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51Cuadernos Hispanoamericanos de Psicología


CUADERNOS HISPANOAMERICANOS DE PSICOLOGÍA, Vol. 9 No. 1, 51-67


GRUPOS FOCALES: UNA GUÍA CONCEPTUAL Y METODOLÓGICA
Jazmine Escobar1 y Francy Ivonne Bonilla-Jimenez2


Universidad El Bosque


Resumen


El objetivo del presente escrito es proponer una guía metodológica para desarrollar grupos focales,
además de una aproximación conceptual que permita contextualizar la técnica. Se abordaron las
diferencias entre grupo focal y entrevista grupal, así como las dos posiciones epistemológicas
que las subyacen. Posteriormente se proponen los pasos para el desarrollo de un grupo focal y,
finalmente, se exponen las ventajas y desventajas que lo caracterizan. Se encontró que los grupos
focales son una herramienta de gran utilidad, la cual se puede aplicar en diferentes áreas, contextos
y poblaciones. Esto permite obtener datos con un nivel de profundidad al que no se puede acceder
desde otras técnicas o metodologías.


Palabras clave: grupos focales, herramienta, estrategia, técnica.


Abstract


The goal of this essay is to propose a methodological guideline to work with focus group as well
as a conceptual approximation that puts the technique into context. The differences between the
focus group and group interview as well as their epistemological views were studied. In this
essay, we explain the steps for the development of focus group. Moreover, the advantages and
disadvantages of the use of this technique are presented. As a result, we found the focus group is
a useful research strategy that could be applied in many areas, contexts and population. Besides,
this technique allows to get data in depth which are not easy to obtain through other techniques
or methodologies.


Key words: focus group


1
Psicóloga, Docente Universidad El Bosque, Directora de la investigación


2
Estudiante que opta por el título de Psicólogo




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Jazmine Escobar, Francy Ivonne Bonilla-Jimenez


Los grupos focales son una técnica de recolección
de datos mediante una entrevista grupal semi-
estructurada, la cual gira alrededor de una temática
propuesta por el investigador. Se han dado diferentes
definiciones de grupo focal; sin embargo, son muchos
los autores que convergen en que éste es un grupo
de discusión, guiado por un conjunto de preguntas
diseñadas cuidadosamente con un objetivo particular
(Aigneren, 2006; Beck, Bryman y Futing, 2004).


El propósito principal del grupo focal es hacer
que surjan actitudes, sentimientos, creencias, expe-
riencias y reacciones en los participantes; esto no
sería fácil de lograr con otros métodos. Además,
comparados con la entrevista individual, los grupos
focales permiten obtener una multiplicidad de mi-
radas y procesos emocionales dentro del contexto
del grupo (Gibb, 1997).


La diferencia entre un grupo focal y una entrevista
grupal consiste en que, en esta última, se entrevista
a un grupo de personas al mismo tiempo; además, la
entrevista hace énfasis en las preguntas y respuestas
entre el investigador y los participantes. Por otra
parte, el grupo focal se centra en la interacción
dentro del grupo, la cual gira alrededor del tema
propuesto por el investigador; además, los datos
que se producen se basan en la interacción (Powell
et al., 1996 citado por Gibb, 1997).


Otra diferencia está dada por la importancia
que tiene la dinámica social producida entre los
miembros del grupo, la cual es relevante para los
resultados (Noaks y Wincup, 2004). Además, Powell
y Single (1996) plantearon diferencias en distintos
aspectos entre las dos técnicas mencionadas, como
se observa en la Tabla 1.


Tabla 1
Comparación del grupo focal, entrevista
y la técnica del grupo nominal


Criterio Entrevista grupal Grupos focales


Número de participantes 6-10 6-10


Objetivo Opiniones Experiencias
Calidad de la interacción Parcial Si


Nivel de influencia en el grupo Medio Medio /alto


Nivel de estructura Alto Bajo
Profundidad de la experiencia Poco profunda Media


Alcance de las experiencias Medio Amplio


Nivel de la participación del moderador Alto Bajo


Los grupos focales parten desde diferentes po-
siciones epistemológicas, principalmente desde el
realismo y el constructivismo contextual; el realismo
parte de categorías preexistentes para analizar los
datos, busca la consistencia del significado entre
múltiples análisis y aplica los conceptos de confia-
bilidad y validez. Por su parte, el constructivismo
contextual rechaza el supuesto de una única reali-
dad que puede ser revelada a través de la correcta


aplicación de un método. Desde esta perspectiva,
el conocimiento es provisional y dependiente del
contexto; en consecuencia, rechaza los criterios de
objetividad y la confiabilidad a favor de estrategias
de reflexión y articulación por parte del investiga-
dor. En la Tabla 2 se observa la comparación entre
estas perspectivas y sus ventajas y límites; es claro
que un diálogo entre las dos resulta enriquecedor
(Freeman, 2006).




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Tabla 2
Comparación entre la perspectiva constructivista contextual y realista


Kitzinger (constructivismo contextual) Krueger (realismo)


Pertenencia al grupo Los grupos pre-existentes pueden ser más útiles en proveer intercambios de forma más natural.
Los grupos pre-existentes deberían ser evitados por sus
potenciales prejuicios o parcialidades.


Homogeneidad
Débil: puede ser útil cuando los participantes tienen mar-
cadas diferencias en sus estatus. Los grupos homogéneos
pueden llevar a la conformidad y a inhibir la discusión.


Fuerte: los grupos homogéneos son importantes en
términos de variables para la comparación de subgrupos.


Interacción La interacción es el recurso de análisis central. Débil: la interacción es útil sólo para generar discusión
sobre un tema de interés.


Generalización de los resultados Débil: las implicaciones teóricas son potencialmente trans-feribles a decisión del lector.


Fuerte: dado un número de grupos homogéneos, los
resultados pueden reflejar la opinión de los grupos a los
que pertenecen.


Cuándo usar los grupos focales


El objetivo de los grupos focales es recolectar infor-
mación para resolver las preguntas de investigación.
Sin embargo, el campo de aplicación de los grupos
focales es vasto. A continuación se expone una re-
copilación de situaciones en las que su utilización es
especialmente útil (Beck et al., 2004; Rigler, 1987):
1. El conocimiento que hay sobre un tema es inade-
cuado y se requiere formular nuevas hipótesis que
hagan avanzar la investigación, igualmente cuando
se requiere elaborar un cuestionario o mejorar uno
existente.
2. El tema de investigación es complicado y requiere
involucrar nuevos métodos y datos para lograr la
validez.
3. El tema de investigación es complejo e incluye
un amplio número de posibles variables; un grupo
focal permite que el investigador concentre el tiem-
po y los recursos en las variables más pertinentes.
4. Los resultados de una encuesta cuantitativa
son estadísticamente ambiguos o engañosos, por
lo que requieren aclaración y mayor elaboración.
Los grupos focales pueden ayudar a encontrar las
razones de dicha contradicción. 5. Generar ideas
para una estrategia de publicidad, posicionamiento
y la implementación de un producto. Si el proto-
tipo de un producto necesita ser probado frente a
las necesidades reales, los grupos focales son muy


útiles, ya que pueden ayudar a determinar el nom-
bre del producto, cómo posicionarlo, cómo hacerle
publicidad y cómo distribuirlo.
6. Descubrir la percepción de las personas respecto
a lo que genera o impide un comportamiento, así
como su reacción ante diferentes ideas, conductas,
productos o servicios.
7. Desarrollo de otros instrumentos, como entrevistas
específicas para estudios de caso.
8. Identificación de necesidades personales y co-
munitarias.
9. En general, el uso de los grupos focales no se
circunscribe a un contexto o situación particular.
Estos pueden hacer parte de investigaciones cua-
litativas y cuantitativas, además de que pueden
utilizarse como única técnica.


La recopilación anterior da cuenta de la versa-
tilidad de los grupos focales; no obstante, existen
varias circunstancias en las que su uso no es oportuno
(Beck et al., 2004 y Rigler 1987):
1. Creación de nuevos productos desde cero. Los
participantes de un grupo focal podrían informar
cuál podría ser el servicio ideal, pero únicamente
si se le presenta al grupo un concepto muy desa-
rrollado; si éste es incipiente, el ejercicio de lluvia
de ideas no será productivo.
2. Generalización de resultados a la población;
los grupos focales no permiten hacer estadística
inferencial.




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3. Manejo de temas tan polémicos que no permiten
discusión y se centran sólo en el debate.
4. Manejo de temas que no son apropiados para un
grupo de discusión; la alternativa, en este caso, es la
entrevista individual ya que aunque el investigador
ha asegurado confidencialidad, no puede garantizar
que los demás participantes también la aseguren.


Tamaño del grupo focal


Respecto al número ideal de personas que deben
conformar un grupo focal, diferentes autores han
propuesto una gran variedad de rangos de partici-
pantes. Según Turney y Pocknee (2005), éste debe
estar conformado por 3 a 12 participantes; otros
autores establecen un rango más pequeño, de 4 a
8 (Kitzinger, 1995 y Diaz, 2005); de 5 a 10 parti-
cipantes (Krueger, 2006b); de 6 a 10 participantes
(Mayan, 2001; Powell y Single, 1996; Gibb, 1997);
de 6 a 12 participantes (Noaks y Wincup, 2004;
Freeman, 2006); de 8 a 10 participantes (Rigler,
1987; Vogt, King, D. y King, L. 2004); de 7 a 12
participantes; y de 10 a 12 participantes (García,
Ramos, Díaz y Olvera, 2007).


Teniendo en cuenta lo anterior, Myers (1998) pro-
pone que, según las características y la complejidad
del tema a tratar, así como la experiencia y la habilidad
del moderador, se determine el número adecuado
de participantes, sin exceder las 12 personas. Así
mismo, para tratar temas sensibles o controvertidos,
recomienda la utilización de grupos pequeños, entre
5 y 8 participantes. Cabe anotar que el tamaño del
grupo focal también depende del nivel de profundi-
dad que se le va a dar a la entrevista por parte del
investigador y de los objetivos de la investigación.


Duración de las sesiones


La recomendación hecha por varios investigadores
respecto a la duración de cada sesión de los grupos
focales está en un rango entre 1 y 2 horas (Aigneren,
2006; Dick, 1999; Freeman, 2006; Gibb, 1997;


Huertas, s.f.; Kitzinger, 1995; Myers, 1998, Powell
y Single, 1996). Esta recomendación se relaciona
con el hecho de que el proceso requiere tiempo para
las observaciones de la apertura y del cierre de la
sesión, además de la capacidad de las personas para
mantener la atención.


Pasos para realizar un grupo focal


A continuación se presenta una serie de pasos para
planear y realizar un grupo focal; estos corresponden
a una recopilación de diferentes autores.


Primer paso, establecer los objetivos
Es la definición específica de los objetivos del
estudio. Debe responderse a interrogantes como:
a) ¿Qué se desea lograr?, b) ¿Qué busca con esta
investigación?, c) ¿Qué información se puede
obtener de este grupo?, y d) ¿Qué información se
necesita para satisfacer las necesidades del estudio?
(Boucher, 2003; Kinnear y Taylor, 1998). Además,
se debe tener en cuenta que los objetivos se expresan
en términos de productos y de conocimiento. Es así
que si se establecen tanto objetivo general como
específicos, estos últimos son productos de cono-
cimiento particulares para cumplir con el objetivo
general. Este primer paso es de gran relevancia pues
es el que guía toda la investigación.


Segundo paso, diseño de la investigación


El diseño de la investigación debe ser coherente
con la definición de objetivos. Los grupos focales
pueden constituirse en la investigación en sí mismos
o ser parte de una investigación más grande, en la
cual se triangularán los resultados con otras técnicas
de recolección de datos (Kinnear y Taylor, 1998).


Tercer paso, desarrollo del cronograma


Se deben planear las sesiones con antelación de
cuatro a seis semanas; ese tiempo es para identificar,




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analizar, formular y evaluar el problema de inves-
tigación, realizar un marco de referencia teórico-
metodológico, identificar, seleccionar, comprometer
a los participantes y localizar un sitio adecuado.
Igualmente, durante este lapso de tiempo se deben
diseñar y conseguir los materiales de ayuda para las
sesiones, etc. A continuación se dará un ejemplo
de las etapas según Aigneren (2006) ver Anexo A.


Cuarto paso, selección de los participantes


Según Myers (1998) y Kitzinger (1995), para selec-
cionar los participantes se debe tener en cuenta la
edad, el sexo, las condiciones socioeconómicas, el
nivel educativo, el estrato social, las actitudes y el
lugar de residencia (urbana o rural). Los participantes
son seleccionados específicamente porque tienen
alguna experiencia en común o personal que resulta
de interés para el estudio (Boucher, 2003; Huerta,
s.f.; Kinnear y Taylor, 1998; Mayan, 2001; Prieto,
2007; Rigler 1987, y Wolff, Knodl y Sittitrai, 1993).


El grupo de participantes puede ser homogéneo
o heterogéneo, dependiendo del estudio; cuando
se trata de explorar experiencias compartidas, se
aconseja un grupo homogéneo. Sin embargo, la
heterogeneidad puede ser ventajosa porque facilita la
profundización con base en diferentes perspectivas
del problema. Además, si el tema lo amerita, puede
ser importante escoger personas que no se conozcan
entre sí para evitar que se hagan suposiciones o
que haya prejuicios (Díaz, 2005). En relación con
lo anterior, Gibb (1997) argumenta que no es fácil
determinar los participantes apropiados para el grupo
focal, ya que si éste es demasiado heterogéneo (en
términos de género, educación, clase o perspectivas),
las diferencias entre los participantes pueden causar
un impacto considerable en sus contribuciones. Por
el contario, si un grupo es homogéneo con respecto
a características y experiencias, no se expresarán
diferentes opiniones. Sin embargo, Kitzinger (1995)
recomienda conformar grupos homogéneos para
que se produzca más fácilmente el intercambio de


ideas. La ventaja es que los amigos y colegas pueden
relacionar comentarios con sus experiencias diarias
y así compartirlas.


Por otra parte, Beck et al., (2004) desarrollaron
una estrategia de reclutamiento exitoso en tres pasos:
a) el proceso debe ser personalizado. Esto significa
que cada persona sienta que ha sido seleccionada
para compartir sus opiniones; b) la invitación al
proceso es repetitiva; ésta se da más de una vez; y c)
el uso de un incentivo para motivar la participación.


En el momento de seleccionar a los participantes,
los investigadores se hacen algunas preguntas como:
¿Quiénes son los sujetos que debían formar parte
del grupo focal? ¿Quiénes son los actores locales?
¿Quiénes son los sujetos representativos de lo social?
¿Para quién son representativos? (Bertoldi, Fiorito
y Álvarez, 2006; Krueger, 2006b).


Por otra parte, se recomienda invitar un 20%
más de los participantes que se necesitan. De este
modo, se asegura que si alguno no asiste, el grupo
contará con suficientes miembros para sostener una
conversación (Mayan, 2001); en cambio, Aigneren
(2006) sugiere un porcentaje de sólo el 10%.


De acuerdo con Freeman (2006), las diferencias
entre los participantes se relacionan con las técni-
cas de ejemplificación, el rol de la interacción y el
grado de inferencia que se puede utilizar con los
resultados.


Kitzinger (1995) afirma que los integrantes tam-
bién pueden ser seleccionados con el fin de reflejar
el rango total de toda la población. Por eso, es
necesario tener en cuenta diversas variables, como
la clase social y la etnicidad.


Por otra parte, Rigler (1987) recomienda que los
participantes se deben seleccionar teniendo en cuenta
dos aspectos: los psico-geográficos y los competiti-
vos. Los primeros ayudan a separar los participan-
tes de acuerdo a sus actitudes; como por ejemplo,
diferenciar los ahorradores de los gastadores. Los
segundos se refieren a que no se deben seleccionar
participantes que trabajen para una compañía rival.




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Jazmine Escobar, Francy Ivonne Bonilla-Jimenez


Quinto paso, selección del moderador


El moderador que se seleccione debe ser miembro
del equipo de investigación involucrado en el de-
sarrollo del grupo focal; la función principal del
moderador es propiciar la diversidad de opiniones en
el grupo (Vogt, et al., 2004). En este orden de ideas,
Boucher et al. (2003) afirman que es indispensable
que el moderador conozca bien el tema para poder
crear controversia. Sin embargo, anotan que no es
necesario que sea miembro del equipo, sino que
puede ser un experto o un investigador contratado,
que conozca bien sobre el tema en cuestión y esté
en la capacidad de crear controversia.


Así bien, es indispensable que el moderador que
se seleccione cuente con habilidades comunicati-
vas: saber escuchar, observar, entender claramente
(tanto las señales verbales como no verbales), tener
capacidad de interpretación, así como manejo de
dinámicas de grupos, control eficiente del tiempo
y asertividad (Aigneren, 2006; Escobar, 2007). De
igual forma, deberá ser una persona sensible para
captar y explorar al máximo los temas a debatir.
Además, teniendo en cuenta lo dicho por Gibb (1997),
el moderador necesitará poseer buenas habilidades
y cualidades interpersonales e intrapersonales, entre
las que se destacan: saber escuchar, no juzgar y ser
adaptable. Todas estas cualidades promoverán en
los participantes confianza hacia él e incrementarán
la posibilidad de un diálogo abierto e interactivo.


Sexto paso, preparación de preguntas estímulo


Las preguntas deben ser concretas, estimulantes y
flexibles y, en lo posible, deben guiar la discusión de
lo más general a lo específico. Además, se recomienda
partir de una lluvia de ideas para diseñar una matriz
de dimensiones temáticas y preguntas potenciales,
para así poder seleccionar las preguntas definitivas a
partir de una prueba piloto preliminar; se sugiere que
en dicha prueba se seleccionen las cinco o seis pre-
guntas más adecuadas y pertinentes (Aigneren, 2006;
Boucher, 2003; Beck et al., 2004; Krueger, 2006b).


Séptimo paso, selección del sitio de reunión


Según Diaz (2005) el lugar para realizar la sesión
de los grupos focales debe ser privado; sólo deben
tener acceso los participantes y el equipo de inves-
tigadores; además, este sitio debe estar ventilado,
iluminado, no debe haber ruidos y debe ser cómodo.
Aigneren (2006), Boucher (2003) y Powell y Single
(1996), recomiendan que el lugar de reunión sea
neutral; es decir, que no tenga un significado en
especial para ninguno de los participantes y que no
interfiera con el tema del estudio. Además, Boucher
(2003) agrega que el lugar seleccionado debe tener
buena acústica para grabar sin interferencias. Estos
detalles parecen triviales, pero ayudan a que el
participante se sienta en su propia casa y no en una
simple oficina (Puchta y Potter, 2004).


Octavo paso, logística


Se debe asignar a un encargado de logística, quien
tendrá la labor de reclutar a la gente, organizar
las bebidas y los alimentos y encargarse de los
incentivos que se entregarán como agradecimiento
a los participantes (Prieto, 2007). Por otra parte,
es indispensable que haya claridad al informar a
los participantes cuándo y dónde se desarrollará
el grupo focal; además, se les debe informar qué
tipo de incentivo van a recibir por su participación
(Rigler, 1987).


Para el desarrollo de una buena sesión se reco-
mienda que, en el salón de reunión, los participantes,
en lo posible, rodeen al moderador (configuración
en U), lo que puede propiciar una mejor atmos-
fera. Si el equipo de investigadores está presente
en el salón, estos no deben interferir; su presencia
debe ser lo más discreta posible (Aigneren, 2006;
Kitzinger, 1995). Sin embargo, autores como Diaz
(2005) recomiendan que, para el desarrollo de la
sesión, el moderador se debe sentar en un lugar no
prominente, de manera que se confunda con el resto
del grupo; no obstante, el sitio donde el moderador
se ubique debe permitir la visualización de todos los




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participantes para facilitar que sus intervenciones
vayan dirigidas a estimular la profundización del
tema y se pueda promover la discusión y la defensa
de criterios diferentes.


Noveno paso, desarrollo de la sesión


De acuerdo con Rigler (1987), durante el desarrollo
de la sesión, es importante observar la reacción de los
participantes, ya que esto puede generar la aparición
de otras preguntas que no estaban contempladas
en la planeación inicial y que pueden aportar a la
investigación. Por otra parte, si se descubre en la
mitad de la sesión que la hipótesis planteada es
errónea, no se debe cambiar la agenda en medio
de la discusión; esto generará una experiencia enri-
quecedora. Lo anterior permitirá encausar la agenda
correctamente para el siguiente grupo focal. Entre
tanto, Rigler (1987) explica que puede ser indis-
pensable la participación de uno o varios expertos
que puedan resolver dudas o hacer aclaraciones,
ya sea al moderador o a los participantes, cuando
surjan dudas o inquietudes sobre el tema a tratar. Así
mismo, se aconseja no sacar conclusiones durante
la sesión, ya que éstas se deben obtener solamente
a partir del análisis de la información recolectada.


Ahora bien, después de cada grupo focal es
aconsejable hacer una retroalimentación, a partir
de la cual se busque resolver preguntas como:
¿Los participantes entendieron claramente el nuevo
concepto?, ¿Se profundizó en algún aspecto que se
quería conocer? y ¿Se obtuvo la información más
importante que se necesita? Al resolver tales cues-
tiones después de cada sesión se facilitará hacer las
modificaciones pertinentes para la próxima sesión
(Rigler, 1987).


Décimo paso - análisis de la información
Al terminar las sesiones se debe resumir inmedia-
tamente la discusión que se desarrolló en el grupo,
preferiblemente con las mismas palabras utilizadas
por los participantes; además, se debe trascribir


de inmediato las grabaciones, para permitir que
se reconstruya no sólo la atmósfera de la reunión,
sino también lo tratado pregunta por pregunta.
Sumado a esto, se deben analizar los relatos, ac-
titudes y opiniones que aparezcan reiteradamente
o comentarios sorpresivos, conceptos o vocablos
que hayan generado algunas reacciones positivas o
negativas (Boucher, 2003). Así mismo, se analizan
las relatorías hechas por los moderadores. Al reali-
zar la redacción del informe, el documento deberá
incluir no sólo los aspectos formales del estudio,
sino también: a) planteamiento del problema, b)
objetivos y c) estrategia metodológica y técnica o
método (Aigneren, 2006).


Diseño de preguntas para el grupo


Según Beck et al. (2004), las preguntas deben ser
abiertas y fáciles de entender para los participan-
tes. Además, deben ser concretas y estimulantes.
Boucher (2003) afirma que para una sesión de 2
horas se podrían hacer alrededor de 12 preguntas;
para el desarrollo de dichas preguntas se debe tener
en cuenta: a) uso de preguntas abiertas que permitan
al participante responder cada pregunta tan amplia-
mente como sea posible; b) evitar preguntas que
puedan ser resueltas con “si” o “no” porque estas
respuestas no proveen de una explicación detallada
y no son analizables; c) el “por qué” es poco usado
ya que parece reclamación y pone a los participantes
a la defensiva. En lugar de esto se puede preguntar
por los atributos o influencias; d) usar preguntas
de recordación; e) usar preguntas que permitan a
los participantes comparar, dibujar, clasificar etc.;
f) hacer énfasis en la formulación de las preguntas
más generales a las más especificas, de lo más fácil
a lo más difícil, y de lo positivo a lo negativo; y
g) usar preguntas de cierre para llevar al grupo a
conclusiones finales y a resumir sus comentarios.


Cameron (2005) aconseja que, con grupos muy
participativos, puede ser necesario intervenir y llevar
la discusión a nuevos temas. Además, si usted ha




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planeado una jerarquía de las preguntas o temas,
puede ser apropiado permitir que el grupo se con-
centre en las áreas más importantes de la discusión;
por otra parte, con grupos menos participativos, se
puede necesitar formular las preguntas adicionales
o expresarlas de otra manera, para fomentar y abrir
la discusión.


Moderador del debate


El moderador debe conducir a los participantes a
una conversación. Las responsabilidades básicas
de éste son: mantener la discusión en un solo tema
y ritmo, involucrar a los individuos en la conver-
sación y establecer un ambiente de confianza que
elimine las barreras de la comunicación. Al inicio
del grupo focal, el moderador deberá describir el
protocolo de la discusión e indicar que la conver-
sación será grabada. Además, les debe asegurar a
los participantes que habrá confidencialidad y que
los nombres no serán revelados en las citas que se
utilicen para los reportes posteriores (Beck, et al.,
2004; Mayan, 2001).


El moderador debe saber cuándo esperar más
información y cuándo pasar a la siguiente pregun-
ta. Así mismo, debe ser capaz de controlar a los
participantes dominantes y motivar a aquellos que
dudan en participar. Además, debe respetar a los
participantes, escuchar lo que ellos tienen que decir y
agradecerles por sus opiniones, incluso si la persona
ha sido descortés (Beck et al., 2004). También es
muy importante que el moderador, de ser posible,
comparta características con los participantes, como
edad, sexo e idioma (Powell y Single, 1996).


Para Puchta y Potter (2004) y Powell y Single
(1996), entre las habilidades del moderador se
encuentran las siguientes: saber permanecer rela-
jado, combatir la apatía y permanecer neutral. Los
moderadores alcanzan la neutralidad al no proponer
opiniones cuando hacen las preguntas y al no aprobar
o desaprobar (ni siquiera de manera no verbal) las
respuestas de los participantes. Igualmente, la inte-


racción debe ser informal, más no apática; debe ser
imparcial y amigable. Por ello, el moderador tiene
que generar confianza en los participantes, dando
lugar a la forma en que se hablan los amigos y no
como lo hacen las personas en relaciones formales.
Según Bertoldi et al., (2006), el moderador es el
principal instrumento en los grupos focales, ya que
es el sujeto de interpretación de los conocimientos
y saberes de los participantes. También se debe
tener en cuenta lo dicho por Donoso (2004), quien
afirma que el moderador debe escuchar a los parti-
cipantes, sin proporcionar instrucciones acerca de
qué o cómo deben hablar; se debe limitar a plantear
un tema general, realizando preguntas abiertas, sin
dar opiniones, como ya se ha explicado.


Según Puchta y Potter (2004) las diferentes estra-
tegias para el moderador: a) el uso de expresiones
como Oh!! o risas que muestren que está involucrado
con las personas más que con el seguimiento de un
rol. Esto también demostrará que está poniendo
atención al grupo; b) introducir el tema a trabajar;
y c) uso de expresiones coloquiales que contrasten
con las expectativas de formalidad.


Por otra parte, el moderador debe tener en cuenta
cuándo preguntar o cómo preguntar, para que no
haya confusión. Los participantes no deben sentirse
evaluados; por eso, el moderador debe presentarse
al mismo nivel de los miembros del grupo en lo
que respecta a la posibilidad de ser examinado.
Las preguntas deben ser simples, sin ambigüedad,
deben guiar a los participantes, sin forzarlos y, fi-
nalmente, deben asegurar la participación de todos.
Igualmente, se debe manejar la asimetría entre el
moderador y los participantes; una vez se formula
una pregunta elaborada, el moderador debe seguir
las respuestas, pidiendo clarificaciones más espe-
cíficas si es necesario.


Así mismo, el moderador necesita investigar deta-
lles o profundizar en algún tópico si se ha obtenido
información muy superficial. Debe asegurarse de
que todos participen y tengan oportunidad de hablar;
además, el moderador no debe mostrar que favorece




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o que está de acuerdo con ciertos participantes, ni
debe influir en los individuos para que tomen una
posición en particular (Gibb, 1997).


Por otra parte, Cameron (2005) propone varios
ejemplos de las frases usadas para facilitar el de-
sarrollo de grupos focales:
1. Motivar la exploración de una idea: ¿Tienen algo
más para añadir?; ¿Cómo creen que se relaciona con
lo que se dijo anteriormente acerca de…? Podemos
tratar esta idea más ampliamente?
2. Cambiar a otro tema: éste es probablemente un
buen punto para continuar hablando sobre…; con-
tinuando con esto, me gustaría tratar algo de lo que
no se ha hablado aún; esto es un punto importante
porque recoge otras características.
3. Mantener el tema: había un punto importante
hace un momento, ¿Podemos retomarlo?
4. Invitar a la aprobación: ¿Alguien más ha tenido
una experiencia similar?; ¿Alguien más comparte
este punto de vista?
5. Invitar al desacuerdo: ¿Alguien tiene una opinión
diferente?; hemos oído sobre un punto de vista, pero
creo que podría haber otras formas de pensar; ¿Le
gustaría a alguien comentar sobre otros puntos de
vista que la gente podría tener?; parece haber algu-
nas diferencias en lo que se ha dicho y creo que es
importante tratar de comprender por qué tenemos
puntos de vista tan diferentes.
6. Clarificar: ¿Puede darme un ejemplo de lo que
trata de decir?; ¿Puede decirlo de nuevo pero con
diferentes palabras?; antes usted dijo que pensaba…
ahora está diciendo… puede decirnos más sobre lo
que piensa o siente acerca de este tema.
7. Detener una persona que habla mucho: hay
algunas personas que tienen algo que añadir en
este punto. Escuchémoslo; necesitamos continuar
con el siguiente tema; regresaremos a esa idea si
tenemos tiempo.
8. Motivar a una persona callada: ¿Tiene algo que
añadir en este punto?


Por otra parte, Diaz (2005) aconseja que el mo-
derador trate a todos los miembros del grupo por


sus nombres, por lo cual deberá anotarlos en una
hoja. Esto le permitirá tomar notas sobre cuestiones
significativas. Cabe anotar que es importante que
se le asigne un código a cada participante para el
posterior análisis de los resultados. Así mismo, el
autor afirma que la interacción extra-verbal contri-
buye a determinar la sinceridad y el grado con el
que se involucran los participantes, lo que incluye
los contactos visuales, la gesticulación manual, las
sonrisas, el fruncimiento del ceño y las posturas. Vale
la pena mencionar que el moderador debe integrar
todos estos aspectos extra verbales en el análisis.


Otro punto relevante para el desarrollo adecua-
do de la sesión, según Kitzinger (1995), es que el
moderador debe explicar siempre la dinámica de la
actividad, debe enfatizar que no se trata de hablar
solos, sino que se debe generar un intercambio de
ideas y debate entre los participantes. Entonces,
puede que, al inicio de la interacción, el moderador
esté un poco distante pero, con el desarrollo y el
desenvolvimiento del grupo, puede involucrarse más.


Entretanto, Freeman (2006) explica que, en el
desarrollo de la sesión, el moderador tiene un pa-
pel importante sobre lo que se dice ya que admite
o rechaza respuestas y marca el desacuerdo entre
los participantes. Cabe anotar que la sesión tiene
una introducción, en la que el moderador incorpora
una lista de puntos a tratar. Aquí son importantes
el control del moderador y la participación exhaus-
tiva de los participantes. El primero introduce el
tema y monitorea las respuestas, mientras que los
segundos interpretan los temas, se acercan a ellos
y los retoman, según como se les indique; claro
está que el moderador puede intervenir para intro-
ducir un nuevo tema. Además, tanto el moderador
como los participantes pueden determinar cuándo
se ha cerrado un tema mediante gestos, risas y
otros elementos paralingüísticos. Se debe tener en
cuenta que los participantes no sólo le responden al
moderador, sino también a la presencia del mismo
como un recurso mediante el cual pueden expresar
desacuerdo indirectamente a otro participante. Por




60 Cuadernos Hispanoamericanos de Psicología


Jazmine Escobar, Francy Ivonne Bonilla-Jimenez


lo anterior, es claro que los participantes pueden
llegar a dirigir al moderador y a aprobar el uso de
su intervención (Freeman, 2006).


Varios autores señalan que también se puede
utilizar un equipo de dos personas, donde una mo-
dera la discusión y otra lleva la relatoría o hace un
trabajo de observación del comportamiento de los
participantes. Se recomienda que no muestre prefe-
rencias o rechazos que influyan en los participantes
para que den una opinión determinada o asuman
una posición en particular. El relator toma nota del
comportamiento global del grupo, en términos de
reacciones, actitudes o comportamientos por parte
de los participantes; no debe centrarse en el contexto
verbal del grupo, sino más bien en dominar todos
los aspectos secundarios, tales como la expresión
corporal de los participantes, lo que en ausencia de
un registro filmado podría no ser grabado (Aigneren,
2006; Powell y Single, 1996).


Así mismo, los participantes juegan un rol como
portadores de puntos de vista representativos. Por
ello, están en capacidad de dirigir la intervención
del moderador y las contribuciones de los otros
(Freeman, 2006). Por otra parte, el autor pone de
manifiesto el problema que se puede presentar por
el hecho de estar grabando la sesión ya que esto, en
algunos participantes, puede inhibir las respuestas.
Por tal razón, el moderador debe hacer énfasis en
la privacidad y responsabilidad con que se va a
manejar el material grabado.


Análisis de la información


El proceso de análisis de los resultados es la última
parte de la metodología de los grupos focales. Powell
y Single (1996) argumentan que, para hacer dicho
análisis, de debe pasar por las siguientes etapas:
1. Codificar y clasificar la información revisando la
transcripción de las discusiones; aquí se deben usar
las preguntas guías como categorías iníciales. Esta
información codificada es reagrupada e indexada a
lo largo de las respuestas provistas y la intensidad


con la cual fueron expresadas, con el fin de facilitar
un análisis más profundo.
2. Analizar la información original en conjunto
con la información conceptual transformada. Ésta
es la fase más problemática del análisis de datos,
ya que incluye altos niveles de interpretación. Las
constantes comparaciones son relacionadas con la
información para detectar puntos de vista diver-
gentes entre los participantes y para contrastar las
observaciones. Este proceso analítico es inductivo,
ya que involucra la conceptualización de temas en
los datos empíricos.


Por su parte, Kitzinger (1995) señala que es
importante distinguir entre las opiniones indivi-
duales y el consenso al que llegó el grupo; también
es necesario indicar el impacto de la dinámica del
grupo y el análisis de las sesiones en la interacción
entre el moderador y los participantes. Además,
se deben usar categorías para la clasificación de la
información dada por los participantes; por ejemplo,
cambios de opinión, anécdotas, preguntas, etc. Por
otra parte, el reporte de investigación de los grupos
focales debe ser verídico y se deben incluir algunos
ejemplos ilustrativos de los datos recogidos; no se
debe limitar a la cita de algunas partes de la sesión
fuera del contexto.


Bertoldi, et al. (2006), Boucher (2003), Cameron
(2005) y Diaz (2005), proponen que el primer paso
del análisis es la transcripción de las conversaciones.
Este paso puede tomar bastante tiempo; por ejemplo,
si se utilizó una hora para grabar la discusión, es
probable que se tomen cuatro en transcribirla. Cuan-
do se requiere hacer una comparación detallada del
grupo, es necesaria la transcripción total de los datos.
Sin embargo, también se pueden transcribir sólo las
partes claves que se requieran para el análisis. Ésta
es una forma de revisar si las preguntas han sido
entendidas y si se está obteniendo la información
que se necesita para la investigación.


Una vez se tenga toda la discusión transcrita, se
debe leer varias veces para familiarizarse con la
información; una forma de revisarla es separar las




61Cuadernos Hispanoamericanos de Psicología


GRUPOS FOCALES: UNA GUÍA CONCEPTUAL Y METODOLÓGICA


preguntas en una columna y seleccionar la informa-
ción más importante que se haya obtenido de esa
pregunta en otra; luego, se seleccionan algunas citas
que puedan ser útiles en el informe final.


Cuando el propósito de la investigación es encon-
trar procesos asociados con ciertos temas, lo más
recomendable es establecer categorías dentro de la
información obtenida y marcarla con un color, letra
o algún otro símbolo que ayude a diferenciar cada
categoría. Después de establecer estas categorías, se
deben leer de nuevo las transcripciones y se selec-
cionan frases, párrafos u oraciones que se relacionen
con cada categoría. Esto es importante al hacer el
informe escrito, ya que se debe poder regresar a
las transcripciones originales para corroborar la
información. Se debe tener en cuenta el proceso de
escritura en el informe, específicamente se deben
saber balancear las citas directas, la interpretación
y el resumen de la información obtenida.


Cuando hay demasiadas citas, la información
tiende a ser repetitiva, mientras que si hay pocas,
la productividad de la discusión puede perderse;
se debe distinguir entre las opiniones individuales
expresadas y las del consenso. Así mismo, los
casos negativos deben ser tenidos en cuenta; es
decir, aquellas expresiones que no se ajusten al
grupo. Otro aspecto que se debe considerar en el
análisis de los resultado es el grado en el que los
participantes pueden haber censurado o conformado
sus opiniones en las dinámicas de grupo, si algún
aspecto es común para todo el grupo o es impor-
tante solo para uno de los participantes, o si surge
espontáneamente o en respuesta a la pregunta del
moderador; y qué aspecto es considerado tanto
importante e interesante, o lo uno o lo otro (Mayan,
2001). Actualmente, es común el uso de programas
como el Atlas ti, o el Etnographic. No obstante, las
categorías obtenidas mediante estos programas no
reemplazan el análisis del investigador.


En el proceso de análisis de los resultados se
involucran grabaciones de audio, transcripciones y
un cuidadoso análisis del contenido de las palabras


exactas de los participantes. En otras situaciones,
el análisis puede estar basado en las observaciones,
notas de campo y los recuerdos del moderador,
relator o investigadores. El factor crítico de todos
los análisis es que el proceso es sistemático y ve-
rificable. Es sistemático en el sentido de que sigue
un plan prescrito de forma coherente, de manera
que se adapte a la situación. Es verificable en el
sentido de que deja un rastro de pruebas que los
demás puedan revisar (Krueger, 2006a).


A continuación, Krueger (2006a) da a conocer
varias opciones para la recolección de datos:
1. Memoria: los recuerdos ayudan pero se empieza
a olvidar información valiosa; por eso, es impor-
tante tomar notas o escuchar el audio para guardar
la información.
2. Notas de campo: se asigna a uno o más miembros
del grupo para que tomen notas durante la sesión,
capturen las ideas principales y las observaciones
relevantes.
3. Diagramas, listas, o dibujos: estas técnicas se
usan si a los miembros del grupo focal se les pide un
producto tangible; éste se debe recoger al terminar
la sesión para su posterior análisis y discusión. Los
participantes describen los diagramas o dibujos y
el moderador comenta y retroalimenta.
4. Audio grabadora: ésta sirve para registrar las
conversaciones de los participantes; no es costosa
y es discreta.
5. Computadora portátil: se asigna una persona con
destreza en el teclado, para escribir las conversa-
ciones de la sesión; además, los resultados se pasan
por corrector ortográfico y se complementa con la
grabación para terminar la trascripción.
6. Grabación de video: la video grabadora es muy
útil, ya que se coloca en un lugar discreto y menos
obvio para los participantes. Es más precisa que la
grabadora y muestra los instantes y expresiones no
verbales de los participantes.


Las técnicas de análisis de los datos provenientes
de grupos focales están más allá del objetivo del
presente escrito. Para profundizar en este aspecto




62 Cuadernos Hispanoamericanos de Psicología


Jazmine Escobar, Francy Ivonne Bonilla-Jimenez


puede dirigirse a: Bertrand, Brown y Ward (1992);
Berg (1989); y Rabiee (2004), Carey (1994, 1995)
citado por Powell y Single (1996)


Ventajas


Los grupos focales presentan muchas ventajas, por
lo que se han constituido en una herramienta muy
utilizada. A continuación se abordan algunas de las
ventajas más sobresalientes. Según Kitzinger (1995),
Yard, Road y Enclave (2004), los grupos focales no
discriminan a personas que no saben leer o escribir,
pueden motivar la participación de quienes no les
gusta ser entrevistados, dan lugar a opiniones de
personas que creen que no tienen nada que decir
y aseguran que los miembros se involucren en un
proceso de cambio. Además, sacan a luz los valores
y normas del grupo.


En comparación con otras técnicas cualitativas
de recolección de datos, los grupos focales pue-
den presentar la información más rápidamente y
a menor costo. Además, esta técnica es más fácil
de administrar y maneja una forma más natural de
comunicación y de interacción de grupo (Dawson
et al., 1993, citado por Wyatt, Bogart y Ehrhardt,
1998). A través de los grupos focales, se logra que
cualquier observación o comentario por parte de
uno de los miembros del grupo produzca diferen-
tes respuestas, lo cual enriquecerá la información
obtenida (Prieto, 2007).


Según Reyes (2000), las discusiones en los gru-
pos focales le ofrecen al moderador la flexibilidad
necesaria para explorar asuntos que no hayan sido
anticipados. Esta técnica es fácil de entender y re-
sulta ágil en la producción de resultados, los cuales
son creíbles; además, le permite al investigador
aumentar la muestra de estudio, sin incrementar
el tiempo de investigación. Uno de los mayores
beneficios de la estrategia mencionada es el hecho
de la participación y compromiso de las personas
en la problemática del estudio.


Los grupos focales como estrategia de recolec-
ción de datos permiten sistematizar la información
acerca de conocimientos, actitudes y prácticas
sociales que difícilmente serían obtenidas a través
de otras técnicas. Así mismo, los grupos focales
ofrecen observaciones centradas en los intereses
del investigador, y las conclusiones dadas por 2
u 8 personas producirán ideas más nutritivas en
significado y contenido, que las hechas a 10 per-
sonas en entrevistas individuales (Aigneren, 2006;
Parra, 2005).


Un grupo focal puede dar lugar a la corrección
de información que se tiene sobre un producto, lo
cual se convierte en una herramienta bastante útil
en la recolección de información. Muchas veces,
el grupo focal puede extenderse más allá de lo que
se planea; además, puede aportar más datos de los
que se pensaba; esto puede hacer que los mismos
participantes formulen preguntas acerca del tema y
se nutran entre sí (Sullivan y Foltz, 2000).


El grupo focal no sólo va a generar las respuestas
al objetivo de la investigación, sino también una
aproximación a las experiencias de los participantes.
Esto puede dar a conocer las necesidades de los con-
sumidores en diferentes áreas, así como enriquecer y
mejorar el trabajo investigativo. Es así que, el hecho
de que los participantes compartan experiencias en
el interior del grupo, hace del grupo focal una forma
más efectiva, profunda y significativa de obtener
información (Sullivan y Foltz, 2000).


Por su parte, Gibb (1997) afirma que el grupo
focal permite al investigador acceder a una mayor
cantidad de información en un periodo corto de
tiempo. Además, explica que mientras que los
métodos observacionales dependen de la espera
de sucesos o a que las cosas ocurran, en el grupo
focal el investigador sigue una guía. Por ello, esta
técnica no se da de forma natural, sino que se basa en
eventos organizados; así mismo, en el grupo focal,
la interacción es el rasgo crucial porque a partir de
ella se logra identificar el punto de vista, los valores




63Cuadernos Hispanoamericanos de Psicología


GRUPOS FOCALES: UNA GUÍA CONCEPTUAL Y METODOLÓGICA


y las creencias de los participantes, así como el tipo
de lenguaje que usan al tratar determinado tema.


Para Vogt et al., (2004), los grupos focales
proveen una metodología que puede permitir a los
investigadores aprender acerca del significado de un
constructo; esto es importante porque ellos pueden
interpretar las experiencias de otras culturas a través
de sus propias creencias y valores, lo cual los lleva, en
ocasiones, a hacer suposiciones erróneas acerca del
significado de los comportamientos y experiencias
de otras culturas. Por otra parte, los grupos foca-
les les permiten a los investigadores descubrir las
unidades de conceptualización desde la perspectiva
de las personas estudiadas, en lugar de imponerles
clasificaciones a sus comportamientos. Esto se ha
descrito como una aproximación fenomenológica
en la cual el objetivo es obtener una comprensión
de los fenómenos.


Desventajas


Los grupos focales presentan límites que el inves-
tigador debe conocer para evitar errores cuando
los utilice.


Según Parra (2005), la técnica de grupos focales
es limitada en términos de su capacidad para ge-
nerar resultados que representen la opinión de una
muestra grande de personas, ya que el número de
participantes es muy pequeño y no representativo.
No obstante, si las personas que participarán en el
grupo focal son seleccionadas aleatoriamente de un
grupo relativamente homogéneo, se pueden realizar
generalizaciones incipientes.


Otro aspecto que representa una limitación impor-
tante es la falta de independencia en las respuestas
de los miembros del grupo; el sesgo puede ser pro-
ducido eventualmente por un miembro dominante
o por el mismo moderador (Bertoldi, et al., 2006).
Además, se ha reportado que los participantes pueden
ser presionados por normas de grupo, que impiden
que expresen libremente sus opiniones. Siguiendo
esta misma idea, Puchta y Potter (2004) señalan que


uno de los mayores problemas de los grupos focales
es la tensión y presión sobre los participantes; esto
puede hacer que ellos no respondan con precisión
ni objetividad a las preguntas (Wyatt, et al., 1998).


Por otra parte, los investigadores tienen menos
control sobre la dirección de grupos focales que en
las entrevistas individuales. Esto se debe a la natu-
raleza más impredecible del proceso de interacción
del grupo (Wyatt, et al., 1998). Sin embargo, esto
último puede constituir una ventaja, ya que surgen
categorías emergentes que pueden aportar nueva
información.


En la práctica, los grupos focales pueden ser
difíciles de organizar. De hecho, no es fácil obtener
una población o grupo representativo. El trabajo de
los grupos focales puede motivar a cierto tipo de
personas para participar; por ejemplo, a aquellos
que tienen una gran tendencia a colaborar, pero no
tienen mucho conocimiento o práctica sobre el tema;
a aquellos que tienen problemas de comunicación;
o a quienes participan per se (los llamados líderes
históricos o profesionales) (Aigneren, 2006).


Finalmente, no se debería asumir que los in-
dividuos en un grupo focal expresan un único y
definitivo punto de vista. Ellos están hablando
en un contexto específico, dentro de una cultura
específica y, algunas veces, puede ser difícil para
el investigador identificar claramente las caracte-
rísticas individuales.


Aplicaciones y uso de los grupos focales


Entre las características principales de los grupos
focales se destaca el hecho de que es una técnica
versátil. Distintos autores explican las diversas
aplicaciones que estos tienen. Por ejemplo, Kitzinger
(1995) establece que los grupos focales se pueden
usar para que la gente intercambie ideas, puntos de
vista, etc., para estudios de comunicación, para crear
mensajes educativos, para tener acceso a conoci-
mientos y actitudes de la gente que no son fáciles de
ver en respuestas razonadas o pensadas, entre otros.




64 Cuadernos Hispanoamericanos de Psicología


Jazmine Escobar, Francy Ivonne Bonilla-Jimenez


Por otra parte, autores como Mayan (2001) y
Wyatt, et al., (1998) afirman que los grupos focales
se pueden usar en combinación con otros métodos
de investigación, ya sean cuantitativos o cualita-
tivos. Por ejemplo, se pueden aplicar para generar
las preguntas apropiadas para una encuesta o un
cuestionario.


Por otro lado, esta técnica se puede utilizar, tanto
en las ciencias sociales como en la investigación
en salud; en este último caso se usan como proceso
inductivo para generar hipótesis.


Parra (2005) menciona que los grupos focales
son útiles para la toma de decisiones en cualquier
ámbito, para desarrollar o mejorar un producto, para
la creación de programas, para conocer el grado
de satisfacción de los consumidores, para definir
y entender problemas de calidad, etc. Así mismo,
destaca el uso que se le puede dar dentro del área
organizacional, para entender la forma como las
técnicas motivacionales (incentivos) afectan el ren-
dimiento y la satisfacción de los empleados. Cabe
anotar que los grupos focales se han utilizado en
distintas aplicaciones. Para conocer un poco más
al respecto se puede consultar a: Arango, (2008),
Basualdo et al., (2007).


Una aplicación que ha venido teniendo un de-
sarrollo importante es la utilización de los grupos
focales a través de internet. Para conocer más sobre
el tema, puede consultar a: Moloney, Dietrich,
Strickland y Myerburg (2003); Turney y Pocknee
(2005); Borrero, Marchant y Novoa (2006); Fuentes
y Cataño (2004); Fernandez y Kranz (2005); Peralta
(2004) y Rubio (2003).


Dentro de los aspectos éticos que se deben mane-
jar, se encuentra el consentimiento informado; éste
es un documento en el que los participantes dan su
aprobación para ser filmados o grabados. Por este
medio, ellos aprueban el uso de la información ob-
tenida con fines investigativos. Igualmente, dentro
del consentimiento se garantiza la confidencialidad,
el anonimato y la seguridad, tanto actual como
futura, de la información (Powell y Single, 1996).


Conclusiones


Los grupos focales son una técnica que presenta gran
versatilidad; por consiguiente, pueden ser aplicados
a diversos contextos de investigación y a diferen-
tes poblaciones, desde personas analfabetas hasta
intelectuales, o desde niños hasta adultos mayores.


Los grupos focales privilegian la profundidad de
la información obtenida a la cantidad de personas
que pueden participar en la técnica; por este motivo,
los resultados son poco generalizables.


El nivel de control dentro de los grupos focales
es menor que en una entrevista; no obstante, ese
carácter impredecible permite que surjan categorías
emergentes (no previstas por el investigador) que
pueden aportar información muy valiosa.


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67Cuadernos Hispanoamericanos de Psicología


GRUPOS FOCALES: UNA GUÍA CONCEPTUAL Y METODOLÓGICA


Anexo A
Lista de chequeo


Si No Observaciones


Planear el objetivo de estudio
Identificar y seleccionar los participantes


Analizar la información sobre los participantes


Seleccionar al moderador


Diseñar las preguntas


Desarrollar y validar una estrategia de taller a través de las
técnicas de dinámica grupal


Reservar y preparar el sitio donde se va a realizar las sesiones


Invitar, a los participantes, de forma escrita o verbal


Verificar la asistencia y compromiso por otros medios tales
como llamadas telefónicas o confirmaciones indirectas
-terceros-


Organizar el sitio y la logística de la reunión -número y tipo de
asientos, equipos, refrigerios, etc.-


Confirmación la invitación a los participantes


Organizar los materiales didácticos que se van a utilizar en la
sesión, si es el caso


Desarrollo de la sesión: inducción, conducción, y discusión
grupal.


Clausura de la sesión: presentación de las conclusiones y
acuerdos; entrega de un certificado


Proceso de validación de las relatorías, acuerdos y resultados
por parte del equipo investigador


Informe final.






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