a la que conocí
cuando sufrí el accidente. Si rechazaba, la ocasión difícilmente volve-
ría a presentarse. De modo que acepté. La oportunidad de volver a




153ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


ingresar en una unidad de quemados agudos desde la veteranía era, en
aquellos momentos, única e ineludible. En apenas 48 horas tuve que
diseñar un plan de acción para asegurarme toda la información posi-
ble porque sabía que ese ingreso conllevaba un elemento añadido: la
incomunicación absoluta.


La unidad de quemados en la que ingresé se regía, en la época, por
unas normas draconianas de asepsia: los pacientes solo se comunica-
ban con las visitas por interfono; el personal sanitario vestía atuendo
de quirófano (gorro, mascarilla, peúcos, guantes estériles, etc.) y prác-
ticamente ningún objeto personal era admitido en las habitaciones;
aunque yo conseguí entrar clandestinamente mis instrumentos de tra-
bajo (papel, lápiz y magnetófono), me impidieron utilizar mi propia
silla de ruedas. Mi objetivo, en dicha ocasión, fue doble: realizar un
ejercicio de comparación sobre la organización de las unidades de
quemados y experimentar de nuevo el aislamiento


10
. Por esa época


trabajaba en un artículo sobre las condiciones contextuales del indi-
viduo sometido a aislamiento social en tres contextos diferentes: las
unidades de cuidados intensivos, los «zulos» de los secuestrados y las
celdas de los condenados. Mi trastorno me brindó una oportunidad
excelente para contrastar y valorar algunas de mis reflexiones en di-
recto. Muchos años después ese artículo embrionario se convertiría
en un libro sobre estrategias de supervivencia11.


Hoy sigo intentando renegociar mi ingreso en la nueva unidad
de quemados del hospital donde me tratan. Afortunadamente dejó
de ser un espacio hermético a la sociabilidad y me gustaría poder
contrastar mi anterior experiencia con la actual, sobre todo porque, si
bien las normas y características físicas de la unidad han cambiado ra-
dicalmente, gran parte de los profesionales siguen siendo los mismos
hoy en día. En diversas ocasiones me han invitado a conocer las salas
pero no es lo mismo ir de visita que recibir asistencia. Mis observacio-


10 Después del accidente permanecí durante cinco meses en una sala de cuidados
intensivos. Una circunstancia de orden organizativo me obligó a prolongar mi estancia
en la UCI más allá de lo estrictamente necesario, así que los dos últimos meses los
pasé dentro pero plenamente consciente y orientada, lo que me permitió observar su
funcionamiento. Tales condiciones son excepcionales puesto que la mayor parte de los
pacientes de intensivos sometidos a sedación no conserva recuerdos de ese período.


11 La piel curtida (2008). Barcelona: Edicions Bellaterra.




154 ORIOL ROMANÍ (ED.)


nes no serán ni de lejos tan agudas como las que pudiera hacer desde
una de las camas. Si admito la visita de cortesía me enseñarán lo que
al turista desde el autobús. Si entro de forma horizontal, aunque me
conozcan, deberán seguir el protocolo.


Espacios de interacción


Los hospitales brindan muchos y muy diversos espacios de interac-
ción. Para trabajar sobre ellos hay que fijarse en todo, desde las carac-
terísticas del edificio y su entorno (topografía hospitalaria) hasta as-
pectos como el sistema de señalización y orientación para el paciente,
la higiene, la seguridad o la identificación de los profesionales que
circulan. Interesa conocer cómo utilizan ese entorno tanto los profe-
sionales de la institución como los usuarios. Cómo interaccionan en
un medio concebido para una finalidad muy específica: curar y cuidar.


Los espacios de relación exclusiva con el personal sanitario son
las habitaciones, las salas de curas, las consultas externas, la UCI e
incluso los antequirófanos o las áreas de reanimación. Esos ámbitos
permiten al observador contemplar el desarrollo de las conductas
profesionales y su capacidad empática en relación al paciente, tanto
en circunstancias extremas (cura dolorosa) como en otras menos gra-
ves (consulta rutinaria). El paciente se encuentra a solas con sus inter-
locutores, carece de testigos y esa situación «autoriza» a los oficiantes
a realizar su trabajo sin las limitaciones que supone estar frente a un
familiar u otros pacientes. En esas áreas el enfermo deja de ser él mis-
mo, un todo, para convertirse en una parte: la que hay que tratar. El
antequirófano o sala de anestesia es una de ellas.


En ese lugar, el paciente espera hasta que entra en el quirófano
propiamente dicho. Hay hospitales en los que el paciente es aneste-
siado en esa sala y pasa ya dormido e intubado a la mesa de opera-
ciones. Ese umbral marca notablemente la diferencia, pero como los
usos y costumbres locales varían, a veces se puede llegar consciente
y orientado hasta el mismo teatro de operaciones, lo que permite la
apertura del campo hacia terrenos cenagosos para los profanos. La
desiderata del etnógrafo es conseguir una anestesia regional y sin se-
dación añadida. Entonces, las puertas se abren y el panorama es total.
El personal, desinhibido por la ausencia virtual del enfermo, habla
a sus anchas, actúa como si aquél nada pudiera ver o escuchar, y al




155ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


etnógrafo camuflado no le queda más que registrar en la memoria lo
que dicen —aunque mucho menos lo que hacen.


El paciente etnógrafo es, en el bloque quirúrgico, un ser horizon-
tal sin voz ni voto. Inmóvil, lejano y ciego muchas veces, pero sordo
—sin anestesia— nunca.


[…] con la quietud natural y decorosa de los enfermos, con las manos
descansando sobre la manta, pero de una forma más horizontal que una
persona sana: una postura que semejaba un poco la manera en que yacen
los muertos o los que han perdido en conocimiento. (Márai, 2007: 113)


Las salas de terapia ocupacional (T. O.) o los gimnasios de reha-
bilitación son otros espacios básicos para la interacción con pacien-
tes que presentan problemas óseos, musculares o neurológicos. La
T. O. es una «disciplina sociosanitaria que evalúa la capacidad de la
persona para desempeñar las actividades de la vida cotidiana e inter-
viene cuando dicha capacidad está en riesgo o dañada por cualquier
causa»12. Los pacientes de la sala dedican su hora a trabajos de tipo
manual, generalmente sobre una mesa y en grupo, lo que invita a la
interacción. Los enfermos, conminados por los terapeutas, suelen ade-
más narrar sus aventuras y desventuras. A la sala también acceden
temporalmente los familiares, que introducen elementos del exterior
y de la vida pasada de los pacientes, facilitando así la ordenación de
unos relatos que de otro modo sería difícil reconstruir


13
.


Si bien en T. O. predomina la interacción grupal, siempre fomen-
tada por los propios profesionales, el gimnasio/sala de fisioterapia
ofrece otra forma de interacción más interpersonal. Los gimnasios
suelen ser, en los hospitales, espacios amplios donde los fisioterapeu-
tas atienden a sus pacientes en exclusiva a lo largo de poco más de
treinta minutos. Las conversaciones suelen producirse entre paciente
y fisio, ampliándose el círculo durante los recesos al resto de los en-
fermos más afines en razón de la patología y el tratamiento. En ambas


12 <http://www.terapia-ocupacional.com/Definicion_TO.shtm>


13 En la sala de T. O. de uno de los hospitales donde estuve ingresada había per-
manentemente tres o cuatro pacientes que padecían traumatismos cráneo-encefálicos
en todas sus formas y grados, así como otro tipo de pacientes con patologías no con-
ductuales.




156 ORIOL ROMANÍ (ED.)


unidades de observación se obtienen datos seleccionables y, aunque
lo más frecuente es que la conversación sea distendida (se habla del
tiempo o del último programa de televisión con la sana intención de
no ensombrecer aún más el presente de los pacientes), siempre se
obtienen datos sustanciosos.


Otro ámbito, de uso exclusivo para los pacientes, son las salas de
visita, las salas de espera, las cafeterías y los pasillos de las unidades.
En estos espacios, lejos de los oídos del personal sanitario, se habla
de asistencia, se critica a quien nos atiende y cómo nos atienden, y se
interacciona libremente con familiares y amigos que estén de visita.
Es una tierra de nadie, aún dentro del hospital, sembrada de brotes de
los que hacer crecer nuevos informantes implicados (pacientes de
patología similar al etnógrafo), pero sobre todo es útil para conocer la
conducta del profano: el acompañante.


Los acompañantes aportan escasa información sobre el sistema
pero representan ampliamente al ciudadano medio, por lo que sue-
len ser útiles para establecer contrastes in situ sobre lo que piensan,
hacen y dicen, que suele distar mucho de lo que opina el enfermo en-
camado. El acompañante es el profano por antonomasia en el medio
sagrado del hospital. Es el ciudadano medio que se obceca por violar
normas y tabúes y se queja constantemente. Es también el mejor in-
formante para recolectar el más variopinto repertorio de conductas y
argumentos en torno a la espera, su más importante caballo de batalla.
Su tiempo se mide por un rasero muy distinto al del enfermo y al de
los profesionales de la institución, lo que genera discursos sustancio-
sos en torno a ello.


Los puntos de observación, desde la óptica del paciente, son di-
versos, pero como hemos visto, no pueden abarcar en absoluto la
totalidad del campo. Los lugares a los que puede acceder un paciente
hospitalizado se limitan a las áreas a donde se le dirige para seguir
el tratamiento o a aquellas menos medicalizadas por las que puede
circular libremente, pero en absoluto por las de uso exclusivo del
personal. No obstante, en alguna ocasión he negociado con éxito al-
gún objetivo de esa índole. La lectura por parte de los profesionales
sanitarios de los textos sobre hospitales siempre acusa cierto recelo
sobre las descripciones que realiza un observador que, a su vez, es
un paciente, precisamente porque no aparece nada de esos puntos
negros, de poca visibilidad.




157ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Etnografía implicada y aplicada


Durante un ingreso en el hospital, una infección de quirófano, que
afectó a seis pacientes más, malogró los injertos de piel que me im-
plantaron. Cuando la enfermera comprobó que mis heridas estaban
infectadas monté en cólera, ordené que se presentara el cirujano de
guardia y me dispuse a lanzar un discurso muy crítico sobre las con-
tradicciones asépticas que regían el funcionamiento del servicio. Lle-
vaba ya muchos años de observación como para callarme lo que hacía
tiempo quería discutir. El cirujano, para mi sorpresa, permaneció im-
pasible sin cuestionar ninguno de mis argumentos. Solo dijo: «Lo que
ocurre es que casi nadie se queja de problemas de este tipo porque
la mayor parte de los pacientes no sabe hacerlo». Por eso —quisimos
entender— parte de este problema no se arregla nunca. La respuesta
sentó mal a los otros pacientes que me acompañaban porque demos-
traba además que solo se escucharía a quienes actuaran desde la expe-
riencia y la objetividad. La crítica corrió como un reguero de pólvora
por los pasillos de la unidad. Yo sabía que el cirujano era contrario a
muchas de las normas impuestas en la unidad, que obedecían más
bien a cuestiones de organización interna e inmovilismo que a razo-
namientos médicos, pero no podía enfrentarse a solas y abiertamente
a sus superiores. Así que todo aquello que pudiera aportar el cliente
experto podría ser bienvenido.


Las observaciones y reflexiones del antropólogo que trabaja so-
bre cuestiones asistenciales desde dentro del sistema podrían conlle-
var una aplicación práctica nada desdeñable, de no ser por la actitud
extremadamente conservadora de la clase médica. Los médicos son
reticentes a admitir observaciones externas sobre la práctica asisten-
cial. Sin embargo, si las reflexiones proceden de alguien que conoce
el medio sanitario porque ha vivido en él como paciente, se dan dos
posturas: una, la más conservadora, es que se muestren absolutamente
reticentes argumentando que en ningún caso la reflexión del pacien-
te es objetiva porque está siempre determinada por el sufrimiento,
que es subjetivo; la otra, más abierta, la adquieren aquellos médicos
que en un momento determinado, y casi de forma inconsciente, tratan
al paciente reflexivo como un igual porque sabe utilizar su mismo
lenguaje y apenas muestra ni un atisbo de subjetividad cuando discu-
te sobre su trastorno. Es en ese momento cuando la reflexión trascien-




158 ORIOL ROMANÍ (ED.)


de más allá de quien la realiza —el etnógrafo enfermo— y el discurso
llega al médico como aportación al cambio de actitud, de conducta
profesional o de procedimiento terapéutico.


El ejemplo que he narrado tan solo es una pincelada que ilustraría
un objetivo de mayor envergadura: intentar la sistematización de las
reflexiones a fin de que tengan una aplicación práctica que beneficie
al paciente. La tarea es compleja y los resultados de mis ensayos no
siempre han sido positivos cuando me he enfrentado formalmente
con los médicos.


Me preguntan sobre cuestiones relacionadas con los derechos de
los enfermos (autonomía, toma de decisiones, voluntades anticipadas,
comunicación e información, etc.). Analizo esas cuestiones como an-
tropóloga, aun cuando suelo también utilizar ejemplos en los que yo
misma he sido la protagonista. No obstante, defender ante el públi-
co sanitario argumentos basados en observaciones no cuantificadas
y emics resulta difícil, aunque no imposible. Para ser merecedora de
su atención debo especificar claramente que mis observaciones nada
tienen que ver con la clínica médica, sino con los procedimientos
asistenciales, infraestructurales, de relación y organizativos, que son
también los únicos que puedo discutir como observador social.


El objetivo, durante esas aportaciones públicas, es mostrar un mo-
delo interpretativo del proceso asistencial en el marco hospitalario.
Los médicos aún no han formulado ningún modelo interdisciplinario
y holístico destinado al tratamiento de los enfermos. La especializa-
ción en Medicina y las formas de gestión de la salud han dotado a la
asistencia hospitalaria de mayor eficacia técnica, pero casi siempre
en detrimento del enfermo como persona. Para muchos médicos, los
modelos asistenciales no son más que construcciones irreales de una
complejidad estrictamente científica que escapa a cualquier contex-
tualización realizada por un no médico. Quienes intentamos formular
esos modelos no pretendemos discutir el saber médico, sino tan solo
el «hacer», con el objetivo de conseguir, a través de la descripción y
el análisis de conductas o prácticas, nuevas fórmulas que mejoren la
calidad de vida del enfermo.


En cualquier caso, como dice Michael Crichton, «puedes cuanti-
ficar el interés de una de tus afirmaciones porque es directamente




159ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


proporcional al malestar que provoca. Si dices algo, molestas a alguien
y nadie se queja, es que no has dicho absolutamente nada»14.


Bibliografía


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ción latina en Barcelona y Génova. Tesis doctoral. Tarragona:
Universitat Rovira i Virgili.


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metière parisien», L’Homme. XXIII (4): 37–47.


14 La Contra La Vanguardia, 10 de octubre de 2005






HISTORIAS PADECIDAS. NARRATIVA Y ANTROPOLOGíA MÉDICA


Sara García López
Máster en Antropología Médica (MAMSI), URV


Enfermera del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Madrid
mariacoyoto@gmail�com


Hilda E. Argüello Avendaño
Programa Doctorado en Antropología Médica, URV


Observatorio Mortalidad Materna de México
hildaeu@gmail�com


Resumen: En el presente trabajo se exponen dos narrativas, sobre
el proceso de salud-enfermedad-atención (SEA) y sobre la interrela-
ción entre personal de salud y usuarios en contextos sociocultura-
les distintos, con la utilización del sistema biomédico como deno-
minador común� Las narrativas revelan lo que ningún profesional
de la salud plasmó en los registros clínicos, ya que la aproximación
a la biomedicina conduce a la traducción de su padecer en enfer-
medad�


Palabras clave: narrativas, sufrimiento, padecimiento, malestar, en-
fermedad, proceso SEA�


Abstract: The present study discusses two narratives regarding
the health-illness-care process (HIC) and the interaction between
healthcare staff and users in different sociocultural contexts�
The common denominator between the two narratives is the
biomedical system and they provide additional information that
was ignored by health professionals in the clinical records because
their biomedical approach merely seeks to turn the suffering of
individuals into illness�


Keywords: narratives, suffering, pain, discomfort, illness, HIC
process�




162 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Introducción


The telling of stories, whether about oneself or others, is universal
Michael Bury


La presentación de narrativas del padecimiento busca fortalecer su
conceptualización y utilización como herramienta de investigación
antropológica, especialmente como una voz que desde la antropo-
logía médica contesta a la extendida corriente de la medicina/enfer-
mería basada en la evidencia. Defendemos que la forma de construir
el objeto de estudio determina el resultado de la investigación y que
es necesario un estudio «cualitativo, intensivo, en profundidad, de la
realidad en sus términos ‘naturales’ y desde dentro, aproximándose
lo más posible al punto de vista de sus protagonistas» (Romaní, 2002:
498); que describa realidades, descifre estadísticas, muestre lo que
hay detrás de los datos cuantitativos. Desde esta perspectiva se logran
comprender y explicar aquellas evidencias que constituyen los sabe-
res legitimados en el marco del modelo médico hegemónico (MMH)1.
A través de las narrativas se mostrará su capacidad para visibilizar las
relaciones de poder en las que se inscriben las vivencias de quien
relata, haciendo hincapié en aquel aspecto de la experiencia del pade-
cimiento que no llega a plasmarse en los registros clínicos.


El primer relato describe el itinerario de una joven mujer indí-
gena, de una zona rural mexicana, ante la irrupción de un episodio
agudo de una enfermedad crónica hasta entonces desconocida por
ella y su madre. La causalidad del padecimiento se relega a un segun-
do plano, ya que la búsqueda de atención aparece motivada por la
incapacidad para realizar las tareas cotidianas y la aflicción de una


1 El MMH se puede definir como «el conjunto de prácticas, saberes y teorías ge-
nerados por el desarrollo de lo que se conoce como medicina científica, que desde
fines del siglo xvIII ha ido logrando establecer como subalternas al conjunto de prácti-
cas, saberes e ideologías teóricas hasta entonces dominantes en los conjuntos sociales,
hasta lograr identificarse como la única forma de atender la enfermedad legitimada
tanto por criterios científicos como por el Estado. Los principales rasgos estructurales
son: biologicismo, individualismo, ahistoricidad, asociabilidad, mercantilismo, eficacia
pragmática, asimetría, autoritarismo, participación subordinada y pasiva del paciente,
exclusión del conocimiento del consumidor, legitimación jurídica, profesionalización
formalizada, identificación con la racionalidad científica, tendencias inductivas al con-
sumo médico» (Menéndez, 1988: 452).




163ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


madre por el deterioro de su hija, el temor a que fallezca y a tener que
hacerse cargo de sus nietos. La narrativa del padecimiento expone
las condiciones de vida adversas de algunos sectores de la población
que se ven marginados, no únicamente de los circuitos de atención
médica, desde antes de enfermar. Se considera aquí que sus procesos
de SEA evidencian la desigualdad a la que se ven sometidos durante su
vida por un cruce y concatenación del tejido político, social, étnico,
de sexo y económico, principalmente.


El segundo describe en primera persona la experiencia de una
enfermera que trabaja en un gran hospital español, en su relación
con una persona mayor a quien atendió buena parte de su estancia
hospitalaria por una reagudización de una insuficiencia cardiaca2. Se
expone desde la vivencia de la enfermera una situación de conflicto
generado por las insatisfechas demandas del usuario en su cuidado
hospitalario, lo cual replantea la clásica mirada que la antropología
médica ha dispensado en el estudio de la llamada relación médico-
paciente� Descentrándose de la crítica a la inadecuación del sistema
sanitario y de la ideología biomédica en la relación con los usuarios,
pero manteniéndose en todo momento la caracterización del MMH, la
narrativa destaca el malestar de la enfermera en la relación enfermera-
paciente.


Algunos conceptos teóricos fundamentales
BIomedIcInA


El sistema biomédico surgió de un «proceso coyuntural por el cual la
medicina técnica hipocrático-galénica, de carácter empírico-natura-
lista, incorporó los paradigmas biológicos de la ciencia experimental
y, a fines del siglo xIx, abandonó el discurso político-social sobre la
salud y la enfermedad» (Rosen, 1974; en Comelles y Martínez, 1993).
Es uno de los distintos, posibles y paralelos sistemas existentes en
torno al proceso SEA con sus propias bases ideológicas; su particular


2 Según la Sociedad Española de Cardiología se define como un «estado fisiopa-
tológico en el que alguna anomalía en la función cardiaca es responsable de la imposi-
bilidad del corazón para bombear sangre en la cantidad requerida por las necesidades
metabólicas tisulares». No obstante, reconocen que el diagnóstico de insuficiencia car-
diaca se basa en el juicio clínico, en el que debe tenerse en cuenta la historia, el examen
físico y las investigaciones diagnósticas apropiadas (Pascual et alii, 2004: 2).




164 ORIOL ROMANÍ (ED.)


forma organizativa que otorga central importancia a la estructura hos-
pitalaria, relegando frecuentemente la atención primaria; así como su
especial base técnica como medio para la identificación y resolución
de problemas de salud. La ideología que determina su orientación,
caracterización y objetivos es la descrita en el MMH.


lA relAcIón médIco-pAcIente


De acuerdo con los diversos modelos descritos desde la sociología y
la antropología, se asume que el modelo dominante en la biomedicina
es el del profesional (médico, en este caso enfermera) experto, legiti-
mado y con autoridad técnica y moral para dictar los comportamien-
tos que él considera adecuados para que el paciente los siga, en aras
de la curación de la enfermedad.


Al hablar de los prestadores de servicios de salud tendríamos
que hacer referencia a un campo amplio, heterogéneo por sus acto-
res, integrantes de un sistema médico llamado biomedicina o medici-
na occidental, que se impone —de acuerdo con Menéndez— como
un MMH en la mayoría, si no en todos, de los países occidentales. La
heterogeneidad de actores en este campo se explica tanto por sus
distintas formaciones académicas y competencias técnicas como por
el sexo, edad, jerarquía, antigüedad en el puesto de trabajo, lugar de
origen, historia de vida y por otras características que no siempre se
encuentran explícitas (Bourdieu, 2002: 103). Este conjunto de carac-
teres manifiesta la diversidad que puede encontrarse entre ellos, y
que aportan elementos distintivos en sus relaciones con los usuarios.


El «paciente», ignorante, no experto, debe ser sumiso, pasivo, obe-
diente y paciente con las pruebas, exploración, medicamentos, citas
y conclusiones que el médico «prescriba». No obstante, son quienes
experimentan de manera directa lo que Laplantine (1986: 16) refiere
como «el sufrimiento y la conciencia de la experiencia mórbida, con
sus componentes irracionales de angustia y de esperanza». Esa ex-
periencia mórbida es un elemento significativo en la generación de
posicionamientos diferenciales entre usuarios y prestadores de ser-
vicios de salud. Se posicionan de manera diferente porque parten de
conocimientos y marcos de referencia también disímiles.


Ahondando en las características del MMH, aquí se considera la
relación médico-paciente de forma metonímica, como una parte en




165ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


la que indefinidamente se materializa y replica la relación de hege-
monía-subalternidad descrita entre el médico-sistema biomédico y el
paciente, su contexto e historia (Menéndez, 1988: 452). En la relación
enfermera-paciente se asume la asimilación de esas características y,
aunque no es objeto del presente estudio, sería interesante analizar
las semejanzas y diferencias de la relación enfermera-paciente respec-
to de las establecidas para la relación médico-paciente, ya que aquí
entendemos que existen elementos compartidos pero también algu-
nos que las distinguen.


Narrativas, antropología y el proceso SEA


La narrativa en general, y el ámbito de la etnografía en particular, sue-
len transformar historias desordenadas estableciendo vínculos entre
aspectos que hasta su llegada no existían, o que sencillamente no se
presentaban de la forma expuesta. O bien se construyen historias, mu-
chas veces a partir de relatos fragmentados, sin aparentes reglas o
intencionalidades, logrando diferentes alcances debido a la importan-
cia y focalización que se presta a la experiencia vivida. Con el fin de
comprender más acabadamente la utilización que hacemos de la no-
ción de narrativa, describimos algunos elementos que la caracterizan:


1) Autoridad etnográfica. Es la importancia de la experiencia
vivida por quien relata; en otras palabras, se destaca el hecho de que
quien la cuenta lo ha vivido, con lo que se pretenden afianzar las
nociones de objetividad, neutralidad y transparencia; por lo común
se emplea en los relatos en primera persona (Clifford, 1983; en Cra-
panzano, 1984: 53).


2) Teatralidad narrativa, virtuosidad interpretativa. Crapanza-
no (ibid) las asocia con «repetir, generalizar, simplificar, exagerar, ador-
nar». Las narrativas pueden tener un estilo u otro en función de los
diferentes recursos movilizados. Kelly las agrupa en géneros: épico o
heroico, trágico, cómico o irónico, romántico o didáctico (Kelly, 1994;
en Bury, 2001: 278).


De ambos elementos mencionados destacaríamos que:
• Los hechos son supeditados a los intereses que el autor tiene


sobre sus lectores y la credibilidad de la autora se basa en sus
descripciones.




166 ORIOL ROMANÍ (ED.)


• Tal y como indica Hyden (1997: 49), es un poderoso medio
para expresar el sufrimiento:


[...] Las narrativas de los pacientes dan voz al sufrimiento de tal forma
que recaen fuera del domino de la voz de la biomedicina, dadas las dudas
de la biomedicina para explicar, curar y mitigar el sufrimiento.


• El etnógrafo —el narrador, en esta asimilación que aquí esta-
mos haciendo— «debe hacer convincente su mensaje» (Cra-
panzano, 1984: 52). Resulta frecuente, e independiente de
las características de quien narra, que solo por el hecho de
narrar se da «una habilidad para utilizar técnicas y géneros
que configuran la vida y enfermedad en formas o patrones
culturalmente reconocibles y aceptables» (Ibid: 60).


A través de la narración se ordena y se descubre; la narrativa su-
pone un efecto organizativo sobre el narrador (Cortés, 1997: 99). A
propósito, Crapanzano cuestiona si las «presentaciones» del etnógrafo
están preñadas de significado por su esfuerzo interpretativo.


Mediante la narrativa la experiencia es re-presentada y relatada
(Good, 2003; en Cortés, 1997: 99). Ambos, narrador y escucha, «cons-
truyen» la narrativa (Hyden, 1997: 55). Por un lado, el discurso y la
escritura son en sí mismos interpretaciones que a su vez limitan la
reinterpretación (Crapanzano, 1984: 52).


En este sentido, puede verse el padecimiento como una disrup-
ción de la entidad del paciente y su narrativa como el medio para
reconstruirla, en el marco de la historia vital de cada persona (Hyden,
1997: 51).


Por otra parte, la narrativa también se contempla como una de las
principales formas a través de las cuales percibimos, experimentamos
y juzgamos nuestras acciones, el curso y valor de nuestras vidas (Ibid:
49), de manera que además de una construcción y representación
en la narrativa, hay una construcción narrativa del padecimiento
—«narrative construction of an illness world»— (Ibid: 56):


Las narrativas ofrecen la oportunidad de tejer las puntas abiertas del
tiempo, recrean un contexto temporal que ya se había perdido (Ibid:53).
Ordenando los síntomas del padecimiento (illness) y los eventos en un
orden temporal y relacionando ambos con otros eventos de nuestras




167ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


vidas se construye un contexto unificado y se establece entonces la
coherencia;3 cuando los eventos se reordenan para caber en un estilo
narrativo, se crea un guión (Ibid: 61).


La narrativa posibilita un vínculo con la enfermedad que permi-
te explicarla y entenderla, integrándola en la vida de quien la sufre
(Cortés, 1997: 99; Bury, 2001: 272). Tiene además un papel prominen-
te en la reparación y restauración de significado cuando éste se ve
amenazado (Bury, 2001: 264). Nos vemos forzados a revisar nuestras
identidades personales e historias vitales en términos morales, y de
esta forma las narrativas de los padecimientos tienen que ver en gran
medida con cambio, con la reconstrucción de la identidad, con la
reorientación de la vida tras la irrupción de la enfermedad, con las
distintas estrategias y actitudes que se han tenido o se deben adoptar
para manejarla en el momento y lugar en el que vivimos. A través de
la narrativa se reflejan los valores sociales y culturales, emergen las
expectativas de lo «bueno-malo», lo «deseable», el papel del enfermo,
etc. Las personas tienden a preguntarse qué hicieron bien, qué no
hicieron, cómo llevar la enfermedad de una forma «exitosa», cómo
disimularla, por qué les ha acontecido la enfermedad, cómo enfocar
sus responsabilidades, sus relaciones personales, qué lección «vital»
extraen de esa experiencia (Bury, 2001: 276). Las narrativas son ca-
paces de representar y reflejar las experiencias de padecer (illness)
en nuestra vida cotidiana4 (Bury, 2001: 274; Cortés, 1997: 98; Hyden,
1997: 52).


Como toda producción humana, las narrativas suceden en un
contexto sociocultural que moldea sus contenidos y alcances, como
intentamos reflejar en los relatos aquí presentados:


Nosotros continuamente producimos nuevas narrativas ante nuevos con-
textos, determinados por los factores situacionales. El contexto influye la
forma de narrar, su presentación e interpretación (Hyden, 1997: 52, 62).


A propósito de la contextualización del padecimiento (illness),
Osorio (2001: 32-33), parafraseando a Kleinman (1981: 72-74; 1978:


3 Énfasis de las autoras.


4 Énfasis de las autoras.




168 ORIOL ROMANÍ (ED.)


88; 1988: 5-6), señala que el padecimiento se «refiere a la experien-
cia psicosocial y al significado de la enfermedad (o la enfermedad
percibida). En este sentido, también es una construcción que incluye
los procesos de atención, percepción, respuesta afectiva, cognición
y evaluación dirigida a la enfermedad y sus manifestaciones, por par-
te del enfermo, su familia o las redes sociales». La enfermedad, tam-
bién conocida como disease, es una «construcción elaborada desde
la biomedicina, u otros practicantes profesionales, generalmente es-
tructurada al interior de un cuerpo de saberes teóricos y técnicos
que clasifican, etiquetan e interpretan los problemas de salud» (según
Kleinman, en Osorio, 2001: 32). Si la enfermedad no es una entidad en
sí misma, sino que debe considerarse una construcción cultural, las
narrativas de las enfermedades se construyen pretendiendo regular y
determinar las narrativas de los padecimientos (modelos explicativos,
ME) correspondientes.


Con relación a los modelos explicativos, Young (1982: 262) seña-
la que Good enfatiza la importancia del lenguaje en el padecer: «es
fundamentalmente semántico o significativo y toda práctica clínica
es inherentemente interpretativa»; sin embargo, Young menciona que
el planteamiento de Good se acerca más a la tradición simbólica de
Victor Turner, a filósofos de la hermenéutica como George Gadamer
o Paul Ricoeur, y acorde con sus influencias apunta a que «un pa-
decimiento o síntoma condensa una red de significados para quien
sufre» (Good, 2003; en Young, 1982: 262). De ahí que posteriormente
Good utilice el término de red semántica del padecimiento (seman-
tic illness network) para referirse a la «red de palabras, situaciones,
síntomas y emociones que se asocian con un padecimiento y le dan
significado a quien lo sufre» (Ibid: 263). Sin embargo, para Young el
énfasis está en el malestar (sickness), y propone de hecho una antro-
pología del malestar, entendiendo malestar como:


[...] el proceso a través del cual la conducta inquietante y los signos
biológicos, particularmente aquéllos originados en la enfermedad
(disease), confieren significados socialmente reconocibles, son vueltos
síntomas y resultados socialmente significativos. Cada cultura tiene
sus reglas para la traducción de signos a síntomas, para relacionar
sintomatología a etiologías e intervenciones, y para usar la evidencia
provista por cada intervención para confirmar las traducciones y legitimar




169ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


los resultados. El camino que una persona sigue de la traducción a los
resultados socialmente significantes constituye su malestar (Young, 1982:
270, también en Osorio, 2001: 34).


Osorio también apunta que las relaciones entre enfermedad y
padecimiento son de diversa índole, que pueden coexistir simultá-
neamente o con un relativo desfase; pueden darse la una sin la otra.
En desórdenes crónicos —en referencia a las narrativas que aquí se
presentan— muchas veces se superponen ambas, o en algún momen-
to puede existir la enfermedad y verificarse una mínima o nula expe-
riencia del padecer, o bien puede existir el padecer sin que exista la
enfermedad.


No obstante, si se toma en cuenta la dimensión social que incluye el
malestar, se observa que ni los procesos patológicos que manifiestan un
estado alterado (biológico o psicosocial) de la estructura/función del su-
jeto, ni la experiencia subjetiva del padecer, pueden ser comprendidos
plenamente fuera de la estructura de las relaciones sociales en las que
ambos se producen y son resignificados (Osorio, 2001: 34).


AlcAnces de lAs nArrAtIvAs


Como Cortés (1997: 112) señala, la experiencia de la enfermedad, el
padecimiento, coloca al sujeto en una situación de búsqueda de sen-
tidos en la que la narración, en todo su conjunto, resulta oportuna:
«Las corrientes interpretativas han propuesto que las experiencias de
padecimiento pueden expresarse en forma significativa a través de
narraciones» (Ibid: 98). Las narrativas pueden incorporar y recons-
truir ideas culturales sobre las causas de la enfermedad y sobre el
padecimiento en sí mismo como forma de incluirlo en la vida de una
persona (Hyden, 1997: 58). Además, permiten conocer cómo se cons-
truyen sus saberes, cómo manejan la experiencia, las formas simbóli-
cas de una cultura y las estrategias de atención. Tal y como señala Bury
(2001: 264), las dimensiones universales, culturales e individuales de
la experiencia humana son ensambladas por la narrativa, con capaci-
dad para expresar y transmitir el sufrimiento más allá de las formu-
laciones biomédicas de la misma: cuanta más importancia se da al
sufrimiento más relevancia alcanzan las narrativas (Hyden, 1997: 52).




170 ORIOL ROMANÍ (ED.)


El auge de la medicina «científica», ligado al desarrollo de los hos-
pitales, laboratorios y desarrollo tecnológico en general, implicó una
creciente concentración de esfuerzos por la obtención de datos «ob-
jetivos», signos o pruebas diagnósticas de los distintos y fragmentados
sistemas corporales del paciente «portador» de la enfermedad, en de-
trimento de su experiencia, sensaciones y creencias; en otras palabras,
de sus narrativas. La enfermedad descrita, definida y apropiada por
una profesión médica cada vez más poderosa fue separada de la expe-
riencia y sufrimiento de la vida cotidiana de quien la vivía (Ibid: 266).
Teniendo esto en cuenta, cabe pensar que «la existencia de una bio-
medicina cada vez más tecnificada e insensible con la dimensión sig-
nificativa, semántica, semiótica y hermenéutica de la enfermedad es,
con toda probabilidad, un elemento explicativo en la proliferación de
estas investigaciones interpretativistas» (Martínez, 2008: 104). Por su
parte, Kleinman, citando a Horton, argumenta que la medicina cien-
tífica moderna, tan dirigida a la eficacia en problemas biológicos, ha
perdido la capacidad para lidiar con el significado social de las enfer-
medades, quedándose sin respuesta a muchos problemas derivados
de los padecimientos (Kleinman, 1981: 100). Bury atribuye este hecho
también al alto e insostenible coste que el gran desarrollo tecnológi-
co implica en algunas sociedades, a una mayor «democratización» de
las relaciones sociales en general, a un mayor acceso a información
clásicamente circunscrita a los profesionales y al aumento de las en-
fermedades crónicas y degenerativas en detrimento de las infecciosas
(Bury, 2001: 268).


Consideramos que el estudio de las narrativas de los padecimien-
tos —herramienta privilegiada de indagación cualitativa— es nece-
sario tanto en el ámbito de la práctica clínica como en el de la inves-
tigación antropológica. Esto es así debido a la importancia señalada
de la forma en que se relacionan con nuestros padecimientos, vidas
e identidades:


Los relatos que la gente cuenta son importantes no sólo porque ofrecen
una ventana oculta a la experiencia subjetiva, sino también porque son
parte de la imagen que la gente tiene de sí misma. Estas auto-representa-
ciones narrativas ejercen un enorme poder. Moldean cómo conducimos
nuestras vidas, cómo manejamos el dolor, qué somos capaces de apropiar




171ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


de nuestra propia experiencia y qué repudiamos al familiar precio de la
neurosis (Ochbert, en Hyden, 1997: 50).


También son necesarias por su mencionada capacidad para ex-
presar y transmitir el sufrimiento, cuya importancia está aumentando,
junto con la experiencia de la enfermedad, más allá de las formulacio-
nes biomédicas de la misma.


Las narrativas nos ayudan a traducir o interpretar los diferentes
lenguajes en la medicina, algo inherente al quehacer antropológico
desde su nacimiento, para poder establecer puentes de comunica-
ción y entendimiento entre los distintos sistemas terapéuticos, pero
sobre todo entre los usuarios/pacientes y los prestadores de salud.
Puede concebirse la narrativa como campo semántico y las transac-
ciones clínicas como procesos interpretativos (Cortés, 1997: 98). Para
Kleinman, en el corazón del cuidado «clínico» yace un problema inter-
pretativo, de diferentes marcos cognitivos, culturales o conductuales
(Kleinman, 1981: 98), de diferentes modelos explicativos (ME) (Ibid:
99). En su defensa de los ME, las narrativas son útiles, dado que los ME
son «paquetes individuales de ideas no idénticas, constituidas por la
conjunción de componentes de varios sistemas de creencias» (Berger
en Kleinman, 1981:95). Estas características otorgan mayor importan-
cia al relato en primera persona; además de reflejar una categoría so-
cial, añaden variabilidad.


La falta de interés en las narrativas de los usuarios/pacientes en
favor de procedimientos técnicos desvía las actuaciones de atención
a la salud, cuando un diálogo eficaz, en muchas ocasiones, es el primer
y más importante filtro para la detección y tratamiento de problemas
de salud.


Así mismo, los profesionales, especialmente en la biomedicina, en
muchas ocasiones se escudan consciente y voluntariamente en tec-
nicismos que desarman a quien los escucha, impidiéndoles entender
palabras concretas y, muchas veces, el sentido de la frase por completo:


Es necesaria la traducción o interpretación de los diferentes lenguajes de
la medicina, los diferentes, quizás en conflicto, sistemas léxicos y semán-
ticos operando en los diferentes sectores y subsectores de la atención
sanitaria. Estos lenguajes médicos constituyen y expresan diferentes rea-
lidades clínicas y los conflictos entre ellos crean importantes dificultades




172 ORIOL ROMANÍ (ED.)


en la práctica clínica. [...] Los malos entendidos o la falta de comuni-
cación son un obstáculo frecuente para un adecuado cuidado de la
salud5 (Kleinman, 1981: 103).


No obstante, a pesar de que los médicos priorizan los signos clí-
nicos de la enfermedad/disease, dependen de las narrativas de los
pacientes/usuarios (Hyden, 1997: 49). «La atención biomédica no con-
ceptualiza los conflictos interpretativos habituales en la comunica-
ción clínica y en gran medida, crea esos problemas. La explicación de
estos problemas necesita ir más allá de los sistemas de significado, ya
que elementos de poder y políticos entran en juego en ellas» (Klein-
man, 1981: 104).


Aunque el objeto del presente trabajo no es el de fomentar un
debate en torno a la aplicación de las narrativas en la investigación an-
tropológica, sino el de presentarlas como herramientas, nos hacemos
eco de algunas llamadas de atención que han sido problematizadas:


• Para Young (1982), el análisis antropológico no debe excluir
las fuerzas sociales, económicas, políticas e ideológicas, por-
que sino sería un análisis individualista, limitado al sujeto. La
antropología médica debe indagar sobre las dimensiones so-
ciales e históricas, tanto de la enfermedad como de la produc-
ción del conocimiento biomédico, que no debe subordinar al
conocimiento antropológico (Martínez, 2008: 111-114).


• En el otro extremo del argumento, la corriente del
embodiment apunta que la enfermedad es una experiencia
vivida corporal y socialmente, de forma inextricablemente
unida a la subjetividad, a los simbolismos, a las relaciones de
poder, por lo que el cuerpo es más que una instancia biológica
que elabora una suerte de sincretismo de todas las fuerzas de
la cultura en que está inmerso para cada uno de los procesos
y vivencias que viven los sujetos sociales. Para Martínez
(2008: 115), las categorías de cuerpo, experiencia, sufrimiento
social o sociosomática plantean nuevos panoramas para
la aproximación a la enfermedad, pues buscan «ir más allá
del círculo hermenéutico del lenguaje y la textualidad para


5 Énfasis de las autoras.




173ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


alcanzar la base experiencial de la enfermedad». No obstante,
en torno a esta tendencia existen multiplicidad de teorías,
movimientos y autores, con gran cantidad de matices que por
cuestiones de extensión no podemos desarrollar aquí.


Narrativas del padecimiento
La muerte de marceLa6


Marcela falleció cuando tenía 30 años de edad y cuatro hijos. Separada
seis años antes de su fallecimiento, regresó a vivir en la cercanía de
la casa materna. El padre de Marcela murió 8 meses antes que ella. Su
madre, Marta, cuenta que Marcela era evangélica, hablaba tsotsil7 y
se dedicaba a cultivar café. Residía en una región que se caracteriza
por la presencia mayoritaria de habitantes indígenas. Marcela vivía en
una localidad de menos de mil habitantes (905 habitantes). Su madre
cuenta que:


Cuando [el marido de Marcela] empezó a buscarse otra mujer, comenzó a
portarse muy mal con mi hija, la empezó a regañar, la golpeaba, le pegaba
muy feo. Al separarse, ella se quedó con todos sus hijos.


Cuando Marcela se separó estaba embarazada, y su pareja se des-
entendió de la manutención de los niños. Marta recuerda que el pade-
cimiento se inició con un dolor de muelas:


Con lo de las muelas comenzó poco a poco y se fue agravando, creo que
tardó como tres semanas… estaba muy débil y además como no tenía
esposo, y yo tampoco, estábamos solitas. Fue a quitarse la muela; lo quitó
de este lado, luego de este lado, pero ¡qué va!, ¡nunca dejó de sangrar!
Empezó a salir [sangre] por todos lados, de noche y día. Poco a poco se
fue acabando mi hija, fue poniéndose pálida, sus ojos blancos… poco a
poco le fue afectando sus manos, sus pies y todo. La cuidé a lo mejor un
mes; ella ya no podía hacer nada, salía y se caía. Me acuerdo que una vez


6 El relato forma parte de las autopsias verbales realizadas en un proyecto de
investigación de muerte materna: «Mortalidad materna en regiones indígenas: una pro-
puesta metodológica para identificar a municipios de alto riesgo en salud materna»,
coordinado por la Dra. Graciela Freyermuth, en Chiapas, México. También forma parte
de un artículo: cfr. Freyermuth y Argüello (2011).


7 Lengua maya de las dos principales en la zona de los Altos de Chiapas, México.




174 ORIOL ROMANÍ (ED.)


por poco se quema, y es que ella también ya se desmayaba; cada vez que
quería caminar la teníamos que arrastrar porque como que ya no tenía
fuerzas en sus piernas. ¡Quién sabe qué clase de enfermedad tenía!


Yo le dije que por qué no buscaba su medicina, que fuera con los
doctores, que empezara a ver la forma en cómo tenía que curarse: «y es
que así como me ves, pues ya no estoy para salir a buscarte medicina, ya
no soy fuerte, porque si me esperas pa’ que yo te acompañe va a estar
difícil porque yo ya soy grande», así le decía a mi hija. Mi hija [buscó
atención] se movió todavía, porque trajo inyecciones, pastillas, pero ya ni
así, ya ni las pastillas la curaron [...]. Mi hija fue enfermándose, se habían
debilitado sus piernas, ya no tenía fuerzas, se caía. Ella todavía trataba
de caminar pero se caía, se caía mucho, de repente caminaba hincada,
arrastrándose.


Marcela buscó atención médica fuera de su localidad, en una loca-
lidad más grande, y utilizó la atención médica privada, cuyo principal
tratamiento fue la transfusión sanguínea, pagada por ellas mismas.


La primera vez fuimos con doctores particulares, gastamos mucho por-
que eran carísimas las medicinas, todo lo que le hacían a mi hija, todo era
caro. Gastamos mucho dinero así nada más, porque ni siquiera se curó…
no se curó. También fuimos a San Cristóbal. La llevamos para que le
pusieran sangre, fuimos a un hospital particular, no fuimos a un hospital
gratis. La sangre que le pusieron, pues salió toda, como que quiso reven-
tar la sangre por todas partes en su cuerpo.


Marcela continuó deteriorándose recaída tras recaída, lo cual no
solo quebrantó su salud sino también su economía, por lo que deci-
dieron acudir finalmente al hospital público de la ciudad más grande
de la región. De ahí fue derivada a un hospital con mayores recursos,
ubicado en la capital chiapaneca, alejado de su localidad de origen.


Yo le decía que buscara su medicina, que luchara todavía para que viva.
Porque yo le dije: «ya no estoy fuerte, ya no estoy sana, yo también ya es-
toy grande, estoy enferma». Yo le decía que si ella llegara a faltar quién iba
a cuidar a los niños, quién les va a dar de comer, mantener, lavar la ropa.
Le decía que ya no soy joven para mantener a sus hijos, para cuidarlos, y
ella solo me contestaba: «sí, sí», así nada más me respondía. Hicimos todo
lo posible para que se salvara; se fue a recibir los medios litros de sangre
que faltaban, y así fue que llegamos —me acuerdo muy bien— un día do-
mingo acá a la casa, y para el día lunes otra vez volvió a caer nuevamente;




175ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


se puso muy grave, no parece que le estuvieran haciendo algo, porque yo
no veía que se recuperaba, la veía igual.


Me da mucha pena, porque solo nosotras estuvimos luchando, vien-
do las cosas, me da mucha tristeza recordar que fui sola a San Cristóbal,
a Tuxtla, y yo no sabía hablar [español]. En el hospital de San Cristóbal,
con tal de que ella viviera le ponían una manguera en su nariz para que
respirara. Le decía: «¡ay, hija, de veras que ya estás muy grave!», pero ella ya
no me contestaba. Entonces, cuando me di cuenta que ya no me contes-
taba, le fui a decir al doctor, y como yo también no sabía hablar, no sabía
castellano, entonces le tuve que decir al doctor con señas, le decía que
ya veía muy grave a mi hija. Nos dijeron que ya no iba a aguantar, «ya no
lo va a soportar», dijo el doctor. Cuando llegamos a Tuxtla ella iba con su
suero, ahí estaba el suero para que no se pusiera más grave, pero cuando
llegamos allá le volvió a subir la temperatura, llegó hasta cuarenta grados,
yo le decía: «parece que estás muy caliente, ¿por qué no abres tantito tus
ojos?», pero ella no me contestaba, ya no hablaba. Ahí me mandaron a
comprar medicinas, y yo les dije a las enfermeras: «yo no sé dónde ir, no
conozco, no sé dónde comprar medicinas», les dije a las enfermeras que
vivimos muy tristes porque no tenemos a nadie… a nadie.


Marta conoció en el hospital a un señor llamado Roberto, quien le
ayudó como traductor con el personal de salud.


Él no era nada mío, solo porque él sabía castellano, por eso fue que le
pedí de favor que me acompañara. Así fue como nos cruzamos en el
camino, nosotras estábamos allá en Tuxtla, y el señor Roberto regresaba
a San Cristóbal y yo no me podía quedar solita, como yo no sabía hablar,
no sé hablar. Por eso también nos tuvimos que salir del hospital, porque
no podía quedarme yo sola, pensaba que si me quedaba sola no los iba
a poder entender, entonces pensé que a lo mejor me la iban a matar de
una vez a mi hija, así fue como nos regresamos. Como muchos dicen que
a veces sí los matan ahí, entonces, yo también tuve miedo, tuvimos que
salir. Como yo la veía muy grave y ya no podía hablar, decidimos salir del
hospital. El doctor dijo que si queríamos que viviera más tiempo, tenía
que ponerle cincuenta litros de sangre, y a lo mejor podía vivir como
unos seis meses. Pero sabe mejor mi hijo, él sí sabe bien. Mi hijo Miguel
nos estuvo apoyando todavía, sí, por eso a lo mejor él sabe mejor que yo.


Miguel, el hermano de Marcela, recuerda que:




176 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Hasta donde nos dijo el doctor la anemia sí se cura, pero lo que es anemia
«plástica»8, ya no tiene remedio, ya no se cura. Aunque tuvieras mucho
dinero, vayas donde vayas, de plano, ya no se puede curar, ya no tiene
remedio, por eso fue que tomamos la decisión de sacarla del hospital,
porque ya no teníamos dinero, y el doctor nos había dicho que de todas
maneras se iba a morir. Lo único que nos conformaba es que saliera viva
del hospital. Cuando salió del hospital vivió como una semana todavía.


Marta cree que la enfermedad fue debida a la tristeza, por su
preocupación, porque pensaba en cómo iba a conseguir dinero, cómo
iba a mantener a sus hijos, cómo iba a comprarles ropa: «como no tie-
ne su esposo a lo mejor por eso pensó mucho».


A lo mejor se ponía a llorar sola, ella se ponía a llorar. A mí me lo dijo, que
estaba muy triste porque como no tenía esposo se preocupaba mucho,
que de dónde iba a encontrar dinero para sus hijos; decía que se sentía
muy mal, que es muy triste estar sin el papá de los niños.


del dolor de muelAs A lA AnemIA AplásIcA


Las dos mujeres iniciaron una espiral de búsqueda de atención in-
fructuosa para remediar la enfermedad de Marcela. Apremiadas por
la gravedad de Marcela y la falta de recursos económicos se hicie-
ron evidentes los obstáculos dictados por el analfabetismo y el mo-
nolingüismo, manifestados en la desesperación de Marta al tratar de
comunicarse y entender lo que le sucedía a su hija. La invisibilidad
de la población indígena ante las instituciones (el hospital de Tuxtla
Gutiérrez no disponía de traductores de lenguas indígenas, como la
mayoría de las unidades hospitalarias en México) naturaliza a su vez el
bagaje de ciertas habilidades que la población debe poseer para hacer
uso de sus servicios. La percepción de la madre de Marcela respecto
de la enfermedad queda relegada a un segundo plano ante el esce-


8 En biomedicina, a esta patología se la conoce como anemia aplásica o aplás-
tica. Se trata de una deficiencia de todos los elementos que forman la sangre debido
a un fracaso de la capacidad regeneradora de la médula ósea. Puede responder a una
enfermedad neoplásica de la médula o, con mayor frecuencia, a su destrucción por
exposición a agentes químicos tóxicos, radiaciones ionizantes o algunos fármacos, an-
tibióticos y otros. Existe también una forma idiopática [de origen desconocido] rara de
la enfermedad (Diccionario de medicina Océano Mosby).




177ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


nario abrumador y demandante que los nuevos contextos le exigían;
si fue una afección de las muelas o anemia aplásica, el diagnóstico
es un detalle que poco se recuerda. No obstante, la enfermedad de
Marcela puede relacionarse con la exposición a agroquímicos duran-
te su trabajo en el cafetal. Deberá ser la población indígena, y no las
instituciones, la obligada a remontar los obstáculos implantados por
la lengua, así como la que —sin ayuda— deberá descifrar los códigos
y el manejo institucional que se le imponen. La endeble política públi-
ca en materia de salud, instrumentada por las instituciones sanitarias,
pone en manos de la propia población su supervivencia. Marta recibe
la noticia de que su hija no tiene curación y que si desea que viva un
poco más se le debería suministrar más sangre, lo cual dependerá de
sus posibilidades económicas y sus redes sociales, no de su derecho
constitucional a la salud.


Ante el inminente fallecimiento de Marcela y la partida de quien
la ayudó a comunicarse, Marta se conforma con sacarla con vida del
hospital. Esta decisión, que parecería tomada por la familia, en este
caso la madre de Marcela, es resultado de un contexto adverso para la
población más pobre y rezagada. Desde el punto de vista biomédico,
solicitar el egreso hospitalario en las condiciones de Marcela resulta
a todas luces ininteligible, imprudente por llevársela en el momento
de mayor gravedad de la enfermedad. Sin embargo, es una decisión
consentida ante la imposibilidad de resolver materialmente el pade-
cimiento —al menos las transfusiones sanguíneas; menos un posible
trasplante de médula ósea—, tanto por la institución como por la fa-
milia.


manueL y su enfermera9


Laura es una enfermera de 32 años, que ha trabajado cerca de diez en
esta profesión y siempre en el ámbito hospitalario, aunque no disfruta
de un contrato por tiempo indefinido.


9 La narrativa se ha obtenido de una investigación aún en curso por la autora
García.




178 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Yo entraba ese día al servicio de cardiología, como otras veces, tras mu-
chos días sin trabajar en esa unidad y en donde además llevaba pocos
meses. Me habían cambiado de lugar porque otra enfermera con más
méritos académicos y profesionales había pedido la unidad en la que yo
estaba trabajando. A mí me llevaron a la de ella, pero sin ubicarme exacta-
mente en el mismo servicio sino rotando por ése y otros. Han recortado
personal y, en vez de tener a X enfermeras por unidad, tienen a X -3,
por lo que hay dos rotando por todas las unidades para cubrir el traba-
jo que anteriormente hacían más personas. En esta planta en concreto
había estado muy poco tiempo. Todo influye, la cuestión de la veteranía,
la experiencia concreta en un servicio y en un puesto me parecen fun-
damentales, al menos para una enfermera hospitalaria. Aparte de ciertos
conocimientos que se adquieren en la universidad, y otros muchos más
que se obtienen a través de la experiencia profesional, hay otra batería
de pequeños detalles que solo cuando se conoce el sitio y el puesto dan
agilidad y fluidez. Y claro, tratándose de la atención a problemas agudos
de salud, cualquier pequeño detalle puede acabar no siendo tan peque-
ño. Si no sabes dónde está el material para cargar medicación, o para
hacer una cura, o la documentación necesaria para tramitar y/o realizar
una prueba, aunque sepas las bases generales, en esa unidad y/o en ese
hospital, puedes perder mucho tiempo y el tiempo es oro. Si alguien no
se encuentra bien, vital o no, mucho más oro. Tenía que pensar dónde
estaba cada habitación. Las rutinas que son diferentes y las compañeras
cuyos nombres no sabía de memoria… menos aún ellas el mío. Ni qué de-
cir del personal médico, con quien también toca hacer una parte impor-
tante del trabajo de cada jornada. En fin, estas y otras muchas cosas que,
al menos a mí, me daban sensación de inseguridad, miedo, desconfianza
e incluso incomodidad. Vas a pasar siete horas trabajando con gente que
no sabe absolutamente nada de tu vida ni tú de ella.


La enfermera que reemplacé llevaba las habitaciones A1 a A16. Impo-
sible olvidar la cama A1. Ocho enfermos, ¡un lujo! Nada que ver con hace
ya bastantes años, cuando «llevabas a» 18 pacientes. Sin embargo, igual de
cansada como una mula que en aquellos tiempos. Pero, ¿por qué? Si el
número de enfermos por enfermera ha bajado tanto, ¿cómo puede una
acabar tan cansada? El otro día lo hablaba con Juana en el autobús, la de
la limpieza de un servicio cercano. Si antes la esperanza de vida para los
hombres era de 78 años, ahora puedes contar cosas como el último día
que yo estuve en la planta de cirugía: me ingresaron dos pacientes recién
operados de corazón, uno de 88 y el otro de 89 años. Eso marca una di-
ferencia. Cierto es que ahora con 80 años estás mejor que antes con 70,
o al menos es muy probable. Estar con personas cuya edad muy rara vez
baja de los 75 años implica, entre muchas otras cosas, que no es lo mis-




179ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


mo una neumonía con 15 años que con 85. También hay que decir que
además de pacientes con más años, cada vez se asocian más problemas
de salud. Raro es el paciente que va a operarse o que ingresa para trata-
miento médico de un problema agudo que no padezca de hipertensión y
además, dislipemia, diabetes, insuficiencia renal, arritmia cardiaca más o
menos complicada, y/o cardiopatía isquémica, etc. En fin, que todas estas
cosas deterioran mucho la calidad de la vida de una persona cuando es
operada. La operación o el proceso de enfermedad tienen un impacto
diferente. Pero todos están en planta igualmente.


Así que, tras una hora hablando, sabemos que yo estaba en una plan-
ta nueva y un tanto asustada y con mucho trabajo porque, como acabo
de comentar, si hablamos en términos de dependencia, siguiendo a Vir-
ginia Henderson10, los pacientes de ahora necesitan muchas cosas para
el desempeño o supervivencia (no es «moco de pavo», eso de sobrevivir
allí) en el hospital. Yo no sé ni qué dosis ni qué tipo de hipotensor debe
administrarse a un paciente tras un infarto. Tampoco me importa, yo no
tengo que hacer esos cálculos. Tampoco tengo por qué saber qué prueba
diagnóstica es más oportuna en función de cómo va «evolucionando» el
paciente. Lo que sí me importa es todo lo que el paciente necesita para
resolver sus problemas de salud/enfermedad mientras está ingresado. En-
tonces, tengo que vigilar lo que prescribe el médico, lo que el paciente
pide y hacer una «media aritmética» con lo que creo que necesita. Eso
quiere decir que, aunque yo no prescriba qué medicamentos hay que dar
al paciente, tengo que estar al loro de cómo tiene la tensión arterial, la
frecuencia cardiaca, la diuresis, etc., por si tengo que «volver a preguntar»
algo. Porque personalmente creo que, en un momento dado, el pacien-
te no está en condiciones para esa dosis de medicación o determinada
prueba, en muchas ocasiones tengo que dar el medicamento «a la boca»
o asegurarme que lo toma adecuadamente. Aunque está el concepto de
«órdenes médicas11» la realidad no es tan lineal y hay una continua valo-
ración y revaloración en cada momento de las circunstancias y un conti-
nuo diálogo y feedback con el médico sobre el paciente, quizás no todo
lo deseable por las enfermeras algunas veces. Y con el paciente, sobre lo
que dijo, no dijo o no entendió de lo que dijo su médico o lo que quiere


10 Importante y conocida enfermera que ha teorizado sobre la profesión, con gran
alcance en la aplicación de sistemas de valoración y registros en muchos hospitales.


11 No es este el espacio, pero sería muy interesante analizar la construcción del
discurso biomédico en su utilización «interna», entre los diferentes profesionales. Sea
como quiera que las cosas ocurran finalmente, la conceptualización de una tarea como
«orden» tiene consecuencias en cómo se mira y se evalúa esa tarea, en quién la desem-
peña y en quién se ve afectado por ella.




180 ORIOL ROMANÍ (ED.)


pedirle o decirle. Somos el canal a través del cual el médico llega —o
no— a los pacientes, empezando por el momento en que les decimos: «el
paciente X necesita que le expliques lo que le has dicho o lo que quieres
hacerle. Vete cuando puedas»12.


Además, hay que buscar la fórmula en las limitadísimas condiciones
físicas: ¿cuántas tareas hago en cuclillas al cabo del turno? Afortunada-
mente, por cada enfermera hay un auxiliar de enfermería, pero aun así
tengo las rodillas y las lumbares fritas. Así como cumplir con las norma-
tivas del hospital para que el paciente se encuentre cómodo. Buscar y
en muchas ocasiones poner los medios para asegurar tal comodidad; si
puede comer, qué comer, cómo levantarse, cómo colocar un apósito en
una zona que con los movimientos se despega, asegurarse de que la fa-
milia sabe que mañana tiene tal prueba, etc. Esto es lo que caracteriza un
puesto técnico, o al menos el mío. El establecimiento de ese puente entre
las órdenes y las necesidades o demandas. Todo esto lo digo porque lleva
mucho tiempo. Porque te pasas mucho tiempo yendo, viniendo, mirando,
convenciendo a uno, volviendo a mirar, convenciendo a otro, pensando
tú otra cosa distinta... El auxiliar viene diciendo algo que ha pedido el
paciente, vas a hablar con él, luego con el médico, luego con el paciente
otra vez, luego con el médico porque el paciente insiste. A veces va direc-
tamente el médico a hablar con el paciente... No siempre, por supuesto,
se dan tantas vueltas, pero muchas veces sí y cuantos más integrantes hay
en un equipo, más se complica para articular todo. Así que el tiempo que
se pasa entre unas cosas y otras, vuela; suele haber mucho trabajo acom-
pañado a veces de muchos nervios. No puedes perder la concentración,
tienes que estar continuamente pendiente de qué se hace, lo que hay
que hacer y de que no se hace lo que no se puede hacer: una pastilla mal
dada, dar de comer y tener que cancelar una prueba o no dar de comer a
alguien y que se caiga redondo por una hipoglucemia, levantar a alguien
que no está en condiciones y que «se reinfarte».


En el caso de Manuel, además, había otra enfermera y otra auxiliar
que habían llevado al paciente: mi superior. Todo esto en condiciones
«normales». Con la medicación por sacar y administrar, las analíticas y las
glucemias por hacer, los signos vitales por tomar y registrar, sin haber «pa-
sado visita médica», las curas y las preparaciones de pruebas, entre otras
cosas, además de todo te tienes que parar a dialogar/discutir/convencer.
La desgracia es que a veces es o una cosa o la otra. Dialogar con el pa-


12 Esto podría alimentar el debate sobre lo que es la curación y lo que es el cui-
dado, dos conceptos diferenciados en el discurso, atribuidos clásicamente a dos grupos
profesionales (médico/enfermera, respectivamente), pero que en la práctica cotidiana
se entremezclan y confunden.




181ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


ciente es un lujo porque con trabajo por hacer ya estás estresada. Aunque
todo vaya según lo previsto ya no estás tranquila, estás detrás del reloj
corriendo. Si encima el diálogo se da con tensión, porque el paciente te
recrimina, tú no estás de acuerdo y no estás bien con el paciente... «a mo-
rir por Dios». Por supuesto que muchísimas veces no vas con este estrés.
Hay veces que está todo tranquilo, te sientas, desayunas, charlas, con el
paciente o con tus compañeras. Pero el día del que hablo era de los ma-
los, sé que no soy neutral, pero es que esos días son bastante habituales.
¿Cuánto se está llevando de mí, bueno y malo, este trabajo tan intenso?


Con todas estas reflexiones y otras muchas incorporadas a tropel,
pensadas, pero muchas veces olvidadas, automatizadas y solo hechas otra
vez conscientes cuando surgen espacios para la reflexión, pues con todo
este bagaje entraba ese día a trabajar. Cuando llegué me contaron que en
la víspera Manuel había tenido una discusión con la enfermera que le ha-
bía llevado porque quería que le pelaran la fruta y le habían dicho que no.
Ayer no estuve, mañana tampoco estaré. Hoy no «me mojo», no cambio
cosas, no quiero enfrentarme al paciente por dos cosas: corporativismo,
pero también para dar imagen de uniformidad de criterios. Además, mi
superior me advierte que «a ese paciente no se le pela la fruta» (tela
marinera, las órdenes que se dedica a dar). ¿Qué más da pelarle la fruta?
Pues ya lo veremos.


Cuando entré vi que ya conocía a Manuel. Le había ’llevado’ hacía
cosa de 15 días. Ironías de la vida, me había tocado ir con una alumna a la
hora del desayuno, a mí, la última, la más nueva, y al hacerle una glucemia
capilar, ella le había hecho demasiado daño y había sangrado más que de
costumbre. A la hora de la comida, Manuel se mostró molesto y enfadado
por haber permitido que la alumna le inflingiera ese daño en mi presen-
cia, dando lugar a todo un turno de dolor e incomodidad. En su yema
del dedo, con un sangrado capilar. Le había pedido disculpas y él había
acabado llorando, diciendo lo limitado que se veía. Manuel estaba toman-
do antidepresivos, su familia no iba a verle, estaba lejos, fuera de España.


En el cambio de turno me habían dicho que estaba pendiente de
que le dieran el alta ese día. Pendiente de alta es igual a parámetros de
insuficiencia cardiaca resueltos, igual a buenas tensiones, frecuencia car-
diaca, eliminación de líquidos, ventilación pulmonar y más o menos igual
situación de base en el resto de los aparatos que biológica e independien-
temente se consideran.


Surgió lo de la fruta. Como no se le peló la fruta —encima, si lo hace
alguien, es la auxiliar de enfermería— Manuel se negó a desayunar. Ahí
empezó todo. Sin estar previsto no se le dio el alta y tuve que llevarlo dos
días más. Lo que el primer día supuso un conflicto se fue intensificando.
En los tres días, el momento de eclosión de queja o expresión de malestar




182 ORIOL ROMANÍ (ED.)


fue el pase de visita. Él, el fiscal; yo, la acusada; el médico, el juez. Empezó
diciendo al médico que yo había saludado a todos los pacientes menos a
él. Que me había negado a pelarle la fruta. Que me había negado a levan-
tarle de la cama. Que yo había ordenado que le mandaran una dieta as-
tringente/blanda13. Que lo que yo había hecho con su dieta era un insulto
para él. Que ‘esa señorita’ le había faltado al respeto porque él sí decía las
cosas a la cara. Que yo me había ensañado con él en mis comentarios de
enfermería. Que le había puesto verde. Que estábamos compinchadas en
el control, criticándole y riéndonos de él, lo sabía. Que yo le había hecho
un corte de mangas.


Manuel tiró las piezas de fruta que no había querido desayunar al
suelo y después dijo que se ahogaba. Lo que voy a decir es peligroso,
pero creo que físicamente yo estaba peor que él en esos momentos, por-
que la taquicardia que tenía de los nervios me producía ya temblor en
el pulso. Y él, saturando al 99% [un indicador de oxigenación] y con una
frecuencia cardiaca de 70 pulsaciones por minuto. Mientras tanto, tres
pacientes mías se pusieron «malitas»: a una le repitió la angina de pecho,
vomitando, con dolor; la compañera de la cama de al lado, que estaba en
planta porque no había camas en la unidad de cuidados intensivos (UCI),
se ahogaba por edema agudo de pulmón14 («pulmones encharcados»). La
de la habitación de enfrente, peor que estas dos juntas, acabamos lleván-
dola a la carrera a la UCI. Al compañero de Manuel se le hizo un catete-
rismo, volvió, no habían podido hacer nada, requería cirugía completa de
lo mal que estaba, fui a atenderle.


Manuel, a las dos de la tarde, llamando a Legalitas15 para denunciar
a una enfermera por el maltrato al que le estaba sometiendo. Me retiró
la palabra, se negó a salir a pasear por no ver la cara de «la enfermera
mala», que le ponía enfermo. El último día, cuando me volví a quejar a
mi superior y me dijo que «pasara», le respondí que «pasara» ella, y que le
explicara por qué se le pelaba o no la bendita fruta. Tenía ganas de llorar,
pero conseguí contenerme.


Era imposible y frustrante. ¿Cómo puedo yo, desde mi perspectiva,
razonar con una persona que dice cosas como las que acabo de mencio-
nar? La situación estaba fuera de mi manejo, en lo que yo entendía como
puro absurdo. Me era muy difícil dialogar calmadamente con él, está-
bamos en órbitas diferentes. Yo, además, estaba crecientemente molesta


13 Indicada a personas con problemas de masticación.


14 El edema agudo de pulmón consiste en la acumulación de líquido en los pul-
mones, lo cual dificulta el intercambio de oxígeno entre estos y la sangre.


15 Aseguradora legal, muy anunciada y publicitada en España.




183ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


con sus acusaciones, sentía que se estaba empezando a «cebar» conmigo
y cada vez se me hacía más difícil mantener una relación «de confianza,
asertividad, empatía, procurando el bienestar físico, psicológico y social».
Se puede alegar, siguiendo la metáfora judicial, que antepuse mi necesi-
dad de autoridad, seguridad y mi carácter al suyo; que le desestimé como
persona, que no tuve en cuenta su sufrimiento. Pero yo no tuve la capaci-
dad, o más bien quiero pensar que tuve gran dificultad.


Yo pienso que, por regla general, «las de ganar» las debe tener el pa-
ciente, que bastante tiene. Que a mí me pagan porque yo elegí estar ahí
para hacerme cargo de las responsabilidades que asumí. Que yo no estoy
enferma. Que yo no estoy sufriendo. Que yo salgo a mi hora y Manuel
sigue ahí, por los días de los días. Que yo no estoy sometida a la presión
que supone ver que te cuesta andar. Que no puedes pelarte la fruta. Que
te ha visto el trasero hasta la mascota de Juana, la amable señora de la
limpieza. Que te gusta más la respiración de tu esposa que los ronquidos
del compañero de habitación que te ha caído en suerte. Que es un rollo
patatero mirar siete veces el periódico, si es que tienes fuerza para suje-
tar sus inmanejables hojas, porque te mueres de aburrimiento y angustia.
Todo esto en la especial, desagradable, imprevista, indeseable, estresante
y descolocante situación de estar hospitalizado.


La enfermera también es vulnerable. El cómo una enfermera aterriza
dónde, su posición laboral, que es un cruce de muchísimas circunstan-
cias y variables, influye, actúa, importa y tiene consecuencias e impacto
en el trabajo. Y claro, cuando eres enfermera y estás en el hospital, pues
significa tener impacto directo en el paciente. Mientras no veamos que
esas cosas también ocurren, por lo que al paciente le toca, no vamos a
conseguir aportarle lo mejor.


Ese hombre necesitaba canalizar muchas cosas y me tocó a mí. Lle-
gué a sentirme hostigada, calumniada y humillada. Con mis palabras yo
me empodero y manejo, defiendo que otros y otras también lo hacen.
Creo que su comportamiento fue un instrumento para posicionar su fi-
gura de enfermo paciente-padeciente. Desde mi perspectiva inventó y
calumnió para conseguir lo que él quería, que insisto, era básicamente
atención, mucha atención y canalización de frustraciones que en el hos-
pital no nos enseñan, no nos permiten y no tenemos capacidad alguna
de tratar. No digo que no deban tratarse, que no sean problemas de salud.
Digo que una cosa es el hospital ideal, otra el real y otra, el resto de dispo-
sitivos de salud para problemas de salud, menos agudos.




184 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Apuntes finales


A la luz de las características que aquí atribuimos a la narrativa, com-
pararemos los hallazgos en los relatos expuestos. En ambos casos se
expresa vulnerabilidad de quienes relatan en primera persona. En esas
expresiones de desahogo de lo ocurrido y, por supuesto, de cómo se
sintieron esas experiencias, los relatos pueden ofrecer un efecto libe-
rador, catártico. Lo más significativo para la interpretación aquí pro-
puesta es que esas narrativas revelan aspectos desconocidos, lo que
ningún profesional de la salud preguntó o plasmó en los registros clí-
nicos, pero que son culturalmente reconocidos a través del malestar.


Los testimonios permiten pensar en el empoderamiento o el con-
flicto como fenómenos que suceden en el ámbito interpersonal, pero
que se inscriben en un contexto más amplio —modelo médico— en
el que se producen y reproducen las relaciones de poder.


Por otra parte, los episodios agudos de los padecimientos de Mar-
cela y Manuel desencadenan el contacto con los dispositivos sanita-
rios. La aproximación a la biomedicina conduce a la transformación
e interpretación de su padecer en enfermedad. Sin embargo, en sus
narrativas se aprecia la coexistencia o superposición del padecer y la
enfermedad.


Como hemos apuntado, las narrativas también muestran la ima-
gen que tiene la gente de sí misma. La autorrepresentación se puede
apreciar nítidamente en el caso de Marcela, en las percepciones de su
madre, cómo se sentía vulnerable al enfrentarse a solas —sin pareja—
al padecimiento de Marcela, el peso de su edad, el «no saber hablar»
al mencionar su desconocimiento del español. En el segundo relato,
Laura la manifiesta a través de su posición laboral subalterna ante
su superior, ante otras compañeras con mayores méritos académicos-
laborales, ante médicos y también mediante la reflexión de cómo ve
a Manuel.


El relato de Manuel y su enfermera nos permite comprobar de
qué forma la subalternidad en la que usualmente se sitúa al paciente
en la biomedicina persiste como una forma de insatisfacción vincula-
da a aquellos aspectos del padecer relegados en la traducción de este
a enfermedad. Así, esa insatisfacción persiste y se manifiesta en la re-
lación del paciente con el personal de salud que tiene mayor contacto
con él durante su estancia hospitalaria: la enfermera.




185ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Con respecto a los contextos de las experiencias de Marcela y
Manuel se observa un uso diferencial de los servicios de salud por fac-
tores determinantes en los usuarios/pacientes, que, siguiendo a Bou-
rdieu (2002: 99), son el económico y el social. En México, en muchas
ocasiones, debido a la imagen deteriorada que los usuarios tienen de
los hospitales públicos, se prefiere la utilización de servicios de salud
privados, aunque esto acarree un deterioro económico familiar, como
ocurrió en la trayectoria de búsqueda de atención de Marcela; por
lo tanto, acaban buscándose redes de apoyo familiar y social que se
vuelven determinantes para decidir qué hacer con la atención del
padecimiento.


Para Manuel, en cambio, el sistema de salud español ha dado res-
puesta a su padecimiento sin necesidad de recurrir al apoyo de su
red social o familiar. Aunque el itinerario terapéutico de Manuel haya
sido relativamente más simple que el de Marcela, existe de igual forma
insatisfacción con respecto al trato dispensado. La enfermera, en cam-
bio, piensa que Manuel utiliza su condición de enfermo como estrate-
gia para lograr el trato que él espera en el transcurso de su atención
hospitalaria. Esta situación, para Laura, constituye un trabajo emocio-
nal continuo, en una cotidianeidad de encuentros obligados que se
desarrollan en un momento de especial vulnerabilidad y sufrimiento
para Manuel. Así, a medida que se rompe la imagen del paciente que
es «paciente», «pasivo», «sumiso» y «colaborador», en ese «quejarse», «re-
belarse» del paciente que culpa a la enfermera de sus padecimientos,
se invierten las relaciones de subalternidad estereotipadas según los
parámetros de comportamiento de la atención biomédica, con lo que
el conflicto se intensifica y aumenta tanto la incomunicación entre
ambos como la incomodidad y angustia de la enfermera.


Aunque algunos autores han documentado que entre las repre-
sentaciones más comunes del hospital se incluyen las de ansiedad,
amenaza, desesperación, miedo y castigo (Lupton, 1994:94), el hos-
pital también representa una promesa de bienestar y remedio a los
padecimientos por los que se acude. Cuando los usuarios ingresan en
un hospital, lo hacen también en el mundo biomédico, en el que de-
ben apegarse a reglamentos y rutinas que no les son familiares, y a los
que necesitan adaptarse, en ocasiones, en un corto tiempo. Existen
desencuentros entre lo que el paciente/usuario espera que el hospital
sea y lo que vive, por lo que exige el reconocimiento de su padecer.




186 ORIOL ROMANÍ (ED.)


En algunas ocasiones, el paciente llega a utilizar el sufrimiento que
significa estar ingresado y su padecimiento para conseguir el bienes-
tar esperado.


Aunque la biomedicina depende de las narrativas de los padeci-
mientos, la traducción que necesita llevar a cabo para convertirlos en
un proceso SEA dentro de sus parámetros desvincula el padecimiento
y el malestar del contexto y los sujetos que lo viven. Las narrativas y
relatos que se han descrito privilegian la voz de los sujetos y la expe-
riencia del padecer que no se encuentra en el discurso del personal
de salud plasmado en los registros clínicos. Un aspecto fundamen-
tal del quehacer antropológico es el de conocer, comprender, a este
personal, al sistema biomédico y a los procesos de SEA. La muerte
temprana de Marcela, la sensación de impotencia de su familia, la in-
satisfacción de Manuel y la angustia de Laura son solo algunas de las
situaciones que creemos que se pueden registrar con esta aproxima-
ción cualitativa propuesta. Recomendamos, pues, proseguir esta línea
de investigación, que considera la narrativa como eje de recuperación
de la interrelación entre padecer, malestar y enfermedad.


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III


EL HOSPITAL, TODO UN MUNDO






ANTROPóLOGAS EN BATA BLANCA: PRAXIS Y PROBLEMAS
DEL TRABAJO ETNOGRÁFICO EN HOSPITALES



Beatriz Tosal Herrero


Departamento de Salud Pública, Historia de la Ciencia y Ginecología
Universidad Miguel Hernández


btosal@umh�es


Serena Brigidi
Departamento de Desarrollo Humano y Acción Comunitaria


Universitat de Vic
serenabrigidi@gmail�com


Inma Hurtado
Departamento de Antropología, Filosofía y Trabajo Social


Universitat Rovira i Virgili
hiurga@hotmail�com


Resumen: En este trabajo se presentan los problemas metodológi-
cos, técnicos y éticos surgidos durante la realización de tres etno-
grafías en ámbitos hospitalarios diferentes� Se describen las formas
de acceso, los roles atribuidos a las antropólogas y las diferentes
posibilidades de emplear técnicas de investigación, al tiempo que
se analiza cómo condicionan el material etnográfico obtenido� Por
último, se presenta el relato metodológico como un relato etnográ-
fico sobre la cultura institucional de cada uno de los hospitales�


Palabras clave: etnografía hospitalaria, trabajo de campo, papel del
antropólogo, metodología�


Abstract: In this paper we deal with the methodological, technical
and ethical problems that emerged during the ethnographic
research that we carried out at three different hospitals� We
describe the forms of access to the hospital, the roles given to the
anthropologists, and the different anthropological research methods




192 ORIOL ROMANÍ (ED.)


that we were able to use� We analyze how all these circumstances
determine the ethnographic material obtained� Finally, we present
an ethnographic account regarding the institutional culture of
each of the hospitals�


Keywords: hospital ethnography, fieldwork, anthropologist’s role,
methodology�


Biomedicina, biomedicinas y etnografías hospitalarias


El hospital, como institución, es la expresión máxima de la cultura
biomédica, por lo que se ha convertido en un lugar privilegiado para
el estudio de los fenómenos relacionados con la salud y la enfermedad
en las sociedades occidentales, tanto para el estudio de las representa-
ciones y prácticas biomédicas en cuanto a la enfermedad como para
el análisis de las diferentes culturas institucionales (Van der Geest y
Finkler, 2004).


A pesar de la creciente aparición de etnografías hospitalarias,
existe poca bibliografía sobre sus aspectos metodológicos específi-
cos. En líneas generales se han tratado los aspectos relacionados con
el acceso al campo, el rol del antropólogo dentro de la institución y
las posibilidades/restricciones técnicas y éticas para llevar a cabo la
investigación (Wind, 2008).


El acceso al campo se ha presentado como una de las mayores
dificultades, al menos en el contexto occidental, debido al recelo de
las autoridades hospitalarias y del personal sociosanitario en lo que a
la presencia de antropólogos se refiere (Van der Geest y Finkler, 2004;
Hoeyer, Dahlager y Lynöe, 2005), tanto por la pretendida privacidad
y confidencialidad que la institución debe garantizar a los pacientes
como por el mantenimiento de cierto sentimiento de omnipotencia y
seguridad característicos del modelo biomédico (Inhorn, 2004).


Los responsables sanitarios justifican la negativa al acceso, en mu-
chas ocasiones, por la privacidad y confidencialidad que la institución
debe garantizar a los pacientes, es decir, como expresión de la ética
médica (Hoeyer, Dahlage y Lynöe, 2005). Ahora bien, sin lugar a du-
das, esta negativa puede concebirse, también, como una expresión
de las relaciones de poder y jerarquía características de la hegemonía
biomédica (Inhorn, 2004; Long, Hunter y Van der Geest, 2008).




193ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Frente a esta situación se han planteado diversas estrategias para
poder acceder a las instituciones. Entre otras, la presentación del pro-
yecto de estudio a la comisión de investigación y de ética del hospi-
tal para dar una pátina de oficialidad al trabajo de campo, así como
la utilización del consentimiento informado escrito por su función
como refuerzo de la preservación de la confidencialidad de los datos
obtenidos1 (Inhorn, 2004).


Otro de los aspectos reiterados en la literatura es el papel que des-
empeña el antropólogo dentro del campo y sus limitaciones derivadas.
El antropólogo puede presentarse dentro del hospital como paciente,
como acompañante o, lo más frecuente, como miembro del staff2 (Van
der Geest y Finkler, 2004). Para algunos autores, esta limitación de roles
restringiría las posibilidades de hacer observación participante de un
modo satisfactorio (Vermeulen, 2004; Otto, 1997, en Wind, 2008). Por
otro lado, el acceso a la institución como miembro del staff, para tratar
así de desarrollar parte de las actividades, resulta inaccesible para una


1 El uso de consentimientos informados por escrito ha dado lugar a un interesante
debate. Por un lado, su uso ha sido criticado por muchos antropólogos por su potencial
efecto adverso en el proceso de construcción del rapport posterior con los informan-
tes (Hoeyer, Dahlager y Lynöe, 2005; Oeye, Bjelland y Skorpen, A., 2007; Gotlib, 2008),
mientras que, para otros, es una manera adecuada de establecer el contacto, ya que su
aceptación presupone una garantía de seguridad de la narrativa del informante (Inhorn,
2004). En cualquier caso, a pesar de la creciente utilización de los consentimientos
informados como forma estandarizada de la práctica etnográfica, su no utilización no
implica que el consentimiento no se negocie a lo largo del trabajo de campo de otras
formas. Su uso tampoco implica que después no se utilicen otros datos no recogidos
en el consentimiento.


2 La clasificación propuesta por estos autores no da cuenta de toda la diversidad
de roles que puede englobar cada una de estas posiciones. Por ejemplo, en el caso de la
entrada al campo como paciente cabría expresar el matiz de que pueden ser enfermos
reales, que utilizan su propio proceso de enfermedad para analizar la institución, o
bien simular un padecimiento. En el caso de los miembros del staff los roles se pueden
tornarse aún más complejos. Se puede asumir el rol de sanitario o no sanitario, por
ejemplo presentándose como traductor o mediador cultural. Por otro lado, dentro de
los propios sanitarios se puede asumir el papel de profesional de ‘pleno derecho’ o de
personal en formación. Este último caso, el de estudiante, ofrece algunas facilidades,
como veremos, para desarrollar el trabajo de campo. Además, como sugiere Wind, exis-
ten otros roles posibles dentro del trabajo en las instituciones sanitarias, como el de
voluntario o el que ella misma propone, el de investigador (Wind, 2008). Aunque este
último, por no ser un rol existente dentro de la institución, dificulta aún más la posibi-
lidad de participación en el campo.




194 ORIOL ROMANÍ (ED.)


gran parte de los antropólogos, ya que se requieren unos conocimien-
tos y habilidades específicas (Wind, 2008) por ser un ámbito en el que
«el trabajo es demasiado especializado y la información circulante es
demasiado compleja y confidencial» (Vermeulen, 2004). En este caso,
una de las mayores dificultades es la de mantenerse ‘sin ser y sin hacer’
dentro de un contexto en el que, en muchas ocasiones, se les demanda
atención por parte de los usuarios (Wind, 2008).


de urgencIAs A lA consultA de reumAtologíA. tres etnogrAFíAs en lA práctIcA


En este trabajo presentaremos los problemas metodológicos, técnicos
y éticos surgidos durante la realización de tres etnografías en ámbitos
hospitalarios.


La primera de ellas tenía como objetivo general el análisis de
las construcciones sociales que el personal sociosanitario tiene de
la «otredad» inmigrada usuaria de los dispositivos asistenciales, y sus
efectos en el proceso de salud/enfermedad/atención. Fue desarrolla-
da en el servicio de urgencias generales de un hospital comarcal de la
provincia de Alicante durante un periodo de cuatro meses.


La segunda pretendía observar la presencia de migrantes latinoa-
mericanos en situación administrativa irregular en el Dipartimento di
Emergenza: S.C. di Medicina e Chirurgia d’Accettazione e d’Urgenza
(DEA) de un hospital público de Génova (Italia). El objetivo era des-
cribir el acceso al servicio de urgencias, los códigos de gravedad asig-
nados por el personal sanitario, los itinerarios terapéuticos, así como
las actitudes; los comportamientos y las dificultades vinculadas con el
mantenimiento, prevención y tratamiento en ese colectivo. Para ello
se realizó trabajo de campo durante nueve meses.


Por último, como parte de una etnografía sobre el proceso de
negociación de la categoría diagnóstica fibromialgia en el contexto
clínico, se realizó trabajo de campo durante seis meses en una consul-
ta de reumatología en un hospital universitario del área metropolitana
de Alicante.


Las etnografías tenían objetivos diferentes, ninguno de ellos cen-
trado en el análisis de la cultura institucional del centro, pero sí dis-
frutaban de un elemento en común: el hospital como escenario de
observación.




195ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


La entrada en la institución


El acceso al hospital es una de las cuestiones más delicadas de la
investigación, puesto que la elección de los «porteros» puede condi-
cionar la relación posterior con el personal. Así, las autorizaciones
oficiales, aunque son muy valiosas porque legitiman la investigación
y el acceso a los pacientes, se han considerado por muchos antro-
pólogos un obstáculo en la realización del trabajo de campo, ya que
afectan a la relación posterior con los informantes, sobre todo con los
profesionales (Guasch, 1997).


En el caso del acceso al servicio de urgencias del hospital de la
provincia de Alicante, se utilizó una secuencia de contactos que co-
menzó por una sanitaria que había trabajado en el centro. En una
cadena de tres eslabones se llegó al director de enfermería, para, a
continuación, pasar a la supervisora de enfermería de urgencias. Des-
de que se iniciaron los primeros contactos hasta la llegada al servicio
de urgencias, no hubo mucho tiempo de espera.


Antes de iniciar el trabajo de campo se presentó un dosier con
un resumen del proyecto, con una carta de la Universitat Rovira i Vir-
gili y con la certificación del Ministerio de Educación y Ciencia de la
beca de Formación del Profesorado Universitario (FPU) al director de
enfermería del centro, aunque a este informe no se le prestó mucha
atención.


En el caso del hospital de Génova, el acceso se consiguió a través
del director médico responsable del servicio de urgencias. En este
caso sí fue necesaria la elaboración de un proyecto supervisado por
miembros del propio hospital, que, además, tuvo que ser presentado
a la dirección general del hospital. También constituyó un requisito
previo hacerse un seguro privado de daños y responsabilidad civil
que, posteriormente, fue reembolsado por el director médico del DEA.


En el caso del acceso a la consulta de reumatología, se empleó el
contacto directo con los profesionales con los que se iba a realizar la
observación participante. El contacto se realizó a través de un miem-
bro de otro departamento de la universidad con el que ya colaboraba
el servicio de reumatología. En este caso no fue necesario presentar
ningún informe sobre el trabajo de investigación. Solo se llevó a cabo
una entrevista informal en la que se presentaron de forma oral los
objetivos generales del estudio. Se planteó presentar un proyecto al




196 ORIOL ROMANÍ (ED.)


comité de investigación del hospital pero fueron los propios profe-
sionales los que lo «desaconsejaron», aduciendo que no era necesario
puesto que ya estaba establecido un convenio de colaboración con la
universidad, y la investigadora era sanitaria y trabajadora del centro.


En los tres casos, el acceso al hospital fue bastante sencillo, mu-
cho más de lo que se ha planteado en la literatura, si bien desde un
punto de vista formal, en el caso del hospital italiano se solicitaron
más permisos «oficiales», mientras que, en el caso de los dos hospi-
tales españoles, fue, casi únicamente, la relación personal la que nos
abrió las puertas a la institución.


¿Por qué resultó tan sencillo? Podrían existir numerosos factores
que expliquen la facilidad con la que los miembros de los hospitales
nos acogieron para hacer la investigación, desde la utilización de la
estrategia de los padrinos hasta los temas y sujetos de estudio. Mi-
grantes y fibromiálgicas son dos conjuntos de pacientes, en cierto
modo, estigmatizados por los sanitarios, y que, además, suponen un
conflicto en la relación con los profesionales. Esto podría habernos
favorecido, puesto que nuestros sujetos de estudio ya constituían un
grupo significativo para los profesionales, aunque nuestros motivos
para diferenciarlos fuesen diferentes a los suyos. Por otro lado, du-
rante la presentación de los objetivos del estudio, en los tres casos se
planteó que los sujetos de estudio eran los pacientes y no los propios
profesionales. Quizá si hubiéramos tratado de conseguir esto último
no hubiéramos podido llevar a cabo nuestro trabajo, puesto que no
parece tan importante la privacidad y confidencialidad del paciente
como la de los propios sanitarios a la hora de permitir la observación
de sus conductas. Además, los trabajos se realizaron en hospitales
públicos y docentes. Por último, y en el caso de la consulta de reuma-
tología, el acceso de un sanitario parece que genera menos recelos
que el de alguien que no sabe nada de medicina; por tanto, también
las características de la antropóloga podrían haber influido a la hora
de aceptar su presencia en el hospital.


La entrada rutinaria en el campo


La forma de presentación cuando se accede a la institución ya supone
una estrategia de acercamiento y de definición del rol que se preten-
de asumir. En nuestro caso nos presentamos como estudiantes que




197ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


querían realizar un trabajo de investigación sobre la afectación de los
migrantes —en general o específicamente latinos— en los servicios
de urgencias, y como una sanitaria que estaba haciendo una tesis de
antropología médica. En este último caso, el principal inconveniente
fue que, en todo momento, pesó más la identidad de sanitaria que la
de antropóloga.


Pero, además de esta presentación oficial, en algunos casos, por
las características del escenario, la presentación se convierte en una
rutina diaria, ya que el constante fluir de personas, los ritmos y las ca-
dencias profesionales hacen necesaria la presentación reiterada para
justificar la presencia y la inoperancia asistencial frente a pacientes y
familiares. En otros, cuando no se puede decir quién eres «por orden
facultativa», la rutina es la huida para no presentarse.


el rItuAl de dIsFrAzArse


El acceso a los diferentes espacios estuvo en los tres casos condicio-
nado por el uso de la bata blanca. Asumir la bata blanca es asumir, al
menos en parte, que se pretende pasar como miembro del staff; el
precio a pagar por estar en determinados escenarios (Wind, 2008).
En muchos casos es una imposición de los propios profesionales para
evitar el recelo de los pacientes ante la presencia de los antropólogos
en espacios caracterizados por la confidencialidad, la privacidad y una
específica «practicidad» sanitaria que se supone se produce en el hos-
pital. En otros casos se trata de seguir las rutinarias normativas higié-
nicas o, simplemente, de evitar que los enfermos, los acompañantes,
o incluso otros profesionales, conozcan la identidad del antropólogo.


Pero la relación de los antropólogos con la bata blanca es ambiva-
lente en aquellos casos en los que se pretende acceder a los pacientes
como tal, y no como sanitaria, y cuando se «pasea sola» por el hospital.
En primer lugar, porque los pacientes solicitan atención de tipo sani-
tario que la antropóloga no puede cubrir. Si se atiende a la demanda
acudiendo a los verdaderos sanitarios se pueden provocar conflictos
y, si no, el paciente puede interpretar que un sanitario no atiende a las
demandas. Ante esa situación, alguna de nosotras optó por combinar
las respuestas, transmitir la demanda o explicarles que no era sanita-
ria, aunque en otras muchas ocasiones la estrategia fue la de disimular.
Por otro lado, al intentar entrevistar a los pacientes, la bata se podría




198 ORIOL ROMANÍ (ED.)


convertir en un obstáculo, enrareciendo e, incluso, imposibilitando el
acceso3.


Para evitar los problemas derivados de esa identificación como
sanitarias se recurrió al uso intermitente de la bata, prescindiendo de
ella cuando se trataba de pasar desapercibida o se deseaba aparecer
como antropóloga. Eso solo fue posible en el servicio de urgencias del
hospital alicantino. También se recurrió a la utilización de la bata de
una forma «diferente» como una estrategia (sutil) de diferenciación de
los profesionales. Así, en lugar de utilizar pijama o la bata cerrada, la
bata se llevaba abierta, sin estetoscopio y sin bolígrafos, que se susti-
tuían por una libreta de campo y una grabadora.


Encontrar el hueco


Una vez en el escenario, el siguiente problema es cómo permanecer
allí de forma «productiva». Conseguido el acceso, se inicia un periodo
aprendizaje de estancia en el campo y de negociación de las posibi-
lidades reales de trabajo. Resulta necesario conocer la distribución
espacial del servicio o área en la que se va a trabajar; aprender los
tiempos, los ritmos y lugares de trabajo; las funciones del personal, los
cambios de personal, sus turnos, las relaciones que existen entre los
diversos profesionales (tanto en un ámbito profesional como perso-
nal), las actividades que se desarrollan según los turnos, etc. Hay que
aprender con quién y cuándo se puede estar, y cómo comportarse en
cada situación concreta.


Este tipo de observación, que suele aparecer reflejada en las pri-
meras páginas de nuestros diarios de campo, resulta fundamental para
poder moverse con cierta desenvoltura dentro del entorno hospitala-
rio sin crear problemas ni suspicacias entre profesionales y enfermos,
disminuyendo así nuestra interferencia en los procesos asistenciales.
Pero, además, ese tiempo sirve para definir y acotar nuestras posibi-
lidades de movimiento dentro del hospital, desde los espacios más
«públicos», como la sala de espera o la zona de admisión, a los más
«privados», como despachos médicos o las consultas o boxes donde
se realiza la atención sanitaria.


3 Pero, por otro lado, su utilización supone una serie de privilegios tanto simbóli-
cos como materiales (acceder a espacios restringidos, no esperar colas, recibir regalos,
obtener trato de favor para problemas personales, etc.).




199ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


reFerencIAs y permAnencIAs


¿Cómo decidir con quién quedarse, a quién seguir? Los contextos
concretos de nuestro lugar de observación nos otorgaron mayor o
menor flexibilidad para elegir cuándo, dónde, cómo y con quién es-
tar (Inhorn, 2004). Pero fueron los profesionales quienes, finalmente,
marcaron los espacios e itinerarios de las antropólogas dentro del
hospital. Así, en nuestro caso, la decisión sobre con quién y cómo
estar fue más suya que nuestra.


En el caso de la consulta de reumatología las posibilidades de mo-
vimiento eran nulas. El servicio estaba compuesto en ese momento
por dos reumatólogos de plantilla y una de refuerzo, una enfermera y
un administrativo. A ellos hubo que añadir, a lo largo del tiempo que
duró el trabajo de campo, tres médicos residentes de familia que ha-
cían rotatorios de un mes y medio. Ellos estaban cada día de la sema-
na con uno de los dos reumatólogos, por lo que las posibilidades de
estancia quedaron totalmente restringidas, desde el primer momento,
a estar en la consulta en la que no había residente. Esa restricción to-
tal de la movilidad imposibilitó también cualquier contacto posterior
con los enfermos.


Los servicios de urgencias, mucho más amplios, tanto por el espa-
cio como por el número de profesionales, suponen otros problemas.
Entre ellos, que se necesita más tiempo para orientarse y elegir los
profesionales y los escenarios potencialmente más fructíferos para la
observación. En este caso, la elección tampoco depende totalmente
del antropólogo sino que, por ejemplo, en una de nuestras etnografías
fue uno de los miembros del staff, una enfermera, quien asumió la
custodia de la antropóloga dentro del hospital. Y en el otro, al prin-
cipio, se le recomendó la estancia en una consulta concreta, aunque
después la antropóloga consiguió libertad de movimientos por todo
el servicio.


El principal problema de estar con alguien es que se puede pro-
ducir una asociación excesiva con un profesional que afecte a la infor-
mación y al trato que puede recibirse de otros. Para sortear esta limita-
ción tratamos, en la medida de lo posible, de repartirnos los tiempos
con el resto de personas.


En los tres casos hubo acceso a las salas donde se proporcionaba
atención a los pacientes. Una circunstancia que resulta sorprendente,




200 ORIOL ROMANÍ (ED.)


y que refuerza la idea de que la confidencialidad y la privacidad sobre
la situación, e incluso el cuerpo, de los pacientes no es una prioridad
«real» dentro de los hospitales.


Quién eres y a quién te pareces� Del rol esperado al rol asignado


Otra de las cuestiones relevantes en la metodología es el rol desem-
peñado por el antropólogo durante el trabajo de campo, cómo quiere
mostrarse y cómo es visto por los diferentes actores: pacientes, acom-
pañantes, profesionales con los que se relaciona y otros profesionales
(Wind, 2008).


En unos casos, el antropólogo varía de rol en función de las perso-
nas y la situación; en otros, cómo es vista se convierte en su segunda
«primera identidad».


lA AntropólogA pArA los pAcIentes. cuAndo lA BAtA BlAncA es un proBlemA


Como decíamos antes, la bata blanca condiciona sobremanera el rol
atribuido por los pacientes. Ante esta situación, la presentación del
antropólogo como tal puede ser problemática. Algunos pacientes se
sentirán defraudados; otros, simplemente desconcertados. Los pacien-
tes, aunque sea como informantes, asumen una relación asimétrica,
conferida por la bata, y tratan de dar una información congruente con
lo que esperan que quiere escuchar un sanitario.


Una de las estrategias empleadas para evitar ese problema fue,
por ejemplo en el caso del servicio de urgencias de Génova, antici-
parse al resto de profesionales, presentándose ante los enfermos y
explicando los motivos de la investigación antes de que estos tuvie-
sen contacto con los sanitarios; utilizando, además, la lengua materna
de los pacientes. Esto facilitó la obtención de información, ya que los
migrantes estaban más dispuestos a explicar sus problemas con los
servicios sanitarios a la persona que se les dirigía en su idioma y que
había sido la primera en prestarles atención.




201ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


lA AntropólogA pArA los proFesIonAles.
de lA perplejIdAd A lA utIlIdAd personAl


Pero no solo la bata blanca provoca confusión entre los pacientes. Los
propios sanitarios, a pesar de conocer la identidad del antropólogo,
tienen dificultades para asignarle un rol.


A lo largo de nuestras investigaciones hemos sido consideradas
de formas muy diversas: como sanitarias, como estudiantes, como re-
sidentes, como periodistas-relatoras de la situación de los profesiona-
les, como psicólogas, como traductoras, como mediadoras culturales,
como asistentes sociales… y, las menos de las veces, como antropó-
logas. Esto se debe sobre todo al desconocimiento de la antropología
como disciplina y a su escasa institucionalización profesional, sobre
todo en el ámbito sanitario.


Los roles asignados influyen, definitivamente, en la obtención de
información y en el acceso, tanto a lugares como a personas. En el
caso de la consulta de reumatología, a partir de la presentación como
sanitaria se fue consolidando con el tiempo el rol de residente, tanto
para los pacientes como para los propios reumatólogos. En primer
lugar, por la costumbre de tener en la silla de al lado a un residente de
familia (asignación por proximidad). En segundo, por el propio com-
portamiento dentro de la consulta. Las preguntas que resultaban inte-
resantes sobre las diferentes enfermedades para obtener el discurso
sobre los diversos enfermos podían interpretarse, desde el punto de
vista antropológico, como un interés por la patología. Por otro lado,
encontrar el hueco en un espacio tan reducido, sin llamar mucho la
atención, obligaba a realizar algunas tareas —como rellenar impresos
médicos, volantes de analíticas, etc.— que, por lo común, realizan los
residentes cuando llevan algunas semanas en la consulta. El desempe-
ño de este rol permitió disminuir la excepcionalidad de la presencia
en la consulta tanto para los pacientes como para los reumatólogos;
ayudó a obtener su confianza y, lo más importante para la investiga-
ción, el acceso a las historias clínicas.


En otra de las etnografías, los profesionales consideraron a la an-
tropóloga, básicamente, como una mediadora cultural. En este caso
fueron el número extremamente elevado de extranjeros de origen la-
tino que acudían al centro y el conocimiento del idioma español por




202 ORIOL ROMANÍ (ED.)


parte de la antropóloga los que permitieron la ruptura del concepto
biomédico de intimidad.


Por su utilidad como traductora, la antropóloga, durante el traba-
jo de campo, acabó realizando diferentes tareas dentro del hospital,
como llamar a los enfermos para su entrada en los boxes de asistencia
—evitando así el problema del personal médico-sanitario de la pro-
nunciación equivocada de los nombres—, garantizar una explicación
al paciente en la lengua materna de los detalles del problema médico
y del tratamiento, y asistir a los pacientes latinos durante las esperas
en urgencias, controlando la llegada de las pruebas diagnósticas o fa-
cilitando otras necesidades —como traer agua, indicar cómo acceder
a otros lugares del hospital o avisar a otros familiares del enfermo—,
lo que evitaba que el personal sanitario fuera solicitado en cada mo-
mento.


Esas tareas facilitaron la relación con el personal; en poco tiempo
se consiguió que se solicitase la presencia de la antropóloga-media-
dora en espacios reservados para la asistencia. En este caso, el rol
asignado por los profesionales se debía, en parte, a la existencia de un
mediador marroquí en el centro. Alguien que, como en el caso ante-
rior del residente, era un actor social que sí tenía un hueco definido
en el entramado hospitalario.


Posibilidades técnicas y estrategias de investigación


Una vez dentro del campo, y a pesar del conflicto de roles que supo-
ne que no te ubiquen, la antropóloga procura comportarse como tal
utilizando las técnicas de obtención de datos, aunque adaptándolas a
las características particulares del contexto. Una adaptación constan-
te que, en algunos casos, altera mucho la «forma de hacer» clásica del
trabajo antropológico.


En los servicios de urgencias, en general, la manera principal de
obtención de información derivó en la observación flotante (Péton-
net, 1982; Allué, 2003), combinada con la observación (participante),
más clásica, dentro de las consultas durante la interacción entre médi-
cos y pacientes. En este caso, una de las mayores dificultades consistió
en la toma de notas de campo.


En situación de consulta, como se nos consideraba de una for-
ma u otra estudiantes, se nos permitía tomar notas de la interacción




203ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


sanitario-paciente. Con todo, a pesar de esa aparente facilidad, en
nuestros trabajos las notas siempre tenían una cara A y una cara B, en
la que escribíamos sobre los profesionales y sus discursos. Estas últi-
mas siempre se escribían con tensión por el miedo a ser descubiertas
realizando una observación sobre la que los profesionales no tenían
conocimiento (observando algo que los profesionales creían que no
mirábamos).


El uso de entrevistas abiertas y semiestructuradas a personal so-
ciosanitario (médicos, enfermeros, auxiliares, administrativos) y a los
usuarios (extranjeros) también resultó muy difícil, y mucho menos
fructífera desde el punto de vista de la obtención de información.
Difícil porque las entrevistas se hacían en malas condiciones físicas
(no había espacios ni tiempos para ello; con la presencia de ruidos y
continuas interrupciones, etc.), y también clínicas en el caso de algu-
nos pacientes. Además, fueron poco fructíferas porque los pacientes,
además de encontrarse en una situación en la que solo pensaban en
resolver su problema e irse, tendían a darnos la información como
miembros de la institución, es decir, a decirnos lo que le dirían a cual-
quier sanitario.


En nuestras etnografías, por tanto, resultó más útil la observación
y las conversaciones informales con los profesionales en los espacios
en los que no había pacientes presentes; y con los pacientes, cuando
nos podíamos liberar de la bata.


Para tratar de poner en práctica las técnicas y maximizar sus re-
sultados se llevaron a cabo algunas estrategias de adaptación, como la
elección de personas conocidas en cada turno para que nos abriesen
el camino, utilizar la libreta de notas como seña de identidad para ser
reconocidos por los profesionales, tomar dos tipos de notas, oficiales
y «clandestinas», o tener la grabadora a mano en todo momento para
poder aprovechar la más mínima oportunidad de entrevista o de dis-
cusión entre el personal, a modo de grupos de discusión «provocada-
mente espontáneos», tras obtener su permiso.


¿Qué nos encontramos?
los proBlemAs metodológIcos compArtIdos


Además de los problemas metodológicos ya comentados referentes al
registro de los datos, a la dificultad a la hora de utilizar algunas técni-




204 ORIOL ROMANÍ (ED.)


cas —como las entrevistas— o la imposibilidad de saber en qué medi-
da nuestra presencia modificó la actividad asistencial y la relación de
los sanitarios con los pacientes, las principales dificultades metodo-
lógicas fueron las derivadas de nuestro rol (o la ausencia del mismo).


Por un lado, entrar en la institución como antropólogos tiene el
inconveniente de la restricción en la libertad de movimientos y de
autonomía para realizar la investigación (Inhorn, 2004). En algunos
casos, más que de falta de autonomía se podría hablar casi de dirigis-
mo de los profesionales hacia los casos, los pacientes, las situaciones
que los antropólogos debemos observar dentro de los hospitales. Por
ejemplo, en el caso de las historias clínicas, en muchas ocasiones se
nos recalcó la necesidad de estudiar unas y no otras. En cualquier
caso, dentro del hospital son los profesionales los que deciden dónde
te ponen, cómo te visten y qué situaciones están a tu alcance o fuera
de él.


Por otro lado, nos encontramos con que, dentro del hospital, re-
sultó difícil adoptar una posición que resultase asumible por parte
del resto de actores. Para los pacientes, las antropólogas ni atendían
demandas ni ofrecían soluciones, lo que se tradujo, en la mayoría de
los casos, en una incomprensión de su rol y de sus preguntas.


Además, aparecer como supuesto miembro del staff supuso mu-
chas veces negar la expresión de las emociones de la antropóloga
frente a discursos médicos y legos, y frente a situaciones que podían
generar o empatía o rechazo. Por último, el trabajo dentro de un hos-
pital requiere ser capaz de gestionar el sufrimiento de los demás y
vencer la sugestión que éste puede provocar.


FAlsAs, trAIdorAs y huérFAnAs.
los proBlemAs étIcos de lA etnogrAFíA hospItAlArIA


Al hacer trabajo de campo siempre hay que tener en cuenta los pro-
blemas éticos que pueden surgir y, en qué medida, si su existencia
deslegitimaría la investigación. Algunos pueden encontrarse al inicio
del trabajo, durante su planteamiento, pero la mayoría surgen mien-
tras se está realizando, como «efectos colaterales» de nuestras propias
estrategias de adaptación e integración en el espacio hospitalario.


Tal vez los problemas más importantes deriven de las dificultades
para presentarnos como antropólogas o, simplemente, como perso-




205ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


nas externas al equipo sanitario. Siempre parece que se está fingiendo
un personaje. Esa sensación de mentir, aunque solo sea por el hecho
de no decir inmediatamente quién eres, ya se convierte en un proble-
ma durante todo el trabajo de campo.


El segundo gran problema tiene más que ver con el objetivo de
la investigación. Como decíamos al inicio, en todas nuestras investi-
gaciones, a pesar de que hablásemos de interacción médico-paciente,
dimos a entender que los sujetos de estudio serían los pacientes, sus
discursos, sus prácticas dentro del hospital. Ninguna de nosotras plan-
teamos a los profesionales como objetivo. Esto convirtió nuestras in-
vestigaciones en doblemente encubiertas. Por un lado, los pacientes
no sabían quiénes éramos. Por otro, los profesionales no sabían qué
estudiábamos. Es verdad que, en todos los casos, esta estrategia se uti-
lizó para allanar el acceso a la institución, debido a la supuesta dificul-
tad que podía plantear que conociesen los verdaderos objetivos del
estudio, ya que todas fuimos conscientes de que nuestras relaciones
con los profesionales y la institución experimentaban una cierta asi-
metría (relaciones de poder médico-antropólogo) (Hoeyer, Dahlager,
Lynöe, 2005).


Pero durante el trabajo en el hospital esta situación de «clandesti-
nidad», además de resultar complicada desde un punto de vista teóri-
co (presunciones sobre el discurso biomédico) y metodológico, hizo
que sintiéramos que traicionábamos, en cierta medida, a los profesio-
nales.


Además, y nos parece una limitación importante, la investigación
encubierta condiciona mucho la presentación de los datos. ¿Se le pue-
de enseñar a un profesional un trabajo en el que él ha sido, sin saberlo,
el sujeto de estudio? ¿Hay que confiar en que la distribución de esos
resultados se haga por canales a los que los profesionales no pueden
acceder? ¿Cómo devolver los resultados a los implicados? ¿Hay que
ocultar parte de los resultados obtenidos?


Otra pregunta importante: ¿cómo conseguir superar la descon-
textualización de nuestros datos? En nuestros trabajos, centrados en
temas concretos, se pueden transmitir imágenes de los profesionales
que no se ajustan a la realidad de lo que nosotros vimos y vivimos en
el hospital. Una de las sensaciones que hemos tenido es que al tras-
ladar nuestro trabajo de campo hemos desdibujado los matices de la




206 ORIOL ROMANÍ (ED.)


asistencia o la implicación de los profesionales con los enfermos al
centrarnos en aspectos muy concretos de su trabajo.


La confidencialidad y la privacidad son cuestiones que han teni-
do mucha repercusión en otros contextos a la hora de hacer trabajo
de campo. Ha dado la impresión de que siempre se ha tenido más
en cuenta la privacidad del paciente que la de los profesionales. En
nuestro caso, los pacientes aparecían y desaparecían rápidamente
del escenario, en la mayoría de los casos sin haber cruzado una pala-
bra con nosotros y sin tener casi presencia en nuestras notas. Por el
contrario, a quienes observábamos, de quienes escribíamos, era un
grupo muy reducido de profesionales a los que ninguna de nosotras
se planteó pedir un consentimiento informado. Esta situación nos ha
hecho reflexionar sobre la simpatía apriorística hacia los pacientes y
la condena tácita de los sanitarios como un problema no solo ético,
sino también metodológico.


Por último, cabe apuntar que trabajar en un espacio desconocido
en el que las cosas ocurren a una velocidad de vértigo, y en el que
existen tantas dificultades para tener un referente, sobre todo en ur-
gencias, nos generó un cierto sentimiento de orfandad.


El relato metodológico como relato etnográfico de la institución


El relato metodológico es necesario siempre para contextualizar nues-
tros datos, nuestros resultados. Pero, además, puede servir, en sí mis-
mo, como un diario de campo sobre la institución en la que se trabajó.


Tanto las dificultades como las ventajas que se experimentan para
llevar a cabo un trabajo de campo en un hospital (forma de acceso,
permanencia y roles) constituyen los primeros datos sobre el disposi-
tivo y el contexto en el que se ubica. El hospital es también reflejo de
los cambios sociales y las particularidades del momento en el que se
lleva a cabo la investigación (Van der Geest, Finkler, 2004).


hospItAl de puertAs ABIertAs. lA InvestIgAcIón en un hospItAl docente


En el caso de la investigación sobre la fibromialgia, la facilidad a la
hora de acceder al campo, o a la consulta en el caso de la investiga-
ción, tuvo que ver en gran medida con sus características de hospital
público y, sobre todo, universitario. Debido al trasiego constante de




207ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


estudiantes de enfermería, de medicina, a la existencia de MIR, EIR,
PIR, FIR, BIR, etc., tanto los pacientes como los sanitarios aceptan la
presencia de «batas blancas» no profesionales (no asistenciales) como
parte del paisaje del hospital. No hay consulta en la que no exista al
menos una de esas batas interfiriendo, más o menos, en la interacción
entre el profesional y el paciente, por lo que el antropólogo puede
pasar desapercibido con facilidad.


Por otro lado, en la cultura de los hospitales universitarios la in-
vestigación forma parte de la práctica habitual. Es más, muchos profe-
sionales utilizan el recinto hospitalario para llevarla a cabo (historias
clínicas, pacientes, pruebas diagnósticas, tratamientos experimenta-
les, etc.), por lo que no resulta extraño que los profesionales colabo-
ren, sobre todo cuando la investigación no supone una carga extra
para el personal.


Sin embargo, el acceso a las historias clínicas tiene más que ver
con el rol asignado a la antropóloga y su identidad previa como sani-
taria, que le hace formar parte de un nosotros dentro del cual la con-
sulta de datos confidenciales no tiene la misma catalogación que para
los que se consideran extraños. Se considera que, por el hecho de ser
sanitario, se conocen y se comparten los principios de confidenciali-
dad y privacidad, aunque no son dos aspectos de la asistencia que se
tengan demasiado en cuenta.


mArcAdos por el cAos y lA desIdIA. el hospItAl púBlIco desBordAdo


En el caso del servicio de urgencias hospitalarias, donde se llevó a
cabo el estudio sobre migrantes en la provincia de Alicante, el hospital
era el centro de referencia de la comarca y del área. El área cubre a
una población variada que ha ido aumentando, progresivamente, con
la llegada de migrantes laborales, de migrantes de retiro y de pobla-
ción flotante fruto de los movimientos turísticos. Tras diecisiete años
en funcionamiento, el hospital ha quedado totalmente desbordado
por el crecimiento de la población. La aparición de noticias sobre
esta situación en prensa es continua, debido a la falta de camas y a los
colapsos en urgencias. El acceso a la institución se produjo dentro de
ese marco de caos asistencial que facilitó el que no se pusiesen trabas
ni se exigiesen demasiadas formalidades.




208 ORIOL ROMANÍ (ED.)


El espacio de urgencias es el receptáculo de lo eventual, el domi-
nio del «pasar», pero a menudo terminaba convirtiéndose en el «estar»
por un vacío en la organización y la previsión4. Las deficiencias de
infraestructura provocaban que muchos pacientes permanecieran
en este servicio incluso un par de días, a la espera de ser subidos a
planta. Establecer contacto con los pacientes o sus familiares resultó
problemático por varias razones: porque su estado de salud no per-
mitía entablar una entrevista; porque desconfiaban de las preguntas
al salirse de los cánones de lo que podría preguntar un sanitario; por
la atmósfera de urgencias de prisas y ruidos; por la situación preca-
ria de los pacientes en los pasillos; por la rapidez de los procesos
de atención o por la permanencia imprevisible en ese servicio. En
una situación de malestar, de incomodidades y de largas esperas, lo
que menos espera la gente es conversación. Pero fue justamente la
situación de caos y escasez de recursos y de medios para afrontar la
demanda —que afectaba sobremanera al ánimo y trabajo del personal
sociosanitario— la que legitimó la presencia de la antropóloga y la
pertinencia del estudio como testigo de las precariedades de algunos
profesionales, que llegaron a sugerir la publicación de lo que estaba
ocurriendo (instrumentalización).


dIme A quIén oBservAs y te dIré qué FAcIlIdAdes te doy.
lA oportunIdAd del estudIo de pAcIentes mIgrAntes


Así como en el caso del servicio de reumatología parecen determi-
nantes sus características como hospital público y universitario, y en
el servicio de urgencias de la provincia de Alicante el momento en el
que se desarrolló la etnografía, en el caso del servicio de urgencias
en Génova el desenlace del trabajo de campo estuvo totalmente mar-


4 En esta situación, las particularidades de las urgencias quedaron elevadas a la
enésima potencia. Exceso de información y referentes móviles, cambiantes y efímeros;
carta de presentación de un lugar en donde no era posible alterar, frenar, ni posponer
el ritmo de los acontecimientos sociales. Acomodarse como observador en la transi-
toriedad requiere paciencia y ser fluido, como el propio lugar. Requiere encontrar los
posibles espacios de permanencia dentro de las trayectorias de paso, rescatar los tiem-
pos de las relaciones significativas en la maraña de las diferentes vivencias del tiempo.
La atmósfera de urgencias resultaba a menudo demasiado apretada, lo que permitía
pasar desapercibida, pero al mismo tiempo a la antropóloga se la apelaba de manera
demasiado constante como para que pudiera permanecer al margen (Hurtado, 2004).




209ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


cado por su objeto de estudio, la población migrante. La facilidad de
acceso al hospital y la posibilidad de gestión de todo lo relacionado
con el paciente, como el acceso al contexto de la anamnesis y la ex-
ploración, o a la historia clínica, no hubiesen sido posibles en el caso
del trabajo con pacientes autóctonos.


Tanto el personal como la administración sanitaria, la prensa o la
opinión pública habían convertido la cuestión migratoria en un pro-
blema social grave (Dal Lago, 1999). Así que la posibilidad de tener
una investigadora no pagada —ya que la financiación de su estancia
provenía de la Generalitat de Cataluña— trabajando sobre un tema
considerado prioritario resultó muy útil. El hospital, además, consi-
guió hacerse publicidad a través de la antropóloga por medio de pre-
sentaciones en congresos y artículos, y al mismo tiempo respondía a
los principios caritativos y asistenciales sobre los cuales había sido
fundado. Además, la antropóloga constituía una buena ocasión para
evaluar la formación del personal médico y sanitario sobre aspectos
sanitarios y legales de los colectivos migrantes.


Conclusiones


Como conclusiones, podríamos poner énfasis en la adaptación que
supone para el antropólogo la elección del hospital como escenario
de una investigación. A pesar de la facilidad que tuvimos para acceder
a la institución y a los escenarios «más privados» del centro, lo hici-
mos siempre tutelados por los profesionales, que dirigieron, en cierto
modo, nuestros pasos dentro del hospital, restringiendo la autonomía
para investigar la realidad hospitalaria desde otros ángulos.


Además, lo hicimos siempre camufladas como otra cosa, puesto
que dentro de la institución hospitalaria no existe ni un espacio ni un
tiempo para el antropólogo. Esto se debe, en parte, al desconocimien-
to de la antropología como disciplina y su débil institucionalización
profesional, junto con el poco interés biomédico por las aproximacio-
nes sociales a la enfermedad; pero sobre todo por las propias dinámi-
cas del lugar, que imprimen un ritmo demasiado rápido para el trabajo
etnográfico, y un tipo de relaciones muy institucionalizadas en las que
no hay espacio para nada que se aleje de lo puramente asistencial.


Frente a esta situación, el antropólogo tiene que combatir la ex-
cepcionalidad de su presencia en el lugar camuflándose (con la bata)




210 ORIOL ROMANÍ (ED.)


y, a la vez, combatir su inoperancia en el plano asistencial frente a las
demandas de los pacientes. Esta forma de acceder al campo, la mejor
de las posibles, tiene también su parte negativa: la confusión de roles.
Y puesto que en función del rol asignado pueden existir sesgos en la
información que se obtiene, es necesario indagar en el rol que le es
atribuido por los diferentes actores con los que trabaja.


Por otro lado, cabría destacar que el hospital, aun compartiendo
muchas de sus características con otras instituciones sanitarias, por su
organización y por la adopción del modelo médico hegemónico, tie-
ne muchas particularidades dependiendo del contexto sociocultural
en que se ubique y el momento en que se realiza la etnografía.


Por último, nos gustaría destacar la importancia del relato etno-
gráfico de la institución hospitalaria desde la perspectiva de la meto-
dología como herramienta y construcción del conocimiento, por la
falta de referentes en monografías antropológicas que versen sobre
el tema y por la necesidad de adecuación de los planteamientos me-
todológicos clásicos de antropología a las instituciones hospitalarias,
configuraciones, tiempos y espacios contemporáneos.


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UN ANTROPóLOGO EN LA CONSULTA HOSPITALARIA


Rubén Muñoz Martínez


Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)


rubmuma@hotmail�com


Resumen: El autor expone las particularidades metodológicas más
notables en la relación que estableció, fruto de las exigencias de su
trabajo de campo, como antropólogo e investigador/terapeuta en
la consulta etnopsiquiátrica del hospital Brugmann de Bruselas�
Al mismo tiempo, analiza las especificidades metodológicas emble-
máticas de esta práctica etnopsiquiátrica a la luz de un estudio de
caso; propone algunos de sus aciertos en la eficacia terapéutica, y
comenta aspectos problemáticos para el debate�


Palabras clave: metodología, investigación, terapia, etnopsiquiatría,
migración�


Abstract: The author discusses the most notable methodological
particularities in the relationship that he established during
his fieldwork as an anthropologist, researcher/therapist in the
ethno-psychiatric Brugmann hospital in Brussels� At the same
time, the author analyzes the methodological specificities that
are emblematic of this ethno-psychiatric practice in the light of a
case study, comments on the efficacy of some of their therapeutic
successes, and highlights some problem areas for discussion�


Keywords: methodology, research, therapy, ethno-psychiatry,
migration�




214 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Introducción


En el presente texto expongo cuáles han sido algunas de las particula-
ridades metodológicas en la relación que establecí, fruto de un trabajo
de investigación en el marco de mi tesis doctoral1, como antropólogo
e investigador/terapeuta en la consulta etnopsiquiátrica del hospital
Brugmann de Bruselas.


Desde una perspectiva antropológica de carácter aplicado y au-
toetnográfico, se trata aquí de explorar dos dimensiones metodológi-
cas que, en mi ejercicio de investigación como participante observan-
te en esta práctica terapéutica, se encuentran íntimamente ligadas.
Ambas tienen que ver con las implicaciones, como investigador y
—fruto de la exigencia del campo de estudio— como «clínico», de
distinto orden que aquí se desprenden de la combinación del rol de
antropólogo/investigador con el de antropólogo/terapeuta. Estas im-
plicaciones residen en la problemática de que si para el antropólogo,
en el trabajo de campo, los diferentes modos de conocer surgen de
los diferentes modos de ser (Jacorzynski, 2004: 119), en la consulta
etnopsiquiátrica los modos de ser y conocer conllevan una serie de
consecuencias, de tal forma que «las condiciones de producción de
conocimiento para uno (el terapeuta/investigador) son igualmente,
inevitablemente, condiciones de producción de existencia para el
otro (el paciente)»2 (Stengers, 2003: 361).


La primera dimensión metodológica, relativa al trabajo de inves-
tigación del antropólogo, comprende tres aspectos interconectados:
a) la articulación de la subjetividad del antropólogo con las expecta-
tivas y funciones a desempeñar que le exige el campo social objeto
de estudio; b) los métodos utilizados por el investigador y la gestión
de su entrada en escena: en concreto la presencia del antropólogo
en el contexto terapéutico, así como las herramientas de recogida


1 El objetivo principal de esta investigación ha sido dilucidar si los dispositivos
terapéuticos interculturales en salud mental existentes en Bélgica y España mejoran el
acceso y disfrute a los medios sanitarios de las personas de origen extranjero (Muñoz,
2010).


2 «Les conditions de production de connaissance pour l’un (Le thérapeute/cher-
cheur) sont égalment, inévitablement, des conditions de production d’existence pour
l’autre (le patient)». En el original.




215ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


de datos; y c) el manejo de la contratransferencia cultural (Devereux,
1980; Moro, 1992), al llamar la atención sobre los efectos que el suje-
to investigado, y la relación investigadora, suscitan en el investigador
como fuente de información e instrumento de intervención clínica.


La segunda dimensión se refiere a la metodología específica que
despliega este dispositivo etnopsiquiátrico, coordinando, desde el
análisis antropológico y el psicoanalítico, técnicas inspiradas en uni-
versos terapéuticos externos a los paradigmas de la cultura biomédica
hegemónica, con el fin de optimizar la gestión de la contratransfe-
rencia y la transferencia cultural (entre terapeutas y pacientes), en la
búsqueda de una mejora de la praxis curativa.


El recorrido expositivo comienza con una breve introducción a la
aparición de los dispositivos etnopsiquiátricos en el panorama belga
y, en concreto, en el hospital Brugmann de Bruselas; para después, en
un primer bloque, pasar a hablar de la entrada del antropólogo en el
campo de estudio. En el apartado siguiente planteo varias preguntas
que me hice a priori, relativas a la legitimidad, y conversión, del antro-
pólogo como terapeuta en el ámbito biomédico. Paso a tratar, en un
segundo bloque, cuáles fueron los útiles metodológicos y sus proble-
máticas más relevantes en mi trabajo como investigador/terapeuta,
abordando a su vez la cuestión del manejo de la contratransferencia
por parte del investigador. Y por último enmarco esta exposición en
el contexto de las características metodológicas más emblemáticas
del dispositivo etnopsiquiátrico en Brugmann, a la luz del estudio de
caso de una paciente.


El surgimiento de la praxis etnopsiquiátrica
en el hospital Brugmann de Bruselas


Los dispositivos terapéuticos etnopsiquiátricos han gozado, desde los
años noventa del pasado siglo, de un gran apogeo en las áreas de in-
fluencia cultural francófona europeas. Esto se ha debido, en opinión
de sus defensores, a su éxito terapéutico en el tratamiento de pacien-
tes de origen extranjero, que otras aproximaciones monoculturales
occidentales no logran abordar con resultado. Autores como Fassin
(1999) señalan que su éxito reside, no obstante, en que se han implan-
tado en un espacio favorable, dejado de lado por los poderes públicos
y obviado por las instituciones sanitarias y sociales.




216 ORIOL ROMANÍ (ED.)


En este sentido, una de las críticas más comunes que se han he-
cho a los denominados centros especializados en el tratamiento et-
nopsiquiátrico de inmigrantes, como el Centre George Devereux de
Tobie Nathan en París, es la segregación de la población de origen
extranjero bajo una reducción esencialista de la alteridad3 (Rechtman,
1995), evitando incorporarles al sistema de cuidados de derecho co-
mún público. Sin embargo, muchas de estas críticas no se han basado
en un trabajo de campo previo sino en la lectura de los textos de sus
defensores. En mi opinión, si bien poseen un loable carácter «orienta-
tivo y preventivo», deben matizarse, o descartarse, a la luz de la obser-
vación in situ de una práctica etnopsiquiátrica específica.


En el panorama europeo actual no existe, sin embargo, un tipo de
práctica etnopsiquiátrica, sino muchas, que se desarrollan en centros
de distinto orden adscritos (o no) a la red de cuidados normalizada,
así como, en menor medida, en algún hospital de tipo público. Tratán-
dose de un modelo alternativo subordinado, en términos de Menén-
dez (1984), inserto en el modelo médico hegemónico, este último
lugar es el particular del caso, emblemático por sus características,
aquí analizado: la consulta de etnopsiquiatría del hospital Brugman
de Bruselas.


3 A través de concepciones estáticas, propias de una sobredeterminación cultural,
como la de que el paciente solo vehicula su malestar de forma tradicional, con lo que
la terapéutica debe estar adaptada al universo cultural de origen del mismo (Nathan,
1998). Al mismo tiempo que, defensores como Moro (1998) y Nathan (2001), proble-
matizan el mestizaje y las dinámicas culturales migratorias concibiéndolas como pato-
lógicas. Esta perspectiva eminentemente culturalista puede tender, entre otras cosas, a
invisibilizar las condiciones sociales, económicas y jurídicas en las que se desenvuelve
el paciente en su día a día. En este sentido, resulta interesante destacar lo señalado por
Chantal Crenn (2000: 42) en su descripción de la problemática toma en consideración
de la etnicidad del paciente por parte de las instituciones sanitarias. En este caso la au-
tora analiza el ejemplo de un paciente que, derivado a una consulta de etnopsiquiatría
en Francia, rechaza las categorías culturales y étnicas que los terapeutas le atribuyen,
por connotar significados desvalorizantes y segregadores, y reivindica un modelo expli-
cativo basado en la clase social de pertenencia y las relaciones de poder. Como señala
Achotegui (2005: 13) con respecto a los pacientes de origen extranjero que se encuen-
tran en situación irregular, no se debería considerar que estas personas dejan de ver la
importancia que tienen los factores sociales y políticos en su situación. «Como nos dijo
una vez un africano: Mire usted, a mí el mal de ojo también me lo han echado las
leyes que tienen ustedes en este país».




217ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Compartiendo un tronco común a las praxis etnopsiquiátricas ac-
tuales en países como Francia, Suiza o Bélgica, el núcleo teorético y
metodológico central de la consulta etnopsiquiátrica de Brugmann se
inspira en lo desarrollado primeramente por G. Devereux4, y después
por T. Nathan5.


El hospital Brugmann se inauguró oficialmente en el año 1923.
Desde el punto de vista arquitectónico fue único en su época, ya que
se trataba del primer hospital belga horizontal, trazado sobre la base
de las recomendaciones de los médicos jefes de servicio. La concep-
ción en pabellones, separados por jardines comunicantes, buscaba li-
mitar los riesgos de contaminación y respetar el medio ambiente y la
planificación del territorio. Actualmente se encuentra en la frontera
entre dos barrios de gran diversidad sociocultural: Laeken, al norte, y
Jette, al sur.


Remontándose a principios de los años noventa, coetáneo al naci-
miento del centro Devereux en París, la consulta etnopsiquiátrica ha
vivido una evolución particular. Comenzó por dos o tres terapeutas,
que acompañaban al psiquiatra en las sesiones, de orígenes lingüísti-
co/culturales diversos, hasta un grupo actualmente pluridisciplinar
de entre 10 y 15 terapeutas, con múltiples trayectorias a su vez lin-
güísticas y culturales, entre los cuales las mujeres son mayoría6.


4 Se puede considerar, tal y como dice Laplantine (1973: 134), a George Devereux
como la figura más importante que ha influido en el etnopsicoanálisis contempora-
neo, tras su obra Mohave ethnopsychiatry and Suicide (1961). Devereux partirá de un
principio metodológico y no teórico proponiendo una aproximación complementa-
rista, en la cual se abordarán separadamente los niveles explicativos que se desprenden
de la posición desde la que el terapeuta observa: esto es lo psicológico, lo social y lo
cultural. De esta manera el método complementarista presupone y exige la existencia
de diversas explicaciones, siendo cada una exhaustiva en su cuadro de referencia, pero
apenas parcial en otro cuadro distinto.


5 El inicio de la práctica etnopsiquiátrica en hospitales y clínicas europeas fue
llevado a cabo, en 1979, por Tobie Nathan en el hospital Avicenne de Bobinny (Francia).
En 1993 fundará el centro G. Devereux en París.


6 Es interesante destacar que, con el fin de evitar derivas segregadoras, los promo-
tores de la consulta se opusieron desde el principio a crear un centro, como en París,
separado del ámbito hospitalario público. Por otro lado, debido, entre otros factores,
al número cambiante de participantes, actualmente no dispone de un espacio fijo y
delimitado sino que varía su ubicación entre dos o tres despachos, utilizados en otras
franjas horarias como despachos y consultas convencionales, según la disponibilidad.




218 ORIOL ROMANÍ (ED.)


El proceso de creación no estuvo exento de numerosas resisten-
cias por parte del personal sanitario. Finalmente, la alianza de varios
psiquiatras, interesados por abordar la atención sanitaria desde una
perspectiva sensible a la diversidad cultural, y un clima de cambios
en esta línea en el conjunto del hospital7, se materializaron en la con-
solidación de la consulta. Sin duda, una de las mayores resistencias
proviene, todavía en la actualidad, de la concepción ideológica del
espacio terapéutico, privado y en compartimentos estancos, y de la
relación diádica terapeuta/paciente. Sobre las características metodo-
lógicas que cuestionan estos aspectos, así como las que se refieren
a mi relación peculiar como antropólogo investigador/terapeuta en
esta consulta de etnopsiquiatría, hablo a continuación.


Una apacible entrada en el campo de estudio


Llegué al área de psiquiatría del hospital general Brugmann (de Bru-
selas) una atípicamente soleada mañana de octubre de 2006. Con la
intención de saber si podía explorar esta práctica, para la investiga-
ción que llevaba a cabo, mi pregunta fue directa y pretendía ser es-
cueta: «Hola, quería saber si el doctor W., que tiene una consulta de
etnopsiquiatría, se encuentra aquí ahora». Pero fue entonces cuando,
por el gesto expectante de mi interlocutor (recepcionista del área),
percibí que la situación iba a requerir de una mayor presentación. El
teléfono sonó, me dedicó una mirada que interpreté como aburrida, y
contestó. No quería decir que soy antropólogo, pues quizás esto iba a
requerir explicaciones bizantinas, pero tampoco contemplaba mentir
haciéndome pasar por médico o psicólogo. Ahora bien, ¿y si era con-
fundido con un paciente? En un ejercicio automático, como señala
Goffman (1970: 25), de definición de la situación y de demanda de
ser quien se dice ser, repasé mentalmente mi atuendo, el tono de mi
voz, el aplomo que mi posición y mis gestos me conferían y traté de
realizar una comparación —ingenua, pues se trataba del primer dispo-
sitivo institucional que sondeaba (y era la primera vez que me encon-


7 Reflejo de la apertura que se estaba produciendo en el conjunto del panorama
de la atención sanitaria institucional belga, fruto de la demanda de una mejora en el
acceso y disfrute de los medios sanitarios de las personas de origen extranjero, con
iniciativas políticas, a escala estatal, como la mediación intercultural sanitaria.




219ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


traba en un pabellón psiquiátrico)— con la que imaginaba tendría un
paciente. Al andar por la cuerda de trapecista del discurso y la presen-
tación de uno mismo, en la interacción que antecede a la entrada al
campo de estudio, no existía otro signo distintivo para ser paciente o
investigador que la persuasión en la conducta verosímil, o como dirá
Gailly (2008), «la presentación culturalmente auténtica de uno mis-
mo». Lo que estaba en juego era una buena o mala tentativa de entrada
al campo; sin embargo, impulsado por la asociación de ideas de quien
identifica un peligro fruto del desconocimiento, recordé la escenifica-
ción de entrada de los investigadores en el experimento de Rosenhan
(1973), significativo para el llamado movimiento antipsiquiátrico, y
me recorrió un escalofrío por la espalda8. Por suerte aquellos eran los
años setenta y la realidad de las estructuras hospitalarias, en el pano-
rama belga, apuntaba a ser sustancialmente diferente a la de enton-
ces. Tras colgar el teléfono (mi interlocutor) finalmente me decanté
por confesar, con orgullo, que era antropólogo. Cuando me disponía a
apuntillar (amuleto que aprendí a usar casi como una venganza) que
«es para mi tesis de doctorado», sorprendentemente fui recibido con
gran locuacidad y empatía9. Por lo que fui sabiendo, de mis interlocu-
tores presentes y futuros, el hospital Brugmann es pionero en crear
herramientas, como esta consulta o el servicio de mediación intercul-
tural, para gestionar la diversidad cultural en la atención sanitaria. Los
antropólogos, lejos de ser figuras extemporáneas, eran avistados, es-
pecialmente en el área de psiquiatría, con relativa asiduidad. Números
de teléfono, horarios, direcciones, entrevista… y, tras el visto bueno


8 La furtiva asociación de ideas se dirigió hacia la dificultad que, en el contexto de
los internados, algunos de los investigadores tuvieron para salir del centro hospitalario,
una vez dejaron de simular la dolencia por la que habían sido encerrados. Así como,
tratando de resituar mi origen sociocultural trashumante, a la cuestión de la selección
social preliminar al encierro que señalaron, entre otros, Scheff (1973), Levinson
y Gallagher (1971), o Castel (1976). La neutralización de los prejuicios de partida y
del sociocentrismo (Velasco y Rada, 1997, 2003: 29) del investigador es un elemento
metodológico a destacar en el trabajo de campo.


9 La problemática situación de definiciones de papeles y transposiciones iden-
titarias se repetiría en más ocasiones cuando abordé otros dispositivos psiquiátricos
hospitalarios destinados principalmente a las personas de origen extranjero. En dos
ocasiones, que puedo identificar, fui confundido con un médico y en otra con un pa-
ciente. En una de las del primer caso prolongué dicha confusión con el fin de obtener
más información de una visitante farmacéutica.




220 ORIOL ROMANÍ (ED.)


del etnopsiquiatra, la entrada al campo estaba resuelta. Acudiría a la
consulta cada jueves de 13:30 a 19:30 h, a partir de la próxima sesión.
Pero con una condición: mi papel (como se explica después) no va a
ser solo el de investigador, en la arena de la consulta, sino que deberé
ejercer, desde mi formación cómo antropólogo, a su vez de terapeuta.


Comienza la conversión del antropólogo� Aprendizaje,
formación y atribución de legitimidad en un contexto biomédico


Si los profesionales del arte médico son elevados en ocasiones a la
categoría de demiurgos, que ejercen con carisma sus virtudes téc-
nicas del don de la curación, también son considerados por algunas
personas como una amenaza, ya que gestionan los cuerpos, su vida y
su muerte. Son técnicos del orden (social y moral) inscrito en la pa-
radigmática concepción biomédica del trinomio salud/enfermedad/
atención. En contextos como el que nos ocupa, el antropólogo, a su
vez, puede desempeñar la bondadosa labor de sanador/terapeuta, la
acción del fiel compañero beligerante para hallar la piedra de la locu-
ra. O ser percibido como una amenaza, descodificador de un orden
ideológico profesional establecido. El ejercicio metodológico en mi
trabajo de campo se iba a mover en la delicada tensión entre bondad/
amenaza, bajo la atenta mirada de una intencionalidad última, una éti-
ca insoslayable, la sanación.


Pero para ejercer lo que para mí era, al menos al principio, un pa-
pel (como terapeuta) secundario de obligatorio cumplimiento en la
labor de investigación, ¿debía llevar a cabo un proceso propedéutico
de aprendizaje, formación y conversión hacia la legitimidad clínica
biomédica? ¿O, en este contexto, esta iba ya de por sí dada en mis
competencias y saberes como antropólogo?


A la hora de abordar el estudio de caso, de la consulta etnopsi-
quiátrica, no disponía de una metodología cerrada. Por mucho que
esta no fuese la sensación que debía dar en la redacción final de la
tesis, la investigación iba perteneciendo más al reino de lo inesperado
que al de la planificación exhaustiva. Iba constatando que, como se-
ñalan Hammersley y Atkinson (1994: 39), se trataba de una actividad
práctica que requiere del ejercicio de un juicio en un contexto.


Durante mi formación académica, y también en mis momentos de
ocio, me había interesado por la psicología, particularmente la psico-




221ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


logía social, y el psicoanálisis. Sin embargo, mis conocimientos sobre
etnopsiquiatría, más allá de escuchar algunas anécdotas de índole ro-
mántico10 (que motivaron mi interés inicial por la cuestión) y nocio-
nes generales abordadas por varios de los teóricos en la materia, eran
prácticamente inexistentes. Por no hablar de la práctica psiquiátrica
en una hospital, lo cual resultaba de lo más incentivador teniendo en
cuenta que, ya en mi primera sesión, debía empezar a ejercer, hacien-
do uso de mis habilidades y mirada antropológica, como terapeuta.


Como investigador pensé que tendría que confiar en aquello de
que la observación participante es un proceso de, haciendo uso del
término de Berger y Luckmann (1984), socialización secundaria y
aprendizaje en la cultura/s de un campo social específico. Y que llegar
a comprender la estructura de sus medios de comunicación simbó-
lica, «como quien capta un proverbio o entiende un chiste» (Geertz,
1973, 2001: 70), me iba a requerir algo de paciencia y confianza en
mis habilidades sociales. Pero como terapeuta, ¿a qué debía atenerme?
¿Hasta dónde debía, y podía, llegar en el ejercicio de la llamada par-
ticipación observante11? Como vería después, ambos papeles, investi-
gador y terapeuta, no podían ser contemplados como autónomos en
este contexto.


10 Mi interés particular por esta investigación relativa a las praxis terapéuticas
interculturales, y en concreto por el dispositivo de tipo etnopsiquiátrico en Brugmann,
nació a raíz de una estancia en Bélgica, en el año 2003, en el marco de una beca de
movilidad en mi licenciatura en Sociología (en la Universidad Complutense de Madrid).
Una noche de aquel año escuché el relato, al que le siguió una discusión a medio cami-
no entre la narrativa realista y romántica, de dos estudiantes que habían trabajado como
psicoterapeutas con personas de origen extranjero en una, novedosa para mí, práctica
etnopsiquiátrica de un centro clínico de París (Centro Devereux) y de un hospital en
Bruselas (Brugmann). La brujería, el vudú y la tensión entre la aceptación y la incom-
prensión (por parte de las autoridades médicas y judiciales) del modelo explicativo de
la dolencia, con desencadenantes sanitarios y legales para los pacientes concernidos,
motivó mi interés inicial. Fue este año lectivo, en la Universidad Libre de Bruselas, cuan-
do a su vez comencé a tener más contacto e interés por la antropología.


11 Jacorzynski (2004) señala que la relación del etnógrafo con el informante pue-
de tener más de participante que de observante, ya que nos enseña sobre el mundo y
sobre nosotros mismos en una posición compartida.




222 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Útiles y estrategias del antropólogo investigador/terapeuta
en el dispositivo grupal: el silencio, ¿un gran aliado?


Según G. Devereux (1977), el observador debe situarse en el corazón
del proceso de investigación y considerar que no observa más que las
reacciones a sus propias observaciones. En este sentido, afirma que
no existen datos independientes a su trabajo de observación. En con-
creto, los únicos datos de los que dispone el investigador son los que
están constituidos por sus propias reacciones a las reacciones que él
mismo suscita (la contratransferencia). Para este autor el observador
debe pensar su relación con el observado de la misma manera que el
psicoanalista aborda la relación con su paciente. Ser consciente de
procesos como las contratransferencias, las resistencias y los meca-
nismos de defensa del investigador con respecto al sujeto de estudio
observado, y modificado por nuestra presencia, constituye como una
fuente importante de creación científica.


Frente a la responsabilidad deontológica, como antropólogo in-
vestigador pero también como «clínico», que demandaba la situación
y la ausencia patente (al menos para mí) de experiencia en contex-
tos semejantes, decidí comenzar con una estrategia metodológica/
conductual: la prudencia invitaba a ser silencioso. Ahora bien, podía
silenciar mis palabras, agazapado tras mi diario de campo, pero no
mi presencia, gestos, mirada, sexo; además, era el representante cultu-
ral de los hispanohablantes, de los antropólogos, de los europeos del
sur que migran a Bélgica, y debía hacer frente a ciertas expectativas
(devanadas de la madeja cultural, de ausencias y presencias, que mi
cuerpo allí significaba).


Con el paso de los días y las lecturas sobre la temática; la obser-
vancia de los tiempos de palabra e intervención; de la relaciones de
poder, gravitantes en torno al papel central del etnopsiquiatra, que
se reafirmaban en los discursos; de las convergencias y divergencias
dialécticas y su resolución y efectos prácticos en la terapéutica, etc.,
comencé mi andadura en el reino de las palabras.


Como un poder otorgado por un invisible juez al principio, un
principio imaginado por todo lo dicho con un silencio lleno de cuer-
po, fueron escuetas intervenciones. Trataban de reafirmar, esta vez
con voz, opiniones que consideraba acertadas de los compañeros y
pacientes. Poco a poco fueron dando paso a frases, cortas pero que




223ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


saltaban al ruedo del círculo de terapeutas que rodeábamos la escena
convergente en el paciente, a un extremo, y en el etnopsiquiatra, en el
otro, enfrente, ligeramente internado en la línea circular.


Si mis palabras, con su potencial y riesgo, provocaban unos des-
encadenantes que modificaban el discurrir de la consulta, y contenían
implicaciones para la eficacia terapéutica y la vida del paciente, no lo
eran menos los gestos. Entre ellos aquellos que, en el acto de escritu-
ra, vehiculaban palabras hacia un espacio de posesión privado, y que
eran, en algunas ocasiones, particularmente sensibles.


Peligros y virtudes de un cuaderno y un lápiz


A la hora de negociar con el etnopsiquiatra cuáles iban a ser mis técni-
cas de recogida de datos inquirí si podía grabar acústicamente alguna
sesión. Esta práctica se había realizado en varias ocasiones a lo largo
de los años, también con grabaciones en vídeo; sin embargo, plantea-
ba un serio problema para el normal desarrollo de la consulta: por
una parte, grabar a escondidas no era éticamente correcto (visión que
yo compartía), pero al exponer la grabadora o la cámara al paciente
añadíamos una barrera más a sortear para que este pudiese adaptarse
a la ya de partida, como veremos después, peculiar metodología tera-
péutica.


El útil de recogida principal con el que contaba para el registro de
datos, además de la memoria, era el diario de campo y el lápiz. Al no
ser la única persona que anotaba en su cuaderno —otros terapeutas
hacían a su vez uso de él—, lo supuse un ejercicio habitual.


El diario me permitía registrar lo acontecido de forma discreta,
por silenciosa, pero siendo flora, con afilado lápiz, y actor de un eco-
sistema no siempre acogedor. Las ideas surgidas e interacciones de
importancia, en su devenir, eran trasladadas a las temporalidades del
diario, destinadas a ser retomadas o interpretadas como planes de
actuación, material para la triangulación de datos, etc. Sin embargo, si
para algunos pacientes era notoriamente gratificante contar con un
dispositivo (de escucha y palabra) grupal diseñado para, en palabras
de los defensores del mismo y como se explica después, materializar
la alteridad y volverla un catalizador terapéutico, para otros no poseía
estas connotaciones.




224 ORIOL ROMANÍ (ED.)


«Lo que registras es mi vida»: negociación
del acto de escritura en el diario de campo


Cuando se pretende que en la consulta etnopsiquiátrica exista una
gestión democrática y honesta del proceso terapéutico, evitando
efectos perversos de abuso de poder semejantes a los que pueden
acontecer en la privacidad de la diada terapeuta/paciente, todas las
herramientas terapéuticas, lo cual incluye las de registro de datos y los
medicamentos, deben ser consensuadas con los principales concerni-
dos: los pacientes y sus acompañantes.


Como instrumentos del saber/poder médico, los medicamentos
cumplen una función, en términos de B. Good (1994: 86),
«soteriológica» práctica en las sociedades modernas. Al insertarse,
como significantes sociales12, en el mundo de vida del paciente,
creo que, en una praxis curativa democrática (como trata de ser esta
consulta), se debe enseñar al usuario a utilizarlos con efectividad, un
honesto conocimiento farmacológico de los mismos y su autonomía,
para evitar relaciones de dependencia e inequidad —en la línea con la
asunción de responsabilidades sanitarias defendida por Linares (1982:
112)—. En este contexto, el diario de campo registra este mundo de
vida, o la exposición que de él hace el paciente, por lo que puede
convertirse en un objeto que ayuda a curar. Esto es, por ejemplo,
como base de datos y reflexiones sobre la mecánica terapéutica y
su eficacia, las presentaciones de los itinerarios biográficos de los
actores implicados y el espectro de relaciones de poder en juego y
sus consecuencias. O pasar a ser una herramienta, propia del interés
técnico/instrumental en la relación investigador/sujeto investigado


12 Como señala Dagognet (1996), la medicina está ordenada alrededor del trata-
miento, en el que el remedio constituye la concretización del acto médico. La compren-
sión por el enfermo de la acción de los medicamentos dados por la biomedicina obliga
a una serie de mediaciones cognitivas y sociales. En este sentido el tratamiento, como
uno de los elementos esenciales del dispositivo, produce y modifica las representacio-
nes sociales de la enfermedad. Aunque esto sucede de formas diversas, dependiendo
de los contextos e itinerarios socioculturales en juego, el esquema general de la unión
entre el tratamiento y las representaciones populares reposa sobre la posibilidad de ve-
rificar los efectos tangibles de un producto o de un tratamiento (Jaffré y Sardan, 1999).
Si las interpretaciones toman el relevo fundamentalmente de un orden discursivo, la
acción del remedio puede ser constatada, lo que constituye un elemento de dotación
de certidumbre.




225ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


enunciada por Habermas (1982), promotora de la colonización del
mundo de vida del paciente. La herramienta, en este caso, tiene
implicaciones directas en las consecuencias que, para el paciente, de
ella se derivan como fin.


La falta de adecuación del dispositivo terapéutico grupal a algu-
nos pacientes, y el significado que cobran los actos de recogida de
datos, ha dado lugar a situaciones de tensión en las que, el paciente
o sus acompañantes (cónyuges principalmente), protestan o se sien-
ten violentados y no vuelven a acudir (en una ocasión, en la que fui
partícipe, el marido de una paciente protestó enojado diciendo que:
«no son animales exóticos a los que estudiar», y se refirió a la consulta
como a un circo).


En estos casos la situación, originada por la ausencia de una eficaz
evaluación en la entrevista terapeuta/paciente preliminar a la entrada
a la consulta, demanda un despliegue selectivo en la interacción, con-
flictiva en ciertos comportamientos entendidos como naturales por
los terapeutas e investigadores, con el paciente. El hecho de apuntar
en el diario, receptáculo de información, es uno de los aspectos nego-
ciado, o explicado, cuando aparecen las quejas.


Con respecto a la gestión de la información sobre el paciente,
resulta relevante destacar que la norma instituida en la consulta, en la
línea con el discurso de tipo chamánico (Nathan, 2001) que recoge
las opiniones del entorno del paciente para proporcionarle un «mito
colectivo» (frente al «mito individual» que representa su narrativa en
las psicoterapias de corte clásico), es que todo se hable delante de él.
Esto incluye reflexiones, cuyo objetivo es siempre la remisión de la
dolencia y se refieren a menudo a los principios metodológicos de la
consulta, que podrían ser tratadas a posteriori y no serán enunciadas
si no está él delante13.


13 De hecho, las reuniones fuera de consulta tratan, en algunos casos, de buscar
pistas sobre la dolencia y su posible curación, pero no se adentran en especulaciones
interpretativas que no vayan a exponerse frente al paciente. Sin embargo, este prin-
cipio metodológico entra en contradicción con ciertas dinámicas insitituidas como
el control, en ocasiones, escaso del discurrir de terapeutas que componen el grupo, y
las posibles implicaciones de esto en el derecho a la privacidad del paciente. Por otra
parte, este tipo de enfoque de «tipo chamánico» no siempre es recibido de forma posi-
tiva por todos los pacientes, algunos de los cuales dejan de acudir al considerar poco




226 ORIOL ROMANÍ (ED.)


El diario de campo sirve como herramienta para recoger datos,
plantear líneas de intervención, pero también como pantalla que per-
mite un distanciamiento en la inmersión del antropólogo.


En ocasiones he salido de la consulta abatido por lo narrado, y
vivido, en las sesiones. En otras, la sensación es de catarsis, un sen-
timiento pletórico, y un poco autocomplaciente, de haber realizado
una buena labor. Más de una vez, mientras regresaba en tranvía atra-
vesando la noche fría y lluviosa, el sentimiento era de inquietud. Las
conversaciones, y reflexiones, con los compañeros ayudaban a disipar
el nerviosismo, más no una constatación certera… «tengo miedo».


Locura, demonios… tengo miedo


En la mayoría de los pacientes, de origen extranjero, las causas de sus
dolencias reenvían casi siempre, de una forma más o menos patente,
a su trayectoria migratoria14 —proyectos de vida, relación con sus dos
mundos y entornos (los de origen y destino), etc.—. La expresión
de su sufrimiento, por medio de la sintomatología, y la búsqueda de
un sentido en la explicación etiológica no están necesariamente di-
vididas entre dos mundos irreconciliables: el mágico/religioso de la
brujería, las posesiones y los demonios, o el médico/científico de las
psicsis, los trastornos del comportamiento o depresiones15. Muchos
pacientes han incorporado ambos universos mediando, al igual que


eficaz este tipo de práctica expositiva/interpretativa en la que, consideran, se les niega
la palabra priorizando las narraciones de sus acompañantes y terapeutas.


14 Principalmente por parte del grupo de terapeutas y el etnopsiquiatra que pro-
blematizan dicha dimensión, pero también de algunos pacientes que la atribuyen, ex-
plícitamente, a su malestar. Sin embargo, existen otros pacientes, como los de origen
autóctono, cuyas problemáticas son abordadas, con la misma metodología pero sin el
vector migratorio, desde un enfoque interpretativo basado en los itinerarios y grupos
socioculturales de pertenencia y adscripción.


15 Algunos pacientes, sin embargo, sí abrazan categorías cuyas presentaciones
discursivas se articulan, casi exclusivamente, en uno u otro universo. Otros demandan,
insertos en un modelo que no les conviene (ya sea biomédico, mágico/religioso o de
otro tipo), explicaciones más convincentes o adaptadas. Hay casos, como por ejemplo
los relativos a un ejercicio de mediación familiar, en los que ni el paciente ni los tera-
peutas se adhieren a ninguno de los dos modelos.




227ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


el grupo y el etnopsiquiatra, entre diversas narrativas que toman ele-
mentos, en este caso, de uno y otro modelo16.


La dureza de algunas vivencias y testimonios de los pacientes, mi
condición de migrante (intracomunitario), así como la falta de expe-
riencia y de recursos atenuadores en estas lides, me provocaban cier-
tas contratransferencias perturbadoras e interesantes. Al parecer, por
lo que iba escuchando de mis compañeros, no era el único que sufría
la presión adaptativa y necesitaba momentos de distensión emocio-
nal. En este sentido, una vez más el diario de campo y ciertos gestos
de carácter ritual que se fueron rutinizando en el grupo (tomar el café
juntos, llevar dulces a la consulta, regresar en compañía del hospital
al barrio en el que residíamos varios compañeros, etc.) ayudaban a
disipar los temores. Para la mejora en el manejo de la llamada contra-
transferencia, así como de la transferencia y los procesos terapéuticos
desencadenantes, había sido implementada, como vemos a continua-
ción, en esta consulta objeto de estudio, una metodología específica y
distintiva de las praxis psicoterapéuticas hegemónicas.


La metodología etnopsiquiátrica: funciones del grupo,
configuraciones del espacio y uso de los objetos activos


a la luz de un estudio de caso


el grupo en lA dIsposIcIón espAcIAl


En la consulta de etnopsiquiatría de Brugmann la relación terapéu-
tica se gestiona desde una perspectiva metodológica grupal, frente
a la relación de privacidad en la diada terapeuta/paciente. Para ello,
como ya se apuntó antes, incorpora la esfera pública a través de la
construcción de un dispositivo en las consultas constituido por un
grupo multicultural (y plurilingüe) de terapeutas y acompañantes, y
a su vez, como señala Nathan (2001: 113), de círculos culturales de
pertenencia y adscripción. Insertos en una lógica espacial en la que el
grupo de terapeutas, y el paciente, forman un círculo, donde ninguna
posición se distingue con relación a otras, se trata de impulsar pro-
cesos analógicos. Estos tienen por objetivo, según el autor, materiali-


16 Si la presentación discursiva/cultural del paciente orienta las narrativas expli-
cativas que el grupo adopta, sucede tambien en sentido inverso, conciliando, o adaptan-
do, aquel a líneas discursivas según nuestra escenificación.




228 ORIOL ROMANÍ (ED.)


zar la alteridad para que el paciente pueda pasar de ser un individuo
universal (descontextualizado) a representante del grupo cultural del
cual es originario.


En este caso, el grupo no supera nunca un máximo (teórico) de
20 personas, manteniéndose de preferencia entre las 10 y 15, y las
intervenciones son centralizadas por el etnopsiquiatra principal. La
formación académica de los terapeutas abarca la psicología, la psi-
quiatría, la antropología, el trabajo social, la enfermería psiquiátrica o
la sociología17.


Los orígenes culturales también son muy diversos. Todos los tera-
peutas de orígenes alóctonos hablan sus lenguas maternas y el fran-
cés, siendo en algunos casos esta su lengua materna. El etnopsiquiatra
ha nacido en Bélgica, si bien es de origen polaco18.


Si, como ya señalé antes, la entrada en escena de un dispositivo
grupal en la relación terapeuta/paciente no es siempre adecuada para
todos los usuarios, el caso de la paciente E. (ver el apartado: estudio
de caso clínico) es revelador de la inoperancia terapéutica de una
praxis de tipo diádico. La paciente E., de 35 años de edad y origen
marroquí, regresa a la consulta (en 2006) tras once años de ausencia
motivada por el miedo a que el espíritu que la atormenta haga daño al
psiquiatra. En la metáfora de la lucha grupal contra el espíritu se ma-
nifiestan por un lado los actos resocializadores de E. al solventarse la,
en términos de Goffman (1998), ruptura comunicativa/situacional, la
disociación entre contenido y continente que ocasiona el síntoma. Y
poder atribuir al texto discursivo/comportamental un contexto en un
ámbito de reconocimiento y apoyo empático19 con su presentación
cultural. Mientras que, por otra parte, dicha lucha escenifica los posi-
bles efectos adversos que la constante exposición a las consecuen-


17 Estas características no son siempre compartidas por otras prácticas etno-
psiquiátricas. Moro aconseja que los participantes en el grupo de terapeutas sean pre-
feriblemente diez (1998), y que su formación provenga de la psiquiatría o psicología
(1994).


18 Los terapeutas proceden de países diversos como Bélgica, Congo, Turquía, Ma-
rruecos, Túnez, Ruanda, España, etc.


19 Por un lado, en el carácter de reconocimiento institucional del país de acogida
que a los terapeutas les atribuye el paciente, y por otro en la no discriminación frente
a un discurso que defiende una causalidad de la dolencia diferente a la articulada por
la cultura biomédica.




229ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


cias, vehiculadas en la dolencia y narrativa del paciente, de experien-
cias traumáticas puede tener para el terapeuta. Y las implicaciones
que, en una relación de poder como la terapéutica, de ello se derivan
en la eficacia curativa.


En el caso de E., el grupo actúa de cortafuegos dotando de una
mayor consistencia emocional a sus componentes y facilitando que
la transferencia y contratransferencia logren los efectos curativos de-
seados.


En la otra consulta de Etterbeck no funciona porque están solos. Aquí
nosotros le protegemos (al psiquiatra) y podemos luchar contra su ene-
migo en el sueño, y que sea eficaz la terapia… Al principio, en las con-
sultas en 1995, funcionó porque también había más gente en la consulta.
(Extracto caso de la paciente E� Apartado: Estudio de caso clínico)�


los oBjetos ActIvos: el Acto de dAr


En un mismo orden de cosas, la entrada en escena del uso de los
llamados objetos activos trata de priorizar clínicamente los procesos
de la transferencia y la contratransferencia volviéndolos sujetos tangi-
bles y abordables, al mismo tiempo que susceptibles de verificación
empírica.


En esta consulta el objeto activo puede ser tanto dado al paciente
por el grupo, como prescrito por el psiquiatra y recibido de aquel.
Del mismo modo, mientras cumpla unos requisitos específicos, pue-
de ser elaborado o bien consistir en un objeto ya determinado. En el
caso de la paciente E. (ver apartado: Estudio de caso clínico) el objeto
activo, dado al paciente, no ha sido elaborado por el psiquiatra ni los
coterapeutas. Las coincidencias han producido una circunstancia no
ordinaria en la cual, hábilmente, el psiquiatra ha sabido actuar con
certeza entregándole un objeto, un franco de Senegal, perteneciente
a otro universo cultural y funcional, y cuyo objetivo es desencadenar
una transferencia. Cabe señalar que antes de entregárselo lo habrá
pasado, como es la norma, por todo el grupo con la intención de
que sus componentes puedan tocarlo y «prepararlo» para que surta
el efecto deseado.


El acto de dar el objeto activo, representado por un objeto neutro
(que no posee ninguna función en este contexto) como es el franco
senegalés, provoca a la paciente una transferencia con efectos mitiga-




230 ORIOL ROMANÍ (ED.)


dores en su dolencia. El buen uso, fruto aquí de la intuición y del azar,
de este recurso metodológico enfatiza el acto mecánico sanador,
una acción específica de naturaleza lógica que reenvía al concepto de
medio y fuerza maná de Mauss (1902, 2001), frente a aproximaciones
de corte interpretativo y simbolista20.


Mientras E. hablaba de un sueño con un caballero negro en unas monta-
ñas (terapeuta: «que al parecer puede ser la representación de un genio»),
casualmente se abre la puerta de la sala de la consulta y entra uno de
los terapeutas (negro). E. se queda sorprendida por la coincidencia y el
psiquiatra (según explica por intuición y de forma fortuita) saca una mo-
neda que tenía en el bolsillo, un franco de Senegal, y explicándole que es
una moneda que viene de África, y que puede ayudarla con su problema,
se la da. A partir de ese momento ocurre una transferencia: la paciente
dejará de sufrir la visita nocturna del djinn la noche antes de acudir a la
consulta (de miércoles a jueves). Al cabo de unos días encontrará debajo
de su colchón el objeto causa de su maleficio: un sobre que contiene
diferentes sustancias y materiales en su interior. (Extracto caso de la
paciente E� Estudio de caso clínico)�


Estudio de caso clínico
presentAcIón y llegAdA del pAcIente A lA consultA


E. es una mujer de origen marroquí de 35 años de edad. El francés, jun-
to al árabe, es su lengua materna. Lleva una ropa de tipo europeo, sin
ningún elemento visible de pertenencia religiosa. Hace once años que
no viene a la consulta. Llegó a la misma derivada del hospital Erasme
(Bruselas) por problemas de depresión, sueño, pesadillas y trastornos
con componentes culturales (denominación esta última que se repite
en muchos pacientes que son derivados desde otros centros, y que
describe la especificidad de la consulta de etnopsiquiatría vista desde
otros lugares del ámbito terapéutico institucional). Los trastornos que


20 Si bien, en este sentido, opera la llamada eficacia simbólica, esto es, volver
inteligible una situación problemática (haciéndola soportable al espíritu y por lo tanto
tolerable) mediante un sistema/estructura coherente que vectoriza las diferentes expe-
riencias, las cuales, de otro modo, se ofrecerían caóticas e insoportables (Lévi-Strauss,
1987); las características teórico/metodológicas del dispositivo terapéutico reenvían
más bien a un acto práctico que a un acto interpretativo y simbólico.




231ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


ha sufrido la paciente a lo largo de los años están relacionados con la
visita de un djinn durante la noche que la posee sexualmente.


hIstorIA clínIcA en lA consultA etnopsIquIátrIcA


Once años atrás, cuando el psiquiatra (W.) trató a esta paciente, ya se
trabajaba con dos o tres terapeutas en la consulta (en aquella época,
1995, ninguno de los terapeutas actuales estaba). Por aquel entonces,
durante un tiempo, en la consulta no se conseguía ningún resulta-
do con ella. Un día, al poco de regresar W. de una estancia en Sene-
gal, mientras E. hablaba de un sueño con un caballero negro en unas
montañas (terapeuta: que al parecer puede ser la representación de
un genio), casualmente se abre la puerta de la sala de la consulta y
entra uno de los terapeutas (negro). E. se queda sorprendida por la
coincidencia y el psiquiatra (según explica por intuición y de forma
fortuita) saca una moneda que tenía en el bolsillo, un franco de Se-
negal, y explicándole que es una moneda que viene de África, y que
puede ayudarla con su problema, se la da. A partir de ese momento
ocurre una transferencia: la paciente dejará de sufrir la visita nocturna
del djinn la noche antes de acudir a la consulta (de miércoles a jue-
ves). Al cabo de unos días encontrará debajo de su colchón el objeto
causa de su maleficio (un sobre que contiene diferentes sustancias y
materiales en su interior); al parecer, fue su madre la que le hizo el ma-
leficio como venganza por no quererse casar con alguien en Marrue-
cos —según ha comentado W., en otras ocasiones existe una especie
de principio, del cual desconoce sus causas (tal vez asociaciones de
ideas), por el que cada vez que se da un objeto y se realiza una transfe-
rencia el paciente, a los pocos días encuentra (en sitios inverosímiles
a veces) el objeto/hechizo—.


motIvos por los que regresA en lA ActuAlIdAd A lA consultA


La dolencia que la atormentaba en el pasado actualmente ha des-
aparecido. Sin embargo, tras haber estado, tres o cuatro veces, con
un chico al que quiere, el espíritu parece haber vuelto vengándose
y haciendo cosas contra él (por medio de la aparición en sueños).
Aparece entonces la cuestión de que en Marruecos hace unos años
había un especialista de los sueños al que se acudía para contárselos
y que, sin embargo, según dice W., ahora esa función la monopolizan




232 ORIOL ROMANÍ (ED.)


los psiquiatras. El motivo por el que dejó de venir a la consulta diez
años atrás nadie lo conocía. De un día para otro no volvió a acudir y
no se supo más de ella. Ahora explica que fue debido a que tuvo un
sueño con W. En el sueño aparecía por un lado esa persona/espíritu
que quería hacerle daño, y por otro W. protegiéndola. Entonces, ese
hombre/espíritu peligroso (que no guarda parecido con nadie que
conozca) y W. se pelean y acaba venciendo el hombre/espíritu. Este la
amenaza diciéndole que si vuelve a ir a la consulta matará al psiquia-
tra. Entonces ella acude a la siguiente consulta pero se asusta mucho
cuando ve que W. estaba ausente, ya que había enfermado (según W.,
estuvo tres semanas enfermo), así que decidió no volver a ir hasta aho-
ra. Ha regresado porque dice que cuando mantiene relaciones con un
hombre sueña con él y con el espíritu y teme que este (o ella misma,
según explica), le haga daño.


los modelos explIcAtIvos de lA pAcIente en su nArrAcIón BIográFIcA


En la construcción de esta lógica, causante de desgracias, parecen
haber influido ciertos acontecimientos que ella ha interpretado como
significativos. Este es el caso, por ejemplo, de haber estado saliendo
con un hombre mucho tiempo, y cuando dejó de hablarle, al cabo de
unos meses, vio que había cerrado el negocio (que en apariencia iba
bastante bien) y se había mudado (él le explicó que fue debido a que
se encontraba cansado y tenía muchos problemas. Unos años atrás un
amigo suyo quería casarse con ella pero se negó. En el momento de
darle la negativa se disponía a cerrar la puerta de su casa, mientras él
entraba en su furgoneta, cuando al ponerla en marcha y dar la vuelta
a la carretera pasó un camión y le mató. Dice que cree que envejecerá
sola. Sobre su historia personal explica que a los 16 años quería haber
estudiado para ser enfermera y sin embargo no la dejaron seguir con
los estudios e intentaron casarla con un hombre de 35 años. Ella se
negó. Le advirtieron que o bien aceptaba el matrimonio o se queda-
ba en Tánger para siempre. Volvió a negarse y la encerraron en una
habitación pegándola hasta que se le cayó el pelo. Esto sucedió en
1980; después, su familia y ella fueron a vivir a Bruselas. Sin embar-
go, E. se puso a trabajar desde joven, logrando ser económicamente
independiente, y casi no mantiene relaciones con ellos (desde que se
negó a casarse con aquel hombre la rechazan y la consideran la oveja
negra). Con su madre mantiene contacto de vez en cuando aunque su




233ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


relación es más bien distante y problemática. El hombre con el cual
querían obligarla a casarse todavía la ve, va detrás de ella y la amena-
za, pese a que actualmente está casado. Ya desde pequeña le decían
que era distinta porque se negaba a aceptar lo que le imponían. Era
muy buena en el colegio pero, para que se pudiese quedar en casa
limpiando, su madre le hizo un certificado médico. El mismo médico
(marroquí) que firmó el certificado, por aquel entonces, ahora se da
cuenta de que fue un error y le ha aconsejado que vuelva a la con-
sulta de etnopsiquiatría. Ahora siente como si le subiesen unas bolas
por la garganta y fuese a morir. E. comenta que en su anterior trabajo
alguien intentó matarla metiéndole algo en la bebida. Es muy intuitiva
y dice tener algunas visiones clarividentes. En una ocasión tuvo una
experiencia en la que intuyó que le estaban robando en casa. Al ir a
su casa alertada por la premonición se encontró con el ladrón den-
tro (un tipo que anteriormente le había robado el bolso y cumplió
prisión por ello). Ha soñado con un conocido y al poco falleció. Dice
que su madre se protege de ella, en cierto modo le atribuye poderes
brujos, acudiendo a los imanes. En muchas ocasiones su madre y ella
han tenido sueños simultáneos.


E. comenta que una de las cosas que más le han marcado han sido
los imanes en Marruecos, a los que acudió para que intentaran curar-
la. Le pegaron (reproduciendo los traumatismos de cuando le pegó
su familia). Dice tener un problema relacionado con todo lo que sea
avanzar, como conducir o aprender (tiembla al hablar de esto). Cinco
años atrás estuvo enamorada de un chico sirio con el que se quiso
casar. Su madre envió a su hermano para que amenazara de muerte
al chico si lo hacía.


AlgunAs propuestAs pArA lA mejorA de lA mecánIcA curAtIvA


El psiquiatra comenta que la otra consulta de Etterbeck (de tipo diá-
dico) no funciona porque están solos. Aquí nosotros le protegemos (a
él) y podemos luchar contra su enemigo en el sueño, y que sea eficaz
la terapia. Afirma que al principio, en las sesiones en 1995, funcionó
porque también había más gente en la consulta. W. propone que ven-
ga su madre a la consulta pero E. se niega. Él argumenta que no es
para ayudarla a ella, razón por la que se niega (ya que, según nos dice,
su madre no lo haría), sino para proporcionarnos información sobre
su infancia. Una terapeuta insiste y le explica que es bueno tener un




234 ORIOL ROMANÍ (ED.)


apoyo de fuera aquí dentro. Quedamos en la posibilidad de que venga
una prima suya (con la que tiene confianza y a la que le suele contar
sus sueños).


La paciente ha seguido acudiendo, de forma constante, a las si-
guientes sesiones de la consulta de etnopsiquiatría.


Consideraciones finales


Desde mi trabajo de campo como antropólogo, en el doble papel de
investigador/terapeuta, he querido mostrar aquí algunas de las par-
ticularidades metodológicas de la investigación en el dispositivo et-
nopsiquiátrico del hospital Brugmann, partiendo de la consideración,
autoetnográfica, de la subjetividad del investigador, así como las espe-
cificidades más emblemáticas de la metodología etnopsiquiátrica y su
relación con la investigación antropológica y la eficacia terapéutica.


Las características de mi trabajo de campo etnográfico en la con-
sulta de etnopsiquiatría del hospital Brugmann ponen de relieve dos
dimensiones metodológicas. Por un lado la necesaria adaptación de
las estrategias metodológicas, como el uso y significados del diario
de campo del investigador, así como la relevancia de la consideración
de los elementos, relativos a este campo social, articulados por y en la
subjetividad del investigador. Por otro lado, la adaptación de la meto-
dología terapéutica para, evitando una aproximación monocultural y
diádica, la mejora en la eficacia curativa. En ambas dimensiones meto-
dológicas se revela fundamental el manejo de la llamada transferencia
y contratransferencia, desde una perspectiva sociocultural, con el ob-
jeto de obtener resultados significantes para el proceso de la investi-
gación y la terapéutica.


Tanto en la investigación como en la curación, la praxis está con-
dicionada por el encuentro y la inscripción de los itinerarios socio-
culturales, profesionales y biográficos de los actores implicados en un
campo social dado. Como hemos visto en el estudio de caso clínico, el
grupo, y las múltiples trayectorias y sensibilidades de sus componen-
tes, escenifica aquí la pertinencia de un dispositivo que problematiza
la cultura profesional biomédica, concebida de forma diádica, propo-
niendo mecanismos curativos adaptados a ciertos pacientes, y que
cuestiona y supervisa las relaciones desiguales de poder terapeuta/
paciente. De la misma forma que plantea ciertas preguntas relativas




235ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


a la tensión entre lo privado y lo público, lo profesional y profano, la
creencia y el conocimiento.


El buen ejercicio de la metodología etnopsiquiátrica, en un dis-
positivo no segregador al estar inserto en la red de cuidados sani-
tarios normalizada, requiere de ciertas precauciones que se han ido
exponiendo a lo largo del texto. Algunas de ellas tienen que ver con
la necesaria existencia de mecanismos lex artis de información y es-
cucha del paciente, como la entrevista introductoria al dispositivo,
que logren discernir para qué paciente está o no adaptada, y de qué
manera, este tipo de metodología. Se trata de evitar, tanto en la rela-
ción investigadora del antropólogo como en la terapéutica, las derivas
autoritarias y no igualitaristas; ahondando así en una democratización
del dispositivo etnopsiquiátrico, así como del método de investiga-
ción, con el objetivo de que el paciente pueda decidir cómo va a ser
su consulta con toda la información posible.


En mi opinión, y en este contexto de reflexión sobre las metodo-
logías, la mirada antropológica de carácter aplicado, desde y hacia la
terapéutica, se revela como apropiada si promueve una honesta pra-
xis psiquiátrica e investigadora en la que se conciba la relación en-
tre los diversos itinerarios socioculturales y biográficos, de paciente y
profesionales, de manera horizontal e igualitaria, y que indague, arti-
culada a los procesos de construcción de las subjetividades, en la dis-
tinción entre los factores etiológicos de la enfermedad de tipo social,
psicológico, cultural y orgánico. Todo ello mientras evita la sobrede-
terminación cultural y la intelección de la cultura desde una perspec-
tiva estática y reductora, y explora las ideologías, métodos y espacios
desde los que se coordinan modelos explicativos del trinomio salud/
enfermedad/atención, coadyuvando de esta forma en la propuesta de
prácticas creativas para la mejora de la eficacia terapéutica.


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¿DOCTORES O GESTORES? LA IDENTIDAD PROFESIONAL DUAL
DEL MANDO INTERMEDIO EN DOS HOSPITALES CATALANES


Rosalía Cascón-Pereira
Profesora colaboradora permanente


Departamento de Gestión de Empresas
Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales


Universitat Rovira i Virgili (URV)
rosalia�cascon@urv�cat


Resumen: A pesar de que ya se han estudiado diversos aspectos de
las reformas hospitalarias derivadas del new public management,
este texto pretende colmar el vacío existente en torno al conoci-
miento de la experiencia de los médicos-gestores (MG)� Su principal
objetivo, a partir del enfoque de la identidad social, es comprender
de qué forma viven los MG la incorporación de la gestión a sus des-
empeños clínicos, y cómo re-construyen su identidad profesional,
a partir de un estudio basado en las experiencias de 20 MG de dos
hospitales catalanes�


Palabras clave: nueva gestión pública, médicos-gestores, experiencia,
enfoque de la identidad social�


Abstract: Although various aspects of hospital reform resulting
from new public management have already been studied, this text
aims to fill the gap regarding the experience of doctor-managers
(DM)� In addition to focusing on social identity, the text studies
the experiences of 20 DM from two Catalan hospitals with the
principal aim of understanding how DM respond to the addition
of management responsibilities to their clinical practice and how
they rebuild their professional identities�


Keywords: new public management, doctor-managers, experience,
focus on social identity�




240 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Introducción


Recientemente, la mayoría de los países de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) han introducido re-
formas en la gestión de sus sistemas sanitarios con el fin de disminuir
los incrementos en los costes de salud (Bach, 2001). Estos cambios se
han inspirado en la lógica de la nueva gestión pública (new public
management), aparecida en el Reino Unido bajo el gobierno liberal
de Margaret Thatcher en la década de 1980 e importada hacia el resto
de los países de Europa Occidental a partir de la década siguiente
y que tenía el objetivo de mejorar la calidad en el cuidado de los
pacientes y, de forma paralela, mejorar el control de costes sobre los
recursos sanitarios.


España, incluida entre esos países, ha introducido una variedad
de medidas y legislación en los últimos veinticinco años con el obje-
tivo de cambiar el contexto en el que médicos y gestores «operan».
Aunque de algún modo los médicos españoles siempre han gestiona-
do sus servicios, las reformas inspiradas en esta lógica comportan la
transferencia de las responsabilidades de gestión a los mandos inter-
medios y, por tanto, un mayor énfasis del papel de gestor de los mé-
dicos y enfermeras como aspecto clave para la mejora de la gestión
sanitaria.


Resulta sorprendente que, ante estos intentos de implicar a los
médicos en la gestión, se hayan realizado tan pocos estudios dirigidos
a explorar las experiencias de los médicos sobre estos cambios en el
contexto sanitario. En su lugar, la investigación en este ámbito se ha
centrado en explorar los efectos de la reforma sanitaria sobre la efi-
cacia y eficiencia de las organizaciones sanitarias. Esta tendencia no
resulta del todo sorprendente si se considera que la mayor parte de la
investigación en este ámbito se financia con frecuencia por agencias
nacionales, y por tanto, por agendas políticas que tratan de evaluar la
eficacia de estos nuevos sistemas sanitarios (Harrison y Miller, 1999;
Jackson y Lapsley, 2003; Hood et alii, 1999).


Del mismo modo, incluso en aquellos casos en los que el foco de
atención se ha dirigido a los mismos médicos, la tendencia ha sido la
de explorar el impacto de la reforma sanitaria sobre el personal médi-
co en términos de los contenidos de su papel y de sus actitudes ante
la gestión, en lugar de intentar comprender en profundidad cuáles son




241ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


sus experiencias ante estos cambios y la fuente de esas actitudes. En
particular, se han llevado a cabo numerosos estudios que exploran las
consecuencias de la reforma sanitaria sobre la autonomía de los pro-
fesionales y sobre las relaciones entre clínicos y gestores (McDonald,
1995; Harrison y Pollitt, 1994; Leopold et alii, 1996; Dent, 1998; Elston,
1991; Freidson, 1994; Reed, 1996; Harrison y Ahmad, 2000; Bruce y
Hill, 1994; Newman et alii, 1996; Flynn, 1992; Hunter, 1994; Ong, 1998;
Ackroyd, 1996). Paralelamente, se ha dirigido la atención a explorar el
impacto de esos cambios sobre el contenido del papel de los médicos
gestores (Currie y Procter, 2002, 2005; McConville y Holden, 1999;
Hoque et alii, 2004; Adams et alii, 2000; Fitzgerald, 1995; Fitzgerald y
Sturt, 1992; Willcocks, 1994; entre otros). No obstante, toda la investi-
gación referida hasta aquí se ha realizado desde un nivel agregado de
análisis que ha resaltado los valores opuestos del colectivo clínico y
el colectivo gestor, y que ha ignorado los significados y experiencias
individuales de los médicos ante la gestión (Fitzgerald y Sturt, 1992;
Bruce y Hill, 1994; Newman et alii, 1996; Ong et alii, 1997).


Ante este escenario de investigación, resulta difícil obtener una
idea sobre los significados que los médicos-gestores (MG) —o híbri-
dos, como también se los ha denominado (Fitzgerald, 1995)— asignan
a sus papeles y sus relaciones con otros actores del contexto sanita-
rio. Por ello, con el fin de obtener una imagen más completa sobre
cómo los MG se definen a sí mismos, este estudio pretende bucear
bajo la superficie de las relaciones antagónicas y estereotipadas entre
médicos y gestores descritas por la literatura (Baldry et alii, 2007).
El propósito es, por ende, precisamente el de ir más allá de la simple
categorización de las actitudes ante la gestión de los MG, para com-
prender en profundidad sus experiencias de gestión y entender los
procesos sociopsicológicos que subyacen tras estas actitudes y que
afectan a su identidad profesional y a sus relaciones con los médicos
y con la alta dirección.


El enfoque de la identidad social (EIS) (Haslam, 2001; 2004) se
presenta como un marco teórico adecuado porque considera todas
aquellas situaciones en las que la identidad surge de la pertenencia
grupal, como sucede en este estudio, en el que la identidad profesio-
nal de los MG emerge de la pertenencia a un grupo profesional. La
premisa fundamental de este enfoque considera que los grupos se
interiorizan y pasan a constituir parte del self de una persona, es decir,




242 ORIOL ROMANÍ (ED.)


dan respuesta a la pregunta: «¿quién soy yo?» (Haslam, 2001; Turner,
1996), lo que afecta a las relaciones que se derivan de la nueva cons-
trucción de significados (Weick, 1995).


Basándonos en lo expuesto, el objetivo de este capítulo es com-
prender cómo viven los MG la incorporación de la gestión a sus fun-
ciones clínicas y cómo re-construyen su identidad profesional, a partir
de un estudio basado en las experiencias de 20 MG de dos hospitales
catalanes. Su estructura es la siguiente: en primer lugar, se justifica
este estudio resaltando la inexistencia de una explicación sobre las
diferentes actitudes de los médicos ante la gestión. A continuación, se
proporciona una breve descripción del contexto en el que se realizó
el trabajo de campo. Siguiendo la descripción del procedimiento de
investigación, se presentan los resultados sobre cómo se definieron a
sí mismos los MG del estudio, así como los significados que utilizaron
para construir su identidad. Por último, se derivan algunas conclusio-
nes e implicaciones.


La identidad profesional de los médicos gestores


Dada la tradicional reivindicación de los médicos de una autonomía
clínica, la postura adoptada por muchos autores en este ámbito ha
sido la de construir un escenario de opuestos conceptualizando de
manera estereotipada a médicos y gestores como «ellos» y «nosotros»
(Dopson, 1994; Bolton y Way, 2007). Este escenario ha llevado a una
generalización sobre las actitudes adversas de los MG ante la gestión.
No obstante, la evidencia de algunos estudios muestra que, paralela-
mente a la existencia de médicos resistentes a la invasión de la gestión
en la práctica médica, existen otros médicos que apoyan la incorpora-
ción de las ideas de gestión a la clínica (Gatrell y White, 1996; McHugh
et alii, 2007).


Estas diferencias de actitud hacia la gestión halladas en la literatu-
ra (Fitzgerald y Ferlie, 2000) alertan sobre el hecho de que la premisa
general —«ellos y nosotros»— no logre captar la complejidad de las
experiencias y actitudes de los MG ante la gestión.


Un pequeño número de estudios han tratado de dar respuesta a
este gap en la literatura, profundizando en la comprensión de las di-
ferentes actitudes de los MG en sus funciones híbridas (Doolin, 2002;
Cascón y Hallier, 2012; Hallier y Forbes, 2004, 2005; McGivern, 2007;




243ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


McDonald et alii, 2008; Lewellyn, 2001; Cohen y Musson, 2000). Los
hallazgos de estos estudios coinciden en identificar dos posturas en-
tre los médicos que asumen responsabilidades de gestión. Por una
parte, se encuentran aquellos médicos que entran en la gestión con
el entusiasmo por mejorar la provisión de los servicios de salud y
de influir en la configuración y funcionamiento de sus unidades. Por
otra parte, se encuentran aquellos otros con poco o nulo interés en
la gestión y cierta hostilidad hacia las reformas del sistema de salud,
pero que se sienten obligados a asumir un puesto de gestión para
defender sus intereses o porque no hay nadie más dispuesto o capaz
para asumirlo (Doolin, 2002; Hallier y Forbes, 2004, 2005; McGivern,
2007; Jacobs, 2005; Ham y Dickinson, 2008).


Lo que resulta de todo esto es que, mientras estos estudios han
descrito en mayor profundidad las actitudes de los MG hacia la ges-
tión, carecen de un análisis en profundidad suficiente para explicar el
porqué de estas diferentes actitudes.


En un intento de ir más allá de estas descripciones sobre las acti-
tudes de los médicos ante la gestión, algunos estudios han tratado de
comprender por qué en algunos casos los profesionales se oponen, y
en otros cooperan con la lógica de gestión. En el estudio de Lewellyn
(2001), por ejemplo, esas diferencias se atribuyen a la estrategia del
hospital y a las características del puesto ocupado. Una explicación
muy distinta la proporcionan Hallier y Forbes (2005) o Cascón y Ha-
llier (2012), que utilizan la perspectiva de la Identidad Social para
explicar las diferencias halladas.


Aunque los estudios de Hallier y Forbes (2005) y Cascón y Hallier
(2012) han sido reveladores acerca de cómo las experiencias iniciales
de los MG en sus funciones híbridas afectan a su pertenencia grupal,
poca o nula ha sido la atención prestada a los significados de las ca-
tegorías utilizadas por estos médicos para describir qué significa para
ellos ser un MG. Así pues, aunque dichos estudios arrojan un poco
de luz sobre cómo surgen y se protegen las expectativas iniciales de
identidad de los MG, poco se sabe acerca del contenido o el significa-
do de la identidad que tratan de desarrollar o proteger.


Este capítulo trata de cubrir esa carencia mediante un intento de
comprender cuál es la identidad de los MG y cómo la desarrollan a
través de la construcción de diferentes significados. En lugar de, sim-
plemente, categorizar a los MG basándonos en su predisposición a




244 ORIOL ROMANÍ (ED.)


asumir responsabilidades de gestión, como han realizado los estudios
previos, centrar la atención en los significados proporcionados por
los MG a su experiencia de gestión puede constituir una buena ayu-
da a la hora de comprender mejor sus actitudes hacia la gestión. En
definitiva, al explicar cómo y por qué los MG se definen a sí mismos
utilizando unas categorías y no otras, se pueden explicar algunos de
los resultados hallados a escala agregada en estudios previos sobre las
actitudes de los MG.


Aunque se parte del EIS (Haslam, 2001; 2004) para el análisis de
los datos obtenidos durante el trabajo de campo, es importante en-
fatizar aquí el carácter exploratorio e inductivo del estudio que se
describe a continuación (Skinner, 1985; Starkey, 1990; Zuboff, 1988).
Si bien la investigadora entró en el campo con el objetivo de explorar
las percepciones de los MG sobre su función gestora, y con algunas
nociones sobre la literatura del mando intermedio, se recurrió al en-
foque de la identidad social después de empezar a analizar los datos
del trabajo de campo, porque la «identidad» surgió del análisis como
la categoría principal para explicar los datos. No obstante, por razones
de estructura del capítulo y para facilitar la comprensión del lector,
se han presentado las cuestiones teóricas en primer lugar, y no a la
inversa como haría justicia al modo en el que se llevó a cabo esta
investigación.


El contexto de investigación


La reforma sanitaria del Sistema Nacional de Salud español se inició
en 1986 con la aprobación de la Ley 14/1986 General de Sanidad que
creaba el Sistema Nacional de Salud y transfería las responsabilidades
de los servicios de salud a las 17 comunidades autónomas. Al princi-
pio de los años 90 esta reforma se inspiró claramente en la agenda
de la Nueva Gestión Pública popularizada en el Reino Unido por el
gobierno de Margaret Thatcher, cuyo objetivo principal era mejorar la
eficiencia en la provisión de servicios por el sector público (Garcia-
Armesto et alii, 2010). Como en el caso de la transferencia de res-
ponsabilidades, las diferentes comunidades autónomas procedieron
a incorporar estas nuevas ideas en sus sistemas de salud a diferentes
ritmos. Cataluña fue pionera en este ámbito. Trató de desarrollar ini-
ciativas innovadoras en las diferentes formas de propiedad y gestión




245ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


de las organizaciones sanitarias, lo cual convierte el contexto catalán
en un estudio de caso extremo, según Eisendhart (1989).


Los cambios se iniciaron en Cataluña con la aprobación parla-
mentaria de la LOSC en 1990, entre cuyos objetivos se hallaba la sepa-
ración de la compra y la provisión de los servicios de salud, la intro-
ducción de relaciones contractuales entre las partes y la creación de
un contexto competitivo en la provisión de los servicios de salud con
el objetivo de mejorar su eficiencia (Gallego, 2000). El enfoque cata-
lán de la reforma fue significativo respecto a la cuestión de la trans-
ferencia de la lógica del sector privado a la gestión de los hospitales
públicos. Esta lógica implicaba el traspaso de las responsabilidades
de gestión a los servicios o unidades. En este contexto, la figura del
mando intermedio adquiere una importancia crucial para garantizar
la eficiencia en la gestión de los servicios sanitarios. Por este motivo,
el contexto era ideal (Eisendhart, 1989) para estudiar las percepcio-
nes de los MG, quienes habiendo estudiado para ser médicos, tenían
que ejercer como gestores.


El estudio se llevó a cabo en dos hospitales universitarios de Cata-
luña seleccionados por muestreo teórico porque estaban experimen-
tando cambios organizativos impulsados por la lógica de la Nueva
Gestión Pública. Con el objetivo de maximizar las oportunidades de
comparación, inicialmente se seleccionó un hospital de propiedad
privada y gestión pública (Hospital A), y después se seleccionó un
hospital de propiedad y gestión públicas (Hospital B).


Procedimiento de investigación y recogida de datos


Este estudio se ha llevado a cabo desde la perspectiva del
construccionismo social como paradigma epistemológico, y
utilizando grounded theory como enfoque metodológico (Glaser y
Strauss, 1967). Esta metodología resulta adecuada para el propósito de
esta investigación, dado que su objetivo es desarrollar teoría a partir
de la comprensión en profundidad sobre cómo los MG construyen su
identidad profesional (Locke, 2001).


Siguiendo a Craib (1997), la investigadora reconoce su subjetivi-
dad en el proceso y que los resultados presentados no son más que
una construcción social de las realidades de los MG del estudio. El
trabajo de campo se llevó a cabo a lo largo de doce meses por di-




246 ORIOL ROMANÍ (ED.)


cha investigadora, una mujer de 27 años. Aunque se presentó como
una estudiante de doctorado y economista para ganar acceso a los
hospitales en la fase inicial del trabajo de campo, una vez dentro de
él se presentaba a sí misma como psicóloga. Esta última categoría le
permitió acceder mejor a las confesiones y percepciones de los MG,
a sus espacios de intimidad, y ser considerada en algunos casos como
una insider.


Los datos se recogieron a través de diferentes métodos. El método
principal fue la realización de entrevistas en profundidad con 20 de
los 34 jefes de servicio, 10 del Hospital A y 10 del Hospital B. Estas
entrevistas duraron entre 2 y 4 horas, por lo que en la mayoría de los
casos se realizaron en dos ocasiones. Se trató de maximizar las opor-
tunidades de construir teoría diversificando al máximo la muestra
teórica por edad, especialidad médica, sexo, antigüedad en el puesto,
formación previa en gestión, antigüedad en el hospital y tamaño del
servicio en función del personal a cargo. Para asegurar una selección
adecuada, las conversaciones informales en los pasillos y espacios co-
munes y la observación participante fueron de gran ayuda.


Las entrevistas se estructuraron en torno a las siguientes áreas de
exploración: cómo se definían a sí mismos en términos profesionales,
percepciones de dificultad y experiencias con su rol gestor, contenido
del rol gestor, transición de rol y relaciones con la alta dirección y con
el personal de su unidad. No obstante este guion de temas, los entre-
vistados eran libres de plantear cualquier otro tema que consideraran
importante respecto a sus experiencias en el puesto. Adicionalmente,
la alta dirección de ambos hospitales fue también entrevistada con el
objetivo de comparar sus percepciones con las de los mandos inter-
medios. Los datos analizados en este capítulo pertenecen a un estudio
más amplio, en el que se incluyeron también veinte supervisoras.


Otras fuentes de datos utilizadas en esta investigación fueron las
notas de observación participante, tomadas mientras se «merodeaba»
por el hospital observando las dinámicas que tenían lugar en relación
a los intereses de esta investigación, o mientras se acompañaba a los
mandos intermedios en su trabajo. Esta fuente de datos fue muy útil
para completar el análisis de los datos procedentes de las entrevistas.


Por último, se utilizó documentación adicional sobre cada hospi-
tal (noticias, folletos informativos, información de la web, documen-
tos internos de la organización como las descripciones de los pues-




247ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


tos de trabajo o los cuestionarios para la evaluación del desempeño),
fuentes secundarias que proporcionaron un contexto muy rico para
poder comprender mejor los datos procedentes de las entrevistas en
profundidad y la observación participante.


Análisis de datos


La investigadora entró en el campo con la intención de responder a
las siguientes dos preguntas: ¿cómo perciben sus roles como gesto-
res los mandos intermedios del colectivo médico y de enfermería? y
¿qué factores influyen en dichas percepciones? El análisis de los datos
para responder a estas preguntas adoptó el procedimiento definido
por Glaser y Strauss (1967) como análisis comparativo constante. Por
tanto, la recogida y el análisis de datos no fueron fases independientes
sino entrelazadas, de modo que el análisis proporcionaba los criterios
para el muestreo teórico y para refinar la construcción de teoría a
partir de las categorías identificadas.


Después de una organización inicial de los datos en códigos de
primer orden como «definición de sí mismo/a» (por ejemplo, médico),
«significado de gestión» (por ejemplo, lejos de la realidad), «significa-
do de la asistencia» (por ejemplo, cerca de la realidad), «dificultades
percibidas» (por ejemplo, relaciones con la alta dirección), etc., estos
datos se integraron en categorías emergentes, sin perder de vista en
todo momento aquellos datos que no se ajustaran a dichas categorías.


De este modo, a medida que se procedió del open coding al axial
coding y selective coding, nuestro análisis fue evolucionando para
explorar diferencias, matices y propiedades de la identidad profesio-
nal como categoría clave que emergió del análisis (Strauss y Corbin,
1998). El siguiente paso fue explorar el motivo de esas diferencias, tra-
tando de identificar relaciones de la Identidad Profesional con otras
categorías o atributos como la antigüedad en el puesto, los significa-
dos construidos en torno a la gestión y la asistencia, así como las emo-
ciones expresadas, con el objetivo de descubrir algún patrón. Fue en
este punto cuando la investigadora acudió a la literatura para explorar
si el patrón emergente había sido ya explicado o se podía enmarcar
en alguna teoría ya existente. El enfoque de la Identidad Social parecía
encajar con el patrón descubierto, por lo que se adoptó como marco
teórico explicativo.




248 ORIOL ROMANÍ (ED.)


La investigadora se ayudó del programa NVivo para organizar y
codificar los datos recogidos. La explicación construida para estos da-
tos fue validada a través del feedback obtenido por jefes de servicio,
gerentes y directores de hospital que asistieron a un seminario orga-
nizado para ellos en la facultad. Poco después se llevó a cabo un focus
group con médicos y enfermeras dedicados a la gestión para seguir
validando la interpretación de los datos en uno de los módulos del
Máster en Gerencia de Entidades Proveedoras de Servicios de Salud,
en el que la investigadora imparte docencia.


La identidad profesional de los médicos gestores


Para comprender la identidad de los médicos gestores, en primer lu-
gar se exploró cómo se definían a sí mismos en términos profesiona-
les a través de la siguiente pregunta: «¿cómo se define a sí mismo en
términos profesionales? Es decir, cómo completaría la siguiente frase:
yo soy…». Dado el énfasis empresarial del sector privado en objetivos
comerciales y de negocio, se esperaba hallar una mayor identificación
con la gestión en el hospital de gestión privada. Sin embargo, no fue
así. Ninguno de los MG se definió a sí mismo como «gestor», indepen-
dientemente del hospital al que pertenecían. En cambio, sí se definían
como miembros de una categoría diferente a la de los directores del
hospital y gerencia, a quienes se referían como gestores, y a la de sus
colegas clínicos:


En sanitat, eh... els caps de servei no som gestors... Assistencialment, cada
metge té la seva funció, el seu paper i... això tothom ho té molt clar, jo
crec, lo que ha de fer i la seva funció, en quant a l’assistència directa als
pacients, eh? I una altra cosa és lo que ens toca fer a nosaltres, organitzar
el servei, les coses del treball, contractació de gent que es necessita, de
demanar lo que es necessita, les carències que té, intentar solventar-les, i
això és el pont que hi ha entre la direcció mèdica i serveis assistencials,
que són els que fan la feina, i el director mèdic… que són els gestors.
(Dra. V., HA).


Al afirmar esta nueva identidad, era común para los MG utilizar el
término gestor únicamente para referirse a la alta dirección y gerencia
hospitalarias. No solo no percibían este término como propio, sino
que intentaban de forma expresa diferenciarse de los gestores, enfati-




249ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


zando aquellas características que les diferenciaban de este grupo, y
estereotipándolos negativamente. La tabla 1 resume las características
que los MG utilizaban para afirmar la superioridad de su identidad
profesional frente a los gestores, en términos de los significados asig-
nados a «lo que hacían» en contraposición a la «gestión» realizada por
gerencia y dirección médica.


Tabla 1: Significados de rol explicitados
al comparar con la «gestión pura»�


«Gestión»
(Gerencia y Alta dirección


hospitalarias)


«Lo que hacemos»
(Médicos Gestores)


Lejos de la realidad Cerca de la realidad


Decisiones basadas en criterios
económicos y cuantitativos


Decisiones basadas en criterios clínicos y
calidad


Motivación para gestionar basada en
oportunismo e intereses políticos


Motivación para gestionar basada en
mejorar la atención sanitaria


Antes de pasar a detallar cada uno de esos significados, resulta
interesante observar que algunos de ellos ni siquiera aceptaban deno-
minar aquello que hacían con el término gestión, tal era la aversión a
este término, sino que preferían referirlo como «organizar», «liderar»
su servicio o «hacer que las cosas funcionaran»:


¿Podries categoritzar d’aquesta feina del dia a dia, quin percentatge
de tasques assistencials fas, de gestió���? [Cortándome en seco]: Assisten-
cial ara actualment no faig gaire, eh? Més que de gestió, canvia, a mi no
m’agrada gaire aquesta paraula [hace una mueca de rechazo con la cara],
serien organitzatives (Dra. S., HB).


Esta aversión al término gestión denotaba un alto componente
emocional en la construcción de sus identidades como médicos ges-
tores. En este sentido, los significados asociados a la gestión quedaban
impregnados por estas emociones y favorecían el proceso de distin-
ción social positiva en la construcción de su propia identidad y de
estereotipación negativa del grupo con el que se comparaban para
construir dicha identidad (Haslam, 2004), en este caso «los gestores».




250 ORIOL ROMANÍ (ED.)


El significado de mayor saturación, es decir, que apareció en todas
las entrevistas como rasgo diferenciador de la gestión de «los gesto-
res» versus lo que ellos hacían, fue la distancia-proximidad respecto
a la realidad. La importancia de esta característica era tal que se utili-
zaba como un baremo no únicamente para diferenciar su gestión de
la de los gestores, sino también para distinguir entre los buenos y los
malos MG. A este respecto, la gestión realizada por la alta gerencia y
dirección hospitalarias se definía como alejada de la realidad del día
a día asistencial:


Ah!, i la gerència... buf! [resoplido muy significativo, como diciendo «es-
tos»] no sé, aquests sembla que visquin molt allunyats de la realitat, molt...
(riendo). ¿I per què? Perquè... a veure, suposo que estan més en el ma-
cromón de la macroeconomia de l’hospital i llavontes... no viuen el dia
a dia, no viuen els problemes que tens, és a dir, estan molt allunyats de
la base treballadora, és a dir, de l’adjunt, del metge… Estan tancats al seu
palau i no se n’enteren de res (Dr. B., HA).


Ese alejamiento de la realidad se describió en términos de repro-
che y burla hacia la alta dirección y gerencia:


Yo algunas veces he pensado, que si aquí en la planta de ginecología
ingresáramos y operáramos a hombres, y no hubiera problemas, no se
haría nada, no se haría nada... jamás se los ha visto asomar la nariz por
aquí, y de eso... encerrados permanentemente en el despacho pidiendo
cosas diversas continuamente, cosas pues, bueno, más o menos... ¡idiotas!
(Dr. M., HB).

Esto evidencia que el valor de su identidad como MG residía en


la proximidad al proceso asistencial. Estar próximo a la realidad asis-
tencial significaba mantener la actividad asistencial. De modo que
aquellos jefes de servicio que no lo hacían eran caracterizados como
«malos» MG porque habían perdido su contacto con la realidad para
poder gestionar bien:


Un metge que no visita, un metge cirurgià que no opera, eeeh… perd la
seva pròpia essència i s’allunya molt de la realitat… quan jo només feia
gestió em va donar la sensació que m’allunyava del dia a dia i per això
ara com a director d’aquest Servei, a més dos dies a la setmana opero i un
dia a la setmana visito al dispensari per tocar de peus a terra (Dr.G., HB).




251ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


Para ellos, la gestión hospitalaria no requería unas habilidades de-
terminadas. En cambio, su actividad asistencial sí que requería de un
conocimiento especialista. Este conocimiento se percibía como fuen-
te de autoridad para gestionar y para relacionarse con el resto de los
profesionales médicos, así como con dirección y gerencia. De hecho,
se recurría a esta autoridad para enfatizar su superioridad respecto a
«los gestores» que no tenían una especialidad médica:


Las... las direcciones médicas están constituidas por... por personas, de
vez en cuando hay la excepción que confirma la regla, ¿eh?, pero por
personas que no han seguido la carrera profesional, que como cosa de
agarradero, porque de algo hay que vivir, se han agarrado a la gestión y
a vivir... Entonces claro, yo me puedo sentar a discutir temas técnicos,
no pretendo yo ahora dar lecciones de cómo hay que llevar esto, pero
desde luego, lo que no me tiene que contar es como tengo que llevar mi
servicio, ¿por qué? A mí esto me lo puede contar otro jefe de servicio y...
y claro que yo me puedo equivocar y asumir mis errores, pero no puedo
estar discutiendo con una persona, que a los tres minutos de estar... que
es lo que antes decía, uno no puede respetar a un mando, no puede res-
petar de ninguna manera pues a un mando, que te das cuenta a la tercera
palabra de que… ¡es que no sabe de qué está hablando! (Dr. T., HB).


Los MG también se distinguían a sí mismos de «los gestores» en
cuanto a los criterios en los que basaban sus decisiones. Mientras las
decisiones de los gestores se percibían como basadas en criterios de
negocio y comerciales, las suyas se basaban en proporcionar la mejor
opción asistencial. En este sentido, entraban en conflicto con la direc-
ción por su exceso de énfasis en los criterios económicos y porque
sus valores interferían con la provisión asistencial que querían pro-
porcionar. Tal y como un MG comenta:


Cuando subo las escaleras (donde está ubicada gerencia del hospital)
me pregunto a mí misma: «¿trabajamos en el mismo hospital? No me lo
puedo creer» [ríe]. Tal y como te he dicho no perciben… no estoy segura
de si debería decirte esto… [con miedo], pero… la realidad económica
que ellos tratan es muy distinta de lo que tú necesitas realmente, y ne-
cesitan poner distancia para eliminar ese conflicto. Tienen una visión
únicamente financiera de cómo hay que gestionar el hospital, y claro, la
ocultan bajo el término «calidad» pero cuando la calidad empieza a tener
un precio… entonces vuelven a la lógica de la eficiencia (Dra. F., HA).




252 ORIOL ROMANÍ (ED.)


En los discursos de los MG, las prioridades clínicas y la eficien-
cia financiera no eran únicamente irreconciliables como dos aproxi-
maciones distintas para gestionar los hospitales, sino que constituían
fuentes muy distintas de poder. En la mirada de los MG, la dirección
médica y la gerencia tenían el monedero pero carecían del criterio
clínico necesario para tomar las decisiones apropiadas para las nece-
sidades del hospital y los pacientes. Para los MG, el papel de gerencia y
dirección era el de proporcionar los recursos económicos necesarios
a las unidades para que ellos pudieran desarrollar con éxito su trabajo.
Desde su perspectiva, las únicas fuentes legítimas de autoridad en las
que basaban su práctica clínica y su gestión de los servicios eran las
necesidades del paciente y el conocimiento clínico. Este contraste en-
tre los intereses y prioridades entre los gestores y los MG era utilizado
también como una característica de diferenciación para construir su
identidad. Sus intereses para gestionar los percibían como totalmente
legítimos y basados en la mejora de la unidad, de la asistencia o de la
especialidad, mientras que la gestión de los gestores se caracterizaba
por estar basada en intereses políticos que desaprobaban.


Sembla que els de dalt estan... en un altre món. Suposo que moltes ve-
gades pensen des del punt de vista pura i exclusivament economicista i
per interessos polítics... més que tenint en compte les persones, és a dir...
els que fem els xurros som nosaltres, si no t’entens no hi han xurros (Dr.
C., HA).


Tomados conjuntamente, estos significados atribuidos a su ges-
tión frente a la de «los gestores» ilustran muy bien lo que Haslam et
alii (1996) definen como comportamiento de distinción positiva. La
construcción de estos significados polarizados permite afianzar una
identidad profesional positiva como MG que nace de la exaltación de
diferencias respecto a un grupo al que no quieren pertenecer y al que
categorizan de forma negativa. Según Turner et alii (1987), las percep-
ciones sociales de similitud o diferencia son el producto más impor-
tante del proceso de auto-categorización. Y, por tanto, en el proceso
de desarrollo de la identidad grupal los miembros pueden acentuar
expresamente las diferencias respecto a los grupos con los que se
comparan para construir esa identidad, con el objetivo de favorecer
su propio estatus y autoestima. De este modo, el estereotipo negativo




253ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


de «los gestores» era solo posible porque recurrían a su característica
diferencial como especialistas médicos que realizaban práctica asis-
tencial. Era esta característica, ausente en el grupo de comparación, la
que convertían en fuente de autoridad.


Jo sóc metge, o sigui el metge per definició i perquè ho sent així és met-
ge, una altra cosa és l’estètica, no? El com ho pintis… si fas gestió o no,
quan té el malalt davant el metge fa de metge (Dr. G., HA).


Es decir, los MG basaban su fuente de autoestima al construir su
identidad profesional en lo que «eran» (médicos) frente a «lo que ha-
cían» (gestión). Ciertamente, la importancia de ser médico era tal que
todos los MG se definieron a sí mismos como médicos por encima de
cualquier otra categoría profesional, aunque su trabajo implicara un
porcentaje muy bajo de actividad asistencial.


Jo per damunt de tot sóc metge, però has de fer de gestor i has de fer-ho
bé. O sigui recursos n’hi ha pocs, n’hi ha molt pocs, molt per sota del que
necessitaries i llavors els has d’administrar molt bé, llavors és imprescin-
dible que siguis un bon gestor, perquè a vegades has de fer miracles amb
aquest recursos (Dr. C., HA).


Si tales comparaciones con gerencia y dirección les servían para
construir una identidad social positiva basada en los significados asig-
nados a la gestión, la tabla 2 muestra cómo las principales dificultades
y limitaciones de la nueva identidad surgían de la comparación con
los significados asignados a la práctica clínica. En concreto, mientras
el trabajo asistencial se definía teniendo en cuenta los sentimientos
de seguridad, control, claridad, autonomía y confianza que propor-
cionaba, el trabajo de gestión, por el contrario, se definía en relación
con los sentimientos de inseguridad, falta de control, ambigüedad e
impotencia.




254 ORIOL ROMANÍ (ED.)


Tabla 2� Significados de rol explicitados
al comparar con la asistencia clínica


«Lo que hacemos»
(Médicos Gestores)


Trabajo asistencial
(Médicos)


Secundario, puede esperar Prioritario, no puede esperar


Impredecible, no depende de uno
Predecible, rutinario, que depende de
uno mismo


Responsabilidad ilimitada Responsabilidad limitada


De estos significados, el que provocaba mayor aversión a la ges-
tión era el de ser impredecible y el de su responsabilidad ilimitada:


Eeehhh... no sé, jo li explicaré i ho entendrá bé. Eeehhh... jo m’he pre-
parat tota la vida per fer el que faig i... i això em dona una seguretat
tremenda! Jo diria que em sento segur, segur... però segur i expert és
per això, eh? Ara, també em sento a vegades insegur. Insegur pels temes
de gestió, vull dir si no tinc suport darrere aquí em dóna la inseguretat
de dir bueno, a veure... ara em truca la... la supervisora, no la meva sinó
l’altra supervisora que té un problema d’espai i tot això, llavors ara em
sento insegur perquè no m’imagino d’on treuré l’espai perquè arriba un
moment que dius bueno, és que no està a les teves mans! (Dr. G., HA).


Estos significados explicaban por qué los MG destinaban más
tiempo del requerido, según la definición de sus puestos, al trabajo
asistencial, incurriendo en muchos casos en una sobrecarga de fun-
ciones. En definitiva, la práctica médica les proporcionaba un senti-
miento de seguridad y control que les permitía afrontar y compensar
el estrés provocado por significados asignados a la gestión. El trabajo
clínico era referido como «un refugio» al que acudir para neutralizar
las emociones de ansiedad, impotencia y falta de control derivadas de
sus responsabilidades de gestión. En este sentido, el trabajo clínico se
convertía en necesario para gestionar, no solo como fuente de auto-
ridad, sino también por su efecto emocional compensatorio. Por tan-
to, el nuevo papel otorgaba a la práctica clínica nuevos significados.
Significados que emanaban de la comparación de estas tareas con las
tareas de gestión.


Lo que estos hallazgos sugieren es que la incorporación de algu-
nas características de la identidad clínica era esencial para proteger




255ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


la autoestima y seguridad de los MG. Los significados asignados al tra-
bajo asistencial y a la gestión explican que se definieran a sí mismos
como médicos y no como gestores, de acuerdo con la afirmación de
Abrams y Hogg (1999) de que las personas tienden a identificarse con
aquellas identidades sociales que protegen su estatus y autoestima.
Mantener la identidad clínica, ciertamente, permite proteger dicha
autoestima. Así, puede decirse que la construcción de su nueva iden-
tidad como MG se trata de una acomodación del nuevo papel gestor a
su identidad clínica previa, y no de una asimilación de este rol gestor
(Piaget, 1969). En lugar de rechazar su identidad clínica para construir
su identidad como gestores, los MG construyeron una versión híbrida
de la gestión a partir de acomodar su función como gestor a las carac-
terísticas más valoradas de su identidad como clínicos. En términos de
la teoría de la transición de rol de Nicholson (1984), los MG de este
estudio reflejan una estrategia de ajuste y no una estrategia de desa-
rrollo personal. Es decir, mientras «ser médico» constituye su iden-
tidad profesional y se integra en su identidad personal, «ser gestor»
constituye simplemente un rol que asumen pero que no integran en
su identidad. Así, en lugar de cambiar su identidad como clínicos para
adaptarse a su rol como gestores, construyeron un nuevo significado
de gestión para acomodarlo a su identidad como clínicos.


Discusión y conclusiones


Para discutir los principales hallazgos presentados en este capítulo,
vamos a considerar en primer lugar cómo contribuye este estudio
a la comprensión sobre la construcción de la identidad de los MG.
En segundo lugar, discutiremos qué aporta dicho conocimiento a la
comprensión de las diferentes actitudes de los MG frente a la gestión.
Por último, mencionaremos brevemente qué implicaciones se deri-
van para la gestión sanitaria.


Lo que muestra este estudio, en concreto, es que las identidades
profesionales de los MG no son estáticas sino emergentes y disconti-
nuas, tal y como las definen los enfoques narrativos y discursivos en el
estudio de la identidad (Alvesson y Willmott, 2002). Durante el proce-
so de categorización inicial, las experiencias de nuestros MG indican
una clara tendencia a anclar la construcción de su nueva identidad en
su identidad clínica previa por la seguridad y las emociones positivas




256 ORIOL ROMANÍ (ED.)


que esta identidad les proporciona. Esta identidad clínica llega a ser
tan importante que, aunque se perciben diferentes de «los gestores» y
diferentes de los clínicos a los que gestionan, se definen a sí mismos
como «médicos», aunque ya no realicen asistencia clínica. Es decir, lo
que les diferencia del grupo de clínicos al que gestionan es lo que
hacen, es decir, su rol gestor, y no lo que son, su identidad.


La construcción de esta nueva identidad se fundamenta en la
construcción de significados de rol que surgen de la comparación
con la asistencia clínica y la gestión pura de gerencia y alta dirección.
Entre los significados construidos destaca la proximidad a la realidad
a través del trabajo asistencial como fuente de su autoridad para ges-
tionar a los clínicos de su unidad y de defensa de sus valores frente a
la alta dirección. Este significado ilustra el principio de meta-contraste
(Haslam, 2001) a través del cual cualquier médico que realice gestión
es percibido más o menos como prototípico, se le valora positiva o
negativamente en función de su proximidad a la realidad.


La comprensión del proceso de construcción de su identidad a
través de la construcción de los significados atribuidos a la gestión
pura y la asistencia clínica ha permitido comprender el desarrollo de
sus actitudes ante la gestión, lo que constituye un nuevo paso con
respecto a los estudios existentes, que estereotipan la aversión de los
médicos hacia la gestión (Dopson, 1994; Bolton, 2003, 2004; Marnock
et alii, 2000) sin comprender el porqué de esa actitud. Este estudio
muestra que las actitudes negativas hacia la gestión forman parte de
un proceso de construcción de significado (Weick, 1995) que da sen-
tido a las experiencias iniciales de los MG en su nuevo rol. Por ello,
dicha aversión hacia los valores de gestión no es algo que pueda cam-
biarse con formación en gestión, como la mayoría de las iniciativas en
este ámbito parece promover, puesto que no proviene de una falta
de conocimiento de las teorías, objetivos y políticas de gestión, sino
más bien de algo mucho más profundo como es la identidad y los
significados sobre los que se construye. Por ello, la elevada inversión
monetaria en programas de formación en management por las orga-
nizaciones sanitarias no tiene sentido si antes no se incide de forma
específica en sus identidades a través de las relaciones con los grupos
de referencia mediante los cuales construyen su identidad, y en parti-
cular con el grupo que permite construir los significados de gestión,
que es el de gerencia y dirección médica.




257ETNOGRAFÍA, TÉCNICAS CUALITATIVAS E INVESTIGACIÓN EN SALUD


En este sentido, se recomienda prestar atención a la dimensión
«proximidad a la realidad» como clave para desarrollar intervenciones
que incidan en las actitudes de los médicos hacia la gestión. En par-
ticular, y con el objetivo de que los MG desarrollen significados más
positivos acerca de la gestión que precedan a actitudes positivas hacia
esta, se recomiendan intervenciones que permitan a los MG percibir
a quienes representan la gestión como próximos a la realidad asisten-
cial, ya sea requiriendo una especialidad médica como requisito para
estos puestos, ya sea manteniendo un mínimo de práctica asistencial,
etc., u otras intervenciones que mejoren la relación de los MG con los
que a sus ojos representan «la gestión», gerencia y dirección.


En conclusión, es infrecuente que un estudio desde la perspectiva
de la identidad social explore el contenido y los significados de una
particular identidad social, en este caso la de los MG. Por lo común,
los estudios desde esta perspectiva exploran las relaciones con los
grupos de referencia. Por ello, el valor de este estudio reside en que di-
rige el foco de atención hacia el contenido de la identidad profesional
de los MG para poder comprender mejor el proceso de construcción
de esta identidad que subyace tras el desarrollo de sus actitudes ante
la gestión. Ciertamente, las inferencias conceptuales de este capítulo
pretenden que futuros estudios en otras áreas ocupacionales puedan
beneficiarse del grado de comprensión logrado en este estudio acerca
de cómo los MG construyen su identidad.


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El libro que aquí presentamos es, en gran parte, fru-
to del VII Coloquio de la Red de Antropología Médica
(REDAM). Las distintas aportaciones se encuentran di-
vididas en tres grandes bloques: el primero, en el que
se entra de lleno en esta discusión global acerca de los
alcances y los límites de la antropología médica y de su
colaboración con las metodologías cuantitativas en el
campo de la salud, en especial con la epidemiología. El
segundo, en que se analizan distintas experiencias de
investigación con un especial énfasis en los aspectos
metodológicos de las mismas. Y, el tercero, en el que,
como no podía ser de otra manera tratándose de los
sistemas de salud de nuestras sociedades contemporá-
neas, se plantea la problemática en el seno de una de


sus instituciones principales, como es el hospital.


Antropologia Mèdica




Etnografía, metodologías cualitativas e investigación en salud: un debate abierto
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