Protección de la salud mental en situaciones de desastres y emergencias Serie...

Protección
de la salud mental


en situaciones
de desastres


y emergencias


Serie Manuales y Guías sobre Desastres, Nº 1


Organización Panamericana de la Salud
Oficina Regional de la


Organización Mundial de la Salud


Programa de Preparativos para Situaciones de Emergencia
y Socorro en Casos de Desastre


Programa de Salud Mental de la División de Promoción y Protección de la Salud


Washington, D.C., Agosto 2002




Biblioteca Sede OPS - Catalogación en la fuente


Organización Panamericana de la Salud
Protección de la salud mental en situaciones de desastres y emergencias


Washington, D.C.: OPS, © 2002.
(Manuales y Guías sobre Desastres Nº 1) --107p.--
ISBN 92 75 32421 2
I. Título
II. Autor
III. Series
1. SALUD MENTAL
2. EFECTOS DE DESASTRES EN LA SALUD
3. EMERGENCIAS EN DESASTRES
4. EVALUACION DE IMPACTO
5. TERRORISMO (DESASTRE)


LC HV593.O68ps


© Organización Panamericana de la Salud, 2002


Una publicación del Programa de Preparativos para Situaciones de Emergencia y Socorro en
Casos de Desastre, en colaboración con el Programa de Salud Mental de la División de
Promoción y Protección de la Salud de la Organización Panamericana de la
Salud/Organización Mundial de la Salud.


Las opiniones expresadas, recomendaciones formuladas y denominaciones empleadas en
esta publicación no reflejan necesariamente los criterios ni la política de la Organización
Panamericana de la Salud.


La Organización Panamericana de la Salud dará consideración favorable a las solicitudes de
autorización para reproducir o traducir, total o parcialmente, esta publicación, siempre que
no sea con fines de lucro. Las solicitudes pueden dirigirse al Programa de Preparativos para
Situaciones de Emergencia y Socorro en Casos de Desastre de la Organización
Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud, 525 Twenty-third Street, N.W.,
Washington, D.C. 20037, EUA.


La realización de esta publicación ha sido posible gracias al apoyo financiero del
Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID), la División de Ayuda
Humanitaria Internacional de la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional
(IHA/CIDA) y la Oficina de Asistencia al Exterior en Casos de Desastre de la Agencia de los
Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (OFDA/USAID), y el Departamento de
Estado de los Estados Unidos.


Foto de portada: OPS/OMS




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Agradecimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .iii


Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .v


Capítulo I. Antecedentes y consideraciones generales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1


1.1 Consideraciones generales sobre la atención de la salud mental . . . . . . . . . .2


1.2 Desastres naturales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .3


1.3 Violencia y sus efectos psicosociales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .4


1.4 Terrorismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .5


1.5 Vulnerabilidad psicosocial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .6


Capítulo II. Lecciones aprendidas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .9


2.1 Preparativos del sector salud para la protección


de la salud mental en situaciones de desastres y emergencias . . . . . . . . . . .10


2.2 Manifestaciones psicosociales mas frecuentes


en los desastres naturales y conflictos sociales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .17


2.3 Mitos y realidades . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .20


Capítulo III. Manifestaciones psicosociales y pautas generales de actuación . . .21


3.1 Reacciones no patológicas ante eventos traumáticos en adultos . . . . . . . . . .21


3.2 Trastornos psíquicos más frecuentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .25


3.3 Criterios generales para la remisión a un especialista,


uso de medicamentos y hospitalización . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .32


3.4 Actuaciones en situaciones específicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .33


3.5 Los problemas psicosociales de la población infantil y juvenil . . . . . . . . . . . .41


3.6 Intervención en crisis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .49


3.7 El trabajo de grupos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .54


Capítulo IV. Hacia un plan de salud mental en situaciones de desastres . . . . . .57


4.1 Consideraciones generales para preparar un plan . . . . . . . . . . . . . . . . . . .57


4.2 Principios básicos del plan . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .66


4.3 Objetivos de un plan de salud mental . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .67


4.4 Líneas de acción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .68


4.5 Comunicación social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .72


4.6 Capacitación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .75


4.7 Sostenibilidad y continuidad de las acciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .77


4.8 Breves consideraciones sobre la etapa de recuperación psicosocial . . . . . . . .78


Conclusion. Principales desafíos y retos en la atención de salud mental . . . . .85


Anexo. Esquema general de un plan de atención en salud mental


en situaciones de emergencia y desastre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .87


Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .93


Contenido






iii


Esta obra es el resultado del esfuerzo colectivo de un numeroso grupo de personas e insti-
tuciones de América Latina y el Caribe. Su desarrollo ha sido producto de un proceso abierto y
participativo con contribuciones y opiniones de más de 60 expertos.


De manera muy especial, deseamos agradecer la paciente e incansable contribución de
Jorge Rodriguez, Consultor de Salud Mental de la OPS/OMS en Guatemala. Han tenido además
una participación decisiva en la edición final Lorena Saenz (Universidad de Costa Rica), Silvia
Halsband (Consultora privada en Costa Rica) y Santiago Valero (Ministerio del Interior de Perú /
Sociedad Peruana de Psicología de Emergencias y Desastres).


Por su apoyo profesional y técnico, y con el riesgo de omitir involuntariamente los nombres
de otros expertos, deseamos expresar además nuestro agradecimiento a las siguientes personas:


Beristain, Carlos M. (España)


Cohen, Hugo (OPS)


De la Torre, Alejandro (OPS)


Fernández, Luis (Comando Sur / USA)


Gómez, Claudia (Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, Argentina)


Jarero, José Ignacio (Asociación Mexicana para la Ayuda Mental en Crisis)


Martín, Ignacio (Solidaridad Internacional-Colombia)


Prewitt, Joseph O. (Cruz Roja Americana)


Quiroz, Nydia (UNICEF)


Romero, Cesar (UNICEF)


Salazar, Sandra (Solidaridad Internacional-Colombia)


Stein, Enrique (Universidad Nacional del Comahue / Neuquen, Argentina)


Zaccarelli, Mónica (OPS-Colombia)


Gracias a todos ellos esta obra es hoy una realidad.


AGRADECIMIENTOS






v


Los efectos de los desastres sobre la salud se manifiestan tanto en lo físico, lo mental y lo
social. Tradicionalmente, se ha brindado una atención más detallada solo a los aspectos físicos
y sociales. Los programas de salud en las emergencias se han dirigido básicamente a la atención
médica inmediata, al problema de las enfermedades transmisibles, agua y saneamiento ambien-
tal, así como los daños a la infraestructura sanitaria. Afortunadamente, en los últimos años, se ha
comenzado a prestar atención al componente psicosocial, que siempre está presente en estas
tragedias humanas, pero dimensionando lo psicosocial en un sentido amplio que abarca no solo
la enfermedad psíquica, sino también otra gama de problemas como la aflicción, el duelo, las
conductas violentas y el consumo excesivo de sustancias adictivas.


Esta guía responde a la preocupación e inquietud creciente mostrada por los gobiernos,
organizaciones no gubernamentales y la comunidad internacional en responder mejor al
impacto de los desastres y emergencias en la salud mental de la población. Se ha abordado el
tema tratando de elimi-nar muchos de los estigmas que aún existen –incluso entre profesionales
de la salud– sobre las enfermedades mentales y otros problemas de la conducta humana.


Además de los desastres provocados por amenazas naturales, también los efectos generados
por la violencia social masiva y las guerras han provocado un gran impacto sobre la salud men-
tal de las personas que han tenido que huir presas del miedo, han sufrido heridas y mutilaciones,
la muerte de seres queridos, y graves pérdidas económicas. Igualmente, la salud mental se ve
afectada como resultado de los desplazamientos de grandes grupos humanos, de la vida en
campamentos, o del hacinamiento en suburbios de muy difíciles condiciones sanitarias y
económicas. En estas circunstancias las necesidades de atención psicosocial son especialmente
altas debido al estrés al que la población está sometida y a los traumas específicos de grupos con
mayor vulnerabilidad. En este contexto, son muchos los países de América Latina y el Caribe que
además presentan una baja capacidad de respuesta a los problemas de salud mental en situa-
ciones de emergencia.


Es indudable que en situaciones de emergencia debe esperarse un incremento de reacciones
emocionales intensas. La gran mayoría de estas manifestaciones son normales, pero la baja
cobertura de los programas de salud mental en esta región no permite una identificación rápi-
da, en caso de desastres, de las personas que requieren de un apoyo especial. La literatura
disponible y la experiencia nos enseñan que el abordaje temprano de los problemas de salud
mental es la mejor prevención de trastornos más graves que aparecen a mediano y/o largo
plazo.


Este documento es el producto de consultas intensas con más de 60 expertos en el tema
provenientes de los países miembros de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS),
de la Cruz Roja Americana, de UNICEF, del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de EUA, así
como de múltiples universidades, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.


Su objetivo es servir de guía práctica de planificación para actuar en el período agudo o críti-
co de la emergencia y no incluye el abordaje de los problemas psicosociales que surgen en el
mediano y largo plazo (a partir del segundo o tercer mes), porque se parte del supuesto que


PRESENTACIÓN




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estos deben ser atendidos por los programas y servicios de salud regulares. Se ha orientado,
sobre todo, al trabajo comunitario y promueve la coordinación entre las múltiples organizaciones
que trabajan en el campo de la salud mental con enfoques, frecuentemente, diferentes.


Está dirigida especialmente a los gerentes de salud, personal profesional y técnico que tienen
relación con el trabajo de salud mental, incluyendo a los ministerios de salud, cruz roja, organi-
zaciones no gubernamentales y otras instituciones de la sociedad que actúan en el campo de lo
psicosocial en situaciones de desastres y emergencias.


Jean Luc Poncelet, Jefe Programa de Preparativos para Situaciones
de Emergencia y Socorro en Casos de Desastre


José Miguel Caldos de Almeida, Jefe Programa de Salud Mental
de la División de Promoción y Protección de la Salud


vi




1


En el contexto de este libro, consideramos emergencia una situación catastrófica o
desastre que se produce por un evento natural (terremoto, erupción volcánica, huracán,
deslave, grandes sequías, etc.), accidente tecnológico (ejemplo: explosión en una industria)
o directamente provocada por el hombre (conflicto armado, ataque terrorista, accidentes
por error humano, etc.) en la que se ve amenazada la vida de las personas o su integridad
física y/o se producen muertes, lesiones, destrucción y pérdidas materiales, así como sufri-
miento humano. Por lo general, se sobrecargan los recursos locales, que se tornan insufi-
cientes, y quedan amenazadas la seguridad y funcionamiento normal de la comunidad.


En las grandes emergencias se requiere, con carácter urgente, una intervención externa
de ayuda para aliviar o resolver los efectos producidos y restablecer la normalidad. Las emer-
gencias se expresan como verdaderas tragedias o dramas humanos y por ende en su abor-
daje no solo es necesario tener en cuenta los aspectos de atención a la salud física y las pér-
didas materiales, sino también atender la aflicción y consecuencias psicológicas del evento
en cuestión.


El término emergencia compleja se ha usado para expresar más claramente el carácter
agravado y la presencia de diversos factores y condiciones que complican la situación exis-
tente en determinadas catástrofes; el ejemplo más claro y típico son los conflictos armados.
En las emergencias complejas hay, por lo general, efectos devastadores con secuelas de
mediano y largo plazo. Se define la existencia de una crisis humanitaria, donde se producen
violaciones de los derechos humanos; el derecho a la vida, la integridad personal, la libre
circulación, la vivienda digna, la educación, la salud y la propiedad privada, no se respetan
o son simple letra muerta.


Los conflictos armados son el tipo de catástrofe –causada por el hombre– más devasta-
dora y abominable; entre sus efectos más complejos está el de las poblaciones desplazadas,
con serias implicaciones políticas, económicas, sociales, legales y sanitarias. El recrudeci-
miento cada vez mayor de la violencia en todas sus modalidades, facilita que la misma se
perpetúe e introduzca en el tejido social como una forma habitual de conducta, y crea efec-
tos que pueden perdurar en varias generaciones.


Las emergencias complejas requieren de intervenciones humanitarias para aliviar sus
efectos, para apoyar la pacificación, y tutelar los derechos de los más débiles.


En el orden individual se define la crisis como aquella situación generada por un even-
to vital externo que sobrepasa toda capacidad emocional de respuesta del ser humano; es
decir, sus mecanismos de afrontamiento le resultan insuficientes y se produce un desequi-
librio e inadaptación psicológica. Las crisis pueden o no necesitar de una intervención pro-
fesional, ya que en ocasiones pueden ser manejadas mediante el apoyo familiar y social.


El término emergencia médica se reserva para aquellos casos que requieren de una aten-
ción profesional inmediata debido al riesgo que puede tener su vida, la existencia de sufri-
miento intenso o por la aparición de complicaciones.


Desde la perspectiva de la salud mental, las emergencias implican una perturbación psi-
cosocial que excede grandemente la capacidad de manejo de la población afectada. Se
espera un incremento de la morbilidad, incluyendo los trastornos psíquicos. Se ha estimado
que entre una tercera parte y la mitad de la población expuesta sufre alguna manifestación
psicológica. Aunque debe destacarse que no todos los problemas psicosociales que se pre-
sentan podrán calificarse como enfermedades, la mayoría deben entenderse como reac-


CAPÍTULO I
ANTECEDENTES Y CONSIDERACIONES GENERALES




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ciones normales ante situaciones de gran significación o impacto. Por otro lado, aparecen
problemas de orden social que deben también ser solucionados.


Desde el punto de vista de la salud mental, en grandes emergencias toda la población
puede considerarse que sufre tensiones y angustias en mayor o menor medida, directa o
indirectamente. Por otro lado, el término salud mental ha sido dimensionado en una amplia
faceta de campos como son:


Ayuda humanitaria y social.
Consejería a la población y grupos de riesgo.
Comunicación social.
Manejo de instituciones y servicios psiquiátricos.
Identificación y tratamiento de casos con trastornos psíquicos.
Los efectos de los desastres naturales y los conflictos armados están más marcados en las


poblaciones pobres que son el sector más vulnerable, viven en condiciones precarias,
poseen escasos recursos y tienen limitado acceso a los servicios sociales y de salud.


Se ha demostrado que después de la emergencia propiamente dicha, los problemas de
salud mental requerirán de atención durante un periodo prolongado en los sobrevivientes,
cuando tengan que enfrentar la tarea de reconstruir sus vidas. Esto nos pone frente al pro-
blema de fortalecer los servicios de salud mental con base comunitaria. Un ejemplo de lo
anterior es Centroamérica, territorio devastado por guerras civiles y desastres naturales en
un contexto de marcada pobreza. Países como Guatemala, El Salvador y Nicaragua han
tenido que enfrentar el reto de la atención y recuperación psicosocial con visión de me-
diano y largo plazo.


La experiencia adquirida (24)(38) ha demostrado que los planes de salud mental no
pueden limitarse a ampliar y/o mejorar los servicios especializados que se ofrecen de mane-
ra directa a los afectados. Junto a esto, es necesario desarrollar un proceso de capacitación
que permita elevar el nivel de resolutividad de los trabajadores de atención primaria en
salud, socorristas, voluntarios y otros agentes comunitarios.


Las acciones deben tener un carácter integral que abarque no solo lo curativo, sino que
incluyan también perfiles preventivos y rehabilitatorios. En la atención a las enfermedades físi-
cas, además, es necesario abordar la dimensión humana del problema. Se requiere desechar
el modelo medicalizado o psicologizado en la intervención de una problemática con un alto
contenido social.


Por todo lo señalado anteriormente, se considera conveniente introducir el componente
psicosocial en los planes de gestión de riesgos del sector salud ante situaciones de desastres
naturales y otras emergencias. A su vez, las acciones de salud mental deben resultar coher-
entes con las políticas nacionales de salud que se están impulsando en el país, lo cual garan-
tizará su continuidad y sostenibilidad.


1.1 Consideraciones generales sobre la atención de la salud
mental


Salud mental es el término amplio que utilizamos y que implica las diferentes facetas del
proceso salud-enfermedad con sus aspectos sociales que tanto influyen en el bienestar de
la población. Es decir la enfermedad, las manifestaciones emocionales como la aflicción,


2




A N T E C E D E N T E S Y C O N S I D E R A C I O N E S G E N E R A L E S


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que pueden considerarse normales, las conductas problemáticas o desadaptadas (como la
violencia y el consumo de sustancias) y el conjunto de la dinámica psicosocial individual y
colectiva que se desarrolla en situaciones de emergencias. Así mismo nos referimos, tam-
bién, en el orden de la prestación de servicios a las acciones que se ejecutan en lo preven-
tivo, promoción, atención, tratamiento y rehabilitación.


El término psicosocial se ha usado más para significar la dinámica y la gama de proble-
mas y manifestaciones psicológicas y sociales que aparecen en situaciones de desastres y
algunos autores e instituciones lo refieren básicamente a lo no patológico, desde una visión
humanística, más que sanitarista.


La visión de la atención de salud mental no debe estar centrada sólo en el impacto trau-
mático, debe ser amplia y dimensionarse más allá del evento originador en cuestión.


El proceso busca la participación de los diversos actores implicados en los conflictos para
restablecer la integridad psicológica de las personas, así como el equilibrio de las redes
sociales. En el plano operativo se prioriza el ámbito comunitario, sin que esto implique el no
abordar el nivel individual y familiar. Las metodologías de trabajo deben ser ágiles, sencillas,
concretas y adaptables a las características étnicas y culturales.


Es necesario generar espacios comunitarios en donde se socializa el impacto de manera
que permita re-elaborarlo y movilizar recursos para prevenir futuras crisis. Escuchar las
demandas de la gente en sus propios espacios sociales o informales y no esperar que las
personas vengan a los servicios de salud. Esto puede ser importante para identificar los
problemas psicosociales y sus principales indicadores colectivos (conflictos familiares o gru-
pales, dificultades escolares, violencia y el abuso de drogas o alcohol).


Una de las principales funciones del personal de salud (especializado y no especializado)
es propiciar espacios de apoyo mutuo en donde actúa como facilitador de procesos gru-
pales donde se comparten experiencias y promueven la autoayuda; también identificar
recursos personales y colectivos que facilitan la adaptación eficaz, así como disminuir la
dependencia externa.


El apoyo emocional debe integrarse a las actividades cotidianas de los grupos organiza-
dos en las comunidades y formar parte de la satisfacción de las necesidades básicas de la
población. Debe ser oportuno y efectivo a fin de mitigar la crisis y la post-crisis, fomentan-
do la autonomía y la independencia.


1.2 Desastres naturales


En el periodo de 1967 a 1991, se calculó que unos tres mil millones de personas fueron
afectadas en todo el orbe por desastres naturales e industriales (13). Se ha demostrado que
en los países pobres, como consecuencia de los desastres, el número de personas afectadas
y muertas es mayor que en los industrializados.


La génesis de los desastres naturales está en relación, en muchas ocasiones, con factores
globales de orden económico y ambiental. Por ejemplo, el aumento de las inundaciones en
Bangladesh es, en parte, consecuencia de las deforestaciones en Nepal (13). Las hambrunas
masivas pueden considerarse verdaderos desastres y se originan por fenómenos naturales
como las sequías, pero además por otras condicionantes de tipo económico, político y
social.


A manera de ejemplo, en la región podemos citar la catástrofe de Armero (Colombia,
1985) donde la erupción volcánica, el deslizamiento de lava, tierra, rocas, árboles y el con-




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secuente sepultamiento de un amplio territorio provocó la muerte del 80% de la población
(30.000 habitantes), dejó sin hogar a unos 100.000 habitantes de las regiones aledañas y
lesionados a muchos de ellos. En este caso, fueron enviados equipos de salud mental para
que laboraran en la atención a los damnificados y en su recuperación. Se evidenció la pre-
sencia de cuadros de ansiedad y depresión mayor entre seis meses y un año después del
desastre, también se evaluaron problemas de consumo excesivo de alcohol y drogas, así
como comportamientos violentos y desadaptativos, con los consecuentes trastornos en la
vida familiar y social (52).


1.3 Violencia y sus efectos psicosociales


En años recientes, se han incrementado los conflictos armados internos en países
pobres, donde la mayoría de las víctimas no son militares sino civiles. Los analistas políticos
coinciden en que aumentarán estos enfrentamientos en los próximos años, muchos ten-
drán su origen en rivalidades étnicas, conflictos nacionalistas, disputas sobre recursos ambi-
entales y económicos, tensiones religiosas, movimientos separatistas, etc.


En muchas de estas guerras -que se califican como de baja intensidad– es común el
abuso y atropello sobre la vida y propiedades de la gente, en especial aquellos más
humildes. Por ejemplo, en El Salvador y Guatemala las fuerzas gubernamentales aterrori-
zaron durante largos años a sus poblaciones imponiendo una cultura del miedo y el terror.
Actualmente, en Colombia se libra un conflicto armado de varias décadas de duración
donde el común denominador es la violación de los derechos humanos de la población.


Los conflictos armados prolongados son causa de un conjunto de problemas sociales,
económicos y de salud física y mental. Sus secuelas son enormes: descalabro económico,
pobreza generalizada, escasez de alimentos y agua potable, destrucción ambiental, deterio-
ro de las formas de vida locales, desintegración de las familias, desarraigo y trastornos
psíquicos de diferente índole.


Los estudios realizados (13) recientemente en diferentes regiones del mundo sobre la
salud mental de los civiles afectados por la guerra han encontrado nuevos patrones de
estrés y sufrimiento. Se incrementa el estrés agudo y transitorio (con excepción de los que
han sufrido experiencias muy traumáticas como torturas, prisión, violaciones, etc.), pero por
otro lado, el terror prevaleciente y continuado genera miedo generalizado, ansiedad
extrema y otros síntomas que pueden convertirse en graves y de larga duración.


En colectivos o poblaciones sometidas a situaciones muy traumáticas como masacres se
han observado señales de impacto como las siguientes (Caso Xamám, Guatemala, 1995)(6):


Proceso de duelo masivo.
Percepción de amenaza y miedo a la reexperiencia traumática.
Criminalización y culpabilización.
Desestructuración organizativa.
Complejidad en la dinámica de los conflictos.
La repercusión del proceso judicial (si existiera) y la posible impunidad.
Además, y contrario a lo que muchos piensan, los disturbios sociales se desarrollan, fre-


cuentemente, bajo una dirección y con objetivos predeterminados. Debe visualizarse junto
al daño psicológico individual, el daño social que incluye la desmoralización, destrucción de
los modos de vida tradicionales y desarraigo de las comunidades.


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A N T E C E D E N T E S Y C O N S I D E R A C I O N E S G E N E R A L E S


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Por lo general, los servicios locales de salud tienen grandes limitaciones de recursos que
les impide abordar los problemas de salud mental derivados de la guerra. Los métodos occi-
dentales clásicos basados en las terapias de corte individual y un enfoque clínico no se ajus-
tan a las realidades. La experiencia ha demostrado que el mayor éxito se ha logrado con
programas de base comunitaria, con la ayuda a las comunidades a permanecer unidas
frente a la violencia, lo cual contribuye a minimizar sus efectos.


Es necesario ajustar los modelos de intervención a cada localidad y país, actuar en diver-
sos ámbitos, pero fortaleciendo las intervenciones colectivas. Así mismo, evitar la desespe-
ranza y analizar el fenómeno de la violencia en el marco del contexto político existente.


En los conflictos armados se identifican diversos actores como son:


Las fuerzas armadas.
Grupos guerrilleros insurgentes.
Otras facciones armadas con intereses económicos o de control social (paramilitares,


bandas delincuenciales, grupos privados, etc.).


Las víctimas más directas son:


Personas que sufren amenazas personales y/o familiares.
Familiares de asesinados o desaparecidos.
Desplazados.
Secuestrados y sus familias.
Testigos y sobrevivientes de masacres u otros actos de guerra.
Algunas preguntas a realizarse en el tema de la violencia pueden ser:


¿Cuáles son los desafíos para una intervención psicosocial en circunstancias de
recrudecimiento de una guerra?


¿Es posible hablar de prevención en un contexto de conflicto armado?
¿Cuáles son los límites de la intervención psicosocial?


1.4 Terrorismo


Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el tema del
terrorismo se ha hecho más visible y adquirido mayor relevancia como un problema real,
cercano y que seguirá afectando a la humanidad en el presente siglo.


Existen varias facetas que es necesario considerar. En primer término, el clima emocional
que se crea -con mayor intensidad- en algunos países o regiones donde la población visua-
liza como un riesgo permanente el ser víctima de un acto de terrorismo. Esa atmósfera
incluye manifestaciones de inseguridad, desconfianza, vigilancia obsesiva de cualquier
hecho sospechoso, desmoralización, miedo, etc., que indudablemente corroen el tejido
social afectando su estructura y funcionamiento. También esto puede favorecer o exacerbar
los odios y enfrentamientos étnicos, religiosos, políticos y nacionalistas que crea un caldo de
cultivo explosivo en la sociedad. En segundo lugar, están las consecuencias psicosociales
directas e indirectas (de corto, mediano y largo plazo) de la acción terrorista, cuando esta
se ejecuta.


Los actos terroristas pueden ser de diversos tipos. Por ejemplo, altamente letales o ries-
gosos pero que se ejecutan silenciosamente y sin conocimiento de la víctima (como en la




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


transmisión de enfermedades infecciosas). Otros, por el contrario, son abruptos y explosivos
afectando a multitudes o grandes colectivos humanos. Las fuerzas de seguridad y los
equipos de respuesta humanitaria y sanitaria deben estar preparados para afrontar de ma-
nera eficiente este segundo grupo, para lo cual deben existir los correspondientes planes de
contingencia para la actuación inmediata y su seguimiento posterior.


En cualquier caso, a nuestro juicio, uno de los problemas es el miedo y la aflicción que
toma un carácter masivo y que ya no solo se puede abordar en el plano individual. Estudios
realizados en poblaciones sometidas a un clima de terror han identificado que hasta más del
80% de las personas, en circunstancias de cercanía evidente con el agresor, expresan mani-
festaciones sintomáticas de miedo o pánico. La creación de una "cultura del terror" y su
manipulación por grupos organizados es un problema que debe ser cuidadosamente abor-
dado con una estrategia multisectorial. Por otro lado, es evidente que la violencia genera
violencia y esta puede convertirse en la forma de vida habitual para muchos pueblos. Este
será sin lugar a dudas un tema que requerirá de estudios adicionales y de diseño de estrate-
gias de intervención social.


1.5 Vulnerabilidad psicosocial


Dentro de los grupos poblacionales con mayor vulnerabilidad psicosocial nos referiremos
en este capítulo, específicamente, a las mujeres, la niñez y los desplazados.


Género


Los grupos más vulnerables son los que tienen mayores dificultades para reconstruir sus
medios de subsistencia después del desastre. Las mujeres tienen mayor vulnerabilidad por
ser más propensas al daño, las pérdidas y el sufrimiento en el contexto de diferentes ame-
nazas, también tienen menos oportunidades de acceso a los recursos materiales y sociales.


Los desastres se caracterizan por la búsqueda de la preservación de la vida, subsistencia
y protección de la familia, siendo la mujer la encargada de cumplir, en gran medida, este
papel. Como consecuencia del evento traumático, las mujeres tienen que encontrar, fre-
cuentemente, una salida para las dificultades económicas de la familia (se dedican a la cri-
anza de animales, siembras, etc.) y esto requiere invertir muchas energías físicas y gran des-
gaste psicológico. En muchas ocasiones, tienen que enfrentar la recuperación solas, como
cabeza de su núcleo familiar.


También es habitual que las personas, después de un desastre, tengan sentimientos de
pérdida y frustración, aumentando las reacciones de cólera y violencia, en ocasiones, hacia
sus familiares más cercanos, los/as hijos/as y las mujeres (esposas). Algunas mujeres,
después del evento traumático, han experimentado la violencia por primera vez o han
soportado mayores niveles de violencia de su compañero.


El análisis de género es un recurso importante para caracterizar la situación (capacidades
y vulnerabilidades) de la población, después del evento. En este análisis aparecen proble-
mas tales como:


La invisibilidad del trabajo doméstico.
La subordinación en las relaciones de poder.
La discriminación y explotación por condición de género.


6




A N T E C E D E N T E S Y C O N S I D E R A C I O N E S G E N E R A L E S


7


La diferencia social por edad.
El múltiple rol de la mujer.
Oportunidades y limitaciones para hombres y mujeres.


La población infantil y juvenil


Los niños del mundo están siendo severamente afectados por los conflictos armados, no
solo como testigos, también como actores y objetivos. En 1995, el Informe Machel al
Secretario General de la ONU (26) estimó en 30 los conflictos armados que estaban ocu-
rriendo en diferentes lugares del mundo. En el último decenio, se calcula que unos dos mi-
llones de niños han muerto víctimas de la guerra.


La infancia también ha sido profundamente afectada por los terremotos y otros desas-
tres naturales en los últimos años. Se puede afirmar que no existe lugar en el globo terrestre
en que los niños no hayan sufrido algún tipo de experiencia dolorosa a causa de los desas-
tres naturales, guerras, violencia, narcotráfico, secuestros, delincuencia común, etc.


Muchos de estos ninnos afectados han perdido a sus padres, están desaparecidos o
heridos, han dormido en campamentos y en las calles, no han podido asistir a clases debido
a que sus escuelas se destruyeron, a veces sus maestros han desaparecido o están muertos,
heridos o han sido también afectados. Perdieron además sus pertenencias, se quemaron o
quedaron bajo los escombros.


Durante los conflictos armados se violan todos los derechos de los niños (salud, edu-
cación, nutrición, recreación, derecho a vivir con sus padres, etc.); el derecho de ser prote-
gidos en las emergencias también se cumple a medias.


Los niños en estas situaciones sufren mucho más que los adultos. Deben y tienen que
ser especialmente protegidos, no solo porque la Convención de los Derechos de los Niños
lo demanda sino porque éticamente nuestra condición de seres humanos civilizados lo
exige.


Los desastres y los conflictos armados afectan todos los aspectos del desarrollo del niño,
físico, psíquico y social, pero habitualmente los que se ocupan de su asistencia han centra-
do sus esfuerzos en la vulnerabilidad física, sin tener totalmente en cuenta sus pérdidas y
temores.


Poblaciones desplazadas, refugiados y emigrantes


Los conflictos armados y la violencia social han generado, en gran medida, la tragedia
del éxodo de refugiados y desplazamientos de poblaciones. Las personas escapan de la
guerra, la desolación y el hambre, en muchos casos sus hogares fueron arrasados, han sido
víctimas de amenazas o muerte de familiares.


Esto se combina con el crecimiento poblacional, deterioro ambiental, agotamiento de la
tierra, escasez de agua y recursos agrícolas, todo lo cual genera hambrunas y desplaza-
mientos, creando verdaderas emergencias.


A finales de la década de los 90, se calculaban en el mundo, aproximadamente, 50 mi-
llones de refugiados y desplazados en sus propios países (27). En estas comunidades se
altera la vida tradicional y se produce aflicción psicológica. Por tanto, se imponen estrate-
gias de intervención que tengan en consideración el factor humano y no solo la satisfacción
de necesidades inmediatas.






9


Las experiencias adquiridas durante los últimos años en el manejo de la salud mental en
situaciones de desastres y emergencias han sido enriquecedoras y han generado una gran
cantidad de iniciativas y acciones concretas.


Desde 1977 en que Brownstone y colaboradores propusieron que se concediera a los
aspectos de salud mental la misma importancia que se brindaba a la atención física de víc-
timas y sobrevivientes de los desastres, se ha avanzado progresivamente. Después de las
catástrofes de México y Colombia en 1985, "los aspectos psicológicos en situaciones de
emergencias han venido a ocupar el lugar adecuado"(52).


Se ha reconocido y aceptado que en situaciones de desastres naturales y emergencias
no sólo se producen muertes, enfermedades físicas y pérdidas económicas, sino también
una seria afectación en el estado de salud mental de la población. El impacto psicosocial de
un desastre es el resultado de varios factores que necesitan ser considerados apropiada-
mente: la causa y características del evento, la implicación del individuo y el tipo de pérdi-
das. Así mismo, en países muy afectados se requerirá de un monitoreo continuo para deter-
minar la repercusión a mediano y largo plazo.


Anteriormente, la respuesta ante los eventos críticos era visualizada desde un modelo
biomédico con énfasis en la identificación de síntomas, medicación y hospitalización. En la
medida en que el paradigma de la atención sanitaria a los desastres ha evolucionado, los
problemas de salud mental se abordan de manera mas integral y comunitaria.


Paralelamente, se ha producido una evolución de la comprensión y abordaje de la salud
mental en Latinoamérica. Especialmente en la década de los 90, se planteó colocar el tema
en un nivel de prioridad en las agendas de gobierno, así como el desarrollo de programas
nacionales de salud mental.


La Declaración de Caracas (1991) y posteriores Resoluciones del Consejo Directivo de la
OPS (1997 y 2001) enfatizan el desarrollo de servicios de salud mental de bases comuni-
tarias y descentralizados. Consecuentemente, el hospital psiquiátrico deja de ser el eje de las
acciones de atención en salud mental.


La reestructuración o reorientacion de los servicios psiquiátricos, unido a la inserción del
componente psicosocial en la atención primaria en salud, ha permitido cambiar los esque-
mas de trabajo en muchos países de la región y hace posible que ante situaciones de desas-
tres u otras emergencias estén en mejores condiciones de afrontar los desafíos existentes.


A continuación resumimos las principales tendencias en los campos de la salud mental
y las emergencias que sustentan, en gran medida, los enfoques de este manual.


CAPÍTULO II
LECCIONES APRENDIDAS




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


2.1 Preparativos del sector salud para la protección de la salud
mental en situaciones de desastres y emergencias


Durante la década de los años 70 y hasta 1985 (cuando ocurren los desastres de México
y Armero), el tema de la salud mental era poco reconocido y carente de importancia en
situaciones de desastres. No existían prácticamente estrategias de intervención en esta área.


Sin embargo, progresivamente, resultaba evidente el cuestionamiento a los marcos teóri-
cos y metodológicos tradicionales en el abordaje de los problemas de salud mental. Se abrió
así la posibilidad de pensar en nuevas alternativas de intervención en situaciones de crisis
por desastres colectivos.


En México y Armero se realizaron estudios detallados para evaluar la morbilidad
psiquiátrica en condiciones de desastres, a la vez que se implementaron estrategias para el
manejo de la problemática de salud mental por los trabajadores de la red de atención pri-
maria (TAP). Se reconoció también la importancia del trabajo grupal y la utilización de espa-
cios comunitarios en las acciones.


Desastre de Armero en 1985 (52).


En Armero se evaluó la eficacia de los servicios que en salud mental podía brindar el tra-
bajador de atención primaria en salud (TAPS), dado que a raíz de la catástrofe fallecieron 37
profesionales y trabajadores de salud mental y quedó destruido el hospital psiquiátrico
regional donde se concentraban el 87% de las camas psiquiátricas del departamento de
Tolima. En consecuencia, quedó bien claro que al sector salud, en especial al nivel primario
de atención, le incumbía ipso facto hacerse cargo de la mayor parte de las necesidades
psiquiátricas, tanto de la demanda cotidiana, como de la generada por el desastre.


10


Salud Mental Emergencias


Desarrollo de programas nacionales de salud
Mental.


Inserción del componente psicosocial en la
APS.


Descentralización de los servicios de atención
psiquiátrica.


Desplazamiento del hospital psiquiátrico
como eje fundamental de la atención en


salud mental.


Evolución de un modelo de atención medica-
lizado y centrado en el daño, hacia otro inte-


gral y de base comunitaria.


Enfoque de gestión de riesgo, que significa
un abordaje preventivo dirigido a eliminar o


reducir la posibilidad de sufrir daños.


Desarrollo de planes y estructuras organizati-
vas en el sector salud para el manejo de los


desastres.


Asistencia sanitaria eficiente y compatible con
las necesidades de la población.


Reconocimiento del componente salud men-
tal como parte de la respuesta en situaciones


de emergencia.




L E C C I O N E S A P R E N D I D A S


11


Terremoto de la ciudad de México en 1985 (52).


La experiencia de México (1985) evidenció las limitaciones conceptuales para entender
los procesos individuales y colectivos de índole psicológica y se pudieron apreciar tres ten-
dencias fundamentales: (1) identificación de síntomas, a partir del manual de diagnóstico y
estadísticas norteamericano (DSM-III), en la categoría de estrés postraumático, (2)
reconocimiento de las limitaciones conceptuales y de abordaje terapéutico del psicoanálisis
para la comprensión de éste tipo de procesos psicosociales, (3) un nuevo paradigma que
aborda los síntomas como reacciones ante la catástrofe y se plantea la implementación de
espacios catárticos donde se reelaboran las experiencias y vivencias a nivel colectivo en el
seno de los grupos de autoapoyo; también se implementan nuevos espacios, como escue-
las y grupos comunitarios para la promoción de la salud mental.


Posteriormente, ya en la década de los 90, se observa claramente una perspectiva que
supera el criterio curativo asistencialista. Se reconoce la importancia del componente psi-
cosocial en las estrategias de intervención y se fortalece el concepto de gestión de riesgo,
también se desmedicaliza el problema para abordarlo mas desde la propia comunidad.


Las experiencias en diferentes países de Latinoamérica han permitido identificar algunos
problemas comunes en el área de la salud mental, como son:


Ausencia, en muchas ocasiones, de un programa nacional de salud mental; el tema
no está incluido en los planes de salud en situaciones de emergencia.


Dificultades de la población afectada para acceder a una atención especializada, ya
que la misma está concentrada en los hospitales psiquiátricos.


Pobre preparación de los trabajadores de atención primaria en salud, para el abor-
daje de los efectos psicosociales de los desastres.


Dificultades de coordinación entre instituciones gubernamentales, no gubernamen-
tales y organizaciones comunitarias.


Ha resultado evidente que los hospitales psiquiátricos, en situaciones de desastres y otras
emergencias, no resuelven las necesidades de salud mental de la población, por el con-
trario, la dificultan; se suma el estigma que tiene del "manicomio" y el estar alejados cultu-
ral y geográficamente del lugar donde están las personas que necesitan ayuda.


Las lecciones aprendidas apuntan hacia el desarrollo y/o fortalecimiento de un modelo
de atención de salud mental de base comunitaria, que permita brindar un servicio oportuno
de amplia cobertura, así como que integre y coordine los diferentes actores sociales impli-
cados en la atención de emergencia. La experiencia ha demostrado que el objetivo es acer-
car los servicios a la población afectada.


En los últimos años se ha impulsado notablemente la reorientación de los servicios
psiquiátricos, lo cual es un paso necesario e importante para lograr la continuidad y sosteni-
bilidad de las acciones que se desarrollan en las situaciones de emergencia.


También se requiere que los profesionales que participen en programas de emergencia
deben tener una formación mínima en la temática psicosocial.




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


El terremoto de El Salvador en enero de 2001 (9).


Las principales dificultades que se presentaron durante la primera semana fueron:
escasez de recursos calificados, falta de un programa de salud mental, inexistencia de un
equipo especializado en el nivel central, deficiencias de transporte para llegar a las zonas
afectadas y la falta de coordinación entre las instituciones. Esto determinó un insuficiente
apoyo a los departamentos del interior, no fue fácil dar cobertura a la población afectada
por no tener en las zonas de desastre grupos de acción inmediata.


Antes del sismo, el único lugar donde se brindaba el servicio de salud mental en el país
era el Hospital Nacional General y de Psiquiatría en San Salvador. El 98% de los recursos
humanos para la atención de la salud mental del país estaban concentrados en este hospital.


El evento constituyó un aprendizaje para los profesionales del Hospital Psiquiátrico quienes
reconocieron que se podían conseguir mejores resultados trabajando donde reside la
población y no esperando a que las víctimas vinieran al hospital. También se promovió la
creación de grupos de autoayuda, pero estos profesionales reconocieron su falta de prepara-
ción para esa labor.


Efectos del huracán Mitch en Nicaragua. El deslave en Casitas (35)(36).


Se encontró que no existía en el país un plan de salud mental ante situaciones de desas-
tres naturales, lo que ocasionó que muchas agencias y grupos proveyeran servicios a los
mismos clientes en la zona de los deslaves. Solo después de seis meses de la catástrofe, las
instituciones coordinaron para organizar y dividir la carga de la ayuda.


La asistencia en el campo de la salud mental consistió básicamente en el aporte de recur-
sos humanos especializados (psiquiatras, psicólogos y otros profesionales) ofrecidos por mas
de treinta organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. Posteriormente, el ser-
vicio de salud mental continuó durante dos años. En el año 2001, el programa de psiquia-
tría de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) en León todavía recibía
entre 60 y 100 casos semanales de estrés postraumático con origen en este evento natural.


En algunos países, el trabajo de salud mental desarrollado como parte de la atención a
los afectados en situaciones de emergencias ha contribuido a incrementar la conciencia de
las autoridades del Ministerio de Salud sobre los aspectos psicosociales de la asistencia sa-
nitaria, tanto en caso de desastres como en circunstancias habituales. También se ha evi-
denciado la necesidad de incluir el componente salud mental como parte de las políticas
nacionales en desarrollo, fortalecer la red de servicios y mejorar los procesos de coordi-
nación interinstitucionales.


Otra lección es que después de un desastre de gran envergadura, en especial en terre-
motos, se necesita proveer educación comunitaria y orientación con relación a la inseguri-
dad emocional causada por miedos ante nuevos desastres o réplicas.


Terremotos en El Salvador en 2001 (9).


Las características muy particulares de este evento (serie de sismos y réplicas constantes
en un corto tiempo) provocaron una reacción de la población semejante a la respuesta de
quien está sometido a una constante angustia, más que a la de una persona afectada por
un terremoto. La reacción de la población ante el primer sismo y los sucesivos fue diferente,
porque ya se había perdido la confianza a las explicaciones científicas y se comenzaron a
manejar creencias religiosas, designios divinos y mitos.


12




L E C C I O N E S A P R E N D I D A S


13


Al diseñar las estrategias de intervención deben tomarse en consideración los aspectos
socioculturales de la población, sus valores, tradiciones y costumbres, así como otras carac-
terísticas especificas acorde con grupos de edades, género, lugar de residencia, etc. Así
mismo, la vulnerabilidad psicosocial específica, con especial atención a las poblaciones en
nivel de pobreza extrema.


Debe fomentarse una participación activa de la comunidad en la identificación de sus
propios problemas y en los caminos para su satisfacción.


Terremotos en El Salvador en 2001 (9).


Este desastre produjo víctimas de diferentes estratos sociales de la población. La mayoría
de las víctimas fatales del primer sismo (enero) eran habitantes de la clase media de la colo-
nia Las Colinas en Santa Tecla; en el segundo (febrero), la mayor parte de los afectados
pertenecía a poblaciones campesinas de muy bajos recursos de la región central del país.
Un número importante de campesinos indígenas sufrió daños considerables en sus tierras
por la pérdida de animales y la destrucción de sistemas de riego, casas y vías de acceso.
Estas poblaciones tienen hábitos y costumbres muy diferentes a otras comunidades afec-
tadas, por lo que requerían de abordajes de salud mental especiales acorde a sus carac-
terísticas psicosociales. Sin embargo, estas diferencias no fueron tomadas en cuenta.


Proveer asistencia directa en albergues, escuelas y otros sitios comunitarios parece ser
una estrategia imprescindible, lo que permite identificar tempranamente los problemas psi-
cosociales y actuar activamente, no limitando el papel del sector salud a la recepción pasi-
va de la demanda.


No obstante, el albergue debe ser considerado una alternativa de último recurso, la
experiencia ha demostrado que las poblaciones albergadas durante periodos de tiempo
prolongado sufren de mayores problemas psicosociales de diversa índole.


Efectos del huracán Mitch en Nicaragua. El deslave en Casitas (35)(36).


La respuesta inmediata fue abrir albergues para los sobrevivientes del deslave. Los servi-
cios de salud mental se enfocaron en tres vertientes: a) identificar a los supervivientes y
proveerles intervención en crisis, b) identificar a aquellos que estaban descompensados
(porque habían sufrido pérdidas personales) y no respondían a la ayuda psicológica inicial,
para ser referidos a los centros de salud y c) proveer asistencia directa en albergues, escue-
las y centros comunitarios.


Las agencias suministraron ayuda focalizada en las personas que perdieron sus hogares
y fueron ubicados en albergues temporales. Sin embargo, se demostró que toda la
población fue traumatizada de una forma u otra por tanto las intervenciones debían ser
dirigidas al conjunto de la comunidad.


La mayoría de los sobrevivientes fueron tratados -por el gobierno y las agencias- como
víctimas, creando una segunda victimización y un sentimiento de dependencia con relación
a las instituciones. También los prestadores de servicios se vieron sobrepasados e impotentes
ante la situación. El modelo que funcionó positivamente fue el de implicar a la comunidad
en su propio proceso de recuperación con proyectos de siembra y construcción.




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


Se ha puesto en evidencia que la vigilancia y atención de la salud mental en los menores
de edad afectados por desastres es de gran importancia para su futuro desarrollo psicoso-
cial. Uno de los retos en la atención a la infancia ha sido promover un cambio del enfoque
psicológico tradicional hacia lo comunitario, privilegiando lo grupal frente a lo individual.


La estrategia de abordaje debe estar relacionada, fundamentalmente, con el diario vivir
de los niños y niñas afectados. Con los menores se busca facilitar la expresión de sen-
timientos, la redefinición de hechos traumáticos y la elaboración de duelos afectivos o físi-
cos de manera que permitan al niño construir nuevas posturas frente a la realidad.


La vigilancia y atención de la salud mental en los menores de edad debe tener en con-
sideración las diferencias de sexo y de edad; por ejemplo, un pequeño de seis años es pro-
bable que se niegue a ir a la escuela, mientras un adolescente reaccione con manifesta-
ciones agresivas. La escuela ha probado ser un excelente escenario para el desarrollo de
acciones de salud mental con los menores y sus familias.


No hay que temer involucrar en el trabajo de atención psicosocial a adolescentes que
también sufrieron la violencia. Algunos jóvenes voluntarios de las comunidades pueden ser
seleccionados aunque estén afectados, ya que el método niño a niño permite que se ayu-
den a sí mismos a través de la aplicación de la metodología.


Terremotos en El Salvador en 2001 (9).


La Ministra de Educación anunció en la prensa nacional que se implementaría "un pro-
grama de salud mental en las escuelas para devolver la tranquilidad a los alumnos."
"Muchos pequeños, obligados por el dolor y la angustia de sus familias, tratan de reprimir
lo que sienten".


Atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (A.M.I.A.)
en julio de 1994.


Varias escuelas de la zona del desastre solicitaron orientación al Hospital de Clínicas a
través de sus docentes y directivos. Previo a la intervención, se encuestaron mil alumnos de
nivel primario y secundario y doscientos maestros en las nueve escuelas en las que se actuó;
los resultados de las mismas permitieron identificar las reacciones predominantes.


Se coordinaron grupos de reflexión a distintos niveles (directivos, docentes, alumnos y
padres). También se trabajó en las escuelas con los profesionales de los equipos psicope-
dagógicos para dar continuidad a la labor con los recursos propios de las instituciones.


Sólo se derivaron para su asistencia clínica aquellos casos que por la intensidad o carac-
terísticas de las reacciones psicológicas, la contención en el marco de la escuela resultaba
insuficiente.


Fuente. Comunicación personal de la licenciada Claudia Gómez Prieto (Buenos Aires, Argentina).


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L E C C I O N E S A P R E N D I D A S


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Retorno de la alegría (UNICEF, Colombia) (37).


En esta experiencia se logró trabajar de forma integral en los componentes de edu-
cación y atención primaria en salud, es decir abordando la población infantil, los padres de
familia, las instituciones escolares, los trabajadores de salud y la comunidad visualizándolos
como un sistema de relaciones interactuantes que convergen en un mismo contexto.


Para el trabajo lúdico y expresivo, los niños son distribuidos según grupos de edades ani-
mándolos a jugar abiertamente, aprovechando los ambientes alternativos del entorno. Se
ayuda al niño a proyectarse a través de dibujos, escritos, dramatizaciones, títeres y cuentos
para que logre descargar sus emociones. El "Maletín Terapéutico o Mochila de los Sueños"
contenía algunos recursos para promover la expresión y el juego.


Para facilitar el proceso se vincularon, de manera voluntaria, jóvenes de ambos sexos
entre 14 y 20 años de edad, de preferencia miembros de grupos juveniles organizados. El
grupo de jóvenes se capacitó para potencializar la eficacia de su intervención, que además
de habilitarlos para ayudar, los forma a sí mismos en educación para la vida y práctica de
valores.


También se capacitaron grupos de apoyo de adultos de la comunidad para observar y
registrar las afectaciones que presentaban los niños, construyendo la línea de base.


La organización de talleres, charlas educativas y conversatorios con padres de familia ha
dado cabida a cuestionamientos referentes a patrones de crianza y sus sistemas relacionales,
permitiendo que estos tomen conciencia en prevenir y/o disminuir el maltrato intrafamiliar.


Se vinculó un psicólogo para acompañar el proceso. La metodología del "Retorno de la
Alegría" ha permitido atender 115.901 niños y niñas en Colombia, desde 1996 hasta el
2000.


En las estrategias de abordaje psicosocial, parece que no hay grandes diferencias entre
lo que se hace en los desastres naturales y las actuaciones en casos de conflictos armados
y desplazamientos poblacionales o lo que se denomina como emergencia compleja.


Algunas experiencias exitosas, que han probado su validez, en situaciones de conflictos
armados son:


No separar a las víctimas del resto de la comunidad para su atención. Deben desa-
rrollarse servicios de base comunitaria que cubran las necesidades de todos, lo cual
no excluye que personas con mayor riesgo puedan recibir una atención priorizada.
En conflictos armados de larga duración se ha demostrado que toda la población, en
mayor o menor medida, ha sufrido y experimentado tensiones y angustias.


Incremento, descentralización y fortalecimiento de los servicios públicos de salud
mental en los territorios más afectados por el conflicto.


Identificación, en el ámbito local, de los problemas psicosociales de la población. En
Guatemala, una experiencia importante fue incorporar al trabajo, con la cooperación
de facilitadores indígenas, los elementos propios de la cultura local.


El acompañamiento humano de carácter grupal en momentos significativos, como las
exhumaciones, es una estrategia de abordaje comunitario que complementa las inter-
venciones clínicas o de otro tipo. Resulta importante el manejo de la muerte dentro
del contexto de las tradiciones y costumbres de la comunidad.




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Atención psicosocial priorizada a niños, niñas y jóvenes utilizando como estrategia de
intervención la escuela. Los menores son especialmente vulnerables en situaciones de
conflictos armados y sociales y, en muchas ocasiones, son implicados como actores
directos (guerrilleros o soldados).


Desarrollo de actividades educativas a grupos comunitarios, con especial dedicación
a la problemática por la que están atravesando.


Son de especial significado las medidas tendientes a institucionalizar las acciones den-
tro del sector salud, con una visión de mediano y largo plazo. Se ha demostrado que
los efectos psicosociales de los conflictos armados afectan a varias generaciones.


Guatemala: atención y recuperación en salud mental
después de un conflicto armado de 36 años de duración (42).


En Guatemala, los problemas relacionados con la salud mental son múltiples y comple-
jos. Están agravados por el conflicto armado que vivió el país por más de tres décadas, la
existencia de conductas violentas, pobreza, desarraigo y discriminación. El saldo en muer-
tos y desaparecidos del enfrentamiento fratricida llegó a más de 200.000 personas; también
se logró documentar una cifra de 669 masacres. Las estimaciones sobre el número de
desplazados internos y refugiados en otros países van desde 500 mil hasta un millón y
medio.


La población indígena fue forzada a vivir, algunas veces, lejos de su lugar de origen y
en comunidades donde coexistían varios grupos étnicos y bajo el control militar. Se consi-
dera que se causaron serios disturbios en la estructura de vida tradicional y familiar. Casi
todos los niños de las regiones más afectadas por el conflicto armado han vivido en una
"cultura del miedo".


Hasta 1997, en Guatemala los servicios de salud mental eran inexistentes en el interior
del país. En ese año -posterior a la firma de los Acuerdos de Paz, diciembre de 1996- el
Ministerio de Salud Pública, con la cooperación técnica de la OPS, elaboró y comenzó la
implementación de un programa de salud mental, focalizado especialmente a la atención y
recuperación psicosocial de las poblaciones que habían sido afectadas por el conflicto arma-
do. Este plan ha desbordado los límites de la atención psiquiátrica/psicológica especializada
y se sustenta en un enfoque amplio e integral de los factores psicosociales de la salud
humana.


Actualmente, se han desarrollado unidades de salud mental en 17 departamentos (de
un total de 26 áreas de salud) y 16 centros de salud de la capital. Así mismo, se ha trabaja-
do intensamente en estos años en la capacitación a trabajadores de atención primaria en
salud, maestros y líderes comunitarios. También se desarrolló un "Módulo de atención psi-
cosocial para niños en edad escolar" que incluye un manual instructivo para el trabajo y
algunos recursos para el desarrollo de actividades lúdicas y expresivas en las escuelas.


Las fuerzas militares también han realizado aportes valiosos para la intervención en situa-
ciones críticas, en especial en condiciones de guerra. Muchas de las conclusiones a las que
han arribado y la filosofía de trabajo asumida pueden transferirse a la población civil y a las
actuaciones en situaciones de desastres.


16




L E C C I O N E S A P R E N D I D A S


17


La experiencia de las Fuerzas Armadas Norteamericanas (16).


La experiencia militar ha demostrado que cuando el ser humano es expuesto a eventos
de tipo catastrófico como las guerras, se desarrollan síntomas físicos y psicológicos que al
no ser atendidos debidamente, pueden convertirse en trastornos psiquiátricos severos.


En las fuerzas militares americanas se ha establecido un sistema de prevención e inter-
vención en el estrés traumático y fatiga de combate que ha sido muy efectivo. Entre los fac-
tores que han sido identificados resaltan la cohesión del grupo como elemento protector en
contra de la fatiga de combate. Por ejemplo, unidades como los paracaidistas o fuerzas
especiales tienden a tener un numero menor de afectados que las fuerzas regulares. La
intensidad y duración del combate es asimismo un elemento clave; mientras más intenso y
duradero sea el combate más probable será el desarrollo de síntomas dentro de las tropas.
También la personalidad del individuo y su habilidad para tolerar el estrés y el acceso a
ayuda inmediata minimizan, significativamente, los efectos del estrés traumático.


Se ha establecido que si la intervención se hace próxima al lugar de combate, inmedia-
tamente después del evento traumático y con una expectativa de recuperación total, mas
del 75% de los afectados se recuperan y pueden regresar a sus puestos.


El método utilizado implica el uso de equipos especiales de "debriefing" que desarrollan
su trabajo usando técnicas de terapia de grupo estructuradas y de tiempo limitado.


Dentro de la prevención se incluye la adecuada selección del personal, información y
educación, práctica regular de situaciones de desastre y énfasis en cohesión y liderazgo.


Las lecciones aprendidas nos aportan también algunas pautas generales para la inter-
vención:


1. Esforzarse por proveer ayuda inmediata a los afectados.


2. Establecer conciencia de la necesidad de contextos seguros.


3. Enfatizar en el retorno a la "normalidad" lo mas pronto posible, evitando la re-victimi-
zación y favoreciendo un ambiente propicio para la intervención psicológica.


4. Establecer equipos de intervención interdisciplinarios y formados con elementos
autóctonos, bien entrenados y obviamente familiarizados con la cultura local. Estos
equipos pudieran ser provistos de los recursos necesarios para trasladarse a diversas
áreas y ser autosuficientes.


2.2 Manifestaciones psicosociales mas frecuentes en los
desastres naturales y conflictos sociales


En el campo de la sicología y la psiquiatría, la teoría de la crisis ofreció un marco con-
ceptual que permite ubicar las reacciones psicológicas como respuestas normales ante situa-
ciones críticas, facilitando así un abordaje sistémico, multidimensional y en el contexto socio
cultural. En la década de los 80, el modelo demostró ser útil para diseñar una atención prag-
mática e integradora, con posibilidades reales de implementación. Sin embargo, este
enfoque aún debe ser ampliado para una adecuada comprensión de los procesos psicoso-
ciales en situaciones de emergencias.


Los problemas psicosociales implicados en las emergencias requieren de una profunda
discusión e investigación. Kohn (19) ha expuesto de manera crítica el estado actual de las
investigaciones epidemiológicas en los desastres: "aunque existen excepciones, pocos




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


tienen muestras grandes y representativas, grupos de comparación, medidas de resultados
sistemáticas y fiables, análisis multivariados de los efectos de la exposición, inclusión de fac-
tores de riesgo conocidos y modificaciones de los trastornos bajo estudio".


Resulta evidente que los trastornos depresivos y ansiosos, cuadros de estrés agudo y el
consumo excesivo de alcohol son los problemas que comúnmente se citan en la fase aguda
de los desastres.


La recuperación puede ser obstaculizada por los estresores secundarios, incluida la
pobreza y la exposición a la violencia. Los individuos sujetos a un estrés secundario quizás
sean más vulnerables y mantengan índices mayores de estrés postraumático, depresión, dis-
capacidad y malestar psicológico. Aquellos individuos en riesgo y los factores que pueden
mediar necesitan identificarse para que puedan implementarse los servicios e intervenciones
adecuadas.


A continuación se muestran dos ejemplos de investigaciones recientes, auspiciadas por
la OPS en la región, donde se analizan las manifestaciones psicosociales predominantes. La
primera, es un estudio de prevalencia de trastornos psíquicos en el periodo inmediato pos-
terior al huracán Mitch en Honduras.


La segunda, es una investigación de tipo cualitativo donde se realizó una descripción de
la dinámica psicosocial de poblaciones que fueron afectadas por un conflicto armado inter-
no de mas de tres décadas de duración en Guatemala.


Manifestaciones psicosociales en el periodo posterior al huracán Mitch. Resultados
de una investigación de la población adulta en Tegucigalpa, Honduras.
(Organización Panamericana de la Salud / 1998-1999) (19)(23)


El episodio depresivo mayor estuvo presente en un 19,5% de la población. Las zonas de
alta exposición tenían una tasa de un 24,2%, contra un 14,2% en los barrios menos
expuestos.


La presencia de estrés postraumático (EPT) se encontró en un 10,6% de la población; en
el 7,9% del grupo de baja exposición y el 13,4% de la muestra sumamente expuesta. Sin
embargo, la tasa de síntomas de EPT relacionados con el huracán fue mucho mayor (23,0%)
cuando se excluyeron los criterios de duración y discapacidad. La tasa de comorbilidad (EPT
y episodio depresivo mayor) fue de un 6.9%; un 8.9% en el grupo de alta exposición y 4,9%
en el grupo de baja exposición.


Los problemas relacionados con el alcohol se elevaron significativamente en el grupo de
bajo estrato socioeconómico y alta exposición que vivía en albergues.


Factores de riesgo: La exposición alta, género femenino, estrato socioeconómico bajo,
divorciado, separado o viudo, bajo nivel educativo y haber tenido "problemas previos con
los nervios" fueron factores significativos de riesgo para la morbilidad.


Patrones de búsqueda de atención: Un 26,5% de la muestra consultó los servicios
de salud después de huracán Mitch. El 8,9% de la muestra informó que consultó con
alguien o solicitó ayuda después del huracán por los "problemas con los nervios". Las
mujeres fueron a los servicios de salud en una tasa mayor que los hombres y más a menudo
buscaron ayuda para los "problemas con los nervios".


Exposición a la violencia: La exposición a la violencia después del huracán ocurrió en,
aproximadamente, un tercio de la muestra, y un 6,2% informaron haber sido asaltados ellos
mismos. El 7% de los entrevistados admitieron perpetrar actos de la violencia. Los más
pobres fueron los más afectados.


18




L E C C I O N E S A P R E N D I D A S


19


Manifestaciones psicosociales de la población afectada por la guerra en
Guatemala. Estudio cualitativo realizado en el Quiché y Alta Verapaz, 1998.


(Organización Panamericana de la Salud, 1998) (41)


Algunos de los resultados más significativos son:


Los problemas de salud mental –según la opinión mayoritaria– aparecieron o se incre-
mentaron durante y después del conflicto armado de 36 años.


Hoy, a la mayoría de las personas -especialmente en las zonas rurales e indígenas– los
invade una sensación de frustración y desesperanza.


Los problemas más frecuentes de salud mental en niños fueron: ansiedad, depresión,
irritabilidad, agresividad, timidez y aislamiento, problemas de conducta, conflictos con
la autoridad, trastornos del sueño y enuresis. En jóvenes de zonas rurales se observa
un incremento de las adicciones, en especial alcohol y tabaco, también, aunque a
pequeña escala, otras adicciones como inhalar pegamento o gasolina. La conducta
suicida en jóvenes es un hecho relativamente novedoso que se presentó en Nebaj.


Durante el conflicto armado se trastornó la vida de las familias y se produjo una gran
desconfianza entre las personas, la comunicación era pobre y había mucho miedo o
temor. Las personas vieron o experimentaron situaciones traumáticas como muertes,
violencia, torturas, masacres, desapariciones, etc. La gente se empobreció más y
perdieron su pequeño patrimonio. Apareció el fenómeno de proliferación de sectas
religiosas (fundamentalmente evangélicas) en detrimento de las prácticas tradi-
cionales (mayas) y de la propia religión católica. Se descuidó la naturaleza, que inclu-
so, como consecuencia de la guerra, se destruía.


Se afirma que después del conflicto armado se han perdido muchas tradiciones y va-
lores culturales propios del indígena guatemalteco, los "ancianos no pudieron trans-
mitir su cultura". Se considera perniciosa la influencia de las "costumbres de la capital"
y la influencia de los medios de comunicación masivos. Hoy predomina el individua-
lismo, en lugar de la solidaridad humana y muchos creen que tantas religiones han
contribuido a dividir la población. Otros, por el contrario, insisten en la necesidad de
recurrir a la "Palabra de Dios" para enfrentar la problemática social actual. Se sostiene
que hay muchas personas que aún tienen desconfianza y temor a hablar.


En lo referente a los mecanismos de afrontamiento, se destaca que antes y durante
el conflicto armado lo fundamental era la ayuda espiritual o religiosa y de familiares o
amigos. Los mecanismos actuales dependen menos de las costumbres y tradiciones.




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


2.3 Mitos y realidades


20


M i t o R e a l i d a d


Los problemas psicosociales en los desastres y
otras emergencias son poco frecuentes y su
impacto es reducido.


Se requiere de personal y servicios especializados,
como condición indispensable para afrontar la
problemática de salud mental.


Los hospitales son los más importantes centros de
salud para atender los trastornos psíquicos.
Estigma y aislamiento social: "los enfermos men-
tales deben ser aislados u hospitalizados".


Los trastornos psíquicos tienen una evolución
deteriorante y la eficacia de los medios terapéuti-
cos es muy reducida.


La frecuencia de psicosis (locura) se incrementa
durante los desastres.


Los trastornos psíquicos no son previsibles


El trastorno por estrés postraumático es la afección
psíquica más frecuente en los desastres y otras
emergencias.


En situaciones de emergencias son frecuentes los
estados colectivos de pánico.
La atención en salud mental -durante los desastres
y otras emergencias– requiere de suministros adi-
cionales de medicamentos (psicofármacos).


La violencia y la agresividad no son frecuentes en
los albergues.


La atención en salud mental debe ser reservada a
personal calificado del país, que conoce el idioma,
la cultura e idiosincrasia de la población.


La ubicación de los damnificados y víctimas en
albergues o asentamientos temporales es una
alternativa de primer orden.
La población afectada está tan indefensa y con-
mocionada que no puede asumir la responsabili-
dad por su supervivencia.


En situaciones de desastres naturales y emergencias
se genera una importante problemática psicosocial,
en especial entre la población que fue más damnifi-
cada o afectada. Esto incluye el incremento de la
morbilidad psiquiátrica.
La principal estrategia es el fortalecimiento y capa-
citación de la red de APS, agentes comunitarios y
voluntarios que son la primera línea de contacto
con la población; se eleva así su nivel de resolutivi-
dad.
La APS es el eje fundamental en que el sector salud
debe abordar la problemática de salud mental.
Los trastornos psíquicos abarcan una amplia gama
de problemas, desde emocionales ligeros hasta se-
veras demencias. Sin embargo, la mayoría de ellos
pueden ser atendidos ambulatoriamente en la
propia comunidad, tienen buen pronóstico y se
recomienda como la principal medida de rehabi-
litación la reincorporación a la vida cotidiana.
El desarrollo actual de las ciencias de la conducta
permiten disponer de múltiples tecnologías de
intervención (medicamentosas, psicoterapeúticas,
sociales, etc.).
La mayoría de los estudios epidemiológicos realiza-
dos no han encontrado un aumento significativo
de las psicosis en situaciones de desastres, excepto
la descompensación de trastornos preexistentes.
Existen medidas educativas y otras que pueden
reducir el riesgo de padecer trastornos psíquicos y
fortalecer los mecanismos de afrontamiento indivi--
dual y social.
El estrés postraumático es uno de los cuadros que
puede observarse en el periodo postcrítico. Pero
una gran proporción de los cuadros que encon-
tramos son depresivos, ansiosos o de otra índole.
El pánico colectivo es poco frecuente y aparece
solo en determinadas circunstancias.
La estrategia de abordaje de la salud mental en los
desastres no está centrada en la terapia individual
con uso de psicofármacos, aunque esto no excluye
que algunos casos requieran de medicamentos.
La mayoría de los estudios reflejan un incremento
de las conductas violentas y el uso excesivo o
abuso de alcohol u otras sustancias psicoactivas.
Es una verdad parcial. Por lo general, en los países
hay recursos calificados que pueden ser moviliza-
dos y tienen la ventaja del conocimiento local.
Debe evaluarse cuidadosamente las necesidades
reales de personal especializado del exterior.
Es la peor opción.


Muchas personas están dispuestas ayudar y actúan
de forma generosa. La autoresponsabilidad y la
participación social son principios básicos para la
recuperación psicosocial.




21


3.1 Reacciones no patológicas ante eventos traumáticos en
personas adultas


Ante una situación anormal -como los desastres- ciertos sentimientos y reacciones son
frecuentes. Puede ser que algunas de esas emociones no se hayan experimentado anterior-
mente, cada persona es diferente y puede responder de distinta manera en ciertos momen-
tos.


También es claro que la exposición a eventos traumáticos debe producir un mayor nivel
de tensión y angustia en las personas, así como que el recuerdo de lo sucedido será parte
de la vida de las víctimas y no se borrará de su memoria. Pero se ha demostrado que sólo
algunos sujetos experimentarán problemas más serios o duraderos que podrán calificarse
como psicopatología. La gran mayoría no sufre en ese momento de ninguna enfermedad
mental, sólo están experimentando reacciones esperadas ante un suceso vital significativo.


Sin embargo, las respuestas institucionales más frecuentes están basadas en la atención
psiquiátrica individual y sirven sólo a un número muy reducido de las personas afectadas.
Se ha demostrado que si existe una rápida y adecuada intervención psicosocial estas reac-
ciones pueden disminuir y los sujetos volver al funcionamiento normal.


Compartiendo experiencias
(Testimonio de una religiosa que trabaja en el Caquetá, Colombia).


Se presiente la situación por el silencio de una comunidad donde la gente teme hablar
porque la vida corre peligro de muerte. Siento un pánico terrible a las balas, así como yo lo
digo es como la gente también le teme. De la noche a la mañana, desaparece un miembro
de la comunidad y tiene que desplazarse del pueblo a otro lugar por temor a ser asesinado
o secuestrado. A mí y a personas muy amigas nos ha tocado presenciar el dolor del secues-
tro. La vida allí parece no tener valor, asesinan niños, jóvenes, mujeres, ancianos. Ocurren
asesinatos donde de una vez desaparecen el esposo y la esposa, dejando hijos. Si alguna
de las fuerzas que operan en la región frecuentan una tienda o familia, éstos están
expuestos a la muerte o a abandonar su sitio de trabajo, por las amenazas de los "otros".


Los retenes son muy comunes, organizados por los grupos insurgentes, paramilitares o
guerrilla. En mi experiencia me encontré en un retén con esta gente. Nos dijeron, estamos
en un paro armado. Y, yo le conteste, ustedes no avisaron. No, esto no estaba avisado. Fue
una sorpresa. Pero déjenme que me voy con los muchachos al taller para Florencia. Pensé
y dije manos a la paz. Bájense, me contestaron. ¿Y hasta cuándo? Quién sabe, dijeron.
Déjenme volver para mi pueblo. No, ustedes se quedan.


Nos bajamos del carro con los jóvenes y empezaron a llegar mas carros, tanto de ida
para el pueblo como de regreso hacia Florencia. Yo pensaba, ¡ay! Dios mío, nos tiene que
salvar tres personas muy importantes Jesús, María y el nombre de su santo. Esto tiene que
salir de acá, y empecé a rezar en silencio, me fui a una casita y empecé a escuchar los
comentarios de las dificultades de la gente, pero nadie hablaba sobre lo que estaba ocur-
riendo, los conductores conversaban, se reían, comían. Como a las tres horas, hicieron des-
ocupar un camión y se fueron con el conductor, eso es para reforzar mas personal y se va
a poner más caliente más tarde. Luego, cogieron a unos conductores de taxi y también se


CAPÍTULO III
MANIFESTACIONES PSICOSOCIALES


Y PAUTAS GENERALES DE ACTUACIÓN




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los llevaron. En ese retén había personas de todos los gremios, maestros, médicos, jueces,
ganaderos, comerciantes, campesinos. Solo pensábamos en una pesca milagrosa en ese
momento. Como a las seis horas, empezó el fuego entre militares e insurgentes. Todas las
personas que estuvimos allí, nos metimos en unas casitas, otras bajo los carros. Se escucha-
ba el estallido de morteros, granadas, metralletas, lo que generó un gran pánico entre las
personas. Por fin, lograron evacuarnos del lugar de los civiles y continuó el fuego entre ellos.
Como resultado, hubo carros dañados, muertos y heridos. Luego regresamos para entregar
a los muchachos. Nadie comentaba NADA. Entre estas personas había niños de brazos,
jóvenes. Cuando nos cogieron con las balas, veíamos a niños pálidos de miedo corriendo.


Después que regresamos siguieron los combates y hubo muertos. A los tres días, un líder
de esa pequeña comunidad donde fue el retén, comunicó al ejército de un cadáver que
estaba en estado de descomposición. El grupo insurgente inmediatamente amenazó a esta
persona que salió unos días del lugar, luego regresó, pero este hecho le costó la vida, junto
con otra señora. Los enterramos la semana pasada.


Después de eso han seguido los retenes en la carretera, bajando gente de los carros y
los asesinan, se llevan a los taxis junto con los conductores hacia los cerros. Hace poco hubo
otro paro armado, voladuras de puentes y la gente con mucho miedo.


También nos toco dos horas de pura reventada de cilindros, metralletas en la mañana.
Todas las personas corrieron a resguardarse, nadie salía, silencio absoluto.


Yo vivo todo esto junto con la gente, con temor, pero con esperanza de que algún día
encontremos caminos de paz. Se conversa mucho con las personas, dando esperanza,
acompañando en el dolor, pensando que nadie tiene derecho a quitarle la vida a otro.


Mataron al alcalde y eso fue una cosa que no tiene nombre. La gente se volcó y ofrecía
el dolor por la paz. Guardemos la esperanza de que algún día esto cambie. Lo que uno ve
cotidianamente es miedo y pánico. A raíz de lo que me toco vivir en la carretera, cogí
fuerzas y pienso que vuelve eso al oír las balas. Esa fuerza me da esperanza, me ha fortale-
cido mucho y me ha servido para sentir lo que siente mi pueblo, a vivir esa realidad. Ahí va
caminando uno, con la esperanza. El pueblo es de fe y se siente el dolor, se acompaña y se
ora mucho.


No hemos tenido un desastre grave en el pueblo porque oramos de verdad y eso es
parte de un legado cultural. Mi entidad como persona religiosa me fortalece cada día y me
ayuda a encontrar sentido a la vida. Cuando salgo por la mañana, no sé que me va a pasar,
pero sigue la esperanza.


El relato de la hermana es un vívido ejemplo de una cultura del miedo. También la
exposición prolongada en conflictos armados, en un contexto de pobreza, favorece la apari-
ción de numerosas manifestaciones psicosociales en una gran parte de la población
(Informe de Recuperación de la Memoria Histórica de Guatemala, REHMI) (41).


Las personas expuestas a situaciones tales como daño físico, haber quedado atrapado,
haber observado la destrucción en la comunidad, ser arrastrado por corrientes de agua, ser
testigo de muertes, sufrir grandes perdidas, etc., pueden experimentar sentimientos, ideas
y sensaciones corporales como miedo, angustia, pena, aflicción, tristeza, desesperanza, etc.


En el caso de las catástrofes, el miedo no es tanto un clima emocional, cuanto una reac-
ción colectiva episódica, pero la gente tiene que aprender a manejarla. Además, la proba-
bilidad que el hecho se repita, generalmente, produce mas temor en los sobrevivientes (7).


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M A N I F E S TA C I O N E S P S I C O S O C I A L E S Y PA U TA S G E N E R A L E S D E A C T U A C I Ó N


23


Cada persona vive y le da un significado diferente a las experiencias por la que ha atrave-
sado. Patrones sociales y culturales determinan que los hombres y mujeres reaccionen de
manera diferente; los hombres tienden a reprimir y guardar las emociones dolorosas así
como sus sentimientos de angustia y miedo, les resulta difícil hablar y hacerlo lo interpretan
como una debilidad; las mujeres tienden a comunicarse mas fácilmente, a expresar sus
temores y ansiedades, así como buscar apoyo y comprensión para sí misma y sus hijos.


Es necesario tener en cuenta las características propias del adulto mayor. En algunas cul-
turas los ancianos son fuente de experiencia y sabiduría y son la memoria histórica de como
las poblaciones, a lo largo del tiempo, han afrontado situaciones criticas; poseen un senti-
do de identidad, arraigo, así como de pertenencia y preservación de la cultura. Suelen ser
un eje unificador al interior de la familia y la comunidad. Son personas que tienen
conocimientos sobre métodos tradicionales de curación, apoyan, contienen y dan seguri-
dad a los niños. Los ancianos transmiten experiencias a través de historias, cuentos y can-
ciones; estas generalmente llevan un mensaje positivo de afrontamiento de las situaciones
difíciles.


Sin embargo, las experiencias de trabajo con adultos mayores también ponen de mani-
fiesto aspectos de exclusión; algunos se encuentran aislados, carecen de redes de apoyo,
son percibidos como una carga para sus familiares, no son tomados en cuenta como fac-
tores activos y productivos, se les mantiene desinformados para no "preocuparlos o angus-
tiarlos" y se toman decisiones sobre sus vidas y pertenencias, sin consultarlos.


La mayorí presentan problemas de salud o discapacidades (físicas y/o psíquicas) a las
cuales no se les concede, en ocasiones, importancia. También se hace más evidente el dete-
rioro de sus habilidades físicas y mentales. Como factor de riesgo psicosocial adicional se
puede citar que han sufrido pérdidas previas de personas significativas.


Todo estas consideraciones hacen más complejas y difíciles las manifestaciones psicoso-
ciales que presentan los ancianos como consecuencia de un desastre, y numerosos factores
deben ser tomados en cuenta en el abordaje de este grupo poblacional especifico.


Es necesario que las experiencias traumáticas, así como las pérdidas y el duelo adquie-
ran diferentes formas de expresión, según la cultura. Los conceptos predominantes sobre la
vida y la muerte y la ejecución de los ritos de despedida de los seres queridos adquieren re-
levancia en los procesos de aceptación y reelaboración de lo sucedido.


Las manifestaciones que describimos pueden ser solo la expresión de una respuesta
comprensible ante las experiencias traumáticas vividas, pero también pueden ser indi-
cadores de que se está pasando hacia una condición patológica. La valoración debe ha-
cerse en el contexto de los hechos y las vivencias, determinando si se pueden interpretar
como respuestas "normales o esperadas" o por el contrario, pueden identificarse como ma-
nifestaciones psicopatológicas que requieren un abordaje profesional.


Algunos criterios para determinar que una expresión emocional se esta convirtiendo en
sintomática son:


Prolongación en el tiempo.
Sufrimiento intenso.
Complicaciones asociadas (ejemplo, una conducta suicida).
Afectación del funcionamiento social y cotidiano de la persona.




Guatemala: Informe de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) (41).


Se recopilaron datos sobre reacciones psicosociales en el momento de los hechos. "Las
personas que dieron sus testimonios describieron como problemas más importantes el
miedo (31%) y la tristeza (29%) como efectos de las pérdidas y la violencia. También se
refieren al hambre y sufrimiento extremo (21%), profundos sentimientos de injusticia por las
muertes (15,4%) y enfermedades psicomáticas (15%)".


"Luego, los sobrevivientes describen que la violencia les produjo mucha impotencia
(12,5%), perspectivas negativas hacia el futuro (8,1%) y un duelo alterado (8%). En menor
medida, los testimonios recogen cambios en la visión de sí mismo o el mundo (2,6%) y sen-
timientos de soledad por la pérdida de familiares (3,2%). Por último, hay poca frecuencia de
culpa manifiesta (1,3%) y las enfermedades mentales severas afectaron, según los testimo-
nios, a una minoría de la población (1%)".


P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


A continuación un listado de algunas de las manifestaciones que pueden observarse en
personas adultas:


Nerviosismo o ansiedad.


Tristeza y/o llanto.


Culpabilidad por haber sobrevivido.


Ideas de suicidio.


Fatiga.


Problemas para dormir o descansar.


Confusión para pensar y/o problemas de
concentración.


Problemas de memoria.


Disminución de la higiene personal.


Cambio en los hábitos alimenticios.


Pérdida de confianza en uno mismo.


Recuerdos muy vivos del evento.


Culpar a los demás.


Frustración.


Desorientación en tiempo o lugar.


Sentimiento de impotencia.


Uso excesivo de alcohol y/o drogas.


Problemas en el trabajo y/o familia.


Enojo y/o irritabilidad.


Inseguridad.


Necesidad de estar solo.


Crisis de miedo o pánico.


Disminución en la resistencia física.


Dificultades para retornar al nivel normal de
actividad.


Sentirse aislado o abandonado.


Sentirse frío emocionalmente.


Sentirse abrumado.


Intensa preocupación por otros.


Náuseas.


Dolores de pecho o cabeza.


Temblores musculares.


Dificultad para respirar.


Palpitaciones o taquicardia.


Aumento de la presión sanguínea.


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M A N I F E S TA C I O N E S P S I C O S O C I A L E S Y PA U TA S G E N E R A L E S D E A C T U A C I Ó N


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Algunas recomendaciones útiles para los afectados, sus familiares y amigos


Para los afectados:


Buscar compañía y hablar. Compartir sentimientos y pensamientos con otros.
Escuchar y ayudar a sus compañeros.
Permitirse sentirse mal, deprimido o indiferente.
Realizar ejercicios físicos suaves, alternados con relajación.
Estructurar el tiempo y mantenerse ocupado.
No evadir el dolor o sufrimiento con el uso de drogas o alcohol.
Tratar de mantener un itinerario de vida lo más normal posible.
Hacer cosas que lo hagan sentir bien, útil y solidario.
Tomar pequeñas decisiones cotidianas.
Descansar lo suficiente.
Intentar, dentro de lo posible, comer bien y regularmente.
Saber que los sueños y pensamientos recurrentes acerca del evento traumático son


normales y deben ser compartidos


Para los familiares y amigos de los afectados:


Escucharlos detenidamente y acompañarlos.
Promover ayuda y solidaridad, así como fortalecer vínculos entre familiares y amigos.
Proveer información suficiente.
Estimularlos a participar en las tareas de la vida cotidiana.
Comprender y aceptar el enojo y otros sentimientos de los afectados.
No decirles que tienen "suerte de que no les fue peor". Las personas traumatizadas


no encuentran consuelo en esas frases. En cambio, se puede expresar que lamenta
lo sucedido y que lo entiende.


3.2 Trastornos psíquicos más frecuentes


En situaciones de emergencias, las patologías psíquicas más observadas son de tipo depre-
sivo y de ansiedad, así como los trastornos por estrés agudo y por estrés postraumático.


Trastornos depresivos y/o de ansiedad


Manifestaciones clínicas:


El paciente presenta una gran variedad de síntomas psíquicos o físicos relacionados con
la angustia, frustración y tristeza. En ocasiones, el cuadro se manifiesta en forma de un ataque
o crisis aguda, que requiere una atención de emergencia. Las expresiones más frecuentes son:


Estado de ánimo bajo o tristeza.
Pérdida de interés o de capacidad de disfrutar.




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Ansiedad, tensión o nerviosismo.
Intranquilidad.
Preocupaciones constantes.
Temblores.
Trastornos del sueño.
Astenia o fatiga y pérdida de energía.
Falta de concentración.
Trastornos del apetito.
Ideas o actos suicidas.
Pérdida o disminución del deseo sexual.
Palpitaciones.
Mareos.
Sequedad de boca.


Pautas de actuación:


Informar al paciente y sus familiares que estas manifestaciones no son consecuen-
cia de la falta de voluntad para enfrentar los problemas, sino que la situación por la
que ha pasado la persona puede causar estos trastornos emocionales. El apoyo
familiar y social es muy importante.


Permitir que hable libremente y transmitirle apoyo, confianza y seguridad.
Identificar factores predisponentes que existían previo a la situación traumática.
No aborde inicialmente los temas más dolorosos, aunque tampoco impida que lo


haga si así lo desea.


Animarlo a que realice su vida normal, retomando tareas que han sido de ayuda en
el pasado. Planificar actividades que ocupen a la persona, lo distraigan y ayuden a
reforzar la confianza en sí mismo. Identificar y reforzar las actividades que ha podi-
do realizar con éxito.


Tratar de alejar pensamientos pesimistas o preocupaciones exageradas por dife-
rentes métodos.


Si existen síntomas físicos, intentar averiguar la conexión entre estos y el estado
emocional. Evaluar si pudiera existir otra enfermedad concomitante.


Búsqueda de alternativas para el enfrentamiento y/o solución de problemas, dada
la situación difícil por las que está atravesando.


Aplazamiento de decisiones. Cuando se está muy tenso o deprimido, no es el mejor
momento para tomar decisiones importantes.


Animar al paciente para que practique métodos de relajación y ejercicios físicos.
Es recomendable que tome infusiones calientes por las noches como tranquilizantes.
Evaluar un posible riesgo de suicidio y tomar la conducta recomendada en estos


casos.


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En la crisis de ansiedad, las respiraciones suelen ser rápidas y superficiales. Si le pedimos
que el paciente realice inspiraciones más profundas y respire por la nariz se consigue hacer
más lenta la frecuencia respiratoria. Una vez controlada la respiración se puede intentar téc-
nicas de relajación sencillas.


Trastorno por estrés agudo


Es un cuadro de carácter agudo que aparece como consecuencia de la exposición al
evento traumático. De acuerdo al nivel de intensidad y presencia de síntomas se clasifica en
ligero, moderado o grave. Las manifestaciones clínicas aparecen dentro del plazo de una
hora posterior al psicotrauma y deben desaparecer o aliviarse en un término no mayor a 48
horas.


Manifestaciones clínicas:


Manifestaciones de ansiedad generalizada que incluye tensión, angustia, dificultad
para la concentración, intranquilidad y algunos síntomas físicos.


Desesperanza o frustración.
Tristeza o manifestación de duelo excesivo e incontrolable.
Aislamiento social.
Irritabilidad.
Puede aparecer desorientación o estrechamiento de la conciencia.


Pautas de actuación:


Proveer información, destacando la transitoriedad de los síntomas que se han pro-
ducido por el evento traumático vivido.


De acuerdo a las circunstancias y, si el caso lo requiere, puede proporcionársele
reposo y tranquilidad durante un breve tiempo en el contexto familiar.


Aplicar las pautas señaladas en el trastorno depresivo ansioso.


Conducta o ideación suicida


La conducta suicida, como consecuencia de situaciones de desastres (en la fase crítica),
no resulta tan frecuente; sin embargo, se observa un incremento de la ideación suicida, en
relación con los sentimientos de culpa del sobreviviente y en casos de experiencias traumáti-
cas extremas. La predicción de los actos suicidas, al igual que otras conductas humanas, no
resulta una tarea fácil; la evaluación del riesgo es compleja.


Factores o condiciones que incrementan el riesgo suicida:


Ideación suicida intensa y persistente.
Intentos suicidas previos.
Existencia previa de trastornos psíquicos, en especial depresión intensa y persistente.
Alto grado de exposición al evento traumático o haber sufrido pérdidas de gran


magnitud.




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Plan suicida desarrollado y disponibilidad de medios para ejecutarlo.
La falta de apoyo social y familiar.
El consumo de alcohol u otras sustancias limita la capacidad de autocontrol.
Dificultades socioeconómicas.
Padecer enfermedades crónicas e invalidantes.


Pautas de actuación:


En un primer momento, no censure ni critique duramente su conducta; tampoco, la
juzgue de una manera superficial o ligera.


Trate de convencerlo que es mejor posponer cualquier decisión importante y dispo-
nerse a recibir ayuda.


Converse con la persona y evalúe la situación ocurrida en su conjunto.
Evalúe el riesgo suicida futuro.
Alerte a la familia para que lo mantenga bajo observación y cuidado.
Tratar la depresión u otra patología concomitante. Adoptar similares medidas que en


caso de depresión y/o ansiedad.


Trastornos disociativos o de conversión


Manifestaciones clínicas:


La presentación suele ser súbita y está relacionada con la situación y las circunstancias
vividas.


El paciente presenta síntomas físicos poco frecuentes que no tienen causa biológica
aparente, tales como ataques epileptiformes, excitación, agitación, amnesia, estado
de trance o pérdida de conciencia, anestesia, trastornos visuales, parálisis, afonía, con-
fusión de identidad, estados de posesión, etc.


Los síntomas pueden ser dramáticos, aparentemente inusuales y variables. Habitual-
mente, desaparecen rápido y sin dejar secuela.


Pautas de actuación:


Animar al paciente a que relacione las situaciones, pérdidas y dificultades recientes
con sus síntomas.


Promover en el paciente la búsqueda de soluciones positivas para su situación sin
reforzar los síntomas existentes. Evitar que, como consecuencia del episodio, obten-
ga ganancias secundarias y que aprenda a utilizar la crisis para escapar de los pro-
blemas o solucionarlos de manera fácil.


Recomendar un breve período de descanso, pero desaconsejar una prolongada reti-
rada de las actividades habituales.


Debe evitarse el uso de sedantes o somníferos, reservándolos para aquellos casos en
que sean estrictamente necesarios.


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Trastorno psicótico agudo


En los desastres naturales y otras emergencias no se ha demostrado que exista un
aumento en la incidencia de psicosis, aunque como consecuencia de experiencias traumáti-
cas intensas pueden presentarse ocasionalmente cuadros agudos de corta evolución o
descompensaciones de enfermos preexistentes. También debe descartarse una causa
orgánica, pues en esas circunstancias la persona puede haber recibido un trauma o pade-
cer una enfermedad infecciosa o tóxica. Las psicosis de larga evolución -como la esquizofre-
nia- solo aparecen como descompensaciones en sujetos que ya estaban enfermos con ante-
rioridad. No obstante, debemos estar preparados para atender aquellos pacientes que
puedan identificarse y/o demandar asistencia.


Las psicosis se corresponden, aproximadamente, con los cuadros que, en el lenguaje
popular, se conocen como "locura".


Sus manifestaciones clínicas son:


Alucinaciones (oír voces, sentir o ver cosas de origen desconocido).
Ideas delirantes (ideas o creencias extrañas o irreales).
Confusión.
Temor y/o desconfianza.
Actividad excesiva y/o comportamiento extravagante.
Retraimiento.
Lenguaje desorganizado o anormal.
Respuestas emocionales exageradas e inestabilidad emocional.


Deben considerarse como posibles causas orgánicas las siguientes:


Epilepsia.
Intoxicación o abstinencia de drogas o alcohol.
Infecciones o enfermedades febriles.
Traumas craneales.
En estos casos, debe atenderse primariamente la enfermedad de base. Sin embargo, en


la mayoría de las ocasiones no se deben a lesiones del sistema nervioso. Pueden ser reac-
ciones agudas que evolucionan rápidamente hacia la curación o, en otros casos, son episo-
dios de un trastorno de larga evolución como la esquizofrenia.


Pautas de actuación:


Que sus familiares y amigos refuercen sus vínculos con la realidad.
Que sus necesidades básicas sean cubiertas (alimento y ropa). Debe cuidarse que


duerma suficientemente.


Cuidar la seguridad e integridad del paciente y de quienes lo rodean.
Reducir al mínimo la ansiedad, la inquietud y la excitación.
No discutir sobre los contenidos irreales o inadecuados del pensamiento.
Evitar confrontaciones o críticas.




Síntomas somáticos y autonómicos:


Palpitaciones.
Escalofríos.
Temblores o sacudidas.
Sequedad de la boca.
Dificultad para respirar.
Sensación de ahogo.
Dolor, malestar u opresión en el


pecho.


Malestar abdominal.
Náuseas.


Síntomas generales y psiquicos:


Angustia o tensión extrema.
Sensación de pérdida de control.
Miedo a morir.
Mareos y/o desmayos.
Sensación de irrealidad o de sentirse


extraño en la situación en que está.


Oleadas de calores.
Adormecimiento o sensación de


hormigueo.


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Animar a que realicen una vida normal en cuanto mejoren sus síntomas.
Valorar el uso de medicamentos específicos como los neurolépticos, que deben ser


prescritos por un médico, e incluso el internamiento en un hospital -por un periodo
limitado de tiempo- si fuera necesario.


Los estados de pánico


Ha sido un mito o una creencia sustentada por algunos que en situaciones de desastres
y emergencias se producen estados colectivos de pánico. Se ha demostrado que este no
es un fenómeno frecuente y solo se observa en circunstancias muy específicas, por ejem-
plo, en un ataque terrorista.


El pánico colectivo se instaura de manera brusca o progresiva y se caracteriza por un alto
nivel de tensión y angustia que se torna intensa, anormal e incontrolable. La conducta de
las personas se desorganiza y se hace muy desadaptativa. Puede existir violencia, agresivi-
dad, y en ocasiones, actitudes temerarias. El pánico es una respuesta desproporcionada que
tiende a propagarse.


La incertidumbre y el rumor son factores que acrecientan el riesgo de pánico y desor-
ganización. En determinadas condiciones se ha descrito el pánico anticipatorio.


Lo más frecuente, sin embargo, es que las personas manifiesten ansiedad, temor, intran-
quilidad o inseguridad sin que el cuadro llegue a constituirse en un estado de pánico.


Desde el punto de vista individual, el trastorno de pánico o ansiedad paroxística se
describe como un episodio que se inicia bruscamente, alcanzando su máxima intensidad en
segundos y tiene una duración de minutos. El diagnóstico se hace por la presencia de
algunos de los siguientes síntomas:


Pautas de actuación:


Expresarle al paciente que los cuadros de pánico pueden verse en estas circunstan-
cias -relacionados con la experiencia traumática-, pero que es un problema contro-
lable y que se aliviará en poco tiempo.


Esforzarse por controlar la ansiedad; en la medida que la angustia disminuya, tam-
bién lo harán los síntomas físicos.


Permanecer acompañándolo en el lugar hasta que pase el ataque.


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M A N I F E S TA C I O N E S P S I C O S O C I A L E S Y PA U TA S G E N E R A L E S D E A C T U A C I Ó N


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Practicar la respiración lenta y prolongada.
La persona debe cooperar y tratar de convencerse a sí misma que es un ataque de


pánico transitorio que obedece a la situación por la que atraviesa, que no tiene
ninguna patología orgánica (por ejemplo, cardiaca).


Trastorno por estrés postraumático


Para algunos autores el trastorno de estrés postraumático es el diagnóstico más fre-
cuente en situaciones de conflictos armados y desastres. Es un cuadro que surge después
de sucesos angustiosos de naturaleza excepcionalmente peligrosa. Su prevalencia general
en la población se ha estimado en un 0,37%. Sin embargo, también se ha cuestionado este
diagnóstico por considerarlo típico de determinadas culturas y por formularse con dema-
siada frecuencia; de hecho se ha argumentado que es una categoría diagnóstica inventa-
da sobre la base de necesidades sociopolíticas (Summerfield, 2001) (27). Independiente de
estos señalamientos, no cabe duda sobre la presencia de estos cuadros (en diferentes
modalidades) en períodos posteriores a la emergencia propiamente dicha.


Es un trastorno que aparece en el periodo de seis meses o más, posterior a sufrir un
evento traumático muy significativo e impactante para la persona. Los criterios para el diag-
nóstico incluyen la duración de cuatro semanas o mas de los siguientes síntomas:


Recuerdo continuado o re-experimentación del evento traumático: rememoraciones vívi-
das, sueños recurrentes o sensación de malestar al enfrentar circunstancias parecidas.


Evasión de situaciones similares o relacionadas con el evento traumático: esfuerzos
para evadir pensamientos, gente, lugares y cosas que le recuerden lo sucedido.


No recordar -total o parcialmente- el evento traumático.
Síntomas persistentes de sobreexcitación psicológica: insomnio, sueños desagra-


dables, irritabilidad, explosiones de enojo, dificultades en la concentración, nervio-
sismo, sobresaltos, miedo e inseguridad.


Otras manifestaciones como: disminución de interés en actividades que antes le
atraían, aislamiento, se siente frío emocionalmente o deprimido, culpabilidad por
haber sobrevivido, problemas en la escuela, con la familia o en el trabajo, abuso de
alcohol o drogas e ideas de suicido.


Pautas de actuación:


Lo recomendado en los trastornos depresivos y de ansiedad, ideas suicidas y pánico
puede ser útil para una primera actuación. No obstante, este es un cuadro que, por lo gene-
ral, requiere de tratamiento especializado y como tal debe ser referido a un servicio de salud
mental.


Consideraciones generales sobre la atención clínica a los transtornos
psíquicos


En situaciones de emergencia es importante movilizar, de manera inmediata, los recursos
especializados disponibles en el sector salud a los diferentes niveles (psiquiatras, psicólogos,
trabajadoras sociales y enfermeras especializadas). Es recomendable disponer de un equipo
de personal especializado a nivel central para movilizarlo a cualquier lugar del territorio
nacional que se requiera. También pueden organizarse equipos móviles en diferentes pun-
tos del país, priorizando aquellos lugares donde no se disponga de atención especializada.




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


Simultáneamente, es necesario que el Ministerio de Salud coordine con otras organiza-
ciones e instituciones (ONGs., universidades, etc.) para que el personal especializado y los
estudiantes universitarios participen, de manera concertada, en las tareas de atención y
recuperación psicosocial.


Los diferentes niveles del sistema de salud deben garantizar la atención a la problemáti-
ca que se presenta en la emergencia. También debe asegurarse que su personal esté
preparado para manejar la situación y complicaciones psicosociales que aparecen. Es nece-
sario mantener comunicación sistemática entre estas instancias y los servicios especializados,
establecer o fortalecer los mecanismos de referencias y contra-referencias de casos.


Deben evitarse las etiquetas diagnósticas, recordando que muchas de las manifesta-
ciones hay que entenderlas en un contexto psicosocial más que como un proceso patológi-
co. Así mismo restringir, al mínimo posible, el uso de medicamentos; sólo se recomienda
tratar con psicofármacos a las personas que persistan con sintomatología psíquica intensa
y/o prolongada y que, posiblemente, requerirán una atención especializada.


Reducir la hospitalización sólo a los casos estrictamente necesarios y por el menor tiem-
po posible. De ser necesaria la hospitalización, se recomienda que se realice en hospitales
generales para no desarraigar a los enfermos de su medio habitual, evitando la cronificación
y estigmatización, lograr una mejor y más pronta rehabilitación.


Entre los portadores de trastornos psíquicos encontramos los siguientes grupos:


Los que han sido pacientes psiquiátricos cuya situación puede agravarse en la
catástrofe.


Los que tienen condiciones vulnerables de riesgo previo al desastre.
Los que sufren cuadros reactivos secundarios al desastre.
Los que tienen una respuesta tardía, con manifestaciones diversas.
Los tipos de intervención se espera que sean individuales, familiares, grupales y sociales.


El trabajo en grupos tiene grandes ventajas, por lo que el personal especializado debe estar
preparado para su organización y manejo (ver capítulo 3).


3.3 Criterios generales para la remisión a un especialista, uso
de medicamentos y hospitalización


Criterios de remisión a un especialista (psicólogo o médico psiquiatra):


Síntomas persistentes y/o agravados que no se han aliviado con las medidas ini-
ciales. Un tiempo promedio sugerido en los cuadros depresivo y ansiosos es de tres
meses, aunque esto puede variar de acuerdo con otros factores adicionales.


Intensidad del cuadro que genera gran sufrimiento.
Dificultades marcadas en la vida familiar, laboral o social.
Riesgo de complicaciones, en especial el suicidio.
Problemas coexistentes como alcoholismo u otras adicciones.
Las psicosis y el trastorno por estrés postraumático son trastornos psiquiátricos


severos que, por lo general, requieren de atención especializada.


Uso de medicamentos:


Debe ser restringido a los casos estrictamente necesarios y solo prescritos por faculta-
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tivos. No es recomendable el uso indiscriminado y frecuente de ansiolíticos y antidepresivos,
los tranquilizantes como las benzodiazepinas tienen riesgos adicionales como la adicción a
las mismas.


Lista básica de medicamentos sugerida para la atención primaria en situaciones de
desastres y emergencias:


Medicamento (nombre genérico)


Clorpromazina


Haloperidol


Diazepán


Imipramina


Fluoxetina


Trihexifenidilo


Presentación / Dosificación


Tabletas de 25 y 100 mg.
Ampollas de 50 mg.


Tabletas de 5 mg.
Ampollas de 5 mg.


Tabletas de 5 mg
Ampollas de 10mg


Tabletas de 25 mg


Tabletas de 20 mg


Tabletas de 2 y 5 mg


Criterios de hospitalización:


La hospitalización debe ser decidida siempre por un médico. Considerar que la gran
mayoría de los casos pueden y deben atenderse ambulatoriamente. El internamiento hos-
pitalario es un recurso extremo.


Se ha demostrado lo beneficioso de la atención a los pacientes en la propia comunidad
y en su contexto familiar y cultural. Es en la vida cotidiana donde se activa la recuperación
psicosocial de la gente después de eventos traumáticos como los desastres.


En caso de ser necesaria la hospitalización es conveniente que la misma se produzca en
los hospitales generales de nivel local y regional, evitando el uso de hospitales psiquiátricos
que en su gran mayoría funcionan con modelos asilares.


3.4 Actuaciones en situaciones específicas


Atención a los albergados


La atención a albergados o refugiados se convierte en una de las principales tareas en
un plan de atención en salud mental en situaciones de desastres o desplazamientos de
población. Sin embargo, la primera consideración es evitar el albergamiento, o por lo menos
hay que tratar que éste tenga un carácter de temporalidad (muy breve) ya que estos pro-
cesos generan muchos problemas psicosociales y de otra índole. Debe determinarse de
manera individual las personas y familias que lo requieren realmente.


Entre las acciones a desarrollar está identificar dentro de los refugiados y albergados, aque-
llos que han sufrido la pérdida de un ser querido o de gran parte de sus pertenencias. A ellos,
especialmente mujeres y niños, debe ofrecérseles apoyo y acompañamiento sistemático;
brindarles confianza, seguridad, orientarlos y cooperar en la solución de sus problemas.


Es necesario reducir el sentimiento de aislamiento y la sensación de desamparo, en espe-
cial en los niños. También se puede realizar un trabajo grupal, de forma que puedan com-
partir con otras personas los sucesos vividos y las pérdidas; motivar apoyo mutuo e inspirar
esperanza bajo la guía de un facilitador debidamente entrenado.




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


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Los albergados deben ser estimulados a participar en actividades socialmente útiles,
hasta donde su condición física lo permita. Propiciar un ambiente de recuperación a través
del trabajo, la participación y la organización social.


La atención de salud debe ser inmediata, eficaz, con apoyo social, con objetivos bien
definidos, permanente acompañamiento y simplicidad en las instrucciones. Debe tenerse en
cuenta que las intervenciones que son más apropiadas en las primeras horas después del
trauma, no son las mismas intervenciones que serán adecuadas unos días o semanas más
tarde.


Es frecuente que en situaciones de desastres o catástrofes, y en especial en los albergues,
se produzcan algunos problemas sociales como los siguientes:


Liderazgos positivos o negativos.
Conductas humanitarias o conductas egoístas.
Conductas agitadas o pasivas.
Conductas constructivas o destructivas y de desorganización social. Son frecuentes


las actitudes de rebeldía ante la autoridad y los motines o demandas exageradas.


Consumo excesivo de alcohol u otras sustancias psicoactivas.
Promiscuidad, agresiones y/o violencia sexual.
Los trabajadores de salud junto con el personal de los albergues y líderes comunitarios


deben contribuir a identificar y controlar estos fenómenos.


En la conformación de los albergues o refugios es importante cuidar que no se rompa la
unidad familiar, vincular, en la medida de lo posible, las comunidades de la misma procedencia.
La búsqueda de líderes naturales es vital para que contribuyan en la organización y buen fun-
cionamiento de los albergues. Deben evitarse las acciones improvisadas o intempestivas.


Algunas medidas importantes son las siguientes:


Actualización y/o capacitación previa y emergente (después del desastre) al perso-
nal de salud, voluntarios y agentes comunitarios que están trabajando en los alber-
gues o refugios. Deben prepararse también en técnicas de resolución de conflictos.


Realizar visitas sistemáticas por el personal especializado a los albergues. Se aten-
derán los casos con problemática psicosocial compleja, con especial cuidado a niños
y otros grupos de riesgo.


Promover el desarrollo de actividades lúdicas y grupales con los niños y jóvenes, así
como otras de carácter deportivo, recreativas y culturales.


Facilitar la formación de grupos de auto-ayuda y ayuda mutua.
Promover mejores formas organizativas y de vida de la población albergada así


como la utilización adecuada del tiempo libre. Esto es imprescindible para la tran-
quilidad y armonía del colectivo.


Apoyar el rescate de los vínculos familiares, de amigos y vecinos, facilitando los
encuentros y visitas. Fomentar que las personas albergadas retornen a sus activi-
dades laborales y los niños a la escuela.


Debe brindarse una atención priorizada a los albergues de personas damnificadas
que se mantengan durante periodos prolongados, en la fase de recuperación.




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Población en riesgo


de ser desplazada


Desplazados


Población receptora


Grupo poblacional


Diagnóstico psicosocial.


Organización comunitaria y coordinación interinstitucional.


Comunicación social y educación popular.


Observación sistemática y seguimiento de la situación


Diagnóstico psicosocial.


Atención psicosocial (individual, familiar y social).


Capacitación.


Comunicación social y educación popular.


Organización comunitaria.


Actividad ocupacionales y productivas.


Coordinación interinstitucional.


Continuidad y sostenibilidad.


Diagnóstico psicosocial.


Organización comunitaria y coordinación interinstitucional.


Comunicación social y educación popular.


Observación sistemática y seguimiento de la situación.


Acciones operativas prioritarias


Atención a las poblaciones desplazadas


En situaciones de desplazamientos poblacionales se distinguen tres grandes grupos y, a
los efectos prácticos, recomendamos manejar como grupo meta prioritario el de los
desplazados, propiamente dicho.


Población en riesgo de ser desplazada.
Población desplazada.
Población receptora.


La población desplazada puede subdividirse en varias categorías cuya conceptualización
o delimitación operativa es variable según las diferentes organizaciones y países:


Asentados. Retornados.
Reubicados. Albergados.
Refugiados.


A los efectos de la intervención recomendamos tener en consideración algunos ele-
mentos adicionales como los siguientes:


Causas del desplazamiento.
Características y tiempo del desplazamiento.
Asentamiento temporal o posiblemente definitivo.
Zona de la que provienen y zona receptora.
Características económicas, sociales y culturales.
Características individuales.


Los grupos de riesgo pueden variar notablemente de un país o región otro, de acuerdo
a las características propias del lugar, la población y el evento traumático.


Las estrategias de intervención incluyen la totalidad de las líneas de acción descritas
anteriormente. A los efectos de priorizar, se definen en el siguiente cuadro las principales ta-
reas a desplegar en cada grupo (28):




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


Es importante destacar que el cuadro anterior nos ofrece un marco referencial para el
trabajo que no debe tomarse como una norma rígida. Por ejemplo, en el caso de las pobla-
ciones receptoras, que no son prioritarias y que teóricamente solo deben ser objeto de un
trabajo de organización comunitaria, sensibilización e información, en ocasiones no pueden
separarse de los desplazados y reciben un grupo de actividades de manera conjunta. Un
principio importante es no establecer divisiones o límites entre desplazados y las personas
que conviven en una misma comunidad, para evitar los estigmas o las iniquidades en cuan-
to a servicios ofrecidos.


Por último, resaltar que la atención psicosocial a desplazados y refugiados de guerra está
indisolublemente unida a los temas de vivienda, alojamientos provisionales, empleo, ropa,
alimentación, derechos humanos, así como el manejo de las pérdidas y otros traumas del
conflicto armado.


Atención psicosocial a miembros de los equipos de respuesta, como socorris-
tas, rescatistas, voluntarios y personal de ayuda humanitaria.


El concepto de "vulnerabilidad universal", desarrollado por Jeffrey Mitchell, sostiene que
no existe ningún tipo de entrenamiento o preparación previa que pueda eliminar comple-
tamente la posibilidad de que una persona que trabaja con víctimas primarias, sea afectada
por el trastorno por estrés post-traumático (síndrome de la compasión). Las personas que
realizan este tipo de trabajo (ya sea por largo tiempo o por una sola experiencia) son vul-
nerables por las situaciones vividas (14)(15)(18).


De acuerdo al National Center for PTSD (USA) (18), uno de cada tres socorristas llegan a
presentar algunos o todos los síntomas de estrés que se mencionan a continuación:


Disociación: Sensación subjetiva de embotamiento, desapego o ausencia de la reali-
dad, sentirse aturdido, fuera de uno mismo, como en un sueño. No poder recordar
aspectos importantes del trauma.


Reexperimentación del acontecimiento traumático: Recuerdos recurrentes e intru-
sos, pesadillas, flashbacks (revivir el acontecimiento).


Intento de evitar estímulos asociados al traumatismo: Esfuerzos para evitar caer en
pensamientos, sentimientos, conversaciones, actividades, situaciones, lugares o per-
sonas que recuerden el acontecimiento.


Disminución de la capacidad de respuesta al mundo exterior: Incapacidad de sentir
emociones, especialmente las que hacen referencia a la intimidad, ternura y sexuali-
dad. Sensación de alejamiento de los demás.


Aumento de la activación: Hipervigilancia, irritabilidad o ataques de ira y dificultades
para conciliar o mantener el sueño.


Ansiedad significativa, que puede acompañarse de preocupación paralizante, impo-
tencia extrema, obsesiones y/o compulsiones.


Depresión marcada: Baja autoestima, pérdida de la esperanza, motivaciones o de
propósitos en la vida.


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Atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (A.M.I.A.).
Julio de 1994.


Se realizaron grupos de reflexión con los equipos institucionales de respuesta, a solicitud
de ellos mismos. Se trabajó especialmente en la elaboración de la experiencia y la reper-
cusión emocional ocasionada por el trabajo, con el objeto de favorecer el alivio emocional,
estimular la recuperación de mecanismos adecuados para enfrentar la tarea, alcanzar alter-
nativas de funcionamiento frente a las dificultades y evitar en lo posible las derivaciones
patológicas individuales y grupales.


Fuente: Comunicación personal de la licenciada Claudia Gómez Prieto (Buenos Aires, Argentina).


También es probable que el personal socorrista, rescatista, de la defensa civil y grupos
de voluntarios al terminar sus labores en la emergencia experimenten algunas dificultades
al regresar a su vida cotidiana. Estas no deben ser consideradas, necesariamente, como sín-
tomas o expresión de enfermedad y requerirán, sobre todo, de apoyo y acompañamiento
familiar y social. Algunos ejemplos son:


Dificultad para reintegrarse a su hogar y/o conflictos con miembros de la familia.
Tristeza y/o cambios repentinos del humor.
Deseo de mantener contacto con otros compañeros(as) o víctimas del desastre.
Sentimientos de inquietud, desilusión, aburrimiento y/o frustración al volver a su tra-


bajo rutinario.


Irritación o enojo, sobre todo si considera que no se le reconoce adecuadamente el
trabajo realizado durante el desastre.


Sentimientos de distanciamiento o aislamiento de las personas (miembros de la
familia, compañeros de trabajo o amigos).


Conflictos con algunos compañeros de trabajo.


Factores de riesgo que incrementan la probabilidad de sufrir trastornos psíquicos:


El proceso de selección del personal no ha sido riguroso, por lo que pueden
incluirse personas sin condiciones para desarrollar este tipo de trabajo.


No han sido preparados o entrenados debidamente.
Exposición simultanea a otros traumas o situaciones estresantes recientes como


divorcios, conflictos hogareños, etc.


Antecedentes de trastornos físicos o psíquicos.
Condiciones de vida desfavorables como la pobreza, desempleo, discriminación,


etc.


Exposición prolongada -durante la emergencia- a situaciones de estrés o vivencias
de experiencias muy traumáticas.


Confrontación con aspectos éticos y la resolución de dilemas.
Tendencia a perder el límite en el alcance de las soluciones (el rol de ayuda implica


en la situación de emergencia grandes demandas).


Problemas organizacionales como: rigidez en las reglas y limites, elevadas demandas
laborales (extensión de tiempos de trabajo, tareas complejas o de riesgo, informes,
etc.).




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La tarea de atención psicosocial al personal que ha trabajado directamente en la emer-
gencia se convierte en una acción de primer orden. Recomendamos que se tengan en con-
sideración dos grandes grupos que son:


Personal profesional de socorro y salvamento (equipos institucionales de respuesta).
Personal de ayuda humanitaria espontánea.
Es importante que previo y durante la emergencia este personal siga algunas reglas míni-


mas que serán preventivas de desajustes o trastornos psicosociales:


Definición clara de perfiles para la selección del personal, así como una adecuada
formación y capacitación del mismo.


Rotación de roles y funciones.
Garantizar una adecuada y completa información a los miembros de los equipos de


respuesta.


Disminución de las fuentes o condicionantes del estrés.
Valoración de estados emocionales subyacentes del personal antes y durante la


emergencia.


Organización de tiempos de trabajo y dotación de recursos que faciliten las labores
de campo.


Durante la emergencia, cuidarse físicamente y comer frecuentemente en pequeñas
cantidades; tomar descansos cuando note que disminuye su fuerza, coordinación o
tolerancia.


Mantener, en la medida de lo posible, el contacto con familiares y amigos.
Creación de espacios para la reflexión, catarsis, integración y sistematización de la


experiencia. En cuanto sea posible y después de haber terminado totalmente el tra-
bajo, organizar una reunión de "descarga" entre los compañeros del equipo. En
dicha reunión hablar de sus sentimientos y pensamientos tal y como aparezcan (sin
juzgarlos); escucharse respetuosamente brindándose apoyo mutuo.


Reconocer el enojo de algunos compañeros/as, no como algo personal, sino como
expresión de frustración, culpa o preocupación.


Estimular que entre ellos se manifieste el apoyo, solidaridad, reconocimiento y apre-
cio mutuo.


Mitchell y Everly (14)(15)(18) señalan que no se deben tener reuniones de debriefing
mientras se esté en activo y se vaya a volver a la escena del desastre; recomiendan que el
tiempo ideal para un debriefing, después de haber terminado totalmente el trabajo, es
equivalente al número de días que se estuvo laborando.


Indicadores comunes de malestar o disfunción en lo individual, en el equipo
y en la familia.


En el individuo:


Tendencia a la hiperactividad e hiperalerta.
Identificación con la experiencia traumática del otro (trauma vicario).
Sensación de frustración combinado con un deseo de controlar o solucionar todo.


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Cambios en el estilo de vida.
Aislamiento y/o problemas en la comunicación.
Dificultades en la adaptación familiar y social.
Trastornos psicosomáticos.
Cansancio y signos de alerta por estrés acumulativo.
Alteraciones de la conducta y del estado de ánimo (o emociones encontradas).
Uso de alcohol u otras sustancias psicoactivas.
Dificultad para la elaboración e integración de la experiencia.


En el equipo:


Incomodidad y/o ambigüedades de roles.
Problemas en las dinámicas internas (comunicación, solución de problemas, toma


de decisiones, conflictos interpersonales, etc.).


Alianzas y relaciones de dependencia. Formación de subgrupos por alianzas con-
tradictorias, patrones de descalificación y subvaloración de los roles y funciones de
los otros.


En la familia:


Dificultades y/o tendencia a abandonar relaciones con miembros de la familia.
Pobre comunicación.


Relaciones inestables y alteración de la dinámica familiar. En ocasiones, violencia
doméstica.


Tendencia a la desintegración familiar.
Temor y angustia de la familia con respecto a la vida y las condiciones de inseguri-


dad que exige el trabajo del voluntario o socorrista.


Tendencia a subvalorar las dificultades de la familia respecto a las víctimas de la
emergencia y el rol laboral.


Baja tolerancia.
Cuentas pendientes que cobran los miembros de la familia y chantajes afectivos.


Algunas orientaciones para el personal que laboró en la emergencia,
después que retorna la normalidad y se reintegra a la vida cotidiana:


Realizar ejercicios físicos y de relajación.
Regresar a su rutina lo antes posible.
Descansar y dormir lo suficiente.
Alimentarse de forma balanceada y regular.
No tratar de disminuir el sufrimiento con el uso de alcohol o drogas.
Buscar compañía y hablar con otras personas, compartir sentimientos y pensamien-


tos. Conversar con los seres queridos de lo que ellos vivieron mientras se estuvo
ausente.




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Participar en actividades familiares y sociales.
Ocuparse y atender a su familia.
Observar y analizar sus propios sentimientos y pensamientos. Reflexionar sobre la


experiencia que ha vivido y lo que significa como parte de su vida.


Buscar contacto con la naturaleza.


Recomendaciones generales para la atención a los miembros de los equipos
de respuesta:


El personal que realice intervenciones psicosociales a los socorristas profesionales
debe, en la medida de lo posible, pertenecer a sus filas y conocer "desde adentro"
las características de su trabajo.


La ayuda psicosocial tiene que tener en consideración las características y patrones
de conducta específicos de este grupo, así como sus valores culturales. Las personas
que ayudan a damnificados y víctimas de desastres se sienten satisfechas por lo rea-
lizado y desarrollan un espíritu altruista.


Mantenerlos trabajando, siempre que sea posible; por lo general esto es positivo, li-
bera estrés y refuerza la autoestima.


Confidencialidad y manejo ético sobre información y situaciones internas de las
organizaciones de socorro y ayuda humanitaria.


Redefinir las crisis como una posibilidad para el crecimiento individual y familiar.
Incluir la familia en procesos de ayuda y sensibilización. Abrir vías de comunicación


que faciliten la expresión de emociones y de intereses individuales y familiares, forta-
leciendo los espacios afectivos y sociales.


Los empleados y voluntarios de la Cruz Roja Americana que trabajaban en la Plaza de la
Cruz Roja, a sólo pasos de la Casa Blanca, relataron algunas de las cosas que hicieron o lo
que experimentaron el 11 de septiembre, el día de los ataques terroristas. Algunas de las
respuestas fueron como estas:


"Tuve pánico. Trate de contactar a mi familia para dejarles saber que estaba bien y
traté de averiguar sobre mi cuñado cuya oficina fue demolida en el Pentágono y
sobre mi primo que escapó ileso del World Trade Center. Incluso una semana
después, estoy aturdido de ese día".


"Fue muy aterrador, y lo continúa siendo. No puedo hacer mucho trabajo, sólo
hablando con mis compañeros de trabajo y viendo televisión. Todavía estoy como
corriendo de un lado a otro".


"Para mí hubo un completo shock e incredulidad. En toda esta semana, los emplea-
dos y voluntarios de la Cruz Roja han tenido que hacer su trabajo a través de la tris-
teza y a pesar de la tragedia. El peso es enorme".


Fuente: Comunicación personal del Dr. Joseph Prewitt (Cruz Roja Americana).


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3.5 Los problemas psicosociales de la población infantil y juvenil


Los niños pobres de los países menos desarrollados están en desventaja social y tienen
mayor riesgo de sufrir, son las primeras víctimas en situaciones de desastres. Un niño huér-
fano luego de un terremoto decía, "es peor sufrir que morir" y su abuela afirmaba, "es peor
para el que se queda que para el que se va". Después de un evento traumático, los menores
son más vulnerables debido a su menor comprensión de lo sucedido y a las limitaciones en
comunicar lo que sienten.


Las investigaciones han demostrado que el problema de la guerra no es la expresión
excesiva de sentimientos, sino más bien la ausencia de toda emoción. Algunos niños nie-
gan completamente su mundo de fantasías, otros se muestran indiferentes cuando se ente-
ran que han perdido uno o varios de sus familiares o han sido testigos de masacres o ajus-
ticiamientos. El impacto emocional es tan fuerte que con frecuencia no hablan sobre lo que
han vivido, algunos piensan que el niño ha olvidado, pero no es así, la experiencia ha
mostrado que es capaz de recordar y contar las experiencias traumáticas vividas, pero úni-
camente cuando sus sentimientos de miedo están bajo control.


Una de las áreas de atención más desprotegida ha sido la recuperación psicoafectiva de
los niños. Las necesidades básicas fueron las primeras en ser atendidas, sin embargo se dejó
de lado las necesidades superiores.


Un problema frecuente es que las instituciones gubernamentales y no gubernamentales
actúan de manera no coordinada. Los servicios no llegan oportuna ni eficientemente a los
afectados adultos y mucho menos a los niños. Los limitados esfuerzos se orientan hacia lo
curativo y la asistencia de emergencia, pocas acciones se inician para la etapa de recons-
trucción y el desarrollo sostenido.


Por lo general, los países disponen de escuelas, facultades e instituciones que forman
psiquiatras, psicopedagogos, psicoterapeutas y psicólogos, pero estos generalmente no
están preparados para atender a niños afectados durante las guerras, desplazamientos
masivos, genocidios, masacres, desastres naturales, etc. Tampoco existen programas
estatales educativos orientados a la familia para proteger a los niños antes, durante y
después de los conflictos armados y los desastres.


La señora Graça Machel, en su estudio mundial sobre "El impacto de los conflictos arma-
dos en la Infancia" (26) se refirió específicamente a la necesidad de atender rápida y opor-
tunamente el estrés postraumático de los niños, recomendando hacerlo en su escuela
desde una lógica comunitaria y familiar y no de manera clínica, exclusivamente.


La Convención de los Derechos del Niño marcó un viraje fundamental al reconocer el
"interés superior del niño" señalando que el disfrute de una vida plena y la dignidad son
fundamentales para el desarrollo espiritual y el ejercicio de sus potencialidades como nuevo
ente social. Considerar a los menores como sujetos de derechos y actores protagónicos de
su desarrollo, en vez de verlos solo como víctimas y pacientes, ha llevado a pensar en la par-
ticipación y organización de niños, niñas y jóvenes.


Las reacciones postraumáticas que pueden aparecer como una manifestación normal en
circunstancias anormales, tanto en los niños como en los adultos, deben ser atendidas rá-
pida y oportunamente. Por el contrario, si se piensa que los niños "no sienten o no entien-
den" se comete un grave error que los deja expuestos a sufrimientos y temores.


Los niños, por ejemplo, luego del terremoto en el Eje Cafetero en Colombia (37) pensa-
ban que "un monstruo gigantesco los atacó, aporreó y que regresará", creían además que
ellos fueron causantes del terremoto, pues la "mala educación de los niños era la causa de
la desgracia". Los adultos también les dijeron que "el fin del mundo se acerca y que es un




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designio de Dios lo que está ocurriendo". La explicación sencilla del origen de los fenó-
menos naturales ayudó a los niños a entender y manejar de una manera más racional sus
angustias.


Los maestros, trabajadores de atención primaria en salud, agentes comunitarios y las
familias pueden ser adecuadamente capacitados para reconocer este tipo de problemas en
los niños, identificando las reacciones normales y diferenciándolas de las patológicas.


Causas más frecuentes de traumas:


Haber sido testigo de la muerte de padres o parientes cercanos de forma violenta.
Haber sido testigo de combates.
Haber estado expuesto y ser víctima de violencia, desastres.
Haber sufrido heridas físicas, torturas, mutilaciones.
Haber estado como damnificado, refugiado y desplazado.
Haber participado en grupos armados (haber matado o visto asesinar).
Haber permanecido largo tiempo separado de la familia sin ninguna noticia de ellos


o pensando que ya murieron.


Haber sido raptado, secuestrado.
Haber sufrido hambre, enfermedades y malas condiciones ambientales y de vida.


Problemas psicosociales que pueden ser manejados, por lo general, en el
ámbito familiar y comunitario:


Pesadillas.
Mojar la cama.
Ansiedad, miedo, fobias.
Agresividad, problemas disciplinarios.
Tristeza o nostalgia
Mal desempeño en la escuela.
Enfermedades, dolores psicosomáticos.
Falta de concentración, hiperactividad.
Exagerado apego a los adultos.
Comportamientos regresivos, pérdida de nuevas habilidades.


Problemas psicosociales que deben ser tratados por profesionales:


Severos trastornos de tipo psíquicos que se mantienen por más de un mes.
Llora constantemente y se siente profundamente triste.
No quiere comer y cada vez está más delgado.
Se presenta cansado y quiere permanecer en cama todo el tiempo.
No puede dormir en las noches, aumento del período de alerta.
Se encuentra desesperanzado y habla sobre cómo acabar su vida.


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Está seriamente herido y con deficiencias físicas.
Dependencia al alcohol o drogas.
Hiperactividad con baja tolerancia a la frustración.
Total desinterés por actividades agradables.
Se presenta extremadamente nervioso.


Manifestaciones sintomáticas más frecuentes en niños, niñas y adolescentes,
según grupos de edades.


Niños y niñas, de 1 a 7 años:


Desamparo y pasividad (desgano, energía baja, no participa en actividades).
Miedo generalizado (le teme a todo).
Confusión en el proceso del pensamiento. No se concentran.
Se "sienten mal" en general.
No quieren hablar de lo que les pasó.
Sueños desagradables, pesadillas, no pueden dormir de corrido, se despiertan en la


madrugada.


No quieren separarse de los padres o de los adultos que los protegen.
Regresan a conductas ya superadas como chuparse el dedo, orinarse en la cama,


hablar como cuando eran más chiquitos (balbuceos).


Angustia relacionada con no entender que significa la muerte.
Fantasías de "componer" a los muertos, esperar el regreso de la persona muerta.
Juegos repetitivos acerca del evento traumático. Juegan a que rescatan a sus ami-


guitos, a que otros se mueren, etc.


Niños y niñas, de los 8 a los 11 años:


Sentirse preocupado, responsable y/o culpable por el evento.
Sentir miedo de estar solos y del contacto con todo aquello que les recuerde el


suceso.


Jugar y platicar repetidamente y con exceso de detalles, acerca del evento traumáti-
co.


Miedo de no poder controlar sus sentimientos (llorar, enojos, miedo, etc.).
Problemas para prestar atención y aprender.
Alteraciones del sueño (pesadillas de monstruos, no poder dormir, etc.).
Preocupación por la seguridad de sí mismos y de otros. Por ejemplo, pensar que


algo les va a pasar a sus papás, hermanos, amigos, etc.


Cambios inesperados de conducta. Por ejemplo, los niños activos se vuelven pasivos
y los pasivos activos.


Dolores corporales (cabeza, pecho, estómago, etc.).
Preocupación extrema por el proceso de recuperación de sus padres. Evitan


molestarlos a ellos con sus propias angustias.




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Preocupación excesiva por otras víctimas y sus familias.
Sentirse inquietos, confundidos y asustados por sus propias acciones ante el dolor y


la pérdida.


Miedo a fantasmas.


Adolescentes, de los 12 a los 18 años:


Culpa por haber sobrevivido.
Desinterés por la vida.
Pena, sensación de vulnerabilidad (estar indefenso).
Se comportan diferente. Puede aparecer uso de drogas, delincuencia, conductas


sexuales inapropiadas, etc.


Conductas autodestructivas. Tendencia a tener o provocar accidentes.
Cambios repentinos en sus relaciones con las personas.
Deseos y planes de venganza.
Deseos de entrada prematura a la edad adulta. Por ejemplo, abandonar la escuela,


buscar un trabajo, casarse, tener un hijo, etc.


Metodologías y pautas generales de actuación para la atención a los niños


La metodología de trabajo con los niños no debe ser única ni excesivamente profesio-
nalizada. Se requiere diseñar modelos flexibles que utilicen los conocimientos y prácticas
tradicionales de las comunidades.


En los albergues y refugios se ha demostrado la utilidad de motivar encuentros de
mujeres para hablar de las dificultades que sufren los niños; el tema las convoca con gran
interés. Ellas exponen lo que conocen, complementan sus experiencias y ganan confianza
al sentir que se valora lo que saben. Los grupos de mujeres son muy importantes, pero es
preciso también fortalecer las redes de apoyo mutuo y autoayuda con otros miembros de la
comunidad.


Debe organizarse el tiempo de los niños para que superen el duelo y vuelvan a la nor-
malidad. Se debe favorecer la socialización mediante la relación con otros niños en grupos.


Los agentes de trabajo con los niños no son, solamente, los profesionales o técnicos. Los
jóvenes se estiman como excelentes agentes para la recuperación psicosocial de otros niños,
a causa de la natural relación existente entre el hermano mayor y los más pequeños. Nadie
puede desconocer lo cercano que está aún el adolescente de la niñez, la comunicación
entre ellos es más fluida, conocen sus códigos y señales, acaban de pasar por iguales intere-
ses, la brecha generacional aún no es muy amplia. Ellos tienen recuerdos frescos de sus jue-
gos, cantos, cuentos, adivinanzas, maromas y leyendas. La técnica "niño a niño" ha sido
implementada en muchos proyectos exitosos, demostrando ser eficaz en emergencias.


Los jóvenes que aprenden a relacionarse con los niños, cuando sean padres se comu-
nicarán mejor con ellos y se les hará más fácil asumir un rol de amigos y camaradas de jue-
gos, dejando a un lado el maltrato.


Los jóvenes que han participado en procesos terapéuticos han logrado ellos mismos una
paz interior, que parte del ejercicio de escuchar crudos testimonios, comparar con sus


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propias experiencias y ayudar a restaurar los quebrantos emocionales de los niños. Es pre-
ciso desarrollar en estos jóvenes un proceso para potenciar sus habilidades y destrezas, con-
trolar impulsos, motivarse y desarrollar la calidad de empatía que se requiere en las rela-
ciones interpersonales.


El maestro es un agente de trabajo con niños que debe ser debidamente capacitado
para la actuación en estas situaciones. Por definición, el docente debe ser un psicopeda-
gogo, además que goza, por lo general, de influencia en el ámbito comunitario y familiar.


En el campo del sector salud los trabajadores de atención primaria deben actuar en el
ámbito de lo psicosocial, al igual que en los aspectos físicos de la salud. Los infantes son un
grupo prioritario.


Los ambientes de trabajo con los niños deben ser amplios y no restringidos a los muros
institucionales. Espacios alternativos son aprovechados para el desarrollo de las acciones: la
calle, las iglesias, los parques, espacios bajo árboles o kioscos construidos por la comunidad.
Son lugares en donde se ejecutan actividades recreativas y deportivas con niños y jóvenes.


Los consultorios han dado paso a estos espacios no convencionales donde grupos de
niños interactúan y juegan. La alegría de los niños llena los barrios y contagia a los adultos.
El llanto permanente de niños sin ninguna actividad recreativa desespera a los adultos que
llegan a descargar sobre ellos su violencia retenida.


Las técnicas lúdicas, expresivas y dinámicas son un instrumento de primer orden para el
trabajo con niños. Los menores se proyectan a través del juego, los dibujos, la escritura,
escenificaciones, títeres, etc. Se reestructuran los acontecimientos impactantes para que se
les encuentre una lógica temporal, reconstruir lo sucedido y definir claramente causas y
efectos que les permitan quedar libres de falsas culpas.


Los maestros, trabajadores de salud y agentes comunitarios necesitan instrumentos con-
cretos para trabajar con los niños. La narrativa de cuentos es otro recurso muy utilizado, se
leen los cuentos a los niños pero además crean canciones y preparan escenificaciones y
teatro de títeres con los personajes de los cuentos. Los títeres ayudan a los niños y jóvenes
a proyectarse y hablar a través de ellos expresándose de una manera más libre.


Algunas recomendaciones específicas para la atención a niños y niñas:


Evitar separar a los niños de los padres o de otros cuidadores, protectores.
Pasar tiempo con los niños, especialmente antes de que se duerman. Abrazarlos y


tocarlos frecuentemente, formando un escudo de amor alrededor de ellos.
Reafirmarles, frecuentemente, que están juntos y a salvo.


Hablar con ellos sobre el desastre de una forma simple y honesta. No minimizar ni
exagerar la situación, mantenerlos informados de lo que pueda afectarlos directa-
mente. Reafirmar en los niños que sus reacciones son normales en esos casos.
Ayudarles a expresar sus fantasías secretas sobre el evento.


Ayudarlos a entender lo ocurrido y escucharlos. Preguntarles acerca de sus sen-
timientos sobre el desastre; animarlos a que hablen sobre como se sienten, sobre sus
miedos y preocupaciones, sobre lo que piensan. Si ellos no quieren hablar, pregun-
tarles como creen que otros niños se sienten.


Dígales a los niños como se sintió usted durante el desastre, encontrará que sus sen-
timientos son compartidos por ellos, a pesar de su corta edad.




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No descargue en los niños sus miedos ni sus temores al futuro. Es importante para
ellos que los adultos se muestren seguros o esperanzados de poder salir adelante.


Acepte los sentimientos de los menores. Si su hijo se siente con ganas de llorar,
dígale que está bien que llore y exprese sus sentimientos. No intente cambiar abrup-
tamente sus sentimientos, sea un buen oyente.


Animarlos a que dibujen, coloreen, escriban o jueguen acerca del desastre. Esto le
ayudará a ellos y los adultos entenderán como ven los niños lo sucedido.


Cuando hagan juegos referentes al desastre, anímelos a que le den un final feliz.
Mantenga las rutinas familiares. En la medida de lo posible, haga cosas conocidas


para los niños. Por ejemplo, contarles un cuento antes de acostarse, que duerman
la siesta en la tarde, etc. Esto les proporcionará un sentido de seguridad.


Los padres deben dar a sus hijos tareas productivas y apropiadas a su edad.
Hacerlos parte del esfuerzo familiar para responder a la adversidad.


Cuando los niños se comportan responsablemente, reconózcalo y premie con pala-
bras de aceptación.


Ser pacientes con los niños que regresan a conductas ya superadas, esta regresión,
puede durar hasta 6 semanas.


Apoyarlos para que platiquen de sus sueños. Explicarles que es normal durante un
tiempo tener ese tipo de sueños, que no luchen contra eso.


Siempre decirles la verdad. No le haga a sus niños promesas que no pueda cumplir.
El tema de la muerte se debe tratar objetivamente. Decirles que la muerte es defi-


nitiva y que es normal que nos cause tristeza a los que quedamos vivos. Nunca se
debe culpar al niño por la muerte de otros. No les diga que los muertos están felices
en el cielo con Dios, los menores no entienden este concepto y pueden desear
morir para ir junto con el ser querido.


Informarles cada vez que lo pidan, en donde están los adultos responsables de ellos.
Facilitar que compartan sus malas experiencias con sus compañeros.
Discutir con los niños acerca de sus roles, su papel en la comunidad y familia en


tiempos de paz, posterior al desastre. Apoyar actividades sencillas con los niños para
reconstruir su barrio y comunidad.


Promover discusiones sobre temas morales y éticos así como practicar ejercicios de
resolución de conflictos sin violencia.


Desestimular el enrolamiento de los niños en grupos armados o pandillas y orien-
tarlos a una educación vocacional diversificada.


Fortalecer el papel de modelo del maestro. Decirles a los niños que informen a sus
padres y maestros, cuando sus pensamientos y sentimientos no les permitan apren-
der.


Promover reuniones con niños y padres, para que los menores les puedan expresar
lo que están sintiendo.


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Algunas recomendaciones específicas para los adolescentes:


Fomentar los grupos de jóvenes para discutir sobre el evento y los sentimientos
alrededor de éste. Hablar de manera realista acerca de lo que se pudo y no se pudo
hacer.


Ayudarles a entender el significado normal de sus sentimientos y como expresarlos
(hablando honestamente sobre ellos). Fomentar que busquen apoyo y comprensión
de sus compañeros y amistades.


Ayudarles a entender que muchas conductas pueden ser un intento de evitar los
sentimientos relacionados con el evento.


Hablar con ellos sobre el probable deseo de hacer cosas arriesgadas, en el período
más difícil después del trauma.


Discutir con ellos las dificultades que se pueden presentar en las relaciones con la
familia, compañeros y amigos.


Hacer que hablen de sus posibles planes de venganza (en caso de que exista un pre-
sunto culpable de la tragedia). Discutir con ellos las consecuencias reales de estas
acciones y hablar sobre soluciones constructivas que disminuyan la sensación
traumática de desamparo.


Explicarles que los síntomas que tienen, son consecuencia normal del impacto emo-
cional del evento.


Pedirles que no hagan cambios drásticos en su vida.


Formas tradicionales de atención a los niños afectados


La atención a víctimas, damnificados y otros grupos poblacionales en riesgo durante las
emergencias exige una mirada a la sabiduría popular heredada y perfeccionada por nues-
tros pueblos. Son muchos los métodos tradicionales que deben ser recopilados y
aprovechados dentro de cualquier modelo de atención psicosocial en situaciones de desas-
tres naturales o conflictos armados. Sin embargo, existen algunas acciones que no deben ni
pueden ser estimuladas, sobre todo las que promueven el maltrato infantil o violan normas
elementales de higiene.


De todas maneras, el balance general arroja un resultado valioso en el uso de proce-
dimientos tradicionales (familiares y comunitarios), ya que además están llenos de afecto e
interés por el bienestar de los niños.


En las comunidades se ha comprobado que las mujeres conocen más formas de aten-
der a los niños que los hombres. Ellas son capaces de identificar la existencia de problemas
como los trastornos del sueño (pesadillas, insomnio, llantos y gritos mientas duermen),
enuresis (mojan la cama después de la edad normal para controlar esfínteres), tartamudez,
palpitaciones, falta de concentración, problemas de la memoria, etc.


Las madres reconocen, también, en sus hijos miedo, temor, agresividad, deseo de estar
solos y sin ganas de jugar. A niños con estas características las madres les dan un nombre
genérico "están con nervios", en ocasiones argumentan que el niño está así a causa de las
"lombrices" o de la "anemia", pero la mayoría atribuyen estos síntomas al sufrimiento por las
pérdidas, el desarraigo o la violencia.


A continuación, un ejemplo de métodos y creencias tradicionales de atención psicoso-
cial a los niños y niñas.




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La experiencia de Pavarando (Colombia) (37).


En Pavarando y Turbo (Colombia) lugares de recepción de los más grandes éxodos de
la población desplazada, se inició la recuperación de formas tradicionales de atención a dis-
funciones psicoafectivas de los niños. Fueron las mujeres ancianas quienes aportaron más a
esta recolección. Aquellas que tenían hijos, demostraron tener más experiencia, mientras
las jóvenes acudían más a soluciones occidentales. Los hombres conocían menos que las
mujeres y si eran jóvenes sin hijos estaban aún más desprovistos de estrategias de recu-
peración para los niños y para ellos mismos.


A continuación algunos procedimientos recopilados:


Pesadillas: Cuando los niños lloran y gritan asustados en las noches, las madres los
despiertan suavemente, si son pequeñitos los levantan, los abrazan, les dan palmaditas, les
"soban la barriguita" y les masajean la cabecita. Los calman, los arrullan, les piden que les
cuenten el mal sueño y desvirtúan sus miedos.


Si las pesadillas continúan, se acostumbra frotarles con alcohol o aguardiente en las
"coyunturas", darles agua de "martinica", hierva buena, cilantrón o flor de amapola. Se les
ponen pañitos de agua con sal en la frente para que "cojan fuerza".


Enuresis (mojar la cama): Si el niño se orina siendo ya "grande", acostumbran hacer-
les baños de asiento de hierbas frescas (malva, verdolaga, ajonjolí, matarratón). Se les da a
tomar agua de hoja de guanábana y agua de hoja de bijao (solo el agua de la superficie
que se queda con el polvito del bijao).


Palpitaciones: Si el niño presenta palpitaciones del corazón es que está con "nervios",
se le da agua de valeriana y nitrodulce.


Tartamudez: Las mujeres consideran que sus hijos tartamudean a causa de las lom-
brices, sin embargo luego del desplazamiento notaron que los niños presentaron este com-
portamiento principalmente cuando están "asustados".


Soledad: Cuando un niño está solo, no quiere jugar, está triste, se acostumbra a darle
un baño con agua fresca, mejor si es agua enserenada y si es agua de lluvia es óptimo, así
ellos descansan mejor cuando duermen.


Agresividad: Si un niño está muy agresivo, se le coloca bajo un árbol que tenga de
páramo (rocío de la noche), se sacude el agua y eso "amansa" a los niños. También se los
coloca bajo una planta de ají. Se piensa que como el ají es "bravo" el niño dejará de asumir
conductas violentas. También se "amansa" al niño bañándolo en agua de verbena.


Nervios: Para los "nervios" acostumbran darles agua de albahaca y toronjil.


Desconcentración: Se les da un baño de cabeza con agua de hierva buena y se les da
a oler "paico", frotando entre las manos. Frotando las sienes "puesto que allí está el
entendimiento". Se frotan las sienes con un gesto para "abrir" la mente.


También se pone jengibre en una botella de aguardiente para luego masajear las coyun-
turas antes de dormir.


Falta de memoria: Cuando un niño está "desmemoriado" y se le olvidan las cosas, se
le debe dar un baño de agua con sal, mucho mejor si es refinada, la cantidad es a "punto
de comida", es decir no muy salada.


Temor: Si el niño presenta temores, les enseñan que no hay razón justificada para hacer-
lo, pero además les fortalecen sacudiendo la hierva "salvajina" sobre las piernitas.


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A manera de resumen:


1. Para niños una estrategia de recuperación psicosocial flexible y desprofesionalizada
es válida y tiene efectos positivos a corto, mediano y largo plazo.


2. Los niños son sujetos de derecho y actores protagónicos en su recuperación.
Mantener un balance adecuado en la atención a sus necesidades básicas y "los intere-
ses superiores" hace más eficiente la intervención en la emergencia.


3. Involucrar a jóvenes organizados en la recuperación emocional de niños es un medio
fundamental para reconstruir el tejido social. Los maestros y personal comunitario
también se convierten en agentes de trabajo.


4. El trabajo con grupos de mujeres ha demostrado ser un método eficiente.


5. La capacitación, atención y motivación del personal que trabaje con niños debe ser
tenido en cuenta.


6. Considerar la escuela, la comunidad y la familia como espacios terapéuticos funda-
mentales.


7. Las técnicas lúdicas, dinámicas y expresivas bien estructuradas son instrumentos esen-
ciales para la recuperación psicosocial de los niños. Deben combinarse con la
recreación y el deporte.


8. El retorno a la vida normal incluyendo la escuela es una medida rehabilitatoria de ca-
pital importancia.


9. Aprovechar las tradiciones populares conjuntamente con las técnicas psicológicas
occidentales, potencia la metodología de intervención.


3.6 Intervención en crisis


La intervención en crisis tiene dos modalidades:


Primeros auxilios emocionales, diseñados para ayudar, de manera inmediata, a las
personas a restaurar su equilibrio y adaptación psicosocial. Por lo general, es ofreci-
do por personal no especializado el cual entra en contacto con las víctimas en los
primeros momentos después del desastre u evento traumático en cuestión.


Intervención especializada o profesional para emergencias psiquiátricas.


Objetivos de la intervención en crisis:


Detener el proceso agudo de descompensación psicológica, aliviando las mani-
festaciones sintomáticas y el sufrimiento.


Estabilizar al individuo y protegerlo de estrés adicional, reduciendo los sentimientos
de anormalidad o enfermedad.


Evitar complicaciones adicionales.
Restaurar las funciones psíquicas y readaptar a la persona a las nuevas condiciones,


tan rápido como sea posible.


Prevenir o mitigar el impacto del estrés postraumático.
Facilitar u orientar la asistencia profesional a mediano o largo plazo, si fuera nece-


sario.




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Los estudios y las experiencias de trabajo en emergencias nos muestran que el enfoque
adecuado para entender e intervenir en la situación de crisis es el de la salud mental comu-
nitaria. También es un desafío enfrentar los desastres como una oportunidad para constru-
ir y/o mejorar los sistemas de atención en salud mental en nuestros países.


Los principios fundamentales, de la salud mental comunitaria, válidos para la interven-
ción en crisis en emergencias son:


Necesidad de rescatar los recursos de salud presentes en las personas.
La noción de crisis, como etapas de la vida por las que todo ser humano atraviesa.
Implicaciones técnicas, sociales y políticas de la intervención en crisis.
Socializar los conocimientos.
La comunidad es el nivel de intervención más complejo e importante para la salud


mental.


Necesidad de transformar nuestras propias actitudes.
Construir respuestas concretas para personas concretas en situaciones concretas.
Idea de la rehabilitación vinculada a la cotidianidad.
La dimensión del trabajo en equipo.


Estrategias y recursos técnicos fundamentales de la intervención en crisis


Generales:


La intervención debe ser temprana y eficiente: inmediatez en la atención y proximi-
dad física.


Objetivos bien definidos a corto plazo, con expectativas realistas. La intervención
será dirigida a reducir síntomas y estabilizar la situación psicológica de la persona,
no es un procedimiento mágico que borra las experiencias vividas.


Procedimientos simples y bien orientados.
Técnicas de múltiple impacto: movilizar todos los recursos (profesionales, sociales,


familiares e individuales) disponibles.


Pragmatismo y flexibilidad.
Enfoque integral, además de la acción curativa o asistencial debe enfocarse con per-


fil preventivo y perspectiva social.


Recursos técnicos específicos:


Apoyo humano y empatía. Fortalecer la solidaridad grupal, familiar y social.
Racionalidad.
Reestructuración y reorientación de la vida de las personas ante la situación caótica


experimentada. Aprender a ver o repensar acerca del incidente crítico, de una forma
menos tóxica para contrarrestar la emoción excesiva.


Expresión abierta de emociones y verbalización del trauma, lo cual ayuda a la reduc-
ción de síntomas. Muchas de las técnicas de tratamientos de las reacciones pos-
traumáticas se basan en la habilidad de las personas para reconstruir e integrar las
memorias traumáticas, usando la expresión verbal.


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Comprensión de la pérdida de control como una posible reacción normal ante una
situación anormal.


Resolución de problemas concretos de la vida de las personas.
Uso de recursos espirituales o de fe y religiosidad. Las intervenciones en crisis


basadas en la ayuda espiritual ofrecen perspectivas muy favorables cuando son bien
conducidas.


Uso de recursos profesionales y especializados cuando sea necesario.


Desde el punto de vista práctico la intervención en crisis puede incluir:


Educación y preparación preincidente.
Intervención individual en la crisis.
Intervención familiar en la crisis.
Intervención espiritual (pastoral) en la crisis.
Intervención para grupos pequeños de víctimas primarias, secundarias o terciarias


(los directamente afectados, sus familiares y amigos cercanos, socorristas y personal
de ayuda humanitaria).


Información para el manejo de la crisis en grupos grandes de víctimas primarias.
Programa de soporte en desastres para socorristas y personal de ayuda humanitaria


que actuó directamente en la emergencia.


Mecanismos de seguimiento y para referir a los sobrevivientes con personal especia-
lizado.


También se han descrito algunas modalidades específicas:


Selección o triage: procedimiento para selección y atención de casos inmediata-
mente después del desastre, logrando una disminución de la desorganización
cognoscitiva y emocional. El procedimiento está directamente relacionado con los
primeros auxilios emocionales.


Desactivación o defusing: se emplea dentro de las primeras 12 horas después del
evento traumático, para grupos pequeños de víctimas primarias, secundarias o ter-
ciarias. Es una versión sintetizada del debriefing.


Desmovilización o debriefing según señalan algunos autores, se emplea después de
12 horas de ocurrido el evento traumático. Se sustenta, básicamente, en el princi-
pio de compartir experiencias traumáticas con un componente educativo añadido.
Es importante la confidencialidad y la ausencia de juicios y críticas.


Outreach: procedimiento para encontrar las víctimas, ayudándolas a expresarse y
comprender las reacciones emocionales como consecuencia del desastre.


Qué hacer y qué No hacer durante la intervención en crisis.


Qué hacer:


Desarrollar el sentido de escucha-responsable. Escuchar atentamente, sintetizando
brevemente los sentimientos del afectado. Hágalo sentir que usted lo entiende y
comprende por lo que esta pasando, esto es la empatía.




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Ser cortés, honesto y transparente; ganarse la confianza y cooperación del afectado.
Ser realista y objetivo.
Favorecer la dignidad y libertad para que las víctimas trabajen en sus problemas.
Fortalecer la confianza y seguridad.
Estar alerta sobre las oportunidades de dar énfasis a las cualidades y fuerzas de la


persona.


Aceptar el derecho de los afectados de sentirse así.
Realice preguntas saludables y efectivas.
Pida una retroalimentación para ver si está usted comprendiendo.


Reglas del NO:


No ofrecer algo que no pueda cumplir.
No le tenga miedo al silencio, ofrezca tiempo para pensar y sentir.
No se sienta inútil o frustrado. Usted es importante y lo que está haciendo vale la


pena.


No muestre ansiedad ya que ésta puede ser fácilmente transmitida a los afectados.
No ofrezca respuestas, más bien facilite la reflexión.
No permita que el enojo u hostilidad de la persona lo afecte.
No los presione a hablar de Dios, sea comprensivo con las creencias religiosas.
No tenga miedo de admitir que el afectado necesita más ayuda de la que usted le


puede brindar. Puede referirlo a profesionales especializados.


No permita que las personas se concentren únicamente en los aspectos negativos
de la situación.


No muestre demasiada lástima o paternalismo. Tampoco se exprese de manera
autoritaria o impositiva. Busque un punto intermedio entre estas dos posiciones.


No espere que la víctima funcione normalmente de inmediato.
No confronte a una persona en crisis, si este se va asentir amenazado.
No insista con preguntas más allá del punto en que la persona no desea hablar.
No trate de interpretar las motivaciones ocultas de un comportamiento.
No moralice o sermonee.
No intente progresar demasiado rápido en el proceso de intervención en crisis.
No considere superficialmente las amenazas de suicidio u homicidio.
No aliente a alguien a hacer algo que en realidad no quiere hacer.


Primeros auxilios psicológicos


La Cruz Roja Americana (34) ha desarrollado el concepto que "no se necesitan profe-
sionales o especialistas en las comunidades para tratar las urgencias psicosociales causadas
por un desastre, si se tiene una brigada de personas sensibilizadas con las necesidades emo-
cionales de las víctimas que puedan escuchar e interactuar con otros a su alrededor, así


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como crear un ambiente de seguridad y esperanza". "El apoyo se basa no solo en ciertas
técnicas sino también en nuestra relación con otros seres humanos".


Coincidimos en el criterio de que la primera intervención en situaciones de crisis, en los
desastres, se ofrece por los voluntarios, agentes comunitarios y aquellos que entran en con-
tacto de manera inmediata con las víctimas. Los especialistas llegan en un segundo momen-
to; por otro lado, no se puede pretender que la gran masa de personas con afectaciones
emocionales reciban "una terapia de crisis", tampoco sería conveniente y beneficioso para
las personas que se psicologice o medicalice excesivamente la atención.


El objetivo de la primera ayuda psicológica puede resumirse:


Ayudar a las personas a encontrar respuestas y restablecer su funcionamiento
después de la situación traumática vivida.


Proporcionar información para que las personas puedan manejar sus reacciones
emocionales.


Prevenir o mitigar la aparición de estrés postraumático u otras manifestaciones psi-
copatológicas. Se considera que la gran mayoría de las personas si reciben una ade-
cuada primera ayuda psicológica, no tendrán necesidad de atención profesional.


Para manejar adecuadamente las reacciones psicológicas que aparecen en el periodo
inmediato posterior al desastre es importante la preparación anticipada. El bienestar previo
y las capacidades del individuo para enfrentar eventos vitales serán decisivos. En este senti-
do, se pueden citar las siguientes medidas pre-incidente:


Preparación psicosocial al personal que intervendrá en la primera línea en situación
de desastre.


Desarrollo de programas educativos con la población.
Realizar actividades regulares para aliviar el estrés y fortalecer las capacidades de


movilización social.


Las intervenciones que se realicen en la "escena" después del desastre deben ser cortas,
flexibles y enfocarse a las preocupaciones inmediatas de la persona. Es importante la solu-
ción de necesidades básicas y de supervivencia, por eso debe tomarse en cuenta la
búsqueda de lugares para el descanso, protección y alimentación.


Principios técnicos utilizados en la primera ayuda psicológica:


Escucha responsable: escuchar atenta y cuidadosamente.
Permitir la libre expresión del paciente, en primer término.
Transmitir la necesidad de aceptar lo ocurrido, pues ya no se puede modificar.
En un segundo momento, realizar un interrogatorio limitado y lo mas abierto posi-


ble. No excederse en un "interrogatorio fiscal".


Realizar resúmenes periódicos de la exposición de la persona: organización del pen-
samiento.


Proveer información.
Orientar en lo necesario pero evitando los "consejos directivos".
Aceptación de las personas tal y como son, respetando su dignidad y sus derechos.
Empatía, que significa ponerse en el lugar del otro, comprender lo que le está suce-


diendo.




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


Crear una atmósfera calurosa y humana alrededor de la víctima.
Posibilidad de desarrollar reuniones grupales con víctimas directas.
Desarrollo de actividades para el manejo del estrés.


3.7 El trabajo de grupos


Los desastres naturales y los conflictos armados producen una ruptura de la cotidianei-
dad de las personas, familias y comunidades, hay una fractura del marco de referencia que
provoca crisis en el sujeto; se intensifican vivencias de incomunicación e impotencia y esto
hace emerger con mayor fuerza la necesidad de encontrarse en otros (46). La integración
y pertenencia a un grupo permite fortalecerse a sí mismo, a la vez que facilita la continen-
cia en el diálogo e intercambio. Es factible el reconocimiento de nuevas necesidades y el
desarrollo de tareas destinadas a satisfacerlas.


El trabajo de grupos puede desarrollarse sobre algunos colectivos ya existentes u otros que
se creen ad hoc, como consecuencia de la emergencia. Los grupos pueden facilitar y participar
en trabajos de gestión comunitaria, coordinación y formación de redes. Es conveniente orga-
nizar los grupos con el auxilio de un facilitador de la propia comunidad capacitado en el mane-
jo grupal de las crisis colectivas; de manera que puedan reunirse, también, sin la presencia del
especialista y convertirse progresivamente en un grupo de encuentro y ayuda mutua.


Se ha demostrado la utilidad de los grupos al generar confianza y crear espacios de inter-
cambio de experiencias, expresión de sentimientos y búsqueda de alternativas de afronta-
miento. Se procura desarrollar un sentido de colectividad, en que los miembros se preocu-
pan los unos por los otros y el grupo se preocupa por ellos.


En los grupos se dan los siguientes procesos:


Posibilidad de exteriorizar las emociones y verbalizarlas, así como el reconocimiento
de sentimientos.


Análisis objetivo de la realidad.
Desarrollan la capacidad de auto reflexión y facilitan la toma de conciencia, así como


la búsqueda e integración de soluciones.


Recuperación de la esperanza (cuando se puede saber de la mejoría de otros).
Aprendizaje interpersonal y apertura a diferentes formas del pensamiento (apren-


diendo de unos y enseñándole a otros). Comparten necesidades y problemas, así
como se generalizan experiencias.


Fomento del espíritu de solidaridad y apoyo mutuo.
Desarrollan sentido de pertenencia e identificación con el grupo.
Utilización del poder colectivo.
Desarrollo de actividades sociales gratificantes.
En la emergencia el manejo de grupos no debe verse sólo como una forma de "juntarse


para hacer catarsis"; si bien tiene mucho de terapéutico (en el sentido de aprendizaje y de
modificar conductas), no necesariamente tiene que enfocarse en el sentido clínico.


El grupo forma parte de la "trayectoria de aprendizajes" de sus miembros que comparten
tiempo y espacio, van sosteniendo o reparando su identidad perdida o mellada, poten-
ciando la solidaridad ante la crisis, así como removiendo obstáculos emocionales y de
conocimiento.


54




M A N I F E S TA C I O N E S P S I C O S O C I A L E S Y PA U TA S G E N E R A L E S D E A C T U A C I Ó N


55


Ahora bien, ese proceso grupal, ¿puede ser liberado a la espontaneidad, máxime en las
condiciones de una emergencia? La respuesta parece ser que es un proceso que debe ser
favorecido desde los operadores de la comunidad o de trabajadores del sistema de salud,
los cuales requieren entrenamiento en los efectos psicosociales de los desastres y manejo de
grupos.


Las técnicas sencillas de manejo de grupos tienen las siguientes ventajas:


Requieren sólo una capacitación previa. Personas de la comunidad, debidamente
seleccionadas, pueden ser facilitadores de procesos grupales.


Se pueden planificar y desarrollar antes o durante los desastres, requiriendo docu-
mentación teórica sencilla de fácil comprensión.


Tienen posibilidades de ser evaluadas en el desarrollo del proceso o posterior a la
emergencia, ya que se identifican varios indicadores del proceso grupal: pertinencia
(si está centrado en la tarea), empatías en juego, pertenencia (sentido de formar
parte de identificarse con el grupo), comunicación y relaciones interpersonales,
cooperación y manejo de conflictos.


La existencia de procedimientos sencillos e indicadores cualitativos permiten elabo-
rar estrategias de fortalecimiento grupal y el uso de técnicas diversas apropiadas a
los cambios requeridos. Todo conducente al desarrollo de una capacidad de
adaptación activa a la realidad, contenedora y transformadora del impacto de la cri-
sis, restableciendo las redes sociales, así como los vínculos productivos para afrontar
nuevos desafíos.


Esta perspectiva que ubica la tarea grupal como un lugar articulador y de acción entre
el individuo y la comunidad, es particularmente eficaz para los grupos vulnerables como los
albergados o refugiados, los damnificados, desplazados y los grupos de socorristas. Cada
uno de ellos debe definir sus necesidades (no ser definidas desde afuera), reconocer los
recursos que tienen y los que puedan requerir, desarrollar habilidades propias para organi-
zar/reorganizar su vida cotidiana y definir sus objetivos de vida y los instrumentos para
alcanzarlos, basándose principalmente en el propio esfuerzo orientado a desarrollar
autonomía y hacer eficaz la ayuda externa que sea requerida.


Algunas pautas para la actuación en grupos de apoyo mutuo:


No siempre tiene que centrarse en las experiencias traumáticas (esto dependerá de
las necesidades de los participantes). Algunos grupos pueden focalizarse en una
experiencia vivida de forma colectiva. Generalmente se da en casos en que no
encuentran otro espacio social para la expresión y los miembros se pueden benefi-
ciar del intercambio.


Inicialmente, el trabajo debe dirigirse a los conflictos identificados en el grupo por
sus integrantes y posteriormente enfatizar en los proyectos de vida.


Superar la victimización, fortaleciendo los proyectos de vida.
El debriefing es una de varias técnicas y no siempre es positiva. Deben tenerse en


cuenta múltiples factores circunstanciales y condicionantes.


Manejo de problemas cotidianos y factores condicionantes del estrés.
Se han demostrado resultados positivos, en particular, en situaciones de riesgo de


duelo patológico y experiencias traumáticas específicas.


Los resultados del trabajo de grupo no puede evaluarse solamente por el índice de
reducción de síntomas de los participantes.






57


4.1. Consideraciones generales para preparar un plan


En este capítulo se esbozan los principios fundamentales sobre los que debe estruc-
turarse un plan de salud mental en emergencias. Esto implicará, necesariamente, un abor-
daje breve del período de preparación o previo al evento. Lo referente a la recuperación
sólo se mencionará en sus ideas más generales.


La atención de salud mental debe comenzar con un diagnóstico comunitario amplio e
incluyente que tenga en consideración el contexto sociocultural, género, grupos de edad,
identificación de líderes, autodefinición de necesidades por la propia población, situación
de derechos humanos, etc.


Una estrategia fundamental es la formación de facilitadores o promotores sociales,
teniendo en cuenta el conocimiento que estos tienen de los procesos comunitarios y de la
idiosincrasia de las poblaciones afectadas. A través de los mismos, se recuperan muchas de
las experiencias y conocimientos populares que se enriquecen con instrumentos técnicos.
Un concepto importante es que los promotores comunitarios no deben ser específicos en
salud mental, sino que deben trabajar en el amplio campo de la salud y lo social.


La atención de salud mental en emergencias implica el manejo de técnicas de interven-
ción en crisis y psicoeducativas que favorecen la expresión de vivencias y sentimientos, así
como la compresión de los factores de estrés implicados. En paralelo, deben tenerse en
cuenta la satisfacción de necesidades concretas y la generación de ambientes seguros. La
evaluación de las acciones realizadas debe tener una fase de retroalimentación a la comu-
nidad.


Los problemas más frecuentes en los programas de atención de salud mental son:


Modelos de intervención asistenciales y centrados en el trauma.
Actuaciones clínicas individuales frente a impactos masivos con dinámicas colectivas.
Poca acción preventiva.
Escasa sensibilidad cultural.
Poca incidencia de lo psicosocial en las decisiones políticas y organizativas.


Grandes problemas a priorizar


Se destacan tres grandes grupos de problemas psicosociales que siempre hay que tener
en cuenta en situaciones de desastres y emergencias.


El miedo y la aflicción, como consecuencia de los daños y pérdidas y/o por el temor
a la recurrencia de la situación traumática.


Trastornos psicopatológicos o enfermedades psiquiátricas evidentes.
Desorden social, violencia y consumo de sustancias adictivas. Esto incluye actos


vandálicos y delincuenciales, rebeliones, demandas exageradas, abuso sexual, vio-
lencia intrafamiliar, etc.


CAPITULO IV
HACIA UN PLAN DE SALUD MENTAL


EN SITUACIONES DE DESASTRES Y EMERGENCIAS




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


De lo anterior se derivan tres mensajes:


No pensemos solo en la psicopatología, también en la amplia gama de problemas
de alto contenido social.


La necesidad de ampliación del campo de competencia de los profesionales de la
salud mental.


Los problemas psicosociales pueden y deben ser atendidos -en gran proporción- por
personal no especializado.


En algunos países latinoamericanos, a los eventos vitales que, comúnmente, están
expuestos los seres humanos se unen el conflicto armado y su secuela de violencia, así como
los desastres naturales. Todo esto en un contexto de pobreza y marginación de grandes
grupos, en especial las poblaciones que residen en zonas rurales y en zona urbanas mar-
ginales, lo que aumenta notablemente las condiciones de riesgo.


Para enfrentar esto el individuo dispone de los mecanismos individuales de afrontamien-
to que ha desarrollado a lo largo de la vida, pero también -y esto será muy importante- de
las redes de apoyo familiar y social.


Las consecuencias de estos eventos vitales -sostenidos a lo largo del tiempo- estarán en
relación directa con el balance que se pueda lograr entre los factores de riesgo, los de pro-
tección y las condiciones individuales y sociales. Esto determinará la aparición o no de pro-
blemas psicosociales, ya sea como patología psiquiátrica definida u otros problemas emo-
cionales y de la conducta humana.


El concepto de ampliación del campo de competencia de la salud mental está rela-
cionado con la variada gama de problemas psicosociales a enfrentar, que no se limitan a las
enfermedades psiquiátricas. La aflicción de las personas, la violencia y el consumo de sus-
tancias adictivas no se pueden enmarcar dentro de los límites de lo psicopatológico, pero
son facetas del drama humano que estamos en la obligación de comprender y contribuir a
su solución.


En la figura que mostramos a continuación se presenta un modelo para interpretar la
problemática psicosocial y una referencia práctica para la intervención.


58




H A C I A U N P L A N D E S A L U D M E N TA L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


59


Salud Mental
Dinámica situacional


Conflictos armados
y violencia política


Aflicción,
Violencia,


Consumo excesivo
de substancias


Enfermedades
psíquicas


Otros eventos
vitales


Desastres
naturales


Pobreza


Individuo


Familia / Comunidad


Mecanismos individuales de
afrontamiento


Red de apoyo social y familiar




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


Etapas en las actuaciones psicosociales en situaciones de emergencia


Para la planificación e instrumentación de las actuaciones de salud mental en situaciones
de emergencias, es necesario ordenarlas por etapas. Las acciones que se desarrollan en un
primer momento, después del evento traumático (impacto inmediato), son sustancialmente
diferentes a las que se desarrollan a mediano y largo plazo como parte del proceso de recu-
peración.


Por supuesto que esta delimitación temporal siempre tendrá un carácter relativo y solo
debe tomarse como marco de referencia, en la vida real los tiempos no suelen ser tan bien
delimitados como en la teoría.


Es más fácil precisar los periodos de tiempo en los desastres naturales, pues estos ocu-
rren en momentos muy bien delimitados (días, horas o segundos). Los conflictos armados
son más complejos y duraderos; muchos de sus efectos se visibilizan, frecuentemente, a
mediano y largo plazo.


En las poblaciones desplazadas es necesario delimitar a quiénes van dirigidas las
acciones psicosociales, en qué momentos vamos a acompañar a estas personas y qué
acciones tomar en cada etapa del proceso.


Algunas consideraciones generales sobre el tiempo:


Las instituciones (o niveles) nacionales y locales tienen tiempos distintos. Por otro
lado, la cultura institucional y organizativa no responde siempre a los tiempos y
necesidades de las personas y los grupos.


El tiempo de la gente damnificada (la comunidad) es diferente del de los equipos
institucionales de respuesta. El proceso de asimilación del trauma es un factor que
influye en el tiempo.


Los tiempos transcurren y se valorizan de manera distinta según las culturas. Las con-
ductas colectivas se determinan, entonces, por sus propias dimensiones temporales.


Los organismos de ayuda humanitaria tienen periodos de tiempo para la "emer-
gencia" determinados institucionalmente o limitados por las fuentes financieras, que
no se relacionan directamente con las necesidades prácticas. Ha resultado evidente
que la solidaridad y ayuda nacional e internacional fluye rápidamente en los
primeros momentos para posteriormente disminuir drásticamente. Sin embargo, el
riesgo psicosocial se mantiene en la mayoría de los casos.


El período de la emergencia y el que se estima para la recuperación y favorecer el
desarrollo integral de las comunidades afectadas, en ocasiones, no están bien deli-
mitados, se pueden superponer o quedar aislados.


El tiempo no transcurre linealmente, por lo general se puede asemejar con una espi-
ral.


En casos de desastres naturales, a los efectos prácticos, se delimitan cuatro grandes eta-
pas que nos permite orientar lo que sucede aproximadamente en cada momento, y tam-
bién el qué hacer. En cada periodo hacemos énfasis en la dinámica psicosocial que se desa-
rrolla, tratando de esquematizar y simplificar lo fundamental.


1. Periodo previo o precrítico.


2. Periodo crítico o de la emergencia propiamente dicha.


3. Periodo post-crítico.


4. Periodo de recuperación.


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H A C I A U N P L A N D E S A L U D M E N TA L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


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La etapa previa puede ser más o menos prolongada de acuerdo al tipo de desastre. Los
huracanes, por ejemplo, pueden ser monitoreados y anticipado su paso por determinado
territorio. Por el contrario, un terremoto ocurre abruptamente sin tiempo alguno que per-
mita prepararse. No obstante, en cualquier caso es vital desarrollar un plan preventivo que
reduzca la vulnerabilidad de la población.


El periodo crítico también es variable en cuanto a duración y características, dependien-
do del tipo de evento y su magnitud. En este momento, lo fundamental para la población
es su seguridad personal y familiar y la satisfacción de sus necesidades básicas y de super-
vivencia. La primera ayuda psicológica se ofrece por la propia comunidad, socorristas y el
personal que entra en contacto con la gente en esos momentos difíciles.


La etapa post-crítica se enmarca, aproximadamente, en un periodo de 15 a 30 días
después del evento. En la mayoría de las ocasiones, los grupos de ayuda externa y la movi-
lización de las organizaciones nacionales ocurren en esta etapa del desastre. En estos
momentos se trabajan los procesos de intervención en crisis y atención a casos con mani-
festaciones psíquicas, incluso, con personal calificado.


Es importante comenzar lo antes posible la preparación para la etapa de recuperación
donde el sector salud y diferentes instituciones nacionales tendrán que enfrentar con sus
propios recursos las tareas normales, más las que corresponden a la recuperación psicoso-
cial del desastre. Las crisis deben dejar como sedimento un crecimiento personal y el forta-
lecimiento de los mecanismos individuales y grupales de afrontamiento, así como de la red
de apoyo social.


Manifestaciones psicosociales ante situaciones de desastres naturales,
según etapas.


¿Qué ocurre?


Se conoce y se anuncia
la catástrofe.


Expectativa de
inevitabilidad con alto
nivel de tensión en la
población.


Sobre o sub / valo-
ración del posible
desastre.


Se potencializan carac-
terísticas humanas pre-
existentes.


Período breve durante
el cual transcurre la
catástrofe. Destrucción
y muerte.
Desorganización y con-
fusión generalizada.


Miedo. Sentimientos de
abandono y vulnerabili-
dad. Necesidad de
supervivencia.


Pérdida de iniciativa.


Liderazgos espontá-
neos (positivos o nega-
tivos).


Conductas:
Heroicas o mezquinas.


Violentas o pasivas.
Muestras de solidaridad
o de egoísmo.


Conocimiento y evalua-
ción más detallada de
la situación, en especial
de las pérdidas.


Se inicia un proceso
lento y progresivo de
recuperación.


Miedo a la recidiva.


Conductas agresivas
contra autoridades e
instituciones. Actos de
rebeldía y/o delincuen-
ciales.


Se mantienen, en algu-
na medida, los aspec-
tos detallados en la
etapa anterior.


Se mantienen como no
resueltos muchos pro-
blemas.


Secuelas sociales y de
la salud de las per-
sonas, en especial
problemas de orden
psíquico.


En función de la estruc-
tura social, los indivi-
duos y el grado de pér-
didas se planifican y
ejecutan tareas para la
recuperación definitiva.


Fase pre-crítica (horas
o días previos)


Fase de crisis
(evento y 72 horas


posteriores)


Fase post-crítica
(30 días)


Fase de recuperación
(posterior


al primer mes)




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


¿Qué se hace?


62


Información y orien-
tación actualizada y
precisa a la población.


Evaluación del grado
de preparación y orga-
nización.


Identificación de ame-
nazas y vulnerabili-
dades. Identificar gru-
pos de riesgo psicoso-
cial.


Protección preventiva;
se impone autoritaria-
mente, en casos nece-
sarios.


Localizar personal com-
petente.


Capacitación emer-
gente.


Controlar focos de des-
organización social.


Estimular espíritu soli-
dario y favorecer la par-
ticipación.


Acciones de socorro y
salvamento.
Satisfacción de necesi-
dades básicas y garanti-
zar la seguridad física.


Información y orienta-
ción sobre: - Qué está
ocurriendo.- Qué se
está haciendo.- Qué
deben hacer las per-
sonas.


Transmitir: organi-
zación, seguridad,
autoridad, moral,
sosiego, apoyo y
ánimo.


Recuperar la iniciativa y
elevar la autoestima.


El tiempo de llegada
de la ayuda externa es
decisivo.


Controlar desorgani-
zación social.


Evaluación rápida de
las necesidades emo-
cionales de la
población (triage).


Primera ayuda psi-
cológica por personal
no especializado.


Continúan y se consoli-
dan las medidas de la
fase anterior.


Establecimiento del
plan de acción en
salud mental. Equipos
móviles de atención
especializada en salud
mental.


Coordinación interinsti-
tucional. Creación de
redes de trabajo.


Organización de la
propia comunidad,
reforzando su autores-
ponsabilidad y se
transmite confianza en
la recuperación.


Controlar los actos vio-
lentos y la desorgani-
zación social, para evi-
tar su propagación.


Educación para la
salud y capacitación


Atención psicosocial a
los albergues. Atención
a grupos especiales y
vulnerables.


Atención a casos con
trastornos psíquicos.
Intervención en crisis.


Medidas económicas y
sociales en diferentes
escalas para asegurar
una definitiva y total
recuperación.


Se consolida y proyecta
la coordinación inter-
institucional y la organi-
zación comunitaria.


Desarrollo de proyectos
ocupacionales y pro-
ductivos.


Mantener un adecuado
nivel de información a
la población.


Educación para la
salud y capacitación.


Atención a casos con
trastornos psíquicos.


Atención a albergues
que continúen y a gru-
pos especiales y vulne-
rables.


Propuestas e instru-
mentación de las
estrategias de sosteni-
bilidad y continuidad
de los proyectos de
emergencia.


Fase pre-crítica (horas
o días previos)


Fase de crisis
(evento y 72 horas


posteriores)


Fase post-crítica
(30 días)


Fase de recuperación
(posterior


al primer mes)




H A C I A U N P L A N D E S A L U D M E N TA L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


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Manifestaciones clínicas


Angustia.


Inseguridad.


Vigilancia obsesiva.


Crisis.


Estrés peritraumático.


Reacciones colectivas
de agitación.


Reacción de ansiedad
y/o depresión.


Trastornos de concien-
cia.


Reacción de excitación
y/o psicótica.


Descompensación de
trastornos psíquicos
preexistentes.


Trastorno por estrés
agudo.


Trastornos depresivos y
de ansiedad.


Descompensación de
trastornos psíquicos
preexistentes.


Abuso de alcohol y dro-
gas.


Violencia.


Trastorno por estrés
post-traumático.


Otros trastornos
psíquicos tardíos o
complicados.


Alcoholismo y otras
adicciones.


Violencia.


Fase pre-crítica (horas
o días previos)


Fase de crisis
(evento y 72 horas


posteriores)


Fase post-crítica
(30 días)


Fase de recuperación
(posterior


al primer mes)


El tiempo en poblaciones afectadas por conflictos armados y desplazados.


En situaciones de conflictos armados se pueden dar varias situaciones:


Poblaciones que viven en territorios donde se desarrolla la guerra y están sometidas,
de manera sistemática a las vivencias del conflicto en toda su intensidad.


Poblaciones que fueron víctimas de la violencia política, pero que la misma acabó o
lograron salir del epicentro del problema.


Poblaciones desplazadas como consecuencia del conflicto armado.
A los efectos prácticos de definir las etapas de la emergencia, nos referiremos funda-


mentalmente al tercer grupo (desplazados). En estos casos se delimitan las siguientes eta-
pas:


Emergencia propiamente dicha (30 días en los que se ha producido el desplaza-
miento): La población es sometida a amenazas u otras causales que motivan el
desplazamiento. La etapa se caracteriza por una gran desorganización de la vida
familiar y comunitaria, predominan las pérdidas y la sensación de confusión; se pro-
ducen las primeras reacciones emocionales y conductuales ante la nueva situación
creada.


Período postcrítico o de recuperación inmediata (2-6 meses): La población desplaza-
da comienza a visualizar el futuro (retorno, reasentamiento definitivo o nuevo
desplazamiento) y a plantearse soluciones a su problemática. Se producen reaco-
modos a la nueva situación y a trabajara para la recuperación definitiva.


Período de recuperación definitiva, que puede extenderse hasta cinco años después
del desplazamiento. Por razones obvias no será objeto de atención en esta Guía.




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Grupos de riesgo o alta vulnerabilidad


La vulnerabilidad es la resultante de un proceso dinámico de interacción de diversos fac-
tores individuales, familiares y sociales. Nos referimos aquí a los grupos poblacionales de
mayor riesgo y vulnerabilidad, que como tal deben recibir una atención diferenciada y prio-
rizada.
Factores condicionantes del riesgo:


La exposición directa e indirecta al evento traumático.
Las pérdidas de cualquier índole.
Características individuales.
Contexto.


Factores que puede favorecer la protección o incrementar el riesgo:


Habilidades personales para el manejo de emociones.
La historia personal.
Experiencias traumáticas previas.
Enfermedades previas.
Condiciones socioeconómicas.
Existencia de amenazas.
Características de la comunidad (eventos traumáticos anteriores, condiciones socioe-


conómicas, cohesión, confianza interna, etc.).


Liderazgo comunitario y redes sociales de apoyo.
Apoyo familiar.
Se recomienda que las acciones dirigidas a los grupos vulnerables deberán ser evalua-


das no solamente en función del grupo de riesgo especifico, sino también tomando en con-
sideración el impacto comunitario.


Este es un tema que podrá tener grandes diferencias de acuerdo a las características
locales y el tipo de situación generada por el desastre o emergencia. En un país o territorio
podríamos hablar de los niños y los albergados, pero en otro lugar pueden ser diferentes
los grupos de mayor riesgo; también la situación puede variar con el tiempo. Un grupo
sobre el cual es necesario dirigir siempre esfuerzos específicos son las poblaciones más
pobres.


A manera de guía general y acorde con las experiencias existentes, se recomienda tener
en consideración los siguientes grupos:
Grupos vulnerables de acuerdo al ciclo vital:


Niños, niñas y jóvenes.
Ancianos(as).


Grupos vulnerables por padecer de trastornos psíquicos o físicos previos:


Trastornos psicopatológicos.
Alcoholismo y otras adicciones.
Discapacitados y/o portadores de enfermedades crónicas.
SIDA.


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Grupos vulnerables por las condiciones en que viven como consecuencia del
desastre:


Albergados y/o refugiados.
Damnificados.
Desplazados.


Grupos vulnerables por las labores desempeñadas durante la emergencia:


Miembros de los equipos institucionales de respuesta, como rescatistas, socorristas y
personas que han desarrollado labores humanitarias o han trabajado directamente
en la situación de la catástrofe.


A manera de ejemplo, en Colombia (28) se identificaron los siguientes grupos de riesgo
en poblaciones desplazadas:


Madres cabeza de familia.
Adultos mayores.
Niños menores de 18 años.
Discapacitados.


El personal no especializado, agentes comunitarios y voluntarios


En situaciones de desastres, la participación de agentes comunitarios, trabajadores de
salud de la APS y los voluntarios tiene un papel decisivo. Por lo general, son la primera línea
de contacto con la población y los que van a llevar adelante la primera ayuda psicológica.
Pueden ser muy eficientes y desplegar un alto grado de autonomía si han sido preparados
adecuadamente. También si provienen de las propias comunidades estarán en mejores
condiciones de comprender las necesidades de la población y el contexto sociocultural.


Este personal y otros que laboran en albergues y refugios deben tener un enfoque
amplio e integral, y deben asumir ante todo una actitud de escucha responsable. Se busca
que este personal pueda responder a las necesidades emocionales de la población, para
esto deben ser entrenados en técnicas de ayuda psicosocial simples y bien orientadas.


Por otro lado, este tipo de trabajo provoca una fuerte carga emocional y de tensión que,
en un momento dado, puede copar las posibilidades de quienes intervienen, impidiéndoles
realizar su trabajo e incluso produciéndoles efectos sobre su propia vida emocional, por lo
que es muy importante que ante la fatiga o tristeza puedan ser relevados por un tiempo
(descanso y recuperación) o que puedan ser vistas estas situaciones oportunamente para
darles un sentido y reconvertirlas, trabajando sus emociones y restaurando su sentido de
control.


Por las razones anteriormente apuntadas debe organizarse la atención psicosocial a
socorristas, rescatistas y personal que ha laborado directamente en las acciones de la emer-
gencia. Este aspecto será tratado más detalladamente en las líneas de acción.


Los diferentes actores


No es nuestro propósito, en estas consideraciones generales, detallar el papel o fun-
ciones de los diferentes actores e instituciones en situaciones de emergencias. Abordaremos
el tema de una manera muy general.




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Entre los actores más relevantes podemos citar:


Ministerio de Salud Pública.
Otros organismos bubernamentales (educación, cultura, deportes, obras públicas,


Trabajo y otros organismos de la economía del Estado).


Alcaldías y autoridades locales.
Policía u otros organismos de seguridad pública.
Defensa civil.
Bomberos.
Fuerzas armadas.
Universidades.
Iglesias.
Cruz Roja.
Organizaciones no gubernamentales (nacionales y extranjeras).
Empresa privada.
Medios de comunicación.
Organismos o agencias internacionales.
Otras instituciones.
No debe olvidarse a la propia población y sus líderes que deben ser considerados actores


de primer nivel.


Se señalan, de manera muy general, algunas recomendaciones para aquellos que inter-
vienen en estas situaciones de emergencia:


Capacidad de actuar planificadamente: organizarse y funcionar dentro del marco de
sus potencialidades, recursos y características.


Tomar conciencia de su propio papel y definir una identidad frente a la población.
Prepararse interiormente (crisis internas).
Estimular y apoyar el liderazgo local.
Actuar como facilitadores en la transferencia de tecnología, conciliación y fortaleci-


miento de la capacidad de respuesta, respetando los procesos comunitarios.


Utilizar espacios y formas organizativas existentes.
Asegurar la sostenibilidad de las acciones que se inicien en el periodo de la emer-


gencia. Favorecer la institucionalización de aquellos procesos que resulte conve-
niente su continuidad como parte de los programas nacionales y locales.


4.2 Principios básicos del plan


Los planes de salud mental, contrario a lo que muchos pueden pensar, son relativa-
mente sencillos, prácticos y de bajo costo. Dependen en lo fundamental del recurso
humano. Enumeramos a continuación algunos principios a tener en cuenta:


Enfoque de gestión de riesgo dirigido a la acción preventiva, disminuyendo al míni-
mo las probabilidades de sufrir daños psicosociales.


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Evaluación rápida de las necesidades psicosociales y las situaciones de mayor vul-
nerabilidad, que sirva de apoyo a las actuaciones en su fase inicial.


Definir metas y objetivos sobre bases realistas y objetivas, desglosándolos según
términos de corto, mediano y largo plazo. Evaluar disponibilidades financieras y de
recursos humanos.


Definir acciones sobre la base de los objetivos trazados. En cada acción debe
definirse claramente responsable, ejecutores y fechas de cumplimiento. La interven-
ción psicosocial debe ser temprana, rápida y eficiente.


No visualizar la atención sólo como demanda de asistencia.
No focalizarse, necesariamente, en el trauma. Utilizar estrategias positivas de afron-


tamiento en los planos ideológico, cultural y religioso.


Crear ambientes seguros, promoviendo la vida comunitaria, así como apoyando el
reagrupamiento familiar y el trabajo de redes.


Readaptación activa que significa el reinicio de las actividades cotidianas de la comu-
nidad, incluyendo el trabajo y la actividad escolar de los niños.


Creación de espacios de apoyo mutuo, expresión, distensión, comprensión y escu-
cha. Soporte emocional a las personas en duelo, favoreciendo los funerales y ritos
aceptados culturalmente.


Precisar los resultados esperados e identificar los indicadores mínimos para el segui-
miento del proceso, estableciendo por lo menos de forma elemental un mecanismo
de información.


Enfoque de género.
Enfoque étnico y cultural.
Establecer alianzas y procesos de cooperación, evitando las duplicidades o contra-


dicciones en el accionar.


Flexibilidad. La dinámica psicosocial en los desastres naturales y emergencias com-
plejas es muy cambiable, a veces en cuestión de horas, por lo que todo plan debe
ser sumamente flexible.


Sostenibilidad de las acciones a mediano y largo plazo. Lograr una vinculación del
plan con las instituciones y estructuras nacionales existentes. Buscar que como con-
secuencia de estas acciones se fortalezcan los servicios existentes y mejore la aten-
ción en salud mental en el país.


4.3 Objetivos de un plan de salud mental


Reducir el riesgo psicosocial de la población e introducir el componente salud mental en
la atención sanitaria en situaciones de desastres y emergencias complejas.


Los objetivos específicos los definimos acorde a los grandes problemas psi-
cosociales, anteriormente citados:


1. Eliminar o disminuir la probabilidad de sufrir daños psicosociales en una situación
de emergencia.




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2. Evitar y/o reducir el miedo y la aflicción en la población.


3. Contribuir a prevenir y controlar la problemática social que se genera en la
población, en especial en los más afectados, albergados y desplazados.


4. Reducir, atender y rehabilitar los trastornos psíquicos que se presenten como conse-
cuencia directa o indirecta del desastre o emergencia.


4.4 Líneas de acción


Debemos enfatizar que ofrecer ayuda material de forma organizada y coordinada,
reducir los efectos del desastre o el conflicto armado, garantizar la seguridad personal y
familiar, apoyo general, así como prevención o disminución de muertes y enfermedades es
la primera y más importante atención psicológica que fortalece los mecanismos de
afrontamiento de las personas. Debe explicarse y promoverse esto con las organizaciones
gubernamentales y no gubernamentales que actúan en estas circunstancias. También es
necesario tratar a las personas como supervivientes activos y no como víctimas pasivas.


Las principales líneas de acción las sintetizamos a continuación:


1. Diagnóstico preliminar rápido.


2. Atención psicosocial por personal no especializado.


3. Atención clínica especializada directa a casos con trastornos psíquicos más com-
plejos.


4. Atención priorizada a grupos de riesgo o alta vulnerabilidad.


5. Capacitación y transferencia de tecnología.


6. Promoción y educación para la salud.


7. Organización comunitaria, participación social y autoresponsabilidad.


8. Comunicación social.


9. Coordinación intersectorial.


10. Coherencia de las acciones de salud mental con el Plan de Emergencia del Sector
y el Estado.


1. Diagnóstico preliminar rápido


Desde el primer momento de la intervención es necesario contextualizar lo ocurrido, sin-
tetizar y analizar lo más importante, identificar necesidades, problemas, grupos metas y prio-
ridades en el accionar, es decir, obtener un conocimiento básico de las comunidades afec-
tadas y el contexto sociocultural. También es importante evaluar el sistema de salud, recur-
sos especializados disponibles, su desarrollo organizacional y las capacidades de
afrontamiento de la problemática. Esto resulta vital para un actuar organizado y tener obje-
tivos bien claros así como metas a corto, mediano y largo plazo.


Un diagnóstico preliminar debe ser rápido y operativo, hecho de manera simultánea con
las primeras acciones desplegadas. Siempre será evolutivo y dinámico, ya que en los desas-
tres y emergencias la situación psicosocial cambia en horas, días o semanas; por lo tanto,
este se va actualizando y retroalimentando de manera sistemática.


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2. Atención psicosocial por personal no especializado


El objetivo fundamental es el aumento del nivel de resolutividad psicosocial de este per-
sonal que serían fundamentalmente los siguientes:


Trabajadores de la atención primaria en salud.
Maestros en las escuelas.
Voluntarios, personal socorrista y de ayuda humanitaria.
Agentes comunitarios.
Recordar que estos trabajadores son la primera línea de contacto con la población y


quienes ofrecen, por lo general, la primera ayuda psicológica en el período crítico. También
pueden realizar un acompañamiento humano en el mediano plazo.


3. Atención clínica especializada directa a casos con trastornos psíquicos


Esta debe ser lo más cercana y accesible a la población y se desarrollará en los siguientes
niveles:


Hospital psiquiátrico o servicio de psiquiatría en hospital general.
Servicios de salud mental de la atención primaria en salud.
Equipos especializados de tipo móvil o ubicados transitoriamente en lugares selec-


cionados. Es frecuente el uso de alumnos universitarios de psicología en albergues.


Otras unidades de psicología o psiquiatría de diferentes instituciones (OG y ONGs).


4. Atención priorizada a grupos de riesgo o alta vulnerabilidad


En el diagnóstico preliminar que se realice, uno de los aspectos fundamentales será la
identificación de los grupos de mayor riesgo psicosocial y su localización a los efectos de diri-
gir acciones específicas hacia ellos. Cada territorio debe definir sus prioridades en este sen-
tido. Por la importancia que tienen en cualquier plan de salud mental en emergencias, nos
referiremos en epígrafes específicos, en este propio capítulo, a la atención a los albergados,
desplazados y a los trabajadores de los equipos institucionales de respuesta.


5. Capacitación y transferencia de tecnología


Se debe capacitar de forma rápida y efectiva a los voluntarios, trabajadores de salud en
la atención primaria (incluidos agentes comunitarios), personal de albergues y refugios y los
maestros; especialmente, en lo referente a la identificación y actuación ante los problemas
psicosociales en condiciones de desastres. Es necesario, posteriormente, garantizar la actua-
lización, continuidad y sistematicidad de la capacitación con el personal implicado.


El tema se ampliará en otro epígrafe de este capítulo.


6. Promoción y educación para la salud


La comunidad y en especial sus organizaciones y líderes deben recibir información
educativa mínima sobre la problemática psicosocial en condiciones de desastres. Debe
prestarse especial atención a los albergues y personal evacuado, así como a las personas y
familias altamente damnificadas. Son elementos vitales lograr que la población sepa identi-




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ficar precozmente la amplia gama de reacciones psicosociales que pueden presentarse, la
diferenciación de lo evidentemente patológico y el aprendizaje de algunas medidas simples
para el afrontamiento de estas situaciones. Es conveniente disponer (si es posible con
antelación) de los materiales educativos en salud mental para situaciones de emergencia.


El trabajo con población infantil, en las diferentes etapas del desastre, es asistencial pero
a la vez tienen un carácter preventivo y de promoción de salud. Se recomiendan entre otras
cosas, lo siguiente:


Desarrollo de técnicas lúdicas y dinámico-expresivas de manera grupal, con especial
énfasis en los albergados, damnificados y escuelas. Se incluyen aquí las actividades
deportivas, recreativas y culturales.


Gestionar la compra y distribución de materiales expresivos y lúdicos para los alber-
gues y escuelas.


Entrenar al personal de salud, maestros y otros facilitadores de la propia población
para que desarrollen actividades grupales con niños y sean capaces de identificar,
manejar o referir los casos con problemas psicosociales importantes.


7. Organización comunitaria, participación social y autoresponsabilidad


Es necesario favorecer la organización comunitaria y la participación de la población
como entes activos y no sólo como receptores pasivos de ayuda. En otras palabras, convertir
a la gente en protagonistas de su propia recuperación y la de otros. También coordinar
entre las organizaciones que prestan sus servicios en el ámbito local, así como promover las
labores de auto-ayuda y ayuda mutua.


Para lograr una adecuada participación y apoyo comunitario en nuestras acciones es
imprescindible el conocimiento previo y el respeto hacia las tradiciones y valores culturales
de las poblaciones afectadas. En esto pueden jugar un importante papel los voluntarios,
líderes y agentes comunitarios locales.


También el desarrollo de proyectos productivos es importante en la etapa de recu-
peración psicosocial.


8. Comunicación Social


Para evitar y/o reducir el miedo y la aflicción de la población, las estrategias de comuni-
cación social son esenciales. Debe asesorarse y recomendar a los líderes y autoridades del
gobierno y la sociedad para que actúen mediante sus declaraciones públicas, transmitien-
do calma y reduciendo el temor y la incertidumbre.


Algunas recomendaciones útiles son las siguientes:


Actitud veraz y seria, pero que a la vez infunda calma y serenidad para enfrentar la
problemática existente.


Brindar la mayor orientación posible a la población, en especial a aquellos que re-
siden en las zonas afectadas. Ofrecer toda la información disponible sobre las
labores de ayuda y salvamento que se vienen efectuando.


Siempre que sea posible debe utilizarse información escrita, tipo boletines, para
las labores de divulgación y orientación que se ofrecen a la población. Debe ser lo
más concreta y uniforme posible, a los efectos de evitar cualquier tipo de distorsión
o contradicción.


Por su importancia, este tema será ampliado en otro epígrafe de este capítulo.


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9. Coordinación intersectorial e interinstitucional


Esta es una de línea de trabajo de gran importancia en el campo de la salud mental.
Muchas acciones se desarrollan por numerosas organizaciones gubernamentales y no
gubernamentales, agencias extranjeras e instituciones que no son, incluso, del sector salud,
de ahí la importancia de concertar esfuerzos y alianzas.


La coordinación intersectorial e interinstitucional implica la existencia de un organismo
permanente responsable de la concertación entre los ejes horizontal y vertical, con una
visión integral. Debe asumir, en tiempos normales, la planificación de escenarios y planes
alternativos ante probables catástrofes, ser ejecutor durante la emergencia, considerando la
continuidad y sostenibilidad de las acciones.


Es recomendable que esta estructura coordinadora sea dirigida a los diferentes niveles
por el sector público e integre a todos los actores. Las autoridades locales (alcaldes) debida-
mente capacitadas, deberán ejercer el rol coordinador en esa instancia.


Los problemas más frecuentes en la coordinación son:


Diferencias o poca definición de objetivos y metas comunes.
Duplicidad de esfuerzos y espacios no cubiertos.
Falta de voluntad de algunos actores para establecer planes concertados.
Verticalismo y falta de coordinación con redes locales.
Acciones puntuales sin estrategias de continuidad.
Falta de claridad en los roles y lo que se espera de cada organización.
Recomendaciones:


En cada país y en el ámbito local deben identificarse los actores e instituciones que
participan en la planificación y ejecución de acciones psicosociales.


La coordinación debe concebirse como un proceso sistemático y permanente, con-
gruente con un abordaje de gestión de riesgo.


Las actuaciones de emergencia deben tener siempre un enfoque psicosocial que
permita el abordaje integral de estas tragedias humanas.


Salud mental implica el desarrollo de acciones en diferentes campos de manera con-
certada (atención clínica, derechos humanos, solución de necesidades básicas, etc.).


Uno de los objetivos fundamentales de la coordinación es garantizar el fortaleci-
miento de las capacidades locales y la sostenibilidad de los planes iniciados. Es
importante el análisis de recursos, fortalezas y debilidades para desarrollar los pro-
cesos de continuación sobre bases reales.


Deben desarrollarse criterios básicos o mínimos para garantizar la calidad de la aten-
ción y la respuesta social por las instituciones y actores implicados. Introducción de
criterios consensuados de calidad y efectividad de la atención. Las instituciones que
no cumplan con estos criterios deben ser excluidas.


La coordinación tiene que tener en cuenta la voz de las personas afectadas, para
crear relaciones de confianza y credibilidad de la gente.


Existen diferentes niveles de coordinación, pero la coordinación operativa se da
localmente.




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4.5 Comunicación social


"La prevención de los desastres comienza con la información" (44). Esta frase por sí sola
privilegia el tema de la comunicación social en la fase de preparación y prevención, así
como en la reducción de riesgos.


Existen diferentes formas de comunicación social, más allá de la importancia y consi-
deraciones acerca del emisor/receptor. Es necesario abordar el significado del mensaje
desde la construcción del sentido que de él mismo hacen las propias comunidades. La
comunicación trasciende lo verbal para pasar a lo no verbal y lo simbólico.


Debe abandonarse la visión de los desastres o emergencias como hechos aislados y
comprenderlos como parte de nuestra realidad cotidiana. Los medios de comunicación
pueden jugar un papel importante en desarrollar una perspectiva de gestión de riesgo y
cambiar la improvisación por un esfuerzo permanente y organizado.


En nuestra región se han desarrollado, en los últimos años, varias reuniones sobre
"desastres y el papel de los medios de comunicación". No pretendemos en este trabajo ago-
tar el tema o repetir mucha información disponible en otras publicaciones, más bien sinteti-
zar algunos elementos esenciales y relacionarlos con la salud mental.


El diagnóstico psicosocial implica evaluar las necesidades de información de la población
y la diferencia existente con lo disponible. Determinar lo que es necesario para la orientación
de las personas y lograr, en alguna medida, un cambio de las prácticas sociales e indivi-
duales. Es importante analizar el contexto cultural, las costumbres, la visión de los líderes
para luego definir el rumbo de las estrategias de comunicación, a fin de contribuir al desa-
rrollo comunitario. Deben tener en cuenta las características de los grupos metas. Por ejem-
plo, edades predominantes, sexo, nivel educacional, ocupación, etc. Es necesario identificar,
de manera participativa, no solo problemas sino también posibles soluciones.


El diagnóstico implica analizar la percepción de los riesgos por la población y las orga-
nizaciones involucradas. También determinar los contenidos, modalidades y formas de
recepción de la información.


El diseño de una plan de comunicación implica definir -a partir de ese momento- de que
manera se abordará el tema, el contenido de los mensajes, el personal involucrado en el
trabajo, medios a utilizar y el público meta.


En los modelos de comunicación existen dos variantes principales:


Vertical y directiva: elaborado desde la perspectiva de un grupo de expertos y vali-
dado por los mismos. Esta modalidad es rápida y permite disponer de un banco de
mensajes que pueden ser utilizados con relativa rapidez.


Participativa: la información se elabora y difunde de acuerdo a criterios consensua-
dos entre expertos institucionales, personal de los medios y representantes de la
comunidad. Puede adecuarse más a las condiciones y circunstancias locales pre-
dominantes en ese momento.


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10. Coherencia de las acciones de salud mental con el Plan de Emergencia
del Sector y el Estado


La asistencia psicosocial se debe enmarcar en las medidas generales de ayuda a la
población que está atravesando por momentos difíciles. Los planes de salud mental requie-
ren estar acordes con los programas de emergencia del estado y en especial del sector
salud.




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Ambos métodos no deben verse como antagónicos y excluyentes, debe plantearse una
utilización combinada, aprovechando las ventajas de cada uno.


Las estrategias de comunicación social pueden incluir las campañas como programas
estructurados a corto y mediano plazo. Tienen objetivos y públicos metas bien definidos y
se utilizan especialmente en el periodo preincidente, para trabajar en prevención.


Todo proceso de comunicación social, incluidas las campañas, deben tener previsto un
mecanismo de evaluación (reuniones grupales, encuestas, sondeos, etc.) que permita deter-
minar quienes recibieron el mensaje, como fue recibido e interpretado, si los contenidos y
canales fueron los adecuados, si se han modificado las actitudes y prácticas así como la per-
cepción del riesgo y cuales son los nuevos requerimientos de información.


Dentro de las estrategias de trabajo en esta área no debe soslayarse la relación del sec-
tor salud con los medios de comunicación. Se resalta la necesidad de establecer un diálogo
sistemático, así como efectuar actividades de capacitación e información con los directivos
y trabajadores de los medios. El tema psicosocial es un aspecto de especial importancia para
discutir.


Un ejemplo de lo anterior son los siguientes aspectos:


Evitar la publicación de hechos demasiados violentos, impactantes, sensacionalistas
o de los cuales no se tenga absoluta certeza.


Tener conciencia de que tipo de información puede producir daño en el estado
emocional de la población.


Evaluar los mensajes positivos que puedan insuflar ánimo y apoyo a la gente en
momentos difíciles.


Evitar la revictimización.
En ocasiones, es necesario también que las instituciones gubernamentales y no guber-


namentales cambien su actitud hacia los medios, facilitando canales de entendimiento, va-
lorando el papel de éstos y tratando de desarrollar acciones concertadas.


En casos de conflictos armados, los medios de comunicación, frecuentemente, manejan
la información favoreciendo en alguna forma a uno u otro actor. También están atrapados
en una dicotomía; por un lado, son empresas privadas, por lo general, con intereses de
lucro y competitivas, pero por otra parte, ofrecen un servicio público que implica una
responsabilidad social. Un objetivo estratégico es tratar de combinar ambos propósitos
logrando un tratamiento serio y responsable de la información, tanto la preventiva como la
que se produce durante y después del incidente.


El profesional de la comunicación se convierte en un puente entre las instituciones, las
autoridades, los expertos y la población. Recordar que la responsabilidad de la información
que llega al público es compartida entre la fuente informativa y el comunicador.


La información comunitaria y el mensaje cara a cara


En estrategias de comunicación no sólo debemos pensar en los grandes medios de
comunicación. En el ámbito local deben establecerse planes informativos a la comunidad,
que serán responsabilidad de los líderes y organizaciones a este nivel. Esto se hace me-
diante reuniones grupales o comunitarias que no deben ser sólo informativas sino que
impliquen la participación de la gente, preguntas y respuestas, planteamientos de proble-
mas, propuestas de soluciones, etc. Esto es lo que podría llamarse "información interacti-
va".




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Otro aspecto es la comunicación cara a cara, la que se establece entre dos personas o
con una familia. Se da cotidianamente en situaciones de desastres entre las autoridades
locales y los afectados, en los albergues, etc. Los líderes tienen que estar preparados para la
información oportuna y veraz combinada con la orientación, mediación y resolución de
conflictos.


En el caso de desplazados, el manejo de una información adecuada con comunidades
receptoras tiene un carácter preventivo. Frecuentemente, se generan estigmas y sentimien-
tos acerca de las personas en situación de desplazamiento [mensajes como: "si los sacaron
o se fue, sería por algo (...), etc."].


Desde el punto de vista psicosocial, el rumor, el chisme, la desorientación y la falta de
información son los factores que más pueden contribuir a aumentar la aflicción, la ansiedad
y promover conductas desordenadas, favorece los liderazgos negativos y las actuaciones
violentas. El rumor es un elemento disociador de los grupos humanos y tiene un impacto
sobre las relaciones sociales, puede ser un arma o estrategia psicológica de guerra. Su
manejo y la reducción de sus efectos es necesario como elemento de recuperación psi-
cosocial.


El uso del humor en las estrategias de comunicación social, tanto en lo individual como
en el ámbito comunitario, adecuado al contexto cultural, social y a las circunstancias especí-
ficas, puede ser un factor de recuperación. Existen experiencias sobre el manejo de versos,
canciones, coplas, etc.


La información a los niños y jóvenes tiene características muy específicas. En este senti-
do debe insertarse el tema en el sistema educativo. La escuela crea lazos de comunicación
entre los maestros, niños y padres. Se debe reforzar el componente lúdico, manteniendo el
juego como un factor que favorece la comunicación.


Deben diferenciarse diferentes planos en la comunicación que se produce en el nivel
local:


Individual, en el proceso de atención a casos y sus familias.
A grupos específicos.
Comunitaria, orientada a clarificar situaciones y reducir el rumor.
A los equipos institucionales de respuesta.


Algunas recomendaciones en las actuaciones en comunicación social:


Evaluar las necesidades de información de la comunidad.
Conceder importancia a la información sobre derechos, deberes, acceso a servicios


y programas, seguridad social, etc. Los temas de educación, salud y recursos
económicos son especialmente importantes.


La información general para el país debe tener especificidades en lo regional, así
como respetar la cultura y tradiciones de la comunidad. Los líderes comunitarios
deben estar implicados en el diseño, construcción y difusión de los mensajes.


La comunicación debe tener un abordaje humano que sensibilice al que informa y
al que recibe el mensaje.


Documentar y difundir las experiencias y lecciones aprendidas.


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4.6 Capacitación


Los planes de capacitación para la actuación en salud mental, en situaciones de desas-
tres u otras emergencias, en condiciones ideales, deben desarrollarse en el período de nor-
malidad, previo a la ocurrencia de cualquier evento de este tipo. Si bien existen principios
generales, cada país y territorio debe diseñar sus propias estrategias y planes acorde con sus
realidades y características socioculturales.


Un principio importante es que la capacitación debe ser específica según niveles de
atención y grupos a los cuales va dirigida. Los abordajes difieren, por ejemplo, cuando se
trabaja con médicos del nivel hospitalario a cuando se capacita a voluntarios o agentes
comunitarios. Se recomienda que se utilicen técnicas participativas y procedimientos donde
se vincule la realidad práctica con los temas impartidos.


En el trabajo de capacitación puede ser útil y necesario capacitar y entrenar a un grupo
de instructores-facilitadores para que actúen como catalizadores y multiplicadores en casca-
da. Posteriormente, estos podrán asesorar y supervisar, de forma continua y sistemática, el
proceso a los diferentes niveles del sistema. Así, las personas capacitadas se sentirán seguras
en su labor y desempeño, al ser apoyadas durante varios meses.


En muchas ocasiones, ante la ocurrencia de una emergencia, nos encontramos con la
realidad de que las personas e instituciones no están preparadas para afrontarla, no se han
desarrollado previamente actividades de capacitación y subsisten muchos mitos o prejuicios.
También en Latinoamérica los sistemas de salud no han desarrollado suficientemente los ser-
vicios de salud mental con una visión comunitaria.


Una estrategia en la emergencia es el desarrollo de procesos de "capacitación de urgen-
cia" y en paralelo con las acciones de salud mental. Los propios profesionales especializados
que se movilizan pueden desarrollar acciones de entrenamiento en los servicios y comu-
nidades (in situ).


Capacitación comunitaria


La capacitación comunitaria en la temática de salud mental es un proceso dinámico de
formación que fortalece la persona y la colectividad. Se fundamenta en la identificación de
necesidades y de los recursos disponibles. También es multidimensional, en la medida que
se relaciona con otras áreas de abordaje (comunicación social, derechos humanos, organi-
zación y desarrollo, etc.).


El objetivo de la capacitación comunitaria es que las personas, mediante el aprendizaje
y a partir de sus fortalezas, generen sus propias estrategias para la disminución de su vul-
nerabilidad. En el proceso de capacitación deben intervenir, en la medida de lo posible,
equipos multidisciplinarios, quienes compartirán sus conocimientos en el proceso de cons-
trucción y fortalecimiento de las redes sociales.


Se distinguen tres momentos importantes en el proceso operativo de capacitación en el
ámbito local:


Familiarización del capacitador como agente externo:
• Contacto con " informantes claves".


• Contacto con grupos organizados.


• Contacto con instituciones.




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• Observación y registro sistemático.


• Consulta fuentes documentales.


Determinación de las necesidades de capacitación, mediante:
• Encuestas, cuestionarios, entrevistas.


• Reuniones grupales.


• Observación participante.


Planificación y ejecución del proceso de capacitación:
• Definición de contenidos a impartir, modalidades de trabajo y grupos metas.


• Jerarquización de prioridades.


• Desarrollos de pilotajes.


• Trabajo en equipo, cuando sea posible.


• Análisis y evaluación de los resultados de la capacitación.


• Establecer criterios de seguimiento para valorar los cambios en el individuo y
la comunidad.


Capacitación Comunitaria


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Proceso operativo
de capacitación local


Familiarización del capacitador como
agente externo


Identificación de
las necesidades de capacitación


Planificación


Ejecución del proceso
de capacitación


Evaluación y seguimiento




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A continuación esquematizamos un módulo de capacitación que puede ser adaptable
a trabajadores de la atención primaria en salud y/o agentes comunitarios.


I. Aspectos generales e introductorios.


Los desastres naturales y otras emergencias complejas. Sus efectos sociales,
económicos y en la salud humana.


Etapas de una emergencia. Su descripción.
Conflictos armados y poblaciones desplazadas.
Papel de la comunidad y agentes comunitarios.
Liderazgos.
Relaciones humanas y resolución de conflictos.


II. Salud mental.


Diagnóstico situacional.
Factores de riesgo y protectores.
Acciones de promoción de la salud mental y prevención de trastornos.
Identificación y abordaje de los principales problemas psicosociales.
Violencia y alcoholismo.
Identificación y atención a los problemas específicos de la niñez y juventud.
Intervención en crisis. Técnicas de primera ayuda psicológica.
Consejería y orientación a la población. Procedimientos simples de ayuda psicoso-


cial.


III. Aspectos específicos.


Comunicación social: estrategias, pautas para la elaboración y difusión de mensajes,
comunicación cara a cara y de base comunitaria.


Atención a poblaciones albergadas, refugiadas y desplazadas.
Grupos de autoayuda y organización comunitaria.


4.7 Sostenibilidad y continuidad de las acciones


Para que las intervenciones sean sostenibles en el tiempo es indispensable partir de la
necesidad real y sentida que surja de la población afectada y no de un paquete prediseña-
do por agentes ajenos a la comunidad.


La continuidad de los proyectos se ve afectada, en algunas ocasiones, por la ausencia
de indicadores de salud mental que permitan realizar una evaluación de efectividad e
impacto de la intervención. Estos indicadores deberían ser cuantitativos y cualitativos, por
medio de registros continuos, sitios centinelas e investigaciones puntuales. Es recomendable
una convergencia sistemática de los diferentes actores en espacios de análisis situacional
integral de la emergencia.




La capacitación se convierte en una estrategia de primer orden, de mediano y largo
plazo, para el sostenimiento de las acciones. Es fundamental identificar y seleccionar per-
sonal permanente (especializado y no especializado) que tenga un compromiso real con la
comunidad y que garantice la multiplicación. La capacitación debe ser pertinente, sis-
temática y que implique el acompañamiento de los agentes comunitarios.


De igual manera, se considera que dentro de los factores que favorecen la continuidad
y sostenibilidad de los planes están la organización, el fortalecimiento y empoderamiento
comunitario.


El sostenimiento de las acciones debe verse desde varios puntos de vista: comunidad
beneficiada, organizaciones de ayuda, fuentes de financiamiento y estructura del Estado; se
debe considerar que quienes permanecerán en el terreno a largo plazo son las organiza-
ciones locales y las instituciones del Estado.


Por esta razón, es necesario garantizar la sostenibilidad mediante la institucionalización
de las acciones dentro de los planes del sector salud. Si el país dispone de un programa de
salud mental sólido y con visión comunitaria, será una excelente plataforma para avanzar o
proyectar tareas de mediano y largo plazo que den continuidad a las acciones de la emer-
gencia.


4.8 Breves consideraciones sobre la etapa
de recuperación psicosocial


La fase de recuperación se inicia, aproximadamente, 30 días después de un desastre na-
tural. Es decir, una vez concluido el periodo post-crítico en donde se desarrollaron las labores
de rescate y salvamento y en la cual todavía predominaba el impacto y aturdimiento propio
de la catástrofe.


En situaciones de conflictos armados y poblaciones desplazadas, la delimitación -como
se explicó anteriormente- no es tan clara. La recuperación psicosocial se produce en para-
lelo con las acciones más emergentes que se van desarrollando en los desplazamientos o
acciones bélicas. En ocasiones, una comunidad que atravesó por sucesos traumáticos (un
desplazamiento, masacres, muertes o amenazas, etc.) y que aparentemente esta en recu-
peración, es afectada por un nuevo hecho como consecuencia de la dinámica de la gue-
rra que continúa.


En la práctica, la recuperación se desarrolla en paralelo con las acciones de salud men-
tal que se despliegan desde el primer momento, las cuales deben tener un sentido integral
que abarque la atención, pero simultáneamente la promoción de salud y la rehabilitación.


Si bien en la etapa inmediata al desastre o evento traumático existe, por lo general,
mucho de confusión y desorganización, posteriormente puede haber un mayor nivel de
planificación y un accionar mas organizado.


En los desastres naturales se debe realizar una re-evaluación de la situación existente 30
días después del mismo, para determinar las acciones y prioridades en el periodo de recu-
peración. Precisar, especialmente, albergues que permanecen, comunidades de reasenta-
dos y territorios con más afectaciones.


Por lo general, en la etapa de recuperación, aparecen nuevos factores de riesgo. A lo
que se añaden las debilidades institucionales y sociales existentes, pueden citarse:


Pobreza, desempleo, subempleo y reducción de ingresos económicos a la familia.
Carencia de alojamiento por destrucción de viviendas y reasentamientos precarios.


P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


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Incomunicación de las comunidades.
Uso limitado o inexistencia de prácticas de conservación del medio ambiente.
Limitada información relacionada con la emergencia.
Debilidades y/o limitada capacidad institucional para afrontar la situación.
Interrupción de clases en las escuelas.
Incremento del trabajo infantil.
Incremento de la morbimortalidad, con potencial permanente de enfermedades


epidémicas y desnutrición.


Incremento de la violencia intrafamiliar y del alcoholismo.


A continuación describimos algunos aspectos específicos de lo que ocurre en la fase de
recuperación:


En este momento se produce un conocimiento y evaluación mas detallada de la
situación, en especial de las pérdidas. Al inicio de este periodo se mantienen como
no resueltos muchos problemas, tal vez la mayoría.


Uno de los problemas más importantes que se enfrentará es la población que per-
manece albergada o refugiada, y aquellos grupos que han sido desplazados, reubi-
cados y reasentados.


Se resalta en especial las conductas agresivas contra autoridades e instituciones y los
actos de rebeldía y/o de delincuencia.


Debe tenerse en cuenta los liderazgos positivos o negativos que surgen en los gru-
pos, especialmente de albergados o refugiados


Se debe esperar un incremento de la morbimortalidad, incluyendo los trastornos
psíquicos, como estrés postraumático, depresión, ansiedad, consumo excesivo de
alcohol, combinación de los anteriores o trastornos previos que se exacerban.
Aunque debe destacarse, como se señalaba anteriormente, que no todos los pro-
blemas psicosociales que se presentan podrán calificarse como enfermedades.


¿Qué se hace?:


En sentido general, se continúan y se consolidan las medidas de la fase de emergencia
crítica. En función de la estructura social, los individuos y el grado de pérdidas se inicia el
proceso lento y progresivo de la recuperación. La primera y principal medida de recu-
peración psicosocial es la rápida reincorporación de la población a sus actividades cotidianas
y de los niños a la escuela.


Se pueden resumir las acciones operativas más generales en los siguientes aspectos:


Fortalecer la organización comunitaria y enfatizar en la autoresponsabilidad. Es
necesario reestructurar la dinámica comunitaria y evaluar los liderazgos, favorecien-
do la participación de la gente en la toma de decisiones.


Transmitir organización, seguridad, autoridad, moral y ánimo, recuperando la con-
fianza en la mejoría a corto y mediano plazo. Fortalecer la iniciativa, autoestima y
enfrentar un proyecto de vida.


Favorecer el reinicio de las rutinas y apoyo al sentido de "normalidad".
Información adecuada y sistemática.




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


Asesoría permanente mediante programación de visitas a los territorios afectados.
Mantener coordinación entre las instituciones que laboran en la recuperación psi-


cosocial. En especial, establecer los mecanismos de cooperación para los primeros
seis meses.


Continuar movilizando los recursos especializados disponibles, en especial en el inte-
rior del país, y lograr que participen activamente en la recuperación psicosocial.
Fortalecer la red de atención en salud mental, de base comunitaria, para tratar de
dar cobertura a la mayor parte del territorio nacional.


Atención a casos específicos y apoyo a familias en procesos de duelo prolongado.
Identificar individuos, familias o grupos en riesgo para ofrecerle una atención dife-


renciada.


Establecer claramente el sistema de referencia y contra-referencia de casos.
Fortalecimiento de los grupos de apoyo mutuo.
Evitar la separación de las familias y en especial de los niños, así como no segregar


o separar a las personas con problemas psíquicos.


Continuar desarrollando las tareas de educación para la salud y capacitación.
Deben controlarse los actos violentos y la desorganización social, para evitar su


propagación.


Evaluar cuidadosamente los procesos de traslados y reasentamientos de la pobla-
ción. Para aquellos que se resisten a dejar sus casas y lugares de residencia, espe-
cialmente en las zonas rurales, es recomendable, salvo riesgo de vida inminente, no
forzar su traslado. En ocasiones, los albergues responden más a las necesidades
organizacionales de las instituciones que a las necesidades reales de los propios
damnificados. En estas situaciones, deben favorecerse acciones de diálogo, nego-
ciación y búsqueda de alternativas, promoviéndose el apoyo a cada familia en su
propia parcela de tierra.


Atender de manera sistemática a las personas albergadas durante periodos prolon-
gados y las comunidades reasentadas.


Favorecer el desarrollo de proyectos productivos que fomentan la actividad ocupa-
cional socialmente útil, ofrecen soluciones a las necesidades económicas y de sub-
sistencia de la gente, así como estimulan la solidaridad y cooperación.


Analizar y controlar el impacto de la ayuda humanitaria durante la emergencia.
Evaluación de las expectativas y su grado de cumplimiento.


Evaluar factores ligados al comportamiento colectivo (en especial el miedo y los
rumores), así como los mecanismos de afrontamiento colectivo e individual y el pro-
ceso de asimilación del evento traumático (cohesión, conflictos, fatalismo,
afrontamiento instrumental, etc.).


Adaptación de las acciones al contexto cultural.
Reiteramos el principio de que la atención psicosocial comienza con la ayuda material


organizada y el apoyo social que reciben los damnificados. Son decisivas las medidas
económicas y sociales en diferentes escalas para asegurar una definitiva y total recu-
peración. La sostenibilidad se logra en la medida que las acciones desarrolladas durante la
emergencia se introducen (en la fase de recuperación) dentro de los planes de las institu-
ciones y estructuras propias del país.


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Los proyectos productivos como una estrategia de recuperación psicosocial


El concepto de proyecto productivo se diferencia del de terapia ocupacional. Las activi-
dades productivas generan autonomía, así como opciones de retorno, reubicación o de
asentamiento; fundamentalmente, conducen a la recuperación psicosocial de las personas
y la estabilización social. La organización comunitaria se articula con las actividades produc-
tivas y éstas, a su vez, fortalecen la estructura social existente.


No sólo tienen una función económica, también fortalecen la capacidad creativa y aso-
ciativa de las personas involucradas, así como establecen un entramado de relaciones con
el entorno inmediato.


En los desplazamientos poblacionales es frecuente que se produzcan tensiones y con-
flictos, especialmente con las comunidades receptoras. Cuando se compite por recursos
escasos, la tensión puede llegar a niveles muy altos. En estos casos es necesario hacer
sostenible la hospitalidad reforzando las acciones para que las comunidades receptoras no
se agoten, una manera es facilitando el despegue de la vida económica.


La estrategia incluye el acompañamiento psicosocial en torno al proyecto productivo. De
tal manera se responde a muchas manifestaciones psicosociales que presentan las personas
desplazadas:


Dificultades en el comportamiento (depresión, miedo, angustia).
Deterioro de la autoestima, autonomía, iniciativa, etc.
Problemas para proyectarse al futuro.
Dificultades para interactuar con los otros.


Los proyectos productivos permiten:


Responder a las necesidades alimenticias y económicas.
Reposicionamiento del sujeto dentro de una actividad laboral, que le devuelve su


capacidad de hacer y le permite resignificar las circunstancias.


Ofrecer ayuda humanitaria sin generar dependencia ni asistencialismo.
Trabajar los sentimientos generados por el desplazamiento sin un revestimiento clíni-


co, sino más bien desde una actividad común para ellos.


Mejorar la percepción de las comunidades receptoras otorgándoles a las personas
en situación de desplazamiento una condición productiva frente a su estigmati-
zación.


Fomentar bases para la identificación y desarrollo de actividades futuras.
Generar opciones para la reconstrucción del tejido social.
Contribuir a la estabilidad emocional del sujeto, a partir de un espacio que posibili-


ta el desarrollo de herramientas personales y brinda condiciones de dignidad, recu-
peración de la autoestima y perspectivas de futuro.


En lo operativo, se diseña un esquema participativo grupal y en casos especiales se reali-
za atención individualizada. El grupo facilita la resolución de conflictos, toma acuerdos y
concerta decisiones, así mismo comparten experiencias y sentimientos, crean lazos de soli-
daridad que facilitan asumir las situaciones vividas y las nuevas condiciones.




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A través de la actividad productiva se trabajan los miedos y secuelas. El acompañamien-
to en el trabajo se refuerza con actividades específicas como talleres de reflexión, conver-
satorios o actividades recreativas. Por otro lado, se atienden las necesidades psicoafectivas
de la población más vulnerable.


Proyectos de ayuda humanitaria a población desplazada
por la violencia en Colombia.


(Experiencia en Buenaventura) (20).


En Buenaventura, Valle del Cauca, Colombia se convocó a 120 familias alrededor de
una actividad económica que es la cría de pollos de engorde, gallinas ponedoras, peces y
cerdos. Las personas se organizaron en cinco grupos; cuatro, conformados por 28 personas
y uno, por ocho personas. Este último, estaba constituido por ancianos que no podían
realizar trabajos físicos y que eran solidariamente apoyados por todos sus compañeros al
permitirles participar de las ganancias del proyecto.


Cada grupo eligió un coordinador y repartió diferentes funciones entre sus miembros.
En sus turnos se reunían para programar y luego evaluar el trabajo realizado; durante esos
encuentros se acompañaba al grupo para la identificación y resolución de las diferentes
situaciones como incumplimientos, chismes, problemas, desánimo del grupo, etc.


Los coordinadores de cada grupo conformaron un comité operativo que se reunía sema-
nalmente. Mensualmente, se convocaba la asamblea general, en la cual se socializaban las
dificultades presentadas y buscaban opciones de solución.


El reparto de la producción (huevos, pollos, gallinas, peces y cerdos) y utilidades, así
como la comercialización se acordó de forma concertada: autoconsumo, ventas, fondo de
ahorro y reinversiones para aumentar la producción.


Finalizada la intervención, cuatro de los grupos continuaron con un menor número de
familias actividades agropecuarias en espacios gestionados por ellos mismos. Las demás
familias prefirieron iniciar proyectos unifamiliares o microgrupales en diferentes actividades,
que aún continúan con más o menos éxito en un 68% de los casos.


Algunos de los resultados obtenidos:


Al iniciar la intervención, las personas mostraban una actitud pasiva; al finalizar el
proceso, la mayoría tenían un nivel de participación y decisión alta.


Se disminuyeron los niveles de angustia, al resolverse, en parte, las necesidades de
alimentación y recuperarse la condición productiva. La obtención de rendimientos
supone un incentivo fundamental y esto lo diferencia de una terapia ocupacional.


Con la búsqueda de soluciones a los problemas del proyecto, se promovió el desa-
rrollo de los recursos individuales. El trabajo les exigió coordinarse con sus com-
pañeros, compartir y resolver problemas juntos.


Se pudo trabajar las pérdidas y las limitaciones desde la posibilidad real de poder
hacer algo nuevo y construir para sí mismos.


* Proyectos financiados por la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea –ECHO- y ejecutados
por la Fundación Española para la Cooperación Solidaridad Internacional.


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Se pudo observar en los participantes una mejoría en la autoestima, autonomía,
capacidad de expresión, seguridad, iniciativa, vínculos de solidaridad, empodera-
miento personal y sobre todo se dejaron bases para la construcción de un futuro
que pudiese partir de sus propias posibilidades.


En una evaluación general de los resultados finales podemos señalar que del mismo
modo que las actividades productivas (por la dimensión de la inversión) no solucionaron
completamente el problema de ingresos familiares, tampoco en el plano psicosocial se
resuelven todas las circunstancias adversas que la población desplazada enfrenta. Sin
embargo, la atención psicosocial integrada a un proyecto productivo facilita que el sujeto
resignifique el hecho violento y contribuye a que adquiera herramientas para superar las
dificultades.






85


CONCLUSIÓN:
Principales desafíos y retos


en la atención de salud mental


Las condiciones culturales y socioeconómicas de nuestros países de América Latina y el
Caribe no permiten que se repliquen los modelos de naciones desarrolladas. No hay
psiquiatras u otros profesionales de la salud mental suficientemente entrenados para aten-
der el número de individuos supuestamente afectados en situaciones de emergencia; por
otro lado, no parece conveniente ni necesario que la mayoría de los problemas de salud
mental reciban una atención medicalizada. Por esto, resulta estratégico el concepto de
transferencia de tecnología, lo que permitirá que el especialista actúe como multiplicador.


Un reto que se impone a los países es la desconcentración, en períodos de normalidad,
de los recursos hacia la atención primara en salud (APS). Para esto es necesario desarrollar
programas de formación de este personal con una visión comunitaria. Un riesgo frecuente
es que los servicios especializados se trasladan al nivel comunitario de forma vertical sin
relación alguna con la red de APS, es necesario remarcar la necesidad de la integración hori-
zontal.


Desafíos y retos en la atención de salud mental


Especialista como multiplicador


Estrategia


A.P.S.


Visión comu-
nitaria


Redes locales




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La participación e integración de la medicina tradicional en la oferta de servicios de salud
mental ha sido limitada. Si bien se realizan esfuerzos localizados, estos requieren de difusión
y en algunos casos de una adecuada validación.


En América Latina, por lo general, nos encontramos con una estructura de los servicios
de salud mental que no se corresponde con las necesidades. Se dispone de hospitales
psiquiátricos que funcionan con un modelo tradicional o manicomial, ubicado en la capital
o grandes ciudades y que concentran una buena parte de los recursos humanos. La par-
ticipación de la APS en la oferta de servicios de salud mental y la disponibilidad de recursos
especializados en este nivel es muy limitada.


Como respuesta a esta problemática, desde 1990, la OPS apoyó la "Iniciativa para la
Reestructuración de la Atención Psiquiátrica", a la cual se han sumado la casi totalidad de
países de la Región. La Declaración de Caracas (1990) enfatiza que la atención convencional,
centrada en el hospital psiquiátrico, no permite alcanzar los objetivos compatibles con una
atención comunitaria, descentralizada, participativa, integral, continua y preventiva.


Recomendaciones finales:


Los gobiernos y la sociedad civil deben colocar en un lugar prioritario el tema de las
consecuencias psicosociales de los desastres naturales, conflictos armados y otras
emergencias.


Evitar una "psicologización" de la ayuda o una medicalización del sufrimiento.
Desarrollar un modelo de atención comunitaria en salud mental.
Desarrollar el trabajo de prevención, estimular los recursos autóctonos y reconstruir


las redes sociales. Se debe enfatizar en la eliminación o reducción de condicionan-
tes y elementos estresores, a la vez que se estimulan los factores protectores y de
apoyo.


Actuar sobre el comportamiento colectivo y lograr una comprensión adecuada de
la relación entre salud mental y derechos humanos.


Compromiso para el acompañamiento de la gente, sistemático y desde una pers-
pectiva humanitaria.


Lograr que lo psicosocial se convierta en un eje transversal que impregne todas las
actuaciones en la situación de emergencia.


Fortalecer los procesos de coordinación multisectorial e interinstitucional.
Apoyar los procesos de formación y recalificación del personal.
Desafíos éticos.
Promover la difusión de información y el intercambio de las experiencias y lecciones


aprendidas.


El camino está abierto y el tema de la salud mental en situaciones de emergencia ya
aparece en las agendas de los gobiernos y la sociedad civil.




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I. Introducción


Caracterización general del país.


Antecedentes y riesgos de desastres naturales.


Otras emergencias que potencialmente puedan enfrentarse.


Estado de salud mental de la población y efectos de los eventos traumáticos más frecuentes.


Experiencias adquiridas en el país en el campo de la salud mental y en actuaciones en situa-
ciones de emergencia.


II. Marco teórico conceptual


Conceptos de gestión de riesgo.


Modelo de servicios comunitarios en salud mental.


Impacto de los desastres naturales en la salud mental de la población.


La violencia y sus efectos psicosociales.


Terrorismo.


Vulnerabilidad psicosocial y grupos de riesgo.


Poblaciones desplazadas, albergadas y refugiadas.


El papel de la familia y las redes de soporte social.


Los principales actores.


Papel del personal de salud no especializado, agentes comunitarios, socorristas, rescatistas
y personal de ayuda humanitaria.


III. Bases legales y fundamentos del Plan


Conferencia Internacional sobre Atención Primaria en Salud de Alma Ata /1978.


Declaración de Caracas /1991.


Resoluciones del Consejo Directivo de la OPS/OMS sobre Salud Mental, de 1997 y 2001.


Derecho Internacional Humanitario/Comité Internacional de la Cruz Roja.


Declaración Universal de los Derechos del Niño.


Política Nacional de Salud.


Política Sectorial y/o Programa Nacional de Salud Mental.


Plan Nacional de Salud en Situaciones de Emergencias y Desastres.


Plan Estatal Nacional de Actuación en Emergencias y Desastres.


Instrumentos de políticas.


ANEXO
PROPUESTA DE UN ESQUEMA


PARA UN PLAN DE ATENCION EN SALUD MENTAL
EN SITUACIONES DE DESASTRES




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IV. Objetivos


Objetivo general:


Reducir el riesgo psicosocial de la población e introducir el componente salud mental en la
atención sanitaria en situaciones de desastres y otras emergencias.


Objetivos específicos:


1. Eliminar o disminuir la probabilidad de sufrir daños psicosociales en una situación de
emergencia.


2. Evitar y/o reducir el miedo y la aflicción en la población.


3. Contribuir a prevenir y controlar la problemática social que se genera en la población,
en especial en los más afectados, albergados y desplazados.


4. Reducir, atender y rehabilitar los trastornos psíquicos que se presenten como conse-
cuencia directa o indirecta del desastre o emergencia.


V. Líneas de acción y tareas específicas


1. Diagnóstico preliminar rápido.


Evaluación general y sociodemográfica de la comunidad:


Caracterización general del territorio (extensión, principales poblados o aldeas, vías
de comunicación, economía, niveles de pobreza existentes, etc.)


Descripción demográfica de la población.
Identificación de los principales características socio culturales de la comunidad.
Identificación de organización y redes de soporte social.


Identificar necesidades y problemas de la población afectada y/o en riesgo:


Necesidades físicas y alimentarías.
Amenazas predominantes.
Vulnerabilidades.
Conflictos sociales.


Evaluación del sistema de salud:


Instituciones y recursos en el sector salud. Niveles de cobertura y accesibilidad a los
servicios.


Actualización del inventario de recursos especializados que puedan ser movilizados
en forma inmediata y oportuna.


Identificación de planes de contingencia existentes y/o en ejecución.
Establecimiento de prioridades y grupos metas para la actuación inmediata.


2. Atención psicosocial por personal no especializado (trabajadores de la
atención primaria en salud, promotores comunitarios, maestros, socorristas,
personal voluntario y de ayuda humanitaria).


Identificación de los recursos disponibles y su utilización.
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P R O P U E S TA D E U N E S Q U E M A PA R A U N P L A N D E AT E N C I O N E N S A L U D M E N TA L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S


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Evaluación de los conocimientos y técnicas empleadas.
Organización y supervisión del trabajo del personal no especializado.
Implementación de planes emergentes de entrenamiento in situ, y en paralelo con


las intervenciones.


3. Atención clínica especializada directa a casos con trastornos psíquicos
más complejos.


Organización de los servicios y definiciones de sus acciones en los siguientes nive-
les:


• Hospital psiquiátrico o servicio de psiquiatría en hospital general.


• Servicios de salud mental de la atención primaria en salud.


• Equipos especializados de tipo móvil o ubicados transitoriamente en lugares
seleccionados.


• Otras unidades o servicios de salud mental en diferentes instituciones (ONGs.
y OG)


Establecimiento o actualización de los mecanismos de referencia y contrareferencia.


4. Atención priorizada a grupos de riesgo de alta vulnerabilidad.


Identificación de grupos de alta vulnerabilidad en el territorio en cuestión.
Atención a mujeres y ancianos.
Atención a niños(as) y adolescentes.
Atención a albergados, desplazados y/o refugiados.
Atención a equipos de primera respuesta


5. Capacitación y trasferencia de tecnología.


Plan de capacitación para la actuación en situación de emergencia previsto en condi-
ciones de normalidad y acciones emergentes de entrenamiento ante la catástrofe.


Capacitación a trabajadores de atención primaria.
Capacitación al personal de albergues y refugios, voluntarios, socorristas y personal


de ayuda humanitaria.


Capacitación a maestros.
Continuidad y seguimiento del proceso.


6. Promoción y educación de la salud.


Plan de educación para la salud en situación de emergencia previsto en condiciones
de normalidad y acciones emergentes ante la catástrofe.


Promoción y educación en albergues y con personal evacuado.
Promoción y educación con familias altamente damnificadas.
Promoción y educación priorizada con niños y adolescentes.
Promoción y educación para los equipos de primera respuesta.




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


7. Organización comunitaria, participación social y auto responsabilidad.


Identificación de organizaciones y lideres comunitarios.
Motivación y organización de la población para la autoayuda y ayuda mutua.
Participación de la población en la planificación y ejecución de las acciones en situa-


ciones de emergencia.


8. Comunicación social.


Integración de un sistema coherente de comunicación social.
Diseño de mensajes a la población, a los diferentes niveles.
Neutralización y manejo del rumor.


9. Coordinación intersectorial.


Identificación y fortalecimiento de las organizaciones e instituciones que actúan de
forma directa e indirecta en el campo de lo psicosocial.


Definición y fortalecimiento de los mecanismos de cooperación y establecimiento de
redes a los diferentes niveles.


10. Coherencia de las acciones de salud mental con el plan de emergencia
del sector y del estado.


Inclusión de aspectos de salud mental en el plan de emergencias del sector salud.
nclusión de aspectos de emergencias en el programa de salud mental.
Participación del equipo o profesional de salud mental en las instancias coordi-


nadoras del sector salud en situación de emergencia.


Recomendaciones:


Evaluar disponibilidades financieras y de recursos, de manera que las metas y
propósitos se hagan sobre bases realistas y objetivas.


Definir responsable(es) de ejecución por cada actividad.
Definición clara de las alianzas y las tareas de cooperación.
El plan debe ser flexible y adecuarse a las condiciones locales.


VI. Cronograma


Delimitación, en el Plan, de las acciones según los tiempos o etapas de la situación de
emergencia:


Preparación.
Período crítico o de la emergencia propiamente dicha.
Período post-crítico.
Recuperación psicosocial, que se vincula con los planes regulares.


90




P R O P U E S TA D E U N E S Q U E M A PA R A U N P L A N D E AT E N C I O N E N S A L U D M E N TA L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S


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VII. Organización y estructura del Plan


Debe estar en consonancia con la organización del programa de salud mental del sec-
tor salud o de la instancia correspondiente. Así mismo, establecer lo relacionado con la con-
tinuidad y sostenibilidad de las acciones en coherencia con los planes que funcionan de
manera regular en el país o región en cuestión.


VIII. Control y evaluación


Establecer un sistema de información para evaluar el proceso en desarrollo.
Indicadores mínimos para la evaluación.
Mecanismos claros de seguimiento y supervisión.






93


BIBLIOGRAFÍA


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16. Fernández, L. Atención en salud mental: una perspectiva de las fuerzas
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17. Instituto Nacional de Salud Mental "Honorio Delgado Hideyo Noguchi". Salud men-
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18. Jarero, I. Primeros auxilios emocionales. Editado por la Asociación Mexicana para
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19. Kohn, R., Levav, I. y cols. El huracán Mitch y la salud mental de la población
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20. Martín, I., Salazar, S. La experiencia de proyectos productivos como una estrate-
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21. Millán, H. Violencia sociopolítica y sus efectos psicosociales. Trabajo presentado
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22. Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de Guatemala. Normas de atención en
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23. Miranda, C. Salud mental y desastres. Trabajo presentado en el Taller latinoamer-
icano sobre atención en salud mental en casos de desastres. Guatemala, Julio,
2001.


24. Miranda, C., Rodríguez, J., de la Torre, A. Salud mental y emergencias complejas.
Ponencia presentada en el Taller sobre la atención en salud mental en situaciones de
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25. Mitchell, J., Everly, G. Critical Incident Stress Debriefing. Chevron, 1997.


26. Naciones Unidas, Asamblea General. Promoción y protección de los derechos del
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27. Organización Mundial de la Salud. Informe sobre la salud en el mundo 2001.
Salud mental: nuevos conocimientos, nuevas esperanzas. Editado por la OMS.
Ginebra, 2001.


28. Organización Panamericana de la Salud, ECHO, ONGs. Lineamientos básicos para
la atención psicosocial a poblaciones desplazadas como consecuencia del
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junta. Bogotá, Colombia, 2001.


29. Organización Panamericana de la Salud. Cartilla básica para la atención en salud
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Colombia, 2001.


30. Organización Panamericana de la Salud. Pautas generales para el desarrollo y
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Bogotá, Colombia, 2001.


31. Organización Panamericana de la Salud. Asistencia humanitaria en casos de
desastres. Guía para proveer ayuda eficaz. OPS/OMS: Washington, 1999.


32. Poncelet, J. L. Los desastres naturales desde la perspectiva del sector salud.
Trabajo presentado en el Taller latinoamericano sobre atención en salud mental en
casos de desastres. Guatemala, Julio, 2001.


94




B I B L I O G R A F Í A


95


33. Prewitt, J. Atención psicosocial. Experiencias de la Cruz Roja Americana. Trabajo
presentado en el Taller Latinoamericano sobre atención en salud mental en casos de
desastres. Guatemala, Julio, 2001.


34. Prewitt. J. Primeros auxilios psicológicos. Editado por la Cruz Roja Americana,
Delegación Regional de Centroamérica. Guatemala, 2001.


35. Prewitt. J., Saballos, M. Salud psicosocial en un desastre complejo: el efecto del
huracán Mitch en Nicaragua. Editado por la Cruz Roja Americana, Delegación
Regional de Centroamérica. Guatemala, 2000.


36. Prewitt, J. Intervención en crisis. Proyecto de iniciativa de mitigación para
Centroamérica. Producido por IMCA/CAMI/Cruz Roja Americana. Guatemala, 2001
(Cortesia del Dr. J. Prewitt).


37. Quiros, N., Romero, C. Experiencias de UNICEF en la recuperación psicoafecti-
va de los niños en situaciones de emergencia. Compilación de los trabajos pre-
sentados en los Talleres sobre atención en salud mental en casos de desastres y emer-
gencias. Guatemala, julio, 2001 y Bogotá, noviembre, 2001.


38. Rodríguez, J. Principios básicos y organizativos de la atención en salud mental
en situaciones de desastres. Trabajo presentado en el Taller Latinoamericano sobre
atención en salud mental en casos de desastres. Guatemala, julio, 2001.


39. Rodríguez, J. Psicoterapia, una relación de ayuda. Editado por EMPRETEC.
Guatemala, 1999.


40. Rodriguez, J. y cols. Recuperación psicosocial mediante expresiones dinámico
creativas. Módulo para trabajar con niños en edad escolar. Editado por el Ministerio
de Salud Pública y Asistencia Social de Guatemala. Guatemala, 1999.


41. Rodríguez, J., Bergonzoli, G, Levav, I. Violencia política y salud mental en
Guatemala. Inédito. Guatemala, 2001.


42. Rodríguez, J., Ruiz, P. Recuperando la esperanza. Editado por la OPS/OMS en
Guatemala. Guatemala, 2001.


43. Saenz, L, Campos, A., Salas, J.M. Desastres y salud mental. Una propuesta de
evaluación e intervención en el ámbito comunitario. Universidad de Costa Rica
Facultad de Ciencias Sociales, Escuela de Psicología. San José, Costa Rica, 2001.


44. Salazar, S. Guia para la comunicación social y la prevención en desastres.
Editado por el DIRDN, Naciones Unidas. San José, Costa Rica, 1998.


45. Stein, E. La experiencia de la Guerra de la Malvinas. Su impacto psicosocial en
los veteranos de las Fuerzas Armadas Argentinas. Trabajo presentado en el Taller
sobre la atención en salud mental en situaciones de emergencias complejas.
Noviembre, 2001, Bogotá, Colombia.


46. Stein, E. El grupo operativo como instrumento de abordaje psicosocial en
emergencias complejas. Trabajo enviado al Taller sobre la atención en salud mental
en situaciones de emergencias complejas. Noviembre, 2001, Bogotá, Colombia.


47. Valero, S. Psicología en emergencias y desastres. Una nueva especialidad.
Versión enviada al Taller Latinoamericano sobre atención en salud mental en casos de
desastres. Julio, 2001, Guatemala.


48. Valero, S. Intervención psicológica en emergencias y desastres. Manual para el
Psicólogo emergencista. Versión enviada al Taller Latinoamericano sobre atención
en salud mental en casos de desastres. Julio, 2001, Guatemala.




P R O T E C C I Ó N D E L A S A L U D M E N T A L E N S I T U A C I O N E S D E D E S A S T R E S Y E M E R G E N C I A S


49. Valero, S. Ayudando a ayudar. Manual para el cuidado de la salud mental de
los equipos de primera respuesta. Versión enviada al Taller Latinoamericano sobre
atención en salud mental en casos de desastres. Julio, 2001, Guatemala.


50. Valero, S. El manejo psicológico del duelo en situaciones de emergencia y
desastres. Guía para el Psicólogo emergencista. Versión enviada al Taller
Latinoamericano sobre atención en salud mental en casos de desastres. Julio, 2001,
Guatemala.


51. Valero, S. Técnicas psicológicas para el manejo de incidentes críticos en estrés.
Versión enviada al Taller Latinoamericano sobre atención en salud mental en casos de
desastres. Julio, 2001, Guatemala.


52. Varios autores. Consecuencias psicosociales de los desastres: La experiencia
latinoamericana. Serie de Monografias Clínicas No.2 Editado por el Programa de
Cooperación Internacional en Salud Mental Simón Bolivar, 1989.


53. Zaccarelli, M. Poblaciones afectadas en situaciones de emergencias complejas,
desde la perspectiva del sector salud. Ponencia presentada en el Taller sobre la
atención en salud mental en situaciones de emergencias complejas. Noviembre, 2001,
Bogotá, Colombia.


96




Programa de Preparativos para Emergencias y
Coordinación del Socorro en Casos de Desastres


Organización Panamericana de la Salud,
Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud


En 1976, la OPS crea este programa en respuesta a la solicitud planteada por los
Países Miembros de establecer una unidad técnica para ayudar al sector salud a reforzar
las actividades de preparativos, respuesta y mitigación para desastres.


Desde esa fecha su objetivo principal ha sido apoyar al sector salud con el fortale-
cimiento de los programas nacionales para la reducción de desastres, y su interacción con
todos los sectores involucrados en la misma. En tres áreas principales se ha canalizado
este apoyo:


En la parte de preparativos, además de la promoción constante para fortalecer estos
programas en los ministerios de salud, las acciones de capacitación (a través de cientos
de cursos y talleres) y la elaboración y distribución de materiales de capacitación (libros,
diapositivas y videos) son actividades regulares del programa.


La parte de mitigación tiene también una relevancia especial, por cuanto invertir en
preparación puede ser inútil, si cuando ocurre el desastre, el hospital o el centro de salud
colapsan, justo en el momento de mayor necesidad. La OPS promueve y apoya su
inclusión en los programas nacionales de reducción de desastres.


En la respuesta a los desastres, la OPS trabaja con los países afectados para: iden-
tificar y evaluar las necesidades y los daños, llevar a cabo la vigilancia epidemiológica y
control del agua potable, movilizar asistencia internacional y manejar los suministros
humanitarios. La OPS ha establecido el Fondo Voluntario de Asistencia para Emergencias,
que pretende recaudar dinero para apoyar las actividades post-desastre.


El Programa cuenta además con varios proyectos técnicos especiales: Mitigación de
Desastres en Hospitales y Sistemas de Agua Potable, Sistema de Manejo de Suministros
Humanitarios (SUMA), El uso de Internet para Desastres y Emergencias, y El Centro
Regional de Información sobre Desastres (CRID) .


Oficinas del Programa de Preparativos para Desastres
(información actualizada en junio de 2002)


Sede Central Sudamérica
525 Twenty-third Street, N.W. Apartado Postal 17-07-8982
Washington, D.C. 20037, EUA Quito, Ecuador
Tel: (202) 974-3434; Fax: (202) 775-4578 Tel. (593-2) 246-0277 Fax (593-2) 225-6174
disaster@paho.org pedecu@ecu.ops-oms.org


Centroamérica El Caribe
Apartado Postal 3745 P.O.Box 508
San José 1000, Costa Rica Bridgetown, Barbados
Tel: (506) 224-8692; Fax (506) 224-7758 Tel. (246) 436-6448; Fax (246) 436-6447
pedcor@sol.racsa.co.cr donaldsb@cpc.paho.org


Visite la página web: www.paho.org/desastres/




Centro Regional de Información sobre Desastres
para América Latina y el Caribe


El manejo de los desastres es sobre todo manejo de información, y el objetivo del
CRID es contribuir a que los países de América Latina y el Caribe tengan el mejor acce-
so posible a las fuentes y recursos de información sobre desastres, ayudando a sus
usuarios a tomar las decisiones más adecuadas para la gestión y reducción de los efec-
tos de los mismos.


El CRID cuenta con el soporte de seis organizaciones y agencias1, y sus obje-
tivos concretos son:


• Mejorar la recopilación, procesamiento y diseminación de información sobre
desastres.


• Fortalecer las capacidades locales y nacionales para el establecimiento y mante-
nimiento de centros de información sobre desastres.


• Promover el uso de tecnologías de información.
• Apoyar el desarrollo del Sistema Regional de Información sobre Desastres.


El CRID presta los siguientes servicios:
• Búsquedas bibliográficas por Internet, CDROM, o por consulta directa en el
Centro.


• Publicación y distribución de bibliografías (Bibliodes).
• Acceso directo vía Internet a una amplia colección de documentos en texto com-
pleto.


• Distribución de publicaciones y material de capacitación.
• Edición y distribución de materiales didácticos sobre gestión de unidades de infor-
mación, metodología bibliográfica, tesaurus e Internet.


• Distribución masiva de materiales de información pública y técnica
• Asesoría técnica y capacitación para crear centros de información sobre desas-
tres.


El CRID promueve y apoya el fortalecimiento de un sistema regional de información
en América Latina y el Caribe a través de: el soporte técnico a centros nacionales y
locales, el desarrollo de metodología, instrumentos y herramientas comunes, y la
creación de servicios comunes.


Conozca el CRID en Internet, visite: www.crid.or.cr


Centro Regional de Información de Desastres (CRID)
Apartado Postal 3745-1000 San José, Costa Rica


Tel: (506) 296-3952, Fax: (506) 231-5973
crid@crid.or.cr


CRID, la mejor fuente de información sobre desastres en América Latina y el
Caribe.


1 La Organización Panamericana de la Salud - Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud
(OPS/OMS); la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (UN/EIRD); la Comisión Nacional de
Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias de Costa Rica (CNE); la Federación Internacional de
Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y Media Luna Roja (IFRC); el Centro de Coordinación para la
Prevención de los Desastres Naturales en América Central (CEPREDENAC ) y la Oficina Regional de
Emergencias de Médicos sin Fronteras (MSF).




Protección de la salud mental en situaciones de desastres y emergencias Serie...
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